Es
Toda
Expresión
Raramente
No
Intima
De
Amor
Desesperado.
.
.
La oscuridad se cernía sobre mí, imposibilitándome la visión. Me maldije interiormente por haberle dado rienda suelta a mi curiosidad. Y a la imaginación, porqué no. Aunque viéndolo desde otro punto de vista – uno que de verdad no sea el mío – lo único a lo que le había dado rienda suelta mi pequeña y no avisada salida nocturna era a la incertidumbre.
Joder, no podía ver absolutamente nada.
Bueno, estar de pie sin moverme y en completa oscuridad no estaba ayudándome mucho. Y estar retractándome de lo que ya estaba hecho, tampoco.
Respiré hondo y me dispuse a seguir avanzando. Coloqué mis manos sobre la lisa pared del muro y caminé. Un paso, dos pasos, tres pasos…
-Mierda… - mascullé inconscientemente. Tropecé y estuve a punto de caerme de cara al suelo. Y juzgando por la textura del suelo, me iba a doler bastante. Así que, completamente pegada al muro, me quité los odiosos zapatos y los guardé en mi bolso. Y, ahora que recordaba no tenía la más mínima idea de en que sector de Tokio me encontraba.
Demonios, esto había empezado como una tranquila y solitaria salida de un viernes por la noche...
Había salido de la universidad como a eso de las cinco de la tarde, estaba tan cansada que rechacé la invitación de Ino de ir al centro comercial – cosa bastante difícil porque la cerda me ha vuelto adicta a las compras – y decidí que lo que necesitaba era una ducha fría y una buena dosis de sueño para aprovechar el sábado en su máxima capacidad.
Fantaseando con la agradable siesta que me esperaba tomé el metro y, sorprendida de que hubiera poca gente, me rellené en el asiento para esperar mi parada dentro de tres estaciones.
Sin darme cuenta el cansancio me venció.
Me desperté cuando alguien me zarandeó fuertemente. Fue allí cuando el conductor del metro me explicó la situación: ¡Me había quedado dormida durante todo el viaje, y lo peor no era eso, era que estaba casi al otro lado de la cuidad!
-Lo siento señorita, pero son casi las siete, el metro cerrará sus puertas... – me había dicho el hombre.
Totalmente resignada me dediqué admirar un poco esta cara de la cuidad, que tan poco conocía. Debía admitir que tenía curiosidad por saber que personas vivían por aquí. Y nuevamente el tiempo me venció. Antes de que me diera cuenta se hicieron las nueve de noche.
¿Dónde podría conseguir un bus de ruta o un taxi a esa hora?
Y una cosa llevó a la otra.
Con un poco de direcciones de unas mujeres...de esa clase de mujeres, logré ubicarme. Estaba lejos, sí, pero creí que podría llegar antes de las diez u once a mi casa si caminaba rápido.
Y lo hice, si, pero no contaba con que a las diez y quince de la noche las calles cercanas a mi residencial lucirían tan...tétricas.
Ya.
Dejando de lado todos mis infortunios, me concentré en como caminar sin correr el riesgo de matarme en el intento.
Me paré en seco al escuchar un tenue susurro traído por el viento, girándome sobresaltada, tratando de ver a alguien. Un intento en vano, porque no podía ver más allá de mi nariz. Un escalofrío me recorrió por completo y apresuré el paso. Estaba comenzando a asustarme. Ignoré la extraña sensación de que había alguien observándome.
No muy lejos, pude vislumbrar mi salvación. El comienzo de un sector residencial iluminado. Y dentro del residencial, mi cálida casa.
Cuando por fin llegué a la primera lámpara el sonido de firmes pasos hizo que me detuviera. El corazón comenzó a bombear sangre con fuerza y un escalofrío me recorrió el cuerpo. No tenía idea de quién era, pero algo me decía que tenía que largarme de allí. Y pronto.
Apreté fuertemente el bolso contra mi misma, para usarlo como un arma recurrente en caso de que ese alguien que caminaba hacia mí me atacara.
Los pasos se acercaban cada vez más y más, pero se detuvieron de pronto.
-¿Hay...alguien allí? – me atreví a preguntar cuando el silencio se me hizo casi eterno. Fue entonces cuando una ráfaga de viento proveniente de quién sabe donde me azotó de lleno en la cara, dejándome ciega por varios segundos.
De repente al frente mío apareció la figura de un joven. La luz de la lámpara lo iluminaba por completo. Era más alto que yo y vestía completamente de negro. Sus facciones finas, hermosas, como talladas en mármol. De cabello negro, un poco largo con un fleco que caía elegantemente sobre su pálida frente.
Quedé embobada ante tanta belleza.
-Te estuve esperando durante mucho tiempo, Sa-ku-ra... – habló con una voz tan profunda y grave que se me erizaron los cabellos de la nuca. Estaba tan aturdida que ni siquiera me di cuenta de su cercanía hasta que estaba a pocos centímetros de mí.
-¿Qui-quién eres? – pregunté totalmente embriagada con su colonia varonil.
Entonces, sus pálidos labios se abrieron mostrándome dos largos y blanquísimos colmillos. Sus ojos, antes negros, se volvieron rojos como la sangre y una sonrisa ladina se posó en su rostro.
Caí de regreso a la realidad al darme cuenta de la criatura que tenía en frente.
Un vampiro.
Ahogué un grito de sorpresa y traté de moverme pero mis piernas se negaron a responderme. Sin embargo, por alguna extraña razón, no estaba asustada. Era como si en mi subconsciente yo ya supiera de la existencia de estos seres. Era como estar preparada para enfrentarlos.
Como...si fuera mi destino.
Unas fuertes manos ciñeron mi cintura y me pegaron a un fuerte cuerpo. De inmediato me encontré con dos ojos rojos que me miraban con tanto deseo y desesperación que mi corazón amenazó con detenerse.
Sus labios, fríos, y suaves, se adueñaron de los míos en un beso feroz y salvaje. Yo, en contra de todo sentido común, llevé mis manos a su pecho, agarrando con fuerza el cuello de su camisa y empujando para profundizar el beso. Antes de que me diera cuenta nuestras lenguas se habían unido en una guerra que parecía no tener fin.
El aire comenzó a faltarme, pero eso a él no parecía importarle mucho, así que me vi forzada a romper el beso.
-Te extrañé tanto, Sasuke-kun... – tardé varios segundos en darme cuenta que la que había dicho eso era yo. No comprendía que estaba pasando, no obstante, sentía unas terribles ganas de no volver a separarme de él – No vuelvas a dejarme por tanto tiempo... – añadió mi cuerpo.
Y fue allí cuando sus colmillos se clavaron en mi cuello, como dos punzadas de dolor. Un dolor que comenzaba a desaparecer poco a poco, a medida que Sasuke succionaba hasta la última gota de mi sangre.
-Eres mía por toda la eternidad...
Fue lo último que escuché antes de caer en la inconsciencia.
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-¡CORTE! ¡SE IMPRIME!
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La voz del director nos devolvió a la realidad. El plató entero se iluminó, encegueciéndome por varios segundos. Miré a Sasuke y él me miraba, examinándome. Le sonreí.
-Ya puedes bajarme – comenté tranquilamente.
Sasuke no dijo nada y me puso de vuelta en el suelo. Apoyé una mano en el pecho de Sasuke y me llevé la otra al lugar de la mordida. Cuando inspeccioné mis dedos, no descubrí rastros de sangre en ellos y me comenzaba a latir dolorosamente.
No me sorprendí mucho. Ya no tenía sangre en mi cuerpo.
En seguida todo comenzó a dar vueltas y me sentí caer. Por fortuna unos brazos me detuvieron a tiempo justo antes de que todo se volviera oscuro.
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Al despertar no demoré mucho en comprender el porqué de mi ligero desmayo. Ahora, todo era diferente, veía las cosas con una nitidez tan clara que me sorprendí. Incluso podía escuchar cosas que sucedían afuera en la calle, como el sonido de los carros, los pasos de los transeúntes. Era abrumador. Incluso, no notaba la necesidad de respirar.
-Creo que bebiste un poco, ¿no? – le dije a Sasuke, aceptando su ayuda para erguirme y asegurándome de que las cosas no se movieran.
Y nuevamente él hizo acto de su fluido vocabulario, quedándose en silencio con el ceño fruncido. Lo sabía, estaba enojado. No le hacía mucha gracia nada de lo que había pasado. Pero tenía que comprender que era lo que yo quería.
Iba a comenzar con decirle que todo esto era mi decisión cuando el director, o mejor dicho, Naruto, la única persona aparte de nosotros en el plató, me interrumpió.
-Vampiros... – comentó fingiendo un tono despectivo – No puedes confiar en ellos, créeme. Dattebayo – lo golpeé en el hombro por decir semejante estupidez – Oh, vamos, Sakura-chan. ¡No me digas que te sentiste ofendida!
-Pues sí – respondí tajante – Ahora, pásame un espejo, quiero verme.
Traducción: Quiero ver si Sasuke cumplió con su promesa.
Naruto no tardó mucho en hacer lo que le había pedido. Me trajo un espejo de mediano tamaño. Sasuke bufó cuando se lo quité ansiosa de las manos.
Me miré y automáticamente quedé en shock.
En el espejo estaba reflejada una mujer de veinte años, de piel extremadamente pálida pero sumamente suave y fría. Era perfecta. Tenía los rasgos finos y delicados y unos labios rojos, carnosos. Los ojos también eran rojos, escarlatas y brillaban con intensidad. Su cabello rosa, se veía sedosamente fino.
Era una belleza, casi irreal.
Y esa mujer era yo.
Una vampiresa.
-¡Dios! – exclamé sorprendida, palpándome.
-Ah, no te preocupes, Sakura-chan, tu lindo color de ojos regresará cuando hayas bebido un poco de sangre. ¡Ya verás! Luego, con el tiempo, podrás controlarlo. Dattebayo.
Le sonreí a Naruto en respuesta y sorprendentemente, ante la sola mención de la sangre la boca se me había puesto pastosa, seca, sentía como mis nuevos colmillos prácticamente querían emerger solos en busca del ansiado líquido vital. Tenía que aprender a controlar mis impulsos.
-Necesitamos encontrar sangre – habló por primer vez Sasuke – Rápido, antes que Sakura sienta su primera sed.
-Ya me encargué de eso, teme, Hinata-chan traerá pintas de sangre dentro de unas horas, cuando termine su turno en el hospital, ahora somos cuatro vampiros en una sola casa: Tú, Hinata-chan, Sakura-chan y yo. Tenemos que llenar la reserva– se cruzó de brazos, pareció que recordaba algo - Además, Tsunade-baa-chan quiere que regresemos a Konoha rápido, dice que la vida aquí en Tokio en muy peligrosa para los vampiros.
Me moría de ganas de conocer Konoha. Quería saber como era la vida allá, en un lugar subterráneo atestado de vampiros que habían prometido no atacar a ningún humano bajo ninguna condición.
-Bien – dijo Sasuke, entonces clavó sus ojos negros en mí y yo supe que quería hablar conmigo. A solas.
-Eso es genial - intervine yo – Naruto, ¿por qué no...?
-No soy tonto, Dattebayo, sé que quieren estar solos. Me iré a casa y terminaré de editar la película. No se demoren, ¿eh?
Me hizo gracia que quisiera seguir con su rol falso de director de cine, cuando simplemente podía alegar ante la productora que íbamos a cancelar la película y punto. Aún así quería editarla por completo y presentarla en Konoha.
Cuando Naruto desapareció por la puerta, me giré hacia Sasuke, encontrándome de lleno con sus magnéticos ojos oscuros.
-Soy muy hermosa, ¿no? – comenté tratando de iniciar la conversación sin que tuviéramos que discutir nuevamente el por qué de mi transformación de humana a vampiro.
-Antes también los eras – me respondió secamente.
-Sasuke-kun yo...
-Sabes que odio esto totalmente – se acercó un paso hacia mi, posando su mano en mi mejilla y por primera vez no sentí su tacto frío, era casi cálido – No me gusta verte con mis propios ojos.
-Era lo que yo quería, Sasuke-kun. ¿Qué pasaría cuando estuviese anciana, arrugada y fea y tú siguiera tan joven y guapo como siempre? Ya no me querrías, me dejarías y yo moriría de dolor. – de tan solo imaginarme sin Sasuke a mi lado algo dentro de mí se oprimió y sentí unas terribles ganas de llorar, pero sabía que ni una sola lágrima bajaría por mi rostro.
-No – negó él, juntando su frente con la mía – Jamás te abandonaría. No sabría como. No podría.
Sus palabras me llegaron al alma, aunque teóricamente ya no tenía una.
Esta vez, yo misma lo atraje hacía mi y lo abracé fuertemente. Sasuke no tardó en corresponderme con la misma intensidad, enterrando su cabeza en mi cuello. Cuando me separé de él, dejé mis manos descansando en su cuello y él seguía aferrándome por la cintura.
-Ahora sí, Sasuke-kun... –susurré suavemente, la cercanía de nuestros rostros me afectaba. Si pudiera sonrojarme, lo estaría
-¿Qué? – preguntó en un susurro gutural, rozando sus labios con los míos.
-Soy tuya por toda la eternidad - respondí.
Y acorté la distancia de nuestros rostros, uniendo nuestros labios en un fuerte beso.
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¡HOLA!
Lamento haber demorado tanto tiempo, pero estaba preparando la segunda fase de Supernatural. Así que la espera no fue en vano.
Aquí está el one-shot que mencioné en la historia anterior. Este es un capitulo de transición. Como….de relleno, por así decirlo. Algo previo a lo que será la segunda parte de Supernatural.
Cabe aclarar que el primer capítulo lo publicaré dentro una semana, es que estoy en examenes y tengo que aprobar o me suicido. Esta historia consta de alrededor de seis capítulos. Tema vampírico, por supuesto.
¿Qué dicen?
¿Seguirán apoyándome?
¡Espero sus respuestas!
¡Sayo!
Saku-chan.
