Sonrió a la luz de las velas imaginándose aún la escena, con esa risa suave que aún no podía contener.
Miró de reojo a su alrededor, nada, todo desierto, parecía incluso que el ambiente apoyaba lo que pensaba en hacer.
Dejó a un lado el periódico sin dejar de mirar alrededor, arreglándose al mismo tiempo la capa sobre los hombros, buscando la capucha para cubrirse el rostro con ella.
Fenrir – dijo entre las sombras cuando vio su silueta en el pasillo- no sabía que seguías aun por aquí.
Cosas del Ministerio- respondió y pudo ver ese amago de sonrisa en sus labios – señora Lestrange.
Señora Lestrange- replicó en un susurro mientas se acercaba más a él- sabes cómo odio que me digas así, Greyback- paseó sus dedos sobre el pecho del mortífago y notó complacida que no la apartaba esta vez.
Sabes que no me gusta que me digas Greyback.
Sus labios calientes, ardiendo sobre los suyos fue lo próximo que sintió, era violento besando o suave mordiendo? No le importaba, sólo importaba que estaba sobre ella, recorriendo cada centímetro de su cuello descubierto con la lengua, lamiendo, al igual que lo hacía con una de sus presas, lo sabía, pero le gustaba sentirse así, vulnerable, vulnerable por una vez debajo de alguien.
Señora Lestrange-susurraba mientras lo hacía- te queda el nombre.
Dime Bellatrix…- jadeaba mientras sentía que sus manos se posaban en su espalda, a la altura de su cintura apretándola con fuerza- dímelo.
Tú dime Fenrir- sonó en su oído llegando a lamer el lóbulo- Fenrir.
Sintió de nuevo ese olor que la mareaba, ese olor a sudor putrefacto mezclado con aquel otro olor característico: sangre, sangre caliente, fresca… le hizo temblar de placer.
Fenrir…- susurró para complacerlo y sintió que apretaba más los labios contra su cuello raspando con sus filosos dientes.
Bellatrix…
No sabía porqué lo hacía, por qué le obedecía, era una especie de …orden que nunca había cumplido con nadie, a excepción de Señor Oscuro, pero sentía que tenía que obedecer, y simplemente no podía negarse a obedecerle.
Sus manos bajaron por sus caderas sin detenerse hasta rozar sus muslos sobre el vestido negro, por un segundo se detuvieron mirándose uno al otro, mirando a su alrededor, el pasillo desierto, nunca habían llegado tan lejos, esa era la noche.
Vamos- susurró en su oído- esta noche atrévete, hazlo.
¿Lo quiere, señora Lestrange? ¿Esta noche? – sonrió mostrándole los colmillos- ¿y por qué habría de ser tan especial?
Le lamió la oreja metiendo la lengua .
-Porque esta noche no tengo ganas para oponerme.
