Crepúsculo no me pertenece


Capítulo 10: El precio de un corazón

Edward

Reconocí el perfume de inmediato. La mujer que tenía besándome no era otra que Tanya.

Traté de soltarme de su lesivo abrazo pero tenía sus manos enredadas entre mis cabellos, aferrada con uñas incluidas. Me succionó los labios de una manera hasta desagrable, incluso sentí el mordisco de sus dientes y la amargura de la sangre.

— ¡Basta! —exclamé saboreando mi propia sangre. Me lleve los dedos a los labios para limpiarla.

— Así es justamente como me gustas… difícil… agresivo… —señaló ella con una sonrisa sagaz.

Justo cuando quise decir o hacer algo se sintió la voz de Laurent al micrófono. El show había comenzado. Me quede allí parado mirando hacía la improvisada tarima, todas las mujeres presentes tomaron asiento en las mesas que estaban dispuestas alrededor de la habitación. La distribución formaba un semicírculo dejando un espacio vacío donde se desarrollaría el espectáculo.

Uno a uno fueron saliendo.

Primero lo hizo Jasper vestido con un peculiar disfraz. Su dorso desnudo cubierto por una jardinera a mal traer era su vestimenta, aquel atuendo estaba amenizado por una especie de sudor "fingido" que no era otra cosa que el efecto del aceite en la piel. De pronto la escena se torno oscura, la única luz que podía distinguirse provenía de lo que coronaban aquel nunca bien ponderado disfraz de obrero: El casco.

Había algo de todo este ambiente que lograba cautivar mi intriga y era la manera en que podía prenderse una mujer. No es que los hombres no lo hiciera en las mismas circunstancias, de hecho, hasta hace unos años podía haber jurado a pies juntos que no funcionaban igual que nosotros en temas de libido pero la experiencia adquirida directamente en el campo de pruebas sumado a las actitudes que estaban tomando todas las féminas hoy reunidas, me comprobaba que en cuestiones de erotismo, deseo y lujuria casual tal vez las mujeres en general eran mucho más osadas, cuando se encontraban en grupos, que los hombres.

La temperatura ambiental se elevó de inmediato. Todo mundo se concentró en los tres protagonistas. Era el minuto en que podía haberme escabullido no solo de Tanya sino de toda la situación sin embargo, permanecí allí, contemplando.

El turno siguiente fue de James quien salio tan impecablemente vestido que por un minuto juraría que sentí un leve abucheo del público presente. Claro que, a medida que las prendas se iban saliendo de su cuerpo, una a una, sumado al baile masculino y prendido con lo cual amenizo y complemento su show, las clientas enardecieron en vítores y aplausos como si se tratará de un artista.

El último fue Emmett.

Se planto en la mitad del improvisado escenario con una sonrisa completamente fingida. Era como si quisiera hacerles creer que estaba disfrutándolo y que no le importaba nada cuando en realidad no era así. Todo el rato su mirada se paseo de una en una pero sin la picardía que solía acompañarlo en este tipo de situaciones. Si hubiera tenido que señalar a quien más disfrutaba de este tipo de trabajo hasta hacía unos diez minutos atrás lo hubiera señalado a él sin dudarlo, ahora no estaba tan seguro. Su mirada se tornó apagada y un tanto preocupada, el cuerpo de él estaba allí esta noche pero dudaba respecto a su alma. Físicamente estaba allí pero mentalmente no.

Sonreía, coqueteaba, se quitaba la ropa pero todo de manera automática Se pronto se distrajo lo suficiente para transformar el ambiente. Noté la incomodidad con la cual estaba actuando, no era el mismo entusiasta y competidor — Ya verás hoy te ganaré —aquellas palabras dichas con toda la soberbia de alguien que quiere coronarse como el mejor, hoy hacían ecos de agonía. El hombre que trataba de incitar a las febriles féminas allí presentes no era el mismo con el cual yo compartía antes escena.

— Que pasa… extrañas las tablas… —murmuró Tanya contra mi oído. La ignoré añorando que con aquel gesto indiferente de una vez por todas me dejara en paz y se concentrara en lo que de seguro la motiva para estar esta noche en el club.

En cambio sacudió su rostro e hizo un mohín con sus labios. Se acercó estrechando la distancia entre ambos. Suspiré.

Un sonido nos distrajo a ambos, era el sonido de cristales rompiéndose. Deslice la mirada de Tanya hasta el presumible origen de aquella cacofonía. Mi preocupación radicó en que para esta noche de manera excepcional habíamos contratado más personal. Eran chicos, en su mayoría universitarios de buena facha contratados para ser garzones. El hecho que algunos no hubieran trabajado antes ni en este ambiente ni en otros más normales hacía presumible que podía ocurrir una especie de accidente y que por supuesto no queríamos ni nos convenía.

Me separé de Tanya buscando el desastre pero no encontré más que mujeres concentradas en el espectáculo. Sin exagerar a este punto del show podía olerse las feromonas atestando el ambiente. Convencido que se había tratado solo de la caída de un vaso que alguna mujer al exaltarse de seguro tiro desde la mesa y nada más grave retorné la mirada hacía Tanya quien esperaba más que expectante por mi atención.

¿Acaso esta mujer no se iba a dar por vencida nunca?

La contemple buscando la forma de quitármela de encima sin hacer tanto escándalo. Por la forma en que me contemplaba estaba claro que no había asistido hoy a subastar a nadie, y de seguro estaba dispuesta a hacer un escándalo de proporciones si me negaba de manera poco sutil a llevarla hasta mi cama.

Para cuando el show de Emmett terminó vino lo que tal vez podría ser lo más cómico de la noche. A pesar que seguía contemplando a Tanya, detrás de ella, había un grupo de mujeres todas probablemente entre los veinte y los treinta años menos una que podía haber sido perfectamente la madre de una de ellas. Las más jóvenes estaban bastante pasaditas de copas pero la mayor literalmente estaba borracha. No solo la risa histérica e infundada eran la evidencia sino también lo que sucedió justo frente a mis narices.

Jacob era probablemente el único de los garzones que no solo no era universitario sino que también era menor de edad e inexperto en esto de los grupos de mujeres. Cuando pasó al lado de este grupo con un par de copas de champagne servidas se inclinó justo donde no debía. Con una sonrisa de oreja a oreja le ofreció a la mujer más joven del grupo una de las últimas copas que le quedaban.

Por el brillo que profirió la mayor de todas y que se encontraba justo al lado de la que cortejaba Jake noté que la incitación causada por el show había sido demasiado para ella sumado al alcohol que seguro atestaba completamente sus venas. No aguanto y descargó toda la lujuria retenida en mi inocente hermano adoptivo quién mantenía la conquista con la chica a la cual le había ofrecido el trago. La sonrisa gigantesca que dejaba ver los blanquecinos y lustrosos dientes de Jake se ahogó justo cuando su cuerpo se contrajo sobresaltado ante el para nada amigable apretón que le propinó quién por edad podría haber sido su ¿abuela? En la mitad de su trasero.

Fue un directo y limpio agarrón.

De pronto su cuerpo se envaró y dejo de sonreír. Divertido yo que lo contemplaba desde el otro lado me encontré con su mirada desagradada. Contemplé tratando de parecer serio, la cara de pánico con la cual sostuvo mi mirada. Era como si quisiera que lo fuera a rescatar, entonces cuando quise hacer mi buena labor de hermano mayor Tanya se interpuso ahogando mi intención. Con una sonrisa burlesca y oscura de intriga se acercó. Tal cual lo hace una gatita en celo jugando con sus dedos en un principio los terminó por apretar en la mitad de mi mentón.

— ¡Basta! —le pedí entre dientes tomando sus manos entre las mías.

— ¿Qué? —preguntó mientras intentaba inhalar el aroma de mi piel.

— No estoy disponible —conteste tratando de apartarla.

Laurent había comenzado con la subasta hacía unos cinco minutos atrás. A juzgar por la cantidad de gritos era seguro que ya la postura minima hubiera sido sobrepasada. Me mantuve mirando hacía el grupo de mujeres que tenía entre sus manos las tablitas que alzaban en el aire para señalar que estaban participando de la subasta. Aunque pudiera parecer interesado en aquello también una parte de mi mente estaba trabajando en como quitarme de una vez por todas a la fastidiosa de Tanya Denali.

— ¿No vas a participar? —pregunté al cabo de unos minutos haciendo que se girara para que encarara al resto. La puse de espaldas a mí. Mis manos se mantuvieron aferradas a sus hombros tratando de impedir con esto que se volteará y comenzará nuevamente el hostigamiento.

— Así que de eso se trata —creyó adivinar. Sus palabras fueron entre murmullos — ¿Cuánto? —preguntó al cabo de un escaso minuto de silencio.

— Yo no tengo precio —contesté.

— Todo mundo tiene un precio mi querido Eddy… todo el mundo —exclamó segura de lo que decía dejando entrever la ironía de aquella aseveración.

De pronto se sintió un grito y la subasta se había elevado a más de un millón de dólares. La cara de angustia de Emmett se notó de inmediato cuando otra persona pujó medio millón más esta vez por él. Laurent alzó su mano en el aire señalando que iba a terminar la subasta cuando otra mano se alzó en al aire. Reconocí la voz de inmediato cuando pronunció el nombre de Jasper.

Distraje mi vista hacía la Sra. Clearwater que sonrió satisfecha al saber que con la oferta realizada era ganadora segura de la subasta. Laurent le sonrió, yo en cambio no pude evitar mirar de soslayo a quién tal vez había pasado desapercibida para varios pero no para mí: Alice.

Camuflada como toda una bartender sus ojos ocres se oscurecieron en una agonía difícil de explicar pero que me llegó hasta lo más hondo de mi ser. Fue el trago más amargo que haya sentido y que recuerde de toda mi vida. Mirar la desolación y zozobra expresada en su rostro desfigurado al notar que en cuestión de segundos su amado seria subastado a otra por todo un fin de semana, me causo una angustia difícil de explicar. Fue como si quisiera protegerla de aquel desamor a toda costa. De pronto fue como si yo alguna vez hubiera sentido lo mismo. Un millón de emociones confluyeron en mi corazón y fue como si aquella mirada pudiera transmitirme su dolor sin escalas y sin nada que lo frenará.

Mientras la mano de Laurent descendía en el aire marcando el destino tal cual verdugo ejecuta la sentencia, mis dedos se aferraron enterrándose contra la piel desnuda de Tanya, sus brazos presas de los míos sufrieron los estragos de mi impotencia... De pronto una idea fugaz y descabellada completamente comandada por un impulso demasiado impropio y extraño de mi parte cruzó por mi mente.

— ¿Me quieres? —Susurré contra el oído de Tanya mientras terminaba por enterrar mis yemas como si quisiera esculpir una huella. Sentí el gemido que profirieron sus labios producto de la fuerza que empleé.

Su cuerpo se estremeció, definitivamente la agresión era como su droga y esta vez yo me aprovecharía de aquello. Su respiración se disparó de manera errática cuando notó que apegue mi cuerpo al de ella, un pequeño movimiento de su cabeza me comprobó lo incitada que estaba con tenerme cerca. Esta vez era yo quien apostaba a ganador porque sabía perfectamente la respuesta a la pregunta que formulé: Sí… ella me quería pero… ¿Querría ella hacer algo por mi?

Me acerque a su cuello y deslicé la punta de mi lengua contra su piel.

— Puja por James —le pedí cuando llegue al lóbulo de su oreja.

— ¿Y qué gano yo por hacer lo que quieres? —no había tiempo para dudar.

— A mí

La mano de Tanya se alzó al mismo tiempo que se escuchó su voz. Un grito seco y certero. Triplicó la última oferta a favor de James quién sonrió vanidoso. El monto era completa y racionalmente desproporcionado que difícilmente alguna de las presentes querría igualar.

— Vendido a la Sra. Denali —sentenció Laurent dos segundos después de que irrumpiera Tanya en escena. — Sí es tan amable de pasar por aquí —añadió señalando con la mano en el aire a la ganadora de la subasta de este mes.

El viejo amigo de mi padre cruzó su mirada con la mía. Frunció su entrecejo y me contemplo severo. Sonreí.

Todo el mundo tiene un precio moduló Tanya sin voz mirando hacía la barra.

Tomó entre sus manos la pequeña cartera y saco de entre esta una tarjeta plateada que extendió en el aire mientras caminaba entre las mesas encaminando sus pasos hacía el frente. De reojo noté como las manos de la pequeña Alice se recargaban juntas en la barra y apoyaba su rostro contra los brazos, como descansado. Al cabo de unos minutos alzo su mirada para encontrarse con la mía.

Gracias gesticuló en la lejanía.

Una sensación de alivio inundó mi rostro cuando noté como James se acercaba a Tanya y la besaba en los labios satisfechos por la "dueña" de su fin de semana. Tanya se dejó besar pero mientras lo hacía se giró de tal forma que sus ojos se clavaron en los míos.

Ella tenía razón. Todo mundo tenía un precio, y ella había descubierto el mío.


¡Charán! aquí yo again... esta vez no me demoré tanto en actualizar ven que me portó bien a veces... (vale lo tenía ya escrito XD) jajaja en fin... el proximo es de Emmett veremos sí así se van resolviendo algunos misterios y entramos en tierra derecha :D Besos y ya saben sus reviews alimentan mi alma :P

Saludos desde Chile.

Liz