Saint Seiya ® nombres y caracteres, son propiedad del señor Kurumada y de Shueshia ® Se hace uso de ellos para mantener a mi musa entretenida.
La autora no recibe ningún beneficio económico por la redacción o publicación
Cualquier parecido con la realidad (situaciones, personas, diálogos) es total y mera coincidencia. Me deslindo de cualquier responsabilidad que la lectura del capítulo pudiera ocasionar
El presente fic cuenta con la aprobación y apoyo de su coautora Lady Antares Escorpio, que aunque ya no colabora en el mismo, me ha regalado la escena final del capítulo que a continuación inicia.
La ley de las amazonas
Segunda Parte
Por Gilraen Shauláh
No podía hacer otra cosa más que ver cómo el barco se alejaba. Y él también. Porque así lo había decidido, porque así debía ser. Ahora que nadie le veía, se quitó su máscara para limpiar las lágrimas que surgieron mientras se decían adiós, y las cuales aún le acompañaban.
- No tengo más que enseñarte. Te he dado técnica y conocimientos, más no puedo yo enseñarte cómo dominarlos, es algo que cada uno aprende por su cuenta. Solo recuerda, al ser un caballero de Atenea, sirves a la humanidad. Tu primera responsabilidad en todo momento, tu deber y tu lealtad, son para Atenea. Sé que sabrás como manejar tu cosmos, y utilizarlo para defender la causa de la justicia y la Paz sobre la Tierra. Llegaste aquí como mi alumno, y ahora puedo llamarte Compañero de Armas.
Como si esperara la orden, la Armadura salió de su caja, ensamblándose a la perfección en el cuerpo del caballero. Albiore y June observaron como Shun pasaba de aprendiz a caballero de Bronce.
- Diga lo que diga, le debo todo a Usted Maestro. Sin su guía y paciencia, no lo habría logrado.
- No puedo yo saber en que circunstancias nos veremos de nuevo. Pero sin duda, será un honor combatir a tu lado.
- El honor será mío, maestro…
- Date prisa, el barco que habías esperado abordar durante años no debe tardar en marcharse.
- Así lo haré maestro, y nuevamente gracias por todo.
- Maestro –interrumpió la chica- me gustaría…
- Esta bien. Acompáñalo –accedió Albiore, sabiendo que este sería un momento muy difícil para ambos, el cual muchas veces deseo no se volviera realidad, pero ante el cual nada podía él hacer. Dio la media vuelta y partió de regreso a su cabaña. Ambos jóvenes se miraron un momento, y empezaron a caminar en dirección al puerto.
Llevaban la mitad del camino sin hablar. El silencio les hacía mucho daño a ambos, pero ninguno sabía como expresarse, así que ella solo atinó a tomar su mano, la cual él sujeto con fuerza.
Siguieron caminando así unos minutos, hasta que Shun no pudo más. Se detuvo en ese momento, haciendo que June lo mirara preocupada.
- ¿Qué ocurre?
En respuesta, Shun dejó la armadura en el suelo, se acercó a June, quitándole rápidamente su máscara para besarla con una mezcla de desesperación y tristeza. Ella se sorprendió un poco, pero le correspondió, dejando caer algunas lágrimas que había negado desde la mañana.
- Mi niña, no llores por favor –dijo tomando suavemente su rostro entre sus manos.- ¿No te das cuenta que lo haces más difícil para mi… para ambos?
- Tengo miedo -dijo abrazándolo con fuerza- ¿Qué tal si nunca vuelvo a verte¿Qué tal si…? –pero no pudo terminar su frase porque él volvió a besarla.
- No digas eso, no pienses lo que puede o no suceder…Te amo, y eso no va a cambiar nunca.
- No te vayas, por favor, no me dejes –le dijo casi suplicándole, a pesar de que se juró a si misma que no lo haría, que no lo pondría en ese predicamento.
- Debo volver, a terminar todo esto… a reencontrarme con mi hermano. Lo prometí. Le prometí que obtendría la armadura. Y debo cumplir… para luego regresar aquí, por ti…
- Tengo tanto miedo…
- ¿A que?
- A la distancia, al tiempo… a que me olvides o te enamores de otra…
- Eso jamás –le dijo tomando sus manos y besándoselas.- Solo tú existes para mí. Mi mayor tesoro y mi felicidad están a tu lado. Volveré. Te juro que volveré por ti… - y le dio un último besó, más profundo que los anteriores, y llenó de todo el amor que sentía por ella.
- Perdóname Shun, te prometo que seré fuerte en tu ausencia, y este donde este, te querré para siempre. Esperaré todo lo que sea necesario…
El barco casi se perdía en la distancia, pero para ella, él estaba a su lado, a pesar de que sabía que eran miles de kilómetros los que ya los estaban separando. Terminó de limpiar su rostro y se colocó la máscara nuevamente. Justo en ese momento, el maestro llegó a su lado.
- Mi deber sería el de informar sobre tu falta –ella siguió observando el océano.- Debería también informar al Patriarca, y no haber permitido que Shun partiera, mucho menos que reclamara la armadura.
- ¿Hace cuanto lo sabe? –preguntó sin alterarse.
- Un año… Sabia que este momento llegaría y lo que ambos sufrirían con esto. Trate de retrasar el entrenamiento lo más que pude pero…
- Pero Shun nació para ser un caballero, y no hubiera servido de nada. Tarde o temprano, la armadura haría acudido a él, aún sin hacer el Sacrificio.
- ¿Tanto lo amas?
- Es todo para mí.
- Me alegra ver que comprendas, a pesar de que esto debe dolerte demasiado. Ya estas lista, para reclamar tu armadura.
- ¿Entonces no va a …? –le miró extrañada.
- Tu amor es sincero, tanto, que te ha hecho madurar. Ambos saben donde está su lealtad, y sé que juntos lucharan contra todo, contra lo que sea. No podría pedir más de Ustedes. Además… -el maestro guardó silencio al recordar sus sospechas.
- ¿Qué ocurre maestro?
- Nada. No prolonguemos esto más de lo necesario. Mañana mismo reclamarás tu armadura, e irás al Santuario.
June miró a su Maestro unos minutos. Estaba sereno, pero preocupado al mismo tiempo. Sabía que no se debía al prometer guardar en secreto lo de ella y Shun, era otra cosa, algo que le preocupaba, demasiado. Sabía que Albiore rara vez se comportaba de esa forma, y que sus corazonadas resultaban siempre correctas. Y de alguna manera sabía, que su preocupación era el Santuario, el lugar al que iría.
- Se avecinan tiempo difíciles –dijo en susurro el maestro. Ambos observaron como el barco termino de perderse en el horizonte.
- Buena suerte, amor mío –dijo June desde lo profundo de su corazón.
A la mañana siguiente June obtuvo la armadura del Camaleón. En esos mismos momentos Shun desembarcaba en uno de los puertos de la bahía de Tokio. Al bajar a Tierra, se encontró a un joven bastante familiar de su pasado.
- ¡No puedo creerlo! –Le dijo el muchacho, de cabello castaño claro.- Regresaste con vida, de haber sabido que así sería hubiese apostado y sería millonario en este momento.
Shun le observó con indiferencia. Pasó a su lado y siguió caminando. Esto hizo enfadar al otro.
- Parece que te enseñaron de todo, menos buenos modales… ¡te enseñare a respetar a tus superiores! –dijo preparándose y corriendo hacia él. Shun se detuvo, Giró para detener con una mano el puño del otro, casi a la altura de su rostro.
- Sigues tan impulsivo como siempre, Jabu. Pero no peleare contigo, si eso es lo que quieres, yo solo vine a entregarle la armadura al señor Kido. No me interesa tener problemas, al contrario, a pesar de todo siempre te he considerado como un amigo.
- No cambias nada –le dijo con sarcasmo.- Date prisa, hay ciertas cosas que debes saber… -Shun miró a Jabu: ese tono y esa mirada burlona… no le gustaba. Esa actitud sólo la había visto cuando alguien le arruinaba los planes a otro…
Ambos jóvenes subieron a la limosina que les llevaría a la mansión de Mitsumasa Kido.
De regreso en Isla Andrómeda.
No dejaba de extrañarlo. Cada cosa, cada sitio en la isla le recordaba a Shun, Al amor de su vida. Sabía que ya debía estar en Japón. Se preguntaba como sería el reencuentro con su hermano, lo que él diría al saber que no se quedaría con la armadura, y que regresaría a su lado. Pero quizá faltaba mucho tiempo para esto último. En unas horas partiría de regreso al Santuario. A la incertidumbre. A la soledad. Pero quizá, el Santuario podría acercarle a Shun, aunque no estaba segura de si así sería, o por qué. Pero ese presentimiento inundaba si corazón. Hubiera podido jurar, que su futuro y su destino, tenía mucha relación con el Santuario.
Casi atardecía, cuando terminó de preparar lo que llevaría al Santuario. No tenía ánimo de nada, Decidió no recorrer la Isla por última vez. Se quedaría en ese sitio, a recordar. Tantos sentimientos, tantas palabras, tantas caricias estaban impregnadas en esa habitación, se sentía a salvo, segura y cerca de él. Se hubiera quedado ahí hasta el día siguiente, de no ser por un presentimiento y una presencia demasiado familiar dominando la Isla. Se levantó de la mesa y salió discretamente de su cabaña. Esa presencia le era conocida, pero había estado alejada de ella por mucho tiempo.
Llego muy cerca de la cabaña de su maestro. Ahí, observó a un grupo de personas que no conocía, salvo por su maestro, Albiore, y una amazona de Plata de cabellera roja: Marín.
- ¿Qué hace ella aquí? Y los otros ¿Quiénes son?
Por la cara y la actitud de Albiore, sabían que no eran completos desconocidos. Las cuatro personas entraron a la cabaña, y fue cuando June aprovechó para acercarse, colocándose junto a una de ventanas, para tratar de saber lo que estaba pasando.
- Finalmente, el último de ellos completo su entrenamiento –afirmó el maestro, dirigiéndose a un caballero de armadura azul y cabello lila.
- Esta mañana Hyoga ha partido rumbo a Japón, llevando consigo la armadura del Cisne.
- Mi alumno regreso hace dos días, con la armadura del Dragón –dijo un hombre anciano, que caminaba con la ayuda de un bastón.
- El mío mañana reclamará su armadura si resulta vencedor al torneo que se realizará en presencia del Patriarca, aunque no dudo que lo haga, es terco y obstinado, pero lo hace por razones personales, y eso me preocupa.
- Todos ellos fueron elegidos con un propósito, juntos hallarán su camino. Y es nuestro deber apoyarlos, necesitarán ayuda para lo que se acerca.
- Sin embargo aún no tenemos noticias del alumno del caballero del diablo, el que fue a Isla Reina Muerte.
- "La isla de la Reina Muerte… es ahí donde fue el hermano de Shun" –recordó June con preocupación.
- Tu alumno y él son hermanos¿no es así? –preguntó Crystal.
- Me temo que sí. Shun consiguió su armadura para poder verlo nuevamente, será un golpe muy fuerte para él si es que no sobrevivió.
- "¡No puede ser!" –exclamo June.
- No estamos adelantado. Debemos recordar que él mismo fue quien ofreció a cambiar el lugar con su hermano. Si lo hizo fue porque sabía que podía. Tal vez solo sufrió un retraso.
- ¿Pero de que naturaleza? Todos aquí sabemos que han pasado cosas extrañas en el Santuario desde que el antiguo señor falleció tan misteriosamente, el mismo día que hallaron muerto al caballero de Sagitario, la noche del nacimiento de Atenea.
- Nuestra misión era sólo la de prepararlos –les dijo Dokho.- Les enseñamos el camino correcto, y les dimos las armas con las que combatirán. Esta guerra ya no esta en nuestras manos, sino en las de ellos, la nueva generación. Ellos deben llegar a Atenea, juntos lograrán purificar el Santuario, y hacer frente a los nuevos ciclos de guerras Santas que están por iniciarse. Vendrán a nosotros por consejos, y combatiremos a su lado de ser necesario, no podemos hacer más. Es preferible exponernos nosotros a ellos, que son jóvenes, y nuestra esperanza.
- Entonces, no hay más que decir –dijo Marín levantándose.- Regresare al Santuario cuanto antes.
- June irá contigo –le dijo Albiore.- Ya tiene su armadura…
La amazona se apresuro a regresar a su cabaña para evitar que la descubrieran.
- … y será lo mejor para ella –los otros lo miraron sin entender del todo.
- Si es lo que deseas.
Los cuatro salieron de la cabaña. Y fue así que June regreso al Santuario,
acompañando a Marín.
Santuario de Grecia.
El clima de Atenas no era tan distinto al de la Isla. Ambas amazonas avanzaban en silencio hacía la sala del Patriarca. El lugar había cambiado en esos diez años que había permanecido lejos. La mirada de los aprendices era dura, fría, y en algunos parecía que no existía.
- Te quedarás en mi casa -le dijo la amazona.- Por la tarde es el torneo para ganar la armadura de Pegaso, me gustaría que asistieras.
- Si, maestra.
- ¿Pasa algo? –preguntó Marín.
- No, estoy algo cansada. No había viajado en mucho tiempo.
- El Patriarca no se ha sentido bien en estos días, y sus cambios de carácter son frecuentes y bruscos. Será una audiencia rápida y…
- ¿Podré ver a Atenea? –preguntó con timidez.
- En todos estos años solo la he visto un par de ocasiones. Ella no recibe a nadie por más de cinco minutos, y el Patriarca no nos deja acercarnos a sus habitaciones. Insiste en que ella solo desea verlo a él.
- ¿No es eso extraño? –Marín volteó a verla.
- Jamás digas eso enfrente de desconocidos, o de guardias, tampoco ante otros aprendices o caballeros…
- Marín¿Qué ocurre?
- Entre menos sepas ahora, mejor.
Llegaron a la entrada del Salón del Maestro. El guardia las anuncio y se les permitió pasar. Marín se detuvo a mitad de la sala. June permanecía a sus espaldas.
- Bienvenida, Marín. ¿Está tu alumno listo para el torneo?
- Si, Excelencia. Empezaremos en cuanto Usted nos lo indique.
- Será interesante… ¿sabes que se enfrentará al alumno de Shaina?
- ¿Qué ha dicho? Pero a ella no se le permitió tomar alumnos a su cargo.
- Lo hizo sin mi consentimiento, cierto, pero el chico esta listo y será divertido ¿No te parece?
- Si Usted lo considera correcto, cumpliré sus órdenes. Me gustaría presentar a la amazona del Camaleón, quien ha terminado su entrenamiento en Isla Andrómeda.
- June, June de Camaleón si no me equivoco. Eras aprendiz en el Santuario¿no es cierto?
- A su servicio. Excelencia.
- Atenea está muy complacida –June se percató de la silueta que permanecía sentada, oculta tras la cortina que estaba a espaldas del Patriarca. Inmóvil, casi como si no existiera.- Pueden retirarse, tu alumno necesitara los últimos consejos antes de la batalla.
- Como ordene, excelencia.
Ambas amazonas se inclinaron respetuosamente, y dieron la vuelta para salir del recinto. Antes de que la puerta se cerrara, June notó que la silueta que había visto se levantaba rápidamente, alejándose de la cortina.
A las afueras del templo, una figura estaba recargada en la columna. Les cerró el paso apenas las vio:
- Imagino que su santidad ya te habrá informado que Cassios también participará en la competencia para ganar la armadura de Pegaso.
- Eres terca, arrogante y egoísta Shaina… la suerte de ese joven no te interesa en lo más mínimo, esto solo lo haces por orgullo, porque el Patriarca no te consideró digna de tomar alumnos a tu cargo.
- Puede ser… pero más que nada es para humillarte, a ti y al otro extranjero, no permitiré que se lleve la armadura del Santuario ¡esa armadura le pertenece a Grecia!
- Seiya jamás a hecho algo en tu contra ¿por qué lo odias tanto?
- ¡Ese es asunto mío! –respondió Shaina, y después fijo su atención en June. - Así que tu eres la discípula de Albiore… la amazona de Camaleón –dijo caminando hacia ella y rodeándola.- Tu nivel debe estar cerca del mío, ya que tu maestro posee un cosmos tan fuerte como el de un caballero dorado… -en ese momento Shaina la observó con atención. A pesar de que ambas traían sus máscaras, la amazona de la cobra presintió algo distinto en June.
- Ella no vino aquí para enfrentarse a nadie –le dijo Marín poniéndose entre ellas,- no te busques problemas Shaina, el patriarca no siempre pasará tus errores por alto.
- Eso ya lo veremos –dijo Shaina, alejándose de ellas.- Te veré en el coliseo.
Ambas la observaron alejarse, y luego Marín se dirigió a June.
No le hagas caso. Vamos, necesitas descansar.
Marín guió a June por los terrenos del Santuario, hasta el recinto de las amazonas. Entraron a la cabaña de ella.
- Albiore me dijo que lo mejor para ti era alejarte de la Isla un tiempo, para poder olvidar ¿a qué se refería con ello? -June la miró, nerviosa. Marín le dio la espalda, quitándose la máscara.
- No lo sé. –La amazona del águila volteó a verla.
- June, él me contó sobre el caballero de Andrómeda, tu compañero en el entrenamiento; y sé que estás así por él, porque regresó a su país.
- Lo extraño, eso es todo –ambas guardaron silencio.
- El Santuario ha cambiado mucho desde que partiste, son pocas las personas en las que se puede confiar, y mucho más escasas las que le son leales a Atenea. Sólo te pido que confíes en mi, y que mantengas el juramento que hiciste a la diosa al momento de obtener tu armadura.
- Sé cual es mi lugar, Marín, no dudes de eso.
- Esta bien.
Esa tarde, June conoció a Seiya, y presenció el torneo en el cual él resultó vencedor, obteniendo la armadura de Pegaso.
A la mañana siguiente, el caballero de Pegaso regresó a Japón, donde se enteraría de que sus planes no saldrían como él había deseado.
Tokio, Japón.
Shun salía del despacho de Saori, aparentemente tranquilo. Pero apenas estuvo fuera de la mansión, corrió hacía el bosque en el que solía entrenar con su hermano; se detuvo hasta llegar al árbol que Ikki solía golpear a manera de entrenamiento.
- ¡No es justo! –dijo, golpeando con su puño el tronco. Recordó lo que Saori acababa de decirle:
- Nos complace verte de regreso –dijo fríamente la nieta de Mitsumasa Kido.- Eres el sexto en volver de todos los que partieron. Debes saber que superaste las expectativas que mi abuelo tenía sobre ti, no esperábamos que sobrevivieras el entrenamiento.
- Sin embargo lo hice, y cumplí con lo que el señor Kido quería. Le traje la armadura de Andrómeda, ahora quiero ver a mi hermano.
- ¡Cómo te atreves a exigirle algo a la señorita Saori! –le reclamó Tatsumi.- Habrás traído la armadura, pero no olvides que sigues siendo un huérfano que mi maestro adopto por caridad.
- ¡Silencio Tatsumi! Shun no sabe lo que paso estos años en que estuvieron fuera de Japón.
- ¿A qué te refieres?
- Mi abuelo falleció un año después de que partieron. Desde entonces yo me he ocupado de los asuntos que dejó pendientes, su regreso entre otras cosas, pero me temo que de tu hermano no sabemos nada.
- ¿Qué ha dicho?
- Hace unos días, un avión de la fundación sobrevoló el área en que esta ubicada la Isla de la Reina Muerte, las imágenes que trajo nos dejaron muy desconcertados: el sitio parecía abandonado y no había señales de vida. Hemos intentado en varias ocasiones pero el resultado ha sido el mismo, todo nos hace suponer que tu hermano no sobrevivió al entrenamiento, lo siento.- Saori permanecía cruzada de brazos en su escritorio, mientras Shun seguía sin creer todo lo que le habían dicho.
- Eso no puede ser ¡mi hermano me prometió que regresaría!
- Aquí tienes las pruebas si no me crees –dijo abriendo uno de los cajones del escritorio, sacando un sobre de fotografías de la Isla de la Reina Muerte.- Nosotros también esperábamos que regresara, la armadura del Fénix es una de las más importantes y…
- ¡Deje de mentir! A Usted que más le da si regresábamos vivos o no, solo les importaba obtener las armaduras ¡Usted y su abuelo son un par de mentirosos!
- ¡Cómo te atreves! –dijo Tatsumi yéndose sobre él, pero Shun logro derribarlo con una sola mano.
- Ya tiene lo que desea, no tengo nada más que hacer aquí –dijo encaminándose a la salida.
- ¡Espera! –le dijo Saori.- Tengo algo que proponerte…
Se quedó de pie, contemplando la marca de su puño en el árbol.
- Perdóname June, pero no podré regresar todavía, como te lo prometí… Debo ganar el Torneo Intergaláctico, solo así podré saber el paradero de mi hermano… June, por favor, espérame.
Ese mismo día, Seiya llegaba a Japón, y al igual que Shun, se enteraba de la desaparición de su hermana, y cómo nadie había sabido nada de ella desde entonces. E igualmente, Saori le ofrecía los recursos para encontrarla, si participaba y ganaba el torneo intergaláctico.
El día del inicio del torneo galáctico.
Saori y Tatsumi estaban en el despacho. Ya estaban casi listos para partir. Estaban solos en la mansión, ya que los santos habían sido enviados hacia el Coliseo hace una hora. Al menos, los que habían llegado:
- No vamos a retrasar el Torneo, esos eran los deseos de mi abuelo –dijo Saori firmemente a su mayordomo.
- Lo sé, señorita. Pero no es solo la ausencia del caballero del Fénix, el del Cisne tampoco se ha reportado…
- Entonces haremos que ellos se enfrenten cuando aparezcan, luego podrán competir contra aquellos que hayan sido eliminados, hasta que alcancen la competencia en el nivel que se encuentre… quizá alguno de ellos resulte e vencedor.
- ¿No le preocupa el resto se oponga? A todos les ha hecho la promesa de ayudarlos si…
- Si ganan el torneo. Esa fue mi única condición y ellos aceptaron sin demora, jamás les aclaré bajo qué términos… además, recuerda que Fénix es el hermano de Andrómeda, si es que regresa dudo mucho que alguien proteste –y tomando su abrigo, se dirigió a la puerta.- En cuanto al Cisne, nadie se acercaba a él ¿recuerdas? Lo ven como a un forastero, y con gusto se enfrentarían a él, así que no debemos temer. Todo saldrá como mi abuelo lo planeo.
- Como Usted diga, señorita.
- Bien, partamos ya. Quiero asegurarme que todo este listo.
Ese mismo día, en el Santuario.
El joven que se encaminaba hacia el templo principal, lo hacía con paso decidido, como si estuviese molesto. Apenas había obtenido su armadura, dos días atrás, y su maestro le encomendó presentarse ante el Patriarca: en sus manos, traía un pliego escrito en japonés, con una imagen que le resultaba ofensiva, una burla a la Orden de Atenea.
Se detuvo, a la entrada del salón del maestro. Iba a pedir ser anunciado, cuando le llamaron desde dentro:
- Pasa, te estaba esperando… Ikki.
- Lamento el retraso, Alteza –la puerta se cerró tras él.
- Ya veo, obtuviste la armadura del Fénix, y por ello Guilty esta muerto.
- Esa fue la prueba que él mismo impuso, la misma que existe milenios atrás.
- Lo sé. Es solo que nadie, en mucho tiempo, había logrado dominar el poder del ave fénix, me sorprende que lo hayas hecho, y al mismo tiempo, es la prueba que necesitaba. Tú eres el único que podrá ayudarme a detener y castigar a todos los rebeldes que están en Japón, y a recuperar la armadura de Sagitario, que fue robada de este santuario hace 16 años.
- Sé quién es el culpable –dijo Ikki apretando con furia los puños.- Le aseguro que recuperaré la armadura y terminaré con todos esos traidores.
- Entonces no tengo más que decirte, ve. Atenea confía plenamente en ti.
- No lo defraudaré, Eminencia.
Se inclinó ante él, levantándose luego para ir a la salida. Pero en ese momento dejó caer el recorte de periódico que traía en sus manos: la imagen era la de la armadura dorada de Sagitario, dentro de su caja, al lado estaba Mistumasa Kido, y en una de las esquinas, una imagen de su nieta. El encabezado decía:
"La heredera del millonario Mitsumasa Kido, Saori Kido, anuncia el Torneo Galáctico"
- Te haré pagar por todo lo que me hiciste, Mitsumasa Kido. Tu y todos tus bastardos morirán… era será mi venganza.
En ese momento, June se topo de frente con Ikki. El caballero apenas y la vio. Más que nada, porque ella se apartó de su camino, sorprendida, de sentir un cosmos tan poderoso como lleno de odio y resentimiento. Sin embargo, volteo a verlo un momento mientras él se alejaba. Por alguna causa que no supo precisar, a pesar del rencor que guardaba ese cosmos, le parecía conocido.
El motivo por el que June se dirigía a la Sala del Maestro, era para anunciarle su regreso a Isla Andrómeda. Unas horas atrás, había llegado al Santuario una carta de Albiore, en la que le urgía a abandonar inmediatamente el recinto.
Y apenas la chica dejó el Santuario, se anunciaba que todo aquel que dejase el sitio sin el permiso del Patriarca, sería considerado un traidor.
En cuestión de días se inició la guerra interna en el Santuario:
El maestro Dokho en Rozán y Mu en Jamiel, fueron los primeros en ser declarados traidores.
Al mismo tiempo, Ikki se presentaba en Japón, robando la armadura dorada, y desencadenando todos los eventos posteriores: la alianza de Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun; la guerra contra los Caballeros Negros, la muerte de Ikki, la aparición de los caballeros de acero, la revelación de Saori y las primeras batallas contra los caballeros de Plata…
Pero al ver que ninguno de ellos podía con los caballeros de Bronce, el Patriarca decidió enviar al mejor de su clase para encargarse de ellos…
Albiore ignoró los llamados del Santuario, provocando que fuese considerado un traidor…
Y el mismo día que Milo llegó a Isla Andrómeda, Saori y los caballeros de bronce tomaban la decisión de enfrentar al Santuario.
June llegó a Japón, el día que partían a Grecia.
Apenas eran las seis de la mañana. Pero él estaba acostumbrado a levantarse a esa hora, aunque en esta ocasión era distinto. Apenas y había podido dormir. En tan poco tiempo sucedieron tantas cosas, y ahora, estaban al borde de una batalla que él no deseaba, pero en la cual debía participar. Era la promesa que le había hecho a Atenea, a Ikki, a su maestro…
- June, espero me perdones… sabes que no deseo esto, pero es mi deber proteger a Atenea. Si no lo hago, no me sentiría digno de volver a tu lado. Todos estos meses han sido tan largos, tan difíciles. No sabes la falta que me has hecho, porque a pesar de tener a mis amigos y haber recuperado a mi hermano, no me acostumbro a no tenerte a mi lado…
Ni siquiera he tenido noticias tuyas…
No sé si estarás aún en Isla Andrómeda…
O si estarás en el Santuario…
Si pelearas a nuestro lado, o si también nos creerás traidores…
Si seguirás amándome, tanto como yo a ti…
Ya a punto de salir a la mansión Kido, volteó al sentir que ya no estaba solo en la habitación. En una de las ventanas, estaba sentada una chica. Lo veía fijamente, como si leyera el fondo de su alma.
- Cómo dejar de amarte, si contigo es la única forma en que me siento viva…
- No puede ser… June… ¡June! –la amazona dejó caer su máscara al suelo, mientras bajaba de la ventana para reunirse con Shun.
Ambos se fundieron en un abrazó que duró varios minutos. Shun pudo sentir como ella se aferraba a él, buscando consuelo, y las lagrimas que brotaban de sus ojos.
- ¿June, qué ocurre? –preguntó angustiado. La amazona se separó un poco de él, y le dio un suave beso en los labios, para luego volver a abrazarlo.
- Shun fue terrible –pronunció débilmente entre lagrimas.- El maestro Albiore…
- ¡Qué le ocurre al Maestro! –dijo tomando el rostro de ella, limpiando con sus manos el llanto.
- Shun, el maestro esta muerto –dijo ella ya sin poder controlar el llanto, ocultando su rostro en el pecho de él.
- ¿Muerto? –dijo sin poderlo creer.- El maestro esta muerto… pero ¿cómo? Cómo es posible! June ¡qué fue lo que ocurrió!
- Albiore se negó a responder a los llamados del Patriarca –dijo ella separándose de su abrazo y dándole la espalda.- Tu y tus amigos son considerados traidores, eso lo sabes bien, y por ello el Santuario envió a todos esos caballeros de Plata, para terminar con Ustedes.
- Nosotros no somos traidores, estamos peleando por la verdadera Atenea, la bebe a la que Aioros salvo hace 16 años…
- Eso muy pocos lo sabemos. Pero para el resto del Santuario, lo que el Patriarca dice es la verdad. Shun, todo el mundo cree que Atenea está en el Santuario, y el viaje que Ustedes pretenden hacer es una tontería –le dijo mirándolo de frente.
- ¿Por qué dices eso?
- Todos aquellos que los apoyan también han sido marcados como traidores: Marín, Aioria, el maestro Dokho, Mu de Jamiel… y el maestro Albiore…
- ¿El maestro sabía?
- Al ver fracasar a todos los caballeros de Plata, el Patriarca decidió enviar al mejor de todos, a alguien que no fallara. Él pretendía mantener en secreto a los caballeros de Oro, y por ello, le ordeno a Albiore que se presentara ante Ustedes, y los eliminara. Incluyéndote a ti…
- Pero…
- El maestro sospechaba del Santuario desde mucho antes… así que ignoró los llamados del Patriarca, enviándole en cambio una nota en la que le aseguraba que sabía el secreto de Atenea, y que pelearía del lado de ella, de todos Ustedes.
- ¿Qué ocurrió después?
- Ya conoces el poder de los caballeros dorados de Aries y Leo. Pero incluso entre ellos hay diferencias de poder… Para castigar al maestro, quien a pesar de ser del nivel de Plata, poseía un cosmos tan fuerte como el de un caballero dorado, el Patriarca envió a uno de los más poderosos en el Santuario…
- ¿A quién?
- Milo… Milo de Escorpión… Ni siquiera lo sentimos llegar, jamás había presenciado un cosmos tan fuerte cómo el de él: en segundos tomo la Isla bajo su poder. Apenas y pude escapar, Shun…
- ¿Pero el maestro…?
- No sé cuanto tiempo haya durado la pelea… yo volví al anochecer, ignorando la orden del maestro de no hacerlo, pero ya era tarde: Albiore ya estaba muerto… estaba cubierto de pequeños golpes, quince en total, y uno de mayor gravedad en el corazón… Y esto –dijo poniendo en sus manos un pañuelo, el cual Shun desdobló- estaba al lado de su cuerpo.
- Un rosa blanca…
- ¡Qué oportunidad pueden tener Ustedes! –le dijo June con angustia.- El maestro igualaba a un caballero dorado, y esta muerto… Y ustedes casi mueren enfrentándose a los caballeros de plata ¡no tienen ninguna oportunidad!
- Puede ser –dijo él dejando la rosa sobre la mesa.- Pero le hicimos una promesa a Atenea, es nuestro deber como Caballeros.
- Shun escúchame: el Santuario esta lleno de peligros, de enemigos… Yo estuve ahí, y ese sitio es un campo de muerte. Pretenden ir a una guerra pero van a una muerte segura.
- Puede ser, pero igual combatiremos. Es nuestro deber June, entiéndeme, es la promesa que le hice al maestro: que lucharía por la humanidad, por la justicia, por Atenea. Ella nos necesita…
- ¡Yo también te necesito!
- June, por favor… -le dijo casi suplicando.
- Isla Andrómeda era todo lo que tenía: el lugar quedó completamente destruido, y la única persona ha la que he podido llamar Padre esta muerto, Shun ¡no quiero perderte a ti también!
- No lo harás –le dijo abrazándola.- Te prometo que regresaré…
- ¡Lo mismo dijo el maestro! –dijo soltándose de él.- Que todo estaría bien, que se enfrentaría al Santuario y que nada malo pasaría… Si tengo que detenerte a la fuerza lo haré, si tengo que lastimarte… –dijo la amazona, al tiempo que sujetaba su látigo entre sus manos.
- June, te amo, pero no cambiaré mi decisión…
- Ni yo…
En ese momento, cuando ella se disponía a usar su arma, Shun fue unos segundos más rápido y alcanzó a sujetar su mano.
- June, por favor, no quiero lastimarte –la amazona lo miraba con una mezcla de dolor y enojo. Shun no podía hacer más que sentirse conmovido. La amaba ¡en verdad que la amaba! Y lo que menos deseaba era lastimarla…
Pero entonces, la amazona dejó caer su látigo al piso, y abrazó nuevamente a Shun, pasando sus brazos por su cuello. El también la abrazó, rodeando su cintura.
- Shun, perdóname –dijo ella llorando.- ¡No puedo! No sería capaz de lastimarte, te amo tanto que no quiero perderte.
- Yo también te amo… Todos estos meses han sido terribles. Solo ansiaba tenerte a mi lado, y llenar este vacío que me consumía día a día… No saber de ti, si estabas bien, si me seguías amando tanto como yo a ti…
- Me has hecho tanta falta…
Se miraron unos instantes a los ojos, antes de perderse en un beso que fue prolongándose y haciéndose más intenso. De un momento a otro, Shun tenía a June entre él y una pared, ambos cada vez menos conscientes de lo que hacían, o lo que pasaba a su alrededor. Sin darse cuenta de lo que pasaba, Shun instintivamente fue quitando las hombreras, y todas las protecciones superiores de la armadura de June, mientras sentía las suaves manos de ella deslizarse por debajo de su playera, recorriendo su espalda y su torso.
- June… -le dijo suavemente.- Déjame amarte como lo mereces… déjame estar a tu lado para siempre… - ella le miró a los ojos, mientras le quitaba la playera.
- No te detengas, déjame volver a ser uno contigo.
No supo en qué momento paso. Solo estaba consciente de la suavidad de su espalda y sus hombros, de su blanca piel pegada a la suya, de sus cuerpos cayendo juntos en la cama… del momento en que se volvían uno. Ligeras gotas de sudor inundaban sus cuerpos y su frente, la respiración entrecortada controlaba el ritmo y el movimiento de sus cuerpos. El cuerpo de él cubriendo el suyo. Un ultimo abrazó marcaba el fin… la hora de la despedida se acercaba.
Permanecieron así unos minutos más, ninguno quería separarse del otro, pero sabían que era inevitable.
- Te están esperando -le dijo June separándose de su abrazo.
- June…
- Hiciste una promesa, y sé lo que significa para ti. No te preocupes, sé que no es tu culpa… este es el destino que nos toco vivir.
- Te prometo que regresaré –le dijo él, tomando su rostro para verlo.- Cumpliré mi deber, vengaré la muerte del maestro… luego, me quedaré a tu lado, por siempre.
- Yo sabré esperar… lo he hecho este tiempo, un poco más no va a matarme.
- No temas –le dijo abrazándola por última vez.- Todo estará bien, lo prometo.
Una hora después, Atenea y los caballeros de Bronce partían al Santuario. En secreto, y solo Shun sabiéndolo, June observó el avión despegar y alejarse.
Regreso a la fundación Kido, a esperar la noche, como se lo había prometido a Shun. Ahí, se encontró con Marín, y le confirmó que habían partido a Grecia.
Ambas amazonas partieron en la noche.
Notas finales:
¡QUE EMOCIÓN! Mi musa se siente generosa, y me permitio salir de uno de los tantos vaches situacionales que tenía... quizà la presencia de cierto gemelo la haya reanimado n.n
Dos puntos importantes a aclarar:
1.- Dejamos los antecedentes del manga, en la que los 100 niños de la fundación Kido son hijos de Mitsumasa, y esto Ikki es el primero en saberlo.
2.- Como habrán notado, dejamos la famosa escena en la recámara de Shun, cuando June llegar e intenta detenerlo para que no vaya al Santuario. Eliminamos al existencia de Reda y Spica -si es que alguien no leyo el capitulo pasado- e hicimos adelantar las edades de los caballeros dos años en todos los casos -seguramente a los trece años NADIE tuvo esa figura tan femenina como la de Saori, quizá aún usabamos vestiditos ridículos, pero esa figura te la ganas como hasta los 16 o 17 años, a menos que te operes o.o!
¿No fue lindo? Una vez más le agradezco a Lady Antares la escena final ¡mil gracias amiga! Llegar a esta parte me aterraba, tu bien sabes que no se me da. Por fortuna quedo justo como lo deseaba, y tenías razón, se puede describir sin hacer mención de partes del cuerpo... Aunque la clasificación del fic es M, no es un fic lemón. Personalmente no es un estilo que yo frecuente, lo dejamos todo a la imaginación de los lectores.
Y no se preocupen, que la tercer y ultima parte no tardará mucho. Estén pendientes que traerá muchos giros inesperados ¡y por fin cristalizaré uno de los sueños que tanto he deseado! No les adelantaré más, o se acabará la sorpresa.
Mil gracias a todos los que han esperado tanto tiempo. Espero el capítulo no los haya decepcionado.
Gracias por tomarse el tiempo en leer mis desvarios y dejar sus reviews!
