Hola, aquí la segunda parte, no tengo que decir mucho, pero ahora espero que cada episodio sea larguito, así no tenerlos en tantas ascuas...Agradecimiento a:
Yuri-yu: Muchas gracias, agradezco que te guste el fanfic.
Ghost iv: Hahhaa creéme, a veces uno piensa que la SS es buena y otras que es mala, es que me hace recordar tanta la política de todas partes, a veces tan rara. xD Muchas gracias por leer.
pia: Justamente por eso es que lo haré larguito, sé lo pesado que es leer solamente un poco nomás xD, :3 agradezco que te guste el fanfic (:
my194: Jejeje en verdad agradecerte por el halago :3, aquí la continuación espero te guste.
Magenta07: Oh Magenta, gracias por leer :3, aquí la continuación.
Hikari Evans: :3 Otra compañera más, muchísimas gracias por seguirme el rastro aunque me haya desaparecido casi años sin poder escribir nada decente ;O;. Espero esta historia te guste (:.
—Ajá sí, tengo entendido que el paciente número cinco había sufrido una fractura en la pierna derecha, pero ya lo derivé a ortopedia debido a su pronta recuperación.
Un muchacho de ojos verdes y piel morena miró a su compañero sonriente.
—Vaya, ¿lograste curar eso? —Preguntó asombrado al otro viendo como descolgaba el teléfono y procedía a llenar unos escritos.
—Sí, no fue la gran cosa. —Sentenció el pelinaranjo llenando algunos papeles rápidamente. —Rayos, estos lentes, parece que me estoy quedando ciego. —Se quejó quitándose el dichoso objeto para limpiar las lunas con las mangas de su blanco uniforme.
—Uh oh oh, ¿tan joven y dependiendo de los lentes Kuro? —Habló el chico divertido.
—Basta con tus malditos apodos, estos son de descanso...¡Al diablo! —Los tiró al basurero —Después me compro otros.
—Como el gran Kuro gana tanta cantidad de dinero puede derrochar de esa manera ¿eh? —Jugueteó.
—¿No tienes a alguna otra mujer a quien pedirle que se abra de piernas Lio? —Sentenció el muchacho irritado.
—Hum déjame ver —Haciendo un ademán de pensar —Creo que no, aparte de mi novia no. Al menos por hoy. —Sonrió.
—Entonces no veo el por qué te quedes aquí.
—Ya sabes el por qué lo hago, quiero tomar unas cervezas contigo, hace dos semanas que no salimos a divertirnos como Dios manda.
—Dudo poder hacerlo hasta nuevo aviso, últimamente la cantidad de pacientes que se junta está siendo alarmante. ¿Qué la gente no se cuida? Rayos.
—Ea, pero venga, no todo es responsabilidades, de vez en cuando es bueno siempre tomarse el tiempo libre, además, tu siempre has sido uno de los mejores del Hospital.
—Eso no tiene nada que ver, y con más razón ese es el por qué tengo tanto trabajo.
—Bueno eso y porque siempre el jefe de cirugía, el Dr. Polia te recomienda. —Rió por lo bajo el muchacho.
Ichigo le regaló una mirada llena de cólera para luego seguir escribiendo y llenando historiales.
—Mierda, así que por culpa de ese viejo no tengo ni un miserable segundo de descanso…—Murmuró.
—No te lo tomes a mal Ichigo, eres el primer japonés a quien veo que tratan con tanto respeto…—Acomodándose en el sofá — Nunca pensé que te harías tan querido y popular…
—Yo tampoco.
—Venga, vamos a tomar algo.
—Que no joder, ¿Qué no ves que ando aquí llenando tanto papel infernal?
Lionardo hizo una mueca y luego se echó en el mueble por completo.
—Por eso es que eres mi amigo, a pesar de todo. —Dijo con una voz fingida que pretendía dolor. —Para que veas que soy bueno estaré aquí un buen rato, hasta que acabes.
—Todo por no ver a tu novia que te insinuó lo del matrimonio ¿no?
—Eh no…—Dijo evasivo —No tiene nada que ver con eso—mintió—, procederé a descansar. Buenas tardes.
Le sorprendía ver que la actual localización de Kurosaki Ichigo se encontraba tan lejos de casa.
—Kurosaki Ichigo, Roma, Italia. —Dictó uno de los encargados de investigación del doceavo escuadrón—Se le estaba siguiendo desde hace unos años y se sabe que no hay ningún incremento de energía espiritual ni rasgos de esta.
La morena observó de forma inquisitiva lo que el hombre decía, nunca terminaba de confiar por completo en los miembros de esa organización.
—Bien.
—Recuerde que está incapacitada para poder usar sus poderes Kuchiki Rukia.
—Lo sé perfectamente.
—Se le informará al shinigami que custodia esa ciudad que la oriente correctamente, eso es todo. También se le informará a Urahara Kisuke para que le entregue su gigai correspondiente.
—¿Tendré que usar gigai para poder vigilar a Ichigo?
—Efectivamente, —Dijo el hombre —Es más, tendrá que comunicarse con él e interactuar de forma natural, obviamente, está de más decir que ocultando los verdaderos motivos de su encuentro.
La muchacha se quedó tiesa, en sus planes no estaba tener que hablar nuevamente con Kurosaki ichigo, se suponía que aquello ya había quedado en el olvido, no querría tener que interrumpir su tranquila vida sin problemas, ¿acaso estaba destinada a…?
—Señor…—Pausó— es necesario que yo sea la que tenga esta misión—Cuestionó—, lo digo porque aún no entiendo el por qué de…
El hombre le observó, como quien tratase de leer lo que ella pensaba, más sin embargo, agregó.
—Las decisiones no las toma usted Kuchiki Rukia, sino los superiores, esperamos que no haga más preguntas.
Sin dejarla hablar, le invitó a retirarse del lugar.
¿Volver a hablar con Kurosaki Ichigo?, ¿qué es lo que estaba sucediendo?, ¿custodiando?, ¿enviar informes semanales de sus movimientos y de su poder espiritual?
¡Si ya no poseía!
Fuera de todo eso, aún se encontraba escéptica de lo que ocurría a su alrededor, había cumplido la sentencia, y aún no…
—¡Rukia, aquí estabas!
En medio de los pasillos del lugar, el pelirojo la había alcanzado.
—Me mandaron a llamarte Matsumoto y las demás, dicen que quieren hacerte una fiesta de bienvenida o algo así…—Se rascó la cabeza — Oi, ¿me estás escuchando?, ¡Oi, Rukia!
—¿Qué?, Ah, lo siento Renji, ¿decías?
—¿Puedo preguntar qué carajos te pasa? —Inquirió. —Se supone que deberías de estar ahora en tu cargo de…
—Me quitaron el cargo de Shinigami—dijo tranquilamente, pudo tomarse el tiempo de salir de sus pensamientos al ver el rostro de su amigo.
—¡¿Qué?
—Ahora no tengo tiempo de explicaciones, me han enviado a una misión.
—¿ Y tu zankapatouh? —Increpó al ver a su compañera
—Me la quitaron también, después te explicaré con más detalle sobre esto —Agregó rápidamente al ver que Renji abría la boca —Dile a los demás que lo siento, pero tengo una misión urgente que hacer.
Había dejado a su amigo de la infancia con la palabra a medias, sabía que se lo reclamaría de alguna forma o quizás—sabiendo su manera de hacer las cosas—lo averiguaría por sí mismo y luego se lo gritaría en la cara.
No sabía el por qué pero se sentía llena de nervios, sabía que desde que Ichigo Kurosaki se había esfumado de su vida algo había cambiado.
Cruzó la puerta inmediatamente después de que la abriesen de forma rápida. Volteó a mirar como el panorama de la SS se perdía al entrar a la puerta, sabía que algo malo estaba sucediendo…
Quizás debería de advertir a Renji.
Sin embargo, extrañamente, cuando iba a dar vuelta hacia atrás, una explosión se presento a pocos metros delante suyo, nublándole la visión por completo.
—¡¿Qué rayos?
Un sonido de cascabel y luego, un fuerte golpe detrás suyo es lo último que recordaba antes de despertar sobre el húmedo césped del río de la ciudad de Karakura.
"Para nosotros el tiempo no es más que algo banal que no afecta nuestros caminos"
Pudo percibir, después de varios años de no haberlo sentido, el sentimiento de frustración que se siente al saber que todo a tu alrededor cambiaba y uno mismo no, como si fuese parte de una pieza invaluable pero olvidada.
¿Qué decir?, la sensación era sumamente extraña. Luego de dar unos pasos pudo admirar con más detalle, buscando de forma casi consciente algún cambio que le regrese a la realidad.
Sin embargo no lo encontró, no en las plantas crecidas o en el río que seguía su curso, eso no iba a modificarse aunque cien años pasasen.
—Tendría que ir donde ese sujeto. —Susurró antes de emprender su marcha.
Esperaba no tener que encontrarse con ninguna persona conocida, aunque sabía que ella no podía ser vista debido a su estado, tenía en cuenta que ella poseía el privilegio de poder mirar qué es lo que ocurría.
Aún así, muy en el fondo de su mente, sospechaba que las personas que hubo conocido hace ya varios años, no sean las mismas, tal vez, hasta irreconocibles.
Si pudiese calificar como le iba en la semana, podría recalcar con mucho ahínco que había sido un total asco, no sólo por el exceso de pacientes que pasaban por su consultorio, también por soportar la actitud de su compañero Lio que, al parecer, se hubo autoproclamado su mejor amigo en todo el país.
Era muy insistente, por hoy tuvo que acatar a su pedido —casi rastrero— de irse a tomar de copas a la cantina que quedaba solamente a unos cuantos pasos del hospital.
Bonito lugar para abrir un bar. —Señaló el pelinaranjo haciendo una observación de la distancia del hospital al sitio.
Luego de unas cuantas bebidas, el ex shinigami sustituto había pensado que iba a ser más que suficiente la excusa de tener que regresarse a casa, —y también porque Lio había comenzado con un discurso bizarro de lo terrible que era casarse—.
—Es como si me cortasen las alas, mi libertad se iría al caño —Lloró el muchacho en la barra mientras algunos miraban curiosos. —Lo peor es que me lo pidió después de regalarme una preciosa noche…¡Dime tú Ichigo, ¿Cómo iba a saber yo que iría a hacer eso? —Sollozó.
—In amore e in guerra tutto è lecito.* —Susurró habiendo tomado una copa más —Sigo sin entender el por qué no puedes simplemente decirle que no. Total, van un buen tiempo juntos ¿no? —Empezó a decir, rindiéndose de sus opciones de largarse de ahí pitando dejándolo solo.
—Tú no entiendes, las mujeres son como…cómo…—Balbuceó tontamente— cómo…¡Rayos, tenía la palabra en la punta de la lengua! —Dijo con dificultad mientras Kurosaki suspiraba hastiado.
—Ya basta, dejémoslo por hoy, tengo que ir a casa temprano —Se excusó revisando el reloj de su muñeca. —Prometí llamar a mi padre por el cumpleaños de mi herma— ¡Pero qué carajos haces estúpido! —Espetó viendo como su mejor compañero se iba directo a una mesa donde se encontraban un par de mujeres que desde hace un buen rato que les echaban miradas. —¡Qué estás comprometido animal!
Otra vez el impulso de mal compañero se apoderó de él, bien pudo haberlo dejado que se divirtiese con esas chicas y luego irse a casa, pero también sabía que la novia de su amigo era una buena persona que no se merecía eso. Y también de que conociendo como era el ojiverde, al día siguiente estaría llenándolo de recriminaciones por no haberlo detenido estando él "excusado de sus actos debido a la mala influencia del alcohol".
Y luego de una noche que desde ya se estaba augurando mala, ahí se encontraba, en su apartamento, con sus zapatos llenos de vómito gracias a Lio, y una bofetada por parte de una de las muchachas por un mal entendido.
Tiró las llaves del auto, que se encontraba desde un inicio en frente del hospital y por ahorrar gasolina no usaron para ir al bar, y luego se dirigió directamente a la cómoda cocina para tirar los zapatos al lavadero, abrió el grifo y esperó que el agua se encargase de limpiar todo.
Camino en calcetines por la sala y se aventó al sofá, cubrió sus ojos con las manos, para luego hacerlas puño debido a la molestia de la luz del lugar.
—Otra vez dejé la luz encendida—Se preguntó extrañado al percatarse de ese "pequeño" detalle.
Miró la hora, dos de la mañana, definitivamente no les haría nada de gracia escucharle a esas horas, dadas las siete horas de diferencia que radicaban, calculó que eran las ocho de la mañana, en vacaciones tenían la mala costumbre de levantarse a partir de las 9 am. Así que decidió esperarse hasta más tarde para cuando por allá estuviesen despiertos. Ya vería que excusa le pondría a Yuzu por su falta.
Con un sentimiento de culpabilidad, entró a su habitación dispuesto a dormirse todo el día si era posible, para suerte suya en esa ocasión no tenía turnos hasta dentro de dos días, suficiente para poder recuperarse por completo.
Cayó en brazos de Morfeo en lo que cantaba un gallo, ni siquiera se desvistió como siempre solía hacerlo.
—Yuzu, perdóname por no haberte podido saludar ayer, es que tuve algunos contratiempos que salieron de mis manos.
—No te preocupes Onii-chan, todo está bien en verdad. Además, solamente estuve un par de horas en casa, de ahí salí a una reunión con todos mis compañeros del instituto.
—Eh sí, me lo dijo el viejo llorando, pero tu celular seguía apagado. —Indagó.
—Hum si, me lo robaron, ¿no te lo comenté? —Preguntó sorprendida. —Donde tendrás la cabeza Oniichan.
—Me comentaron que te demoraste bastante en regresar a casa, sabes que debes de llegar temprano.
—Pareces un viejo.
—Tengo veinte y tres creo que con eso basta para poder comprenderlo ¿no?
—Bien Oniichan, prometo avisar siempre que llegaré media hora tarde. —Siseó las últimas tres palabras con algo de molestia.
Luego de unos cuantos intercambios de palabras, la conversación hubo finalizado.
¿Desde cuándo Yuzu se comportaba rebelde?
Le preocupaba un poco del cómo su padre estaría llevando las cosas en casa, él también tuvo sus ratos de rebeldía a esa edad pero no sabía cómo era Yuzu ahora, algunos comentarios por parte de Karin le daban a indicar que había salido del "nido" desde hace un buen tiempo y que no le debería de sorprender.
—Es parte del cambio, a esta edad creo que está en época de experimentar cosas, tu sabes.
Le sorprendía de cómo tocaba ese tema la pelinegra, sin embargo, por su parte no tenía ninguna queja.
Ella ya se encontraba en la universidad estudiando una carrera de administración, de seguro en un acto de darle contraria al viejo cuando este le rogó que estudiase enfermería para que atendiesen juntos la clínica familiar.
Algunos pucheros y lloriqueos por parte de su progenitor no le bastaron —como siempre— para convencer a la media de los hermanos Kurosaki.
Las cosas habían cambiado bastante por allá, y él solamente se enteraba por medio de llamadas telefónicas semanales. No es que se estuviese sintiendo solo, pero ya daba la impresión que cuando llegase a casa, las personas con las cuales haya interactuado y con las cuales ya no tenía tiempo de comunicarse hayan cambiado tan drásticamente como lo hizo su familia.
La última noticia que tuvo de Orihime era que se estaba animando a abrir una repostería, pero dudaba de su éxito debido a la mala fama de las manos de la pelirroja al tocar algún plato.
Ishida por otra parte, fiel a las palabras de su padre, también se dedicaba a la medicina, más sin embargo, él decidió terminarla en Japón, a pesar de las bastantes ofertas que hubiese recibido en tres o cuatro países.
De Chad lo último que supo era que había hecho un viaje a México, nunca le preguntó el por qué, el moreno siempre había sido reservado en todo y mucho más si se trataba de su familia, simplemente le deseó suerte en su travesía.
De ahí no se comunicó con nadie más, recordó algo que le dijo Keigo de que iba a estudiar algo relacionado con el estudio de mercado de discotecas, pero nunca le creyó. ¿Keigo emprendedor?, ¿desde cuándo?
Había formado compañeros en Roma, tenía que aceptarlo, entre los cuales el único que destacaba en demasía era Lio, el muchacho se pegó a él como costra a la herida desde un inicio, y desde ahí se volvieron inseparables, bueno, él se volvió inseparable al ex shinigami. Otros compañeros que podría resaltar eran la mayoría doctores y doctoras del hospital de donde trabajaba. Las personas lo admiraban, y los pacientes lo adoraban, quizás una vida totalmente perfecta. Sin embargo, todo seguía siendo un toque gris que nunca se hubo quitado desde que puso un pie en la capital de la pasta.
El tiempo había transcurrido tan rápido…
Caminaba presurosa, habían pasado dos días desde que había pisado suelo humano e hubo optado una entidad gracias al manejo de la Sociedad de Almas, se encontraba algo confundida por no conocer algunas costumbres humanas, pero básicamente lo podía controlar todo bien.
Ahora podía entender bien las razones de peso por lo cual le encargaron esa misión, era la única, quizás, shinigami que adoptó por tanto tiempo un gigai y pudo adecuarse perfectamente al mundo humano y sus costumbres.
No te preocupes por el dinero, se te concedió esto para que puedas usarlo módicamente.
Seguía sin entender a la perfección qué función cumplía aquella tarjetita pero según el tendedero era muy importante tenerla bajo custodia celosa.
Y además también, era la única que podía conocer a la perfección a Kurosaki Ichigo de entre todos.
* En la guerra y en el amor todo se vale; traducido del Italiano.
+Ichigo sabe Italiano, es más, para comunicarse con todos allí utiliza este idioma; sin embargo,cuando habla con familiares -por ejemplo cuando conversó con Yuzu- usó el Japonés.
He tenido algunos problemas, pero han sido de búsqueda de una buena trama, tengo un par de ideas que me están convenciendo y me están tentando de darle un giro inesperado a la historia, pero ya veremos como quedará todo. (:
¡Saludos y muchas gracias por leer y los tomatazos!
