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Vacaciones o martiraciones...

-o0o-

Disclaimer: Está de más decirlo pero por más que quiera, todos le pertenece a JK Rowling, claro, menos las cosas que nos les parezcan conocidas xD

Reviews:

Boggart: Jeje, no te preocupes, no pasa nada. Solo quería dejarlo claro y así, jeje.

Me alegro mucho, sí, jeje, pero ya ves, era importante.

Jaja, huy, para que se den cuenta… falta mucho, enserio. :D

Espero te haya gustado el capi, nos vemos.

Kisa Kuchiky: Gracias, nos leemos pronto.

ClausXD: Jeje, ya traigo el capi xD

Samii: Jeje, ya ves cómo soy :D me alegro que te gustara, nos leemos.

Disfruten…

No saber de James era un martirio, enserio. Desde el día en que James se enteró de la desgracia que había ocurrido, no lo había visto, no había respondido ninguna de sus cartas y no había hablado con nadie.

Lily estaba preocupada. Incluso Sirius estaba preocupado, casi todos los días, los chicos, excepto Emma, Peter y James, se veían en el Callejón Diagon, o, mejor dicho, el Caldero Chorreante, en donde ahora, debido a las circunstancias, Sirius se estaba quedando.

Subió a su cuarto luego de haber terminado de lavar los trastes, sacó su ropa y se metió a bañar. En una hora tenía que estar en el Caldero Chorreante.

-James ha mandado una carta –saludó Sirius -, dice que está en la casa de su tía y que nos ve en unos días.

-¿Fue lo único que dijo? –Preguntó Lily. Sirius asintió.

Solo ella y Sirius estaban en el Caldero Chorreante, esta vez, ninguno de los demás, había podido ir. Estaban sentados en una mesa, mientras Sirius comía un helado.

Una semana atrás, James era buscado por McGonagall y Dumbledore, lamentablemente, le tenían una mala noticia. Le informaron que sus padres habían sido atacados y estaban al borde de la muerte.

Esa misma tarde James se fue de Hogwarts, solo dejó una nota y ya no se supo nada más de él.

Me tengo que ir, mis padres están casi muertos graves.

Fue lo único que la carta decía. Supieron que sus padres estaban graves y se preocuparon, todos y cada uno de sus amigos, en especial Sirius, porque, para él, Dorea y Charlus era como sus padres, como los padres cariñosos que nunca tuvo. Al otro día salió un artículo en El Profeta, con respecto al matrimonio Potter.

La tarde de ayer hubo otro ataque, a eso de las 19.30. Los atacados no fueron otros, que, ni más ni menos, Charlus y Dorea Potter.

La tarde de ayer, cuando estos dos, estaban en su casa, los mortífagos atacaron. Los Potter, claramente, se defendieron, y, por eso, no terminaron sin vida. Están gravemente heridos, e internados en el hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas.

No sabemos nada más sobre su salud. Tan solo sabemos que algunos de los tantos mortífagos que atacaron, fueron atrapados (mayor información en la página 4)

En cuanto se nos permita entrar a San Mungo, y tengamos más información, la publicaremos, ya que cualquier medio de comunicación tiene prohibido el acceso No pueden recibir visitas, están muy delicados aún anunció la medimaga, Claire Thomas.

Trataron, muchas veces, de comunicarse con James, pero fue inútil. Trataron de hablar con la hija de la Sra. Thomas, Wendy, al parecer ya se lo esperaba porque en cuanto los hubo visto acercándosele, les dijo Es inútil, mamá no me ha querido decir mucho. Tan solo dice que están muy graves… pero que no hay que perder las esperanzas, aún

Estar acostado en su la cama, viendo el techo y a su snitch volar por el cuarto, lo relajaba. De tantas cartas que le habían mandado, tan solo conservaba unas pocas. Había perdido la cuenta de los intentos de cartas que les quiso enviar; no quería que se preocuparan por él, quería estar solo, pasar desapercibido, y olvidarse de todo.

El dolor seguía molestándole.

Sus padres internados, al borde de la muerte, y él… sin poder hacer nada. Se sentía estúpido, inútil, idiota…, se sentía horrible.

No quería pensar en qué pasaría si sus padres… si se quedara solo. No quería ni imaginárselo.

Sabía que a Sirius, seguramente, también le dolía. Sus padres, en sus dieciséis años, nunca le habían dado el cariño que sus padres le dieron a él, en tan pocos años.

Había querido mantenerlo informado, pero no había mucho que decir; seguían estando graves… y sin muchas esperanzas. Seguro, Sirius lo entendería. Ya se comunicaría con él, más tarde.

Suspiró hondo y sacó siete cartas de debajo de su almohada. Cada una tenía un nombre diferente. Había una de Sirius, Remus, Emma, Peter, Frank, Alice y… Lily. Aunque eran cortas, eran las que más le habían gustado, no sabía cómo expresarse, pero solo esas, había conservado. Leyó una por una, de nuevo.

Cornamenta,

Estoy preocupado por ti, enserio. Necesito que te comuniques con nosotros… conmigo.

Ya te he dicho que enserio, tú lo sabes, lo lamento mucho; no era algo que me esperaba. Nadie.

No sé qué decir. Te extrañamos…

Sirius

James,

Por primera vez, no sé qué decirte.

No sé cómo consolarte.

No sé cómo ayudarte.

Sólo… Merlín, esto es tan difícil… pero, supongo que para ti más.

Deseo que nos veamos pronto, Cornamenta.

Remus

James,

¡Cabezota! No te alejes de tus amigos. Pienso que estarías mejor con nosotros que con… con quien sea que estés.

Yo sé que estas triste y preocupado, pero un rato entre amigos, tal vez te anime. Y si estás con suerte, hasta la pelirroja podría besarte, ¿qué dices?

Te extrañamos, Jamsie.

Emma

James,

No te preguntaré cómo estás, sería muy malo de mí parte.

Todos aquí queremos noticias sobre ti, en serio.

Lily, y todos, claro, están muy preocupados.

Peter

James,

Cómo decirte cuánto lo siento, ¿eh?

Pues lo siento, sabes que cuentas conmigo, ¿verdad? Cuando quieras.

Frankie

Potter,

Vale, James.

Jamás pensé que me sentiría tan mal por ti, confesaré que lloré, enserio.

Sabes que esto lo escribo para intentar sacarte una sonrisa, ¿verdad?

Merlín, que difícil es esto. Ni siquiera estoy segura de que lo leerás.

Alice

James,

Lo siento. No sé qué decir. Puedes…

Sé que todos te dirán que lo sienten, y aunque, algunos no lo sienten enserio, otros sí, como yo, por ejemplo.

No trato ni trataré de que no sufras, no te duela, no te despreocupes, solo trato de informarte que puedes confiar conmigo cuando quieras.

Si quieres un hombro para llorar, aquí estaré. Si quieres a alguien para que te escuche, ahí estaré. Si quieres a alguien que solo esté contigo, ahí estaré. Si quieres… lo que quieras, ahí estaré.

Porque para eso son los amigos, ¿no? Tú eres el mío y yo soy la tuya, ¿cierto?

Sé, que si me pasara algo similar, tú harías lo mismo.

No te diré que te comprendo ni nada de eso, porque… no sé cómo te sientes, lo lamento.

Pero que no se te olvidé que estaré ahí para ti, siempre.

Con cariño,

Lily

Pd: Te debo una pregunta, cuando quieras… te la respondo.

Cada vez que leía la carta de Lily, una pequeña sonrisa aparecía en su cara. Esa carta era la más sincera de todas las demás. Esa carta era de Lily. Tenía la letra de Lily, el perfume de Lily, la firma de Lily, todo de Lily.

Suspiró hondo cuando oyó que lo llamaban, ya no le estaba pareciendo tan buena idea haberse ido a la casa de Margarett. La muchacha lo atosigaba y él solo quería estar solo.

Margarett entró al cuarto sonriendo, con dos vasos llenos de agua natural. James se enderezó en la cama y le trató de sonreír. Después de todo, Margarett había sido muy buena todo este tiempo. Se preguntaba qué dirían sus amigos si se llegasen a enterar que no estaba viviendo con su tía, sino con Maggie; no quería ni pensarlo.

-Creo que te haría bien salir a pasear –dijo Margarett.

-No, gracias.

-Yo creo que sí –dijo-, no te preocupes, casi nadie sale ahora… un helado no nos vendría mal, James. Has estado encerrado mucho tiempo.

-No tengo ganas de salir, Maggie –dijo James.

-Saldremos, James –dijo Margarett, tomándolo del brazo-, aunque no quieras. Anda.

Lily y Sirius seguían sentados en el mismo lugar. El moreno estaba más pensativo que minutos atrás, incluso, no le contestaba a Lily.

-No creo que esté con su tía –dijo Sirius, de repente.

-¿Perdona?

-Aja, no creo que James esté en casa de su tía, ¿Qué tía? – Dijo- Es absurdo. Nos está mintiendo. Idiota.

-Bueno –dijo Lily -, tal vez ya lo hartamos y solo quiere estar solo. Hay que darle tiempo.

-¿Más? –Preguntó Sirius – Yo también estoy preocupado, Lily. Pero no les miento ni me rehúso a verlos, ¿verdad?

-Pero con James es diferente…

-Claro, ellos son sus verdaderos padres, ¿no?

-No me refería a eso, Sirius –dijo Lily-. James actúa diferente… no le gusta que la gente lo vea… vulnerable.

-Aún así –dijo Sirius –, es un idiota.

-Iré por un helado – avisó Lily.

Sirius se quedó viendo hacia la puerta del local, Lily, a pesar de estar preocupada, lo comprendía y entendía que James quería estar solo. Pero él era diferente, y le frustraba saber que su amigo no quería verlo… no quería estar con él.

Su quijada casi estaba en el piso, no podía creer que James estuviera ahí, enfrente de él, casi, con Margarett. Pensó en Lily. Cuando volteó, la pelirroja venía con un cono de helado de fresa, su favorito. Vio de nuevo a James y supo que pronto entrarían al local. No podía dejar que Lily los viera. No lo pensó más. Tomó su propio helado y lo plantó en la cara de la pelirroja.

-¡Sirius! –Chilló Lily.

-Oh, lo siento… pensé que eras… Remus –dijo.

Lily tenía toda la cara batida de helado de chocolate, y sus ojos cerrados. Cuando Sirius volteó para ver si James y Margarett seguían cerca de ahí, no los vio más.

Jaló a Lily del brazo, tomó unas cuantas servilletas de la mesa y la sacó del local.

-Lo siento, Lily –se disculpó Sirius. Lily ya se estaba limpiando la cara.

-¿Por qué lo has hecho? –Preguntó Lily.

-Ya te lo dije, pensé que eras Peter.

-Dijiste que pensaste que era Remus –dijo Lily.

-Es lo mismo, te confundí y ya.

-Si tú lo dices…

-Tienes algo aquí –dijo Sirius, señalando la comisura del labio de la pelirroja. Lily se sonrojó un poco cuando el mismo Sirius le estaba limpiando el helado con su pulgar.

-Gracias… -murmuró Lily -. Ya me debo ir, Sirius, nos vemos.

-Sí, Lily… nos vemos.

Sirius fue corriendo en busca de James, no pararía de reclamarle. Después de unos diez minutos los encontró en Honeydukes, entró rápidamente.

James miraba las nuevas plumas de diferentes sabores, cuando sintió que alguien lo jalaba del brazo y lo sacaba de la tienda. Volteó rápidamente para gritarle a quién quiera que fuese, pero las palabras no salieron de su garganta, se quedaron atrapadas.

En frente de él, un muy enojado Sirius, estaba. Tenía el ceño fruncido y lo miraba, enojado, muy enojado. James suspiró e intentó actuar con naturalidad.

-Hola, Sirius, que sorpresa –sonrió.

-¿Qué te pasa?

-¿Con qué? ¿De qué hablas? –Preguntó. Sirius resopló fuertemente.

-¡Eres un idiota y un mentiroso! –Exclamó Sirius. Algunas personas que pasaban cerca de ahí, voltearon a verlos.

-Lo siento, vale –se disculpó -, pero no quería que se fueran a enojar… sabía cómo te pondrías.

-¡Pues claro! Ahora, imagínate cómo se pondrá Lily cuando se entere.

-No creo que le importe, Sirius… ¿Está aquí? –Preguntó, viendo sobre el hombro de su amigo.

-Ya no –dijo Sirius. James reprimió su enojo, ahora sabía que se veían -. Se ha tenido que ir, tuve que ponerle mi helado en la cara, ¿sabes? Y todo para que no se diera cuenta de cuántas idioteces comentes.

-¿Por qué le iba a importar? –Preguntó. Sirius dio un hondo suspiro.

-Primero que nada, nos mentiste. Segundo, ¡Estás viviendo con la persona que peor le cae! Tercero, porque... porque –se calló, no podía decirle los sentimientos de Lily a James.

-¿Por qué…? –Insistió James.

-¡Porque es Lily! ¡La misma a la que le juraste amor eterno!

-¡Oh, vamos! A estas alturas ya se dio cuenta que todo era un juego, Sirius – dijo James, pero rápidamente se arrepintió.

No estaba pensando en claro por el momento, los celos lo segaban, no quería ni pensar que había posibilidades entre Sirius y Lily. Sirius estaba rojo de furia. No le dijo nada, cuando James se dio cuenta, Sirius ya se estaba alejando de él.

Margarett suspiró hondo, había escuchado toda la pelea, y, por prima vez, pensó que James era un tremendo idiota.

Sintió como alguien lo jalaba de la chamarra, estaba preparado para golpear a James, cuando se dio cuenta de que no era él. Era Lily.

-Se te ha olvidado tu cartera, te la he agarrado, te debo un helado –sonrió.

-¿Me has seguido? –Preguntó, temeroso.

-Sí, vi cuando entrabas a Honeydukes y te esperé afuera… -dijo-, si entraba, lo más seguro es que me hubiera comprado la mitad de la tienda… -Lily no se veía nada feliz.

-¿Has visto a…?

-¿A James? –Preguntó Lily, Sirius asintió – Sí, también lo he escuchado todo… no te preocupes, yo ya me había dado cuenta de que todo era un juego –sonrió.

-Pero…

-Y, si él quiere vivir con Margarett, no importa, es su vida… nosotros solo nos preocupábamos por él.

-Lily, mira él…

-No importa, enserio –dijo Lily.

-¿Te ha visto? –Preguntó Sirius.

-Él, no, pero Margarett, sí –dijo.

-¿Estás bien? –Preguntó Sirius.

-Mira, en el fondo sabía que James solo lo hacía por jugar… nunca me lo creí –dijo-. Pero no importa, después de todo… solo somos amigos, nada más. Ahora sí me tengo que ir, nos vemos.

-Adiós, Lily…

Lamento la tardanza, pero no había tenido mucho tiempo para escribir… espero les haya gustado el capítulo, gracias por sus comentarios :D Nos leemos, ¡besos!