Crepúsculo no me pertenece
Capítulo 9: Sobre Azul
Edward
Decir que recuerdo exactamente cada segundo después de aquel golpe sería una completa mentira. Sin embargo de algo estoy completamente seguro: ella estaba allí.
No me pregunten en que minuto apareció, pero lo sé, de la misma manera en que sé también que de ahora en adelante todo será un cúmulo de sospechas inciertas y de verdades a medias.
Justo después de sentir aquella voz varonil para nada amigable, sentí una mano cálida y gentil. Por la manera en que la sentí también sé que lo hacía a hurtadillas. Sus dedos temblorosos se fueron directo a mi cuello. Una reacción sensata, es probable que yo también en una circunstancia como aquella, lo primero que hiciera fuera sesionarme que estaba frente a un ser y no, frente a un cadáver.
Semiinconsciente sin poder hablar ni escuchar bien, sentí a lo lejos su voz distorsionada en un débil susurró. Mi reacción fue tratar de izar mi cuerpo para enderezarme, intento vano puesto que el dolor que se implantó en mi cabeza, lo impidió.
— Estarás bien —escuché otra vez, el murmullo fue directo contra mi oído.
La calidez de su aliento traspaso el hielo que se había instaurado con una fuerza infranqueable en cada una de mis extremidades. Estaban entumecidas y aletargadas. Sólo podía distinguir un persistente frío implantándose cada vez más profundo. Aunque traté de hablar no pude y en contra de mi voluntad finalmente me sumí en un sueño recóndito e ingrato.
Lo siguiente que recuerdo, de manera vaga, fue que oí unas voces todas ellas desconocidas para mí. Probablemente paso un tiempo hasta que volví a sentir la calidez de lo que supuse era una mano, está se encontraba hurgando entre mis cabellos. De pronto la sensación agradable cambio a una difícil de decidir, supongo que dolió.
Fue allí cuando cada uno de mis sentidos se activaron, abrí los ojos como si estuviera despertando de un profundo y largo sueño, sin embargo, el dolor volvió a invadir todos mis sentidos. Sin poder evitarlo mi cuerpo se contrajo, un escozor recorrió hasta el último rincón de mi cerebro, gemí.
— Oh mi niño —entonces reconocí la voz… era de Esme.
La mujer que me había terminado de criar, la mujer que en el fondo yo estimaba como si nos uniera un lazo de sangre imperceptible e indestructible. Sus ojos escrutaban mi reflejo. Traté entonces de no seguir emitiendo ese sonido lastimero.
— ¡Cariño! … nuestro niño despertó —gritó de emoción.
Mis ojos permanecieron entreabiertos producto del destello de luz que me cegó al intentar abrirlos por completo. No paso un instante cuando irremediablemente deposité la mirada en el sonido que provocó el cuerpo de alguien que se aproximaba. La rubia cabellera de Carlisle y aquellos ojos profundos se posaron en mí.
Sus labios finos se curvaron en una sonrisa de alivio.
¿Dónde demonios estaba?
— ¿Bella…? —mi voz salió un tanto bizarra.
Sus caras reflejaron confusión. Se miraron entre ellos y luego de vuelta a mí.
— ¿Iba alguien contigo? —preguntó Esme con suavidad.
¿Ir? ¿Ir dónde? Ahora fui yo quién los miré confundido. Entonces traté de indagar en mis recuerdos, volví hasta antes de aquel golpe. Una puerta… yo iba a encontrarme con la clienta… y luego ya nada más que el frio suelo y una oscuridad que interrumpía cualquier intento de recordar.
— No —contesté carraspeando.
Ahora mis ojos, ya completamente abiertos, se deslizaron curiosos por el resto del lugar donde me encontraba, inspeccionándolo. Paredes blancas e impolutas, un cuadro abstracto, un ventanal de techo a piso cubierto con cortinas de un azul bastante sobrio y a lo lejos un par de sillones asemejando a una salita de estar, entre ellos una mesa pequeña con un ramo de flores.
Incliné mi cuerpo para acomodarme y apenas lo hice sentí al causante de porque ahora estaba justamente en el lugar que menos hubiera querido: un hospital. El golpe en la nuca se sintió más fuerte que nunca, me incliné hacía delante y sentí que me desvanecía, por supuesto Esme no lo permitió y se adelanto a sujetarme con el reflejo materno que no dejaba de impresionarme.
— No… —exclamó impulsivamente —hijo… no te muevas —sus palabras estaban llenas de una preocupación que tal vez yo no merecía, no considerando en qué circunstancias me había ocurrido el accidente. Me ayudó a recostarme, apenas me tuvo seguro escuché otra vez su voz. — Cariño… tal vez debamos llamar al doctor para que lo revise otra vez.
Estoy completamente seguro que por la dulzura empleada en aquella frase cualquier hubiera pensado que se trataba de una sugerencia en espera de una aprobación por parte de su interlocutor pero en el fondo, tanto Carlisle como yo sabíamos que eso había sido una completa y directa orden para él. El hombre quién me había criado como hijo y al cual yo llamaba padre sonrió en complicidad conmigo y salió de la habitación sin cuestionar. No pasaron ni dos segundos cuando volvió a abrirse, esta vez, para dejar entrar a Jake.
Su sonrisa al verme despierto embargó su rostro por completo, traía en sus manos tres grandes tazas de lo que supuse y que luego por el olor que expelían comprobé era café. Se acercó hasta nosotros, dejó lo que traía en las manos a un costado y sin mediar palabra me abrazó, fue tan efusivo y tan repentino que no tuve tiempo de reaccionar. Me apretó como si hubiera estado a punto de morir y hoy fuera una especie de resucitación. Sentí que sollozo, aunque fue corto y obviamente, lo ocultó de Esme al separarse de mí se paso la mano por la cara ahogando el intento de que las lágrimas fueran vistas por alguien más aparte de él y yo. Sonrió.
— ¡No sabes cuánto me alegro de que hayas despertado! Supongo que la enorme habitación seguirá siendo tuya después de todo… —balbuceó mirando de reojo a Esme quién, contrario a otras veces que escuchaba las insinuaciones de Jake por formar parte del negocio familiar no enarco más que una expresión de consuelo, nuestra querida madre estaba fascinada con la interacción de sus hijos. Sonreí un poco aturdido.
— Gracias —finalmente atiné a decir.
La situación de por sí era un tanto incomoda. No porque no quisiera que todos me demostraran sus afectos pero era extraño, usualmente prefería mantener estas expresiones lejos, sabía que existían, yo mismo sentía un lazo especial con todos ellos pero tal vez por años había mantenido la prudente distancia y sentir ahora tanta preocupación francamente estaba desconcertándome.
Esa situación de ser yo alguna especie de víctima y ellos, las personas dispuestas a protegerme fue extrañísimo, desconcertándome más aún cuando fueron mis colegas a verme, incluido Emmett con quién no habíamos terminado en las mejores circunstancias la última vez que nos habíamos visto. Su cara de alegría, bien camuflada por supuesto, fue un tanto bizarra. Aquel día el médico me había explicado lo que había sucedido o al menos, lo que ellos creían que había sucedido. Cuando escuche accidente automovilístico mi mundo o mejor dicho mis memorias comenzaron en franco desacuerdo con lo que aparentemente todo mundo daba como un hecho irrefutable.
¿Acantilado? ¿Desbarranqué? ¿Mi auto se incendio? — Por poco te quemas vivo… —y las palabras de Jacob fueron las que más me sorprendieron.
No, definitivamente yo no había sufrido ningún accidente automovilístico. Lejos de haber transitado por aquel acantilado, ese día yo había dejado mi auto estacionado en la seguridad de un estacionamiento privado no muy lejos del lugar donde me había dirigido en un comienzo. Sin embargo y a pesar de que en ninguna parte de mi memoria reciente yo había registrado aquel desbarranque, callé. Lo hice principalmente porque en el fondo algo no me cuadraba del todo.
¿Porqué montar un espectáculo como ese cuando pudieron simplemente hacerme desaparecer?
Como esa pregunta estaba decidida a no desaparecer preferí mantenerme en seguridad de la amnesia consciente. El diagnóstico con el cual me dieron de alta fue justamente aquel: politraumatismo y amnesia post-traumática.
Pero si creí que la mirada desconfiada del médico al cual tuve en parte que engañar o la tozudez de la enfermera que se empeño en que saliera en silla de ruedas iban a ser lo peor de este accidente, francamente me había equivocado. Para cuando llegue al Club, Esme se transformó al ver que en vez de irme a la seguridad de nuestra casa volvía a la seguridad de mi habitación en la mansión. Estalló la batalla donde tanto Carlisle como yo íbamos ya perdiendo antes si quiera de comenzarla.
Las cejas de Esme cuya mirada sostenía la de su marido que estaba entre la espada y la pared, se arquearon por primera vez desde que la conocía hasta juntarse en el entrecejo, molesta. Era como si ella estuviera viendo algo obvio del cual nosotros estábamos pasando por alto, tal vez lo hacíamos pero no de manera consciente aunque jamás la había visto tan decidida a que yo me alejara de mí trabajo. Fue tanta la presión que ejerció que en el mismo minuto en que llegue del hospital Carlisle me dio el sobre azul, momentáneo según él, del Club.
— Necesito que te encargues de la parte administrativa del Club —fueron sus palabras.
Lo que era ridículo puesto que yo ya me encargaba de la parte administrativa, trabajar en terreno no era sino otra parte de controlar y vigilar de cerca los intereses familiares. Sin embargo lo acepté. Tal vez no era tan malo tener un poco más de tiempo, sobre todo, sí quería averiguar qué rayos me había pasado luego del golpe y cómo fue que terminé en un accidente automovilístico inexistente.
Claro que no consideré que trabajar solo en la administración podía tornarse terriblemente aburrido. Para otros podría parecer entretenido tener que salir a cada rato a realizar negocios, solucionar los temas más engorrosos: desde filtraciones en las cañerías hasta maridos despechados, sólo que yo extrañaba algo más o tal vez a alguien más.
Había pasado un mes desde que yo seguía en una especie de retiro involuntario, era jueves por la noche: Hoy sería la subasta más esperada por nuestra clientela. Al parecer y según lo que me informaba Laurent todo estaba marchando sobre ruedas, sin embargo para mi era extraño. Sobre todo porque normalmente yo era uno de los subastados. Estar al margen y no envuelto en la magia de la noche te dejaba un sabor distinto difícil de explicar.
Aunque traté de permanecer sentado en mi escritorio, alejado de todo lo que ocurría en el salón principal mi curiosidad fue mayor embargándome por completo. Desistí de permanecer en la oficina y sin meditarlo mucho me dirigí hasta el salón principal de la mansión donde se desarrollaría todo.
Podía sentir la adrenalina viajando por todo mi cuerpo, recorriendo cada parte de mi ser, sentía una sensación demasiado satisfactoria inundar cada punto de mi piel. Para cuando llegue a donde se encontraban todos, estaba completamente sobresaltado. Incluso podría decir que hasta emocionado, era una sensación parecida al síndrome de abstinencia. Era difícil de explicar pero literalmente tenía mi corazón latiendo en el comiendo de mi garganta, todos mis sentidos estaba alertas y me era hasta difícil de respirar.
El mundanal y familiar bullicio de una habitación repleta de buenas mozas y adineradas clientas me impacto de lleno. Aquella subasta sería prácticamente la mejor y más cara a juzgar por quienes estaban hoy presentes.
La subasta era una de las cuantas actividades, ahora ya tradicionales, que se realizaba una vez al mes. Siempre un jueves, el club sorteaba de entre sus mejores gigolos un fin de semana de ensueño y por supuesto de placer. Era probablemente el único día al mes que el club cerraba sus puertas para cualquier clienta que no fuera la más antigua y exclusiva. Una suerte de clienta "de la casa".
Generalmente aquellas dos características también coinciden con que son las más pudientes. Una lista exclusiva de mujeres no inferior a 40 puja al mejor postor a su gigoló preferido. Uno a uno van desfilando, la subasta siempre comienza con un mínimo que es superado en cuestión de segundos. Yo era testigo privilegiado de cómo las señoras pierden la compostura y casi se arañan unas a otras cuando le ganan al preferido.
Esa subasta había sido una de mis ideas, cuando Carlisle había adquirido un famoso y exclusivo resort inserto en la mitad de un paisaje boscoso y misterioso mi mente había trabajado a full para hacerlo más que rentable. El lugar era paradisíaco de por sí, el hotel se encontraba en la mitad de una Isla que mi padre llamó "Esme". Aquella estructura inserta entre un paraje perenne que lo hacía asemejar a un castillo encantado no podía haberse llamado de otra manera. Tenía una especie de cascada natural dentro del terreno cuya desembocadura simulaba a una piscina rodeada de pura vegetación. En un comienzo esta piscina natural era inaccesible pero luego le hicimos unos cuantos arreglos que incluyeron iluminación artificial para resaltar el verdor y cristalinidad de las aguas naturales obteniendo un refugio oculto perfecto para amantes.
Al principio mantuvimos solo la estructura principal y le agregamos un par de construcciones más modernas. La idea no era que la capacidad aumentará sino mantener la exclusividad de los huéspedes. Nadie que no tuviera la calidad de millonario podría pagar medio día siquiera. La exclusividad era la palabra clave, nos interesaba sobre manera, la idea era que se transformara en un refugio reservado para que parejas recién casadas pasaran su luna de miel u otras que quisiera pasar su veranito de San Juan también tuvieran la seguridad de que no serían descubiertos.
Como el lugar era de nuestra propiedad, allí se realizaba el fin de semana subastado. Solo sería una la afortunada que lograría conocerlo, de hecho, aunque ellas quisiera visitarlo como un particular cualquier no podían. Había pasado que una u otra había dado con aquel lugar tan reservado pero nosotros simplemente nos excusábamos diciendo que por el momento no teníamos fechas disponibles.
Este mes los subastados la pelea sería entre James, Jasper y Emmett.
Me coloqué detrás de la barra a un costado, mi intensión era pasar desapercibido, ojala confundido por un empleado más. En la oscuridad que propinaban las botellas de licores traté de pasar inadvertido pero no lo logré. No se como pero una de las clientas más antiguas del lugar, una señora que bordeaba los cincuenta me divisó como gacela. Aunque yo permanecía apoyado en una esquina, oculto por unos cuantos mozos que se paseaban con champagne, vino y otros licores, ella con un paso certero se abrió paso entre los cuerpos y fue sin dudarlo directo a mí.
— ¡Edward… pero que haces allí oculto entre las penumbras! —chilló con una voz envolventemente sugerente. — Tú padre me había comentado que… —no la deje terminar.
Regla número uno: Jamás pierdas el control.
— Señora Clearwater, es un hermoso placer tenerla hoy entre las postoras —le tomé la mano que había extendido en el aire y se la besé con delicadeza, alcé mis ojos mientras lo hacía. Una sonrisita se escapo de entre sus labios. — ¿La han atendido como se debe? —pregunté continuando con mi avezado monologo.
— ¡Perfectamente! —Aseguró entusiasmada — ¡Todo esta estupendo! ¡Como siempre! —agregó. — Sin embargo… se te ha echado de menos —completó sujetando mi rostro entre sus manos, lo sacudió levemente al tiempo que me besaba justo en la comisura de mis labios.
En ese minuto desvié mi vista y a lo lejos noté que nos contemplaba alguien: Era Jake que me miraba con una cara de asco repugnante, tenía entre sus manos una bandeja con copas de vino. Estaba estupefacto sin creer que una señora que podría ser mi madre o mi abuela me estuviera seduciendo de una manera descara. Sonreí para mis adentros.
Ver esa expresión reflejada en su rostro me llevo a comprobar que él jamás podría ingresar a este mundo. Una sensación de alivio repletó mi alma, en mi mente el reflejo de Esme se dibujó. La presencia de Jacob hoy aquí estuvo precedida por muchos tiras y aflojas durante prácticamente una semana completa. Luego de mucho había conseguido convencer a nuestra madre que diera su consentimiento para que ayudara en el magno evento. Claro alejado de lo que yo podría definir como el segundo oficio más antiguo del planeta. Cuando notó que la Sra. Clearwater se inclinaba un poco más y su mano bajaba desde mi rostro hasta mi cintura y de allí sin desvió ni tapujo hasta mi derrierre. Sonreí.
— Me halaga Señora Clearwater… pero creo que ha habido bastante distracción —discrepe separándome de su agarre. A pesar de que trate de evitarlo, sus labios volvieron a rozar los míos.
Sonreí sutil mirando por ayuda. Al girar mi rostro levemente mi mirada topo con la de James.
Quien se encontraba parado a unos cuantos pasos de distancia, impecablemente vestido con un traje de gala negro. Un vaso lleno de whisky reposaba entre los dedos de su mano izquierda. Sonreía seductoramente, le hice una señal para que me quitara a la clienta. Al final y al cabo él era quien necesitaba hoy de ella. Camino seguro, con la sonrisa más prominente dibujada en sus labios, aquella facción era totalmente sugerente. De pronto noté que la mano que inicialmente estaba en el bolsillo de su pantalón ahora estaba en su quijada, acariciándola de una manera bastante directa y cuya idea la Sra. Clearwater entendió a la perfección. Las mejillas de la señora se tiñeron de un rojo intenso y en ese mismo instante su respiración se aceleró. Sé con seguridad que otra parte de su anatomía también estaba reaccionando al estimulo visual, por ello disimulé mi risa con un carraspeo. Era la hora de irme y dejar al experto.
— Que disfrute la noche —murmuré contra su oído y me alejé de ella.
Caminé unos cuantos pasos y di con mi colega: James, quien aún seguía jugando a torturar la pobre veterana con sugestivas poses, toda por supuesto, parte del plan para que ella pujara más por él que por otro.
— No sabía que te gustará la voz de la experiencia —le comenté mordiéndome la lengua para no reírme a carcajadas en sus narices.
— No sabía que habías vuelto a planta activa —señaló mordaz tomando un sorbo de su trago.
— Solo estoy supervisando —respondí mirando a mi alrededor. James hizo una venía dudosa con su cabeza. Sonreí tratando de convencerme más a mí que a él — Amarga y momentáneamente sigo estando fuera —insistí entre dientes.
— Así que Esme por fin lo consiguió… —dijo en voz alta, se quedo callado unos minutos, serio pero luego de un breve y escaso receso continuó. — Sí hubiera sabido que un accidente era todo lo que necesitábamos para sacarte del juego, te juro que hubiera cortado los frenos de tu auto hace mucho rato —agregó en una risotada un tanto sarcástica.
No alcancé a contestarle su "broma" cuando sentí un abrazo calido por mi espalda, me giré de inmediato dispuesto a explicarle que yo no estaba disponible cuando un beso fogosamente asfixiante me lo impidió.
¡Siiiiiii lo sé! ¡Matenme! probablemente quieran ahorcarme por dejarlo allí y haber tardado casi una eternidad en actualizar pero piensen positivamente ¡Volví! ¡Actualice! XD en fin. Quiero aprovechar de agradecer las nominaciones como mejor autora, como mejor final feliz y mejor final triste (para quienes no sepan de lo que hablo el link esta en mi perfil) ¡Gracias! por pensar en mí, es un honor que piensen que soy buena escribiendo. Tambien aprovecho de agradecer las alertas, los constantes mensajes y sus reviews incluso en historias que ya esta terminadas ¡Muchas gracias! Sus palabras hacen que a uno le den ganas de seguir escribiendo. Bueno ya no les doy más lata (jamás se me ha dado esto de hablar XD) y como siempre ya saben no se olviden: Dar click al botoncito verde de Reviews.
Saludos desde Chile,
Liz.
PS. Atrevete a salvarme sigue en curso, lo actualizaré tan pronto tenga tiempo. Besos.
