Y saben? Me intrigó el nombre de esta tabla desde el Comienzo. "Tabla Vicios", ideal para una serie de Viñetas de Bellatrix y Greyback, no se los parece?

Bueno, Ok, y sigo con los drabbles, viñetas y demás…ahora se me ocurre una que…a ver, léanlo y se encargan personalmente mandarme un crucio de virtual.

Quebrar

Le había llamado la atención casi inmediatamente.

Sirius era un experto en esa palabra, y por mucho que le molestara, siempre le había gustado.

Y era realmente gracioso…Sirius había provocado en ella aquel magnetismo animal desde el primer momento en que lo había visto, todo en aquella batalla (una de las tantas) perpetrada en Hogsmeade. En aquellos tiempos prácticamente solo obedecían órdenes y habían ido a destrozar a un pobre vendedor de diarios y libros que se había instalado recientemente en aquella morada. Verlo en aquella batalla con el rostro empapado por el sudor y concentrado en la lucha, en proteger la vida de sus amigos sangre Sucia a su lado, y concentrado en salvar la suya propia la había enfurecido, sorprendido y excitado.

Ya no era un niño.

Desapareció inmediatamente dejando al auror de fulgurantes ojos azules con las ganas de atacar. Le había divertido un buen rato, tenía que admitirselo. Le gustaba torturar lentamente a aquellos desperdicios de sangre que luchaban contra ella. Habían tenido todo lo esencial para pertenecer al lado oscuro, la fuerza, aquella que les hacía luchar con todas las maldiciones y hechizos que conocieran, a pesar de saberse inferiores contra ellos, la inteligencia de hacerlos retroceder durante unos minutos, y aquella belleza propia solamente de los sangres Pura que podría haber reconocido con los ojos cerrados, y solamente con el tacto. Era una lástima que ahora solo fueran unos sucios traidores a la sangre. Sonrió debajo de la máscara al esquivar con elegancia la maldición cruciatus que le rozó el hombro haciendo volar su pelo al mismo sentido que el viento.

Apareció casi inmediatamente frente a él.

- Fuera- murmuró con voz oscura a la mortífago encapuchada que había estado jugando, más que luchando, contra él durante aquellos minutos y gruñó en cuanto la vió.

- Vete tú a buscar tus juguetes- contestó de mala manera la mujer de forma autoritaria debajo de la máscara alargada que llevaba, y se mordió la lengua casi inmediatamente antes de pronunciar su nombre por accidente. Bellatrix se volvió hacia ella con lentitud, examinándola. Miró su túnica larga en lugar de la negra que era propia de ellos.

- ¿No van a pelearse por mí ahora no?- se burló de pronto la voz de Sirius y Bellatrix alzó la mano.

- Silencio- dijo sin dejar de mirar a la mujer- otro error de esos y te costará la vida. Ahora he dicho que fuera.

La mortífaga pareció luchar consigo misma por no replicar e inmediatamente desapareció en una humareda color negro.

- Y creo que ganaste- sonrió Sirius- aunque no creo que te convenga. Soy muy bueno en batallas ¿sabes?

El mismo arrogante que tenía que soportar en el colegio, se dijo a si misma Belatrix examinándolo, pero…¿Podía ser él?

Sirius calla de pronto sintiendo su mirada sobre él bajo la máscara y sintiendo el ambiente alrededor. Aunque está lleno de luces de maldiciones que vuelan por todas partes de un lado a otro le da la impresión de estar rodeándolos un silencio oscuro lleno de expectativa. Sostiene aún más la varita con fuerza. Es la primera vez que ha salido a lucha de la Orden del fénix, en una misión secreta donde todos fingen estar encontrándose allí por casualidad. No se soportaría que se supiera quienes la conforman. Tanto los Mortífagos como ellos tiene ese secreto. Nadie debe saber quienes son y a dónde pertenecen.

¿Es posible que sea él? Se pregunta Bellatrix de nuevo, ahora dando vueltas a su alrededor como una fiera rodeando su presa y va examinando cada uno de sus movimientos que a pesar de haberse prometido años atrás, dejar en el olvido, trata de traerlos al presente. Es una total y afortunada coincidencia el que hayan atacado aquel lugar justamente cuando aquel traidor estaba. Una casualidad muy…afortunada.

Los mismos movimientos elegantes…la misma forma de andar, la forma de agarrar la varita…si es él, pero, en aquel momento se sonrie. Es él pero no es él.

Ya no es un niño.

Es un hombre.

Pero lástima, aún algo… inexperto.

- ¡Petríficus totalus!

La maldición alcanza a Sirius de inmediato, a pesar de haberlo previsto venir y cae como una tabla desplomándose en el suelo inmediatamente con el brillo desapareciendo en el aire. Escucha una voz gritar más allá, diciendo su nombre pero no puede contestar de que aún está vivo y que no fue más que una maldición paralizante. Tiene todo el cuerpo entumecido y siente que lo único que puede mover son los ojos, simplemente. Los ojos que van directamente hacia la mujer que camina con paso estudiado hacia él. Hacia la mortífaga que rie debajo de la máscara, con una risa apenas audible, pero deleitada. Las gotas de sudor comienzan a resbalar por su frente, perdiéndose en los cabellos que le caen por encima.

- Malo, malo..malo- resuena la voz lentamente jugando con la varita, y Sirius deja de luchar con la maldición y repentimente se concentra en aquellos ojos que apenas tratan de aparecer detrás de la máscara mientras se pregunta si escuchó bien. Bellatrix para repentinamente sabiendo que ha cometido un error, y un error muy grande si tiene el placer de contarlo. Un error que tiene que tratar de reparar.

Levanta la varita de él.

Sirius se levanta de un salto sosteniendo la varita con fuerza y lanzando la maldición inmediatamente. Bellatrix se agacha. No va a dejar que eso perdure.

- ¡Sectunsempra!

El corte profundo hace que Sirius lance un grito de dolor de inmediato, soltando la varita de nuevo y sosteniéndose la mejilla. Bellatrix sonrie. Siempre es un juego, su juego, y son sus reglas, las reglas que siempre han regido. El débil gana al fuerte. Simples reglas, simples leyes.

!-[if !supportLists]- !-[endif]-¡Sectumsempra!

Y la sorprende. Cae y Sirius esboza una sonrisa encima de los quejidos, encima del dolor, porque ha ganado. Ha derrotado a uno de los famosos Mortífagos y no puede creer que simplemente haya sido así, con una maldición devuelta. Ha derrotado a uno de los Mortífagos que…sigue tirado inmóvil en el piso.

No puede ser.

No puede ser que la haya…matado? Se pregunta. Pero no es una maldición asesina

Le asusta, le paraliza en ese momento. Nunca ha matado a nadie, nunca, y aquellas primeras veces en donde tiene que actuar con la Orden oficialmente se han convertido en un sinfín de idas y venidas que no lo han dejado en paz. Bromeaba con James, con Remus, con Peter, incluso con la estricta de Marlene y con Bonnes,Pero nunca se le había ocurrido que podría haber matado a alguien en serio.

Se acerca. Paso pausado mientras ve la figura inmóvil sin quitarle la vista de encima. No ve sangre en le piso, no ve nada más que el piso oscuro y la mortífaga tendida ahí. Demonios. Tiene el cuerpo esbelto y extendido de forma dramática, sus cabellos negros largos y lisos apareciendo a su alrededor. Alguien de su tipo ciertamente. Claro, si no fuera una asesina. ¿Por qué diablos se les ocurria pertenecer a aquel grupo…

!-[if !supportLists]- !-[endif]-Sorpresa.

Salta sobre él mientras con un movimiento ha vuelto a paralizarle. Joder. Sirius maldice mientras se da cuenta de sus errores, del juego y de todo lo que ha pasado a su alrededor. Siemplemente ha sido un ratón en el juego del gato.

Bellatrix se sube a horcadas sobre él sintiendo de nuevo invadirle aquel calor sofocante en el cuerpo mientras siente los músculos de su abdomen marcado tensándose bajo ella. Es especialmente agradable, y se pregunta si aún recuerda aquellos juegos en los que los dos todavía aún se hablaban, en donde ella lo atrapaba siendo ya casi una joven y donde aprovechaba a tocarlo como esta haciendo exactamente ahora. Claro que en aquellos tiempos no era igual. En aquellos tiempos eran unos Black, y en aquellos tiempos simplemente eran algo más de lo que estan siendo ahora. Enemigos. Simples pero no vulgares enemigos.

La sangre de ella brota de su pecho, con una cortadura profunda rasgando su perfecta piel pálida de porcelana fina. Su piel suave se siente cálida en contraste con el frío del ambiente. Puede sentir su cercanía. El escote generoso dejando ver los senos turgentes manchados de sangre que gotea hasta perderse en el vestido negro como la noche sin luna.

Bellatrix se acerca más a su rostro con la varita alzada.

Acaricia con calmada agonía, para él, la punta de su varita en el profundo corte que le ha hecho en el rostro. Sirius tiene los ojos desorbitados porque sabe que si una vez que alguien caía con una de aquellas locas asesinas no había escapatoria, y Bellatrix a su vez piensa un tanto de lo mismo. Examinando cada una de las líneas de su pálido rostro, tan parecidas a las de su padre, a las de su tío, a las de su abuelo…había heredado aquella belleza marcada de los Black, sin duda alguna, tal y como había hecho ella, y sus ojos…sus ojos grises, tan fríos como la luna heredada por los primogénitos por generaciones; claros, con aquella claridad que la hacían querer perderse una noche entre ellos…una sola noche. No lo dejaría ir ahora, definitivamente no lo iba a dejar ir, por lo menos ahora no tan fácilmente. Había encontrado un nuevo juguete…no, más bien lo había redescubierto ahora.

Aferró sus uñas largas apretándole casi inconscientemente más el cuello.

Un grito resonó a lo lejos, tan repentino y tan alto que llamó la atención de todos los que ahí se encontraban. Incluso Mortífagos, que se volvieron unas décimas de segundo parando las maldiciones.

_ ¡No!- volvió a gritar la voz de la chica con una voz ahogada en el horror- ¡Jhon! ¡No! ¡Por favor no!

Una risa se escuchó detrás de una de las máscaras de Mortífagos.

- ¡Vaya Greyback, si que eres eficaz!- se rió la voz burlona- ¿Es que no podías siquiera esperar a que todos terminámos?

El licántropo de pie detrás de una de las columnas de piedra sonrió con la boca ensangrentada soltando al niño que sostenía entre los brazos fuertes.

- ¡Nos vamos!- ordenó una voz profunda y autoritaria venida de otro de los Mortífagos, aquel que tenía aquellos estudiados movimientos elegantes y casi al instante de que lo pudiera pronunciar la marca debajo del vestido de Bellatrix comenzó a arder. Los llamaba.

- Joder- masculló Bellatrix debajo de la máscara antes de que todo alrededor de los miembros de la Orden pareciera convertirse en un denso y oscuro humo negro, desapareciendo ella después. Otra vez Greyback había arruinado sus planes. Quizá porque la había visto? No. Quizá solamente porque no le gustaba verla jugar.

Y lo odiaba por eso.

Todos se quedaron paralizados viendo cómo otra de las supuestas batallas terminaba igual, una de las chicas corrió hacia el cuerpo tirado en el piso y Bellatrix sonrió antes de desaparecer.

Que dejara uno de sus juguetes no quería decir que había dejado de jugar.

Y mientras se iba se le ocurrió algo.

Era un nuevo juego que le causaría varios problemas.

Pero no se imaginaba que no haría más que dos cosas.

El hacerle quebrar las leyes de su sangre.

Y el reforzar las leyes de la física.

Que los polos opuestos si se atraen.

Umm…quien quiere sinceridad? Yo! Bueno, la verdad…no me ha gustado nada de nada..-algo, pero no es la idea de lo que tenía en mente…se comprende? Creo que lo reeditarè...angs...

Especialmente dedicado a una miembro de la Comunidad Mortìfaga, miembro honoraria del Consejo Mortìfago ( ) Sofia Riddle, descendiente del Señor de las Tinieblas.

Informes?

Fundadora: Crucio/Avada Kedavra, Comunidades Mortìfagas

Hasta esta semana! Porque ya terminè el "sagrado" semestre y…a escribir se ha dicho!