Hola a todos! Bueno, este es el ch. más corto que he hecho en todo lo que llevo escribiendo xD… Lo siento mucho, he tardado en subir el siguiente la vida y más T.T… es algo muy injusto, pero desde hace unos días que no tengo Internet, y eso me preocupaba :/… pero ya está solucionado x3… Además, he podido adelantar muchos caps… xD…
Ejem…Este es el preludio del gran problema que van a tener mis queridos personajes, por lo tanto, y aunque sea realmente pequeño, es muy importante…
ADVERTENCIA: este capítulo contiene lime. Al igual que en los ch. anteriores, ni los personajes ni la historia me pertenecen, sino a sus respectivos dueños.
No hay mucho que contar, así que, pasaremos a los comentarios :)…
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Milfy-chan: hahahahaha eso eso! Sufre Itachiiiii! xD... pero qué mala que eres xD... la verdad es que este ch. Es cortito comparado con los otros, pero espero que te guste, porque aquí se está cociendo el gran desastre! Y bueno, no hay que privarle a Madara de su actuación xD... En el siguiente ch, se te caerá la abba! O eso espero, porque el lemon que viene va a ser demoledor (o eso me pareció a mí cuando lo adapté... hasta me temblaron las piernas y todo xD...) Muchas gracias por apoyarme siempre :)... ( Y a ver pa cuando tenemos la conti de tus fics! Me tienes en vela milfy-chaan T.T...) Espero que te guste y sigas leyendo! Cuidate y muchos besos One-chaan :)... Ja Ne :)!
Ornella-chan: hahahahaha ufff... a quien no le gustaría ser castigada por Sasuke-chaaan *¬*... nyaaaa... yo me muero si pasa eso... ay, Kami-sama xD... hehehe Muchas gracias por seguir leyendo ^^... aunque esta conti es corta y es sólo un avance de problemas, el siguiente se centrará total y exclusivamente en el "castigo" corporal (y sexuaaaal *¬*...) de Sakura... nyaaa... Muchos besos y cuidate! Ja Ne :)!
Natsumi511: de verdad... muchas gracias por ese review... T.T... me ha subido mucho la moral ver que te había dejado sin palabras (no mal pensar xD...) hehehe... una película del 67? E italiana? Tendré que buscarlo :/... ahora me ha picado la intriga xD... hum... con que no te gustaba el lemon eeeh! Ya te vale! Grrr... es una vía de escape de nuestra mente lujuriosa (sobre todo la mía xDDD...) Me gusta que te hayas iniciado a este mundillo de preversiones... Ahora somos uno más :)... muahaahaha xD... bueno, pues este es cortillo, pero el siguiente te gustará... ya lo verás :)... cuidate mucho vale? Y besiitos ^^... Ja en :)!
mimisaku: hahahaha te voy a dejar en ascuas hasta la próxima subida xD... hahaha... ahora le toca entrar en acción a Madara y a los malos :)... muchahaha (secretamente siempre me ha gustado Madara xD...), perono te preocupes, subiré como muy tarde el viernes el siguiente ch... (sino me veo en problemas :O...) hehehehe... muchas gracias por comentar ^^... espero que sigas leyendo! Cuidate mucho y besoos! Ja Ne :)!
Nadesiko-san: Muahahahaha SIIII! :)... matarme :)... xD... bueno, pues como soy mala, voy a seguir dejándote con la intriga de lo que pasará xD... pero tranquila mente inquieta (es un apelativo cariñoso, sin ofender :)...) que en el siguiente ch, tu lujuria se verá saciada! No, si sexy y sensual merecido le va a dar xD... hehehehe me alegra que te haya gustado el ch.! Sigue leyendo y saciarás a la mente pervertida que hay en ti :)... xD... Cuidate mucho y besitooos! Ja Ne :)!
Rekyem: hahahahaha sugerente hasta morir xD... siempre xd... soy lo peor :)... pero qué se le va a hacer... Ya, mi pobrecillo Eric se quedó a dos velas por culpa de Christine y Raoul... pero no pasará aquí... lo juro :(...! xD... se me va xD... en el siguiente, Sasuke arderá en pasión por Sakura... muahahahaha xD... cierto que sin dolor no se valora el amor u.u... Bueno, espero que te guste este ch.! Y nos vemos en el siguiente! muahahaha cuidate mucho y besos vale? Ja Ne :)!
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El Fantasma de la Ópera.
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9. Conspiración.
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Itachi logró por fin abrir la puerta del camerino y entró corriendo. No había nadie.
- ¡Sakura! –gritó, abriendo las puertas del ropero.
Era imposible. ¿Cómo había podido desaparecer?
- ¡Sakura! –gritó otra vez.
La había oído hablar con alguien. ¿Podría haber sido con su profesor, ese ángel de la música del que hablaba?
- ¡Sakura!
Sintió un ruido detrás de él y se giró a mirar. La mujer de expresión severa que los había interrumpido antes estaba en el umbral de la puerta abierta. Llevaba el pelo bien alisado hacia atrás, estirándole la piel de alrededor de sus azulados y brillantes ojos.
- ¿Le puedo servir en algo, señor vizconde?
- ¿Dónde está Sakura? –preguntó Itachi-. Se ha marchado. ¿Adónde se la ha llevado ese loco?
Sentía correr el miedo por sus venas, y de pronto este dio paso a otra emoción: furia, una furia pura, ardiente.
- No sé de qué me habla, pero está claro que la señorita Haruno no está aquí. Y la puerta…, será necesario repararla para que ella pueda volver a usar su camerino. Tal vez está algo ofuscado, señor vizconde. Tendría mucho gusto en acompañarle al salón de la danza, donde podrá beber algo. Ya sabe, estas bellas actrices y cantantes son…, bueno, propensas a la velocidad. Es posible que la señorita Haruno haya encontrado otro admirador.
Él la miró y vio una expresión de inocencia y serenidad en su cara, como una especie de máscara. O bien no lo sabía o no quería que él lo supiera.
- Encontraré solo el camino –gruñó, y salió, pasando junto a ella con todo el cuerpo temblando de miedo y furia.
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Pese a haber pasado por el momento que había sido, sin duda, el más humillante de su vida, Karin se encontraba en el salón de la danza, donde estaba dando audiencia a un grupo de admiradores.
Y ahí estaba cuando Madara entró en el ya atiborrado salón poco después de la accidentada representación de El Valle del Fin.
La miró con curiosidad, fijándose en unas guedejas de pelo rojo que llevaba ensortijadas alrededor de la cara como si se las hubieran pintado sobre la piel; en sus generosos y tiritones pechos, apenas cubiertos hasta los pezones por un vestido color vino, y en sus deliciosos labios que parecían como si se los hubieran fruncido formando un pequeño capullo. Puesto que sólo se los había visto bien abiertos al cantar una u otra aria, lo sorprendió que ahora estuviera haciendo…pucheros. Bastante deliciosos.
Y junto con el resto de su exuberante y curvilíneo cuerpo, bueno, casi bastó para expulsar de su mente la visión de Haruno Sakura. Casi.
En realidad, le estaba resultando muy, muy difícil disipar las imágenes explícitas y tremendamente eróticas de la nueva estrella del Teatro de la Ópera, que le pasaban constantemente por la cabeza. El evidente encaprichamiento de su hermano por la señorita Haruno ya no sólo no lo divertía, sino que también lo fastidiaba. Necesitaría recurrir a una esmerada manipulación para conseguir que la compartiera con él.
Aunque, la verdad, no le parecía imposible convencer a su hermano; al fin y al cabo, lo que estaba en juego sólo era una mujer, y por lo demás, Itachi era un chico particularmente sumiso. El único problema era que tendría que tomarse mucho más trabajo del que normalmente empleaba para disfrutar de una mujer. Tendría que ir con bastante más cuidado, porque aunque no tenía ningún escrúpulo en manipular a Itachi, no deseaba enfadarlo.
Estaba inmerso en imágenes mentales de pechos con pezones rosados, brillantes labios entreabiertos por resuellos de dolor y súplica y largos mechones rosados enrollados en su muñeca, cuando de repente se encontró a Karin delante de él.
- Buenas noches, madame –saludó, trasladando sus pensamientos a aquella voluptuosa mujer.
- Señor conde, nuestro nuevo mecenas –ronroneó ella con una inconfundible invitación en los ojos- Muy bien que haya venido.
- Veo que se ha recuperado de su… accidente –repuso Madara, consciente de la mala educación que mostraba al mencionarlo, pero movido por la curiosidad de ver cómo reaccionaba la diva.
Ella agitó rápidamente las pestañas.
- Fue macabro –contestó, vehemente, simulando tener los ojos modestamente bajos pero mirándolo por entre las pestañas-. Fue horrible. Pero me he encargado de que eso no vuelva a ocurrir.
Madara se había dejado llevar por ella hacia un rincón tranquilo de la habitación. El evidente interés que manifestaba era muy impropio de Karin, ya que él había observado, aunque brevemente y desde la distancia. Normalmente ella exigía que los hombres se le acercaran primero, y al parecer no le escaseaba la compañía masculina. Picada su curiosidad, esperó a que ella se sentara y luego eligió un ridículo puf tremendamente incómodo que estaba lo bastante cerca de ella para poder hablar sin que los oyeran.
- ¿Y cómo espera impedirlo? –preguntó, aprovechando la oportunidad para meter los dedos por entre los prominentes pechos que le ofrecía tan ostentosamente; el borde del escote, que le bajaba casi hasta el ombligo, le quedaba tan ceñido que prácticamente se enterraba en el centro de sus aréolas. Cuando le apartó esa parte del corsé, la tela reforzada con ballenas se tensó sobre el otro pecho, aplastándoselo, y dejando libre el opuesto, del tamaño de un melón, sólo cubierto por el corpiño-. ¿Tiene alguna influencia en ese fantasma de la Ópera del que hablan? ¿O sencillamente piensa tocar la herradura para evitar la desgracia que podría hacer caer sobre usted ese susodicho?
- ¡Fantasma de la Ópera! ¡Bah! –exclamó ella, inclinándose; él aprovechó para encontrar el pezón con el pulgar, le dio un apretón para experimentar y lo gratificó ver la reacción en sus ojos-. No creo en ningún fantasma de la Ópera. ¡Ridículo! Me birló mi tónico para la garganta que siempre dejo entre bastidores para hacer gárgaras entre un aria y otra. Fantasma o no, quienquiera que sea, querría dejarme en vergüenza y me cambió el tónico por algo que me hizo hacer ese horrible sonido. Lo reconocí enseguida cuando volví a probar el tónico. Eso no lo hizo un fantasma, sino un hombre de carne y hueso.
- Parece que está en minoría. Pero, ¿por qué? –le preguntó él.
Tenía la piel suave y cálida, y la saboreó en la curva del cuello con el hombro. Primero sintió el sabor del maquillaje grasoso y los polvos, pero luego encontró piel dulce y salada y se la succionó con fuerza. Al oírla ronronear, metió entera la mano por debajo del corpiño y la ahuecó en su pecho.
Karin se apartó y él vio la expresión calculadora en sus ojos.
- No es más fantasma que usted y yo –dijo-. He oído cosas.
Los cotilleos que la cantante había oído le importaban mucho menos que el generoso montículo de carne que se le ofrecía debajo de ese vestido color vino, pero como a los ojos del público era un caballero, esperaría que el momento fuera oportuno.
- ¿Cosas? –murmuró, levantándole el brazo, por el simple placer de ver elevarse el pecho que lo acompañaba.
- La hija de la directora de ballet habla de ese hombre al que llaman fantasma. Es la mejor amiga de la señorita Haruno y, no sé cómo, esta chica sabe otras cosas que se han dicho de él. Este fantasma no es un espectro, sino un hombre con una cara horrible que esconde bajo una máscara.
A él le llevó un momento, pero logró desentenderse del tono chismoso debido a la conmoción que le causó el significado de esas palabras. Lo pensó, apretándole la muñeca tal vez con demasiada fuerza. Pero cuando levantó la vista, en sus ojos no vio expresión de dolor, sino sólo de placer; placer y satisfacción.
- ¿Un hombre? ¿Con una máscara?
¿Sería posible? ¿Podría ser que él estuviera ahí? ¿Que lo hubiera estado todo este tiempo?
Enderezó la espalda y le soltó la muñeca, considerando las posibilidades.
- ¿Qué más sabe acerca de ese hombre? ¿Cuánto tiempo ha vivido aquí ese fantasma? ¿Cómo es?
La expresión de Karin se tornó más astuta aún, más calculadora.
- Ha habido rumores de un… de una presencia aquí, desde la inauguración del teatro hace diez años, y tal vez desde antes, cuando lo estaban construyendo. No sé cómo es, pero debe de tener la agilidad de un chico joven, para ser capaz de trepar por todas partes con tanta facilidad y rapidez, como parece hacer.
- Desde luego. Creo que podríamos tener varias cosas… de que hablar –le dijo Madara, sin dejar de hacer trabajar la cabeza.
Habían transcurrido casi diez años desde que ocurrieron todos aquellos desagradables incidentes, que él había tenido buen cuidado de meter debajo de la alfombra, por así decirlo. Fue una suerte que ocurrieran durante los desagradables alborotos de la guerra, porque eso le había facilitado mucho borrar todas las pruebas de lo ocurrido.
De todos modos, fue por entonces cuando desapareció Sasuke.
- Tardaron muchos años en construir este teatro, ¿verdad?
- Muchos –ronroneó Karin, como si fueran palabras para seducir y no una simple confirmación-. Y tengo entendido que interrumpieron la construcción durante la guerra, y que usaron este edificio como hospital durante el asedio de Konoha.
- ¿Y si durante ese tiempo ya había rumores sobre el fantasma?
- No lo sé, pero lo puedo averiguar. Sí, lo preguntaré a una de esas estúpidas acomodadoras. Lo único que saben hacer es cotillear.
Madara pensó que el sólo hecho de que Karin se rebajara a hablar con una de las acomodadoras, la más humilde categoría, ya desataría los cotilleos suficientes, pero aun así no puso ninguna objeción a que lo hiciera.
Justo en ese momento oyó el ruido de una gran conmoción al otro lado del salón, y vio entrar a su hermano con una expresión feroz en los ojos. Cuando Itachi lo vio, al instante echó a andar hacia él, abriéndose paso a ciegas por entre los grupos de bailarinas, actrices y sus admiradores.
- ¡No está! –dijo cuando llegó hasta ellos-. Sakura, la señorita Haruno, ha desaparecido. Se la ha llevado el fantasma de la Ópera.
Arqueando una ceja, Madara miró a su hermano, cuyos ojos tenían un brillo de locura. Lo librara Kami de que una mujer lo redujera a ese estado alguna vez.
- Vea qué puede averiguar sobre este fantasma de la Ópera –le dijo a Karin-, y le estaré enorme… y creativamente agradecido.
- Será mi mayor placer –contestó ella, agitando las pestañas y meciendo los pechos.
- Espero que sea el mío también.
Ella lo miró, toda astucia y promesas.
- Me encargaré de que así sea.
