Ok, los reviews. Revisémoslo.
Minerva91: Lo de la inteligencia ya lo vamos a ver... bunnylucky pensó en todo. Creo que les gustará. Saludos y cariños de nuestra parte, para ti. Y es cierto, Ron es medio tonto a veces... aunque es muy brillante en otras cosas. Aparte del ajedrez.
Pineapple: Muchas gracias. Espero que el resto de nuestra historia te guste. Saludos y cariños de nuestra parte.
Eileen Prince Snape: A veces le ocurre, que no comprende las cosas muggles. Pero bueno, no podríamos culparlo. ¿O sí? Saludos y cariños de nuestra parte.
Se quedó todo el día afuera, mientras los elfos ponían orden en la habitación que estaba frente a la del profesor. De una u otra forma, su cambio de casa era la comidilla de las comidas y de las habladurías. Ella estaba cansada de escuchar los gemidos lastimeros de compañeras como Parvati y Padma. O de las burlas del resto, porque apostaban a que no aguantaría más de dos minutos en ese nido de víboras. Por supuesto, Snape no hacía nada para disipar rumores. Más bien, se alimentaba de ellos y los disfrutaba a todo dar.
Al terminar la limpieza, bajó las escaleras con brío y se encerró en su nueva recámara. Cerró la puerta a golpes y miró a su alrededor. Bastante decente como para lo que había visto antes. Los elfos habían apilado sus libros, por orden alfabético y habían colgado sus túnicas en el armario. Más tarde subiría a llevarles algún regalo.
Se sentó en la cama para disipar sus pensamientos de querer asfixiarse. Tenía que vivir con los desagradables Slytherin mientras descubrían por qué había sido seleccionada: "accidentalmente", en Gryffindor.
— Es imposible que el sombrero se equivocara. Nunca se equivoca— se quejó Minerva con una respiración agitada— Granger no pertenece a Slytherin.
— Entiendo que la quieras de vuelta, Minerva. Yo pensaba precisamente lo mismo, en cuanto Albus me lo confesó. Sin embargo, no sé como según tu, la haremos volver. Si no puede entrar, es porque la dama gorda no la considera una Gryffindor.
Minerva miró a Albus, pero él no dijo nada. Se sentó frente a ellos y meditó la situación con calma. Habían muchos atributos que la hacían merecedora de muchos lugares al mismo tiempo. La valentía de Gryffindor. La inteligencia de Rowena... el valor de la amistad de Hupplepuff. Muchas cualidades.
Pero la astucia y el poder. No sabía si eso comprendía la personalidad de Hermione.
Severus dio vueltas alrededor del vestíbulo, antes del almuerzo. Madame Pince había estado sacando libros sobre la historia de Hogwarts y él esperaba encontrar algo, antes de ahogarse entre páginas y páginas de literatura vieja.
Hermione estaba sentada en la mesa de Slytherin y no podía dejar de mirar con melancolía, hacia la mesa donde antes compartía tantos cuentos y risas amenas.
Ahora solo estaba sentada allí, al final de la mesa. Mientras todos la veían como si fuera un fenómeno, bajo túnicas de Slytherin.
— Qué mal. Nos envían la escoria de Gryffindor, a nuestra mesa. Qué cosas... ¿qué haremos ahora, Draco?— preguntaba Pansy, con un gesto bobo danzándole entre los labios.
Buena aquella pregunta. En realidad, genial. Ahora podía burlarse de ella a su antojo. A Snape no le importaría realmente, así que podía reírse e insultarla por unos minutos. Quizá días y meses.
Sí... podía burlarse.
— Tenemos que ayudar a Hermione, Harry. Estar con esos, debe ser muy malo— dijo Neville, reprimiendo un escalofrío en cuanto miró a la mesa de profesores y notó que Severus los miraba con un gesto de ligero placer.
Él adoraba molestar a Hermione. Molestarlos. Sí.
Pero no sabía con quienes se estaba entrometiendo. Era hora de un plan. O eso había dicho Ron con una mirada maliciosa. Ginny había negado con la cabeza y había preferido perderse en su sopa.
Nada de problemas.
