Crepúsculo no me pertenece
Capítulo 11: Desenmascarando el deseo
Emmett
Miré a la muchedumbre de mujeres histéricas y excitadas y algo en el fondo de mi estomago se subió hasta el comienzo de mi garganta ¡Puaj! Un asco repentino por todo lo que me rodeaba me inundó de manera inexplicable.
Seguí haciendo lo que se supone debía hacer pero no tenía ninguna intensión de salir ganador. Extrañamente quería irme y desaparecer. No quería seguir siendo el objeto de deseo de nadie ni tampoco quería satisfacer a alguien que pagará.
Mientras actuaba y miraba a cada una de aquellas mujeres seguramente más de la mitad estaba infelizmente casada o amargadamente separada, me preguntaba sí alguna vez Rose se sentiría así y buscaría consuelo como lo hacían ellas.
Entonces sentí el sonido de una voz ¿Alguien había pujado por mi? Me embargó el miedo, la frustración pero por sobre todo la angustia. No pude controlarme aquellos sentimientos se reflejaron en la expresión de mi rostro.
Las imágenes de Rose y de la discusión con la cual habíamos terminado aquel día, sumado al desencuentro con su hermano había conseguido que desde allí más que visitarla quisiera evitarla. Además tenía una suerte de cargo de conciencia respecto al accidente de Edward que yo creí invento hasta que más tarde comprobará lo contrario.
— ¿Qué esta pasando? —le pregunté a mi mujer aquel día una vez que ya estuvimos a solos y luego que las aguas se calmaron.
— Nada —contestó como si aquello fuera verdad ¿me tomaba por tonto?
Era como si todo hubiera seguido como hasta antes de que el mayordomo nos hubiera interrumpido y hasta antes que yo me pasara horas contemplando el césped.
Acto seguido se acercó hasta mí, deslizo sus manos por mis mejillas hasta mi cuello, sentí el toque tibio de su lengua en el nacimiento de mi cuello irritándome su manera para "distraer" las conversaciones ¿Qué era lo que ella imaginaba? Pensé al minuto en que advertí para donde iban las caricias.
La separé de mi cuerpo y la sujete con fuerza encarando su mirada.
— ¿Qué? —preguntó al cabo de unos minutos en que sólo nos contemplamos.
— ¿Vas a decirme qué sucede? —pregunté otra vez esperanzado en obtener esta vez algo más que un monosílabo por respuesta.
— Son cosas de trabajo —respondió luchando porque la dejará acercarse — Pero ya todo se arregló —aseguró.
Claro que yo no estaba convencido de aquello.
— ¿Por qué no confías en mí? —pregunté soltando el agarre.
Me distancié un par de pasos y me senté en el sillón con las manos entre mi cabeza. Me quede allí pensando en que todo siempre se complicaba. La llamada de Jasper y el "repentino" accidente de Edward. Estaba seguro que todo estaba siendo sobreexagerado y hasta influenciado por mi jefecito para que volviera y pudiera sacarme información respecto a quién había tenido en mi habitación ¡Maldición!
— Sí confío en ti —replicó Rose encuclillándose.
Sentí como acaricio mi rostro con sus manos. Me besó en la frente.
— No… no confías —rebatí.
— ¡Emmet! —chilló ella, frustrada sentándose en la mesa de centro que estaba detrás de su cuerpo. — Mi amor en verdad no quiero discutir contigo por algo que no tiene la menor importancia —agregó.
— Sí no tiene importancia entonces ¿por qué acabo de trenzarme en una discusión sobre "privacidad" con tu hermano? ¿Acaso no soy parte de esta familia también? —le pregunté.
Su rostro se compungió decidiendo tal vez que responder. Pude notar por sus facciones que no estaba fácil la elección de palabras que utilizaría. Se quedo pensativa, sus labios puestos en una línea sería e inexpresiva no anticipaban mucho. Como siempre estaba siendo hermética, como lo eran su padre y su hermano.
— Félix es un paranoico —finalmente exclamó quitando su contacto visual del mío. Se levantó de la mesa y camino unos pasos.
En eso tenía razón, solo que… la paranoia parecía invadir a todos desde su padre hasta el mayordomo. Me levanté y llegue hasta su posición, la abracé por la espalda rodeando su cuerpo tibio en mis brazos, separé los de ella y entrelace mis manos con las suyas posicionando ambas a la altura de su corazón.
— ¿Realmente me amas? —le pregunté en un susurró contra su oído.
Aquel día Rose se había girado rompiendo el abrazo, sus ojos se clavaron en los míos y con una sonrisa que no llegó hasta su alma me besó.
El sonido de la voz de Laurent me trajo de regreso, la subasta estaba en pleno y yo pensando en como escabullirme hasta que, la mirada se clavó en una pelirroja conocida. Tanya estaba hoy entre la platea pero no se encontraba sola.
La mirada de su compañero, alguien que se supone no debía estar hoy allí y por lo que yo sabía no debería estar nunca más se encontraba allí ¿qué hacía Edward aquí esta noche?
Mirarlo entero y vivo me trajo una suerte de consuelo. Ahora mis recuerdos se fueron directo a un par de días después cuando llegue de vuelta al Club y voilá todos se encontraban conmocionados.
— ¡Te pasaste! —fue la expresión de James cuando llegué aquella mañana.
— ¡Por fin apareciste! —y la voz de reproche de Jasper me colmó.
De pronto la intensión de decirle un par de cosas entre ellas que, lo que seguramente el alcahuete de Edward le había contado no era como él pensaba y que más que engaño yo estaba siendo una suerte de "Hado cupido" y que más que enfadarse debía agradecerme me inundó la garganta a tal extremo que la prudencia desapareció.
— Mira soldadito… lo que sea que te haya dicho tu amiguito Ed… —no alcancé a terminar la frase cuando vi como Carlisle entraba sujetando a Esme que venía casi al punto de desfallecer.
Despertará… ya verás que sí balbuceó en consuelo y entonces me giré con cara de pregunta hacía Jasper y James.
— ¿Era verdad? —pregunté sitiándome el peor ser sobre la faz de la tierra.
— ¿Creías que te mentía? —contestó sarcástico Jasper alejándose de mí.
— IN –CREI –BLE —exclamó irónico James.
Así que verlo hoy vivo y al parecer ¿Divertido? Me sacaba un gran peso de mi conciencia. Justo cuando estaba más distraído y notablemente más aliviado por no ser —el afortunado —me pilló con la guardia baja cuando Tanya pujó por James.
¿Qué no se conformaba con uno ahora quería a dos?
Por la cara que estaba dando Edward algo no encajaba. Mi "jefe" no se caracterizaba por ser tan dadivoso con su clientela aunque… puede que con esta clase de clienta no aplicará la regla de egoísmo, recordé cuando me ofreció privilegios para quitársela de encima ¿Entonces que rayos hacía ahora con ella allí?
Sin duda que más desprevenido me tomó el hecho que Tanya se mostrará "tan contenta" por haber desembolsado esa cantidad sideral de dinero que no fuera para justamente echarse Edward. Sin embargo, la tarjetita plateada me indicaba que él molesto al final de la jornada no sería nadie más que aquel pobre infeliz que la esperaba en su casa, es decir: su marido.
La subasta se acabó y aunque James estaba disfrutando a concho cada minuto de su para nada merecido triunfo, yo me dedique a hacer justamente lo que más deseaba: irme.
Me alejé de la muchedumbre de mujeres enardecidas y exaltadas, entre besos y abrazos que no quitaban pedazos me retiré hasta la mi habitación. Una vez allí cerré la puerta, avance hasta el interior y terminé de quitarme la ropa del show. Quede en ropa interior, me asomé a la ventana desde la cual podía verse la terraza donde estaban aún todos divirtiéndose.
En eso decidí hacer algo realmente estúpido. Volví mis pasos hasta la mesa de noche y de allí saque mi móvil, digité el numero de Rose. A pesar de que aún seguía molesto y un tanto lastimado por la actitud de mi familia política entera, me comía la desesperación por escuchar su voz. Justamente en noches como esta era cuando un sentimiento desconocido y difícil de manejar afloraba en mí: Celos.
De aquellos que son hasta donde yo quería creer injustificados pero que en el fondo temía que se estuvieran justificando con mi proceder.
¿Sería capaz Rosalie de engañarme como lo hacían ellas al venir aquí?
El gato tras el ratón.
Pensar en mi mujer en brazos de otro fue espeluznantemente perjudicial. Mientras sonaban los bip que indicaban que la llamada aún no era contestada se me hizo una imagen bastante mental de la causa del retraso.
Un sabor amargo, el posible pago con la misma moneda activo mi más ancestral instinto que no era precisamente la galantería.
Cinco bip y aún no contestaba ¿Qué estaba haciendo que le impedía contestar un maldito celular?
Comencé a perseguirme.
Diez bip.
Estaba ya comenzando a ponerme los pantalones e intentando mantener el equilibrio con el celular pegado a la oreja y con la mente decidiendo en que iba a irme a doscientos kilómetros por hora hasta su casa cuando su voz —agitada —me contestó.
— ¿Bueno? — ¿Cómo que bueno? ¿Qué estabas haciendo? Fueron las preguntas que se agolparon en mi mente sin embargo, no se la iba a ser tan obvia ni fácil.
— Como esta la mujer más linda sobre el planeta… te extraño —deje de ponerme los pantalones y me trague literalmente hablando las ganas de reprocharle la tardanza.
Tomé aire sin que se diera cuenta porque el estomago se me revolvió con la imagen muy vivida de ella en brazos de otro que mi imagen me presentó con gratuidad e ironía.
— Bien… —contestó descolocada — también te extraño —agregó.
Guardamos silencio.
— Rose… yo lo… —no era fácil pedirle disculpas pensando en que justamente ahora podía estar acostada en la cama con otro, en nuestra cama con otro, sin embargo, ¿Quién era yo para reclamar algo? —lo siento —finalmente dije pero casi en un murmullo ininteligible.
Sin esperar que me contestara seguí con la conversación.
— Quiero verte —exclamé con capricho.
Un ruido extraño se sintió de fondo, incluso me alegró porque sentir sonido significaba que no estaba encerrada en alguna habitación con nadie aunque… deseche el pensamiento pero no la curiosidad.
— ¿Dónde estas? —debía reconocer que la pregunta iba con segundas intensiones, más para tranquilizarme que por otra cosa.
— Salí a tomar un trago con mi prima —confesó.
— ¿Con Bella? —pregunté extrañado y no me parecía que la chiquilla autista y a la cual prácticamente no le había visto ni la punta de la nariz aquel fin de semana que pasé con Rose fuera de la clase de muchachas a las que le gusta frecuentar bares. — ¿Las dos solas? —agregué al caso de unos segundos mirando mi reloj de pulsera.
Era pasado la media noche.
— ¿Qué tiene de malo? —preguntó un tanto irritada. Lo pensé.
— Nada… es solo que… ¿Nos veremos? —cambié el tema tan radicalmente como ella lo hacía conmigo cuando justamente no le convenía, ahora era mi turno.
— Pensé que para tu día libre faltaba al menos dos semanas —contestó pensativa.
— ¿No quieres verme? O hay algo… —no terminé la frase porque entendí que literalmente la habita ¡Cagado! Al hablarle así.
— La verdad… —balbuceó hilarante, pase saliva sorprendido, aguardé —hoy no estoy de humor para discutir contigo —aclaró.
— Yo tampoco por eso quiero que nos veamos, en verdad quiero arreglar las cosas… cari…
No alcancé a terminar, me interrumpieron.
Es bastante más chucara de lo que advertiste pero me gustan así fue lo que escuche tan fuerte y tan claro que la única posibilidad era que el tipo estuviera prácticamente encima de Rose.
— ¿Rose? ¿¡Quién… ¡? ¿Dónde...? — me costaba hilar las ideas, prácticamente estaba gritándole y obviamente no dejando que me diera ninguna explicación.
— Ya te dije en un bar —gritó entre mis palabras sin sentido.
— ¡Mientes! —decrete buscando una polera decente para ponerme.
Desde que nuestras vidas se habían cruzado siempre estuve seguro de una sola cosa. Jamás pero jamás toleraría lo que esos maridos le toleraban a las "señoras" que frecuentaban nuestro Club. Una cosa era que me tuviera como un chiche dentro de su familia y me dejará al margen de las conversaciones familiares y otra muy distinta era que me viera la cara ¡Eso sí que no!
— No te pases una película que no es —aconsejó con una calma prácticamente envidiable — ¿Emmett? —interpeló. Guardé silencio tratando de controlar mi respiración. — No estoy con nadie —insistió.
Ahora no se sentía ningún tipo de sonido. Adivine que había salido de donde sea que se encontraba.
— ¿Emmett? —terminé de subirme los jeans y de ponerme los zapatos.
— Ponme a Bella al teléfono —ordené.
No hubo respuesta inmediata así que no esperé más para exclamar lo que a todas luces más que una conjetura era una triste verdad.
— No estas con tu prima verdad —a esta altura todo parecía encajar —Estas con… con… — ¡Arg! Podía sentir como la sangre me hervía de rabia y nublaba la poca cordura que me restaba.
De pronto era como si todo se viera rojo y oscuro ¡Estaba completamente cegado por los celos!
— ¿Con quién? —Podía jurar que ahora me miraba con los ojos fruncidos — A ver Emmett ¿A que va todo este escándalo? —preguntó a la defensiva.
— No soy estupido Rose —magullé entre dientes.
— Por supuesto que no eres estúpido… No soy yo la que esta haciéndolo parecer con este ataque de ¿Celos? —aseguró.
— ¿Quién? —inquirí
— No estoy con nadie más que con mi prima —su respuesta lejos de dejarme conforme me causo una angustia peor.
— Bien… voy por ustedes… Dime donde están para pasarlas a recoger —decreté.
— Como quieras —contestó fastidiada dándome la dirección.
Llegué al lugar exactamente quince minutos después de que le corté. De hecho había estacionado frente a la entrada sin importarme sí se podía o no. Camine hasta la entrada y entré cegado buscando entre el tumulto de personas a mi mujer.
— ¡Cariño! —gritó alzando la mano.
Estaba ella y como había asegurado su prima: Bella.
Camine entre las mesas zigzagueando hasta que dí con ellas. Sin saludar, ni preguntar la tomé del brazo.
— Vamos —anuncié molesto.
Rose miró de soslayo a Bella quien si no pestañeara hubiera jurado que estaba como ida. Tal vez ¿Muerta?
— ¿Estas bien? —no pude no preguntarlo cuando el cuerpo de la chiquilla se inclinó hacía un lado.
— Estoy bien —contestó entre dientes tratando de sujetarse a la mesa.
Entonces la miré con más detención ¿Qué era lo que no iba bien? ¿O tal vez que era lo que iba tan bien?
— ¿Esta drogada? —le pregunté a Rose al oído.
— Mareada —corrigió Rose soltándose de mi brazo y tomando el de su prima.
Caminaron juntas delante de mí.
Sin querer me di cuenta que estaba mirando a todos lados. Como si con la mirada pudiera identificar la voz que había escuchado. Al llegar a la entrada advertí un movimiento raro de un tipo que estaba allí, cuando pasaron Rose y Bella sus ojos se desviaron hacía ellas.
Paranoia… ¡La familia de Rose me había contagiado de Paranoia!
Me demoré en salir perseguido mirando al tipo de la entrada. Rose ya estaba con su prima esperando porque yo sacara la alarma. Me lleve las manos a los bolsillos cuando sentí el grito de mi esposa.
— ¡Emmett! —gritó y entonces alce mi vista.
Rose sujetaba o más bien trataba de sujetar el cuerpo inerte de su prima. Lacia como un papel su cuerpo parecía el de una muñeca de trapo. Me apresuré a tomarla entre mis brazos.
— ¿Qué tomo? —le pregunté a Rose.
— Un par de tequilas —saco la alarma y abrió la puerta.
Pero aquella explicación no parecía tan convincente, en todas mis noches de juega jamás había una borrachera como está. Hacía dos minutos caminaba y hablaba de manera coherente y ahora parecía como si se hubiera tomado un par de botellas. Puse una pierna sobre el asiento trasero y deslicé su cuerpo para acomodarlo, aquella maniobra me obligo a acercar su cuerpo al mío.
Sí esta tan borracha como dice Rose ¿Por qué siento un leve olor a alcohol, más de su ropa que se aliento?
Rose me ayudo desde el otro extremo del vehiculo.
— ¿Estas segura que no se drogo? —insistí terminando de acomodar sus piernas.
En eso mi reloj se atasco en su polera de brillos. La tiré sin querer y parte de su abdomen se dejó al descubierto. Una macha llamó mi atención.
Mientras Rose dejaba su cartera en el piso del vehiculo por el lado que estaba deslice mis yemas por la piel blanca que estaba al desnudo, levanté un poco su cuerpo y justo cuando iba a hacerlo con mayor fuerza Rose me tomó la mano deteniéndome.
— Esto no es producto de una borrachera —indique mostrando lo que a mi juicio parecía más un golpe que otra cosa.
Rose me miró nerviosa.
— Cuando llamaste estaba sacándola del baño de mujeres que esta al lado del de varones —comenzó a explicar, la miré suspicaz — Me dijo que necesitaba ir al baño, desapareció por al menos diez minutos, me preocupé la fui a buscar y la encontré tirada en uno de los retretes… no sabía que se drogaba… supongo que se cayo —la explicación parecía cuerda para alguien que al menos tuviera cara de drogadicto pero…
Su prima era justamente lo opuesto, su cara era la de un ángel casi caído del cielo. Suspiré.
— No quería mentirte pero tampoco quería preocuparte —agregó.
— ¿Sabes que tomo… o qué se inyecto? —esta vez tomé sus brazos para mirarlos.
Ni un indicio de pinchazos, ni una marca siquiera.
Miré a Rose esta negó.
Seguí inspeccionando el cuerpo hasta que me percaté que Rose saco algo del bolso.
— ¿A quién llamas? Una ambulancia tardará mucho… es mejor que nosotros la llevemos a urgencias —exclamé.
— No estoy llamando a una ambulancia —corrigió. La mire sin entender — Estoy llamando a papá
— ¿Perdiste el juicio? ¡Hay que llevarla a urgencia! —decreté cerrando el automóvil y abriendo el del piloto.
— No… espera mi amor —dijo mientras se subía junto a mí. — Mi padre dirá donde llevarla —y era increíble.
Su prima se estaba muriendo y ella quería pedirle permiso a su padre ¡INCREIBLE! Sacudí mi rostro.
— No —encendí el motor.
— Espera —insistió tratando de quitarme las llaves.
Le quite el móvil y la miré a los ojos.
— Tu padre no esta aquí y ella esta en mi auto… vamos a un hospital fin de la historia —determiné acelerando.
Queridas mías... ¡Gracias y mil gracias por seguir apoyandome en esta y en mis demás historias! aquí esta lo prometido... desenmarañando la telaraña que yo misma he creado... espero les haya gustado y comiencen a entender un poco más... para las que preguntaron ¿Y Bella? supongo que ya encontraron sus respuestas, sino siempre pueden consultar dejando su review.
Nos leemos, besos a todas
Liz
