Hola a todos! Ufff… cómo me ha costado escribir este capítulo… a parte de que dentro de nada empiezo el curso, la inspiración había decidido ir a pasear una semana y más… así que ya me diréis cómo iba a escribir yo xD… a partir de ahora, iré actualizando un capítulo por semana, o dos si me veo de muy buen humor, lo que sí os pediría es que me dejárais más reviews, aunque agradezco a los que ya lo hacen, como verán cuando comente todos sus comentarios xD…

bueno… Lo que suelo decir siempre es lo mismo no?

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene lemon MUY explícito, y puede herir su sensibilidad. Si no os gusta o sois menores de edad, no sigáis adelante :/… (aunque por mí, hacerlo y disfrutar del mundo de perversidades que os ofrezco xD…)…

Es un UA y los personajes no me pertenecen, son de Kishimoto, al igual que la historia, que no es mía, sino que he hecho una adaptación de una de mis novelas preferidas (que no es la de Lerroux, aunque también me encanta xD)

Comentado todo eso, quiero decir algo más:

Quiero dar a entender que, al igual que en la novela original de Lerroux, que lo que les une a Eric (en este caso Sasuke) y a Christine (Sakura) es la pasión, la unión espiritual, la sexualidad que los envuelve en cada encuentro. Esa atracción física es lo que me interesa. Quiero expresarlo con palabras lo que sienten cada vez que se ven, claro está, en esta novela los personajes están enamorados ya de por sí, pero más fuerte que el amor que los "une", es el deseo físico que mantienen entre los dos. Esas ganas de explorarse mutuamente, el desespero de Sakura por no poder verlo y no complacerlo como toca… eso es lo que quiero explotar, pero tranquilos/as mis queridos lectores/as, que amor en esta historia no va a faltar, creo que es el tema principal, junto con el sexo y una trama llena de misterio. Así que… espero haber aclarado un poco lo que quiero llegar a conseguir con mis descripciones… Me gustaría que algunos me comentarais si está bien o mal la descripción… pero no pasa nada si no lo hacéis… lo que necesito son reviews para motivarme T.T… (aunque los que ya me dejáis… me hacéis más feliz que un tonto con un lápiz xD) hahahaha…

A parte de esto, este fic no será igual que la película o que el libro. Si alguien se espera un final igualito que alguno de los dos anteriores, lo lleva claro xD… soy una auténtica fan de EricxChristine… y voy a hacer esta historia digna de ellos… aunque no siempre será un caminito de rosas para los dos (les voy a hacer la vida imposible a Sasuke y Sakura xD…) bueno… dicho esto… pasaré a los comentarios xD…

Ikamari: xDD… haciendo la tarea y leyendo? Ojalá yo pudiera hacer eso también xD… pero creo que me tendrán más controlada que la Hacienda xD… Tranquila… en este verás al fantasmita en plena acción… por favor, ha pasado mucho tiempo sin saber nada de él… ya tenía que aparecer en escena xD… Bueno, espero que sigas leyendo y comentando! Cuidate mucho ^^… Ja ne :)!

Ornella-chan (abreviaré, te parece bien :)?): Siempre intento que Sasuke mantenga ese halo de misterio que lo rodea (tanto en el animé como en la historia xD) y me encanta que te hayan gustado los dos capítulos (la verdad es que Ino siempre me ha gustado en su faceta de pervertida sin remedio xD)… la trama se volverá mucho más interesante cuando los hermanos se mezclen en este lío amoroso… muahahaha si tres eran multitud… imagínate con Madara xDD… cuidate mucho y continúa tu fic ! Que me encanta! Nos vemoos! Ja Ne :)!

Alvebia: Hahahahahaha xD… Ino goloza? No… no lo es… es más que eso… está obsesionada xD! Hehehe me alegro de que te hayan gustado los dos caps., y si querías más lemon, aquí lo tienes ^^… me encanta el lemon, es la guindilla del pastel en un fic… sin él… el fic está bueno, pero le faltará siempre algo xD… Sí, Itachi ya tendrá tiempo de meter mano xD… e intenté no hacer taaan horrible la cara de Sasuke, pero wea… es lo que hay… si fuera perfecta, no sería el fantasma xD… por favor, continúa leyendo y comentando… de verdad que me alegráis mucho! Cuidate! Ja Ne :)!

Milfy-chan: Hehehe… mi intención no es dejarte sin palabras xD… es más… las necesito xD… bueno… y qué decir, yo también disfruté cuando Danzô se ahorcó :)… muahahaha… viejo, vete al infierno xD… espero que sigas leyendo… que te estaré esperando milfy-chaaan :D…y a ver cuando va el prox. ch. de tu fiiic :)... Cuidate mucho! Ja Ne :)!

Evolucin: hehehe… muchas gracias por considerarla una historia buena … lo que me preocupa es que seas un fiel admirador de la novela original y no seas tolerante con otras versiones como la mía (porque he visto gente que en cuanto se lo he comentado, casi me matan a palos :S...), porque mi final no va a ser lo que todos los lectores de Lerroux piensan… Es cierto que esa novela nos refleja la cruda realidad y que no es un final de cuento de hadas, pero me gustaría que todos los fans que nos quedamos con las ganas de que el fantasma y la primma donna se quedaran juntos, se vieran sus deseos reflejados en este fic xD… hahaha… soy una fan acérrima a Eric y Christine, no lo puedo evitar xD… Y tu comentario me ha encantado, simplemente esa palabra me ha llenado de alegría … muchas gracias ^^… ojalá sigas leyendo y opinando! Cuidate! Ja Ne :)!

Nadesiko-san: Muy buenas! Hehehe me alegro de que te alegrara el domingo xD… la verdad, mis lemons no sé si son sutiles o no, lo que pasa es que no quiero emplear palabras vulgares para describir un coito salvaje xD… y estaba en la misma página, lo que pasa que sin escribir ni un solo fic y solamente leyendo, pero de esto hace poco que la encontré… me encanta fanfiction… de verdad… hehehe…es verdad que Ino con Chôji se hace raro… hasta cuando yo misma lo escribía me decía… mi osito? Ino diciendo eso?... madre santa xD… Tranquila, tendrás amor… la verdad es que se ha revelado que Sasuke la ama, al igual que Sakura a él, pero la atracción que sienten, como ya he explicado atrás, es la que los mueve a acercarse… espero que sigas comentando y pasando a leerlo … cuidate mucho ^^! Ja Ne :)!

Sakmiru: Hola! Hahaha… no sé lo que significa "no manches" (soy un poco –un poco sólo ¬¬*?- vale vale, muy corta xD…), pero me alegro de que te gustara el fic … si has visto la peli, entonces empieza a pensar en que Raoul nunca se quedará con Christine (es decir, Itachi con Sakura xD) en mi fic… jamás! El Fantasma siempre revivirá ante los problemas : )… (Se me fue la pinza otra vez xD…) espero que lo continues leyendo y te intereses por la verdadera historia (creada por Lerroux) del Fantasma… la vida no es justa, y menos para Eric T.T… hahahahaha Cuidate mucho! Ja ne :)!

Ahora sí, esta historia va dedicada a todos aquellos que consideraron que Christine se tendría que haber quedado con el Fantasma … disfrútenla!

El Fantasma de la Ópera.

5. Cantarás para mí.

Habían encontrado el cadáver de Danzô, colgado y enredado, meciéndose suavemente en las cuerdas del escenario que había manejado durante casi veinte años.

Si alguien se fijó en que los pantalones de monsieur Akamichi estaban mal abotonados, no lo consideró lo bastante importante como para mencionarlo.

Eran tan grandes la conmoción y el temor que impregnaban hasta el aire en el teatro, que nadie podía preocuparse de algo que no fuera el Fantasma de la Ópera.

- Pero eso es absurdo –protestó Ino-. Mirad cómo tiene las cuerdas enredadas al cuello. Habría sido imposible estrangular a alguien de ese modo. Seguro que ha sido un accidente.

- El fantasma lo asustó y lo hizo caer a una muerte segura –chilló una de las bailarinas.

Madame Yamanaka se giró hacia ella y la miró fijamente con sus azulados ojos.

Nadie, ni siquiera Chôji, habría reconocido en ella la desenfrenada mujer con los pechos al aire, moviéndose y gimiendo de placer y boquiabierta, de sólo un momento antes.

- No sabes lo que dices –habló Ino a la chica, severamente-. Será mejor que aprendas a callar, si no quieres acabar convirtiéndote en una de sus víctimas.

Una vez que llamaron a los ANBU y todos los demás abandonaron el escenario, los administradores se situaron a un lado, junto a los bastidores. Entonces monsieur Nara le enseñó a Chôji un papel dorado con su nombre escrito.

- He recibido esta carta –le dijo.

- ¡Yo también recibí una! Este fantasma de la Ópera exige que le paguemos veinticuatro mil ryûs – Y también dice que tenemos que poner a Sakura Haruno en el papel de la esposa de Sarutobi en el Valle del Fin de esta noche.

- Pero si ese papel es de Karin. Anoche no cantó porque la enfureció la caída del telón de fondo, pero seguro que se ha enterado del éxito de la señorita Haruno y querrá volver a recuperar el escenario –el tono de Chôji reflejaba que estaba enfermo de preocupación.

- Esta noche cantará Karin, por supuesto –repuso Shikamaru, rompiendo la carta en dos pedazos desiguales-. Madame Yamanaka tiene razón, lo más probable es que Danzô haya bebido y se haya caído desde la pasarela superior del teatro. ¿No te acuerdas de lo que Kakashi nos dijo de él? El fantasma no es más que un tonto que intenta asustarnos para que le paguemos –soltó el papel y lo observó caer al suelo-. Pues esto no le dará resultado en mi Teatro de la Ópera.

- ¿Y lo del palco cinco? El fantasma insiste en que esté reservado.

- El fantasma, como buen espectro que es, no necesita un palco para sentarse –replicó Shikamaru, desdeñoso-. Es un fantasma y puede volar sobre el escenario si quiere ver la obra. Venderemos esa localidad para la representación de esta noche.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Esa mañana, ya tarde, después de su magnífica actuación, Sakura estaba en su camerino. El montón de ramos de flores que le habían llevado esa noche estaban ordenados sobre una mesa pequeña y en el suelo a los lados.

Sobre su silla estaban dispuestos tres pesados vestidos: uno rosa, uno verde con hilos de seda entretejidos y uno rojo carmín. A esos vestidos no habría podido ni siquiera acercarse jamás si Karin no se hubiera marchado malhumorada del teatro.

Si no se hubiera asustado gracias a la caída del telón del fondo, la primma donna no hubiera sido ella la noche anterior, sino Karin. Seguiría compartiendo el camerino con otras chicas y tampoco tendría un espejo del suelo al techo sólo para ella.

no se hubiera caído el telón de fondo.

Ahogó una exclamación.

Él lo hizo. Él hizo caer la pesada lona al suelo, sabiendo que eso pondría histérica a Karin, seguro de que su reacción sería marcharse indignada, en el papel de diva, y negarse a cantar.

Karin supuso que intentarían aplacarla, la mimarían y rogarían para que cantara. No sabía que el ángel de la música tenía otros planes.

Se había enterado de la muerte de Danzô, y sintió un estremecimiento de miedo. Su ángel era un profesor estricto y exigente, pero jamás le había dado ningún motivo para tenerle miedo. No le inspiró aquel sentimiento ni siquiera cuando le habló por primera vez.

Ese día, ella estaba rezando en la pequeña capilla, situada debajo de la grandiosa escalera de piedra del teatro. La capilla era el único lugar donde se sentía cerca de su padre, aun cuando estaba enterrado en un camposanto cerca de Amegakure. Aunque ya habían pasado ocho años de su muerte, seguía sufriendo por su ausencia, pues echaba de menos su sonrisa distraída y sus ojos fijos en un punto remoto; echaba de menos ver sus dedos siempre moviéndose, siempre tocando algo en un violín invisible, incluso cuando la abrazaba o estaba sentado en su sillón leyendo o viajando en un coche.

Su padre la entretenía, y durante un tiempo a Itachi también, con historias sobre el ángel de la música. A todo músico, a todo artista de valía, lo visita un ángel –les decía-. Tal vez, de bebé, lo vea una sola vez, y después, al crecer, se convierta en un niño prodigio. O tal vez el ángel se presenta más de una vez para enseñar a las personas que tienen talento. Pero no me cabe duda de que si el ángel bendice a un músico con su presencia, será un éxito.

Entonces cogía su violín y tocaba melodías tiernas e inolvidables como La resurrección de Pain, tan bellamente que ella estaba segura de que lo había visitado un ángel.

Y cuando él murió, también lo hizo la música que sabía hacer ella.

Sólo la influencia del profesor Jiraiya hizo que la admitieran en el coro de la Academia Nacional de Música, ahí en el Teatro de la Ópera, cuando tenía doce años. Él insistió en que ella demostraba tener muchísimo talento para cantar, pero que la aflicción por la muerte de su padre lo había sofocado y que con el tiempo lo recuperaría si se lo nutría.

Pero pasados seis años en el coro, seguía siendo una sombra de la niña callada y melancólica cuya voz angelical recordaba el profesor Jiraiya.

Hasta aquel día en la capilla.

Ese día, como solía hacer, habló con su padre; conversó con él acerca de los recuerdos de su vida y viajes juntos; le recordó nuevamente la promesa que le hiciera de enviarle un ángel de la música cuando muriera, para encontrar una manera de expresar su aflicción por haberlo perdido; para reencontrar su música.

Y entonces oyó la voz.

Sakura.

Era dulce, exquisita, inolvidable, apenas audible. Miró hacia todos los lados de la pequeña y húmeda capilla, pero no vio a nadie. Arrodillada sobre una delgada alfombra, sintiendo la presión de la piedra del suelo en las rodillas, giró la cabeza escudriñándolo todo. Entonces volvió a oír la voz:

Sakura, yo soy tu ángel.

Entonces comprendió que su padre había cumplido su promesa.

De eso hacía seis meses. Volviendo al presente, después de muchísimas clases y arduo trabajo, a la mañana siguiente de su exitosa actuación de gala, pasó las yemas de los dedos por los aterciopelados pétalos de una rosa roja, pensando qué diría Itachi si lo supiera.

¿Debía contarle a Itachi lo del ángel de la música? ¿Le creería?

Entonces, de repente, en medio del silencio, sonó una dulce nota de violín y la voz:

- Sakura.

Tal como la primera vez.

- Ange.

Levantándose de un salto, fue a cerrar la puerta e inmediatamente corrió a situarse delante del alto espejo. Miró más allá de su imagen en el cristal, pero no vio nada.

- Volviste muy tarde anoche –dijo su exquisita voz-. No está bien que la nueva estrella de la ópera se prive de su descanso y su práctica a favor de obligaciones sociales.

Él estaba ahí, pero ella no lo veía. Sentía deslizarse su voz alrededor de ella, envolviéndola, abrazándola, y también su respiración, al mismo ritmo de la suya; sentía moverse el aire de su aliento en el cuarto. De esa manera lo sentía. Pero ansiaba verlo.

- Perdona, Ange –contestó-, no era mi intención enfadarte.

- Me enfadaré más si continúas yendo en compañía de hombres hasta altas horas de la madrugada.

La advertencia que detectó en su voz la asustó.

- Comprendo, Ange.

- Me llamo Sasuke.

- Sasuke, sí.

- Anoche te di placer, ¿verdad?

El mimoso timbre de su voz le erizó el vello de los brazos.

- Sí, An…, Sasuke.

Fue tanto el placer que soñó con él, dándose vueltas y retorciéndose entre las sábanas, y se despertó mojada y jadeante por el recuerdo. Le temblaron las manos al cerrarlas en la fina seda de su bata.

- Deseo darte placer así otra vez, y más, Sakura.

La voz le salió ronca.

- Yo también lo deseo –contestó ella, avanzando automáticamente hacia el espejo, como si fuera a encontrarlo ahí. Pero no, sólo vio su reflejo: los ojos agrandados, la cara pálida, los labios rosados, y la única nota de color, su largo pelo suelto cayéndole hasta las caderas. Colocó una mano en el fresco cristal como si quisiera tocarlo a él-. Ange, Sasuke, deseo verte, tocarte, acariciarte, darte placer también. Por favor.

Sólo le contestó el silencio. La quietud.

- ¿Ange? –llamó, aterrada, pensando si no lo habría ahuyentado. ¿Tal vez había sido demasiado atrevida?

Aguzó los oídos, con la esperanza de oír el sonido de su música, las hermosas notas de violín y flauta y, claro, su melodiosa voz, que le llenarían los oídos y todo su ser.

Silencio.

- ¿Ange? ¿Sasuke? –repitió.

Entonces volvió a sentirlo; lo sintió, sintió su presencia. Enérgico, fuerte, rodeándola con su presencia.

- Sakura –dijo él; se le cortó la voz en la última sílaba, pero al instante continuó, más tranquilo-: Cuando llegue el momento, seremos uno. Pero mientras tanto debes practicar la paciencia. Y debes trabajar mucho, y recordar que soy tu profesor, y quien puede hacer nacer tu música.

- Sí, ángel.

Era cierto. Sí que sabía cantar antes de que el ángel de la música entrara en la capilla y en su vida hace tres meses, pero con sus enseñanzas se había desarrollado, había florecido como una flor tardía abriendo sus pétalos bajo el intenso calor del verano.

- Ahora deseo oírte cantar el aria de la esposa de Sarutobi. Karin no la cantará esta noche. Lo harás tú.

Sakura hizo una inspiración profunda y sintió en los pechos la presión del corsé que se los levantaba y se los juntaba. Tenía duros los pezones, enterrándose en el delgado linón de la camisola que llevaba y empujando la firme estructura del corsé.

La música salió de ninguna y todas partes; inundó el elevado y estrecho camerino, le calentó los oídos y vibró por sus venas. Cuando comenzó a cantar, bajó la intensidad de la luz de las lámparas. Los contornos de su imagen en el espejo, su boca abierta, sus ojos brillantes, sus mejillas sonrosadas, se volvieron grises al disminuir la luz. Levantó los brazos, metidos en las mangas de la bata de seda blanca, moviéndolos como para ayudarse a expresar las notas, y esta se le deslizó hacia atrás por los hombros, dejándole desnudos los esbeltos brazos. Nuevamente se había convertido en la hermosa dama.

Cantaba con voz clara, fiel, fluida, mientras la música de Sasuke giraba a su alrededor y su presencia la llenaba; y entonces él se unió a ella. Su bella voz de tenor se mezcló, armónicamente, con la suya, soprano pura, y sintió como si echara a volar.

Elevándose.

Cerró los ojos, sintiendo la presencia de Sasuke y el regalo de la música que él había despertado dentro de ella. Entonces comprendió, en la parte más profunda de su ser, que jamás podría estar sin él.

No podía perderlo, jamás.

Porque él hacía salir lo mejor de ella. La instaba, la pinchaba, la fastidiaba y le exigía que sacara lo mejor de su música desde lo más profundo de su ser. En cierto modo, la conocía. En cierto modo, sabía inspirarla, estimularla, hacerla sentirse así. Exquisita, poderosa, embriagadora.

Se le acumularon las lágrimas en las comisuras de los ojos, calientes y abundantes, y luego las sintió bajar por las mejillas. Notó que le apretaba el corsé desde el vientre con cada inspiración y que luego se le aflojó al sostener el do agudo y largo, hasta que creyó que perdería el sentido; aun así, hizo otra honda respiración y al do le siguió un mi.

Cuando se apagó el sonido de la última de sus notas y sólo se oía su fuerte respiración y las últimas notas de la música, abrió los ojos.

El cuarto continuaba en penumbra; no oscuro, sino poco iluminado. En la pared que tenía al lado, brillaba una lámpara de gas, arrojando sólo luz suficiente para que se viera su figura en el espejo. En el resto de la estancia sólo había sombras, y se sentía un suave aroma a rosas.

- Sakura, me has complacido infinitamente.

- Gracias, ángel. Tú eres mi inspiración.

- Si cantas así esta noche vas a inspirar amor a todos los espectadores.

- Cantaré así, ángel, Sasuke.

Llevaba tanto tiempo pensando en él como en su ángel, que se le olvidaba llamarlo por su nombre.

- Ahora…-dijo él, y su voz sonó como un suave ronroneo-. Ahora deseo verte, Sakura. Toda entera. Para que cuando estés en el escenario y yo esté sentado en el palco cinco, te vea de una manera como nadie más puede verte. Y saber que cantas para mí.

Sus palabras le produjeron un fuerte ramalazo de deseo. Sintió bajar el hormigueo, la dolorosa espiral del deseo hasta el bajo vientre y luego a la entrepierna. Sólo con oír sus palabras, y por la imagen que él le ponía en mente.

- Venga, quítate la bata, Sakura.

Le temblaron las manos al desatar el lazo bajo los pechos, y dejó caer por los hombros la prenda de seda toda guarnecida con volantes, que quedó arrugada en el suelo. Se puso delante del espejo y se vio vestida con la delgada camisola ceñida a sus curvas por el corsé. No tenía los pies desnudos; llevaba las delgadas medias de seda, que le cubrían las piernas por encima de las rodillas y de la orilla de la camisola.

- Más, Sakura.

Se cogió los bordes superiores del corsé, y empujó hasta unirlos, torciéndolos hasta que se soltó la primera presilla. Sintió el roce de la tela del corsé sobre los pechos y el de sus dedos al moverlos para desabrocharlo, y los pechos se le hincharon, ansiosos de más libertad.

Soltó las presillas, una a una, y pudo respirar mejor, con más libertad. El corsé cayó a sus pies con un suave ruido. Se quedó con la camisola que tenía un amplio escote redondeado; la tela era tan delgada que se le veían sobresalir los pezones. El pelo le caía la mitad sobre un hombro y la otra mitad por la espalda, por lo que vio asomar las puntas medio rizadas a la altura de la cadera. Tenía las mejillas sonrojadas y los labios rosados, entreabiertos y mojados, pues se acababa de pasar la lengua por ellos.

- Sakura…

Su voz sonó mimosa, pero ella detectó cierta dureza, que quedó suspendida, pero lista para fustigar si ella no obedecía. Se cogió la orilla de la camisola y lentamente la subió y se la sacó por la cabeza. Y quedó libre.

Alta, esbelta, blanca, con una macha oscura en la entrepierna, y una más oscura y pequeña en cada pecho, unas sombras en curva debajo, y una mata de pelo ondulado cayendo en cascada detrás de los hombros, meciéndose alrededor de sus caderas.

Lo sintió respirar y notó que ella tenía la respiración más rápida y agitada. Pero continuó allí, desnuda, dispuesta.

Dispuesta para él.

- Acércate al espejo.

Se le desbocó el corazón; vio cómo le latía fuerte la vena de la garganta. Con los ojos fijos en la prueba de su pulso acelerado, caminó lentamente hacia el espejo, y cuando estuvo tan cerca que su aliento dejó círculos de vapor en el vidrio, se detuvo.

- Más cerca –murmuró la voz de él, suave como terciopelo, pero apremiante, instándola.

Se acercó más.

Se agrandaron los círculos de vapor. Le crujieron levemente los dedos al apoyarlos extendidos sobre la lisa y dura superficie. Sus pezones sólo rozaban el espejo, frío como el lago de Amegakure en enero, como el hielo. Las puntas de los dedos de los pies tocaron la parte de debajo del grueso y ornamentado marco.

Se le endurecieron más los pezones, y el contraste entre el calor del resto del cuerpo y el frío que sentía en los pechos, le hizo pasar otra espiral de deseo por todo el cuerpo. Se movió, frotando los pezones en el frío cristal, y se pusieron aún más duros, más puntiagudos. Deseosos.

- Más cerca.

La orden apenas fue un susurro.

Ella adelantó el cuerpo, apretándose al frío espejo como si estuviera acostada sobre él, con la cabeza girada hacia un lado. El frío le iba a resultar insoportable al tener toda la cálida piel prácticamente estampada contra el helado cristal plateado; pero lo hizo, resollando y concentrándose en aquella sensación, opuesta al calor del deseo. Sintió en todo el cuerpo la carne de gallina y tuvo que cerrar fuertemente la boca para no chillar del frío que sentía. Era increíble que esa superficie tan lisa y brillante pudiera causar tanta molestia, tanta conmoción.

Apoyó la mejilla en el cristal, bien pegada, por lo que sus ojos no veían la imagen que ofrecía.

Sus pechos presionaron el frío espejo, y dos círculos de hielo se filtraron en sus duros y ansiosos pezones.

Arqueó las caderas y el hueso púbico se aplastó contra el cristal plateado.

A eso le siguieron los muslos, y luego las rodillas, ligeramente flexionadas, para continuar presionando el cuerpo contra el espejo.

Y luego la tierna y sensible piel de la parte interior de los brazos, cada uno doblado en ele a los lados de la cabeza.

- ¿Cómo lo sientes, Sakura?

Ella no logró articular las palabras, pero sí sentía. Sentía el caliente centro del vientre y el líquido que se le iba acumulando en la entrepierna; sentía la tortura de sus pezones duros apretados contra el espejo, todavía tan frío.

- Ahora estira los brazos; coge los bordes del marco.

Ella deslizó las palmas de las manos mojadas por el helado cristal plateado, dejando una estela, con lo que los pechos se le aplastaron más a él; le costó alcanzar los bordes del marco, pero finalmente cerró los dedos sobre los salientes de una rosa a la izquierda y algo que no logró identificar a la derecha. Al doblar los dedos en los bordes del marco, sintió relajarse los músculos de los brazos; sintió el placer de tenerlos estirados.

Y entonces, algo se cerró alrededor de su muñeca derecha, dejándola fijada al marco desde la parte de atrás del espejo. No alcanzó a reaccionar antes de que le quedara paralizada la muñeca izquierda. Estaba atrapada, atada a los bordes del marco del espejo.

Soltó el aliento en un resoplido, en una exclamación ahogada, y con la cara pegada al espejo giró la cabeza hacia el otro lado, como si creyera que vería un atisbo de… de algo. La mejilla, la nariz y la boca, las pestañas, y la otra mejilla, atraparon un mechón de pelo, presionándolo contra el helado cristal.

- ¿Cómo te sientes, Sakura?

El sexo el vibraba; sus pezones estaban sufriendo; tenía la respiración agitada, tan rápida que el vapor de su aliento dejaba un círculo húmedo en el cristal. Se pasó la lengua por los labios e intentó tragar saliva. En lo único que lograba pensar era en la sensación que el frío y liso espejo provocaba en su piel.

- Ange –resolló.

- Sasuke. Me llamo Sasuke.

- Sasuke. Por favor, Sasuke…

Así, apretada contra el cristal, no veía nada que no estuviera delante de su cara, sólo la pared, a unos sesenta o tal vez noventa centímetros de distancia, una lámpara de gas y la esquina de una mesita.

Entonces oyó algo y se le aceleró más la respiración; le salía entrecortada, en resuellos, porque sabía que él estaba ahí, en el cuarto con ella. Lo estaba.

Intentó apartar el cuerpo del espejo, pero tenía los brazos tan estirados que sólo pudo mover la cabeza de un lado a otro. Al intentar levantarla, el pubis presionó el espejo, aplastando el rizado vello. No podía apartar la cabeza lo bastante para ver algo, aparte de una pequeña distancia a la derecha o a la izquierda.

No estaba asustada pero sí… consciente. Absoluta y dolorosamente consciente de cada pelo y vello de su cuerpo, de cada músculo, de cada latido del corazón, de cada respiración, de la creciente excitación, del deseo y de la necesidad.

Cuando él la tocó pegó un salto y se golpeó las caderas contra el espejo, sin poder evitarlo. La mano… no, un dedo, sólo un dedo, bajó por su columna, mientras la otra mano le apartaba el pelo, sin tocarle la piel, dejándole la espalda desnuda.

Un dedo desnudo, sin guante.

Piel con piel. La yema del dedo, cálida y áspera, firme y segura, bajó hasta la curva de sus nalgas, se deslizó rápidamente por el inicio de la hendidura, y se retiró.

Dos manos le cogieron la mata de pelo y se la levantaron; sintió los movimientos de sus manos, recogiéndole y enrollándole el cabello en un moño flojo; entonces introdujo algo para afirmárselo; sintió el roce de una peineta o algo así en el cuero cabelludo. Terminada la operación, él retiró las manos. Le había dejado desnudos la nuca, los hombros y la espalda.

Cerró los ojos, esperando, intentando hacer más lenta la respiración, para calmar la excitación, que sentía tan fuerte que le dolía. Entonces sintió sus manos en la parte de atrás de la pierna izquierda; le estaba enrollando diestramente la media, bajándosela por el muslo, luego por la rodilla y más abajo. Sin vacilar ella levantó el pie, y cuando él terminó de sacarla, sintió la áspera lana de la alfombra en la planta. Él repitió la operación con la otra media, y entonces ella se quedó totalmente desnuda.

- Sasuke –gimió; no sabía qué otra cosa hacer; él ya no la estaba tocando; no le hablaba-. Por favor…

Más que ver, sintió su sombra cuando él se acercó más; su cuerpo bloqueaba la luz de la lámpara de gas, por lo que lo único que pudo ver en el espejo, al estar tan cerca, fue la oscura forma de una cabeza y los hombros anchos detrás de ella.

Entonces él colocó una mano en el centro de su espalda, justo entre los omóplatos. Deslizando la mano hacia arriba la cerró suavemente en su nuca y con mayor delicadeza le sostuvo la cabeza mientras bajaba la otra mano por su costado derecho; le palpó las costillas, luego la bajó por la curva de la cadera y la ahuecó en la nalga.

Sólo fue eso, nada más que el contacto de su mano desnuda, y ella ya estaba temblando. Le aumentó el hormigueo en la entrepierna y sintió salir el líquido de excitación, mientras se movía y se apretaba contra el espejo.

- Separa las piernas.

Le introdujo una mano por la entrepierna, por atrás, y deslizó los dedos por entre los labios de la vulva, hacia delante y luego por el pozo de líquido. Afirmando el pulgar en la hendidura entre sus nalgas, comenzó a deslizar los dedos de aquí allá por entre los labios de la vulva, moviéndolos en círculo alrededor de la abertura mojada de la vagina y luego extendiendo el líquido por encima de los dilatados labios.

A pesar del rugido que sentía en los oídos, escuchaba su respiración agitada. Sintió temblar y flexionar sobre su piel la hábil mano que le tenía aprisionado con tanta suavidad el cuello. Pero la mayor parte de su atención se concentró en su duro y vibrante clítoris cuando él deslizó los dedos por el contorno, por los lados y finalmente se lo aprisionó y se lo movió, rápido. Una vez, dos veces. Gimiendo empujó el trasero hacia atrás, alejándose del espejo, hacia su mano.

- Sakura… -musitó él, con voz temblorosa.

Entonces ya estaba cerca, detrás de ella, con la frente apoyada en el espejo, al lado de la suya, de forma que no pudiera girar la cabeza para mirarlo. Sentía el suave roce de su manga en el hombro izquierdo, y abajo, cerca de la rodilla, el de sus pantalones que le tocaban la parte de atrás de la pierna. Él volvió a cambiar de posición y ella quedó atrapada entre su alto y potente cuerpo y el frío y duro cristal del espejo.

Él deslizó las manos por sus brazos estirados y las cerró en sus muñecas; sus piernas quedaron presionándole las suyas y sus caderas y el duro bulto de su miembro excitado aplastado contra su espalda a la altura de la cintura, estampándole en la piel los botones que le cerraban los pantalones.

Entonces él le soltó las muñecas, bajó las manos por sus brazos en una suave caricia, continuó por detrás de los hombros, las pasó por las axilas y las deslizó por los costados de sus pechos. Ella se arqueó hacia atrás, todo lo que le permitieron los brazos estirados, y él se rió suavemente con la boca en un lado de su cabeza, echándole el cálido aliento en la sien.

- Impaciente, ¿eh, Sakura?

Pero le deslizó las manos por delante y las cerró sobre sus pezones, todavía fríos al haber estado en contacto con el cristal, y se los cubrió con sus cálidas palmas. Con el cuerpo le empujó las caderas hacia el espejo y le friccionó los pechos con sus dedos largos y flexibles. Gimiendo, ella movió el pubis contra el cristal y él siguió su ritmo, apretándose y moviéndose con ella. Estaba temblando y palpitando toda entera, todo su ser concentrado en la excitación y necesidad que le despertaba él.

Intentó girar la cabeza para poner la cara junto a la suya, pero él siseó y apartó la cabeza del espejo antes de que ella pudiera quedar de cara a él.

- Eres impaciente, ¿eh?

Nuevamente ella detectó ese filo en su erótica voz, ese filo que le decía que no estaba complacido con su impaciencia. Volvió a ladear la cabeza hacia el espejo, apoyó la mejilla en el lugar húmedo que había dejado con el aliento, y cerró los ojos.

- Por favor, Sasuke –susurró.

Él le apretó y tironeó los pezones, uno después del otro, a un ritmo rápido, tortuoso, que le agitó más la respiración, haciéndola jadear. Tenía la impresión de que se estaba agrandando, hinchando y que no soportaría más sin explotar.

Entonces él bajó las manos, le cogió las caderas y se las sujetó firmemente apretadas al espejo. Ella se quedó sin poder moverse de cintura para abajo y apenas de cintura para arriba.

Él apartó el cuerpo y sólo sus manos siguieron tocándola, apretándole el pubis y las caderas contra el espejo.

Entonces ella sintió su boca en el hombro, cálida, mojada, deslizándose por la piel; no eran besos suaves, ligeros como una pluma. Le succionaba, mordisqueaba, le enterraba los dientes y la lamía, sin dejar de sujetarle las caderas, para que ella no pudiera escabullirse, hasta que estuvo toda estremecida de deseo.

Succionándole y lamiéndole la piel, bajó la delicada punta de la lengua a lo largo de su columna. Lo sintió arrodillarse y se preparó al sentir su lengua deslizándose por la hendidura entre las nalgas, haciéndola estremecerse, retorcerse, medio sollozar y boquear para recuperar el aliento.

Vamos, por favor… Sólo podía pensar en eso. Ni siquiera podía articular las palabras. El clítoris le vibraba tan fuerte que le dolía; sentía bajar un hilillo de líquido por la parte interior del muslo. Y entonces su lengua se situó allí, lamiéndoselo y volviendo hasta su mojada vagina, y pensó que gritaría.

Él le apartó más las piernas y le levantó las caderas, apartándoselas del espejo, de modo que ella quedó medio doblada, medio colgando de las muñecas; su cara, hombros, pechos y brazos empujaban en contra, como para enderezarla. Lo sintió acercarse más, y de repente su lengua se situó justo donde la necesitaba.

Se le escapó un suave gemido, moviéndose sin poder controlarse contra el espejo mientras él la pasaba por el duro montículo del excitado clítoris, más rápido, más rápido, de lado a lado, hasta que a ella se le desmadró totalmente el cuerpo, sacudido y estremecido por el placer.

Tenía la boca abierta y apoyada contra el espejo, silenciando sus gritos en su plateada superficie mientras a un orgasmo le seguía otro y otro, y finalmente se le desmadejó el cuerpo mojado y caliente deslizándose por el espejo y dejando caóticas marcas.

- Ahora recordarás esto cuando cantes esta noche, ¿verdad, Sakura? –le dijo Sasuke al oído. Su voz sonó áspera, en resuello, forzada-. Yo estaré mirándote desde el palco cinco, y recuerda, cantarás para mí. Y sólo para mí. Ningún otro puede darte lo que yo te doy.

Y entonces, ya no estaba.

Un instante después, se soltó lo que le sujetaba las muñecas por detrás del espejo y ella cayó al suelo, justo encima de la bata de seda y el corsé de tiesas ballenas.