Crepúsculo no me pertenece
Capítulo 5 Sorpresas que te sorprenden
Entré a mi habitación sin imaginar siquiera lo que me encontraría pero quede de una pieza en el umbral de esta cuando la puerta quedo completamente abierta.
¿Qué parte del "conmigo nunca más" no entendió?
Me pregunté al segundo en que mi vista se deslizó por el cuerpo desnudo de Tanya. Estaba recostada de lado a todo el largo de mi cama, mirándome, con una gran sonrisa en los labios y entonces la escena ya no parecía de alguien que pagaba por sexo. De pronto ella se transformó en lo que no era: Una suerte de novia, esposa o amiga con ventaja.
En el piso estaba toda la poca ropa que ella debió traer puesta, estaban estratégicamente ordenadas intentando parecer un especie de camino.
¿Acaso yo debía seguirlo? ¿No era yo él que debía hacer esto para "seducirla"?
Tanya iba a transformarse desde la clienta jodida a la pesadilla eso era seguro.
Entré y cerré la puerta detrás de mí, tomé una a una sus prendas y para cuando estuve cerca de la cama se las tiré en la cara.
— ¡Vístete, hoy es mi noche libre! —espeté sin darle demasiada importancia girándome para abrir las cortinas que ella misma había cerrado. Mi habitación estaba completamente iluminada por velas, las apague todas y luego me recargué en la mesa de arrimo que tenía cerca del ventanal que daba al balcón.
Cuando se percató de lo que hice sus ojos verdes se nublaron, fue como si reflejaran el comienzo de una batalla, se oscurecieron a tal punto que incluso pensé que perdería el control pero esa oscuridad de furia le duro un escaso minuto. Claramente fui testigo de cómo su rostro tenso producto de la ira que alcanzo a consumirla por completo se desvanecía perdiéndose en unos ojos tan líquidos y tranquilos como un estanque de agua. Se alzó en la cama para ponerse de pie, su cuerpo se dejo caer al lado de está dejando la ropa que yo le tiré al rostro previamente a un costado. La sonrisa que se había esfumado producto de mi reacción se volvió a instaurar en aquel rostro de porcelana a medida que caminaba para encontrarse conmigo. Ahora pude ver en su mirada un atisbo de picardía e incluso ¿amor?
¿Aún creía que podría seducirme? ¿Quería yo ser seducido por una clienta?
— Sabes, hoy vine a disculparme —ronroneó mientras terminaba por posicionarse frente a mí, deslizó su mano por mi mejilla acariciándome, le tomé la mano en seguida.
¿Qué pretendía?
— No soy ni tu marido ni tu novio, de hecho, ni siquiera soy tu amigo por lo tanto me parece que las disculpas están de sobra —exclamé poniendo mis manos en sus caderas para separarla de mí.
— Lo sé, aún así quise hacerlo, el hecho de que te pague por sexo no significa que no podamos llevar un trato amable —contestó lisonjeramente.
— ¿Tú disculpa incluye ofrecerte? —le pregunté seco.
— Nosotros podríamos ser más que clienta y dependiente —agregó acercando su rostro al mío con toda la intensión de besarme.
Mi suspiró fue largo y profundo ¡Paciencia Edward! ¡Paciencia! Me repetí en mi fuero interno. Sus dedos largos y blancos se deslizaban por mi mejilla, el toque calido de estos logró algo que no creí posible. De pronto al sentir la tibieza de su halito contra mi rostro, mi presente se confundió con el pasado, uno reciente eso sí.
Escasas horas habían pasado, todo pareció mezclarse mucho más cuando sentí como sus labios, húmedos y suaves se posaban sobre los míos y yo no la detenía. Tanya me estaba besando y yo estaba correspondiéndole con un deseo inexplicable. Llevé mis dedos hacía su frondoso pelo y los enterré allí acariciando su cabellera, entonces inmerso en aquel intercambio de deseo fue cuando la separé con fiereza para mirarla.
¿Era ella? ¿O solo era yo?
Tanya siempre había sido hermosa pero no era alguien en quién yo me fijaría para hacerla mi novia, sin embargo, hoy su pelo rojizo largo y ondulado se tiño de un marrón oscuro y penetrante. Sus ojos verdes como dos luceros eran ahora un mar café hipnotizante y profundo, uno en el cual quería sumergirme hasta perderme. Sus facciones finas y perfectas se hicieron más sutiles, menos frías más ingenuas, ahora su rostro era cálido como nunca antes.
No, no estaba frente a mí la mujer con la cual mantenía encuentros sexuales y que era mi clienta. Frente a mí ahora estaba otra mujer — a quién tal vez le quedaba grande ese nombre, y más bien debía llamarla niña —quien estaba despertando una suerte de ¿Deseo salvaje?
Tragué saliva y sentí como mi cuerpo completo reaccionaba a las caricias que esta alucinación me profería. Aquella sonrisa que había visto en los labios de Tanya ahora estaba más ingenua y dibujada en el rostro de...
Bella
Recordé su nombre con una impresionante rapidez sorprendiéndome pero quede mucho más sorprendido cuando no solo recordé su nombre sino también el susurró en el que me lo señaló con una precisión de grabación. Mi piel se erizó por completo ante el recuerdo de su voz, los gemidos se confundieron de inmediato con la respiración agitada pero contrario a lo que debí hacer —que era quitarme de encima a quién no era ella —la sujeté con más fuerza y me deje llevar por ese deseo tan desesperante y repentino.
No supe cómo o tal vez sí lo sabía solo que no quería detenerlo y la levanté con una agilidad macabra, enterré mis manos en sus muslos y ella enrolló sus piernas sobre mis caderas. Sus manos se posicionaron en mi mentón y sus labios se adueñaron otra vez de los míos.
¿Acaso quería creer que Tanya era ella?
Una suerte de lógica racional me indicaba que la muchacha que había conocido horas antes jamás se hubiera mostrado así de deseosa. No en ella había algo malo, un secreto, algo que no estaba bien y yo había contribuido a que sea lo que pasara siguiera pasando.
¿Arrepentimiento? ¿Culpa?
Tal vez eso era lo que sentía y quería acallarlo con el cuerpo de alguien que se ofrecía para hacerlo. La tiré a la cama cuando estuve cerca de esta, su cuerpo blanco y desnudo se meció ante el contacto brusco de la caída. Su sonrisa ahora se volvió más incitadora, más embriagadora.
Me quité la ropa y me tumbé junto a ella, deslicé mis manos por aquella piel maldita y era bizarro pensar que estaba a punto de tener sexo con Tanya pensando o más bien deseando que fuera otra.
¿Qué sucede contigo?
Me pregunté a cada embestida y con cada gemido que lograba hacer escapar de los labios de la "clienta" escuchar su respiración agitada, sus grititos de placer era como un combustible que prendía mis entrañas deseosas de más.
Lujuria
Simple y llanamente lujuria. No podía decir que era amor porque no sentía aquello, lo que sentía era un deseo indescriptible por volver a sentir la tibieza de las entrañas de esa desconocida.
¿Correcto?
No, no lo era. Tampoco era correcto estar dándole alas a algo que más que placer me traería dolores y de los peores. Después de esta noche todo se complicaría. Tanya no me quería como su amante, me quería como su marioneta y yo…
Estaba convirtiéndome en aquello, una marioneta de mi propia lujuria.
¡Acabará mal!
Me grito mi conciencia cuando sentí como el cuerpo de Tanya se estremecía y arremetí otra vez si darle tregua. Sentí como su cuerpo sudoroso se apegó mucho más al mío, sus manos se enterraron en mi hombro, su cabeza cayo hacía atrás cuando logró llegar al clímax.
Estaba hecho, yo había sido el artífice de mi propia destrucción.
En el minuto en que volvió a mirarme otra vez sus ojos verdes fueron dos cuevas oscuras. Era difícil quitarse la imagen de aquella niña — obligada o sometida —que cerré los propios sintiendo como mi cuerpo tocaba el cielo.
— Eres maravilloso —articuló contra mi oído mientras sentía como yo gemía.
Mi corazón latía en el comienzo de mi garganta lo que me impedía hablarle pero por otro lado ¿qué le diría?
Lo sé… me lo han dicho… ¿De nada?
Me resigné a cargar otra cruz, una que tenía nombre y apellido, recliné mi rostro en su pecho y permanecía allí, mirando al vacio, recordando que en esta clase de vida, una que yo había elegido por cierto, siempre hay un precio. Todos pagamos nuestros precios tal vez Tanya era él mío.
Por favor
El susurró era casi imperceptible pero extrañamente lo sentí. Fue como si en mi interior tuviera una especie de radar que pudiera captar hasta la frecuencia más débil.
Por favor...
La voz era la misma, el susurró era él mismo. ¿Podría ser ella? Abrí mis ojos solo para encontrarme con el cuerpo desnudo de Tanya. Entonces recordé lo que había pasado horas antes, me incliné lo suficiente para lograr salir de su abrazo.
Eran las cinco y media de la madrugada, suspiré.
..Por favor
Su voz se oyó demasiado nítida para tratarse de un sueño o de mi imaginación. Me quede sentado en el borde de la cama mirando el resto de mi habitación. Las cortinas estaban abiertas de par en par por lo tanto estaba tenuemente iluminado. Aún no salía el sol y la luna no había abandonado el manto celestial pero era su reflejo el que me permitía mirar. Me levanté hacía el closet en busca de ropa.
Por favor…
Escuché otra vez mientras buscaba un pantalón. Lo tenía en la mano, de todas formas, me giré a mirar a mí alrededor. Nada. No había nadie más que Tanya durmiendo profundamente y yo, recapacitando o mejor dicho cavilando mis errores.
.. Edward
Mi nombre dicho por aquella voz se escuchaba tan bien, incluso demasiado correcto. ¡Basta! Estas volviéndote paranoico me reclamé mientras me vestía. Era un pantalón simple de pijama, una especie de buzo. Hacía tanto que no lo usaba, bueno no cuando tenía a una dama en mi cama.
Cerré el closet y caminé hacía el baño. No sabía porque pero tenía una necesidad por seguir escuchándola que aunque yo sabía era mi mente quien me traicionaba estaba deseos de que volviera a escucharla.
Me quede frente al espejo, en la penumbra, observando mi reflejo. Mi rostro ojeroso y mi pelo desordenado. Si me viera ahora no le parecería atractivo en lo absoluto. Mi piel estaba más blanca de lo habitual tal vez era la culpa lo que me hacía tener una bizarra percepción de mí. Estaba a punto de abrir la llave cuando su reflejo se mostró en el vidrio.
Ayúdame… por favor
Su rostro estaba completamente compungido, de sus ojos brotaban lágrimas, sus labios estaban demasiado rojos. Me giré de inmediato y entonces noté como la puerta de mi baño se abrió. Alcancé a notar como si un cuerpo se hubiera colado con rapidez por allí.
— ¿Bella?
Hablé en voz alta sin importarme que aún estuviera Tanya en mi recamará. Salí de la habitación desesperado cuando noté que no era un sueño. La chiquilla estaba allí, en el club.
Corrí por los pasillos gritando su nombre. Estaba todo oscuro lo que era extraño. Usualmente la mansión permanece con las luces encendidas las veinticuatro horas del día. Cuando llegué al descanso de la escalera le vi. Estaba pronta a salir por la puerta principal.
— ¿Bella? —le llamé y entonces ella se detuvo. Se quedo en el umbral de la puerta. — ¿Cómo llegaste aquí? —le pregunté acercándome a ella quién aún permanecía de espaldas hacía mí.
— Lo siento —fue lo que exclamó — No quise… no sabía que… yo… lo siento —se disculpó en un murmulló apenas audible. Entonces decidí hacer algo, me acerque a ella, y para cuando estuve a una corta distancia de centímetros la tomé por el brazo para encararla. Su cuerpo se giró, quedamos frente a frente.
Fue entonces cuando noté algo que me desconcertó.
En la comisura de sus labios su piel estaba más oscura. También lo estaba en el surco de sus ojos. Ahora entendía porque en el reflejo sus labios parecían más rojos, brotaba sangre.
Mis manos se fueron cegadas hacía su rostro para palpar la realidad de una conjetura que a cada segundo se hacía más verídica.
Mi corazón se estremeció al tocarla.
— Por favor… ayúdame —pidió otra vez.
— ¿Cómo? —le pregunté angustiado aún mirando la sangre en mis dedos.
— Búscame —exclamó.
Para cuando miré hacía el frente ella ya no estaba, como tampoco lo estaba la sangre y yo... no estaba solo.
— ¿Tierra llamando a Edward? —fue la pregunta que escuché y unos dedos chispearon en mi frente. Me sobresalté.
— ¿Qué le hiciste? ¿Segura que no lo golpeaste? —le preguntaron y entonces mi vista se concentró en quién tenía al frente.
¿James y Jasper?
— Ya les dije que no, empezó a hablar como si estuviera poseído —cerré mis ojos y luego los volví a abrir.
Entonces advertí donde me encontraba. Estaba acostado, aún en la seguridad de mi dormitorio, con James sentado a mi lado y Jasper detrás de él. El primero divertido, el segundo preocupado.
— ¿Edward? —llamó otra vez y la sonrisa de sus labios no se dejó esperar, se dibujó enseguida advirtió que yo había estado hablado dormido.
— Estoy bien —exclamé levantándome para sentarme en la cama. — Solo fue un sueño —y enrolé mis ojos más para apagar la vergüenza propia que sentía.
¿Yo hablando dormido? Se enterarían todos, sin excepción ¡Genial me volvería la diversión del mes! ¡Maldición!
Cuando logré visualizar la realidad esta me golpeo sin piedad. Tanya estaba aún ahí, vestida por supuesto, pero en mi habitación a los pies de la cama, su rostro era de un cervatillo asustado y un tanto molesto por tener tanta atención.
— Se los dije… estaba soñando —Los ojos de James se iluminaron con burla. Se levantó de la cama y fue el turno de Jasper que se acercó.
— ¿Seguro que estas bien? ¿Tal vez tomaste algo? —preguntó dejando entrever la duda que la loquita de Tanya me hubiera dado algo que yo no supiera.
— Solo fue un sueño, ¿No creerás que estoy poseído? —le pregunté riéndome yo mismo de mi estúpida situación.
— Pues lo parecías —se defendió de inmediato Tanya con la voz cargada de cierta ira. — Comenzaste a hablar incoherencias, incluso me confundiste con una tal Bella —y eso último lo escupió entre dientes.
Me sonreí.
— Lo siento, son tantas que tiendo a confundir los nombres —exclamé provocando que Jasper se sonriera.
— Muy gracioso —replicó Tanya furiosa. Acto seguido se fue dejándonos solos. James le abrió la puerta y la observó cómo salía, luego se giró hacia mí.
— Buena técnica para ahuyentarlas, me impresionas —dijo mientras se iba él mismo.
Jasper me miró y suspiré.
— ¿qué fue todo eso? —preguntó y no sabía cómo empezar ni siquiera sabía sí había algo que contar.
Me vestí pensando en que debía parar lo que fuera me estaba atormentando. Conversarlo con Jasper me sirvió para darle otro enfoque a mis supuestas visiones.
— No confundas la curiosidad con la pena —había sido su consejo. — Sí ella estaba allí y se quedo allí es porque quiere, tú mismo dijiste, nadie la tenía amarrada a la cama —observó con sabiduría o mejor dicho con la cordura que yo no tenía.
Jasper tenía razón. Nadie la había obligado ¿o sí?
La mirada preocupada de Esme, sumada a la de Carlisle que sostenía el tenedor en el aire aún mirándome expectante me hizo regresar a la realidad, por segunda vez en el día. Estaba claro que hoy no sería como otros, en realidad, temía que mi vida no sería igual después de haberle conocido.
Suspiré.
— No creo que sea buena idea —finalmente solté y la verdad me había pasado por alto la mitad de la conversación, no sabía lo que estaba contestado.
— Sí que te dejo mal la loquita Denali —balbuceó Jake dándole una mordida a un pan que tenía en la mano.
— ¿Denali? ¿Tanya estuvo otra vez en el club? —preguntó Carlisle sorprendido.
— Que esa niña no tiene amor propio ¡Por dios! —comentó Esme un tanto enojada. A esta altura todo mundo conocía de ella y sus arrebatos — Creo que es hora de que esto se acabe Edward, ya no tiene objeto que tú… —no terminó frase puesto que yo lo hice por ella, la interrumpí.
— Me ¿Venda? —hubo un silencio incomodo entre toda mi familia. De pronto el vacio se instauro como algo mucho más interesante que ver. Tanto Carlisle, como Esme y Jacob miraban al vacio. Yo mismo desvié mi vista y la concentré en el plato que tenía en frente.
Nadie dijo nada por largos segundo de silencio sepulcral.
— No es necesario —aseguró Esme con cautela.
— Jamás lo fue —refuté puesto que la decisión de convertirme en lo que era había sido mía, solo mía.
— Lo sé, se que yo apoye en parte esto pero… las cosas han cambiado, tu ahora tienes una profesión, no necesitas de mujeres como Tanya… Hijo —aunque yo quisiera que ella fuera mi madre siempre sonaba un tanto extraña esa palabra emitida de sus labios, sonrió con dulzura — Edward, tú tienes otras oportunidades… ¿Acaso no quieres formar una familia? ¿No te gustaría encontrar alguien que te ame y a quién tu ames? —esa pregunta desarmó por completo cualquier intento que yo tuviera de rebatirle o ratificarle algo.
¿Lo quería?
Terminamos de almorzar gracias a que Jake cambio el tema de la conversación. Muy en el fondo sabía que debía tomar una decisión, que las circunstancias habían cambiado y que Esme tenía razón.
¿Por qué continuar con algo que no necesitaba?
Contemplé a todo y cada uno de los chicos que hoy eran parte de aquel Club. Todos tenían sus historias, incluso yo, pero la diferencia era notable. Así como algunos no tenían otro futuro, tal vez yo sí lo tenía.
¿Valía la pena mantener esto?
Sin darme cuenta estaba sentado en una especie de sala de estar de la segunda planta. Entre las habitaciones había una especie de sillones que daban cierta intimidad. Me senté allí a contemplar el gran ventanal que estaba justo al frente y que daba al patio trasero, estaba atardeciendo. El verde de la vegetación adquiría una tonalidad hermosa cuando el sol se apostaba sobre ellas. Estaba absortó en eso, inmerso en mis propios demonios, que al principio no presté atención. Pensé que se trataba de alguno de mis compañeros con la clienta de turno. Podría ser James, incluso Jasper. Seguí mirando al vacio hasta que la voz cantarina de Alice me hizo ponerles atención.
¿Qué hacía Alice en el club, sí Jasper no estaba?
Me enterré mucho más en el sillón que ya de por sí era grande. Era una ventaja que quién hubiera decorado el club tuviera gustos antiguos. Esme, mi madre adoptiva adoraba la época de los reyes y reinas, resultado. Un sillón individual negro, con un respaldo que impedía a quién estuviera detrás ver si alguien estaba efectivamente allí. Me quede quieto, incluso deje de respirar cuando advertí que las voces se acercaban.
— Siento haber llegado tarde —y la voz de la chiquilla se notaba un tanto ansiosa.
— No importa, yo también acabo de llegar —La voz masculina me comprobó mi más negra sospecha.
¿Emmett y Alice?
— Tranquilo… ya se fue… lo vi irse yo misma. Justo cuando llegaba él iba saliendo —aseguró Alice con demasiada tranquilidad.
— ¿Te vio? —preguntó Emmett preocupado.
Apreté mis ojos al recordar las palabras de mi amigo. Ella es especial Edward, yo sé que tú no me crees pero ¡La amo! ¡La amo! de verdad.
— No… como crees, alcancé a esconderme —repuso la chica en un murmulló sigiloso.
Entonces cuando creí que tal vez todo podía tener una inocente explicación. Sentí los pasos certeros y la puerta de un costado abrirse. Me incliné sobre el sillón y levanté mi vista lo suficiente para ver lo que hubiera preferido no ver. Alice entrando al cuarto de Emmett.
Tomé aire ¿Podía complicarse todo mucho más? tristemente la respuesta era un Sí rotundo.
¡Hola! a todas, primero quiero agradecer que aunque yo no haya publicado ustedes siguen leyendo mis historias, agregandolas como favoritas o como alertas. ¡GRAcias! también me complace mucho haber visto reviews en las que estan terminadas ^^ es muy grato ver que les sigue gustando y que la gente sigue descubriendolas. También quiero agradecerles por sus votaciones en los Spilled Coffe on a Fic Award ¡Son geniales! yo me siento ganadora ya solo por las votaciones pero me animan mucho sus votaciones.
Nos estamos leyendo y espero actualizar pronto, pero entre el terremoto, la vuelta a clases y los preparativos para mi matrimonio el tiempo ahora se me hace escasisimo, sin embargo trataré solo les pido paciencia. Besos a todas Liz
