¡Hola a todas! Quiero partir agradeciendo que aún a pesar que no me he reportado en un lapsus de tiempo larguisimo, aun así muchas de ustedes han seguido visitandome, agregando mis historias a sus favoritas, a sus alertas, a mí como autora favorita ¡Muchas Gracias! Aquí les dejo el siguiente capítulo de mi historia, les hice un resumen de los capítulos anteriores para que les sea más fácil entender el que dejo publicado a continuación.
Crepúsculo no me pertenece
Anteriormente en Tabú:
— Necesito un favor —susurró tímidamente mientras sus ojos de un color difícil de definir pero más parecido al ámbar se posaban en mi y luego en mi alrededor.
— ¿Qué clase de favor? —le pregunté de inmediato y ella arrugo el entrecejo visiblemente complicada.
— ¿Podíamos hablarlo en privado? —consultó nerviosa.
— Bien tu dirás —exclamé sin moverme un centímetro de la posición en donde estaba.
— Alice —insté.
— Podrías enseñarme a bailar el caño —su voz fue como un eco en toda mi cabeza.
— ¡Emmet pero que gusto tenerte aquí! —exclamó con un tono de alegría fingido.
— Demetri… —y extendí la mano para saludarlo.
— Pero que tonta… —murmuró Rosalie con ese acento dulce y manipulador que solía tener cuando su hermano y yo nos encontrábamos.
— Mi amor… ella es Bella… mi prima ¿Recuerdas que no pudo viajar desde Nueva York para nuestra boda…? — entonces recordé… así que ella era su prima menor… la hija de su tío Marcus.
— ¿Ella está bien? —le pregunté sin sentido, y noté como una pequeña mueca se dibujo en los labios de mi esposa. De pronto rompió el contacto visual y enterró su rostro en mi pecho.
— Ella es así sabes… —exclamó — Desde que murió su madre… ella se puso un tanto melancólica… un tanto depresiva… —y su voz se apagó.
— ¿Demetri y ella? —no pude evitar preguntar, la manera en que la tenía sujeta había levando mi sospecha.
— Jamás… Demetri la dobla en edad… solo la vigilaba… mi prima… es algo escurridiza… y no queremos accidentes… prometimos cuidarla hasta que llegará mi tío Marcus… —aclaró cerrando la puerta con pestillo al tiempo que me guiñaba un ojo restándole importancia a toda la conversación.
ooooooooooooooooooooo
— Debes disculparla… mi amiga es un poco tímida… justamente por eso estamos aquí —explicó.
— ¿Qué quieres decir? —le pregunté mirándola directo a los ojos
— Está aquí por lecciones de sexo —no pude evitar desviar mi mirada hacía la muchacha quién seguía contemplándome impertérrita. ¿Lecciones de sexo?
— No se equivocaron —afirmó cuando me vio ya completamente vestido.
— ¿Cómo llegaron hasta mí? —le pregunté con una curiosidad no permitida para alguien de mi profesión.
— Te recomendaron y no se equivocaron —insistió mordiéndose el labio inferior.
— Pasado mañana… misma hora… mismo lugar ¿Estarás disponible? —su voz hizo eco en las paredes.
— ¿Para ti o para tu amiga? —pregunté con intención.
— Me temo que yo no estoy interesada… no tengo nada que aprender —y soltó una carcajada.
— Entonces creo que tendremos que improvisar para evitar que te aburras mirando —contesté entrando al ascensor.
Capítulo 7: Esta noche, no soy yo.
Edward
¿Emmett y Alice en una misma habitación?
La curiosidad mato al gato como quien dice y luego de mucho pensarlo finalmente me decidí a interrumpir — o más bien evitar —algo que tal vez pudieran lamentar ambos.
Sin duda que mi estilo no era aquel de amante inseguro, sin embargo, Alice, la pequeña clienta me caía bien, le tenía cierto aprecio inusual para ser alguien a quién no trataba mucho logrando despertar en mí un sentido de protección desconocido. Algo así como de hermano mayor, situación inexplicable por cierto pero al verla entrar tan decidida pero a la vez tan confundida reaccione.
¿Qué podrían estar haciendo ellos dos allí? ¡Juntos! ¡Demasiado juntos!
Como pensé, Emmett tomó la precaución adquirida en este tipo de oficio: había cerrado con seguro la puerta. Entonces evalúe mis posibilidades y sí quería descubrirlos sin darles oportunidad para excusas no iba a bastar la sutileza de golpear a la puerta. Sin duda era mejor una entrada sorpresiva, mientras buscaba en mi mente como hacer para entrar recordé lo que me ayudaría. Hacía mucho tiempo atrás, años para ser exacto, la habitación que era hoy de Emmett había pertenecido a alguien más, un chico introvertido, demasiado herido por la vida que desgraciadamente murió.
En ese entonces, Carlisle —mi padre ahora —me había pedido tener especial cuidado con él, en otras palabras me había pedido vigilarlo. Sus sospechas lejos de ser las que yo pensé en un primer momento eran producto de la sabiduría de la observancia y empatía. Mi padre había notado su profunda melancolía. En aquel entonces él me había entregado una copia de la llave maestra que abría no solo esa puerta sino todas en la mansión, llave que por supuesto deje guardada porque no alcance a utilizarla, ni con él ni con nadie. Tal vez por eso no la recordaba, desgraciadamente al pobre infeliz lo habían encontrado muerto la misma noche que Carlisle me había entregado la copia paradójicamente y gracias a ese pequeño y nefasto suceso hoy podría utilizarla.
Sin embargo la cuestión ahora, era encontrarla. Como nunca la había ocupado no recordaba donde la había puesto. Divagué entre mis cosas por unos minutos hasta que me acordé del lugar donde la tenía oculta: en el final de mi armario entre unas cajas viejas, allí se encontraba.
No me demoré ni medio segundo en bajar las escaleras desde mi planta a la inferior, ni recuerdo bien como caminé de vuelta a la habitación de Emmett lo cierto era que ahora no solo podía imaginar lo que sucedía sino que podía escucharlo demasiado bien: habían puesto a ¿Barry White?
¿En que mierda estaba pensando Emmett? reflexioné enardecido como si yo fuera el novio de aquella muchacha que estaba a punto de enredar su destino con él.
Metí la llave decidido a reprenderlo, una cosa era atender clientas de otros y otra, bastante distinta, era meterse de plano con quien era una suerte de "novia" de un colega. No era que nos debiéramos lealtad pero si entre tu propia gente no existe un atisbo de pudor entonces ¿Quién?
Aún mi instinto más noble, ese que yo creía extinto pero que en situaciones así renacía a la vida primó sobre ira y logró que, aún pensando en descubrirlo in actum, anunciará mi visita como un último favor: así las cosas lo llamé un par de veces desde la puerta, que permanecía cerrada pero solo porque en realidad no quería ser testigo de una imagen que difícilmente se me borraría alguna vez. Sin embargo nadie dijo nada, en estricto rigor solo se sentían los acordes de la música de fondo, entonces me decidí y abrí la puerta, lentamente entré en el interior de la alcoba.
Para mi sorpresa la cama estaba impecablemente estirada y tendida sin señales de ningún juego previo ni posterior. Calcule que al menos debían llevar unos diez o quince minutos allí, dentro y solos. Me acerque al equipo de música y lo apague. Miré a mí alrededor y fue entonces que insistí al mirar la puerta del baño entre abierta.
Con la locura dibujada en el rostro de un amante traicionado, camine sintiendo que mi respiración se hacía cada vez más agitada. Jamás me imagine estar en esta posición, era una mezcla de ira contenida con desilusión, esta ultima no de él a quien bien conocía sino de ella.
En cierta medida no me correspondía este ataque de moralidad repentina o de celos infundados. Claramente le correspondía este papel a Jasper, sin embargo, pensar en que la tierna y jovial chiquilla inexperta y obnubilada por "este tipo de vida" estaba cayendo en picada hacía las garras de un para nada galán de teleserie simplemente me superó.
Sí algo debía agradecerle a Carlisle y a Esme era la enseñanza de que en todo orden de cosas existe la llamada prudencia. Al traerla hasta su habitación como si se tratará de otra de sus clientas Emmett estaba traspasando la línea y exponiendo no solo al club sino a él mismo a una pelea de testosteronas innecesaria acaso no pensaba en ¿qué haría Jasper al descubrir el engaño?
Sin duda mi colega no estaba pensando con la cabeza sino que con otra parte distinta de su anatomía, que en situaciones como esta, era la mal llamada consejera. Ahora, por segunda vez en mi vida, mi lado más homérico me llamaba a evitar aquel fatal pero sospechado desenlace.
Pensé que con Tanya había sido más que suficiente entretención por todo el decenio pero no, al parecer me había equivocado.
Magullé entre dientes mientras caminaba hacía la puerta del baño pensando en que les diría a ambos, entonces, en mi mejor planificada actuación me tope de narices con nada menos y nada más que el inculpado de cargos hasta ahora no probados.
— Pensé que no estabas —le dije tal cual actor dice su prosa en una improvisada función. — Como te llame y no hablaste, entré a apagar la música que pensé habías dejado prendida —continué.
En realidad no sabía como abordarlo y hasta ahora, solo estaba "él" por ningún lado habían señales de la escurridiza y frecuente "clienta" que estaba a punto de traer de cabezas a un grupo de hombres, invirtiendo los papeles de una bizarra manera.
— Llegue hace poco —contestó tranquilo. Demasiado tranquilo para mí gusto.
No hay manera que Alice se escabullera, a menos que…
No alcancé a terminar de pensar cuando la voz entusiasta y animada de un actor no invitado y para nada deseado se advirtió.
¿Acaso había algo más nefasto que su intempestiva aparición?
— ¿Tenemos reunión de grupo? —preguntó quedando a mi lado en cuestión de abrir y cerrar ojos.
La expresión que dio Emmett corroboró hasta mis más sórdidas conjeturas. Su mandíbula se desencajó y su piel, tostada de nacimiento y resaltada por el eterno solarium, ahora era de un blanco chispeante y anticipado que incluso sus labios perdieron el color. Entonces una ira inexplicable me invadió al comprobar que, cada uno de mis más repulsivos pensamientos se había concretado en aquel baño pero tuve que controlar el orgullo de hombre, simplemente lo miré, eso si, no sin evidenciar en parte mi cólera.
— ¿Qué? —Preguntó Jasper mirándonos a ambos extrañado, no quité mi vista de la culpable expresión de Emmett, que se quedo sin palabras — ¿Interrumpo algo? —insistió y no pude morderme la lengua, fluyo natural.
— Nosotros somos los que al parecer interrumpimos algo —advertí abriendo la puerta mucho más de lo que ya estaba.
En ese minuto, Jasper me miró y luego miró a Emmett y luego nuestros ojos se fueron a los jeans tirados en el piso que se dejaron ver. Jamás en todos estos años había visto tartamudear al gorilote como le decíamos de cariño a Emmett.
Decir que no hablo era poco, de hecho, creo que hasta dejo de respirar, con un agarré y fuerza imprevista sujetó la puerta y nos hizo avanzar, a mí y a Jasper fuera del umbral cerrando tras él la puerta.
— ¿¡Desde cuando invades mi privacidad! —protestó alterado. Me recordó a los gritos que había dado Tanya en su oportunidad por lo que bufé.
— ¿Desde cuando un empleado debe tener privacidad en su lugar de trabajo? —contra pregunté obnubilado por la ira.
La escena que estaba a punto de desarrollarse jamás pero jamás debía haberse siquiera insinuado. La quijada de Emmett se apretó, sus ojos se fundieron en una cólera inexplicable y yo… bueno yo… simplemente deje de pensar o mejor dicho racionalizar, para mi suerte, o mejor dicho para la suerte de él y de quién sospechaba estaba tras la puerta muerta de miedo, Jasper intervino oportunamente.
— Vamos Ed, no necesitamos alterarnos… ¿Qué acaso no le estas cobrando? —preguntó bajando el tono de voz en la pregunta, sus ojos se desviaron hacía la puerta, cerrada y custodiada aún por el cuerpo fornido de nuestro colega.
Enrolé mis ojos, El cuerpo de mi amigo ahora, se encontraba entre nosotros, separándonos o más bien, manteniendo la prudente distancia. Como no vio respuesta ahondo en tratar de dilucidar quién era la responsable de disparatada discusión.
— Acaso… ¿Es Tanya? pens—no alcanzó a terminar la frase puesto que, lo interrumpimos al unísono.
— ¡No! —contestamos. Nuestras voces se sintieron como el sonido de dos rocas cuando chocan una contra la otra.
¡Vaya estupidez! ¡Yo discutiendo con él por ella! ¡Qué tonto e iluso podía ser a veces mi amigo! Reflexioné.
— ¿Entonces? —preguntó sin entender.
En el minuto en que dimensione que sin querer yo estaba a punto de lograr lo que yo más quería evitar me retracté.
— Nada, no paso nada. Simplemente… —articulé y me corregí, bajando el tono de mi voz, lo hice menos agresivo, algo más ¿dulce? — No fue nada —aseguré emprendiendo la ¿prudente retirada?
Mientras lo hacía no pude evitar mirar hacía la cama, en el borde izquierdo estaba la diminuta prenda que hacía juego a aquel par de jeans tirados en la baldosa de aquel baño. Apreté mi puño y sacudí mi cabeza pero no disminuí el paso, menos al sentir la voz de Jasper casi sobre mis pisadas, tal vez era mejor sacarlo de allí antes que, la desgracia si ocurriera.
— ¿Edward? —Sentí que llamó Jasper pero hice caso omiso a sus palabras — ¡Espera! —le oí gritar pero no me detuve, después de todo, Emmet necesitaba el minuto suficiente para que sacara a la chiquilla de allí indemne.
Una vez ya en el pasillo y casi por llegar a la escalera que daba a la tercera planta, permití que Jasper me sujetará por el brazo.
— ¿Qué fue todo eso? ¿Desde cuando estas celoso por Tanya? —me preguntó sorprendido pero picarón.
Jasper pensaba que aquellos pantalones eran de Tanya… ¡No idiota no ves que son de Alice! Le dije con la mirada.
— Tal vez me toco el corazón —y no sé porque lo dije, ni siquiera porque se lo dije a quién podría definirse como mi mejor amigo allí.
— ¿Corazón? —rebatió con los ojos abiertos como platos, sorprendido y a la vez incrédulo, de hecho estaba a medio segundo de no creerme, lo decía su mirada pero mantuve la mía distante y evite que me encarará.
¿Corazón? ¿Acaso yo tenía corazón?, de pronto y sin pensarlo el recuerdo de la chiquilla que había conocido misteriosamente en aquel apartamento se me vino a la cabeza, mi expresión cambio, lo supe porque la mirada de Jasper se hizo más intensa, de echo fue como si se me cristalizaran los ojos.
— Orgullo, es una cuestión de orgullo —corregí sin sentido mientras me alejaba.
La verdad no tenía idea porque concurría otra vez, aparque en el mismo lugar que aquel día. Caminé dudoso, no porque no estuviera preparado para hacer lo que era mi trabajo sino porque no sabía con que me encontraría.
Algo en el fondo de mi conciencia me decía que no todo era tan bueno como se presentaba. Subí sin mayor dificultad, los pisos me parecieron nada, el ascensor se detuvo y yo, me quede allí mirando al vacío como las puertas de metal se juntaban irremediablemente, justo cuando estuvieron a punto de cerrarse de manera definitiva apreté el botón para que se abrieran.
Camine pensando en que clase de maestro puede ser un hombre, al cual no lo mueve otro deseo que el propio.
¿Por qué haces esto? ¿Dinero? ¿Placer?
En todos estos años jamás había tenido un atisbo de arrepentimiento, yo había sido el más deseoso de iniciarme en este rubro y francamente me gustaba el hecho de no tener que responder a nadie: Tomar y dejar a mi gusto, cuando plazca, sin compromisos, sin ataduras.
Al principio podría haber sido la curiosidad de tener a mujeres bonitas, seguido del dinero por supuesto. No era un secreto que esta actividad es lucrativa pero ahora, pasado los años ¿qué era?
¿Diversión?
Entonces recordé a Tanya… ¿Qué hay de divertido en que una mujer te monte una escena de celos y te crea parte de su colección de juguetes?
Obviamente nada…
Caminé hasta llegar a la puerta, no tan conocida, pero extrañamente familiar y dudé.
Yo podría ahora mismo irme, alejarme de todo este mundo y tomar el control de los negocios de Carlisle desde afuera, retirarme y creo que haría extremadamente feliz no solo a Esme sino a él mismo. Podría transformarme en alguien normal, en un hombre común, con un empleo normal. Sin embargo, algo inexplicable me tenía sujeto no solo a este arte sino a la puerta frente a mí.
Era como una fuerza gravitante, un imán que me tenía sujeto por un hilo invisible, incapaz de moverme, incapaz de romper. Me estremecí.
Entonces, cuando creí que por fin iba a romper aquella atadura intangible que me hacía no solo estar hoy allí sino haber y seguir estando en el club, se hizo más firme con el gemido ahogado que sentí tras la puerta.
Sin creérmelo yo mismo tenía apegado mi oído contra la madera. Lo que seguí oyendo era difícil imaginarlo. Un montón de pisadas, todas rápidas y un golpe seco de una puerta.
— ¡Yo no soy Rose! —gritó una voz gruesa, ronca y molesta.
¿Qué demonios estaba sucediendo en aquel lugar? Me pregunté.
Pero no alcance a reaccionar cuando sentí un golpe seco en la nuca que me hizo trastabillar, mi cuerpo se inclinó hacía atrás un par de pasos y luego hacía adelante otros tantos, mis ojos se oscurecieron perdiendo por completo la visión que ahora era de un negro profundo, como si hubiera pagado la luz. Recuerdo haber manoteado en el aire como tratando de sujetarme a algo o a alguien pero solo conseguí que mi rostro diera de lleno contra el frío suelo del pasillo donde me encontraba.
— No te han dicho que espiar es de mala educación —musitó bajito una voz ininteligible escasos segundos antes que perdiera la conciencia por completo.
¡Gracias por leerme y por dejar sus comentarios! Cariños a todas
Liz
