Holis, demoré lo sé pero ya todas sabran que la semana que recién paso no fue una de las mejores semanas para nadie en mi pais... me mantuve alejada de la escritura principalmente porque mi mente estaba en otras cosas... y no quería subir algo con lo cual no estuviera satisfecha... a pesar que he releido este capítulo infinidad de veces lo siento un poco apagado... tal vez sea por mi estado de animo por ello les pido que me tenga un poquito de paciencia... todas las dudas serán resueltas en los proximos capitulos... Tratare de actualizar atrevete a salvarme y el resto lo más pronto posible, les pido paciencia... y les aseguro que todas mis historias tendrán un final... no las dejaré inconclusas...
Besos a todas Liz.
Crepúsculo no me pertecene
Capítulo 4: Un pequeño y sucio secreto
En esta vida todo el mundo tenía un tejado de vidrio y algo que ocultar por lo tanto esa reacción de Edward me parecía plenamente elocuente con quién era él en realidad. No insistí más de la cuenta y me dedique a pensar en mis propios demonios —que no eran pocos —y me fui de vuelta al club.
Para cuando entré estaba atestado de gente, mujeres tomando tragos, otras tantos mirando el espectáculo a su alrededor. Me puse en la escalera a contemplar al resto, en realidad no estaba muy de ánimo para el trabajo pero tampoco podía ponerme a rechazar si alguna se acercaba. Estaba distraído ensimismado en mis propios problemas cuando sentí una tímida y diminuta mano ponerse en mi hombro, me giré de inmediato y la sorpresa no se dejó esperar. Mi mandíbula se abrió por completo ante la expresión de la personita frente a mí. Estaba nerviosa, apenas sonrió y miró a todos lados, se acerco como en cámara lenta hasta mi rostro, no podía creerlo — esto es una broma —me dije aún impactado sintiendo como el cuerpo de Alice cambiaba de posición para ponerse frente a mí. Ocultándose detrás de mi enorme figura.
— Necesito un favor —susurró tímidamente mientras sus ojos de un color difícil de definir pero más parecido al ámbar se posaban en mi y luego en mi alrededor.
— ¿Qué clase de favor? —le pregunté de inmediato y ella arrugo el entrecejo visiblemente complicada.
— ¿Podíamos hablarlo en privado? —consultó nerviosa.
Te vas a meter en el lío más grande de toda tu vida fue la alerta de mi conciencia. Asentí.
En realidad no sabía que tan privado podía ser cualquier parte del club y tampoco dimensioné mucho lo que hacía. Fue casi automático que subiéramos a mi cuarto, abrí la puerta y la deje entrar, dudó pero finalmente se adentró en el interior de la habitación.
Cerré la puerta tras de mí y no sé porque lo hice con pestillo. Apenas sintió el sonido tragó saliva, la expresión de su rostro estaba mezclada entre miedo, nervio y vergüenza.
— Bien tu dirás —exclamé sin moverme un centímetro de la posición en donde estaba.
Noté como tomó aire y cavilo por unos segundos mirando a todos lados de la habitación. Sus manos de pronto se tensaron y comenzó a jugar con sus dedos.
— Alice —insté.
— Podrías enseñarme a bailar el caño —su voz fue como un eco en toda mi cabeza.
¿Alice, la chiquilla que frecuentaba el club hacía exactamente un año y medio quería que yo la instruyera en un baile exótico? Esto debía tratarse de una broma… sí… no podía haberla escuchado bien. Tarde en reaccionar y probablemente no estaba dándole una buena expresión a juzgar porque la de ella cambio hasta desfigurarse por completo, sus mejillas se tiñeron de un rojo profuso y sus ojos se pusieron vidriosos, en el acto se adelantó hasta mi posición.
— Perdona… no debí… tal vez esto sea un error… discúlpame —balbuceó con la voz quejumbrosa.
Se acercó a mi lado y yo aún estaba digiriendo la petición. Estaba un poco atontado ¿Cómo era posible que una niña de la clase social de Alice estuviera interesada en un baile exótico? ¿Para qué quería aprender ella eso? ¿Acaso…?
Cuando su diminuto y grácil cuerpo estuvo —por segunda vez—cerca del mío reaccioné y la tomé del brazo impidiendo su escapada.
— ¿Para qué quieres aprender el baile del caño? —pregunté curioso por su respuesta.
Sus ojos ámbarmarinos se perdieron en los míos.
— ¿Importa eso? —preguntó evidentemente incomoda.
— Sí —confirme sin dudar — Al menos si quieres que yo te enseñe… —aclaré aún impactado.
No podía evitar mirarla. Era increíble que una chiquilla bonita como lo era ella y llena de un futuro —que algunos no tuvimos a esa edad —rodeada de una familia bien formada, que la quería y que se preocupaba por ella… de pronto se encontrará con la necesidad de involucrarse en un ambiente como el nuestro, con un hombre que jamás podría encajar en la sociedad de la cual ella era participe.
La primera vez que había visto a Alice supe que se vendrían problemas, fue como si lo presintiera no solo por su vestimenta que denotaba ingenuidad sino que ella lo expelía por los poros, esa había sido probablemente su primera vez en un lugar como el nuestro. Tal vez por eso nunca terminé de entender como su prima la había llevado con ella aquella noche pero claro ¿donde más ir para una despedida de soltera?
El club tuvo el "honor" de ser testigo privilegiado de la última noche de soltería de la prima de Alice —no directamente yo, claro está —aquella noche vinieron alrededor de doce chicas —todas mayores que ella —para el magno evento arrendaron un salón privado y justamente —no sé si para su suerte o desgracia —uno de los afortunados stripper fue Jasper.
Recuerdo la expresión del rostro de él y de ella cuando se conocieron. Sin poder evitarlo mi piel se erizó al ser testigo silente de como esté —rompiendo toda regla —la llevaba tomada de la mano escaleras arriba luego de que supuestamente toda la diversión de la novia había terminado.
En ese entonces yo le había calculado unos diecisiete años a Alice sino menos. Luego me enteré por propia boca de Jasper que supuestamente tenía diecisinueve… su edad fue debate durante toda la semana que siguió a ese encuentro, hasta el punto de que mi querido colega se había enfurecido cuando Jake la miró con otros ojos incluso casi se arma la pelea ante los comentarios lidibinosos de James —quién fue el otro afortunado de aquella noche—de allí en adelante la muchacha frecuentó el club hasta convertirse en una especie de accesorio caro del paisaje.
Desvié mi vista a sus ojos y la contemplé.
— La próxima semana es su cumpleaños —confesó y entonces mi corazón se estremeció ante lo evidente: Esa niña en realidad estaba enamorada de él.
Sonreí sin poder evitarlo.
— ¿Qué te hace pensar que yo se bailar el caño? —le pregunté ya más relajado y extrañamente convencido de ayudarla.
¡Espera! ¡¿Ayudarla?! ¿Yo como maestro de baile exótico?
Mi yo interior debatía entre lo moralmente correcto a lo emocionalmente incorrecto. Mientras se liberaba una batalla campal entre mi moral y mi alma aventurera sentí como vibró mi celular. Lo saqué de mi pantalón.
El hecho que el número fuera privado me alertó de quien se trataba. Tomé aire y mientras me disponía para contestar la miré.
— Dame un segundo —le pedí mientras me separaba de Alice y caminaba hacía el otro lado de la habitación.
Sí se trataba de quién pensaba era mejor tener la conversación lejos.
— Bueno —conteste y no pude evitar que mi corazón se congelara esperando que la voz conocida contestará.
— ¿Estas ocupado? —preguntó enseguida y entonces me sonreí embelezado como un completo idiota.
Sin duda la dueña de esa voz era mi propio talón de Aquiles… su voz dulce y sensual a la vez me trasformaba en un verdadero estúpido capaz de perder la cabeza por completo… y debía reconocer que lamentablemente mi alma ya la había perdido hacía mucho atrás.
— No —contesté de inmediato, la imagen mental de la mujer que me traía completamente transformado se formó en fracción de segundos en mi subconsciente.
— ¿Podemos vernos? —preguntó tímidamente.
— Claro… estaré en media hora —le comuniqué y corté expectante.
Me giré, Alice estaba aún en la misma posición en la que la dejé.
— ¿Entonces? —preguntó un tanto esperanzada.
Suspiré, estaba claro que esa confección que me había hecho sumado a la llamada que había recibido le había torcido el destino a mi respuesta. Había aflojado mi decencia y moral prácticamente al suelo, ahora era algo así como un cupido pensando con el corazón más que con la cabeza.
— Mañana por la tarde… creo que Jasper saldrá a eso de las seis… allí podremos improvisar algo sin el miedo a que me estrangule y se de cuenta de tu "sorpresa" ¿Por qué me imaginó quieres mantenerlo en secreto no? —le pregunté obnubilado por el encuentro que tendría en cuestión de minutos.
Asintió con una sonrisa en los labios.
— Gracias —exclamó dándome un beso en la mejilla.
Salí del club en un abrir y cerrar de ojos, ni siquiera me percaté de nada. Hasta ahora la única capaz de lograr que perdiera —literalmente —mi norte era ella.
No me sorprendió que el portón de entrada se abriera sin que yo lo pidiera — debían ser cerca de las doce de la noche aún así el guardia en la penumbra reconocía mi automóvil —me adentré y no tarde en encontrar "mi lugar" de estacionamiento.
Antes de bajarme tomé la cajita que permanecía oculta en lo más recóndito de la guantera del vehículo, la abrí. El destello dorado que profirió el anillo me encegueció unos instantes al igual que aquel día hacía ocho meses atrás. Como si se tratará de un rito deslice la argolla en el dedo que le correspondía por derecho propio y adquirido, me sonreí.
Bajé del automóvil. Hasta el frontis de la casa donde se encontraba la monumental puerta de entrada faltaban al menos cuatro metros sin embargo me parecieron dos pasos. No importaba cuantas veces viniera hasta aquí siempre me parecía cada vez más imponente, más ajena… no alcancé a tomar el pomo de la puerta cuando alguien ya la había abierto para mí.
Sus brazos largos, blancos y delgados se cruzaron a la altura de mi cuello atrayendo mi cuerpo hacía el de ella. Sus labios tibios se unieron a los míos.
— Mi amor —murmuró con emoción y nos besamos.
La mujer frente a mí no solo se había transformado en mí pilar sino que también podría ser potencialmente mi destrucción.
— Rose —balbucee al sentir como sus manos se desviaban desde mi cuello recorriendo la espalda hasta la cintura y bajaban peligrosamente, en ese minuto la figura de su padre apareció detrás de nosotros, alcancé a tomarle las manos justo a tiempo.
— ¿Emmett? Pero… —inquirió con la mirada penetrante dirigida a su hija.
— Su vuelo se canceló… pasará el fin de semana aquí —explicó Rose con la mentira a flor de labio.
Increíble pensé para mí respirando aliviado. Literalmente me había salvado con aquella falsa excusa, la mirada suspicaz de su padre se transformó ahora en una especie de consentimiento. No dijo nada más simplemente se perdió en el interior.
Abracé a quién se supone era la única de toda su familia que conocía la verdadera naturaleza de mi trabajo. No era fácil, jamás es fácil para nadie… no me podía imaginar en la posición contraria pero ella extrañamente era diferente. Tal vez, al verla aceptar mi trabajo podía ver una especie de esperanza o luz al final del túnel para la tierna pareja que conformaban mi colega y la chiquilla que desde hoy sería mi suerte de aprendiz.
— Lo siento pero tenía tantas ganas de verte —exclamó mi esposa.
Llamarla así o pensar en ella bajo ese calificativo era dificultoso, no por que yo dudará de la locura que había cometido hacía ocho meses atrás al desposarla sino porque mi corazón se compungía y extrañamente me traicionaba ante mis decisiones. La culpa me embargaba y tenía remordimientos al seguir manteniendo una doble vida pero era la única manera de poder estar a su altura y proveerle de todo lo que siempre le había rodeado.
Yo había escogido la vida que llevaba pero conocerla a ella había dado el giro necesario y el impulso que jamás pensé tener para abandonar algo que pensé haría por siempre. Ahora tenía una razón poderosa para terminar con la vida que llevaba y lograr sobrevivir de otra manera claro que, no sería de inmediato pero al menos ahora mis ahorros tenían un propósito: Una vida junto a ella.
Hacía diez meses atrás un día cualquiera, me había topado con ella. Tan exquisitamente hermosa en el lugar menos indicado: Una iglesia.
¿Qué hacía yo en un lugar como ese?
Redimiendo mis pecados… no sé porque siempre buscaba refugio en aquel lugar, me encantaba el silencio y la imponencia que me daba la necesaria tranquilidad para estar bien conmigo mismo. Aquel día no había sido yo el único en buscar paz sino que me había topado con la mujer más hermosa que existiera —era bella físicamente pero su alma, esa era la belleza que yo había descubierto y de la cual me había enamorado —así sin poder creérmelo no pasaron dos semanas cuando ya había conseguido descubrir donde vivía y quién era esa mujer cuyo cabello rubio semejantes a los cabellos de a un ángel me habían cautivado.
Rosalie Hale —ahora McCarty —había sido el nombre que había descubierto: Una chica de clase alta, de una familia tradicional pero algo misteriosa. Aún recordaba la mirada que me dirigió el padre cuando me conoció por primera vez y mucho más su hermano mayor.
Un sueño convertido en realidad, no podía calificarlo de otra manera… el hecho de que ella se fijará en mí a tal punto de no importarle mi pasado ni mi presente — Mientras tu corazón sea mío lo demás no importa —habían sido sus palabras cuando finalmente me había decidido a confiar el más grande y vergonzoso secreto de mi vida.
— Yo también —murmuré besándole la frente regresando al presente. En ese minuto su mano blanca y delicada se entrelazo con la mía, una sonrisa demasiado elocuente a esa "necesidad" de la que hablaba inundó su rostro con picardía.
Caminamos hasta el centro de la habitación donde comenzaba una de las dos grandes escaleras que unían la planta inferior con la superior. Era como una gran escalera imperial divida en dos. En la parte de al medio estaba la sala de estar de la gran casona. Un par de sofás motudos de un blanco impoluto con marcos de maderas caobas eran el toque de elegancia tan característica de la familia Hale.
Nuestra habitación estaba ubicada en el segundo nivel por el pasillo interior casi al llegar hasta donde terminaba esa planta. Estábamos ad portas de llegar cuando de pronto un ruido me distrajo. Se abrió una puerta de las habitaciones contiguas y no pude evitar la curiosidad. Mi vista se distrajo hasta el origen de los pasos, mi cuerpo se inclinó en sentido contrario de la habitación haciendo que nuestras manos entrelazadas se soltaran. Rose lo notó y no se demoró en llegar hasta mi lado. Me quede en el pasillo solo para ser testigo de que de aquella habitación emergía alguien a quién hasta ahora no conocía.
Era una muchacha, probablemente de dieciocho años poseedora de una mirada chocolate penetrante pero vacía… la desolación que pude ver me estremeció.
¿Quién era?
Me pregunté, y entonces me percaté que la muchacha no estaba sola, sino que detrás de ella muy cerca estaba nada menos que el hermano mayor de mi esposa: Demetri.
La pregunta se dibujó de inmediato en mi rostro, la muchacha debía tener menos edad que Rosalie… entonces ¿Qué hacía ella con él? ¿Acaso sería su novia?
Entonces la voz de mi querido cuñado retumbó haciendo eco en aquel pasillo.
— Emmett pero que gusto tenerte aquí —exclamó con un tono de alegría fingido.
Entrecerré mis ojos hasta el punto de perderme en una leve oscuridad de sospecha.
— Demetri… —y extendí la mano para saludarlo.
En ese minuto noté que esté mantenía sus manos aferradas al cuerpo de la muchacha. Soltó una pero mantuvo la otra como si se tratará de una presa más que de una visita, si es que esta lo fuera. Había algo raro en todo aquello, más aún cuando esta simplemente miró al suelo como queriendo huir de aquel minuto.
— Pero que tonta… —murmuró Rosalie con ese acento dulce y manipulador que solía tener cuando su hermano y yo nos encontrábamos.
— Mi amor… ella es Bella… mi prima ¿Recuerdas que no pudo viajar desde Nueva York para nuestra boda…? — entonces recordé… así que ella era su prima menor… la hija de su tío Marcus.
— Mi querida Bella… él es de quién tanto te he hablado… mi esposo Emmett —presentó y fue ella ahora la que se posó detrás de la muchacha quitando las manos de su hermano del cuerpo de quién hasta ahora parecía más un objeto que una persona.
— Mucho gusto Bella —saludé y esta me miró por primera vez desde que yo había notado su presencia.
Su cuerpo se inclinó hacía el mío pero pude notar cierta tensión en aquel gesto tan simple como un saludo a quienes de ahora en adelante serían una suerte de primos políticos. Con una sonrisa parca y nerviosa me saludo, sus ojos me miraban pero no estaban conmigo, en realidad con nadie… era como si de verdad se tratase de un objeto.
— Y bien… ¿Te quedarás el fin de semana o habrá otra convención a la que planeas asistir en los próximos días? —preguntó suspicaz mi cuñado y entonces fui yo él que me tensione.
Mentir no era mi fuerte, eso era algo que se le daba, de un tiempo a esta parte, perfectamente a mi esposa pero no a mí. Sabía que su familia era demasiado perspicaz para mantener una farsa por mucho más tiempo pero aunque teníamos claro que se nos agotaba la excusa que habíamos inventado para justificar mi ausencia no era menos cierto que solo faltaban un par de meses más y todo terminaría.
Suspiré.
— Ya sabes como es esto… es horrible trabajar para una empresa multinacional —exclamé sin creérmela yo mismo, tal vez tenían razón: Rose y yo hacíamos un buen equipo.
— Me imagino —contestó agrió y serio. — Bien, no los entretenemos más… nosotros nos íbamos —y entonces quise preguntar pero Rosalie me respondió la pregunta no hecha.
— Van a buscar al tío al aeropuerto —explicó capturando mis labios con los suyos en un beso desesperado.
¿Desesperado por hacerme desistir de mi curiosidad?
La atraje hacía mi cuerpo cruzando mis brazos por su cintura simulando una prisión.
— ¿En que estábamos? —preguntó riéndose.
Me arrastró hacía el interior de nuestra habitación.
Una vez en el interior, sentí como sus manos expertas y curiosas me recorrían el cuerpo, se colaban por debajo de mis ropas logrando que mi temperatura corporal aumentará… estaba a punto de perderme en sus caricias cuando aquella mirada desolada que me había proferido su prima brotó en mi mente.
— ¿Qué? —preguntó confundida Rose cuando notó que mi cuerpo se paralizó. Mis manos la tenían aun sujeta contra mi cuerpo pero estaba congelada en su espalda.
Sentí como acarició mi barbilla mientras sus pupilas se fijaban en las mías, demasiado atentas para poder simplemente mentirle.
— ¿Ella está bien? —le pregunté sin sentido, y noté como una pequeña mueca se dibujo en los labios de mi esposa. De pronto rompió el contacto visual y enterró su rostro en mi pecho.
Sus dedos comenzaron a moverse nerviosos por encima de la tela de mi polera, un silencio nos embargó.
— Ella es así sabes… —exclamó — Desde que murió su madre… ella se puso un tanto melancólica… un tanto depresiva… —y su voz se apagó.
— ¿Vivirá con ustedes? —le pregunté curioso.
— Un par de días… hasta que mi tío compre su propia casa —aclaró.
— ¿Demetri y ella? —no pude evitar preguntar, la manera en que la tenía sujeta había levando mi sospecha.
— Sí te dijera que sí ¿Habría algún problema? —me preguntó sin mirarme.
— No… supongo que no… pero no sería algo… —guardé silencio, era primera vez que sentía una sensación de inmoralidad rondarme… y ciertamente yo no era el más indicado para juzgar a alguien.
— ¿Inmoral? —ella completó la frase. Entonces rompió a reír desconcertándome.
— Jamás… Demetri la dobla en edad… solo la vigilaba… mi prima… es algo escurridiza… y no queremos accidentes… prometimos cuidarla hasta que llegará mi tío Marcus… —aclaró cerrando la puerta con pestillo al tiempo que me guiñaba un ojo restándole importancia a toda la conversación.
Se acercó hasta mí con la sonrisa incitadora dibujada en el rostro pero ni aún así: mirándola directo a los ojos pude sosegar a mi corazón. Había algo… algo en el fondo de todo esto que me era extraño… demasiado extraño… y por primera vez desde que había conocido a mi mujer no le creí.
Emmett es quién narra este capítulo... lo aclaro por si no se entendió XD...
Saludines y no olviden dejarme sus comentarios...
Nos leemos...
Liz
