Hola a todoooos! Sé que me atrasé un poco bastante con los ch. Pero aquí traigo uno nuevo :)! Bueno... me gustaría que me dejaran más coments... pero no se puede pedir más xD... así que voy a lo de siempre :)...

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene lemon! Así que si sois menores de edad o no os gusta… NO LO MIREIS! (aunque eso importa bien poco xD…). La verdad es que esta historia no me pertenece, ya que tan sólo es una adaptación, al igual que los personajes… que son de Kishimoto (Te maldigo por crearlos antes que … ahora podrían ser míoooos T.T…) Bueno, es un UA… última cosa, si lo veis publicado por ahí sin mi permiso… quiero sus nombres y sus cabezas en una bandeja de plataaa :(… xD… es coña… matarlos xD)

Ahora si… ya que tengo bastantes trabajos, comenzaré a contestar los reviews y pasaremos a la historia :)…

Milfy-chan: hahahaha… se nota que no tienes palabras xD… simplemente me encantan tus coments… yo también pienso que Karin es muy capaz de ser así en la cama… con lo suelta que va en la serie xD… Pero pobrecilla… me cae bien… así que no la pintaré tan mal xD… Me alegro mucho de que te gustara el ch… era arriesgado poner lemon de otros personajes (al igual que hice con Ino y Chôji xD…) Porque no es muy usual que haya este tipo de escenas si no son de los protas… así que… ahí tienes xD… Eso eso! Que no lo pongan en duda! Hehehe… nos vemos en el otro capítulo! Que ya lo tengo listo :)… Cuidate mucho vale? Ja Ne :D!

Alvebia: hahahahaha… la verdad… no si se chunga le saldrá la voz a Sakura, pero mientras cante, no sé si estará precisamente pensando en arbolitos, muahahaha.. Fantasmita míooo xD! Hahaha sorpresa! Aquí está el lemon de Karin xD… es una dominante inquieta xD…Gracias por leer! Nos veremos en el prox. Ch.! hehehehe… Cuidate mucho :D! Ja Ne :)…

Ornella-chan: Hehehe, de verdad me gusta mucho que mi fic te atraiga ^^… Suigetsu aquí es un amor, y se deja dominar por Karin… supongo que la ama, y también lo combina con lujuria… o eso creo :/… bueh! Ni yo misma lo sé! Y eso que escribo yo el fin xD… Quiero ampliar muchos personajes, porque a veces todo se centra en los principales… y un poco de distracción no está nada mal xD… (aunque cuando lo hacen en otros fics, me deja con una intriga de…Dios! Que habrá pasado con Sakura! Ahora me cuentan de Hinata xD…) Se me va! xD… Muchas gracias por leer, y espero verte en el próx. Ch! Cuidate mucho, nee :D? Ja Ne :)…

Mutación: No tengo ninguno hehehe… es que esta novela me llamó tanto la atención que decidí adaptarla xD… me encanta que te resultara exquisito el último ch., la verdad es que cuando lo hacía también me gustó mucho xD! Y aquí tienes la continuación :D! Gracias por leer! Cuidate mucho! Ja Ne :)…!

Ahora pasaremos a la historia! Espero que mi tardanza sea compensada con este fic! Y prometo que el domingo (como más tarde el lunes) subiré el siguiente! Disfrutarla y coger palomitas mientras tanto! Cuidaros muchooo! Ja Ne :)…

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El Fantasma de la Ópera.

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7. Sueño.

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Itachi, que estaba atravesando el escenario rápidamente, resistió el impulso de agacharse cuando oyó un ruido particularmente fuerte detrás de él. Sólo faltaban unas horas para la representación de esa noche y eso parecía un manicomio. ¿Cómo se las arreglarían para tenerlo todo dispuesto a tiempo?

El caos era ensordecedor. Apretó con más fuerza los tallos del ramo que llevaba. Eso era peor que estar en el campo de batalla con cincuenta hombres menos, tratando de cuidar tus espaldas lo mejor posible para no acabar muerto. Alguien estaba clavando unos clavos con enorme vigor en una parte del decorado; estaban bajando un telón de fondo que se había quedado atascado en algo y lo agitaban con tanta violencia que temió que se le cayera encima; también se estaba encajando un cristal en un hueco de la pared del decorado; y oyó un grito: ¡Cuidado!, seguido de un: ¡Detrás!

En resumen, deseó haber elegido otra ruta para llegar a la parte de detrás del escenario, donde estaban los camerinos, en lugar de haber entrado por la puerta principal. Era difícil orientarse por los corredores de la parte de atrás, sobre todo durante el día, y más aún, en medio del alboroto y los ruidos cacofónicos de los preparativos para la representación de El Valle del Fin esa noche.

Enderezándose el sombrero, continuó caminando a toda prisa, sorteando bastidores, mesas, sastres, carpinteros, fabricantes de pelucas y diversos decorados, hasta que encontró el pasillo de los camerinos por pura casualidad, ya que sólo había estado una vez en el camerino de Sakura.

Pero resultó que mientras iba andando por aquel estrecho pasillo, se encontró con una de las bailarinas cuyo nombre ni se acordaba.

- ¿Busca a la señorita Haruno?

La chica acompañó la pregunta con una coqueta mirada por debajo de sus pestañas, una sonrisa con hoyuelos y el mentón adelantado, dando a entender que prefería que no.

- Efectivamente, ¿sabe dónde está?

- En el salón de danza –dijo ella, a lo que Itachi reanudó el paso hacia aquella sala.

El salón de bailarinas era el lugar donde las actrices recibían a sus admiradores después de la actuación y a otras horas convenientes. No quería imaginarse a Sakura atendiendo a otros admiradores, a ninguno que no fuera él.

Después de equivocarse dos veces de camino, y con los nervios de punta, encontró la dichosa habitación. ¿Por qué se le aceleraba tanto el pulso cuando pensaba en ella? ¿Por qué se le tensaban los dedos con sólo pensar que otro hombre la estuviera mirando?

Entonces, al abrir la puerta con suma rapidez, se encontró una escena mucho peor de lo que se había temido.

Ahí estaba Sakura, sentada en un lujoso sofá de terciopelo carmín, y el salón… No lo consoló nada ver que tenía más el aspecto de tocador de una cortesana que de salón.

Había botellas de vino, bandejas con pasteles, quesos y panes, fuentes con brillantes uvas, relucientes naranjas y peras maduras, copas vacías, copas llenas; todas esas guarniciones ocupaban las mesas y las manos de los hombres, quienes la miraban aduladores. Había otras bailarinas en el salón, y dos chicas que vagamente recordaba que eran cantantes, pero ninguna atraía tanta atención como Sakura.

Ella levantó la vista cuando él entró, y no fue pura vanidad la que lo hizo ver puro placer y verdadera alegría en su cara. Ella sonrió, sus blancas mejillas se tiñeron de rosa y sus ojos verdes brillaron.

Él no era un Uchiha en vano, y nunca se había sentido tan a gusto en su papel.

- Buenas tardes, señorita Haruno, Le ruego que disculpe mi tardanza en venir a recogerla, como prometí anoche. ¿Nos vamos?

Avanzó hacia ella abriéndose paso por entre sus admiradores y le ofreció el brazo. Se encontraron sus ojos y él no pudo evitar retener el aliento ante su gloriosa belleza. Se veía muy inocente, muy joven, muy pura.

Y él la amaba, desde hacía muchísimo tiempo.

Sakura se levantó y a él se le ensanchó el corazón, porque hasta ese momento no estaba del todo seguro de que ella apoyaría su presunción.

- ¿Para mí? –preguntó sonriendo, mirando el enorme ramo de rosas de invernadero que él llevaba en la mano.

Las había olvidado, pero no le importó pasar por esa pequeña vergüenza, porque ella se iría con él.

- Por supuesto, señorita. Rosas blanquísimas, coronadas con un toque rosa, sólo para usted.

Aunque era invierno y el día estaba frío, deseaba llevarla fuera, lejos del ajetreo del teatro, lejos del clamor de los otros admiradores. La instaló cómodamente en su coche y le cubrió las piernas y los hombros con diversas mantas.

- ¿Adónde vamos? –preguntó Sakura, girándose a sonreírle.

- Donde tú quieras.

Cuando el coche comenzó a moverse y entraron en la avenida principal, se giró a mirarla. Tenía las mejillas tintadas de un rosa pálido y su perfecta nariz moteada de rojo por el frío. Estaba deliciosa.

Pero mientras él la miraba, Sakura iba observándolo todo.

Cuando giraron por una esquina, el río de Konoha se convirtió en una larga franja de hielo blanco liso con fisuras. Y entonces vio esa atrocidad en las montañas, que estaba empezando a tomar cuerpo en forma de cara de un hombre.

Tal vez Sakura oyó el bufido de disgusto que soltó y se giró a preguntarle.

- ¿No te gusta lo que están construyendo en las montañas?

- Pues no. Monsieur Naruto va a destruir la silueta de las cinco caras anteriores con esa…esa máscara pintada en el rostro.

La joven lo miró con una sonrisa inocente que le calmó en parte la molestia.

- Pero es para celebrar el nuevo nombramiento de Hokage y la disolución del anterior reinado del terror gracias al señorito Uzumaki.

- Ya, comprendo. Pero mi familia fue una de las tantas que perdió algo más que tierras y soldados. Quizá porque seas de Amegakure, no estés bien versada en nuestra historia. En todo caso –continuó, resuelto a desviar el tema hacia algo más personal-, espero que no estés molesta por haberte alejado de tus admiradores.

- No, de ninguna manera, Itachi. Me alegra que estés dispuesto a dejarte ver en público conmigo.

- Pues claro que estoy dispuesto, Sakura. Te dije que es mi intención cortejarte.

Ella desvió la cara.

- Sé que lo dijiste, pero, bueno, eso fue anoche.

- ¿Crees que podría haber cambiado de opinión desde anoche? ¿Cuando no he hecho otra cosa que pensar en ti?

- No he querido decir que tú podrías haber cambiado de opinión, sino que podrían haberte ayudado a hacerlo.

- Te refieres a mi hermano, que tuvo un romance muy sonado con la bailarina Hinata –rió Itachi, aunque su risa sonó hueca, falsa.

Aún no había hablado con Madara, y aunque tenía toda la intención de cortejar a Sakura Haruno, y dicha sea la verdad, casarse con ella, reconocía que no sería fácil convencer a su hermano.

Pero lo haría. Madara era diez años más mayor que él y por eso, nunca le negaba nada y siempre lo había considerado más un hijo que un hermano desde que muriera su madre cuando nació él, y menos de diez años después, su padre.

Por otro lado, era cierto que a él no le gustaba enfadar o decepcionar a Madara. Por eso mismo había decidido alistarse a Akatsuki, para que se sintiera orgulloso.

Se formó silencio entre los dos, e Itachi intentó formular con palabras sus pensamientos. Deseaba conocer todo acerca de Sakura, cómo había sido su vida hasta ahora. Pero un caballero no podía irrumpir de repente en la vida de una joven y hacer preguntas personales acerca de ella.

- No sabía que tu padre murió después de ese verano en que estuvimos juntos. Tuvo que ser terrible para ti.

- Fue el invierno más frío que había vivido. Me sentía congelada, Itachi. Paralizada, pesada, lerda. Él era lo único que tenía; padre y su música. Y entonces, de repente, ya no estaba. Pero tú lo sabes bien, pues también perdiste a tus padres.

- Sí, pero…, bueno, para mí fue diferente. Tenía a mi hermano, que se convirtió en un padre para mí, y a mis dos hermanas, los tres mucho mayores que yo. Y a la hermana de mi madre, que me crió. Y a ella tengo que agradecerle que viviera a Amegakure, gracias a eso nos conocimos.

- Yo no tenía a nadie. A nadie, a excepción de Tsunade y Jiraiya, que se portaron maravillosamente conmigo, pero no era lo mismo. Hace mucho que no escucho el sonido de un violín. ¿Sigues tocando?

- Hace muchos años que no toco, pero creo que si cogiera el instrumento recordaría lo que me enseñó tu padre ese verano, después de rescatar tu fular.

- Fueron unos días agradables junto al mar, con los chillidos de las gaviotas combinados con las notas que tocabais mi padre y tú.

Él se rió.

- Yo no lo llamaría notas, Sakura. Yo apenas era un violinista pasable, en comparación con el talento de tu padre. Ni el tuyo.

Él pensó en el siguiente paso. Necesitaba preguntárselo, pero le daba miedo. Así que finalmente dijo:

- Sakura, ¿cómo han sido para ti todos estos años en el Teatro de la Ópera? Lo que quiero decir es… Hinata y mi hermano han estado liados, y otras cantantes y bailarinas han tenido protectores y… Sólo deseo saber… ¿te han tratado… bien?

Al ver que ella no contestaba, apretó con fuerza las riendas de los caballos, pero no la miró. De repente, Sakura habló por fin, con su voz apenas audible por encima del golpeteo de los caballos.

- Me sentía sola. No encajaba con las demás chicas porque durante mucho tiempo no deseaba cantar. Escasamente bailaba. Tras la muerte de mi padre perdí la música y todavía no sé cómo consiguió el profesor Jiraiya que me aceptaran en el conservatorio. Tal vez pensaron que por ser hija de un famoso violinista yo aprovecharía la oportunidad y me pondría a la altura.

- Pero es que lo has hecho, Sakura. Anoche estuviste magnífica.

- Anoche, sí, lo sentí. Pero pasaron muchos meses y años en que no me sentía a gusto ni creía que nunca tendría la oportunidad de ser… de ser la hermosa señora que ocupa su puesto en el escenario y obtiene todos los aplausos y la admiración. Ansiaba eso, Itachi, pero estaba fuera de mi alcance.

- Has llegado hasta ahí, Sakura. Y ahora nadie puede rebatirlo.

Deseó cogerle la mano y llevársela a la boca para consolarla. También deseó haber estado todos esos años con ella, a su lado, reconfortándola.

- Me hice amiga de una de las bailarinas y de Gaara, un joven de Suna que era excelente para arreglar los puntales del sostén de los decorados. Gaara y yo… Él me hacía sentirme menos sola, Itachi. Éramos torpes y furtivos, pero nos necesitábamos.

Itachi tragó saliva. Había tenido la esperanza de que ella estuviera intacta, aunque en realidad no lo había supuesto, viviendo en ese ambiente.

- ¿Lo amabas?

Ella se encogió de hombros, y con el movimiento se le deslizó la manta, dejándole el hombro al aire. Tardó en cubrirse nuevamente y arreglarse las mantas de las piernas.

- No lo sé –dijo al fin-. Pero fuera como fuera, no duró mucho, porque muy pronto él se sintió atraído por una de las chicas mayores del coro, y se fugaron juntos para intentar entrar en el teatro de Suna.

- Y ¿después de Gaara?

- ¿Te importa mucho eso, Itachi? ¿Mi respuesta cambiará algo?

- No.

Eso era cierto.

- Entonces, ¿por qué lo preguntas?

- Porque deseo saber que tu vida no fue tan dura como creo que lo ha sido; no quiero creer que mientras yo me hacía mayor en un mundo de lujo y comodidades, tú estabas sola, sentías miedo o… o eras maltratada. Todas esas veces que pensaba en ti…, y pensaba en ti, Sakura, de verdad.

- Gracias Itachi. Es agradable saber que no estaba tan sola como creía. Y no busqué a ningún protector, ni ellos a mí. Todo aquello me parecía falso… práctico, pero falso.

- Es egoísmo, pero me alegra.

- Me sentía sola. Todo el tiempo estaba rodeada de gente, pero estaba sola. No sé si alguna vez encontraré mi lugar.

- Lo encontrarás, Sakura. Lo encontrarás conmigo.

Entonces ella lo miró.

- Eso es lo que me gusta de ti, Itachi. Que sabes escuchar. Me ayudas a expresar con palabras cosas que ni siquiera sabía que sentía antes de decirlas.

Pero él no deseaba ser solamente alguien que supiera escuchar, sólo un amigo. La deseaba a ella, toda entera.

Y la tendría. En cuerpo y alma.

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Sasuke soñaba.

Soñaba con ella, con su largo pelo rosa arremolinado sobre su pecho, como una capa; con el calor de su esbelto cuerpo cubriendo el suyo, envolviéndolo con sus brazos y piernas enredados con los de él.

Soñaba con su deliciosa boca, llena, roja, sonriendo, con sus labios en morro, acercándosele, cerrándose sobre él; soñaba con sus delgados y delicados dedos, blancos sobre el oscuro vello de su cuerpo; soñaba con penetrarla, llenándola, uniéndose a ella, amándola.

Amándola.

Soñaba con ella riendo, cantando, bailando, incluso comiendo, y con cosas tan vulgares como peinarla y abotonarle el vestido.

Soñaba con Sakura sobre el escenario, cantando para él, sólo para él, con sus ojos verdes levantados hacia su palco y todo su ser concentrado en su persona, en complacerlo.

Con despertar a su lado.

Entrando osadamente en el teatro a ocupar su asiento en la primera fila.

Abriéndose paso por la muchedumbre de admiradores fuera de su camerino llevando los brazos llenos de azucenas.

Pasando con ella en un coche abierto por la orilla del río de Konoha.

Y entonces los sueños cambiaron, pasaron de un día cálido y soleado a un vacío frío y oscuro; a dolor, un dolor agudo, terrible, con ropa de lana áspera y cadenas de hierro; a los chillidos, gritos, insultos y burlas, y a la huida. Siempre la huida, corriendo, corriendo y corriendo.

Corriendo por pasadizos oscuros, por calles iluminadas por la luna, por túneles húmedos y por la orilla de ríos subterráneos; con los ecos de la vida de arriba, permanentemente desterrados de la suya. No podía respirar bien, no lograba inspirar suficiente aire.

Dio la vuelta por el recodo del interminable túnel…

Y vio a Sakura, colgada de la pared, con los brazos extendidos, las piernas abiertas, su blanco cuerpo desnudo destacando contra la oscura pared de piedra negra, gris y funesto azul.

No lograba llegar hasta ella, no podía llegar a ella. Continuaba corriendo, tropezándose y corriendo, pero no avanzaba, no llegaba hasta ella.

Y de pronto lo cogieron unos fuertes brazos, lo capturaron, sujetándole sus musculosos brazos; algo duro le golpeó la parte de atrás de las piernas, haciéndolo caer. Se las ataron, le encadenaron las manos y lo arrojaron al suelo: al frío, húmedo y oscuro suelo.

Nunca la tendrás, rata escurridiza.

Te escondes en la oscuridad, y anhelas lo que jamás tendrás. Ella no se dignará a mirar a uno de tu calaña, por mucho que se abra de piernas cuando la obligas. No te las abrirá para tu polla.

Con las palabras de Danzô resonando en su cabeza, reverberando en la caverna del sueño, intentó soltarse las ataduras. Tenía que llegar hasta ella, llegar hasta Sakura.

Pero entonces, ella ya no estaba sola.

Se alargaron unas manos y le cubrieron los pechos, y un hombre bajó la cabeza hacia su cuello; el cuerpo oscuro de él le bloqueó la visión desde su abatida posición en el suelo de piedra. Ella gimió, cerró los ojos y echó atrás la cabeza, dejando a la vista su largo y blanco cuello.

El hombre le manoseó los pechos, toqueteándole los pezones, y se inclinó a chuparle uno sonoramente, mientras él estaba ahí, obligado a mirar. Sakura movía las caderas, emitiendo suaves sonidos por los labios abiertos; se estremecía, se movía y gemía, mientras él le succionaba el hermoso pecho, dejándoselo enrojecido y húmedo.

De pronto vio en todos sus detalles la textura de su aréola bajo los gruesos dedos de aquel hombre que se la manipulaba, la puntita roja, las suaves arruguitas rosadas. Era como si llenara su visión; y tuvo una imagen de cerca de los labios de él cerrándose sobre un pezón. Se lo succionaba con avidez, introduciéndose más pecho en el círculo de su boca, haciendo temblar al resto.

Ella emitió un grito cuando el hombre se movió y comenzó a toquetearle la mata de vello púbico. Entonces Sasuke vio ese sexo rojo y dilatado por el que él se moría, el resbaladizo y cálido terciopelo de Sakura. Ella se sacudió, se movió y gritó, y él nuevamente intentó soltarse para acudir a ella. Pero el hombre se agachó y puso la cabeza ahí; él sólo veía la espalda, moviéndose mientras lamía, chupaba y saboreaba.

Ella se agitaba, tironeando las esposas que le sujetaban los brazos extendidos, moviendo la cabeza de lado a lado, mientras sus pechos, ya libres de esas manos exploradoras, saltaban y zangoloteaban. Ella gritó y se debatió, suplicando, y él se apartó.

Se giró, y Sasuke vio entonces la conocida cara de su hermano, brillante como la de Sakura. De sus labios llenos y rojos chorreaba el líquido de ella. Y estaba sonriendo; burlón, insultante.

- No asustes a las chicas, Sasuke. No soportan tu contacto. ¿Las oyes chillar?

Se abre de piernas cuando la obligas. No te las abrirá para tu polla.

- Pero aceptará la mía –le dijo su hermano-. La mía sí la aceptará.

Diciendo eso se giró hacia Sakura, y de pronto estaba desnudo a su lado, y ella lo tenía rodeado con los brazos mientras él la penetraba. Entonces Sasuke vio el miembro de su hermano como si estuviera ahí mismo, entrando y saliendo de la dilatada vagina, entrando y saliendo, y el ritmo vibraba dentro de él, aumentando el dolor de su necesidad.

Y los volvió a ver desde la distancia, entrelazados, moviéndose, retorciéndose, apoyados en la pared, Sakura lo rodeaba con los brazos, con la cara levantada y los ojos cerrados por un intenso placer. Ella gritó al sentir el alivio del orgasmo, enterrándole las uñas en la espalda, y Sasuke sintió estremecimientos como si fuera él el que estaba enterrado en ella.

Y entonces despertó.

Jadeante, sudoroso, desnudo y enredado. El miembro le chillaba de dolor, levantado hacia el cielo raso, y tenía el corazón desbocado y las manos apretadas.

Su cara, sin la máscara, estaba mojada de lágrimas.

Sakura.

- Ooh, Sakura –sollozó suavemente, cubriéndosela con las dos manos.

Un lado suave, aparte de la aspereza de la barba que le bordeaba la mandíbula, y el otro áspero y lleno de cicatrices.

Cómo la amaba.

La deseaba, sí, pero también la amaba.

Había llegado a amarla. Observándola, viendo en su cara la misma soledad que tenía grabada en la suya, cuando tenía el valor de mirársela.

Escuchando su música, la música que él hacía salir de ella, música que creaban juntos.

Pero ella nunca lo amaría, por lo deforme y defectuoso que era. No se atrevía a permitirle que lo viera; apenas le permitía que lo tocara, aun cuando su cuerpo ansiaba eso, temblaba por eso.

Ah, tenía esperanzas, sí, ocultas tan en el fondo de su ser que rara vez las dejaba salir. Tal vez algún día ella lo amaría por sí mismo, a pesar de su cara; a pesar de su pasado.

Desde esa primera mañana cuando la vio cantar sola en el escenario, meses atrás, lo había fascinado. ¿Quién podía saber por qué Sakura lo conmovió de esa manera ese primer día? Pero lo hizo.

Después de eso, la observaba, oculto, rezagado. Vio que no era como las demás chicas, no como muchas, en todo caso.

En ella veía pureza, y una bondad tímida. Tolerancia. Era amable con el encargado de cerrar las puertas, la categoría más baja en la jerarquía del personal, que tenía un pie zopo. Y también con el hombre medio ciego que trabajaba en el sótano, debajo del escenario, a quien saludaba sin desentenderse de él. Y éste, oyéndola, había aprendido a reconocer su voz.

Compartía su magra ración de huevo relleno y salchicha con ajo con una de las bailarinas más jóvenes, y bajita, que visiblemente necesitaba alimentarse más. Incluso le regaló una de sus cintas para el pelo, una roja preciosa, a una de las acomodadoras, para la niñita recién nacida de su hija.

Tal vez eso era parte del motivo de que se hubiera enamorado de ella. Si sólo fuera por su belleza o su voz, muchas como ella habían pasado por el Teatro de la Ópera; hubo un tiempo en que hasta Karin había sido más inocente, y había estado menos desgastada, menos hastiada; hermosa.

Pero ni Karin ni ninguna otra le había llegado al corazón y al alma como Sakura. La solitaria y triste y magnífica Sakura.

Y ahora… la ira se agitaba dentro de él. Ella salía a cenar y se relacionaba con Itachi Uchiha y su hermano, el conde.

Él no supo con quien se había marchado la noche pasada, después de su encuentro con ella en el escenario, hasta que estuvo escuchando en el salón de danza y vio entrar a Uchiha Itachi, que prácticamente se la llevó en brazos. Hasta ese momento él había sido simplemente indulgente, observando desde su agujero oculto en lo alto de la pared, mientras su protegida aceptaba tímidamente las atenciones de sus admiradores.

Eso no era más de lo que él había supuesto y esperado; era lógico que una chica tan dotada y hermosa, pero todavía con esa inocencia que se reflejaba en ella, atrajera la atención de los espectadores. Y Sakura no le había dado motivos para sentir otra cosa, porque se mostraba amable y reservada por igual, sin elegir a ninguno en especial. Todos era iguales para ella.

Hasta que Uchiha Itachi llegó.

Entonces, al verlo, se le iluminaron y brillaron los ojos, y se levantó ante su presencia. Y al instante se cogió de su imperioso brazo.

Y este se la llevó, fuera del teatro, lejos de él, lejos de la fortaleza del fantasma de la Ópera.

Dejándolo solo, con la oscuridad de su destino y las mofas de su imaginación.