Hello... gracias y mil gracias... lo prometido es deuda el próximo capítulo a continuación pero antes quiero aclarar un par de cositas... en primer término la historia será contada por Edward pero habrá ciertos capítulos contados por Emmett, no creo que incluya más puntos de vistas porque se tiende a confusión y por se volvería un caos... creo que por ahora se mantendrá así... respecto a poner al principio el cartelito de: POV... la verdad yo estoy renuente a poder aquello porque creo que, al leer (bajo el supuesto que hayas leido previamente el anterior) te das cuenta de inmediato quién cuenta la historia por las circunstancias de todas formas lo pensaré por ahora les anticiparé que este capítulo lo cuenta nuestro gigolo preferido ¿Adivinan cual? jajaja XD
Besitos a todas, Liz.
Crepúsculo no me pertenece
Capítulo 3: Una castaña misteriosa
Cuando comencé en este negocio yo era un para nada avezado adolescente. De hecho mi primera incursión en esto del sexo fue a mis trece años. Sin embargo el recuerdo más patente fue una noche de juerga juvenil un par de años después.
Era la casa de Jessica Stanley, ella iba en un nivel más abajo que yo, aún así era una suerte de chica popular. Grandes rumores la rodeaban y era imposible no fantasear con ella. Aunque no era la primera chica con la cual me metía, por suerte mi "padrino" Laurent se había encargado de aquello unos años antes y con una mujer de verdad.
No me resistí frente a la curiosidad y acepté la "implícita" invitación que me hizo ese día en la cafetería de la escuela. Era viernes, sus padres se irían por el fin de semana a la playa dejándola sola "a cargo" del lugar. Un minuto de confianza por el cual casi todos pasamos a los diecisiete — que tristemente ninguno aprobaría —la cita era a las diez de la noche.
Casi medio colegio estaba invitado elevando las posibilidades de que ocurriera un desastre de proporciones épicas. Sin embargo, no era mi problema si la aduladora, mentirosa y manipuladora Jessica terminaba castigada de por vida luego de hoy.
A esa edad uno no podía ser puntual, ser puntual era sinónimo de poco estilo y lo que menos quería yo era perder mi fama de galán. Así que junto a mis fieles amigos llegamos cerca de las doce. La casa estaba atiborrada de gente, ya había uno que otro chico vomitando en la esquina, lo que auguraba que la fiesta estaba en pleno. Apenas entré supe que ese día por fin derribaría el mito. Las grandes expectativas de aquella noche eran tres variables a saber: Cero supervisión de adultos, mucho alcohol y una grande y confortable pieza matrimonial disponible.
Se supone que en este tipo de fiestas existe una suerte de acuerdo preconcebido cuyo afortunado era nada menos que yo y si mis instintos no me fallaban Jessica había presumido de aquello durante gran parte de nuestra jornada escolar hablando de lo que según ella me "haría" y obviamente volteando el peso de la carga hacía mí. Después de todo, si esa noche no resultaba muy "buena" mi reputación se iría a la basura. Aunque la de ella estaba por probarse también.
Sin dudarlo por supuesto me dedique a mirar al resto de señoritas, amigas de Jessica algunas y una que otra afortunada que logró ser invitada para recrear mi vista y hacerme a la posibilidad. En una de esas me entusiasmaba alguien más y la pobre Jessica se llevaba el mejor chascarro de su vida al yo irme con otra.
El deseo propio de esa edad febril y curiosa se podía advertir en cada rostro que yo mirará. No había chica en aquella casa que no estuviera buscando ya sea, conseguir su primera vez o ganar experiencia con algún chico más grande.
Jessica tenía hasta donde yo sabía una buena reputación de amante. Aunque su táctica no me engañaba, y en eso yo tenía ventaja, después de todo mi familia se movía en el ambiente y para mi buena suerte junto con heredar ese conocimiento también "herede" a un padrino muy peculiar que solía contarme historias. Entendía a la perfección y era capaz de leer entre líneas sobre esa calidad de "buena conferencista" que tenía la chiquilla.
Para otros era lo máximo y describían su "talento" como único en su tipo. Para mi era nada más que dejar contentos a los chicos mientras mantenía oculto su más grande secreto: Su virginidad.
A pesar de todo no era tan bien visto que, la chica más popular, la porrista novia del capitán de fútbol fuera virgen e inexperta. Se suponía que ella era una de las elegidas y que ya había cruzado el límite de niña transformándose en una muy bien experimentada mujer. Volviéndose algo así como una experta a la cual, el resto de sus congeneres idolatrarían y respetarían. Incluso querrían imitar. Pero para mí era un hecho, Jessica jamás había tenido a un hombre entre sus piernas, no podía decir lo mismo de sus labios claro esta.
Estas "señoritas" — Jessica y todo su sequito —se permitían entonces engatusar a estos jóvenes inexpertos solo sexo oral.
Aunque yo no era renuente y no rechazaría este tipo de "placer" mi curiosidad era otra y como diría mi "padrino": Presionar para conquistar y vencer.
Por lo tanto, aquella noche iba a apostando a ganador. Me quede en el primer piso, tomando una cerveza apoyado "convenientemente" en el borde de la escalera que se erguía enigmáticamente tentadora. Era de suponer que la pieza "matrimonial" estaría en el segundo piso y aunque algunos ya estaban entrando en terreno pedregoso en algún recóndito lugar de un sillón o en la confortable oscuridad del patio. La mayoría no pasaba de tocadas furtivas, besos desesperados y una que otra miradita.
Las amigas de Jessica permanecían justo frente a mí, lejos por supuesto, pero expectantes a ver si "la presa" cedía a los encantos de la joven doncella que aún no entraba en acción. No demoró mucho tiempo en hacer acto de presencia. Sentí el golpe de los zapatos contra la madera de los escalones y como mi mejor libreto me giré a contemplarla "embelesado".
Reconozco que Jessica era bonita pero había mejores que ella y no solo en cuanto a físico. De todas maneras mi curiosidad se activo. Traía puesto una polera blanca casi traslucida podía ver claramente que no estaba usando sostenes y una faldita que escasamente le llegaba al muslo cubriendo lo estrictamente necesario y dejando nada para la imaginación.
Sus pechos estaban totalmente erectos bajo aquella prenda, fue tanto como la mire que incluso podía ver la tersura de la piel de sus pechos —que no eran muy grandes —estar como dos cúspides perfectas y deseosas por ser conquistadas.
Para cuando llegó a mi lado, mis ganas por subir se habían acrecentado y literalmente tenía a su "presa" lista y dispuesta: Yo.
— Edward… que bueno que viniste —comento pasando su mano por mi rostro acariciando mis cabellos, la dejé. En realidad estaba absorto admirando su anatomía.
Aquella noche no busque preámbulo, simplemente cuando ella me tomó la mano consentí y terminamos en la "dichosa" pieza matrimonial.
Era amplia —no como las que había visto en el club —pero era acogedora. La cama estaba tendida, tenía una colcha marrón claro.
Jessica se acercó a mí luego que paso llave, me miró lidibinosamente, claro que ella no tenía ni la más remota idea de lo que sucedería en realidad. La deje actuar, se acercó me besó y con sus manos "expertas" comenzó a quitarme el cinturón y desabotonarme el pantalón. La dejé lo suficiente como para que agarrara confianza hasta que cuando sentí que rompió el beso y comenzó a inclinarse para ponerse en "posición" se lo impedí.
La sujeté por las manos, me miró un tanto desconcertada pero suspicaz como queriendo adivinar que me había acobardado ¡Graso error! Si había alguien esa noche que tal vez perdería su fama sería ella no yo. Hacía rato que había pasado a las grandes ligas mientras ella seguía amateur.
— ¿No te habrás arrepentido? —preguntó oliendo mal su victoria. — Sabes, yo puedo guardar el secreto —agregó y me reí.
A cambio, deslicé mi mano por sobre su polera y toque la cúspide de su pecho erecto. Se sonrió. Sin decirle nada torcí mis labios en una mueca mientras seguía deslizando mi mano hasta llegar a su cintura.
La faldita que traía, convenientemente, se abría por delante. Así que me facilitó la tarea, abrí lentamente y sin perder detalle de la transformación de su rostro. De pronto, la confianza se esfumó al verme como bajaba el cierre dejando completamente suelta su falda. Palideció y por medio segundo pensé que se desmayaría pero sin embargo, debía darle el crédito que permaneció con un templé desconocido para alguien novata en estos temas.
— Sabes… me han comentado alguno de tus "dotes" —hablé por fin mientras llevaba mi otra mano hacía el otro borde de la falda, con amabas sujeta a la tela comencé a tirarla para quitarla.
Jessica paso saliva pero se dejó.
— ¿Así? —fue todo lo que pudo articular sin que su voz se quebrará producto del miedo. La falda cedió revelando una morada ropa interior. Era un calzón típico de niña. Me sonreí. Alce mi mirada hasta ella, ahora era el turno de aquella polera.
A buena maestra… buen aprendiz
Quité la polera de un golpe y no había objeto por dilatar algo que a todas luces se había pasado de un inocente chupetón a una incursión completa.
Justo cuando mis dedos, luego de acariciar sus pechos, bajaron hasta su calzón con la intensión de quitarlos ella me miró. Era irónico, hasta ahora la tenía casi desnuda frente a mí y yo solo tenía desabotonado mi pantalón. Ella estaba en clara desventaja.
Me acerque lamiendo mi labio inferior y le susurré en su oído.
— Solo hay una alternativa para que salgas de esta habitación con tu fama intacta… ¿Adivinas cual es? —y entonces me di el gusto de mi vida.
Deslice mis dedos por el interior de la ropa de algodón y acaricie su trasero.
Aquella noche ella había sido mía y era primera vez que yo sentía una especie de mea culpa por haber "deshonrado" a alguien. Claro que esa culpa la sentí al día después, cuando mi padrino me enseño la regla de oro no solo de la profesión sino de la vida: Nunca sin protección.
La culpa se mezclo con el mejor susto de mi vida. Casi pude verme como el padre del hijo de Jessica Stanley. Para mi suerte, la chica había sido lista, y no había pasado a mayores.
Volví al presente cuando sentí que la chica frente a mí rompió el beso — buscando aire —y me pregunté ¿Por qué recodar esa experiencia ahora? ¿Qué similitud había entre aquella vez y está?
Estábamos frente a frente y aquellos ojos chocolates me miraban con intensidad. Un brillo de expectación y cierta tensión los inundaban. Su piel era blanca tan blanca que incluso se podía pensar que estaba algo así como enferma, pero el rubor que las invadió me comprobó lo contrario. La muchacha permanecía impávida frente a mí tratando de respirar pausadamente, sus manos estaban rígidas una a cada costado de su cuerpo y a pesar de que supuestamente ella era la "clienta" fue como si de pronto en aquellos dos ojos se reflejarán el miedo.
El miedo más grande y profuso que alguien puede tener. Me desconcertó ¿Miedo a qué? Entonces cuando pensé que podría leer a través de sus gestos la rubia —que había permanecido absorta detrás —se levantó. Se acercó hasta nosotros y entonces comprobé lo que no alcancé a leer en aquel espejo del alma: Miedo, la muchacha tenía miedo pero no de mí, ni del lugar, ni de las circunstancias sino de ella… ¿Miedo de su amiga?
La mujer me dio una mirada seductora —demasiado para ser una inocente chiquilla —y se acercó hasta mí.
Una de mis manos aún reposaba en la cadera de la castaña, desvié mi mirada hasta la rubia que ahora acercaba sus labios directo hacía mi rostro, me besó en la comisura de mis labios y luego con la punta de su lengua trazó un camino hasta detenerse a la altura de mi oído. El halito tibio que expelió su boca cuando habló me estremeció.
— Debes disculparla… mi amiga es un poco tímida… justamente por eso estamos aquí —explicó.
El cuerpo de la muchacha frente a mí comenzó a temblar y lo percibí solo porque aún sostenía mi mano contra su cadera.
— ¿Qué quieres decir? —le pregunté mirándola directo a los ojos
— Está aquí por lecciones de sexo —no pude evitar desviar mi mirada hacía la muchacha quién seguía contemplándome impertérrita.
¿Lecciones de sexo?
La voz de la mujer se volvió a sentir.
— Y yo por supuesto estoy aquí para observar —concluyó dándome un agarrón que la delató.
Ninguna mujer que no tuviera relación con este tipo de profesión te da ese tipo de agarrón, no es que, las mujeres en general no sean osadas ni desinhibidas cuando estas a solas con ellas pero me habían tocado de todas clases: silenciosas, gritonas, demandantes, despechadas, lunáticas, románticas, simples… incluso vírgenes pero ninguna… y cuando digo ninguna tenía que incluir a Tanya a la lista había sido capaz de darme ese tipo de agarrón y no era el apretón en si mismo sino el gesto de lo que eso significaba.
Era un hecho, ellas no eran amigas, la rubia era una "experta" en la materia y la muchacha frente a mí no estaba allí por voluntad propia —o al menos eso se estaba dando a entender hasta ahora —su cuerpo dejó de temblar y pude ver que sus facciones se apretaron tornándose en una verdadera estatua apenas sintió que la mujer se giró para encararla.
Fui testigo de cómo le acarició el rostro mientras ella de espaldas a mí giraba levemente el rostro para que yo pudiera contemplar su perfil, deslizó sus manos por las mejillas de la muchacha castaña de manera lenta asemejando a una caricia… recorrió toda su piel por su garganta hasta llegar a su pecho se detuvo apenas llegó al primer botón de la blusa que comenzó a desabotonar.
— Me han dicho que eres el mejor y nosotras —aseguró enfatizando en la última palabra — necesitamos al mejor ¿verdad? —le preguntó a la muchacha que se obligó a sonreír, lo que me desconcertó.
Noté como inclinó la cabeza para asentir.
Terminó por desabotonar la blusa de su amiga y de un movimiento demasiado estudiado se puso tras ella. Comenzó a tirar de la prenda lentamente descubriendo sus hombros. Mis ojos se quedaron fijos en la muchacha que debía ser el objeto de mi deseo y estos se tornaron inexpresivos. Era como si de pronto una mascara muy bien planeada y calculada estuviera allí ocultando algo.
Los labios carnosos de la rubia se posaron en el hombro expuesto de la muchacha y la besaron. Deslizó la punta de su lengua hasta el bretel del corpiño sin quitarme la mirada de encima en ningún momento. Estaba claro que ella quería incitarme pero extrañamente no tenía la más minima gana de tocar a ninguna.
La manera en que esa mujer se lamió los labios y la expresión completamente erótica que plantó en su rostro me hizo aterrizar a mi presente: La muchacha que permanecía como un objeto entre ambos.
¿Qué se supone debe hacer uno en una situación como esta?
Me pregunté en cuestión de segundos y si iba a hacer algo como —declinar —tenía que hacerlo ahora.
Lo que hubiera entre ambas no era algo que me interesará en lo absoluto. Por lo tanto y en estricto rigor era un problema de ellas o mejor dicho de ella, en particular. Sí alguien estaba forzándola a algo — lo que no me constaba en realidad porque aparte de su rigidez y timidez, cuestiones que podían explicarse producto de "inexperiencia" la amiga rubia no la tenía amarrada y ella parecía no tener intensiones de marcharse en lo absoluto —aún no había resuelto si tragarme mi ética o simplemente seguir el juego tanto como ellas quisiera cuando de pronto y por primera vez la chica tomó la iniciativa.
Se lanzó a mis brazos rompiendo el contacto con la amiga, que se quedo con la blusa entre sus dedos, una sonrisa satisfecha se plantó en su rostro al ver que la clienta comenzaba a cooperar.
La muchacha capturó mis labios en un beso hambriento, mi cuerpo tendió a retirarse pero sus manos delgadas me sujetaron por la solapa de mi chaqueta impidiéndolo en un primer momento. Sentí como su lengua se abría pasó entre mis labios y se encontraba con la mía que parecía renuente a compartir ese repentino entusiasmo.
Un efecto automático de este "trabajo" es que con los años y con la práctica, uno separa por completo al amor del sexo por lo tanto, el cuerpo reacciona con cierta fluidez casi mecánica que podía ver ahora por ejemplo que la muchacha estaba besándome y yo sin darme cuenta —mi mente aún buscaba la razón para irme —tenía mis manos en su espalda aferrándola contra mí.
La besaba pero no podía evitar mirar a la mujer que permanecía atrás observando ansiosa. Se había distanciado de nosotros sentándose en un sofá que estaba puesto convenientemente junto a la puerta de la habitación. A juzgar por sus facciones yo estaba cumpliendo mi trabajo tal y como ella lo había pensado o calculado… tenía frente a ella el espectáculo que ella quería ver. Su satisfacción se veía patentemente reflejada en la amplia sonrisa que ahora se vislumbraba en su rostro perfecto.
Tomó nuevamente el vaso de licor entre sus manos y lo alzó al aire como si estuviera celebrando que finalmente su amiga terminaría enredada en las sabanas conmigo.
Por el mejor maestro gesticuló y tomó un trago del licor.
Justo allí sentí los labios de la castaña enterrarse en mi cuello lo que me incomodó. Por primera vez sentía una cierta reticencia a "demostrar" abiertamente mis "dotes" de amante lo que me desconcertó. Fue como si de pronto toda la situación me envolviera y un presentimiento o más bien una suerte de decencia me estuviera gritando que me detuviera. Algunos lo llamarían ética o prudencia, pero sea lo que fuera estaba haciendo la diferencia entre cumplir con el trabajo o simplemente marcharme.
¿Pero de que estas hablando? ¡Ellas fueron las que te llamaron! ¡Es ella quien te está besando!
Me gritó mi yo interior y entonces cuando sentí la humedad de su lengua recorrer mi cuello y cuando la sentí comenzar a intentar quitarme la ropa la separé. Mis manos la sujetaron por los hombros —ahora desnudos —y la miré a los ojos tratando de descifrar lo que ocurría.
Mi vista se debió por todo su cuerpo y aunque este sin duda llamaba la atención había algo que me hacía rechazarla.
El problema era descubrir a tiempo ¿Qué?
Entonces noté — Mientras la examinaba —un moretón bastante descolorido casi imperceptible bajo su costilla. Me alarmé y cuando ella me descubrió sentí como su cuerpo se impulsó hacía mí con fuerza abrazándome.
— Por favor —murmuró contra mi oído y me quede helado.
¿Por favor qué?
Pero sabía que si le preguntaba aquello no solo terminaría el encuentro —probablemente no la vería más pero eso daba lo mismo —el problema era lo que le pasaría a ella después que me fuera. A juzgar por la manera en que nos contemplaba la rubia nada bueno auguraba.
Sí no lo hacía yo iba a hacerlo alguien más: Diferente actor mismo obra, yo sabía que siempre es así.
Entonces ante el ademán de la rubia por levantarse y comprobar que todo iba bien, deje de resistirme a su abrazo. La dejé volver a quedar pegada a mi pecho y deslice mis dedos por su espalda hasta su corpiño. Lo solté y deje de mirar a la rubia.
Porque sí iba a hacer mi trabajo tenía que dejar de pensar en que algo no iba bien y mirar la chica frente a mí como las miraba a todas: alguien a quién satisfacer. Con quien no tenía ni pretendía tener relación alguna. Alguien con la cual compartiría unos minutos pero que terminado y concretado el acto que nos había reunido bajo un mismo techo, no nos veríamos más.
La ayude a quitarme la chaqueta y a desabotonar mi camisa, mientras ella lo hacía la toqué. Deslice mis manos por sus pechos —ahora desnudos —y me concentré en hacer lo que se supone debía hacer y por lo que en resumidas estaban pagando. No tenía idea si ella esperaba aquello pero cuando la sentí explorar mi pecho con besos decidí dejar los cuestionamientos para después.
Sus labios tibios y su lengua húmeda jugaron de manera inexperta y un tanto ansiosa por mi pecho bajando hasta la cintura. Allí se detuvo y noté como sus dedos le temblaban al tratar de desabotonar el pantalón. Le tomé las manos y las aparté, entonces tomé entre mis dedos su mentón y la obligue a mirarme por primera vez en todo el tiempo que llevábamos "intimando"
— Edward —le murmuré besando su mentón para bajar recorriendo con besos toda la línea de su barbilla hasta la base de su cuello — Tal vez ayudaría que me dijeras tu nombre —susurré en su oído cuando acaricié con mi lengua el lóbulo de esté.
— Bella —contestó pasando saliva, de pronto su pecho comenzó a expandirse y contraerse con mayor rapidez. Dio un suspiró hondo cuando me sintió besarla en la clavícula.
Deslice mis manos hasta su cintura y allí las bajé hasta sus muslos, una vez que llegue al final de la prenda que traía puesta —una falda corta —las introduje bajo la tela que levanté por completo. Acaricié su piel tersa y suave por unos minutos mientras con mi otra mano la sujeté por el cuello para acercarla hasta mí. Su rostro estaba a escasos centímetros del mío, podía sentir la respiración tibia pegar de lleno contra mi rostro. Estaba agitada, demasiado para estar haciendo en parte algo forzado pero también podía deberse a los nervios, el que estuviera casi jadeando no significaba que estuviera disfrutándolo. De hecho seguía rehacía a encarar mi mirada, aunque lo hacía de cuando en cuando, siempre e irremediablemente prefería mirar al vacío.
La besé y bajé mi otra mano hasta sus muslos para obligarla a que cruzará sus piernas en mi cintura, la ayude a alzarse del suelo y la cargue hasta la cama. Me subí con ella aún en mi regazo y la dejé sobre la cama, allí rompí el beso solo para acariciar ahora sus pechos.
Mi lengua trazó caminos por estos hasta llegar a la cúspide de sus pezones —ahora erectos —los que envolví y degusté con mi lengua.
Sentí como la tibieza de su piel se acrecentaba con cada toque. Al igual que su respiración que de plano era errática. Sus manos se fueron automáticamente e irremediablemente a los costados de su cuerpo cuando sintió como mi cuerpo se abría paso para acomodarse entre sus piernas. Técnicamente yo aún estaba con mis pantalones pero podía notarse mí reacción ante las circunstancias en aquella posición, se quedo quieta.
Mis manos siguieron recorriendo su cuerpo, deslizándose por sus pechos, por su abdomen hasta acariciar la parte interior de sus piernas flectadas.
Era extraña toda la situación y no sé si porque tal vez hasta ahora fuera del nombre yo no había escuchado una palabra de su boca pero la experiencia se hacía demasiado mecánica… demasiado bizarra casi inhumana.
Entonces cuando mis dedos se fueron hacía su parte más intima y sintió como mi cuerpo se tendía a levantar volviendo mi rostro en esa dirección. Se alzó de pronto.
— No —balbuceó un tanto incomoda mientras capturaba mis labios con los suyos e impedía mi siguiente movimiento. No quité mis manos de allí pero mientras aún nos besábamos sentí como ella metía sus manos bajo mi pantalón tocando mi miembro.
El beso empezó a sincronizarse con el toque que ella estaba dándome e inevitablemente sentí como mis mejillas se iban acalorando, en realidad como toda mi cuerpo se iba quemando por la manera en que ella ahora estaba acariciándome. Por consiguiente yo también aumenté la caricia que estaba haciéndole a su cuerpo. Sus labios tendieron a separarse cuando sintió como uno de mis dedos se adentró en sus entrañas. Nos separamos por unos escasos centímetros pero fueron los suficientes para ver reflejado en su rostro algo que hasta ahora no estaba demostrando: Placer.
Se avergonzó de inmediato cuando notó que yo estaba leyendo en sus facciones algo tan simple como aquello —por no decir esperado —y otra vez la mascara que había estado presente entre nosotros se erguía como una muralla indescifrable prácticamente impenetrable. La besé otra vez y cerré mis ojos, estaba claro que mis sentidos hoy estaban produciéndome la más torcida y bizarra duda, una que no podía permitirme.
Cuando sentí que de sus labios se escapan gemidos constantes y cuando comprobé que estaba completamente excitada me separé sutilmente de ella. Terminé por quitarme la ropa que faltaba y del bolsillo saque el condón. Me puse de cuclillas a los pies de su cuerpo, su mirada marrón me seguía atenta hasta ese minuto puesto que cuando notó entre mis dedos el envoltorio su rostro se giró hacía la nada y noté como sus manos comenzaban a quitar su ropa interior.
Me puse el condón y traté de olvidarme que a pesar de todo no estábamos solos. Era una suerte de espectáculo y ella lo notó cuando encaró su mirada chocolate con la mía mientras sentía como me acomodaba otra vez entre sus piernas.
No pude evitar compungirme ante la expresión fría y un tanto pesarosa que me propinó. Era como si estuviera resignada a que esto pasará, entonces hice algo que hacía mucho tiempo no hacía —en realidad nunca lo había hecho con la significaría, que creo, ahora estaba teniendo— acaricie su rostro con el dorso de mi mano.
Era una simple y tonta caricia pero de pronto quise transmitir algo que no sabía porque de pronto parecía tan importante. Entonces cuando logré que sus ojos se concentraran otra vez en los míos la besé lenta y pausadamente contemplándola.
Bajé mi mano hasta sus caderas e impulse mi cuerpo en su interior. Un gemido se escapó de sus labios, probablemente el gemido más genuino que yo hasta ahora hubiera escuchado. Sus entrañas eran tibias y extrañamente hogareñas. Una sensación extraña pero deliciosa, embestí tantas veces fui conciente y cuando sentí que su cuerpo se estremecí entre mis brazos no pude aguantarme y llegué al orgasmo junto con ella.
Mi cuerpo cayo rendido en su pecho y por la posición en que giré mi rostro me di cuenta que la rubia estaba bastante "alterada" por las circunstancias.
Sus ojos eran como dos llamas prendidas y aunque estaba lejos apostaba que su piel estaba hirviendo tanto o más que la nuestra.
Apenas salí de su interior la muchacha se levantó y corrió al baño. Cerró la puerta tras de ella, entonces la amiga se acercó mientras yo agarraba mis pantalones del suelo.
— Lo acordado —y me pasó un sobre abultado. Cuando tome el papel sus manos rozaron las mías y se rió con picardía al ver que yo retiraba la mía con prontitud.
No dije nada simplemente terminé de vestirme contemplando la puerta del baño que permanecía cerrada.
— No se equivocaron —afirmó cuando me vio completamente vestido.
Entonces me giré para encararla.
— ¿Cómo llegaron hasta mí? —le pregunté con una curiosidad no permitida para alguien de mi profesión.
— Te recomendaron y no se equivocaron —insistió mordiéndose el labio inferior.
Dudé pero no dije nada más. Simplemente recogí la chaqueta y luego caminé sin dudar hasta la puerta. La mujer me siguió.
Una vez fuera del departamento y esperando por el ascensor sentí un par de tacones detrás de mí y su voz.
— Pasado mañana… misma hora… mismo lugar ¿Estarás disponible? —su voz hizo eco en las paredes.
— ¿Para ti o para tu amiga? —pregunté con intención.
La rubia recargó su espalda contra la pared.
— Me temo que yo no estoy interesada… no tengo nada que aprender —y soltó una carcajada.
En ese minuto se abrieron las puertas del ascensor, tome aíre.
— Entonces creo que tendremos que improvisar para evitar que te aburras mirando —contesté entrando al ascensor.
Las puertas se cerraron lentamente justo antes de que lo hicieran por completó pude divisar la figura de la chica que momentos antes había sido mía junto a otras dos figuras más.
— Señorita Rosalie… ya estamos listos para irnos.
Exclamó la voz de un hombre.
