Hola de nuevoooo! como veis.. he tardado nada más y nada menos que un día en actualizar, y la excusa que tengo es, que no voy a poder subir capítulos hasta este viernes, y no os quería dejar con las ganas xDD... así que, ya me veis por aquí...

La verdad me ha sorprendido mucho que os atrayera esta idea del fantasma, la verdad... Yo estoy haciendo una adaptación de una novela ya existente, por lo que no es mía, pero los momentos que elijo y el orden enq ue los pongo, al igual que escenas que me invento, sí lo son... así pues... no sé que decir xD...

Muchísimas gracias por los reviews... dentro de nada os contestaré a todos :)...

Por favor, si alguien ve publicado este fic en otra página o algo opr el estilo, que se comunique conmigo, porque no me gustaría ni un pelo que lo plagiaran... me pondría como mona chita de cabreada xDD... hehehe bueno xD...

Este capítulo es más largo... por lo que creo que os gustará un poquitín más xDD...

ADVERTENCIA: ESTE CAPÍTULO CONTIENE LEMON EXPLÍCITO, POR LO TANTO, AL QUE NO LE GUSTE, QUE NO LO LEA :)...

Y lo de siempre, que los personajes no me pertenecen y la historia es una adaptación de una de mis obras favoritas... feliz navidad! (pero qué coño dices o.O! -Nada nada... tú a lo tuyo xD...)

Bueno, echada la suerte... iré a los lindos mensajitoooos *O*...

MilfeulleS: Bueno, me alegro mucho que te gustara el primer capítulo... te lo agradezco un montón que abrieras la barrera... y condecoraras este fic con su primer review xD... hehehe de verdad, gracias... :)... tranquila, no te llevarás una decepción xD...

Ornella Carcuro Lavanchy: hehehe, tranquila, el Fantasma mantendrá ese halo de misterio hasta que se desvele la verdad... He intentado hacer que los personajes encajaran lo máximo posible... pero no sé si lo he conseguido...hehehe muchas gracias por tu review :)... a parte, ya me leí tu fic y esta muy bien ^^... continua de acuerdo :D?...

Alvebia: Si te gustó que el Fantasma se excitará así... imagínate en este capítulo... irá como una moto xDD...hehehehe muchas gracias por tu apoyooo ^^... cuidate :)...

lobita-uchiha: hehehe, pues aquí tienes la conti... a sólo un día de publicar el primero... :)... me alegro de que te gustara... y espero que el segundo también lo hagaa! nos vemos en el tercero ^^... cuidate! :)...

X-Blazen Divny-X: Hola! bueno, intenté reparar los errores del anterior... pero el guión sigue haciendo de las suyas... y lo maldigooo ¬¬... hehehehe... espero que continues la historia y que no te quedes hasta tan tarde despierta! (bueno, quien soy yo para decírtelo, si también hago lo mismo xDD)... por favor... continúa opinando sobre mi obra :)... me gusta saber que hay errores que he de reparar... graciaaas ^^... cuidatee! :)... Ja ne!

sakata-2: Muy buenaaas! hehehe tranquila... lo que sí se saldrá de la obra será todo el lemon cargado que va a haber capítulo si, capítulo también... aunque no sigue todo como en la película, esta basado mucho en la relación amorosa entre estos tres angelitos míos... pero espero que te guste igual... y siento si estoy destrozando una obra tan genial y sublime como la de Lerroux (no es que me hayas acusado ni mucho menos, pero me siento culpable por hacerle esto a esa genialidad creada por un ser magnífico xDDD... pero tenía que intentarlo xD...)... Y el final será la cosa más inesperada... (o no... porque sabemos cómo va a acabar... SxS... sólo digo eso xDD)... graciaaas por tu atención:9... cuidate mucho! Ja ne :)!...

Nadesiko-san: hehehehe... me haces feliz *O*... sí sí, yo también he visto algunas adaptaciones que me han echo tirarme de los pelos... pero bueno, no estoy diciendo que la mía a lo mejor no te haga tirarte de los pelos también xDDDDDD... hehehe... yo amo esta obra... pero le voy a dar un final que a mí me hubiera gustado... así que Lerroux se va a joder un poquito xD... hahaha espero que continues leyéndolaaa! y para que veas cómo he desarrollado la escena de lemon... léela tú misma :)... (atención, tengo una mente muy perversa... y tengo pensado un lemon para varios capítulos más adelante (eso no quita que antes haya muchos más xD..) que va a ser realmente perverso y erótico... hahahaha) besos y cuidatee! Ja ne :)!

Bueno, al fin pues, os dejo con mi más amada historia :)... divertíos y disfrutarlooo! Ja ne :)!...

El Fantasma de la Ópera.

2. El escenario.

Cuando por fin salió del escenario, todas las bailarinas se acercaron a ella rodeándola. Aún cuando ese papel era temporal, toda la experiencia había sido como un sueño. Las chicas la acompañaron de vuelta al camerino como si de una heroína se tratase ya que, eso era ella. Había conseguido su sueño, junto con el de todas las demás muchachas que formaban el coro y el ballet.

Aunque atolondrada por la experiencia y con las palmas de las manos sudadas y las rodillas que le flaqueaban, Sakura no se podía sentir más feliz. Había cantado a la perfección, entonando suavemente y con la voz pura y fina, vestida con aquel pesado pero precioso vestido, y los aplausos dedicados solamente a ella junto con las caras embelesadas fila tras fila que la honraban.

Era como si retrocediera en el tiempo al momento en que, siendo muy niña, vio a la hermosa señora vestida como un ángel con aquella pieza de seda blanca adornada por rubíes y con el cabello rojizo cubierto de cadenas de plata y blancas, mientras ella, la pequeña Sakura, la admiraba con adoración.

Nunca olvidaría cuando aquella mujer abrió sus redondos y brillantes labios para dejar salir aquel increíble sonido. Recordó cómo se le ensanchó el corazón en el pecho al oír su voz, cómo quiso tocar la orilla de sus faldas, que rozaban el suelo con sus hermosos encajes delante de sus inocentes ojos. Recordaba cómo había deseado ser esa mujer, como un pajarillo que dejaba salir todas aquellas notas suaves y preciosas y al mismo tiempo ser una princesa de cuento de hadas.

Y tuvo la seguridad de que ahí, en medio del escenario y siendo observada por todo el público, ante tal admiración, la mujer se sentía dichosa y feliz. Tenía que serlo, porque no se podía ser tan bella y tan adorada sin sentirse feliz y segura.

Finalmente, se convenció de que esa mujer que había en el escenario era su madre, que había fallecido a sus cinco años. El recuerdo lo utilizaba como un talismán, como una vía de escape y como una vía de inspiración ante aquella vida insípida y aburrida que había llevado hasta el momento.

Su solitaria vida con su padre, que seguía sumergido en el dolor por la pérdida de su mujer, tenía muy pocos placeres. Él, al ser un famoso violinista, viajaba por todos los países y ella se tenía que habituar a eso. Sólo después de afincarse junto al mar en ese verano tan lejano en Amegakure decidió quedarse.

Y esa noche, con las piernas temblorosas y el estómago revuelto, se había convertido en aquella mujer que tanto había admirado. Pero al momento de llegar ante la puerta de su camerino, una voz descarnada, que nada tenía que ver con la de su ángel, la llamó.

- ¿Señorita Haruno?

Aquella voz terrenal sonó detrás de ella y la distrajo de abrir la puerta para zambullirse en la oscuridad del cuarto.

Mientras se giraba, comentarios siseados por las bailarinas y las chicas del coro se hicieron presentes.

- ¡El vizconde Uchiha!

- ¡Es él!

- ¡El hermano del nuevo mecenas!

Entonces lo vio y lo reconoció inmediatamente.

- ¡Itachi! –exclamó, sin pensar.

Pero claro, él era un amigo de la infancia, al que había llegado a conocer gracias a aquel corto pero feliz verano en Amegakure.

Qué guapo estaba y cuánto había crecido; estaba alto, todo él bien cincelado y elegante, desde sus esbeltos dedos largos hasta su cabello oscuro recogido en una coletilla baja. Su pelo brillaba bajo las luces tenues del pasillo y en sus ojos oscuros se reflejaba la dicha y la alegría. Vio que vestía el uniforme de Akatsuki, pero no le importó, ya que en ese entonces, a ese chico le gustaban las aventuras.

Él avanzó hacia ella y el mar de chicas se abrió ante Itachi. Qué pensaría si le dijera que su ángel le había enseñado a cantar y había pulido sus técnicas y que, al fin, ¿se había convertido en la hermosa señora? Entonces, cogió la llave que tenía Sakura entre sus manos y le abrió la puerta del camerino.

- Permítame, Señorita Haruno.

El hombre le dio paso a la pelirrosa y esta entró seguida por él. Cuando Itachi pasó al lado de ella, sus faldas rozaron las botas negras del chico. Ya le habían llevado flores y había floreros por todas partes.

Itachi se le acercó y llevó una de sus enguantadas manos a sus labios, posándolos sobre la tela.

- Sakura, has estado magnífica.

- Itachi, qué alegría verte –dijo mientras retiraba la mano y la posaba en la mejilla de él, cálida y suave.

- Has crecido mucho. No podía creer que fueras tú, mi pequeña Sakura, la que cantaba como un ángel.

Un ángel.

Repentinamente, se sintió nerviosa y se apartó del lado de él.

- Itachi, no soy un ángel.

- Lo eres –protestó- un hermoso ángel. Tendré que poner todo mi empeño en venir a la ópera todas las noches, ahora que Madara y yo somos los mecenas y que tú eres ahora la nueva estrella.

- Espero verte a menudo –dijo ella, y al instante sintió un cambio de aire. Era él. No sabía por qué, pero no quería que supiera de la existencia de Itachi y de que ya tenía un admirador.- ¿Sabes? Necesito comer algo. Además, he de ir a ver a los administradores. Han pasado muchos años, Itachi.

- Si, desde luego, me hará muy feliz acompañarte a cenar.

Ella abrió la puerta y fue saludada por una multitud de admiradores que sonreían y traían consigo ramos de flores.

- ¡Ah! Caramba –musitó Sakura muy consciente del leve cambio de la atmósfera, apenas palpable.

Itachi pasó por su lado y se interpuso entre los admiradores y ella, impidiendo que vieran el interior del camerino, o quizás, que vieran demasiado de Sakura.

- Iré a buscar mi coche y pasaré a recogerte –habló él mientras la miraba por encima del hombro. – ¿Llamo a alguien para que ayude a cambiarte?

- No, no, gracias Itachi, podré yo sola.

Entonces, él cerró la puerta y se quedó en medio de la oscuridad, sola, aunque no del todo.

- ¿Madame Yamanaka?

Ino estaba detrás de ella soltándole rápidamente los botones de la espalda del vestido.

- Lo has hecho muy bien esta noche, Sakura. Pero él no estará nada complacido si descuidas tu descanso a favor a asuntos sociales.

El vestido se abrió y madame Yamanaka pasó sus manos cálidas por toda la espalda y por los hombros, hasta que la prenda calló al suelo.

- Guárdate de enfadarlo, Sakura. Su ira es insoportable. ¿Estás segura de que es juicioso ir a cenar con el vizconde?

O sea, que tenía razón al saber que a su ángel no le haría ninguna gracia que tuviera un admirador.

- Pero tengo que comer, madame. Además, es un viejo amigo, a parte de ser el hermano del patrocinador. Eso nos traerá suerte y éxito al teatro.

La cara de madame Yamanaka se endureció de preocupación. Se inclinó sobre tu oído y su cálido y húmedo aliento la estremeció:

- Ten cuidado, Sakura. Siendo su alumna tienes la oportunidad de encumbrarte, con o sin el favor del hermano del patrocinador. Si lo complaces, él te cuidará como no te imaginas. Es genial y bueno, pero egoísta, y si lo disgustas, su ira será inmensa, ya que no está dispuesto a compartirte. Con él como profesor, no tendrás que preocuparte por encontrar un protector como las otras chicas.

¿Eso quería decir que su ángel era su protector? ¿O simplemente quería estar seguro de que ella no olvidaba sus enseñanzas?

En lugar de preguntárselo, cambió de tema.

- ¿Itachi de protector? No creo que se le hubiera pasado por la cabeza en ningún momento. Tan sólo es un viejo amigo –añadió Sakura quedamente.- De todos modos, haré caso de tu advertencia, madame. Sólo es una cena para celebrar mi debut.

- Espero que no lo olvides, querida mía. Ahora rápido, debes cambiarte y prepararte para la cena. Claramente hay que celebrarlo, pero ha de ser una comida breve para que puedas descansar esta noche. Toma, usa este vestido.

- Muchas gracias madame, es precioso –dijo cuando Ino salió del camerino.

Todo estaba en silencio, como Sakura. Pero aquella noche, la pelirrosa era la estrella, y todo el mundo deseaba verla y hablar con ella. Ya no era tan tímida como de niña, y estaba segura que Itachi quería algo más, porque si no, no se hubiera molestado en ir a verla.

Claro que no era una chiquilla inocente, madame Ino se había encargado de eso personalmente. Las había inculcado en las artes del erotismo y las instruía en todo; ya que ella se sentía responsable de cada una de sus ratitas.

El teatro era una profesión, les decía Ino, que permite a la mujer estar bastante al mando de su vida, incluso a la hora de elegir amante o protector, si es joven y guapa o por lo menos tiene talento, en el escenario y en el tocador. A sus ratitas les enseñaba a aprovecharse, en lugar de que se aprovecharan de ellas. Les indicaba cómo elegir y atraer a un buen protector que no las maltratara físicamente en el tocador y que, por lo demás, las tratara bien.

Pero ella no pensaba que Itachi quisiera ser su protector, ya que Sakura se los había imaginado viejos y calvos, como aquellos que se llevaron a las ex bailarinas Kim y Tayuya.

Sakura nunca había estado en la situación de atraer la atención de un posible protector. Y en el caso de que hubiera ocurrido, se habría guardado de hacerlo. Porque ella tenía una fama de recatada, ya que escondía todo lo que podía sus pechos y sus tobillos.

Aunque tal vez aquella noche había llamado la atención de Itachi y por eso, se había apresurado a bajar al camerino y a tapar la puerta con su alta y delgada figura. Tal vez sólo quería protegerla de otros hombres que querían aprovecharse de su debut.

No, no colocaba a Itachi en aquella categoría de hombres bigotudos y mofletudos que miraban a las bailarinas y actrices como si fueran caballos en venta, pero tampoco lo descartaba.

Y en ese momento en que debería estar caminando en dirección a la salida, donde estaba Itachi esperándola con el carruaje, se sorprendió de estar haciéndolo en dirección contraria. Caminaba en dirección al escenario.

Rara vez había tenido la ocasión de aparecerse en el gran habitáculo. Los pasos por encima de la tarima resonaban por todo el lugar como eco en una cueva. Eran ecos de representaciones antiguas, de perfumes y aplausos maravillosos.

No sabía qué la impulsaba a subirse a la plataforma, pero hizo caso de su interior y se movió en su dirección con pasos sigilosos y cortos. Al parar de caminar, se encontró en frente de todas las butacas de la sala. En la oscuridad, el escenario parecía la boca de un lobo, grande y ancho, atemorizante.

De repente, el aire se agitó, como una suave brisa, y escalofríos bajaron por toda la espalda y el vello se le erizó. Tuvo una gran tentación de girarse para ver que había a su espalda, pero se pasó la mano derecha por el brazo y antebrazo izquierdos, esperando.

De un momento a otro, un foco de arriba se encendió iluminándola, destacándola en medio de la oscuridad siniestra que la rodeaba. Apenas hace unas horas había estado debajo de él, pero el calor que transmitía era abrasador y le calentaba las zonas expuestas a este, como los hombros, el escote y los brazos que no llegaban a ser cubiertos por los guantes.

Aquel rayo de calor le nublaba la visión, como había hecho cuando cantaba. No veía más allá del límite del escenario. Lo único que sentía era que se abrasaba.

- Sakura…

El sonido de su nombre, suave, arrollador, erótico, venía de atrás. ¿O tal vez de arriba? No sabía qué decir.

Como por arte de magia, su corazón comenzó a latir presurosamente.

- ¿Ange? –preguntó entre estremecimientos.

Y antes de que pudiera girarse, lo sintió detrás de ella, otra vez. Él le enseñaba y cantaba con ella, pero nunca se aparecía en persona. Hasta hoy, y dos veces. ¿Qué ocurriría?

Él cerró sus manos enguantadas y un poco pegajosas sobre su cuello y lo acarició con lentitud. Millones de descargas bajaron a su vientre en un segundo. La respiración se aceleró al igual que su alocado corazón. Aquel hombre siguió bajando las manos con delicadeza, acariciando la piel expuesta de sus hombros, y siguió deslizándolas hacia los antebrazos, bajándole el vestido. La tela se quedó ceñida sobre sus pechos, dejándole al descubierto los pezones, que estaban duros, y siguió desnudándola bajo el calor del foco.

- Me has complacido inmensamente esta noche, querida mía –musitó él, con voz ronca y melodiosa.

Ella sintió arder sus orejas y hormigueos recorrieron su cuello, hombros, brazos, pechos y pezones, vientre y más abajo. Se atrevió a mirarse, y vio sus manos enguantadas de color negro agarradas a los hombros, y la profunda hendidura de sus pechos, que estaban levantados y juntos por el corsé, y también, más abajo, las aureolas de sus senos rozando el satén granate.

- Gracias –suspiró mientras el calor se apoderaba de su vientre bajo. Subió su mano para cubrir una de él y sintió un leve estremecimiento en sus dedos. ¿Sería de rabia? ¿O sería un estremecimiento igual que los que la sacudían a ella ahora mismo?

Abrió sus dedos, enfundados en guantes blancos, y los posó entre los negros enguantados de él. Sintió el calor traspasar el cuero y la tela y se volvió a estremecer. Él levantó su mano libre y recorrió el cabello de ella, recogido en un moño, peinándolo, y después la agarró de la nuca y la echó hacia atrás. La luz blanca cegó sus ojos y sintió el escozor de las lágrimas salir de ellos.

Entonces él le rozó la cara con la suya, desde atrás; ella sintió la cálida piel sobre la mandíbula derecha y la presión de sus labios. Mantuvo la cabeza inmóvil y los ojos cerrados, para protegerlos de la luz y para disfrutar del momento. Intentó hacer una inspiración, y sólo consiguió estremecerse y soltar un lastimero sollozo, por el placer que sentía arder donde él la estaba besando.

Sintió esos labios cálidos, húmedos, eróticos, recorrer su mandíbula y bajar por un lado del cuello. Los estremecimientos aumentaron y ella no hizo nada más que abrir la boca para emitir un inaudible gemido. Las piernas le hormiguearon y llevó una de sus manos a su espalda, buscando su cara. Necesitaba conocerlo, sentirlo.

- No –gruñó él mientras le retiraba la mano y la apartaba de su cara.

Con un movimiento rápido, presionó sus muñecas por encima de su cabeza y las sostuvo ahí.

Ella lo sintió moverse y levantar la otra mano. Entonces, se dio cuenta de que le estaba atando las muñecas e intentó liberarse del agarre, pero él era mucho más fuerte, y en unos segundos, la tuvo ahí, de pie, con los codos levemente flexionados y sus extremidades atadas en un nudo duro e inflexible.

- ¿No sabías que la curiosidad mató al gato? –le susurró él amablemente al oído.

Parecía que su repentino enfado había pasado. Entonces él se movió y se situó al lado de ella, un poco más atrás. Y Sakura no pudo ver nada más que su mano enguantada, su pierna embutida en un pantalón de tela negra, que estaba cruzada delante de su falda, y su brillante zapato de charol negro.

Intentó mover las manos, pero cada vez que las movía, sentía la cuerda que colgaba de la pasarela moverse. Se le aceleró el corazón de nuevo; no era capaz de hacer ni una inspiración completa.

- Ahora –suspiró él, acercándosele más, colocando una mano en uve en su garganta y la otra detrás de su nuca- te enseñaré cuánto me ha encantado tu actuación, Sakura…

- Ange, por favor…- la voz se le cortó y apenas fue audible, y no tenía ni idea de qué quería pedirle.

Él se rió suavemente pero no contestó con palabras. En lugar de eso, bajó la mano a su vestido y le fue abriendo con experticia todos los botones que hasta hace unos momentos se los había atado madame Ino.

Pasó la mano por debajo del cordoncillo de acero del corsé, deslizándola por su pecho izquierdo y sacándolo de la copa de la prenda. Entonces, pasó su pulgar enguantado por el duro pezón y a Sakura le vino una oleada de placer. Al instante, su entrepierna se inundó con el líquido de la excitación. Claro que no era una niña inocente. Ella había perdido el honor cuando tenía dieciséis años con uno de los tramoyistas. Una verdadera experiencia.

Ella intentó bajar los brazos para acariciarlo, pero no se acordó de que no podía. Al ver esto, él volvió a reír quedamente y siguió acariciando el pezón con suma lentitud y cuidado.

- Relájate, voz mía –musitó, con su voz aún más ronca de antes.

Siguió con su pequeño pezón mientras que con la otra la bajaba por la espalda del vestido y la ahuecaba en sus nalgas.

Sakura pegó un salto cuando esa mano se introdujo en su camisola y en sus calzones, y sus dedos se deslizaron hacia abajo ensanchándole la hendidura entre las nalgas. Intentó apartarse, pero él aumentó la presión con la mano, descendiendo la palma de una por las nalgas, mientras que la otra se deslizaba por la parte delantera del vestido, hasta la entrepierna. Entonces presionó ahí, en el sexo, con la palma, y la movió en círculos por encima de la seda y encajes que la cubrían.

Con las muñecas atadas, percibía que no había salida. Estaba a su merced, con una mano por delante, presionando aquel punto por encima de las capas del vestido, mientras que con la otra por detrás la empujaba hacia la palma. Sentía los pechos hinchados, ceñidos, y los pezones tan duros que le dolían con tan sólo rozar la tela. Tenía frío y le hormigueaban los brazos por la falta de sangre. El calor del foco los abrasaba a los dos y el sudor le recorría la cara, los hombros, el cuello, los pechos, la hendidura entre estos, y le hacían la piel más resbaladiza.

Movió bruscamente las caderas, aunque no supo si para liberarse o acercarse más, lo que fuera, con tal de aliviar la tensión que se iba acumulando dentro de ella.

Sin dejar de friccionarle con la mano delantera en ese lugar, deslizó un dedo enguantado por el líquido que le mojaba la hendidura de la entrepierna. Ella emitió un gemido audible al sentir la intrusión de aquel dedo impersonal, por estar cubierto por un guante, en la vagina. Entonces, él le empujó el cuerpo hacia atrás y con la palma de la mano que tenía por delante le friccionó el borde del pubis. ¿Cómo podía haberlo palpado por encima de tanta ropa?

Esos pensamientos se evaporaron cuando él dejó de presionar por delante y tironeó del corsé para liberar sus pechos, hinchados del deseo. Ella quedó balanceándose, equilibrada sobre el dedo que él le tenía introducido en la vagina, y los pechos quedaron desnudos bajo la luz del foco, con los pezones rosados en punta, duros y tiesos, esperando ansiosos a ser acariciados. Cuando él pasó su mano libre por uno, y después por el otro, el placer cayó en espiral por todo su vientre y más abajo, volviendo a mojar la hendidura entre sus piernas, y por ende, el dedo de su ange. Hay, Kami-sama, ¿y si alguien los descubría?

Él le frotó y pellizcó los pezones y ella movió las caderas, intentando encontrar alivio, algo, un final.

- Ah, sí –murmuró cerca de su oído. Su voz, ronca y profunda, se notaba ansiosa- Te abres a mí. Sí, voz mía, puedes estremecerte y gemir. Es una bella música la que haces ahora sobre este escenario, actuando sólo para mí.

Sakura no era una ingenua e inocente chiquilla a la hora de darse placer, pero nunca había sentido aquella intensa fiebre de deseo combinada con la incapacidad para moverse como deseaba, para tocar y acariciar como necesitaba. Jamás había sentido ese frenesí de necesidad que sentía en ese momento ahí, de pie, no, colgando, porque le flaqueaban las piernas y ya no era capaz de tenerse recta.

Cuando él bajó su negra cabellera y cerró su boca en tornó al pezón más cercano, ella ya no pudo contenerse. Gritó, y sintió el peso de su cuerpo tirando de la cuerda tensa que le sujetaba y apretaba las muñecas, dejándola impotente. Sentía humedad y líquido por todas partes, por entre las piernas, en el pecho, del sudor causado por el calor de la luz; estaba empapada, palpitante, jadeante.

Gritó, porque ya no podía contener la frustración que le iba en aumento dentro de sí. Él le chupó el pezón, introduciéndolo y apretándolo con tanta fuerza en la boca que Sakura pensó que debía chillar de dolor y gritar de placer.

Entonces, él retiró el dedo, le frotó el dilatado clítoris, presionándole la hendidura entre los labios de la vulva, mientras ella movía en círculos las caderas, tratando de aumentar esa presión, hacerla más rápida, más fuerte, al ritmo que necesitaba. Él le soltó el pezón y apartó la boca.

- Córrete para mí, Sakura. Venga, ahora.

Nuevamente le presionó ahí con la mano, sosteniéndole las caderas mientras ese ágil dedo la frotaba desde atrás, en círculos, introduciéndolo y sacándolo, hasta que por fin el placer llegó a su cima y ella se estremeció, gimiendo y gritando por el orgasmo que la inundó hasta lo más profundo de su ser.

Entonces quedaron solamente las secuelas: silencio, sólo interrumpido por los resuellos de los dos; la sorda vibración en la entrepierna; el dolor en el pecho donde él le succionó con tanta fuerza; la mano enguantada de él subiendo por su trasero, mojándole con el líquido de ella los contornos de las redondeadas y turgentes nalgas. En ese momento, apartó la cara de su pecho y se colocó a sus espaldas antes de que ella alcanzara a verle algo aparte de su brillante pelo negro, y le colocó las manos sobre los hombros y apretó el cuerpo al suyo.

Ella sintió el bulto de su miembro erecto en la base de la espalda desnuda, a través de los pantalones, insistente y prometedor, duro. Sentirlo le produjo un renovado deseo que la atravesó como una punzada hasta el vientre.

- Espero que tu placer haya sido tan grande como el mío –musitó él en su oído, ya seguro de su vista. Sopló levemente su oreja e hizo un amago de una sonrisa.

La voz no le salió tranquila, sino entrecortada y ronca, como si se hubiera esforzado en sacarla pareja. Subió las manos por sus brazos desnudos y continuó por los codos hasta llegar a las muñecas.

- Creo que el mío ha sido más grande –contestó ella, intentando recuperar la voz, temblorosa aún por la última sacudida de placer que había tenido.- Pero si deseas y me desatas, Ange, me gustaría acariciarte, y verte.

- Me llamo Sasuke. Puedes llamarme así, pero ahora no es momento. Compórtate esta noche, voz mía, y volveré a ti pronto. Tu aprendizaje sólo acaba de empezar.

Ella notó cómo se le ensanchaba a él el pecho apretado a su espalda al hacer una honda inspiración.

Él retuvo el aire un momento y luego lo espiró.

Entonces bajó las manos enguantadas con los dedos abiertos a lo largo de sus brazos, se las pasó suavemente por la cara, por la mandíbula y el cuello, después por los pechos, y estuvo un momento acariciándoselos; luego las bajó y las apretó con fuerza sobre su vientre y en la entrepierna. Al contacto de sus manos enguantadas siguió la excitación, y ella se desmoronó bajo el peso del deseo, cerró los ojos y echó atrás la cabeza y su cara quedó bajo el brillo de la luz del foco. Él bajo la suya y presionó sus labios contra los de Sakura y entonces, desapareció.

La dejó ardiendo en deseo, con los pezones duros y en punta, uno más enrojecido que el otro, por la boca de él, e irritado. Nuevamente le vibraba el sexo, con el recuerdo y el renovado deseo. Sintió frío en la espalda, por no estar ya él detrás de ella, y porque el vestido le colgaba de los brazos levantados.

Antes que lograra entender que él la había dejado abandonada y medio desnuda en el centro del escenario del Teatro de la Ópera, cayó algo de arriba. Le bajaron los brazos hasta la cintura, con las muñecas todavía atadas, y la cuerda golpeó el duro suelo de madera a sus pies.