Hola a todos :)! Muahahaha! Ya he vuelto con otro capítulo, y además, este está muuuy interesante :)… espero que os guste… me he matado xD… Habrá celos en demasía y comenzará a notarse el amor en el ambiente *O*… ah, cierto… dentro de dos ch., se producirá el lemon que tantas fantasías perversas ha despertado mi mente… Este lemon es realmente cautivador… y espero que los más libidinosos disfruten con ese capítulo que actualizaré la semana que viene (atención, el siguiente no es el lemon que expongo con tanta devoción, sino que será a la siguiente semana cuando lo suba xD…)…
Tsk! Creo que nunca escribí tanto en mi vida xD…Arriba esos comentarios! Menos mal que os tengo a vosotros chicos/as… no sé que haría si no me dejarais reviews T.T… hehehe bueno, aquí va lo de siempre :)…
ADVERTENCIA: Este capítulo contiene un lemon suave. Por lo tanto, a aquel que no le guste o que sea menor de edad, que se abstenga de leerlo (y una mierda! Pero lo digo siempre xD…) Los personajes no me pertenecen al igual que esta historia, que es una adaptación hecha de uno de mis libros favoritos (no el de Lerroux, que ese es otro :)…) y esta ambientada en UA o Universo Alterno. Creo que lo he dicho todo, no? xD
Ahora, pasemos a los comentarios :9…
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Milfy-chan: hahahaha! Bueno, la verdad es que Itachi es inocente, pero no tonto xD... hahaha, be, si son hermanos o no ya lo sabrás durante el transcurso de la historia (Así te dejo con ganas xDDD...) Ya, hago sufrir a Sasuke, pero se compensará en este ch.! (Inner: De mí Sasukito no se burla nadieee! ¬¬...) Ya habló la loca de mi inner... tenemos diferentes preferencias -yo a Itachi xD...- Espero que sigas leyendo ^^... y muchas gracias por comentar! No fallas a ningún ch! Eso me pone muy feliz *O*... Tú también cuidate mucho! Ja Ne :)!
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Alvebia: hahahaha tranquila! Creo que te vas a hartar de momentos SasuSaku en esta historia xD... no puedo olvidarme de mis queridos personajes secundarios tampoco xD... pero tendrás...en el siguiente ch. no, pero el que viene después, te vas a hartar de leer sobre esos dos xD... Ambos tienen pasados tristes y turbios...
Hehehe espero verte en el siguiente ch.! Muahahaha, cuidate mucho vale? Ja Ne :)!
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Ornella-chan: hahahaha Madara tiene un papel importantísimo que se empezará a desarrollar en el siguiente capítulo! Bueno, Sasuke tiene miedo de que si Sakura le ve esa parte del rostro, la ahuyente como a las chicas del pasado... así que mantiene distancias... aunque la ama muchísimo! Hehehehe! Espero verte en el siguiente ch.! Cuidate mucho ^^... Ja en :)!
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Rekyem: Uaaaaaaaaaaaaaaah! Me emociono viendo comentarios de gente nueva :D! Holaaaa! Sí, yo me he visto la peli (aunque no tengo ni idea de las canciones, sólo me se la de Point of no return (Perfecta, cómo se nota la pasión entre esos dos *¬*...) y la de Why so silent (Eric sí que sabe cómo hacer una entrada a lo grande xD)..) y el final es trágico... me pongo a llorar como una magdalena...
Tranquila, intentaré darle toda la felicidad que pueda, aunque las pasará canutas para conseguirla! Muahahaha qué mala que soy xD... ojalá y te vea en el prox. ch.! Muchas gracias por querer mi fic xD... se sentía solito sin mi xD... Ya tendrás tiempo para llorar en los ch. que de verdad la va a pasar muy mal xD... hehehe Cuidate mucho! Ja en :)!
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Natsumi511: hehehehe, me encanta que hayas vuelto! Maldita Uni ò.ó... nos entretiene de mala manera xD... wooow... los siete! A mí se me haría pesado (y eso que lo escribo yo xDD...) De verdad me encanta que te guste de esa manera... yo tampoco sabía lo que en mi oscura mente se escondía hasta leer este libro... qué perversión por Kami! XD! Esta historia me gusta, sobretodo porque se centra en el amor y la atracción física de ambos caracteres... simplemente me encanta xD... Espero que sigas leyendo :D!Cuidate mucho y besos a ti también ^^! Ja Ne :)!
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Y ya contestados todos :D… pasaremos al fic en cuestión! Para todos aquellos que quisieron que Christine se hubiera quedado con el Fantasma! Cuidaros y disfrutarlo mucho de este ch.! Ja Ne :)…
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El Fantasma de la Ópera.
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8. Espejo.
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Animada por los dos administradores y sus muchos partidarios, Karin desafió la advertencia del Fantasma de la Ópera, entrando en el escenario esa noche con todo el esplendor de su traje, joyas y atributos. Había resuelto cantar, y cantaría.
Haciendo temblar las plumas de su ornamentado y rutilante tocado, con la cola del vestido de seda y metros de volantes y frunces extendidos por el entarimado, la prima donna ocupó su lugar en el centro exacto del proscenio, mientras los sonrientes Nara y Akamichi la contemplaban desde sus asientos en el palco número cinco.
- El fantasma se ha retrasado –dijo Shikamaru Nara riendo-. Ha comenzado el espectáculo y todavía no ha venido a reclamar su asiento.
- Me alegra que no vendiéramos la localidad esta noche; me hace ilusión oír la interpretación de Karin. No le tiene miedo a ese ridículo fantasma.
- Me niego a tener este palco cerrado para nuestros abonados. ¡Ya lo creo! Fantasma de la Ópera.
- Y sea quien sea, no va a recibir ningún salario de nosotros –añadió Chôji, riendo para su coleto-. Podemos dar un uso mucho mejor a esos veinticuatro mil francos-
Pasó el segundo acto sin ningún incidente, y durante el intermedio los dos administradores abandonaron el palco para ir a felicitar a Karin en su camerino.
- Nunca a cantado mejor, madame –dijo Shikamaru, inclinándose sobre su mano-. Me alegra muchísimo que no decepcionara a sus muchos admiradores haciendo caso a la amenazadora carta que recibió.
- Ridículo –repuso ella-. El fantasma de la Ópera no es otra cosa que un cuento inventado por los amigos de Sakura Haruno, con el fin de asustarme. ¡A mí, Karin! –exclamó jactanciosa, pavoneándose.
Los administradores, muy satisfechos por haber desbaratado fuera cual fuera el plan tramado, volvieron a su palco para ver el tercer acto.
Pero cuando entraron en él, vieron casi de inmediato que alguien había colocado una caja de caramelos sobre la barandilla.
- ¿De dónde diablos ha salido eso? –preguntó Chôji, apuntándola.
- ¿Y esto? –dijo Shikamaru, cogiendo unos gemelos que no estaban ahí cuando salieron-. Llama a la acomodadora y averigua quién ha estado aquí en nuestra ausencia. Alguien tiene que haber puesto estas cosas aquí para gastarnos una broma.
Cuando interrogaron a los acomodadores y acomodadoras, todos dijeron que nadie había subido la escalera que llevaba al palco. Absolutamente nadie.
Shikamaru y Chôji se miraron inquietos, pero, aun así, cuando se levantó el telón para el tercer acto de El Valle del Fin, ocuparon sus asientos. Pasado sólo un instante, comenzó a recorrer el palco una rara corriente de aire insalubre. Chôji creyó oír respirar a alguien, justo detrás de él.
Los administradores se miraron, pero no dijeron nada, pues se mantuvieron atentos a lo que ocurría en el escenario.
Era el momento de la entrada de Karin. Shikamaru cayó en la cuenta de que tenía retenido el aliento y estaba retorciendo entre los dedos un pañuelo que sin darse cuenta había sacado del bolsillo.
Cuando Karin hizo su tercera entrada, la que sería la última esa noche, se elevó una gran ovación entre el público. Con el brillo triunfal en los ojos, levantó los brazos y comenzó a cantar la respuesta de la esposa de Sarutobi a la súplica de Pain.
¡No! Es una princesa lo que veo
¡Una princesa ante mí!
De repente sonó un desconcertante ruido sordo, procedente de… no estaba claro; de arriba, de abajo, del frente; después los testigos presenciales no lograrían ponerse de acuerdo de qué lugar había provenido, pero era el sonido de un furioso gruñido o una queja. Chôji se atragantó y tragó saliva sonoramente, y Shikamaru soltó su pañuelo, que cayó volando a los asientos de abajo.
Después del ominoso ruido, Karin hizo una pausa, reteniendo el aliento y mirando recelosa hacia atrás; pero estaba lejos del telón de fondo, pues se hallaba en el proscenio, casi encima de la candilejas que bordeaban el escenario. Se repuso y dio las siguientes notas, aun cuando el gruñido volvió a sonar y una rápida sombra pasó por encima del escenario tiñendo su vestido fucsia de un rosa sucio.
Pain se le aceleró y cantó su parte.
Karin abrió la boca y comenzó a cantar su respuesta:
Y un lánguido hechizo
Siento sin alarma
Con su melodía enroscada
Pero sonó horrible.
Los espectadores se pusieron de pie como una sola persona, mirándose entre sí boquiabiertos. Los administradores se giraron para mirarse, se encogieron mutuamente los antebrazos, con las bocas abiertas de horror, los ojos desorbitados y los carrillos temblorosos.
Era inconcebible; la última sílaba que había salido de la boca de Karin no era una nota hermosa, clara, sino un sonido parecido al croar de una rana.
La cara de ella era el cuadro de una mujer aterrada y perpleja. Se llevó las manos a la garganta, como para asegurarse de que seguía siendo de ella. Miró a Nagato, el tenor que representaba a Pain, que la estaba mirando como si le hubiera brotado una segunda nariz.
- Imposible –dijo Shikamaru a su compañero, en un resuello-. Acaba de cantar perfectamente. Toda la noche.
- No ha sonado humano. Debe de haber habido… tiene que haber sido un error.
- Ha cantado las notas más intrincadas y bellas. ¿Cómo ha podido pasar esto? Nunca le ha fallado la voz, en ninguna de sus actuaciones.
Volvieron la atención al escenario, los dos con el aliento retenido. Akamichi notó, consternado, que la corriente de aire era más fría, más fuerte, espeluznante. Y la respiración… estaba más cerca; sonaba más fuerte. Tragó saliva, deseando con mucha vehemencia no haber dicho nada con respecto a eso de no pagarle el salario al fantasma.
La orquesta comenzó a tocar. Se apagaron los murmullos entre el público y todos guardaron silencio; todos aguardando, expectantes.
Karin, ya no tan triunfante como antes, hizo su inspiración para cantar. Shikamaru retuvo el aliento y esperó.
Oh, qué extraño, como un hechizo
Me envuelve la noche.
- Continúa, continúa –siseó Shikamaru, con el corazón latiéndole tan fuerte que le saltaban los dedos sobre la barandilla.
Y un profundo y lánguido ¡grog!
Siento sin ¡grog grog!
Los graznidos resonaron roncos y horribles en el auditorio; Karin cerró la boca y se la cubrió con sus pequeñas manos como si quisiera tragarse aquellos feos sonidos. Con los ojos desorbitados, se recogió las faldas y salió corriendo del escenario, y el público estalló en murmullos y risitas.
Los administradores oyeron una ronca risa detrás de ellos.
- Después de cómo ha cantado esta noche, es un milagro que no haya hecho caer la araña del techo.
No se atrevieron a girarse, pero Chôji se apresuró a mirar la araña, como si creyera que iba a caer sobre el escenario. La lámpara se mecía suavemente, pero no daba la impresión de que fuera a desprenderse.
- ¿Qué hacemos ahora? –dijo a Shikamaru-. El espectáculo está arruinado.
- Quiere que cante Haruno. Pues le daremos Haruno –contestó su compañero más alto, con más valor del que sentía, y con la esperanza de que el fantasma lo oyera y se marchara. Se puso de pie junto a la barandilla y dijo en voz alta al público-: Atención, señoras y señores, por favor, la representación continúa. Os presentaremos a la señorita Haruno, que cantará lo que falta del papel de la esposa de Sarutobi, para vuestro placer.
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Y así fue como un momento después, gracias al rápido trabajo por parte del director de escena y el director general de la obra, la nueva estrella del Teatro de la Ópera, Sakura Haruno, entró en el círculo de luz dejado por Karin.
Se veía frágil y angelical. Le habían dejado el pelo suelto, cayendo en una delicada cascada ondulada hasta las caderas. Su vestido rojo carmín no era ni de cerca tan ornamentado ni elegante como el de Karin, pero le sentaba bien a su inocencia y exhibía claramente a la mujer que llevaba dentro. El amplio escote bajaba en uve hasta el inicio de la hendidura entre sus pechos, levantados y sujetados por el corsé. Las mangas eran unas estrechas cintas de rosetas negras que caían bajo las curvas de los hombros dejándole desnudos los largos y blancos brazos. La luz amarilla de arriba le destacaba en suave relieve la delicada curva de las clavículas y la depresión de la base de la garganta.
Pero su cara. Eran su cara y su voz las que cautivaban al público. Jamás una mujer había cantado con una voz tan pura, tan limpia y perfecta en toda la historia del Teatro de la Ópera. La embelesada expresión de su rostro hablaba de un éxtasis que escapaba a la comprensión de los espectadores, pero estaba claro que a ella la emocionaba. Cantaba como si no fuera a parar jamás, como si no se fuera a cansar jamás, como si nunca le fueran a faltar las palabras o las notas.
La verdad es que Sakura sabía que nunca había cantado tan bellamente. Sentía como la música le llenaba las venas, sonaba en sus terminaciones nerviosas, la transportaba. Sentía la presencia de Sasuke y sabía que él había hecho algo para causar la vergüenza de Karin y despejarle el camino del triunfo a ella.
Y mientras cantaba hizo lo que él le había pedido: cantar para él. Sentía sus manos en la piel, sus labios deslizándose por el hombro. Se le tensaron y dilataron los pechos, atractivamente ceñidos por el corsé, al recordar sus suaves y persuasivas manos cuando la había acariciado esa mañana.
Se sentía desnuda, abrigada, estimulada al calor de las candilejas, como si su ángel y ella estuvieran cantando juntos en alguna parte, solos. Y unidos como si fueran uno.
Estaban unidos. Serían uno.
Y cuando terminó, cuando salió del estado de trance que le había permitido cantar sin nervios ni miedo, el aplauso del público la trajo de vuelta a sí misma. Hizo su reverencia y aceptó las rosas, azucenas y alhelíes que le lanzaron y le entregaron en mano. Fue aumentando la euforia en su interior al sentir cómo el público seguía aplaudiendo, aclamándola, vitoreándola, hasta que esta se hizo tan intensa que apenas pudo sostenerse en pie. Había triunfado. Nunca en su vida se había sentido tan feliz, tan exultante.
Cuando en frente suya cayó un ramo de rosas rojas levantó la cabeza y vio a Itachi saludándola enérgicamente con la mano levantada. Sonriendo, ruborizada y eufórica por su triunfo, cogió la ofrenda de Itachi y hundió el rostro en las hermosas flores.
En cuanto salió corriendo del escenario y pasó por entre los bastidores para llegar a la parte de atrás, vio que el vizconde ya estaba ahí. Antes que ella se diera cuenta, él ya se las había arreglado para rodearla con un brazo y hacerla entrar en un cuarto ropero, en el que no había nadie, impidiéndole llegar al salón de la danza, donde la rodearían sus otros admiradores.
Pero ahí, en ese pequeño cuarto, iluminado por una sola lámpara, los amplios vestidos y diversos sombreros con plumas los obligaban a estar muy juntos.
Itachi le cogió las manos y la miró con fervor; sus ojos negros brillantes de orgullo y emoción.
- Sakura, mi amor, ¡has estado brillante!
- Gracias, Itachi –exclamó ella, sin poder contenerse y dejó caer las rosas al suelo cuando él la atrajo a sus brazos.
Su beso fue breve y suave, rozándole apenas los labios entreabiertos, reverente.
- Qué hermosa eres –musitó, con la boca en la de ella, como si quisiera aspirar su cálido aliento-. Y cantas como un ángel, perfecto. Eres perfecta, Sakura.
Ella se apartó, le puso una mano en la hermosa mejilla y, todavía sintiendo pasar por toda ella la emoción del triunfo, lo miró; la piel le brillaba dorada y la luz amarilla de la lámpara formaba un nimbo sobre su pelo oscuro.
- No soy perfecta, Itachi, pero eres muy amable al decirme eso. De hecho, mi profesor dice que aún me queda mucho trabajo por hacer.
Le sonrió, con la atención puesta en sus delgados y elegantes labios. Qué delicioso ver al hombre que tenía delante, poder tocarlo y mirarlo. Todavía exultante y osada, se acercó más a él y levantó la cara para besar sus delicados labios.
Él la rodeó con los brazos y, como si de pronto se hubiera soltado las ataduras, la apretó con fuerza a su cuerpo. Se unieron sus bocas, peleándose por saborearse, por lamer y mordisquear. Sakura palpó sus hombros, anchos, erguidos, fuertes. Qué diferente a sus encuentros con Sasuke, en que nunca podía verle la cara, ni sentir todo su cuerpo apretado contra el suyo, presionándole los pechos, el montículo del pubis, sin poder satisfacer su necesidad de acariciarlo, de deslizar las manos por su cuerpo.
- Sakura –musitó él, bajando la boca mojada por su mandíbula y cuello.
Ella se arqueó hacia atrás, empujando los pechos hacia sus manos ávidas, deseando sentir esos dedos en sus duros pezones.
Él le dejó libres los senos y se inclinó a introducir uno en la cálida caverna de su boca. Sakura se arqueó apretándose a él, mientras Itachi se lo succionaba, y deslizó la mano por el bulto de su miembro en la entrepierna.
En ese preciso instante se abrió la puerta, que estaba justo detrás de uno de los hombros del joven.
Sakura lo apartó de un empujón al reconocer la erguida figura negra de madame Yamanaka.
- Ma-madame –tartamudeó, metiéndose a toda prisa los pechos bajo el corpiño.
- Sakura, no lo hagas esperar –dijo ella.
Con los brazos cruzados sobre la cintura, paseó sus ojos negros por ella y luego por Itachi, esperando mientras se arreglaba la ropa.
- No, por supuesto, madame –repuso Sakura, abrumada por el remordimiento.
¿Cómo había podido dejar esperando a Sasuke? Lógicamente él querría verla después de su actuación, desearía estar con ella, para acariciarla, para hacerla sentir.
Mientras se hacía los últimos arreglos, Itachi había salido educadamente del cuarto, pero cuando ella emergió de él, estaba ahí esperándola.
Pero Sasuke también estaba esperándola.
¿Cómo había podido olvidarse de Sasuke, aunque sólo fuera por un momento? La agitación por su segundo debut, pensó; la emoción de haber conquistado al público otra vez, la emoción de ser la hermosa dama de sus sueños. Y luego la aparición de Itachi, que la había metido ahí antes que ella se diera cuenta de lo que hacía.
Pero solamente su ángel era capaz de hacerla sentir, sentir de verdad. Sólo con él podía dejar atrás la aflicción y el vacío.
Cantaba para él.
Tal vez, tal vez esa noche, podría verlo y sentirlo por fin.
- Si lo he complacido –susurró para sí misma.
Itachi la cogió del brazo con aire posesivo y echaron a andar detrás de madame Yamanaka por el ajetreado corredor.
- ¿Complacido a quién? –preguntó él, pasando un dedo bajo el borde del corpiño ya bien puesto, y alisándoselo por encima de la aréola.
- Mi profesor –repuso ella, apartándose suavemente.
- ¿Profesor? –preguntó él, frunciendo el ceño como si estuviera molesto-. Me hablaste de un profesor. ¿Quién es?
- ¿Te acuerdas cuando mi padre nos hablaba del ángel de la música? Me prometió enviármelo, y lo hizo. Mi profesor es el ángel de la música. Debe de estar esperándome. Y si lo he complacido…
Se le aceleró el corazón por la expectación.
- ¿De qué hablas, Sakura? ¿Esperándote? ¿Quién es ese hombre?
-Es el ángel de la música, Itachi. Es… vive aquí en el teatro, y lógicamente debe de estar esperando en mi camerino. Gracias a él soy capaz de cantar como lo hago.
- ¿Vive aquí? No es… ¿no es eso que llaman el Fantasma de la Ópera? –la miró horrorizado-. ¿Esa criatura que hizo salir corriendo a Karin del escenario esta noche? ¿La que le echó una especie de ensalmo?
Sakura le tocó la mejilla.
- Itachi, no es un fantasma. Y para mí es un amigo y profesor. –Amante, añadió para sus adentros-. Me ha dado clases durante más de seis meses y desde que vino a mí he sido muy feliz. Deberías sentirte feliz por mí también. Desde que murió mi padre no había logrado encontrar la paz, hasta que llegó mi ángel.
- Pero Sakura, ¿un hombre? ¿Un hombre en tu camerino? Vamos, eso es indecente.
Ella le sonrió afectuosa.
- ¿Indecente? Soy actriz, soy cantante. Vivo en el mundo del teatro. Y tú también estuviste en mi camerino.
Itachi estaba muy agitado.
- Sakura, no debes volver a verlo. Debes decirle que no puede visitarte.
Ella retiró la mano de su cara, con el corazón latiéndole más fuerte. Jamás aceptaría eso.
- Pero ¿por qué? Jamás haría eso, Itachi.
- Porque mi futura esposa no debe encontrarse con desconocidos en su camerino.
Sakura lo miró espantada, pero antes que pudiera contestar, una fuerte mano la cogió del brazo; era madame Ino, y en su austera cara tenía una expresión de molestia y urgencia.
- Sakura, se va a enfadar si tardas más tiempo.
- Sí, por supuesto –dijo ella, y reanudó la marcha por el corredor, acompañada por Itachi.
- Pero Sakura…
- Debo ir, Itachi. El ángel es muy estricto y no quiero enfadarlo. Es gracias a él que tengo tanto éxito. Ya has visto lo que le ocurrió a Karin por no hacer caso a sus órdenes.
- Pero…cenarás con nosotros esta noche, ¿verdad?
La miró con una expresión tan suplicante, sus ojos negros tan desesperados, reflejando la misma fuerza con la que le tenía asida la muñeca. Esa sujeción la hizo detenerse justo ante la puerta de su camerino y se giró a mirarlo.
No podía rechazarlo.
- Sí. Primero debo hablar con el ángel, y después, sí, me encantará cenar contigo, si él lo permite.
- ¿Si él lo permite? Sakura, ¿qué quieres decir? ¿Es que tiene dominio sobre ti?
- No, Itachi, dominio no, pero es un maestro estricto, exigente. Jamás llegaré a dar todo mi potencial si no sigo sus instrucciones. Además, si no lo hago así, dejará de visitarme. Y eso no lo podría soportar.
- Pero Sakura, no lo entiendo. ¿Cómo puedes permitir que ese…esa criatura controle tu vida?
- Es muy sencillo, Itachi. Sin él yo no cantaría como he cantado hoy. Sería la simple, tímida y solitaria Haruno Sakura. Con sus enseñanzas he florecido, por fin. No me mientas diciendo que mi voz y mi talento no son parte del atractivo que encuentras en mí. Lo he visto en tus ojos.
- Sakura, no niego que mi amor por ti es mayor aún con tu éxito, pero si mañana dejaras de cantar seguiría amándote.
- Pero yo no me amaría. Encuentro mi mayor dicha en mi música, y él me ha ayudado a encontrar esa felicidad. Entiéndelo, por favor, Itachi. Es una libertad, una alegría, una belleza especial que no había experimentado desde la muerte de mi padre. No deseo seguir hablando de esto, Itachi. No me vas a hacer cambiar de opinión, y no será una cena amistosa si estamos todo el rato discutiendo. –Le sonrió y vio que él se conformaba-. Entonces, sí, iré a cenar contigo si a él no le importa, pero, ¿no será mejor que vayamos los dos solos? –añadió pensando en la manera tan desagradable en que la había mirado Madara la noche anterior.
- Iré a ordenar que me traigan el coche y volveré a recogerte enseguida –dijo él, un poco de mala gana-. Y arreglaré las cosas para que cenemos solos.
Cuando le soltó la mano y se alejó, se giró en dirección a madame Yamanala.
- Es un juego muy peligroso el tuyo, Sakura.
- No… no sé qué decir.
- No lo complacerá tu retraso de esta noche, y lo disgustará mucho que hayas estado coqueteando precisamente con el vizconde. Si se entera de que es Itachi Uchiha el que ha captado tu atención… -apretó los labios-. Quedas avisada. Guárdate de enfurecerlo, porque igual podrías perderlo. Ya vista la vergüenza que pasó Karin esta noche. No te quepa la menor duda, aunque ella se buscó su ruina, que él contribuyó a materializarla. Y escúchame atentamente: no debes decirle nada de él al vizconde ni a su hermano, ¿entendido?
A Sakura se le formó un nudo en la garganta; ya le había dicho algo a Itachi sobre su ángel.
- Seguiré su consejo madame Yamanaka. No quiero hacer nada que me arriesgue a perder a mi ángel.
- Muy bien, ahora entra en tu camerino, que él no tardará en venir.
Sakura entró en el cuarto, pero él no apareció. Se quitó el vestido y se puso una bata blanca que le cubría hasta los tobillos, pero el hombre aún no dio señales de manifestarse. Se sentó en un sillón acolchado en el centro del cuarto, frente al espejo, y vio cómo su cara se iba poniendo más grave y preocupada a medida que pasaban los minutos.
Un fuerte golpe en la puerta la distrajo momentáneamente; fue a abrir y se encontró con Itachi, que la esperaba impaciente.
- Vamos, Sakura, los caballos se están poniendo inquietos y yo también.
La joven miró hacia atrás. Sentía el cuarto vacío; tal vez Sasuke estaba enfadado y no vendría a verla esa noche.
- De acuerdo, dame un momento para ponerme ropa de calle y coger mi capa.
Cerró la puerta y fue hasta el ropero que contenía su escasa ropa de calle.
Aún no había abierto las puertas cuando sintió agitarse el aire en el cuarto.
- ¡Sasuke! –exclamó, sintiendo pasar una oleada de alivio por toda ella.
Conocía su presencia; aunque él aún no se había anunciado de otra manera, lo sabía. Las cinco lámparas chisporrotearon, luego cuatro se apagaron y quedó una iluminando tenuemente la estancia.
Pero no ocurrió nada más. Silencio, un silencio severo, de vacío.
- ¿Sasuke? ¿Ange?
Las sombras se alargaron, entrecruzándose, y la única lámpara que quedaba encendida, se apagó. El aire se enfrió y se movió a su alrededor, erizándole el vello de la nuca y endureciéndole los pezones.
- ¿Dónde estás?
- ¿Sakura? ¿Qué pasa? –gritó Itachi al otro lado de la puerta, golpeándola con los puños-. Saca la llave a la puerta, Sakura.
Ella no la había cerrado.
- ¿Sasuke? ¿Estás ahí? –preguntó ella, elevando la voz-. ¿Ange?
- ¡Sakura! –gritó golpeando más fuerte y empujando la puerta.
- Saakuuraa –sonó por fin su nombre, en un susurró que pasó por toda ella.
- Sasuke. Estás aquí. ¿Dónde?
-¡Sakura! ¡Abre de una vez! – A juzgar por los sordos ruidos, Itachi estaba dando patadas a la puerta-. ¿Te encuentras bien? ¡Di algo!
- Saakuuuraaa, camina hacia el espejo.
Al instante pasó una oleada de deseo por su cuerpo al recordar su piel desnuda apretada contra el cristal frío plateado; el tormento y el placer que la hizo sentir, la excitación y el intensísimo orgasmo que le produjo.
Cuando ya se acercaba, vio que este se movía, y de repente la cogieron unos fuertes brazos y la hicieron pasar por en medio de lo que un momento antes era un sólido e imponente cristal, que al parecer se había disuelto. Fue como pasar a través del espejo.
Esos brazos la envolvieron en algo pesado y negro; olía a lana húmeda y sándalo. Entonces el camerino y el espejo quedaron a su espalda, y por primera vez miró a la cara del ángel de la música.
Estaba en la sombra; una mitad oculta por la oscuridad; en la otra brillaba un ojo, mirándola no con amabilidad ni afecto sino con furia y resolución. La mitad de la boca que podía ver, tenía una forma tan sensual como se la había imaginado, unos labios llenos, bien definidos, que se curvaban en una expresión de enfado, sobre la mandíbula apretada.
Antes que pudiera decir una sola palabra, expresar algún tipo de alivio (aunque, ¿de veras se sentía aliviada al ver esa amedrentadora expresión en su cara medio oculta?), Sasuke la alejó de un tirón del espejo y echó a andar por un oscuro corredor, llevándola cogida de la mano.
- Deja que tu amante se pregunte adónde te has ido –ladró, al oír el fuerte ruido que hizo la puerta del camerino al romperse.
- Sasuke, por favor, lo has interpretado mal –dijo ella, tratando de soltarse.
Pero la mano de él la sujetaba con mucha fuerza. Le latía desbocado el corazón, y lamentó ese momento de estupidez en el cuarto ropero con Itachi.
- No he interpretado mal nada –dijo él entre dientes, continuando la loca carrera por el corredor.
Ella tropezaba y se tambaleaba, y sin la sujeción de él se habría caído más de una vez.
- No interpreté mal las manos de ese chico bajando por tu vestido, ¿verdad? Ni tu lengua en su cuello. ¿Lo interpreté mal, Sakura?
Una rabia controlada ponía acero en sus palabras y eso la asustaba más que cualquier furia desatada. Esa calma, esa mesura al hablar, y la expresión dura de su ojo visible… Por primera vez comenzó a temer lo que él podría hacerle.
- ¿Adónde me llevas?
- Pronto lo descubrirás –contestó él.
Dieron la vuelta a un recodo y Sakura vio, sorprendida, un caballo negro ensillado, su pelaje brillaba a la luz de una sola antorcha. A pesar de la tenue luz, reconoció al animal; era uno de los caballos que desaparecieron del establo del teatro hacía un tiempo. Se llamaba Hachibi.
Después de ayudarla a montar, Sasuke cogió las riendas y echó a andar, llevando al caballo por un corredor más ancho.
Él caminaba delante de ella, junto a la cabeza de Hachibi, y lo único que le veía era su alta figura cubierta por una capa negra que le llegaba más abajo de las rodillas. Aún no lo había visto a plena luz; daba la impresión de que se mantenía en la sombras adrede.
Cuando llegaron al final de un largo corredor en pendiente, la ayudó a desmontar, sin ninguna suavidad, y descubrió que habían salido de la parte apuntalada del teatro y estaban a la orilla de un pequeño lago. Ahí les esperaba una barca de muy poco calado; sin decir palabra, él le indicó que subiera y la ayudó; entonces cogió un largo palo y hundiéndolo en el agua hizo avanzar la barca.
Ella ya tenía las manos húmedas y pegajosas, y el corazón no se le había calmado; continuaba retumbándole en el pecho, produciéndole temblores por todo el cuerpo. ¿Qué iba a ser de ella? ¿Qué pensaba hacer Sasuke con ella?
Pero a pesar de su imponente y furiosa presencia detrás de ella, de sus palabras duras y cortantes cuando le habló, y de la forma impersonal de tocarla cuando la ayudó a subir la barca, encontraba agradable estar con él. Su nervioso cuerpo reaccionaba reavivándose y deseándolo, deseando sentir su contacto, las caricias de sus seductores labios y sus suaves y elegantes dedos. Tenía la garganta reseca, le ardían las mejillas y apretaba fuertemente los dedos entrelazados; comprendió que, a pesar del enfadado distanciamiento de él, esperaba sus caricias.
Porque seguro, seguro que ahí, dondequiera que iban, podría verlo y acariciarlo.
Finalmente, la barca se deslizó por la orilla de piedra del lago, y ella vio una pequeña casa que daba la impresión de estar incrustada en un muro o en la pared de una caverna. En una ventana brillaba una tenue luz amarilla.
- Bienvenida a mi hogar –le dijo Sasuke secamente, en tono poco acogedor.
Pero no fue brusco ni descortés al ayudarla a bajar de la barca. Observó que mientras cruzaban el lago él se había cubierto la cabeza con una capucha que prácticamente le ocultaba la cara, pues le dejaba la mayor parte en la sombra.
Entonces, al poner los pies en el suelo se encontró hundida hasta los tobillos en el agua. Estaba fría, y se estremeció al mojarse las medias de seda y los zapatos de fina piel; también le empapó los volantes y encajes de la orilla de la bata blanca, que se volvió más pesada. Vadeó con sumo cuidado por el agua hasta subir a la dura y lisa orilla, observando las relucientes piedras grises y negras dispersas a todo lo largo, y que reflejaban el brillo blanco de seis antorchas fijadas a los lados de la inmensa bóveda de piedra que albergaba ese lago subterráneo.
Cuando entró en la casita la sorprendió ver que estaba bien amueblada y equipada con todas las comodidades de cualquier hogar.
- Debe de ser… terrible vivir en la oscuridad todo el tiempo, Sasuke –dijo, cogiéndole el brazo al sentirlo pasar por su lado.
Él se soltó bruscamente, casi arrojándola lejos, con la cara tapada por la capucha vuelta hacia el otro lado, y, dejándola sola en la salita de estar, salió en dirección a una parte de la casa donde debían de estar la cocina y el comedor.
Ella se lo quedó mirando hasta que desapareció. ¿Qué iba a hacerle? ¿Estaba prisionera? Con creciente aprensión, fue a sentarse.
Pasado un momento, oyó sus pasos de vuelta. Los pasos se hicieron más lentos, pues al parecer él se detuvo un instante, y luego se oyeron más rápidos, como si quisiera llegar hasta ahí de una vez por todas.
Cuando entró a la sala, Sakura lo vio por primera vez fuera de la oscuridad y sin la capucha. Todo de negro, potente, amedrentador.
Sasuke se detuvo, con las manos en las caderas, como para cobrar fuerzas, y la miró.
Entonces ella comprendió por qué él llevaba la mitad de la cara en la sombra todo el rato, por qué cuando alargó la mano hacia atrás y le tocó el rostro, esa vez en el camerino y luego en el escenario, sintió la piel tan… rara. Blanda, lisa, dúctil, la textura de cuero curtido.
Llevaba una máscara, que le ocultaba una mitad de la cara que era, o fue, o había prometido ser, perfecta. Tersa, suave, bien cincelada. Contempló sus ojos, profundos en sus órbitas, la fuerte mandíbula que hacía una curva semejante al cuello de un arpa; los bien definidos pómulos altos, de los que uno parecía estar cubierto de pintura negra.
No llevaba tapada la boca; la máscara, de color negro mate, trazaba una curva alrededor del ojo, hasta el puente de la nariz, y le cubría esa misma mitad, y luego la mitad del borde del labio superior, extendiéndose por la mitad de la mejilla, de piel morena, hasta llegar a la oreja, subir por la sien y seguir por la frente, cubriéndola casi por completo. Vio el delgado cordón negro que salía del extremo superior y luego se hundía en su pelo moreno a la altura de la otra sien.
¿Qué había debajo de esa máscara?
Se levantó, casi involuntariamente, y alargó la mano hacia él, pero este le cogió la muñeca al vuelo.
- No la toques –dijo, bajándole el brazo.
Ella sintió la furia que seguí emanando del hombre.
- Sasuke, por favor…
- ¿Por favor, dices? ¿Por favor? –repitió, con la voz diferente.
Había cambiado a ese tono dulce, calmado, con que la mimaba cuando la tenía aplastada contra el espejo, produciéndole tantas sensaciones, haciendo salir tanto de ella. Retrocedió al ver el repentino brillo rojo de sus ojos que, anidado en sus profundos párpados semientornados, la miraban con hambre de un león.
Se le agitó la respiración como si hubiera estado corriendo. Sintió pasar por ella algo caliente y pesado, que le humedeció la cara y la hizo arder por dentro, causándole revoloteos en el estómago. Se le endurecieron los pezones, empujando la delgada tela de la camisola, que era la única prenda que llevaba bajo la bata. Se estremeció, y vio que a él también le temblaban las manos.
- Me hará ilusión oírte decirme eso –dijo él, en un tono tranquilo que contradecía la intensidad de sus ojos- Por favor, Sasuke. Ah, sí, no me cabe duda de que encontrarás muchas maneras de suplicarme.
- Sasuke, ¿qué vas a hacer?
Los revoloteos del estómago le subieron a la garganta, y sintió arder más las mejillas. Sabía muy bien cuál sería la respuesta a esa pregunta.
- Podemos comenzar con la orden de que te quites la ropa. Y hazlo rápido, Sakura. He esperado demasiado tiempo para que me lo hagas perder ahora.
A ella no le temblaron los dedos al soltarse el cinturón y los botones de la bata. Se la echó atrás por los hombros y la dejó caer, sintiendo su ávida mirada sobre su cuerpo, y consciente de la oleada de poder que la recorrió. No necesitaba mirarse para ver sus pezones en punta empujando la delgada tela de la camisola ni la parte superior de sus pechos que revelaba el escote redondo.
- Todo –gruñó él, haciendo un ademán de alargar las manos hacia ella.
Sakura dio un corto paso hacia un lado y él bajó las manos; lo observó mirándola, como aspirándola, como si verla le diera aire. Entonces se subió la camisola, se la sacó por la cabeza y sintió la ráfaga de aire más fresco sobre su sensible piel.
A él se le hizo más superficial y audible la respiración. Entonces lo vio hacer una honda y temblorosa inspiración y luego soltar el aire lentamente.
- Ahora… -dijo, y no pudo seguir porque se le cortó la voz. Pero sus ojos continuaron mirándola intensamente, fijos no en sus pechos con los pezones duros y puntiagudos y ni siquiera en el triángulo de vello del pubis, sino en sus ojos, perforándoselos-. Ahora, Sakura, vas a ver lo que ocurre cuando permites que otro hombre te toque.
