Hola a todos! Muahahaha he vuelto con otro capítulo del fantasma! Bueno, hoy vais a gozar de otro lemon (cortesía de la autora, que no soy yo, recuerden, sólo la estoy adaptando xD) en el cual, Karin y Suigetsu salen muy ardientes xD…

Bueno, lo de siempre!

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene lemon (tipo sadomasoquismo... xD), y palabras vulgares y subidas de tono. Así mismo, tanto los personajes como la historia no me perteneces, sino a sus respectivos dibujantes y autores, yo sólo he hecho una adaptación que me pareció buena idea xD…

Esto es un UA, y, por supuesto, no saldrán ninjas xD…

Y bueno, el ch. se centra en karin, que la tenía olvidada xD… pero en el siguiente capítulo aparecerán Itachi, Sasuke y Sakura, y claro está, habrá amor (en cada ch, en el que salen sasuke y Sakura hay amor, lo que pasa que de una forma sutil, ya que la atracción física y el misterio los vuelve locos a los dos xD…)

Eso de que el Fantasma no tenga sentimientos es MENTIRA! Sasuke ama por sobre todas las cosas a la pelirrosa… muahaha… dentro de dos o tres capítulos veremos un auténtico lemon de estos dos, mezclado con celos y amor… os voy a dejar boquiabiertos! Muahahaha xD… au! Pasaremos a los comentarios ^-^…

Milfy-chaan: Bueh... ojalá como tu dices los pueda levantar xD... hehehe me alegro de que se te acaben los adjetivos xD... ese era mi mayor propósito xD... a veces me sonrojo de tan sólo leerlos o/o... xD... bueno... aquí traigo la continuación... aunque no es de Sasuke y sakura, también hay que centrarse en los personajes secundarios... mis queridos mios... no os olvido xD... la verdad es que Karin no me cae para nada mal... en algunos fics me dan ganas de retorcerle el pescuezo a esa tiparraja xD... pero si lo piensas... acabas pillándole cariño xD... espero que a ti te vayas bien los exámeneees ;)... y suerte con tu ch. :)... sabes que lo espero ansiosaaa :D! Cuidate mucho y gracias por pasarte a leer y a comentar! Ja Ne :)!

Ornella-chaan: Muchas gracias por lo de la descripción... ehehe... suele costar pero está bien ^^... Buf... sasuke es un macho que desprende sensualidad, derritiendo hasta los polos de hielo xD... Madre... si yo fuera Sakura, ya me había lanzado como tigresa a su cuello... sin importar la máscara... ayyy omah qué rico xD... hehehe... espero que nos veamos pronto en tu prox. ch. :)... está muy emocionante y ya lo quiero leer... creo que he de leer un montón de capítulos xD... Cuidate mucho! Ja Ne ;)!

Mutación: (directamente te pondré así vale :)?..) Loo siento mucho, es que en los reviews ponía "Evolucin"... y me pensaba que era así... ya... poco sentido tiene xD... pero bueno... hay nicks peores xD... (Como el mío xDDDDD)... muchas gracias por seguir leyendo... a veces, la gente escribe sobre historias ya conocidas, y que acaban igual... pero igualmente me gusta leerlas... no se... pero eso no viene a cuento xDDD... espero que el final te resulte satisfactorio... pero aún quedan demasiados ch. para eso... así que sólo espero que sigas leyendo y comentando ^^... Intentaré complaceros a todos (Adoptando saludo militar u.u _\ ...) ...Cuidate mucho! Ja Ne :)!

Sakmiru: Ohayoooo! hehehe... gracias por aclararme lo de "no maches"... es que soy inculta... lo siento ... hehehe me alegro mucho de que sigas leyendo :D... y espero que la recomendación del libro de Lerroux te guste cuando lo leas (personalmente, me encantó, pero qué trágico todo T.T...)... Bueno, ojalá sigas leyendo y comentando :)... aunque seguiré subiendo ch. igual... no os dejaré con las ganas nunca! hehehehe... Cuidate mucho vale? Ja Ne :)!

Y sin más dilación, daremos comienzo a esta historia de amor, pasión y celos en extremo... para todos aquellos fans que soñaron con que Christine se quedaría con el Fantasma :)...

El Fantasma de la Ópera.

6. Dominante y dominado.

Karin lanzó un chillido y rompió en dos largas tiras un papel que contenía una nota supuestamente enviada por el fantasma de la Ópera.

- ¡Imposible! ¡No puede!

En su bien estudiada postura, en esa cama llena de almohadones, Suigetsu levantó la vista.

- ¿Qué pasa, cariño?

Ella echó una mirada a sus lustrosos y protuberantes músculos, dispuestos tal como a ella le gustaban, de un tono oliváceo y perfectos sobre la ropa de cama de color claro. Su miembro, rodeado de vello claro, la tentó, igual que su boca de belleza clásica.

Pero entonces recordó la carta firmada con las iniciales F.O., aunque lo más seguro era que la hubiera escrito un amigo de la señorita Sakura Haruno.

- ¡Imbécil! –exclamó mirándolo a los ojos. La sonrisa del hombre se ensanchó, dejando entrever unos dientes afilados y relucientes-. ¡El muy canalla piensa impedirme cantar! Dice que si canto esta noche ocurrirá una horrible catástrofe.

- Pero ¿quién puede querer que no cante la gran Karin? –preguntó Suigetsu, pasándose hábilmente una mano por su abundante pelo blanco, sin ser canoso, y arreglando sus deliciosos labios en un mohín-. Es un tonto, no vale tu tiempo, querida. Ven aquí, déjame que te distraiga de esa tontería.

- ¡El fantasma de la Ópera! –exclamó ella-. No quiere que cante Karin. Desea que su alumna, Sakura Haruno, ocupe mi lugar en el escenario.

Se le oprimió el pecho. No debería haberse negado a cantar la noche pasada. Los diarios llenaban páginas con las alabanzas a esa lagarta, cuyo frescor los había sorprendido y encantado. La exaltación de una voz y el éxtasis de un alma pura, decía la entusiasta reseña de Konoha Nacional, que sólo hacía unos días había cantado alabanzas de su voz de soprano tan pura que era capaz de romper cristales.

Sólo tenía veintisiete años; era muy joven aún para ser reemplazada por esa insignificante muchacha.

- ¿El fantasma de la Ópera?

Suigetsu estaba perplejo. Aunque eso no era raro. Poseía músculos y vitalidad en abundancia, pero al parecer lo que tenía entre las piernas le chupaba todos los pensamientos del cerebro. Claro que a ella no le importaba mucho la inteligencia de un joven guapo como Suigetsu. Contaba con su dinero y su propia inteligencia, y encontraba que necesitaba muy poco de él o de otros de su especie aparte de una enérgica ejecución, según sus órdenes. Y él estaba muy bien dispuesto a hacer eso.

- ¡Ese maldito fantasma!

- Pero es que los fantasmas no existen, querida. Y tú no aceptas órdenes de nadie a no ser de los administradores, ¿verdad?

- No. Eso es cierto.

Tal vez se estaba volviendo demasiado susceptible. Los señores Nara y Akamichi no le habían dicho nada acerca de no cantar. Esa infame nota tuvo que escribirla la muchacha o alguno de sus partidarios.

- Vamos, cariño, por favor, te vas a enfermar. –Suigetsu dio unas palmaditas sobre una almohada de satén rojo, agitando su borla-. Ven aquí y deja que yo te alivie las preocupaciones.

Karin lo miró, pensativa.

Él volvió a acomodarse de espaldas en la cama y se colocó las manos detrás de la cabeza. Los abultados músculos llenaban el triángulo que formaban sus brazos, y sus pectorales duros como una piedra brillaban lisos y oliváceos a la luz del sol que entraba por la ventana.

Ella le sonrió coquetona y avanzó hacia la cama, dejando caer al suelo las tiras de papel.

Qué contenta estaba de haber salido de las ávidas manos de monsieur Orochimaru, su primer protector, en esa fase de su carrera, en que no necesitaba sacrificar nada por dinero y podía elegir ella, en la cama y en otras cosas. Su actual situación tenía que agradecerla a Ino Yamanaka y a su propio talento y trabajo arduo. No iba a permitir que una mocosa o un fantasma de la Ópera se la arrebataran.

Le habían dicho (porque tenía espías en el teatro) que los hermanos Uchiha habían cenado con aquella lagarta esa noche. Si Sakura Haruno contaba con el importante respaldo del conde y de su hermano, eso no era nada bueno para ella. Pero su espía le dijo que era el menor, el vizconde, el que parecía más atraído por la usurpadora.

Y el conde, que no hacía mucho había roto su relación con Hinata, bien podría andar buscando una sustituta.

Muy conveniente. Se le curvaron los labios en una sonrisa.

Entonces volvió la atención al asunto que tenía entre manos.

- No debes moverte –dijo a Suigetsu, con aspereza.

Ella se inclinó y le pasó la yema de un dedo por el vientre lampiño, bajándola desde la curva de su caja torácica, y hundiéndola sobre la cima de cada músculo abdominal, uno, dos, tres. Él se estremeció con el contacto, pero no se movió.

Pero el miembro sí se movió; vibró y se agrandó.

- Te dije que no te movieras –volvió a decir suavemente, y se la golpeó con la palma.

Él gruñó y se le agrandó aún más. Karin sintió sus ojos fijos en ella cuando se inclinó a coger la punta con su boca. Se la rodeó con los labios y deslizó la lengua por la aterciopelada piel; después retiró la boca y levantó la cabeza para mirarlo.

Él no se había movido, pero se le habían oscurecido los ojos, y los tenía fijos en su boca. Su hermoso pecho se elevaba y bajaba algo más rápido. A ella degustaba más cuando estaba cubierto por gotitas de sudor, cuando tenía que esforzarse por dominarse.

Se desató el cinturón de la bata, se la quitó, la dejó caer al suelo y se irguió ante él para que la contemplara todo lo que quisiera. Tenía unos pechos generosos que estaban firmes, unas caderas redondeadas y voluptuosas, y la cintura hacía unas pronunciadas entradas, lo que le daba la forma similar a un reloj de arena. No tenía vello púbico que se le enredara en la vagina, por lo que la piel ahí era tersa y blanca.

- Ahora veremos lo bien que me distraes –dijo, en tono tranquilo.

Se subió a la cama, por la parte de los pies y gateó hasta quedar sentada a horcajadas sobre sus macizos muslos, con el trasero desnudo apoyado en sus rodillas. Abrió bien las piernas para que él tuviera una clara visión de su sexo y entonces se incorporó hasta quedar de rodillas.

Se cogió los pechos y comenzó el juego de excitarse. Se tironeó y pellizcó los pezones mientras miraba a Suigetsu fijamente, al igual que este a ella. Un rayo de placer bajó trotando desde la punta de sus senos hasta el bajo vientre.

Él no se movía, pero los movimientos de su pecho indicaban que su respiración era más rápida; y se le entrecerraron un poco más los ojos. Cuando deslizó la mano hacia abajo hasta cubrirse el pubis y la entrepierna, él siguió el movimiento con los ojos. Estaba mojada, así que introdujo los dedos por entre los labios de la vulva, bañándolos en el líquido, y luego se los pasó por los pezones, mojándolos. La sensación que le producían las yemas de los dedos girando por los duros montículos en punta le hizo vibrar el clítoris e hizo salir más flujo de la vagina.

Cuando tenía las aréolas duras y brillantes con su líquido, avanzó el cuerpo y deslizó la vulva empapada por el miembro, presionando y mojándoselo, y notó cómo se le humedecía la hendidura entre las nalgas al acercarse a la cabeza del pene.

- Pruébalo –ordenó, acercando un pezón mojado a su boca.

Sintió la sacudida de su cuerpo cuando él reaccionó, pero Suigetsu se apresuró a dominar el deseo de retirar las manos de detrás de la cabeza para tocarla.

Cuando él cerró la boca sobre toda la aréola, ella cerró los ojos y empujó más el pecho hacia el chico. El placer le bajaba hasta el vientre cada vez que la chupaba con los labios; comenzó a mover las caderas, frotándole la piel de su sólido vientre plano con los jugosos labios de la vulva. Se le hincharon y ardieron de excitación, y cuando él le soltó el pezón para lamérselo, deslizando la lengua por la parte más sensible, le salió otro chorro de líquido.

- Más fuerte, chúpame más fuerte –ordenó.

Entonces, al sentir sus dientes alrededor del pezón, se apretó más sobre su vientre y movió más rápido las caderas.

Él comenzó a succionar, y ella vio cómo se le hinchaban los tendones del cuello del esfuerzo por no sacar las manos de detrás de la cabeza, y observó cómo se le movían las mandíbulas al chupar y lamer, hasta que finalmente se introdujo toda la parte que pudo del pecho en la boca. Dentro de esa mojada caverna, el pezón se le endureció aún más, mientras él giraba la lengua, ese grueso y fuerte músculo, deslizándola por arriba, por los lados y por debajo de su botoncito en punta.

En ese momento, se metió la mano por la entrepierna, encontró el núcleo de su sexo, y lo frotó con la yema de un dedo, sin dejar de mecerse. Él continuó succionándole el pecho y ella se fue acercando al final. El orgasmo pasó vibrando por toda ella; gimiendo mantuvo fuerte el ritmo del dedo hasta que la última oleada de placer pasó estremecedor por todos sus nervios.

Suigetsu le soltó el pezón y apartó la cara; estaba jadeante. Tenía los ojos violetas oscurecidos y desenfocados y la boca abierta, introduciéndose aire en círculos. Pero sus manos continuaban detrás de su cabeza.

- Muuy bien –ronroneó, inclinándose para besarlo.

Colocó una mano a cada lado de su cabeza, apoyadas en sus musculosos antebrazos. Sus manos se veían pequeñas y blancas, rodeándole a penas la mitad del contorno de sus oliváceos músculos.

Posó los labios sobre los suyos. Saboreó el aroma almizclado de ella en él, e introdujo la lengua en su boca para coger cada gotita. Él comenzó a corresponderle el beso, moviendo los labios sobre los suyos, pero ella apartó la cara.

- No te he dado permiso –le dijo, severamente, volviendo a sentarse, apoyando el sexo caliente en su vientre-. Tendré que castigarte concienzudamente.

A él le llamearon los ojos, y se le dilataron y oscurecieron más las pupilas; ella pensó que le iba a suplicar. Pero no lo hizo, porque no tenía permiso para hablar.

- Bien, muuy bien –le dijo, reconociendo su autodominio-. Ahora me vas a comer.

Se deslizó por su musculoso cuerpo, se tomó un momento para chuparle, fuerte, la tetilla plana, y luego se acomodó con las piernas bien abiertas encima de su cara. Cogiéndose de la ornamentada cabecera de hierro se posicionó de manera que quedara justo encima de su boca, pero a una distancia que lo obligara a levantar la cabeza para llegar a ella.

El primer lametón de su cálida lengua le hizo pasar una oleada de renovado deseo por todo el cuerpo; él subía la lengua por un grueso labio y la bajaba por el otro. Su lengua plana, ancha y mojada, hacía un delicioso sonido al acabar con uno y comenzar con el otro.

Ahogando un gemido, echó hacia atrás la cabeza, con los pechos aplastados en las frías volutas de hierro. Volvía a tener duros los pezones, le dolían de placer, y comenzaron a temblarle las rodillas.

Suigetsu deslizaba la lengua por las hendiduras entre los labios exteriores e interiores de la vulva, subiendo y bajando, una y otra vez. No le había tocado el clítoris ni introducido la lengua en la vagina. Simplemente le frotaba y atormentaba los labios lampiños, haciéndole mover nuevamente las caderas.

- ¡Cómeme! –le ordenó, y sintió el temblor de sus rodillas y muslos por el esfuerzo que tenía que hacer para no soltarse y dejarse caer sentada sobre esa deliciosa boca.

Lo haría trabajar por su placer; suplicarle.

Pero él todavía no suplicaba; le estaba mordisqueando los labios de la vulva, sin hacer caso a su clítoris; se limitaba a mordisquear suavemente con sus duros dientes. Atormentándola.

Entonces él retiró la lengua del labio externo y la pasó por la piel delicadamente arrugada entre este y el interior del muslo, arriba y abajo por la sensible y temblorosa piel de la ingle, y luego deslizó los labios para succionarle la parte inferior de un hinchado labio, justo en el pliegue. Ella estaba chorreando y sentía correr sus jugos por el muslo; oía los eróticos sonidos de los lametones.

- ¡Cómeme! –le ordenó otra vez, con la voz ronca.

Y entonces, sin aviso, Suigetsu levantó la cabeza y cerró la boca alrededor de su duro y dilatado clítoris, y chupó, introduciéndose el botoncito en la boca y tironeándolo como si quisiera tragárselo.

El placer más intenso y más agudo pasó por toda ella en arco, como ondas expansivas de la explosión del centro de su cuerpo. Gritó y se corrió, estremeciéndose tanto que perdió la batalla contra sus músculos y cayó sentada sobre la boca de él, que continuaba trabajando con la lengua y los labios, y se desplomó hacia delante, en medio de sacudidas, estremecimientos y sudor.

Cuando se apartó, cayendo en la cama a un lado de él, se dio cuenta de los movimientos de su pecho, le subía y bajaba muy rápido, como si hubiera echado una carrera. Y vio que seguía con las manos detrás de la cabeza.

- Muy bien –dijo, alargando la mano hacia la columna de su verga.

Estaba morada y gruesa, y daba la impresión de que la vena que discurría por ella estaba a punto de explotar. Cuando cerró la mano alrededor, él se estremeció, con los ojos fijos en su mano, como si quisiera ordenarle que la moviera: arriba, abajo, arriba, abajo.

No la movió, como era lógico. Se la sostuvo con la mano quieta, apenas tocándosela, no apretándola como él deseaba.

- ¿Deseas decir algo? –le preguntó.

- Puede correrme, ¿por favor?

Ella no contestó; movió la mano en una delicada caricia, que le hizo pasar ondulantes temblores por el vientre. Él cerró los ojos y dejó la cabeza en la cama.

- Por favor…

Ella aumentó la presión de la mano. Era un cálido terciopelo, y deseó sentirla dentro de ella. Se estaba despertando su sexo otra vez, aun después de ese intenso orgasmo. Se le tensaron los pechos; se le llenó de saliva la boca.

Bajó y subió la mano dos veces, rápido y fuerte, y se la soltó al notar que él estaba a punto de eyacular.

- No, no puedes.

Entonces se montó sobre él a horcajadas y deslizó su miembro por la mojada hendidura entre los labios interiores de la vulva, y abrió la boca en un silencioso gemido de placer. Se posicionó y se meció una vez, para introducírsela a todo lo largo, y lo miró.

Él estaba mirando el techo, con los ojos fijos en un punto, como si contuviera un fabuloso secreto de inmortalidad. Su hermosa cara estaba seria, inmóvil, y las ventanillas de la nariz se le movían como para inspirar una gran cantidad de aire; la vena del cuello le latía como loca, y vio que…

- No te he dado permiso para mover la mano.

Suigetsu hizo una sonora inspiración y cerró los ojos. Volvió a poner la mano detrás de la cabeza, que era donde le correspondía estar. Movió los labios; ella pensó que tal vez lo hizo para formas las palabras por favor.

- Abre los ojos. Mírame. Si apartas los ojos de mí, tu castigo no tendrá límites.

Obediente, él abrió los ojos y ella movió las caderas, adrede. Vio que se le agitaban los párpados y retenía el aliento, pero no desvió la mirada. No puso los ojos en blanco, tampoco, como estaba segura que deseaba hacer.

- Muuy bien –ronroneó.

Volvió a mover las caderas, más fuerte y apretó la vagina alrededor de su miembro. Esta vez a él se le movieron los labios involuntariamente y dejó de respirar, con el pecho llano. Pasado un momento, continuó respirando.

Se cogió los pechos y comenzó a pellizcarse y tironearse los duros pezones, sintiendo bajar esas deliciosas sensaciones hasta su sexo. Se lamió los labios y observó encantada cómo él la imitaba.

Entonces comenzó a subir y a bajar por su verga, una y otra vez, observando los esfuerzos que hacía él para continuar sereno, y se felicitó por tener un alumno tan excelente como Suigetsu. Qué hallazgo el suyo, ese hombre lujurioso, poco más que un niño, dispuesto a dejarse modelar y enseñar…, y torturar. ¿Sería tan dócil y complaciente el conde Uchiha?

Le parecía que no.

Se meció, no subiendo y bajando, sino hacia atrás y hacia delante, de modo que el glande le frotara ese lugar especial de la vagina y le presionara el clítoris. Ya tenía la respiración agitada y oyó la de él pareja. Cerró los ojos.

Los abrió y encantada vio que él seguía mirándola, con una expresión de desesperación en los ojos. Tenía la boca abierta y los brazos tensos, con los músculos hinchados.

Reanudó los movimientos arriba y abajo. Él resolló, se estremeció y suplicó:

- Déjame follarte, por favor, por favor. Déjame fo-llar-te.

- No. ¡No!

Se movió más rápido, observándole la cara, calculando por su expresión el momento en que se correría; paró a tiempo. Sintió su enorme miembro dentro y la bella vibración de su clítoris presionándosela.

Sonrió. Él gimió. Ella se pellizco un pezón. Él observó.

Se inclinó a ofrecerle uno y Suigetsu se lo chupó como si estuviera muerto de hambre. Le dolió, y el dolor le hizo bajar una honda necesidad hasta el sexo. Se apartó y los labios de él hicieron un sonoro plop.

- Suigetsu –dijo, dulcemente.

A él le llevó un momento desviar la vista de sus pechos para mirarla a los ojos. Al parecer no tenía energía para hablar.

- ¿Qué deseas? –le preguntó.

Suigetsu hizo una profunda inspiración y exhaló lentamente la palabra:

- Fo…llar…te.

- Dilo, dilo más fuerte –mimó Karin, arqueándose hacia atrás para apoyar las manos en sus muslos.

Sus pechos quedaron levantados, sobresalientes, y él fijó una ávida mirada en ellos.

- Deseo follarte.

- Hazlo, pues. Fóllame.

De repente estaba de espaldas y Suigetsu se estaba posicionando encima de ella, con las manos en sus hombros y abriéndole las piernas con la rodilla. Entonces la penetró, con una fuerte embestida, enterrando el miembro hasta el fondo de su vagina, y continuó arremetiendo, más fuerte, más fuerte, más rápido, más rápido. Karin gemía cada vez que él le frotaba ese punto interior, golpeándoselo, hasta que tembló con un orgasmo que la estremeció desde lo más profundo de su interior.

Levantó las manos y se cogió de las volutas de hierro de la cabecera. El orgasmo continuó y continuó; arqueaba las caderas para recibir sus violentas penetraciones; estaba mojada y caliente, y el pene se deslizaba, entrando y saliendo, entrando y saliendo. Él gimió, gritó y la llenó una última vez, y ella lo sintió eyacular dentro de su largo túnel, y también se estremeció.

Él se desplomó encima de ella, con su pesado, sudoroso y delicioso cuerpo caliente, aplastándole los senos contra la dura pared de su pecho.

Karin le dio una palmada en el desnudo trasero y salió de debajo de él.

- Mañana hablaremos de tu castigo.

Acto seguido, con las rodillas temblorosas, se bajó de la cama, sonriendo de oreja a oreja, resuelta a cantar esa noche y a atrapar a un conde.

Estuviera o no de acuerdo el fantasma.