Hola a todos! Primero de todos, siento mucho la tardanza… no creía que tardaría tanto :/… pero bueno, me disculpo por eso T.T… Bueh, a lo que iba…

ADVERTENCIA: Este capítulo contiene lemon explícito. Si no le gusta o es menos de edad, por favor, absténgase de leer esa parte (Lo he pedido con total cordialidad y educación, ahora, si os lo pasáis por el forro ya, a mí no me importa xD… educaros en este mundo :)… xDDDD) Los personajes no son míos, al igual que la historia (que es una de mis favoritas). Es un UA y no sé qué más decir xD… ah sí, dejarme lindos reviews *O*…

Lo que está entre nueve puntos suspensivos es un Flash back (no quería ponerlo estas palabras en medio de la historia xD…) y, además, está en cursiva. A parte, también hay palabras y frases importantes o que dan a entender algo y que están de igual forma (incluyendo palabras en negrita :O…)

Dicho esto, pasemos a la historia :D… disfrutar el ch.! Y nos veremos en el siguiente ^^… Ja Ne :)…!

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El Fantasma de la Ópera.

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11. Imperdonable

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Pardiez, le encantaba lo bien que encajaba el suave y elegante mango de madera en su mano; lo habían tallado con una curva que se adaptaba a la perfección a su palma. La sola sensación de su contacto bastaba para hincharle el miembro.

Sopesándolo con la mano izquierda, pasó la derecha a lo largo de aquella estupenda trenza que salía del mango. Con suaves prominencias, la trenza de cuero negro formaba un látigo no más grueso de su pulgar en sus partes más anchas. De un metro ochenta de largo, era suave y flexible, más delgado hacia la punta, y terminado en un diminuto y apretado nudo. Un nudo pequeño, parecido al diminuto botoncito de un clítoris vibrante de excitación.

Un nudo que dejaba las ronchas más bellas.

Y provocaba los gritos más sufridores.

Las súplicas más desesperadas.

Y los orgasmos más explosivos.

¡Suas!

Madara hizo restallar el látigo en el aire, justo detrás de la oreja de Konan y, con absoluto placer, la vio temblar y agitarse, tirando de las esposas que le sujetaban las muñecas por encima de la cabeza.

Ya estaba sollozando y ni siquiera la había tocado.

- Ahora, mi querida condesa –dijo, con su ronca y vibrante voz, sintiendo ceñidos los pantalones sobre su hinchado pene-, quiero que me demuestres lo mucho que te gusta el sabor de mi azote. Y vale más que sea en voz alta, y, además, real.

Konan, su mujer, y, de hecho, la mejor que se había follado en toda su vida, que era el único motivo por el que se había dignado a hacerla su condesa, manifestó su intención de obedecer en un resuello.

Su blanco trasero se veía redondo y rollizo sobre la lisa barra de madera en la que estaba medio a horcajadas y medio colgada. Construida para esa finalidad, la barra estaba sujeta al suelo y al cielo raso formando un ángulo de cuarenta y cinco grados. Ella había trepado hasta donde había podido, dándose impulso con las manos cogidas y rodeando la barra con las piernas, al tiempo que intentaba esquivar los latigazos sin perder el equilibrio.

Cuando llegó al punto más alto que pudo, él le estiró los brazos a lo largo de la barra y le trabó las muñecas con las esposas unidas a unas cadenas que colgaban del cielo raso. Así la hizo subir otro poco. Después le ató las rodillas por debajo de la barra y los tobillos por encima, dejándola en un precario equilibrio con el trasero levantado, y su jugoso sexo rosado, abierto ante su vista.

Y qué hermosa vista tenía de él.

¡Suas!

Hizo restallar el látigo detrás de ella, y Konan pegó un salto, gimiendo. Los rosados labios de la vulva se le estremecieron con el movimiento que hizo para mantener el equilibrio.

No se atrevería a caerse, porque sabía el castigo que recibiría si se le ocurría hacerlo.

¡Suas! ¡Zas!

Esta vez el nudito del extremo del látigo le golpeó las nalgas, y ella se sacudió y gritó.

Pero no lo bastante fuerte; no lo bastante fuerte.

Se acercó otro poco y le dejó caer una lluvia de latigazos, una vez, dos veces, tres veces, dejándole verdugones rosados en las nalgas, y uno en cada pantorrilla. Dolor, sí, claro, pero no marcas permanentes. Nada que le impidiera cumplir con sus deberes.

Los sollozos le salían ahogados, por intentar contenerlos.

- ¿Te ha gustado eso, mi querida Konan?

El miembro vibró dentro de su encierro, así que bajó una mano y se soltó los botones del pantalón, liberando su monstruosa erección.

Pasó el látigo por entre sus dedos hasta llegar a la parte más estrecha y acarició el botoncito formado por el pequeño nudo. Mirando hacia la elegante rejilla negra fijada a la pared, consideró la posibilidad de cambiar ese látigo por uno con seis nuditos en la punta, pero decidió que no. Encontraba algo irónicamente delicioso en azotar a una mujer con un látigo terminado en un clítoris.

- No te oigo, querida mía –gruñó, haciendo girar el látigo y pasándolo apenas en un roce por su trasero.

- Madara, por favor, por favor… -gimió ella, en voz más alta.

Entonces él alargó la mano y la tocó con un dedo, y ella se sobresaltó y se tensó. Bajó el dedo medio desde el ano apretado hasta los labios llenos de la vulva, los frotó en hábiles movimientos circulares, bañando el dedo con sus jugos, y luego subió hasta el arrugado agujero del ano, lo giró alrededor y volvió a bajar, y al llegar al pequeño y vibrante clítoris, lo toqueteó y acarició tal como había hecho con el extremo del látigo.

Konan se retorció y suspiró; se le aceleró la respiración, en el labio superior le brotaron gotitas de sudor, y la espalda le brilló de humedad.

- Por favor, por favor –repitió una y otra vez, levantando las caderas todo lo que le permitían sus temblorosos muslos, para facilitarle el acceso.

Entonces él, sin aviso, retiró la mano y con un fluido movimiento dejó caer el látigo, reemplazando el placer por dolor, y oyó el suave plop de liberar los brazos y bajando el trasero como para protegerse la vagina con la barra, y gritó con bastante fuerza.

- Muy bien, Konan, muy bien –dijo Madara, retrocediendo para dejar un amplio espacio con la idea de asestar el siguiente latigazo-. Ahora oigamos más.

Levantó el brazo y dejó caer el látigo.

Le marcó la espalda, y al instante lo hizo restallar en el aire y volvió a dejarlo caer, y otra vez, y otra, hasta que ella empezó a moverse desesperada sobre la barra; las caderas le subían y le bajaban con cada latigazo, y los brazos le temblaban y se agitaban estirados por encima de la cabeza. En la cara, vuelta hacia él, le corrían lágrimas, y lo miraba con los ojos agrandados. La larga mata de cabello azul le caía sobre el cuello y un hombro, ondulando brillante como una cortina con cada movimiento.

Soltando el látigo, él avanzó a horcajadas por la barra, le levantó las caderas y enterró el duro miembro en su dilatada vagina. Konan ahogó una exclamación y se estremeció, y él sintió temblar sus carnes en las manos.

Inclinándose sobre ella, bajó las manos por sus costados, le cogió los pechos colgantes y se los apretó, levantándolos, bajándolos y pellizcándolos; ella comenzó a mover las caderas y a él le fue aumentando el placer y la excitación en la verga. Retorciéndole y tironeándole los duros pezones continuó las fuertes embestidas, penetrándola hasta el fondo y saliendo.

Ella gemía, gritaba y se retorcía, y él sentía aumentar su excitación y placer, y cuando notó que estaba a punto de llegar al orgasmo, se retiró y eyaculó violentamente, haciendo caer el chorro del blanco líquido sobre su trasero y la curva de su cintura. Se estremeció y se le pusieron los ojos blancos un momento, saboreando su alivio.

Konan gimió y continuó moviéndose, en un vano intento de tener su orgasmo. Apartándose de su agitado cuerpo, él retrocedió por la barra, recogió el látigo y lo dejó caer sobre su nalga izquierda. Ella chilló y se corcoveó aún más.

- No me dis-te pla-cer –dijo él, marcando cada sílaba con un latigazo.

Konan se debatía, tratando de esquivar el doloroso látigo. Y cuando Madara vio que ella intentaba frotar su vibrante clítoris en la barra para darse alivio, se rió y cambió el ángulo del látigo.

Un latigazo sobre los labios de la vulva bastó para que ella dejara de hacer trampa para tener su orgasmo.

Después de tres latigazos más, dejó caer el instrumento para poder observar, y disfrutar del momento.

Konan estaba jadeante sobre la barra, con el trasero rosado y rojo por los verdugones, la piel brillante por el semen, y los labios de la vulva bañados por el jugo de su vagina.

- ¿Lo ves? –Madara se giró hacia la mirilla de la pared. Fue a descorrer el cerrojo oculto y abrió la puerta-. Muchas veces he hablado de los placeres del matrimonio, y ahora has visto qué maestría podrías conseguir.

Itachi entró en el cuarto, con la atención centrada, muy apropiadamente, en la sumisa, agobiada y sudorosa Konan.

- Sí, ya veo –dijo.

- No seas tan indeciso, hermano –ladró Madara-. Está ansiosa, impaciente por ti. Sírvete.

Itachi caminó hacia la mujer de su hermano desabotonándose los pantalones. Madara estaba observando cuando su hermano liberó su miembro joven, más grueso y largo que el suyo.

Pero él sabía que el tamaño no era lo importante, sino la forma de manejarlo, por lo que no sintió ni un asomo de envidia cuando lo introdujo lentamente en ese precioso sexo. Observó cómo se le tensaban las nalgas al embestir y se le aflojaban al retirarlo bañado en los chisporroteantes jugos, y cómo su ritmo se iba haciendo más rápido y urgente.

Finalmente, emitiendo un fuerte suspiro gutural, Itachi dio la última embestida y se desplomó sobre Konan apretando sus bellas caderas mientras ella se estremecía con el orgasmo y gritaba su alivio.

Con el pene nuevamente vibrante, Madara hizo a un lado a su hermano de un tirón y ocupó su lugar, llenando a su mujer con su miembro y recordándole quién era el amo. Le pellizcó los pezones, bajó una mano por delante de ella y le retorció el clítoris. Y después de tres embestidas más, penetrándola hasta el fondo, eyaculó.

Cuando se retiró, respirando calmadamente y abotonándose el pantalón, se giró a mirar a Itachi.

- Cuando tengas a Haruno, será una bonita adición para nuestras travesuras, ¿verdad?

Itachi se estaba limpiando meticulosamente el pene todavía duro. Levantó la vista y miró a Madara con la cara horrorizada.

- No… no quiero que Sakura haga esto.

Madara se rió, encantado por la inseguridad de su hermano.

- Pues claro que quieres. La polla se te puso como una pica al ver mi manera de azotar a Konan. ¿No te las imaginas a las dos juntas, una de pelo azul y la otra de rosa? Sería muy placentero, para todos.

Muy placentero, desde luego.

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Meses antes, cuando Sasuke la visitó por primera vez, Sakura creyó que aquella voz descarnada era la de su padre porque, ¿de quién podía ser si no? Él le había prometido enviarle al ángel de la música y puesto que estaba en el cielo, tenía que ser él.

Esa primera vez que oyó su nombre, mientras estaba arrodillada en la pequeña capilla escondida en el rincón del teatro, no supo qué contestar.

- Sakura.

- ¿Quién es?- preguntó al fin.

Le tembló la voz, pero no se asustó, sólo lo encontraba…raro.

- Soy tu ángel…

- ¿Mi ángel? ¿Papá?

- Tú ángel de la música. ¿Tu padre no prometió enviártelo?

A ella le latió más rápido el corazón, inundada de alegría. Su padre no la había olvidado. Había esperado años, pero al fin había respondido a sus oraciones.

- ¡Papá! Te he echado mucho de menos.

A eso siguió un largo silencio, tan largo que ella temió haberlo ahuyentado. Le apreció que crujía el aire de lo nerviosa que estaba. ¿Lo habría ahuyentado? Después de tanto tiempo sola, ¿había desaparecido tan pronto su posibilidad de consuelo?

Finalmente, cuando le pareció que llevaba horas reteniendo el aliento, volvió a oír la voz:

- No soy tu padre, Sakura, pero soy tu ángel de la música. Y deseo ayudarte para que vuelvas a sentir.

- Para que vuelva a sentir –repitió ella, atontada, pensando qué querrían decir sus palabras.

- Echas de menos tu música, ¿verdad? Te sientes sola, diferente a las demás chicas, ¿no es así?

Ella asintió, y entonces cayó en la cuenta de que tal vez él no la veía.

- Sí, ángel, he encontrado poca alegría en mi música desde que murió mi padre. ¿Tú hablas con él?

- No hablo con él, Sakura, pero sé que te echa tanto de menos como tú a él.

La voz era muy suave y tranquila, adormecedora y al mismo tiempo estimulante; elegante, hermosa, sensual. La sensación que le producía le erizó el vello de la nuca y de los brazos, y le hizo hormiguear algo en el estómago.

- Quiero ser tu profesor particular. ¿Te gustaría? ¿Te gustaría volver a sentir tu música?

- ¿Me ayudarías?

Y así comenzó.

El ángel de la música la visitaba por lo menos una vez al día, a una hora en que ella estuviera sola, y entonces le cantaba. Cantaba con ella y tocaba para ella. Sakura esperaba con ilusión esos momentos, y dado que nunca sabía de cierto cuándo ni dónde la visitaría, vivía en un estado de expectación y felicidad.

Con el tiempo, las clases de música se fueron convirtiendo en algo más que clases. Sí, él tenía grandes expectativas, y la impulsaba a la perfección, pero al pasar semanas pareció que su voz descarnada se relajaba; comenzó a hablarle de otras cosas, aparte de las notas, la respiración, el ritmo y las candencias.

No tardó en sentirse cada vez más cómoda y a gusto con su misterioso profesor, y también con su extraña manera de enseñarle. Tal vez debido a que no lo veía se sintió más capaz de hablarle de cosas de lo más profundo de su interior, de sus opiniones y de sus sueños. Eso de hablar en un cuarto en que no había nadie que frunciera el ceño o tensara su cuerpo desaprobándola, era como rezar, o como soñar despierta.

Recordaba un día en particular. Había sido un día horrible.

Todo comenzó cuando se le hizo una enorme carrera en una media del último par que podía ponerse; era tan ancha y larga que era imposible ocultarla; tampoco podía darle la vuelta para que quedara en la parte de atrás, porque entonces se verían otras dos carreras en el otro lado.

A causa de eso llegó con retraso al ensayo del ballet y tuvo que soportar la furiosa mirada de madame Yamanaka, a la que las chicas llamaban "ojos espeluznantes", y también su silencio cuando se atrevió a preguntarle qué se había perdido.

Después de la clase, mientras iba a toda prisa por uno de los corredores de la parte de atrás del escenario con el fin de ir a los dormitorios a pedir prestado otro par de medias, se encontró cara a cara con Karin. La diva llevaba un sombrero monstruosamente alto, un nido de pájaros, mariposas y flores, y las cardenillas de su amplísima falda, siguiendo la moda de Shizune, eran tan anchas que ocupaban todo el estrecho corredor, de modo que nadie podía pasar por su lado.

Haciéndole una reverencia, intentó pegarse a la áspera pared para dejarla pasar, pero Karin no tenía ninguna prisa. Caminaba muy lentamente, conversando con un compositor que la miraba con los ojos agrandados, hasta que llegó al lugar en que estaba ella, y se detuvo.

Dándole la espalda, Karin continuó coqueteando con el compositor y lo obsequió con unos cuantos gorjeos a la máxima potencia de sus pulmones, dejándola aplastada entre la falda con su ancho armazón de alambres y la pared. Le era imposible pasar sin moverle la falda con el roce, y eso no se atrevía ni a intentarlo.

Finalmente, Karin pareció fijarse en ella. Se giró, enterrándole la falda y fijó su furiosa mirada en ella. Aunque no era en absoluto más alta, la combinación de su expresión ofendida y su inmenso sombrero, le hacían parecer gigantesca.

- ¿Qué haces aquí, ratita, escuchando mis conversaciones privadas?

- Estaba…, simplemente quería pasar –tartamudeó ella, intentando otra vez escurrirse por un lado de la odiosa falda.

Karin acercó la cara a la suya, atosigándola con el olor a colorete y polvos y con su aliento de aroma a rosas.

- ¡Fuera de mi vista, ratita! –exclamó-. Ocúpate de tus asuntos. No tienen nada que ver con los míos.

Ella se escapó corriendo por el corredor, tratando de contener las lágrimas. En lugar de tomar el pasillo que llevaba a los dormitorios, tomó a ciegas el que llevaba a la pequeña gruta que se usaba como capilla, donde rezaba por el alma de su padre, y donde su ángel le había hablado por primera vez.

Y en cuanto llegó ahí, dejó salir por fin las lágrimas de humillación y frustración, empapando la manga del andrajoso y ligero vestido que utilizaba para los ensayos y el regazo de la falda con las lágrimas que no habían quedado atrapadas en la manga.

No llevaba mucho rato ahí cuando se escuchó una voz.

- Sakura.

- Ange –contestó, llorosa.

Limpiándose la cara y tragándose las lágrimas, levantó la cabeza y paseó la mirada por aquella pequeña capilla, que parecía una cueva.

- No te preocupes por Karin, Sakura. No se merece que te preocupes por ella, y ya recibirá su merecido.

- No hice nada malo .contestó ella, sorbiendo por la nariz-. Es una gata horrenda.

Él se rió, y su risa sonó vibrante y cálida. Ella se sintió mejor al instante.

- ¿Gata? Poco deben gustarte los felinos, entonces, si los pones en la misma categoría de Karin.

- No, no me gustan las gatas. Son taimadas y arrogantes, y pocas veces se dignan a reconocer la existencia de los demás. Y cuando lo hacen, es como si te hicieran un inmenso favor.

- ¿Tenías una gata cuando eras niña, entonces, Sakura? –le preguntó él, y ella detectó humor en su voz-. ¿Una que no te permitía acariciarla?

A ella ya se le habían secado las lágrimas.

- ¿Cómo lo sabes?

- Ha sido una simple suposición. Tus fuertes sentimientos por un animal tan inocuo me han hecho sospecharlo. Porque lo que nos ocurre en la infancia y juventud suele moldear nuestra madurez.

Ella percibió una nota de tristeza en su voz.

- Sí, cuando tenía ocho años viví en Suna con mi padre casi un año. La dueña de la pensión tenía una gata que nunca quería acercarse a echarse en mi falda. Yo la perseguía y me metía debajo de los muebles, llamándola e intentando cogerla. Y cuando lo hacía, me arañaba. Y cuando yo gritaba de dolor, ella volvía a escaparse. Tenía el pelaje negro y suave. Y yo me moría de ganas de tenerla en los brazos.

- Pobre Sakura. Necesitabas algo a lo que abrazarte, algo que te consolara.

- Sí, me sentía muy sola.

Pasado un momento de silencio, de vacilación, él volvió a hablar.

- Y ahora, ¿sigues sintiéndote sola?

- No tanto –contestó sinceramente-. Tengo… te tengo a ti.

- ¿Y por eso has venido aquí a consolarte?

- Esperaba encontrarte aquí, Ange, porque este es el lugar donde me visitas con más frecuencia. Y me haces sentir… menos sola.

- Me alegra, Sakura, me alegra mucho.

Al parecer esa conversación fue un momento decisivo en su relación. A partir de ese entonces su ángel comenzó a contarle las cosas que habían hecho ese día Karin o alguna de las bailarinas y juntos se reían de ello. Incluso le hacía bromas sobre su aversión a los gatos, unos animales que él encontraba muy interesantes.

Aún así, él seguía con su voz descarnada, y seguía haciéndola practicar arduamente, sin aceptar disculpas. Su presencia siempre le hacía bajar serpentinos estremecimientos por el cuello y la espalda, y su voz seguía alternando entre áspera y dulce, aunque ella notaba que él había comenzado a revelarle más de sí mismo. Daba la impresión de saberlo todo acerca de ella, por lo que agradecía cualquier mínimo conocimiento que le rebelara acerca de él.

Holgazaneando en la enorme cama del dormitorio de Sasuke comprendió que esos meses pasados compartiendo música y conversando con él habían sentado los fundamentos de lo que sentía en esos momentos. Lo que había entre ellos no era sólo una relación física, sino una conexión profunda, perdurable, que trascendía lo que él le hacía con sus manos y sus labios, y que más que pasión, le hacían pensar que lo conocía, que lo comprendía; que la hacía sentirse como si él fuera lo más importante en su vida.

Comprendía que había encontrado lo que debió tener aquella hermosa mujer que ella admiraba: amor y felicidad, sin un atisbo de soledad. Pero no llevaba puesto un hermoso vestido, y tampoco estaba sobre el escenario ante un público rugiente, bañada por la luz de las candilejas.

Estaba en un subterráneo, en la oscuridad, con su ángel. Y lo amaba.

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Durante la semana siguiente Sakura y Sasuke vivieron juntos en su pequeña casa junto al lago subterráneo como cualquier otra pareja enamorada. Sasuke trabajaba en Don Juan Triunfante, la ópera que llevaba años escribiendo por entregas, y ella cantaba las partes cuando él se lo pedía.

Le encantaba mirar su escritura, las páginas tamaño folio de composición melódica: las notas trazadas con formas romboidales, como si las escribiera sin pensarlo mucho; la letra correspondiente era apenas legible, garabateada debajo del pentagrama. Escribía a rachas; notas y letras trazadas en un frenesí sobre el borrador, y luego de manera lenta y arrogante al pasarlas a limpio.

Se reían, hablaban y comían. Ella cocinaba, lavaba y limpiaba; no tardó en enterarse de que, junto con su arrogancia y comportamiento misterioso, Sasuke poseía un ingenio mordaz y un abanico de opiniones acerca de todo. Era muy leído, y también un genial ingeniero, pues él mismo se había construido aquel lujoso hogar, si bien enclaustrado.

Durante esa semana su vida en el Teatro de la Ópera fue pasando poco a poco a los espacios más recónditos de su mente; se transformó en una especie de recuerdo de una vida totalmente distinta: competitiva, estridente, atestada y superficial. La vida encarnada por la hermosa señora.

Una vida a la que no le entusiasmaba volver.

Lo único que le estropeaba la felicidad era aquella máscara negra que Sasuke se negaba a quitarse. Ni siquiera sabía si se la quitaba para dormir, porque él siempre desaparecía después de hacerle el amor y volvía por la mañana antes que ella se despertara.

No lo entendía. Le había visto todas las partes de su cuerpo, y era todo lo perfecto que puede ser el cuerpo de un hombre: largo, delgado y musculoso sin ser corpulento, de piel dorada y cubierto con la cantidad justa de vello negro exactamente donde le correspondía. ¿Qué podía ser tan terrible en ese modelo de perfección para que tuviera que ocultárselo?

La única vez que intentó sacar el tema, él reaccionó con una cólera tan fría e intensa y salió de la habitación de una manera tan violenta que le aumentó la confusión y la curiosidad.

Nunca lo entenderás, gruñó, y se encerró en la sala de música el resto del día y de la noche.

Entonces al rabioso rasgueo de su pluma le siguieron unos ruidos discordantes y unos tristes acordes, hasta bien avanzada la noche, y los siguió oyendo cuando se despertó al día siguiente.

De todos modos, ella no se olvidó de la máscara. No soportaba tener entre ellos algo tan simple como un trozo de cuero curtido.

Y así fue como, después de llevar casi dos semanas ahí, al despertarse temprano y encontrarlo durmiendo en una tumbona en la sala de música, comprendió que por fin tenía la oportunidad de desentrañar su secreto. Su plan era levantar con sumo cuidado la máscara para ver lo que había debajo y demostrarle que no tenía ningún efecto negativo en su amor por él. Seguro que cuando le quitara la máscara y él la viera que seguía amándolo, se disolvería cualquier renuncia que pudiera albergar.

Ella ya sabría cómo desviar su atención a cosas más placenteras.

Se acercó silenciosamente, admirando como siempre su bien formado y moldeado pecho; la ancha y larga columna de su cuello, curvado sobre el tierno hueco de la garganta, esa parte de su cuerpo que era tan vulnerable como la de ella.

Alargó la mano, levantó la máscara y se la quitó con un movimiento rápido y fluido.

Lo que vio era horroroso, ¡horrible! Gritó de horror y él abrió los ojos y se bajó de un salto de la tumbona.

- ¡Maldita sea, Sakura, maldita seas! –exclamó cubriéndose con una mano esa parte tan horriblemente desfigurada de la cara y alargando la otra para coger la máscara que colgaba de la mano de ella-. ¿Cómo has podido? –gritó, arrebatándole la máscara y poniéndosela bruscamente.

Luego le cogió el brazo y la lanzó hacia la tumbona. Ella tropezó y se cayó al suelo, llorando, mientras él, rabiando y gritando pasó violentamente la mano por la tapa del piano arrojando al suelo en cascada un montón de papeles. Se echó a llorar y a temblar, y se cogió el estómago con las dos manos, como si le hubieran metido una bala en el cuerpo, sin dejar de gritarle insultos, palabrotas, con los ojos muy abiertos, con expresión de loco, y con la boca curvada en un rictus furioso.

- ¡Maldita seas! –gritó, repetidamente-. Maldita seas, Sakura.

Se desplomó en el suelo, todo su cuerpo estremecido por sollozos que parecían salir de un lugar tan profundo que eran casi inaudibles; pero su cuerpo doblado se sacudía con cada respiración entrecortada, y cuando levantó la cara y por fin la miró con sus ojos negros sin brillo, ella comprendió que había hecho algo imperdonable.

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Bueno, no se podían pasar toda la historia en la casita subterránea viviendo felices, no? xD… Tenía que complicar las cosas :)… muahahahaha… ya sé que Sakura se ha pasado de la raya con su curiosidad, pero es que Sasuke tampoco le dejaba otra alternativa, no queriendo revelárselo (aunque si lo hiciera, ya no habría mucha historia xD…). Y también hay que comprender el horror de Sakura al ver aquella parte escondida de Sasuke (y no, pervertidos míos, no es mini-Sasuke, a ese lo tiene muy visto xDD- sino la parte del rostro que hay bajo la máscara xD). La primera impresión que tiene no es muy agradable, y aquí no basta con pensar "pero qué tía más tonta por chillar así" (porque yo cuando lo leí lo pensé xD… qué mala xD). Bueh… ahroa pasaré a los reviews :D…

Mimisaku: Ohayoo! Muahaha volví, y por todas las preguntas que me hiciste junto con tu inner espero que se te hayan aclarado. Vive con Sasuke, pero la caga -.-U… Eah! Aquí podríamos decir que la curiosidad mató al gato xD… Bueh, de ahora en adelante todo se volverá mucho más complicado y turbulento. Itachi a la espera de que vuelva; Madara tocando las narices porque se ha encaprichado de la niña; Sasuke furioso por lo de la máscara pero que continua amándola… pfff… menudo cóctel xD…Me alegro de que el lemon te gustara! Juas juas… a mi vamos… org… (inner: oye ¬¬…)… vale vale… me callo xD… esa frase es muy bonita… pero ya ves… lo acaba de traicionar… bueno… "traicionar" xD… espero que sigas leyendo y comentando! Tú sigue con tu fic ^^… me gusta mucho! Cuidate mucho y besoos! Ja Ne :)…!

Milfy-chan: onee-chaan! Nuevamente te dejé sin palabras! Eso me complace xD… muahahaha… hombre, tanto como un nuevo significado xD… espero tu opinión sobre este ch., porque a algunos amigos míos la actitud de Sakura les ha sentado como una patada en el estómago… pero es que yo creo que en una situación similar haríamos lo mismo movidas por la curiosidad… o eso creo yo… porque si no le enseñara esa parte, no sería un amor completo… (Filosofé durante toda una noche sobre esto xD… al día siguiente no era persona en la escuela xD…). Ojalá y te haya gustado! Te espero en el siguiente ch.! Muchos besos y cuidate mucho! Que a ti también te vaya todo bien y espero tu fiiic! Muahahaha te machacaré hasta que lo sigas xD… Ja Ne :)…!

Natsumi511: hahahaha me alegro de servir para fines como distraer a la gente de su trabajo xD… hahaha porque a mi con algunos me pasa lo mismo xD… hehehe me hace ilusión que este fic se te haga como una droga… pero eso es malo ¬¬… ( inner: que narices… es BUENÍSIMO!)… inner, tú no calientes más las cosas xD… el lemon más descrito no podía estar xD… espero haber despertado más partes pervertidas de esa mente libidinosa :)…. Muahahahaha xD…Bueno, aquí ya ves las intenciones de Madara… jojojojo y más adelante… será terrible este hombre… Muchos besos y cuidate mucho también! Te espero en el siguiente! Ja Ne :)…!

Ludmila: de acuerdo, si sólo te gustan las partes de Sasuke y Sakura, lee esas, pero no digas que el ch. ha sido pésimo sólo porque no han aparecido los protagonistas, te lo saltas o lo envías a tomar viento. Bueno, al menos sigues leyendo xD… Ja Ne…!

La comadrejaxDDD: joo.. me encanta tu nick xD… bueno, habrá algunos que estarán muy cargados y otros que no tanto… espero que el largo sea de tu agrado… (porque me revientan los ch. cortos xD…), y sí, al fin nos tenemos cara a cara (suena canción de fondo del Oeste)… hehehehe… se me fue la olla…muchas gracias por leerlo y espero que lo sigas haciendo y comentando! Cuidate mucho y besos ^^… hahaha Ja Ne :)…!

Yalira uchiha: muchas gracias por comentar :)… hehehe claro! Aquí tienes el siguiente! Y lamento la tardanza! Espero que te guste! Cuidate mucho y besoos ^^! Ja Ne :)…!

Rekyem: aaaaaah! El maldito msn no me va! Maldito seaaa! No sé porque no me puedo conectar… así que lo estoy desinstalando y volviendolo a instalar T.T… espero pronto poder conectarme y seguimos nuestra charla del nuevo fic :D! y bueno, ahora referente a lo del review (la olla, se me va la olla xD…) hehehehe muchas gracias por comentar… Sí! La cúpula es muy bonita, y Sasuke no es que esté en completa oscuridad… por eso ese detalle me gustó mucho también… las faltas son mi mayor enemigo… si las cometo en un determinado momento del fic, por Dios, hacérmelas saber (es que no me da tiempo a repasar el documento antes de subirlo T.T…)… hehehehe… bueno, cuidate mucho y besoos ^^! Ja Ne :)…!

Lovely joy: estoy encantada de que me hayas dejado un review aun teniendo poco tiempo! Te lo agradezco un montón :)… y me alegro de que te guste tanto ese ch.! hehehehe…. Y afónica? Pobre de tu mama… que te estaría viendo y pensaría "y ahora?" xD… hahahaha a la mía le pasa igual cuando me pegan ataques de euforia xD… hahahaha de verdad me alegro mucho de que te gustara! Y espero que sigas leyendo :)…! Hehehe cuidate mucho y besoos :D! Ja Ne :)…!

Y hasta el próximo ch.! lectores míooos! Cuidaros muchooos! Ja Ne :)…!