Cerró la puerta de la habitación de un portazo y se tiró de espaldas encima de su cama, situada al lado de la ventana. Se tapó la cara con las manos pretendiendo ahogar sus gritos de impotencia.

Le estuve contemplando, sentada con las piernas cruzadas encima de mi colchón. Sabía cómo se sentía. Habría hecho lo mismo que él, si no fuera porque estaba demasiado distraída por lo sucedido. A penas habían pasado veinticuatro horas desde que habíamos llegado y ya habíamos tenido la primera pelea con el nuevo marido de nuestra madre. Y además nos obligaban a buscar un empleo. ¿Era necesario? Es decir, sólo hacía falta observar un poco a nuestro alrededor. La ropa que vestían, el mobiliario, la casa, el trabajo que tenían los dos… No es que vivieran con lo justo y no llegaran nunca a fin de mes. Jeff, estaba segura de que él tenía la culpa de todo. Nos quería fuera de "su casa". Aún no entiendo cómo fue que mi madre se casó con él y creo que nunca lo voy a entender.

— Estoy harto —gritó enfurecido—, estoy hasta los botones de tener que aguantar esto. ¿Sabes qué? Me largo.

— ¿Y se puede saber a dónde? ¿Y con qué dinero? —repliqué.

— No lo sé. Pero no aguanto más encerrado en esta mierda. ¿No te das cuenta? Ese miserable nos va a hacer la vida imposible mientras estemos bajo este techo—dijo mientras recogía su ropa y la volvía a meter en la valija.

Me levanté y cerré la puerta del armario para que parara de sacar más ropa.

— Quítate de en medio.

— ¡No! ¿Es que vas a dejar que se salga con la suya? ¿No lo ves que es esto lo que quiere? Mira —suspiré—, mañana iremos a buscar trabajo y no volveremos hasta encontrar uno. Y cuando tengamos el dinero suficiente como para irnos a un hotel lo haremos. Pero de momento no podemos.

Pareció funcionar. Dejó el vestuario otra vez en su sitio y se sentó en el borde de la cama.

— Ojalá que el tiempo pase rápido —susurró algo cansado.

— Ojalá.