Cuando dejó de correr, su cara ya estaba llena de lágrimas. Los silenciosos árboles que la escondían eran su único amparo.

¿Por qué...?

Articuló, dificultosamente. Sí, por favor, que alguien le explicara, que alguien le dijera... ¿Por qué fue tan estúpida? ¿Cómo pudo llegar a ser tan ingenua? ¿Qué podía hacer para que dejara de arder de esa manera?

¡Hinata!

Escuchó su nombre exclamado, ahora no con sorpresa... sino con urgencia. Su llanto paró. Su corazón también. Se quedó quieta, como si eso la volviera invisible, como si eso lo alejara, como un pequeño roedor acechado por un gato.

No, por favor... Susurró para sí misma.

º o º

—Kiba y Shino son mis compañeros de equipo, pero también son mis amigos. Ellos y Kurenai-sensei son mi segunda familia... Fui afortunada al estar en el equipo 8.

—Sólo con escucharte hablar de ellos se nota que les tienes mucho cariño.

—Hai... Hemos aprendido mucho juntos, nos complementamos bien, son años de recuerdos y amistad. Ahora que Kurenai-sensei está esperando no sé qué será de nosotros sin ella. Asuma-san falleció antes de que se le notara el embarazo, ese niño crecerá sin un padre, así que será doble trabajo para ella. No me imagino la pena que debe sentir... Aunque no la he visto bajar la mirada ni una sola vez.

Él calló. Ella no esperó que comentara nada, tampoco. Ambos meditaron por su cuenta las palabras de la joven en silencio. La vida. La muerte...

—Mis hermanos y yo hemos estado juntos desde siempre, pero el cariño que siento por ellos sólo pude comenzar a comprenderlo después de muchos años —Dijo Gaara después de un rato—; No es algo de lo que me enorgullezca.

Ella se lo quedó mirando. No fue tu culpa, fueron las condiciones en las que viviste las que te empujaron a tantas cosas..., pensó, pero no le dijo nada. Observó su mano tirada a su suerte sobre el sillón, en el extremo opuesto de donde estaba ella. Alzó la vista hasta su rostro, donde sus ojos adoptaban esa expresión de pena endurecida, una pena no admitida. Un dolor teñido de rabia. En cuanto la miró de vuelta, volvió a su semblante habitual, a la nada. Entonces él sacó unas últimas palabras, como si no quisiera que ella lo viera de esa manera.

—Supongo que mejor tarde que nunca.

Ella sonrió. Él lo intentó. Su piel de verdad la notaba más pálida. Lentamente, se acomodó más cerca de él, mirando atentamente su frente. Mientras el rostro de ella era analítico, el de él estaba curioso, observando la fina mano femenina posarse en su cara.

—¿Te sientes bien, Gaara-kun?

Preguntó, inocentemente. Paseó su mano de su frente a su sien, de su sien a su mejilla, comprobando el calor de su piel, deslizándose con facilidad sobre su rostro. Y la joven comenzó a disfrutarlo. Lamentó su indiscreción al tiempo que su rostro se encendía, delatándola. Separó sus dedos del pómulo de su silencioso anfitrión con prisa...

No, él fue más rápido que ella; Tomó su muñeca con fuerza.

Buscó sus ojos de luna, encontrándolos. Y ahí se quedó por un segundo interminable. Un segundo en el que ella no supo si él se quedó estático o si se estaba acercando a ella... Antes de que pensara nada, el agarre en su brazo aflojó, siendo apartado con suavidad. El ya miró en otra dirección, portando su rostro de siempre. El momento se rompió. Sus ojos se dirigían hacia la puerta principal, la que se abrió en el instante siguiente.

—¡Gaara...! —Llamó Temari, aún con la manilla entre sus dedos... Visiblemente preocupada. Pasó por alto la corta distancia entre los dos jóvenes y sólo corrió junto a su hermano, sin relajar su expresión—, Danzou nos ha traicionado.

El se puso de pie inmediatamente. Apretó los puños, sin mirar a la silenciosa kunoichi aún sentada en el sillón.

—Acaba de llegar un mensaje de Kumo, dice que estemos alertas. Además el equipo de rastreo llegó antes de tiempo... Parece que hay miembros de Akatsuki cerca de nuestra aldea.

Hinata miró a Temari, confundida. Su suerte estaba echada. Bajó la vista, rendida. Se lo había buscado, Gaara se lo había advertido, pero ahora...

—Tienes cinco minutos para arreglar una mochila con lo básico para un viaje a Konoha.

La joven Hyuuga alzó la vista hacia el pelirrojo al darse cuenta de que le había hablado a ella. Volteó a ver a la rubia, que negaba con la cabeza y sonreía. No entendía nada.

—Pe... Pero, Gaara-kun...

—¡Ve! —Ordenó el Kazekage, impaciente. La chica se fue corriendo a cumplir el mandato llena de sentimientos encontrados.

Al regresar, encontró a los hermanos reunidos en la sala. Temari miraba atenta por la ventana, Gaara estaba apoyado en una pared, mirando al suelo con los brazos cruzados. ¿Temari la acompañaría? ¿Qué pretendía Gaara? Se acercó a paso indeciso, aunque estuviera en un apuro de vida o muerte no quería acelerar su ida de ese lugar.

—...No, el consejo aún no se entera, pude interceptar el mensaje apenas llegó —Le decía la rubia a su hermano— Le pedí a Hironobu que se demorara un poco antes de dar a conocer las noticias, sabía que querrías algo de tiempo.

—Hai. Es de vida o muerte.

—¿Estás seguro de que quieres hacer esto, Gaara?

—Definitivamente —Sonaba tranquilo. Alzó el rostro al frente, quedando su mirada justo sobre la chica de pelo oscuro. Acto seguido, Temari aseguró su abanico y Gaara se llevó al hombro la calabaza llena de arena —Vámonos.

—S... Sí... —Asintió Hinata.

Evitaron la puerta principal. En cambio, salieron por una ventana del segundo piso, saltando velozmente y con cuidado de no ser descubiertos por los ninjas que debían observar a la joven konoha en todo momento; Tres señuelos habían sido dejados en su lugar en la residencia. Se desplazaron inadvertidos a través de la enorme aldea hasta llegar cerca de los muros. Se escondieron tras unos edificios mientras Gaara enviaba a su tercer ojo a vigilar el alto límite de piedra.

—Es Go. Temari... —Sólo le llamó la atención a su hermana y esta desapareció. El chico y la ojiblanco se quedaron solos en ese callejón mientras esperaban a la rubia, pero antes de que regresara, unos ruidos... — Civiles —Masculló Gaara—, sígueme.

Pero antes de que dieran el primer paso sintieron una silenciosa presencia acercarse por el otro lado de la callejuela. Un centinela... Y seguramente ya se había percatado de que estaban ahí también.

Hinata miró asustada a su amigo, esperando que le indicara cuál sería su huída. Mas... al verlo sostener su cabeza con ambas manos y buscar sustento en la pared a sus espaldas, confirmó que su palidez era algo más serio. Peor aún: estaban acorralados.

—Gaara-kun... —Fue hacia él a ayudarlo a sostenerse. No pensó en lo que sucedería cuando los atraparan, sino en que debía quedarse junto a él por si desfallecía.

El centinela se acercaba.

Hinata cruzó su mirada con la de Gaara. Sus ojos la aliviaron, el miedo huía de ella. El la tomó por los brazos con firmeza, volteándola contra la pared. Hinata fue azotada contra el muro sin alcanzar a confundirse; Al regresar a los ojos verdosos supo lo que él haría y obedeció sumisamente. Se entregó sin miramientos.

Fue discreto. Tan sólo un roce. Gaara se quedó quieto sobre sus labios, Hinata podía sentir su respiración chocando sobre su boca. Ella pudo sentir el temblor de su agarre...

Y la besó lento. Despacio. Un poco torpe, incluso. Pero sincero.

La presencia del vigilante se detuvo a unos metros de donde estaba la pareja. Pudieron escuchar un tenue "Qué bueno es ser joven" mientras se alejaba. Hinata temió por el verdadero motivo de aquél beso. Se separó de él con prudencia, buscando una respuesta en sus pupilas.

—Mierda... —La cabeza del shinobi caía sobre el cuello de la ojiperla, aún sin soltarla. Su estado era preocupante.

—Ga... Gaara-kun... El paso está libre... Debemos... Debo salir ahora...

Se separó de él con cuidado. Decepcionada, debía admitirlo. Pero no cometería el mismo error dos veces. Esta vez... Nadie la vería llorar. El tiempo apremiaba, debía reunirse con Temari para...

—¿A dónde crees que vas? —La interrogó el líder de la Arena, impidiendo que ella se alejara tomándola por la muñeca.

—Etto... Yo... Temari ya debe estar del otro lado... Se... Se supone que yo...

—No es Temari quien te escoltará a Konoha. Seré yo.

—Demo... Tú estás... ¡Tú eres...!

—Yo... —Comenzó a decir, juntando fuerzas para volver a su postura de siempre - No soportaría que algo te pase. Tu vida la guardaré con mis propias manos hasta que vuelvas a estar segura.

—Gaara-kun, yo...

Ah, mierda... Ya estaba llorando otra vez... ¡No, no debía, qué estúpida, qué...!

Pero en medio de los mismos pensamientos él la abrazó. Sí, junto a él se sentía de veras a salvo. A salvo del mundo. A salvo de todo el mundo. El llanto cesó con dos solitarias lágrimas pendiendo de sus mejillas pálidas.

—Andando —Le ordenó en un susurro.

Salieron hacia donde habían oído los civiles hacía un momento. Dando la vuelta estaba este edificio común y corriente, cuya puerta abrió el chico con una llave que traía en su bolsillo. Ella no entendía bien, pero confió en silencio. No parecía estar habitado o en uso, estaba completamente vacío. Llegaron a una puerta y bajaron por una escalera. Al llegar al sótano... Bueno, no era un sótano realmente...

—Este es un pasaje que sólo conoce mi familia. La salida se encuentra a varios cientos de metros de los límites de Suna. Estaremos seguros hasta salir al desierto —Explicó el joven Kazekage; entraban en un túnel cuyo otro extremo no se podía ver a simple vista.

—¿Crees que nos estén buscando?

—Aún no. Lo que me preocupa es lo que dijo Temari sobre Akatsuki...

—Gaara-kun... —Se detuvo Hinata. La cosa no pintaba nada bien— No puedo dejarte continuar en este estado... El enemigo está cerca de Suna, tú eres su líder... Y aunque no fuera así, mírate; Estás débil, algo te pasa. Regresaré a Konoha por mi cuenta. Vuelve con los tuyos.

A diez pasos por delante de ella en el largo pasadizo, la miró tranquilo.

—Esto es lo primero y lo último que te pediré jamás. Sólo confía en mí.

Eso era todo. Se rindió, sonrió. Claro que confiaría en él, sintiéndose como una polilla directo a quemarse en la hoguera, ¿qué importaba?

Corrieron lo más rápido posible por el túnel subterráneo, alcanzando el otro extremo. Al abrir la puerta, un mar de arena se abalanzó sobre ambos, que reaccionaron a tiempo para alejarse antes de que los sepultara. Gaara hizo dos sellos simples y la arena se apartó para dejar ver los escalones de piedra que llevaban a la superficie. Ya fuera, los recibió un despejado cielo lleno de estrellas. Tras ellos, la ciudad oculta de la Arena. Y a kilómetros de donde estaban, la Hoja.

Hinata se quedó mirando la enorme fortaleza que guardaba Suna. ¿Volvería algún día? Miró a Gaara, junto a ella, palpando la angustia que le causaba verlo. ¿Lo volvería a ver algún día?

La escalera subterránea se volvió a tapar de arena, deshaciéndose el sello del suna. Hinata se quedó viéndola cabizcabaja, mientras que Gaara se acercaba a ella. No se atrevía a mirarlo. Al llegar a ella la abrazó, la abrazó con fuerza. Sus pequeñas manos alcanzaron sus costillas, sin despegarse terminaron en la espalda del chico. No me sueltes, no me sueltes nunca... Se separó de ella lo suficiente para darle un beso en la frente.

—Vámonos —Le susurró, tirando de su mano para emprender el viaje.

Las horas pasaron, sin pausa en la travesía. Hinata comenzaba a asustarse. Gaara estaba cada vez peor, su rostro empapado de sudor, su piel anormalmente blanca, el trabajo que le costaba respirar.

—¡Debemos detenernos! —Le rogó por décima vez, pero él no hacía caso. Mantenía el ritmo, corriendo delante de ella.

Se paró en seco, dejando que él avanzara solo. Hacía menos de una hora que habían llegado a un bosque, el amanecer comenzaría de un momento a otro. Gaara se detuvo varios metros más allá, Hinata lo observó quedarse quieto sin dar la vuelta a mirarla, o a preguntarle por qué se detenía. Lo vio caer de rodillas, apoyándose en su propio regazo.

—Gaara-kun... Por favor, detente... Debemos hacer una pausa... —Le susurró una vez que le dio alcance. El negó lentamente con la cabeza.

—No entiendes... Debes irte... Déjame acá, sólo vete... Corre y no te detengas hasta llegar a Konoha...

—¿Nani...? ¿Qué estás diciendo...?

Confundida, ignoró sus palabras. Buscó por sobre su hombro un lugar para descansar. Cerca corría un riachuelo, podía escucharlo. Bien...

—Vamos, te ayudaré a levantarte...

—No... —Murmuró. Cuando él iba a oponer resistencia, se desplomó sobre la joven. Sus puntos vitales seguían activos, pero se debilitaban. Nadie en su sano juicio lo abandonaría en tal estado en medio de la nada, ¿por qué le habría pedido que se fuera sin él?

¿Qué le hacía pensar que ella levantaría un dedo siquiera por perjudicarlo?

º o º

No es necesario que te disculpes, Naruto-kun...

Hina... Yo... Sakura-chan... No eres tú, es que... Yo pensé que... Yo... Yo había perdido la esperanza, ella... Pues, ella...

Luego de dar con su escondite, él no hizo más que balbucear un millón de disculpas, pasando después a un millón de palabras para armarse una escusa. Hinata no necesitaba nada de eso, comprendía exactamente qué había sucedido. Ni siquiera debía perdonarlo, no había nada qué perdonar.

Ella lo amaba. Con tal ardor y tal vehemencia que en su corazón ya no quedaba cariño para sí misma. Ella lo amaba, sí, con tanta fé que la única muerte que se le ocurría era dar la vida por él. Después de todo, él le había dado, sin saberlo, una razón para seguir, para luchar, para estar viva. Por él era que ella había comenzado a creer en su propia fuerza. Todos sus logros se los debía a él, todo era de él. Si nunca hubiera llegado a su vida, Hinata no sabía qué sería de ella, más que la misma chiquilla patética que siempre había sido.

Ahora ella se encontraba encerrada dentro de su mente. Él le decía algo, no tenía idea qué. No escuchaba nada. No percibía nada. Ni su voz, ni el viento, ni sus lágrimas, ni la vergüenza, ni el hueco en su pecho. Sus sentidos se habían interrumpido antes de llegar a su cerebro, su cuerpo era una barrera impermeable a los elementos.

¿Acaso alguno de los dos creía posible que ella se merecía ser querida? No, jamás. Eso era sencillamente impensable.

Pe... Perdón, Naruto-kun Dijo finalmente, sin importarle si lo interrumpía o no.

¿Eh? ¿De... de qué hablas, Hinata...?

La... La culpa es mía. La... Lamento haber... guardado esperanzas...

º o º

Observaba las estelas causadas por las piedras sobresalientes del caudal. Ver los reflejos y destellos del agua la distraía de pensar todo lo que abrumaba su pensamiento. Cada cierto tiempo activaba su byakugan para asegurarse que estuvieran solos, temía que alguien de Akatsuki…

—Despertaste —Lo saludo una vez que vio sus ojos abrirse.

—Te dije que te fueras —Susurró. Al parecer, aún no recuperaba del todo sus fuerzas.

Ella no respondió. Retiró el paño de su frente, yendo a remojarlo en el río. Volvió a sentarse junto a él. Lo había recostado junto a un enorme sauce, cubriéndolo con su bolsa de dormir. Desde la madrugada su única preocupación había sido hacer bajar su fiebre, cuidando de que su cuerpo no se enfriara por el sudor helado. Ahora el sol de mediodía quemaba justo sobre sus cabezas, amparados por el frondoso forraje del bosque.

Estrujó una última vez el trapo antes de pasarlo por el rostro del muchacho para refrescarlo. Igual que en el sillón, antes de huir de Suna. Aún lo notaba preocupado.

—Sakura-san me dio hace tiempo una planta medicinal que sirve para neutralizar algunos venenos. Me costó un poco, pero pude hacer que bebieras algo de la infusión. Al parecer está dando resultado...

—Hina, escúchame bien... Debes llegar a Konoha lo antes posible...

No lo dejó terminar. Posó su cabeza sobre su pecho, cerró su puño agarrando sus ropas.

—No vuelvas a decir eso, Gaara-kun. No te dejaré. Ni aquí, ni ahora, ni nunca. Seguro crees que tus razones para que lo haga son buenas, pero no hay nada en este mundo que justifique abandonar un amigo. Tú harías lo mismo por mí, lo sé.

Hubo un largo silencio. Él liberó uno de sus brazos para acariciar su cabeza. Ninguno de los dos se movió en un buen rato.

—Pude hablar un poco con Temari antes de partir. El mensaje traído de Kumogakure dice que Danzou está vinculado a Madara Uchiha, el verdadero líder de Akatsuki. Se ha hecho un pacto secreto entre Kumo, Iwaga, Kiri y Suna para eliminar al Hokage, debemos guardar las apariencias para que no sospeche nada —Hizo una pausa antes de continuar, Hinata ponía atención, la situación era sumamente delicada—. No es todo. Tres miembros de Akatsuki habían sido vistos cerca de Suna desde hacía un par de días, sin intenciones de atacar. Ya te diste cuenta, me envenenaron para debilitarme... De alguna manera, uno de ellos logró introducirse en la aldea y alcanzarme. Es a mí a quien buscan, si te quedas conmigo y nos encuentran...

—¿Pero por qué...? Ya no tienes a Shukaku encerrado en tu cuerpo...

—No lo sé... Tampoco entiendo que intenten llegar a mí de una manera tan cobarde. Pero ya que es inútil insistir en que te vayas, haz lo que tengas que hacer para que me recupere luego.

—Hai —Sonrió la chica... sonrisa que él devolvió, cansina.

La mañana pasó. El día corrió, tranquilo.

No fueron necesarias muchas palabras, nunca hacían falta estando con él. Hinata se aferraba a cada uno de los segundos que removía el paño húmedo en su frente, cuando le ayudaba a beber, cuando se las arregló para hacerle una comida improvisada en esa intemperie. Cuidarlo le hacía sentir que le pertenecía. Sobre todo en esa soledad, tan deliciosa.

El sol moría. La tarde la golpeó al fin, cuando vio que él volvía a erguirse. Aunque débil, su temple era inamovible.

—¿Lista?

Ella asintió. El púrpura horizonte los esperaba.

º o º

Hyuuga Hinata, ¿eh? —Danzou la miró de pies a cabeza una vez que ella ingresó a la carpa que servía de oficina del Hokage, la que había sido pulverizada junto con el resto de la aldea por Pein.

Ha… Hai. Vengo a…

Sé a qué viniste, fui avisado —Fijó su vista en ella lo suficiente como para perturbarla, luego continuó aprisa, recogiendo unos papeles del escritorio—: Mañana a primera hora partirás a Suna, le diré a dos de tus compañeros que te escolten.

Sí, señor.

El hombre le explicó los detalles de la misión y el papel que debería desempeñar, a lo que ella oía atentamente. Cada detalle lo absorbió para alentar su corazón. Su ruta de escape estaba hecha. Huiría a relamerse las heridas fuera de la guarida del lobo.

No estoy seguro de que Hiashi esté muy conforme con que enviemos a su primogénita fuera de la aldea en tiempos de guerra. Supongo que él no se ha enterado de tu decisión.

No, señor. Mi… mi padre no tiene idea.

Uhm. Lo imaginaba —Había algo en ese hombre que le atemorizaba, aunque de verdad parecía complacido con que ella se presentara a la misión de embajadas en las aldeas ninja—. Te haré un favor, chiquilla. Le haré saber al cabecilla Hyuuga que esta misión se te designó, no que te ofreciste voluntariamente. Así no podrá negarse —Hinata tragó grueso disimuladamente antes que Danzou continuara—. Porque… estás consciente que en esta tensa situación, un paso en falso y no habrá impedimento para que te eliminen, ¿verdad? O torturarte, incluso, si es que creen que te pueden sacar algo de información sobre Konoha.

La joven apretó sus puños. Su labio tiritó mientras asentía. Él sonrió con sorna.

Retírate.

Salió de la carpa con leves náuseas. Desafiaba a su padre y ponía en riesgo su vida para alejarse de Naruto. Comenzaba a asustarse, de verdad, pero ya no había retirada admisible. Su única dirección a tomar estaba puesta hacia adelante.

No más de diez metros alejada del lugar de donde venía, los vio. Ahí estaban Naruto y Sakura. El solo cuadro era como una lanza atravesando su pecho de frente a fondo. Como si el corazón se le cayera al estómago continuamente. Intentó ignorarlos y seguir de largo sin prestarles atención, pero no pudo evitar oír algo de lo que hablaban.

Sakura-chan, lo que sea que hice, lo siento, ¿sí? Sólo deja de comportarte tan rara…

Ahh, por décima vez, Naruto, ¡no me pasa nada! Es sólo que a veces quiero estar sola y ya, ¿bueno? No hay necesidad de estar juntos todo el tiempo, por kami…

La chica se fue, sin dejar contestar al rubio. La discusión hizo subir la mirada a Hinata, quien podría haber jurado que Sakura tenía los ojos llorosos. Ahí quedó Naruto, mirando al suelo, abatido. Hinata se acercó, lentamente.

Na… Naruto-kun… ¿estás bien?

Él sonrió antes de despegar sus ojos de sus pies y verla.

Soy un baka. Sea lo que sea que ella necesita, no puedo dárselo.

No se dijo más. La ojiperla, lejos de conformarse o aliviarse con lo que presenciaba, comprendía el desánimo del muchacho. No le deseaba sufrir los mismos males por los que ella estaba pasando, quería su sonrisa. Quería borrar cualquier tristeza de su mundo. Pero no podía. Ella también era una baka, lo que él necesitaba… Hinata tampoco podía dárselo.

º o º

La noche había regresado. El bosque se hacía más espeso. Los árboles, más altos y gruesos. Su custodio se veía mejor de salud, pero no se había recuperado completamente.

Eran tres días entre Konoha y Suna; Cuatro, por el que habían perdido. Hinata se prometió no poner fe en ese beso. Ni en sus abrazos para darle ánimos. Ni en sus fugitivas y cálidas sonrisas. Irónicamente, el dolor que la había impulsado a alejarse de Konoha había desaparecido, reemplazado por el dolor de tener que abandonar a Gaara para regresar. Con el amor no se juega, sólo se pierde. A tres pasos detrás de él, su cuerpo lo palpaba con la mirada. Quería tocarlo. Quería abrazarlo. Besarlo otra vez. No se atrevía a desear que le correspondiera…

Alto.

Dos figuras se interpusieron en su camino, obligándolos a detenerse. El chico de anaranjado y la chica de cabello rosa. El corazón de Hinata respondió al verlo, pero no de la misma forma de antes.

—Naruto… —Murmuró Gaara, sorprendido.

—Gaara —Le respondió el rubio—… No sé qué diablos pasa, pero necesito que me lo expliques bien.

Hinata y Gaara se miraron, confundidos.

—Nos llegó un mensaje de Iwaga diciendo que nos traicionaste, Gaara. Que hiciste un pacto con Uchiha Madara para recuperar a Shukaku a cambio de los ojos de Hinata —Respondió Sakura.

—¡¿Nani? ¡Pero eso es imposible! —Alegó Hinata, asustada por las atroces acusaciones contra el Kazekage.

—Yo sé que es un truco de Akatsuki, pero no pude convencer a Danzou. Con Sakura-chan nos las arreglamos para escapar de Konoha a darte aviso, antes de que salgan los primeros grupos de asalto y reconocimiento hacia Suna.

—¿Grupos de asalto? —Inquirió el pelirrojo— ¿Quieres decir que Konoha nos ha declarado la guerra?

Naruto y Sakura guardaron silencio, uno apretando los puños, la otra bajando la mirada.

—Me temo que sí, Gaara —Respondió finalmente el ojiazul.

Hinata volvió a buscar la mirada del suna, pero éste no le correspondió. La situación era grave, muy grave.

—Gaara-kun… Creo que debemos explicarles nuestra parte.

Él entonces encontró sus ojos. Algo de calma volvió a sus pupilas verde agua. Asintió.

Se arrimaron a un claro cercano. No podían arriesgarse a ser descubiertos, así que no encendieron fogata alguna. Entre los cuatro juntaron algunas provisiones e improvisaron la cena. En el intertanto, Hinata notó que Naruto la observaba; Lo ignoró, seguramente eran ideas suyas. Ya cada uno con su plato, Gaara les explicó a sus camaradas de la Hoja sobre el mensaje de Kumo, los miembros de Akatsuki que rondaban Suna, el pacto para eliminar a Danzou y la intromisión de Akatsuki para envenenar al joven Kazekage.

—Es igual que con Konoha. También hubo avistamientos de miembros de Akatsuki días antes de que llegara el mensaje… Pero el mensajero que lo trajo era uno de los nuestros, un Anbu… Está claro que es el mensaje es falso, pero habría sido imposible reemplazar un Anbu por un impostor —Dijo el Uzumaki, contrariado.

—A menos que Iwaga y Kumo estén metidas en esto —Meditó Sakura.

Los cuatro se miraron. La idea era escalofriante, pero era una posibilidad.

—Pues… ¿ahora qué hacemos? —Preguntó Hinata.

—Debemos aclarar esto lo antes posible —Respondió Gaara. La chica negó con la cabeza.

—Pero Gaara, no puedes continuar hasta Konoha, si se ha declarado la guerra con Suna te atacarán, en tu estado eres un blanco fácil. Tampoco es seguro que vuelvas a Suna solo…

—Pero tampoco podemos dejar que uno de nosotros lo acompañe —Acotó Naruto—. El consejo tiene pendiente matar un konoha por la supuesta traición de Danzou.

—Quizás no sean tan rígidos, si Gaara se hace explicar antes de que actúen… —Opinó Sakura.

—No sé cómo se hayan tomado mi ausencia de la aldea. Me fui sin dar aviso, encargándole a Temari que se explicara por mí.

Guardaron silencio. Hinata notó cómo el pelirrojo se tomaba la cabeza entre sus manos, apoyando sus codos en sus rodillas. Miró suplicante a Sakura, quien entendió la indirecta en silencio.

—Venga, antes de decidir cualquier cosa hay que curar a Gaara. ¿Hiciste la infusión como te dije, Hinata? —La aludida asintió—. Haré otra, esperen… La complementaré con estas semillas para reforzarla…

La médico-nin se puso a preparar el remedio, apartada del grupo. La chica Hyuuga se la quedó observando, parecía que la relación de esos dos se había estabilizado. Se alegró. Pensaba en ir a asistir a Sakura cuando Naruto la interrumpió.

—Hinata…

No terminó la frase. Los cuatro se dieron cuenta a tiempo para evitar el poderoso ataque, alejándose cada uno con un rápido salto de la gran explosión detonada justo donde habían estado conversando. Entre el humo, el polvo y el fuego, Hinata buscó a Gaara. Costaba respirar. Su boca se llenaba de hollín. Estaba alerta por si volvían a atacarlos. Oía las voces de los demás, tosiendo, pero no podía saber de dónde venían. Antes de usar su Byakugan, una voz distintiva se hizo notar.

—Hmm. Pensaba que sería una misión aburrida, pero me han hecho el trabajo tanto más fácil…

El polvo se fue asintiendo. Entre columnas de humo, la figura de aquél hombre se fue haciendo más clara.

—Ha pasado tiempo…, Naruto…, Gaara… —Continuó diciendo la misma voz.

Acompañado por una pequeña comitiva de dos personas, ahí estaba, altivo y orgulloso, parado en una rama sobre sus cabezas. Era nada menos que Uchiha Sasuke.


este fic estuvo botado por màs de un año; la idea era que fuera un two-shot con lemon, pero como que se me alargò la trama asì que creo que quedarà como un three-shot; me parece que omitirè el lemon. habìa dicho que responderìa los reviews del capìtulo anterior en la continuaciòn, y he acà. para las siete niñas que me regalaron un comentario, tengo algo para decirles a todas: sè que es probable que no lean esto porque la gente suele desaparecer de esta pàgina, pero espero que puedan llegar a leer este capìtulo. lamento mucho la demora, pero acà està el segundo capìtulo... al fin.

Chiharu No Natsumi gracias

kittirasi danzou es el jefe de la raìz de los anbu. es el que nombran hokage despuès del ataque de pein y que tsunade queda en coma... o algo asì. gracias por el review

nana. modoki muchas gracias

Lapislazuli1 gracias, a mì me gustan los reviews largos :) me alegro de haber llamado tu atenciòn

Kurayami1sama gracias, me encanta cuando aprecian esos detalles

yue yuna gracias :) bueno, acà se explicaron varias cosas, pero quedaron otras pendientes...

Anna Walker bueno, niña... estàs desaparecida de estos lares... ojalà nos volvamos a leer algùn dìa...

no prometo actualizar mañana o pasado mañana, pero definitivamente no serà un año como la ùltima vez.

bueno, si no recibo reviews, creo que botarè esta historia. eso querrà decir que el tercer y ùltimo capìtulo no es necesario.