ADVERTENCIA: Los personajes no me perteneces, ya que Masashi Kishimoto los creó antes que yo (maldita sea ò.ó…), y la historia es una adaptación de uno de mis libros favoritos :)…
A parte, este ch. va cargado de mucho lemon y a quien no le guste o sea menos de edad, le recomiendo fervientemente que no lo lea xD… se quedará traumatizado xD… hehehe… Una última cosa, perdonad mis faltas de ortografía si es que hay…. Porque no me ha dado tiempo de repasarlo por la prisa que tengo… Por favor, perdonarlas T.T…
Y sin más dilación… e aquí la historia de un amor enmascarado… donde nuestra querida protagonista tendría que haberse quedado con el Fantasmita *¬*… Espero que lo disfrutéis :)…
.
.
El Fantasma de la Ópera.
.
.
10. No me traiciones nunca.
.
.
Sasuke le cogió el brazo a Sakura y la empujó delante de él por un corto corredor, manteniéndose a cierta distancia, como para evitar cualquier roce casual entre sus cuerpos.
Si no hubiera visto cómo la miraba, y no hubiera sentido sobre ella su intensa y posesiva mirada, habría pensado que la encontraba desagradable. Pero no, en sus ojos no había visto nada de eso.
Al llegar al final del corredor entraron en una espaciosa sala, lugar claramente diseñado para el trabajo de un genio espoleado por la creatividad. Sorprendida, vio que arriba había una pequeña cúpula de vidrio por la que se veían brillar las estrellas en el cielo nocturno. O sea, no vivía en total oscuridad.
Cuando se detuvieron, volvió a mirarlo y lo vio intentando controlar el estremecimiento que le produjo su mirada. Tal vez vivía en otro tipo de oscuridad, una oscuridad intensa y total a su manera. Se le despertó la compasión, la compasión y el deseo. Las caricias de Itachi no habían sido otra cosa que una burda sombra de las de Sasuke, que le agitaban las emociones, y había sido una tonta al permitirle que llegara tan lejos.
La sala era bastante más grande que su camerino, y estaba dominada por un hermoso y reluciente piano negro, un arpa de caoba, una viola, un violín y un violonchelo. Sobre una tarima reposaba un tablero ancho y largo formando una mesa que parecía ser simplemente un escritorio de trabajo. Sobre ella había papeles dispersos, correas para atarlos, plumas, tinteros y libros.
Sólo había alcanzado a ver esos detalles, cuando él se le colocó detrás, le cogió las muñecas y se las juntó a la espalda; después le pasó un brazo por debajo de los codos, dejándole aprisionados los brazos, y le pasó el otro, doblado, por el cuello, echándola hacia atrás, y dejándola apoyada en él.
- Te vi con ese chico –le dijo al oído. Su melodiosa voz no sonó enfadada sino más bien llena de promesas; promesas de algo poderoso; a ella se le resecó la garganta-. Sakura, ¿no entiendes que me perteneces?
- Sasuke, lo que…
- ¡Silencio! –Aumentó la presión del brazo en el cuello, no tanto como para impedirle respirar, pero sí con la suficiente fuerza como para dejarle la cabeza apoyada en su pecho; ella sintió los estremecimientos que pasaban por su cuerpo, aunque no podía saber si se debían a su esfuerzo por dominarse o a otras emociones-. Ahora experimentarás el sufrimiento que yo he soportado.
Le soltó los brazos, manteniendo el otro en su cuello, y le deslizó la mano hacia delante hasta ahuecarla en un pecho. Se lo apretó y movió suavemente, le frotó el pezón con el pulgar y le dio un capirotazo. Su cuerpo había aprendido bien la lección; se le endurecieron los pezones, se le tensaron los músculos y los revoloteos en el vientre se convirtieron en punzadas de deseo.
Se arqueó, apretando el pecho en su mano y empujando el trasero y las caderas hacia atrás, apretándolos al cuerpo de él. Se le hundieron los botones de su camisa en la piel de la espalda, mientras él continuaba jugando con su pecho y sosteniéndola inmóvil, apretada contra sí. Entonces le pellizcó el pezón y a ella le salió un suspiro desde lo más profundo, y sintió acumularse el líquido en la entrepierna. No veía la hora de sentir su grueso y duro miembro deslizándose dentro de ella; se relajó, apoyada en él.
Sasuke aflojó la presión en el cuello para poder acariciarle suavemente la mandíbula, sin cambiar de posición, luego le peinó el pelo con los dedos, le acarició el lóbulo de la oreja, todo con movimientos lentos, sensuales. Sakura cerró los ojos, gozando de sus caricias, dejando discurrir el placer por su interior, sin prisas, relajada. A diferencia de las otras veces que habían estado juntos, cuando él le daba órdenes y la controlaba, se sentía como si estuvieran equilibrados, igualados.
Él hizo una inspiración profunda y al sentir ella su pecho empujándola al hincharse ladeó la cabeza y la apoyó en su hombro. Entonces la mano que le estaba frotando rítmicamente el pezón, haciéndole bajar oleadas de deseo hacia la boca del estómago, bajó por su abdomen y vientre hasta la entrepierna, el lugar que ella ansiaba que le acariciara.
Él pasó los dedos por entre el rizado vello púbico, levantándoselo y peinándolo, toqueteándole ligeramente la sensible piel, al tiempo que con la otra mano continuaba jugando con sus cabellos, más suaves. Notó que Sasuke cambiaba de posición y sintió su boca en el hombro, sus labios llenos, deslizándose hacia el cuello.
Mientras le besaba el cuello bajó la mano que tenía ahí hasta cubrirle el otro pecho, y deslizó los dedos de la otra mano por entre los pliegues de su dilatada vulva. Exhalando un suspiro, ella alargó las manos hacia atrás para palparle el miembro erecto que sentía vibrar, empujando sus pantalones. Cuando se lo palpó por encima de la tela, él se sacudió, con la respiración agitada y empujó, apretándolo contra sus palmas y restregándoselo.
Sakura tenía el clítoris tan duro y vibrante como el pene de él, y el flujo vaginal le permitía a Sasuke deslizar la mano sin dificultad, haciendo sonar suaves plops, que alternaban con el sonido de las respiraciones de los dos. Al mismo tiempo, le frotaba el pezón, le acariciaba suavemente la punta y le succionaba la piel, guiándose por el placer de ella, con lo que el ritmo de su respiración se volvió más agitado que el suyo.
- Sasuke –suspiró, moviendo las caderas sobre su miembro, sintiendo su cálido aliento cerca de la cara.
Él la soltó y con las manos la acarició desde las caderas hasta los pechos, deteniéndolas ahí para apretárselos, y luego las bajó por los brazos, dejándole las manos juntas a la espalda sobre su miembro.
De repente, ella sintió algo por delante, algo raro. Abrió los ojos. Era el arpa. Él la había ido acercando poco a poco, sin que ella se diera cuenta; así de obnubilada estaba en su mente por la turbulencia del placer.
El arpa era más alta que ella, y su cuello hacía una curva que semejaba bellamente a su cuerpo femenino. Las cuerdas más largas le tocaban las mejillas.
- Agárrate al arpa –le ordenó Sasuke, detrás de ella. Su voz sonó tensa y dura, pero apenas audible.
Recordando la experiencia del espejo, Sakura sintió una oleada de deseo al alargar una mano hacia la columna recta y la otra para coger el extremo curvo del cuello. Tuvo que abrir tanto los brazos que sus pezones rozaron las frías cuerdas, y al moverse le quedaron metidos en los espacios que había entre ellas; cabían justito y los pezones le quedaron sobresaliendo por el otro lado.
- Abre las piernas –dijo él, y ella obedeció.
Quedó con toda la parte delantera apretada al instrumento, con las manos levantadas, los pezones aprisionados por las cuerdas y los pies separados dejando la base del arpa entre ellos.
Oyó un suave movimiento a su espalda y, cuando estaba a punto de girarse y averiguar qué era lo que pasaba, él ladró:
- No te muevas.
Y de repente, algo oscurote tapó los ojos. Una venda.
- ¡Sasuke!
Abrió las manos para retirarlas del arpa, y la boca para decirle que ya no necesitaba hacer eso, pero sus fuertes manos le cogieron las muñecas y se las afirmaron donde estaban.
Él le ató la venda detrás de la cabeza, y un mechón de pelo se le quedó atrapado en el nudo, tironeando. Le dolió.
- Y no hables. A no ser que sea… para suplicar.
Esas dos últimas palabras, en un ronco susurro al oído, le hicieron pasar por todo el cuerpo una punzada de placer combinado con inquietud. Hizo una inspiración y los pezones se elevaron junto con su pecho por entre las cuerdas del arpa. Con la extraña sensación del roce de los hilos metálicos, los pezones se le apretaron y endurecieron aún más, y cuando soltó el aliento, apoyando la frente en la suave madera del arpa, los montecitos rosados bajaron, y se le volvieron a tensar.
Entonces lo sintió, detrás de ella. Su cuerpo cálido, alto, sólido apretado contra el suyo otra vez, y su excitado miembro desnudo empujando por la curva de su trasero, con las manos en sus caderas y la boca, oh, por favor, en su hombro. Ella movió la frente sobre la madera del arpa y la venda subió lo suficiente para poder mirar hacia abajo, y vio sus piernas y sus pies descalzos, largos y morenos uno a cada lado de los suyos, estrechos y blancos, en parte ocultos por la tela de sus pantalones oscuros.
Pero su pene… Sujetándola con las manos en sus caderas, le introdujo su excitado miembro por la uve de sus nalgas y lo deslizó por la mojada hendidura entre los labios de la vulva, y ella vio asomar la cabeza rojo purpúrea por debajo de su mata de vello púbico. Lo sintió temblar, sujetándola firme; sus muslos le presionaban en ángulo los de ella desnudos, y sus rodillas y tobillos le apretaban esas mismas articulaciones a ella por fuera. Estaban trabados, y, sin embargo, no lo estaban.
Bajando suavemente una mano por su vientre, él comenzó a toquetearle el sexo, hundiendo los dedos en los jugos de su excitación y deslizándolos en círculo, mojando los dilatados labios de su vulva, acariciando, atormentando. Ella gimió y empujó hacia atrás el trasero, apretándose a él, y luego hacia delante y arriba, hacia su mano, tratando de frotarse ahí para llegar a un orgasmo. Pero él retiró la mano de su ansioso clítoris para deslizarla mojada por la parte de debajo de su pene, al tiempo que le presionaba el canal de la vulva con la parte de arriba. Volvió a ver asomar la cabeza del miembro por debajo de sus rizos claros, e intentó mover las caderas para que el miembro le frotara el clítoris como deseaba o, por fin, se lo introdujera donde lo necesitaba.
Pero él ya tenía las manos nuevamente en su cintura, sujetándola, jadeante, echándole el aliento caliente en la coronilla, moviendo el miembro, hacia delante y hacia atrás, por la cuna de su vulva, y así continuó hasta que finalmente emitió un largo y estremecido gemido y se apretó a ella con tanta fuerza que la estrelló contra el arpa, produciendo un agudo sonido.
Sakura vio salir el chorro blanco de semen de su entrepierna, y pasar por entre las cuerdas del arpa, para caer al suelo de madera. Estaba aplastada contra el instrumento, con las cuerdas enterradas en su carne, pero no podía apartarse teniendo el sólido peso de él detrás.
Le vibraba el clítoris, le ardía de deseo la vagina, le dolían los pezones y deseaba girarse. Los brazos se le habían cansado por estar tensos por su sujeción al arpa.
Sintió las manos de Sasuke en su cuerpo de nuevo. Se había recuperado y apartado de ella, retirando el calor de su cuerpo vestido de su espalda. Se le erizó el vello de la nuca al sentir la ráfaga de aire fresco y, con expectación, se estremeció al sentir bajar sus manos por los costados, desde los pechos a las caderas. Sonrió expectante, mirando las cuerdas hacia abajo.
Y entonces, nada.
- ¿Sasuke?
La voz le salió en un resuello, suplicante,
- ¿Ya suplicas? ¿Tan pronto? –dijo él, en tono afable y medio burlón-. Si no, calla. Y… deja que arregle esto.
La venda volvió a cubrirle los ojos; se la apretó detrás de la cabeza. El dolor del tirón del pelo atrapado por el nudo la distrajo un momento de las palpitaciones que sentía en la entrepierna.
Cayó en la cuenta de que nada le impedía mover los brazos; entonces, ¡por qué los tenía levantados para afirmarse?
Pero nuevamente él se le adelantó. En cuanto pensó en moverlos Sasuke le cogió con fuerza la muñeca izquierda.
- Permíteme.
Le bajó el brazo, deslizando su mano por la columna recta del arpa, que tenía unas figuras talladas que sus dedos no reconocieron, y se la situó a la altura de las caderas y se las ató ahí. Después hizo lo mismo con su otra mano, amarrándosela en el otro lado de arpa.
- ¿Por qué no puedo tocarte? –exclamó, girando la cara y frotándola contra las cuerdas para aflojarse la venda-. ¿Ni verte? ¿Por qué, Sasuke, por qué?
- Sí, debes aprender a suplicar mejor –dijo en respuesta, y por el sonido de su voz Sakura comprendió que se había movido; que ya no estaba detrás de ella-. Tal vez no lo deseas terriblemente. Tal vez yo pueda ayudarte.
Algo le rozó el brazo derecho y entonces oyó los suaves tintineos de unas notas cerca de la cara. Entonces los dedos de él le rozaron un pezón, luego el otro, sonaron unas notas apagadas y la música paró.
- Estás demasiado cerca –murmuró él, en un tono engañosamente amable., Apártate un poco para que se puedan mover las cuerdas. Ah, sí.
Se acercó a ella otra vez; Sakura sintió su olor, lo sintió a él y el roce del aire al tocar una escala, rozándola a ella.
Y cuando se movieron las cuerdas que estaban más cerca de sus pezones, el contacto fue tan leve que sonaron notas, rascándoselos.
Entonces, de pronto, unos dedos exploradores subieron por su muslo y se deslizaron por el centro de su vulva, recogiendo líquido, y retrocedieron moviéndose en círculo por los gruesos labios exteriores; la sensación la hizo mover las caderas, aplastando el pubis y la frente contra las cuerdas, que se le enterraron en la piel. Volvió a aflojarse la venda, tironeándole el pelo de la nuca, y descubrió que veía más de la habitación.
Él le pasó los dedos mojados con su líquido por los pezones.
- Para lubricarlos –le susurró al oído, y volvió a ajustarle la venda.
Después ella lo sintió volver a su lugar junto al arpa.
Sasuke comenzó a tocar con largos rasgueos, pulsando las cuerdas en notas ascendentes; la melodía la hizo pensar en suaves tonos azulados y violetas. Al deslizar las manos por las cuerdas le rozaba con el dorso la parte inferior de los pechos, y a su paso las cuerdas le rozaban las puntas de aquellos montículos rosados. Mientras él tocaba ella sentía entrar cada nota en su cuerpo, y los pezones se le fueron volviendo más y más sensibles; ansiosos. De tanto en tanto, él le rozaba el vello púbico, produciéndole punzadas como de agujitas de deseo en el clítoris, tan cerca y, sin embargo, desatendido.
La estimulación era incesante: el roce del dorso de su mano en los pechos y en el vello púbico, el de las cuerdas en sus pezones, y todo eso combinado con la música que estaba tocando. Así, el deseo fue aumentando y aumentando en ella, instalándose ardiente y vibrante en su entrepierna, donde ya se había concentrado toda su atención. Sentía bajar el líquido por el interior de los muslos, produciéndole un hormigueo, atormentándola.
Sasuke tocaba como si no fuera a parar jamás, el tempo iba en crescendo, y ella empezó a sentirse una con la música, con su música. En algún momento, en medio de su confusión por el placer, la incomodidad y el deseo, comprendió la necesidad y la intención de él de fusionarla con su otra obsesión en una experiencia sensual, una experiencia que no le producía alivio ni éxtasis a ella, pero que lo complacía a él. Lo complacía torturarla de esa manera, verla desearlo y necesitarlo, verla hacerse una con su obra.
Y cuando las últimas notas quedaron vibrando suavemente en el aire, como el tenue suspiro de un amante una vez menguado los últimos vestigios de placer, no supo cuánto tiempo había transcurrido.
Entonces, rápido y silencioso, Sasuke fue a situarse detrás de ella otra vez, y Sakura sintió su respiración profunda y pareja cuando le introdujo la mano en la mojada y caliente entrepierna. Entonces, ahogando un grito de esperanza y deseo, movió las caderas, deslizándose sobre su mano. Él se arrodilló y con la lengua le separó los labios de la vulva y comenzó a lamerle ahí, con largas y lentas caricias; ella se cogió de los lados del arpa y se empinó, tratando de moverse, deseando, necesitando que él le acariciara ese botoncito vibrante, produciéndole una oleada de alivio por toda ella.
Pero Sasuke no se lo dio; continuó atormentándola con largos y firmes lametones, destinados a hacerlos saborear a él y hacerla desear a ella.
- Sasuke, vamos, por favor –gimió, frotando la cara húmeda en el arpa.
Él se incorporó y pasó las manos por debajo de sus axilas.
- ¿Lamentas haber dejado que ese chico te acariciara? –le preguntó, pellizcándole los pezones.
Pellizco, tirón, pellizco, giro, pellizco, capirotazo. Tenía esos montículos duros, tensos y sensibles. Estremecimientos de placer pasaron por todo su cuerpo.
- Lo siento, lo lamento. Perdóname, por favor –gimió de nuevo, esperanzada.
- ¿Debo perdonarte que hayas permitido que otro hombre te ponga las manos encima? ¿Su boca en la tuya?
Sintió caer sus manos, pesadas, sobre los hombros, sujetándola, enterrándole los dedos en la piel.
- Sasuke, por favor.
- ¿Crees que voy a perdonar fácilmente tu traición?
Introdujo los dedos por su pelo, desde la nuca, pasándoselos por debajo de la venda, y los apretó sobre su cuero cabelludo. Empujándole la cabeza hasta dejarle la frente apoyada en la madera del arpa, y manteniéndola así, puso la boca junto a su oreja. Su aliento le humedeció la piel.
- Vi sus manos en tus pechos, Sakura. Te vi gimiendo por él tal como gimes por mí. –Movió bruscamente la muñeca y a ella se le estrelló la frente contra la madera-. ¡Lo acariciaste, Sakura! Lo acariciaste, y tus manos sólo son para mí, tu ángel de la música. ¿Acaso no sabes que sin mí no serías nada?
Ella ya estaba sollozando; el deseo seguía ardiéndole en la entrepierna, pero su miedo y su frustración lo habían mitigado un poco.
- ¡Deseo acariciarte a ti, Sasuke! Deseo tocarte, acariciarte, verte, y tú no me lo permites. A Itachi por lo menos puedo verlo y tocarlo. ¿Cómo puedo serte fiel si no puedo tenerte? Sollozó, elevando la voz.
Un repentino dolor le chilló en la parte de atrás de la cabeza cuando él le arrancó la venda.
- Ahora me verás, entonces, Sakura. A tu ángel de la música –añadió, con un deje de amargura.
Enfadado, se apartó de su espalda y caminó hasta el violín, por lo que ella le vio sus largas piernas y sus movimientos fluidos y potentes. Cogió el violín y se giró hacia ella, que seguía amarrada al arpa como un conjunto de cuerdas; integrada con la música que era la vida de él.
Acomodando el violín en la curva del hombro y cuello, del lado de la cara que llevaba enmascarada, comenzó a tocar, al principio moviendo lentamente el arco sobre las cuerdas. Tenía los labios levemente entreabiertos, gruesos, de color rojo oscuro, el superior haciendo sombra al inferior. Con los ojos cerrados, uno casi desaparecido dentro del agujero de la máscara y el otro bordeado por tupidas pestañas negras, hizo varias respiraciones profundas, como si quisiera utilizar ese ritmo para calmarse. La música del violín lloraba, gemía, mimaba y cortejaba, recordándole que ante ella tenía a un genio. Su cara alargada se fue calmando hasta quedar en una expresión mezcla de angustia y serenidad, como si el momento fuera a la vez algo doloroso y la culminación de un intenso deseo.
Su alto y esbelto cuerpo seguía cubierto de ropa, pero ella vio que se había desabotonado la camisa, dejando a la vista su ancho pecho liso, sin una mota de vello. Su atención se centró en esa parte de él, parte que nunca había visto ni tocado. Tenía la piel morena dorada, semejante a la de su cara, como si hubiera nacido con ese tono, más oscuro que el de la mayoría de los petimetres que conocía. La hacía desear acariciarlo. Se le hizo la boca agua y se le acumuló flujo en la entrepierna al imaginarse abriendo las manos sobre ese duro pecho y sintiendo en las palmas los músculos de su acalorado cuerpo. Acariciándolo.
En ese momento él levantó la vista y captó su mirada, y el deseo y la furia que ella vio mezclados en su expresión, le produjo un vuelco en el estómago.
- ¿Te gusta? –preguntó Sasuke, y el primer pensamiento que pasó por la mente de ella fue que se refería a su pecho-. Es parte de la ópera que estoy escribiendo.
- Es muy hermosa –consiguió contestar-. Sasuke, deseo tocarte. Te he visto y ahora deseo acariciarte.
Él curvó los labios en una sonrisa apenada.
- Seguro que lo deseas. Pero tal vez no tanto como deseabas acariciar al inmaduro vizconde, ¿eh? –Sin dejar de mirarla, puso el violín en su sitio y caminó hacia ella-. Creo que debo ayudarte otro poco a discernir por cuál de los dos hombres te sientes más cautivada. A cuál vas a añorar hasta mucho después de haber dejado su cama.
Ay, Kami, ¿por qué se le había ocurrido besar a Itachi? Era a Sasuke al que deseaba, al que necesitaba.
Él se colocó delante de ella, con el arpa de por medio, como las rejas de una jaula; todavía no estaba dispuesto a dejar de protegerse. Arrodillándose, se estiró para pasar la lengua por las cuerdas y los asomos de pezones que las rozaban por el otro lado. Ella se acercó más, apretando los pechos a las cuerdas, deseosa de hacer lo que fuera para acercarse más a esa ardiente y deliciosa boca. Él cogió un pezón con los labios, por entre las cuerdas, y lo succionó, introduciéndose la mitad de la aréola en la boca, y ella oyó las suaves notas soprano de una melodía junto a su oreja. Él estaba rozando las cuerdas con las yemas de los dedos mientras succionaba el montículo, fuerte, implacable, alargando lo creado por la naturaleza. El pezón se sacudía como una prolongación de su cuerpo con el ritmo de su boca. Se cogió a los lados del arpa y se apretó a las cuerdas sintiendo cómo el placer del pecho se le extendía por los brazos hasta los dedos y por el cuerpo hasta los dedos de los pies.
- Sasuke –gimió, apretando las caderas al arpa.
Él pasó los dedos por entre las cuerdas, le buscó la dilatada vulva, los deslizó por los pliegues mojados y le introdujo dos, no, tres, en la vagina, al tiempo que pasaba la boca al otro pecho.
Sakura sintió aumentar el deseo, la necesidad; las mismas yemas de los dedos que habían tocado las cuerdas del arpa la tocaban a ella, deslizándose dentro, fuera y en círculo por la abertura de su vagina, le rozaban el clítoris por encima y alrededor. Se le agitó la respiración y cayó en la cuenta de que estaba moviendo las caderas, girándolas y apretándolas al arpa y a sus dedos, tratando de conseguir la presión donde la necesitaba.
Y entonces él se detuvo.
Tenía los pechos mojados y aplastados contra las cuerdas; le bajaba líquido por entre los muslos; le vibraba todo el cuerpo, estaba jadeante; abrió los ojos y se encontró cara a cara con Sasuke. Sus ojos estaban muy cerca, y su boca…sentía el calor de su respiración jadeante en las mejillas. La máscara se elevaba grande y oblicua sobre su cara, como un muro insuperable.
- Sasuke, por favor, deja que me corra. Déjame acariciarte –suplicó-. Sé que deseas que te acaricie.
- Más de lo que te imaginas, Sakura –musitó él. Hizo una honda y estremecida inspiración y cerró los ojos; pasado un instante los abrió; oscuros, intensos, un exquisito negro medianoche, con pintitas azules y grises, uno bordeado por negras pestañas y el otro circundado por el cuero curtido de la máscara-. No soporto verte con otro. No debes hacerme eso nunca más. ¿Entiendes?
Levantó las manos y se cogió del cuello curvo del arpa, como si de repente se sintiera agotado y necesitara afirmarse; o prepararse para lo que vendría. Giró la cara dejando el lado enmascarado hacia ella.
- Entiendo, Sasuke, entiendo.
Apenas podía respirar; le temblaban las piernas. ¿La soltaría? ¿Lo acariciaría, por fin?
Entonces él deslizó las manos por las curvas del arpa, las bajó por la columna recta y el lado ancho y las cerró sobre la madera por encima de las manos de ella. Sakura sintió la aspereza de las yemas de sus dedos cuando los deslizó por la delicada piel del dorso de sus manos. De repente quedó libre una y el brazo le cayó al costado. Luego le liberó la otra.
Y entonces, sólo estaba el arpa entre ellos, las cuerdas, su máscara.
Sasuke retrocedió, apartándose del instrumento. Ella notó el recelo en su expresión, aun cuando su cara estaba dura, enfadada.
Avanzó hacia él como quien se acerca a un gato asustadizo, lentamente, con naturalidad, aunque su cuerpo le gritara que se precipitara sobre él. Al caminar le resbalaban entre sí las partes interiores mojadas de los muslos, y el apremio de su calentura le hacía vibrar aún más su entrepierna.
Sasuke estaba erguido, con los brazos colgando a los costados como si no se le ocurriera qué hacer con ellos.
Cuando ya estaba bastante cerca, ella le cogió las grandes y elegantes manos, cada una en una pequeña de ella. Estaban cálidas, las sintió temblar y se olió en ellas.
Subiendo las manos por sus brazos por encima de las mangas de la camisa, siguió las relajadas curvas de los sólidos músculos de los antebrazos, luego el redondeado bíceps y continuó por las curvas de sus hombros en ángulo recto. Y entonces, por fin, llegó a la cálida y húmeda piel de la parte de su cuello donde estaba abierta la camisa. Bajó las manos por su pecho, sintiendo los latidos de su corazón y como éste le subía y le bajaba, parando un breve instante antes de comenzar cada honda inspiración. Le apartó los lados de la camisa y le acarició el pecho por todas partes, Kami-sama, por todas partes, y aun así seguía deseando más; deslizó las manos por sus duras y pequeñas tetillas, los lisos y firmes pectorales.
A él se le estremecía la piel con su contacto, y tembló cuando ella le pasó la mano por el abdomen, abriendo bruscamente la camisa y haciendo saltar los botones, que cayeron al suelo; se le aceleró la respiración, se hizo más superficial, y por fin movió las manos, apoyándolas en sus hombros, como si necesitara aguantarse.
Sakura le abrió los pantalones, los dejó caer al suelo en un bulto alrededor de los pies descalzos, y por fin vio su glorioso miembro. Magnífico y potente, apuntaba hacia ella en una suave curva; la piel morena dorada matizada por venillas rojas y purpúreas.
Se lo cogió con las dos manos y él gritó. Sólo se lo había frotado dos veces cuando le vibró y se corrió, eyaculando en sus manos, apretando fuertemente las manos en sus hombros.
- Sasuke –sollozó ella, apretándose a su cuerpo a todo lo largo, con la cabeza apoyada en su caliente hombro, los brazos alrededor de su cintura, atrayéndole las caderas, apretando a su vientre el -miembro todavía duro. Los dos tenían todavía el cuerpo húmedo, resbaladizo, con el semen de él, los jugos de ella, el sudor y las lágrimas. Las palpitaciones en la entrepierna eran insoportables, dolorosas, fuertes.
- Sasuke, por favor, ahora.
Él la levantó en brazos y salió de la sala de música, con el lado no enmascarado vuelto hacia ella. Caminando a largos pasos, pronto entró en otra habitación, llegó hasta la enorme cama y se dejó caer ahí con ella.
Sus manos estaban en todas partes, su boca también, en sus pechos, en sus hombros, en los lados del cuello, en su abdomen.
- Sasuke –resolló ella, atrayéndolo, instándolo a ponerse encima.
Cerró la mano en su miembro, todavía largo y duro, caliente, hinchado, y lo acercó a su ansiosa vagina.
Él posicionó sus potentes muslos entre los suyos y, afirmándose con un brazo dorado, se cogió el pene por la base y deslizó la cabeza por el interior de los dilatados labios de su vulva, bañándose en el resbaladizo líquido acumulado ahí. Y llegó el momento en que Sakura ya no pudo esperar más. Alargó la mano y la cerró sobre el pene, arqueando las caderas, frustrada.
Entonces, él se apartó.
- No.
Su fuerza era muy superior a la de ella. Le apartó las manos y, antes que pudiera protestar deslizó el cuerpo hacia abajo por entre sus piernas, plantó las grandes manos en el interior de sus muslos y se los separó, tanto que las rodillas tocaban la cama.
Con las piernas así de abiertas, sintió la abertura de la vagina ancha, y todo su ser concentrado en ese lugar palpitante, caliente y mojado. Entonces, con las manos suaves pero firmes, él la mantuvo quieta y bajó la cabeza.
Sacó la lengua y rápidamente la subió desde la abertura de la vagina por la estrecha hendidura hasta el espacio justo anterior al clítoris. Ahí la detuvo, moviendo la punta por abajo; Sakura gritó de placer y de impaciencia, cuando por fin él movió ese músculo inquieto justo encima del duro y sobresaliente botoncito.
- Oooh, ooh –gimió, agitando la cabeza de un lado a otro-. ¡Sasuke! ¡Por favor! –resolló, jadeante, tratando de mover las caderas.
Pero él se lo impidió, inmovilizándola con las manos sobre sus muslos.
Volvió a atormentarla así, una y otra vez, con la punta de la lengua, con la parte plana, luego haciéndola girar por los jugos y labios de su vulva; moviéndola por encima de su clítoris, introduciéndola en la profunda cavidad donde ella necesitaba su miembro, pero no la lamía, nunca, nunca, a un ritmo que le procurara el alivio que necesitaba.
El deseo ardía, le dolía, palpitaba, y ella gritaba, se agitaba y temblaba.
- Sasuke, te lo ruego, te lo ruego…
Y así una y otra vez y otra vez.
Él retiró la lengua y levantó la cabeza para mirarla, sus manos firmes sobre sus muslos. Sus ojos de un negro profundo, duros, fríos, le perforaron los suyos.
- ¿Cómo te sientes, Sakura?
Ella casi no podía hablar por los jadeos de su respiración.
- Necesito… que me dejes… correrme.
- ¿Cómo lo sientes?
- Me duele. Por favor, Sasuke, te lo ruego.
Intentó liberar las piernas, pero él era mucho más fuerte. Aunque consiguió cogerle fuertemente las muñecas, no logró apartarle las manos.
- Sé que duele. Esa ha sido mi intención. Sakura, sólo has experimentado un trocito diminuto de mi dolor. El dolor de verte y desearte, y de verte con él, acariciándolo, desnudándote los pechos para él. –Su voz sonó estremecida de furia-. ¿Lo entiendes ahora?
Ella estaba llorando, y los ojos le dolían tanto como las manos de él sobre sus muslos y como los gritos de necesidad de su entrepierna.
- Sí –sollozó-. No volveré a… nunca más… sólo tú, Sasuke.
Él la soltó y Sakura se preparó para la profunda penetración de su miembro en ella, pero no sintió nada aparte de frío.
Él se incorporó, se bajó de la cama y echó a andar hacia la puerta.
- ¡Sasuke! –Bajando de la cama de un salto, corrió detrás, con los brazos extendidos-. ¡Sasuke!
Él se giró a mirarla, y ella vio una terrible y profunda necesidad en sus ojos. Tan profunda y enterrada que casi la hizo caerse hacia atrás con su fuerza. Pero alargó las manos hacia el moreno.
- Sasuke –le dijo, más calmada-. Te necesito. Por favor, seamos uno como estamos destinados a ser.
Después de eso todo ocurrió con tremenda rapidez y frenesí. Sus fuertes manos le cogieron los brazos y la empujaron hacia atrás. Ella cayó sobre la cama y lo sintió a él sobre su cuerpo con todo su peso, su bienvenido peso. Kami-sama, en toda su vida nada le había resultado tan gratificante como su sólido, pesado y fogoso cuerpo encima del suyo.
Sus cuerpos encajaban bien, los hombros con los hombros, las caderas con las caderas, los dedos de los pies con los dedos de los pies.
Sasuke posicionó sus fuertes muslos entre sus piernas dichosamente separadas y su largo y fuerte miembro se introdujo por fin en el lugar que lo llamaba, llenándola. Llenándola y satisfaciéndola, por fin, por fin.
Jamás había sentido un placer tan exquisito. Embestida tras embestida, él la penetraba, su miembro hinchado, duro, largo, haciéndose uno con ella, tal como le había prometido. El placer se fue intensificando más y más, subiendo en espiral, arrollándola, consumiéndola, hasta llegar a su apogeo, y entonces Sakura gritó, agitándose, arqueándose, moviéndose violentamente con él, sollozando por la liberación. Nada, nada, había sido jamás tan completo, tan agotador.
Rodaron juntos, mojados, calientes, temblorosos.
- Sasuke –resolló, inspirando a fondo el alivio, sintiendo pasar por toda ella las reverberaciones de los últimos vestigios del intenso placer, oleada tras oleada-. Te quiero. Te amo. No me dejes nunca.
Sintió sus lágrimas calientes, saladas, mojándole la curva del cuello. Él tenía apoyada la cara en su hombro, por el lado de la máscara, compacta, pegajosa.
- Sakura –musitó-. Eres mía. Eres mi música, mi musa. Siempre seré tuyo. No me traiciones nunca.
- Nunca, Sasuke, nunca.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Cuando despertó, Sakura estaba sola.
Al abrir los ojos estuvo un momento desorientada, y entonces recordó. Sasuke. Fuerte, dorado, apasionado. Su ángel.
Sentía el cuerpo agotado, dolorido, y tenía clara percepción de todas y cada una de sus terminaciones nerviosas. Rodó en la cama, llevando con ella el grueso edredón de plumón, que la envolvía como un capullo protector, y contempló la habitación.
Estaba en penumbra; sólo había encendida una lámpara, que despedía una luz tenue, aunque las sombras que arrojaba esa luz no eran malignas ni amenazadoras; en realidad, la habitación tenía un aire sano y sensual que inspiraba seguridad. En las paredes había colgaduras de brocado rojo y negro, y de lo alto de los postes de la cama, que llegaban al cielo raso, pendían unas cortinas de la misma tela y color, descorridas. En el hogar brillaba un fuego. Una pared estaba cubierta por un mural que representaba bailarinas en unas posturas muy eróticas.
Y a sus oídos llegaba música, desde cierta distancia. Sasuke estaba tocando el piano, sus acordes uniéndose en una atronadora cascada de emociones.
Se sentó, echándose el pelo a la espalda, pensando en el solitario y peligroso hombre que era su amante. No se había quitado la máscara ni una sola vez en toda esa noche de pasión. Una vez que ella alargó la mano, sólo para tocársela, él le apartó el brazo bruscamente, furibundo.
- Jamás la toques –le dijo, feroz, mirándola con sus ojos oscuros y tormentosos-. Jamás.
Incluso en ese momento, ella sentía la fría ira que lo había envenenado. ¿Cómo habría sido de horrible su vida? ¿Qué ocultaba la máscara? ¿Arrugas? ¿Heridas? ¿Qué podía ser tan terrible para que tuviera que ocultarlo bajo la mitad de una cara hecha de cuero?
Sasuke no tenía ninguna necesidad de tener secretos con ella, después de la forma en que habían pasado juntos esa noche. Lánguidamente estiró los brazos para desperezarse, y cayó en la cuenta de que, desde la muerte de su padre, nunca se había sentido tan sosegada y feliz. Su ángel de la música había resultado ser mucho más que una inspiración, mucho más que un profesor.
Era su amor.
.
.
.
.
DIOS MÍOOOOOOOOOOOOOOOOOO! Un poco más y me muero! Joder! Qué mal lo pasé hace cuatro días cuando perdí todo el puñetero documento de las narices y tuve que escribir de nuevo el puñetero ch.! Creo que me dio algo y me fui al cielo… y justo hoy, he vuelto a bajar para encontrármelo hecho (Mentira xD… lo escribí con sudor y lágrimas… -sobretodo eso, lágrimas T.T…-)
He decidido hacerlo todo al final, porque así ya vais descansados de haber leído el capítulo y no con las ganas locas xD…
Como os prometí, e aquí el ch más largo de mi vida xD… además, va cargado de lemon, que nadie se quejeee! Me partí los cuernos adaptándolo xD…
Hahahahaha bueno, espero que os haya gustado tanto como a mí! Yo cuando lo leí me quedé con la baba colgando xD… hahahahaha Toma castigo Sakura-chiiaan! Para que aprendas a portarte otra vez mal y tenga que volver a imponerte este tipo de cosas mi Sasu-chaan xD…
Be, pasaré a los coments :)…
Milfy-chan: Onee-chaan! Muahahaha sigo viva! He tenido un montón de problemas con el maldito ordenador… y cuando me di cuenta de que me había borrado el documento en el que tenía el ch. nuevo… casi me dio algo xD… hahahaha… espero que este capítulo te haya gustado, porque es que a mí buah… me dejó boquiabierta cuando lo leí y lo adapté… xDD… SíSí! Espero el tuyo con ansias :D! Que la musa te acompañee! Siempre te dejo sin palabras mauhahaha xDD… Aquellos dos se traen algo entre manos, que seránd e malos :O…Cuidate mucho y besoos! Ja Ne Onee-chaan :D…!
Natsume511: Lo siento muchísimo por tardar! No era mi intención que el maldito ordenador le diera por hacer de las suyas ¬¬… pero como recompensa aquí tienes un ch. cargadísimo de lemon y de amor… y sobretodo largo xD… que es lo importante xD… ahhaha… espero que no te hayas cortado ya las venas O.O… dile a tu inner que me encanta que hayáis salido del closet! Así se hace! Otra más pal grupo de libidinosas xD… Madara y Karin juntos no traen anda bueno xD… hehehe cuidate mucho y espero que te haya gustado! Nos vemoos! Ja Ne :)…!
Alvebia: Hahahaha! Querida mía… Por lo que acabas de leer, Itachi no será el primero, pero tampoco Sasuke xD… la chica ya lleva experiencia en eso xD… Sí, Madara es una mala persona (pero cómo me gusta *¬*…) y Karin chismosa a muerte, si con eso consigue lo que quiere xD…
Espero que este ch. te haya gustado! Y de verdad siento mucho la tardanza! Cuidate mucho y ya nos vemos en el siguiente capítulo! Ja Ne :)…
Ludmila: Al contrario de lo que puedas pensar, la historia no depende de los protagonistas (como ya describí en el primer capítulo de todos) y que le iba a dar igual importancia a los personajes principales como a los secundarios… Sin ese ch., no se conocería que Madara puede sospechar de que Sasuke está en ese teatro y de que Karin desencadenaría hechos fatales que repercuten en Sakura y el fantasma… y todos los ch. que vienen a continuación no tendrían ningún hilo conductor, porque todos ellos se basan en ese "capítulo sin sentido" como tú lo llamas… Es ahí donde comienzan a nacer las sospechas del conde y donde empieza la auténtica guerra entre los personajes. Muchas veces, en mis ch. no van a salir los principales, sino que a partir de otros, la historia también se irá tejiendo… porque sin ayuda de ellos… Sakura ni se habría encontrado con el Fantasma.
Espero haber aclarado que, a partir de ahora, también habrá capítulos enteros dedicados a ellos y a los secundarios, y que si no te gustan, pues sáltatelos y lee la parte de Sasuke y Sakura, aunque no creo que puedas seguir mucho el hilo de la historia. Ja Ne!
Ornella-chan: Menos mal que tú me comprendes T.T… hahahaha Madara es tan necesario como Sasuke… sin él, no habría historia (y sinceramente, sería una mierda xD…) Me alegro de que te haya gustado! Hehehe… Sí, corto, pero reparé el daño con este que es más largo xD… exclusivo de SasuSaku… Cudiate mucho y besoos! Arriba con tu fic Ornella-chan! Ja Ne :)…!
Mutación: Bienvenido de nuevo ^^… hahaha don't worry! Lo importante es que los leiste y los devoraste! Hahaha… bueno, el ocho lo dejé en ascuas, para saciarte con el diez xD… el nueve es corto pero promete, esos dos no dan muy buena vibra xD…espero no haber perdido el hilo de la historia ^^… hehehe gracias, a veces las críticas se han de aclarar -.-U…Cuidate mucho y nos vemos en el siguiente :D! Ja Ne :)…!
Rekyem-chan: Me alegro de verdad que el capítulo te pareciera tan maquiavélico como a mí : )… muahaha… Madara está tan bueno, y es tan malo *O*… hahahahaha xD…. Espero hacer ese fic prometedor sobre el tema en cuestión ^^… ya hablaremos sobre ello! Cuidate mucho y besoos! Ja Ne :)…!
Mimisaku: De verdad siento haberte hecho esperar! Bueno, el ordenador hace lo que le sale del disco duro…. Así que xd… bueno, espero que el castigo de Sasuke para con Sakura sea de tu agrado (porque del mío ha sido… buah… terriblemente bueno xD…) Madara, sinceramente, está como quiere…. xD… hahaha y aparecerá con su faceta malvada! Kyaaaaaaaa *O*! Espero verte por aquí en el próx. Ch.! Continua tu fic! Me gusta mucho ^^… Cuidate mucho y besoos! Ja Ne :)…!
Este ch. me hizo sudar horrores… Kami-sama, pero ya ha pasado todo xD… espero reviews (aunque no me importa si hay muchos, continuaré la historia igual xD…), pero me gustaría saber vuestra opinión sobre este lemon, a ver que os ha parecido… o si me he pasado de la raya y ha sido fuerte… yo que se… porque en el siguiente ch. Madara e Itachi no se quedarán cortos, que digamos xD… buah…xDD
Y ya acabé… espero volver a veros de nuevo en el siguiente y que este ch. os haya resultado tan excitante como a mí! Cuidaros mucho! Besos a todos los lectores! Ja Ne :)…!
