¡Hola! Bueno, sé que dije dos semanas pero como tengo mucho tiempo libre -léase desempleo- la verdad es que me puse a trabajar, estaba medio obsesiva por terminar y deje a mi musa hacer lo suyo. Lo que debo advertirles sobre este capítulo es que creo me quedo un tanto OCC -creo que así se dice- que se traduce a que siento que quedo un tanto telenovelesco y cursi. ¿Qué puedo decir?Paso mucho tiempo en mi casa, supongo que la musa por eso esta medio triste, admito que extraño mi anterior trabajo a pesar de los desvelos, enojos, corajes y bipolaridades de mi ex-jefa, pero fue mi vida por casi cinco años y si que hubo buenos momentos. Espero pronto regresar a trabajar... pero como eso es tema aparte, los dejo con el fin de la historia. Si son muy sensibles pueden tener a la mano un pañuelito, a lo mejor les puede hacer falta -digo, solo tal vez. Ahora si, que lo disfruten.

(Olvidaba aclararles, los lugares de Grecia y ciudades de otros países que menciono si existen, he bajado mapas y guías turísticas, que me sirven como referencia)

Saint Seiya ® nombres y caracteres, son propiedad del señor Kurumada y de Shueshia ® Se hace uso de ellos para mantener a mi musa entretenida.

La autora no recibe ningún beneficio económico por la redacción o publicación.

Cualquier parecido con la realidad (situaciones, personas, diálogos) es total y mera coincidencia.


La ley de las amazonas

Capitulo 4 parte 2

- ¡Vamos todos, a cenar! Aprisa niños -llamó una de las cocineras de ese día. Un grupo de cinco niños y tres niñas se apresuraron a lavar sus manos y bajaron al cuarto que les servia como comedor.

Una joven de cabello rubio terminaba de poner los platos para los pequeños, que como siempre llegaban gritando y jalando las sillas.

- ¡Tranquilos! Saben que no es correcto arrastrar las sillas -los niños se disculparon como cada uno acostumbraba a hacerlo y se sentaron en silencio. En una mesa al lado, más grande que la de ellos, ya estaban sentados un hombre de unos cincuenta años, una monja más o menos de la misma edad del hombre, una mujer de cuarenta años, tres de las madres de los niños y una joven de quince años, que esperaban a que las otras dos jóvenes terminaran.

- ¿Están listas, Lorna, June?

- Listo, demos las gracias -dijo la que respondió al nombre de Lorna, una mujer de unos treinta años. Ella y June se sentaron en sus lugares, y el hombre, que era también un sacerdote, se levantó. Dijo una oración y empezaron a cenar.

- Los niños están un poco tristes -dijo la monja, que no era otra sino la madre Helena.- ¿No puede irse por la mañana?

- Nos gustaría pero no es posible -contestó el sacerdote.- El barco que sale de puerto Faliro lo hace a las seis de la mañana y son muchas horas de navegación hasta Brindisi.

- ¿En Italia, padre Maximilian?

- Así es Lorna. Debemos ir a Nápoles a ver cómo sigue la familia.

- Eso lo dirás por ti, hermano.

- ¿Tiene mucho sin ver a su familia, padre Maximilian? -preguntó la joven.

- Así es, Geovanna. Ser misionero es un trabajo difícil pero no me siento solo, ya que encuentro una familia a cada lugar al que voy, y además Dios siempre esta conmigo.

- Eso no te lo voy a negar, hermano. Pero también debes darte un poco más de tiempo para nosotros.

- Lo vamos a extrañar padre Maximilian.

- A usted también, señora Annyel.

- Sin el señora, que me hacen sentir vieja ¡sin ofender, madre Helena!

- Ya sabes lo que digo, la vejez nos hace más astutos.

June los observaba en silencio mientras reían. No podía evitar sentir nostalgia cuando escenas como esa ocurrían. Le recordaban un pasado que le resultaba doloroso aún cuando evitaba lo menos posible pensar en el. Sin embargo su embarazo no se lo hacía fácil. Estaba feliz por el bebé, que ya era algo notorio puesto que estaba en el cuarto mes, pero al mismo tiempo era la causa por la que no podía olvidar; y eso la llenaba de angustia. Pensaba que el bebe era y a la vez no, la razón de todo lo que había pasado, y se sentía culpable por pensar de esa forma.

- June ¿estás bien? -preguntó discretamente Annyel.

- Si, es solo que a veces aún siento mareos de vez en cuando.

- ¿Ya sabes que será?

- Todavía no.

- June, tu bebe no tiene la culpa de nada...

- No lo culpo, al contrario, es todo lo que tengo ahora y por eso es lo que más quiero en la vida. Es solo que...

- ¿Qué pasa? Sabes que puedes decirme lo que sea.

- Es una historia muy larga, y este no es el lugar para hablar de ello. Pero, he pensado... Anny, necesito irme de aquí. Yo quiero olvidar todo pero no puedo mientras siga cerca de Athenas.

- ¿El padre vive ahí?

- No, ya no. Él murió. Nunca supo que iba a ser padre.

- Creo que te entiendo. Tranquila, todo va a estar bien, te lo prometo.

Terminaron la cena, acostaron a los niños y la mayoría se fue a dormir. June fue al despacho de la madre Helena, junto con Annyel que había ido a buscarla. Adentro los esperaba no solo la superiora, sino también el padre Maximilian.

- Pasen por favor. Ven June, siéntate -el sacerdote permanecía de pie, a un lado del escritorio en que estaba sentada la monja. Annyel se sentó a su lado.

- ¿Ocurre algo, madre Helena? -preguntó preocupada la ex-amazona.

- No, June, al contrario -empezó el sacerdote.- He estado hablando con la madre Helena sobre tu situación. Personalmente debo decirte que he oído cientos de historias como la tuya, y no por eso me he vuelto menos insensible a ellas, al contrario, al ver a personas como tu, dispuestas a salir adelante a pesar de todo, es la prueba de que lo que hago es lo correcto.

- Pues, gracias... supongo.

- Como sabes me marcho el día de hoy, de hecho solo vine a despedirme de la madre Helena y agradecerle por recibirnos, pero mi hermana Annyel habló con nosotros de lo que le narraste en la cena -June miró a la mencionada.

- No lo hice con una mala intención, al contrario, nosotros queremos ayudarte.

- Annyel...

- Queremos que vengas con nosotros.

- ¿Qué?

- Mi estancia en Napoles será de un mes, y después tengo que regresar a Holanda, ahí hay personas que pueden ayudarte a empezar de nuevo en donde tu quieras. Yo no puedo hacer mucho excepto esto.

- Pero ¿por qué harían esto por mi? Hay muchas otras personas que lo necesitan más que yo.

- Porque solo así podrás realmente continuar -intervino Annyel.- Si, hay muchas otras personas como tu, pero ahora es a ti a quien podemos ayudar, y en verdad creo que lo necesitas.

- Nos has ayudado mucho el tiempo que has estado aquí -dijo la madre Helena.- Pero como dice Annyel, esto no solo lo necesitas tu, sino también tu hijo quien es el que más sufre ahora. Tu necesitas estar bien para que pueda nacer sano. Me has dicho que es todo lo que tienes, pero no lo parece: no acudes a las visitas médicas que conseguimos para ti, duermes muy poco y apenas haces una comida al día. Si de verdad quieres a tu hijo como dices, demuéstralo.

- Tiene razón. Acepto su ayuda padre Maximilian.

- No se diga más entonces -Annyel se levantó de su lugar.- Se nos hace tarde y el camino es largo.

- / - / -

Pasaba del medio día cuando Shun llegó a Dapni. En el trayecto entre las dos ciudades, tuvo tiempo de razonar sus acciones: salió literalmente corriendo de la casa, tomo un taxi, se subió a un camión y ahora bajaba en la terminal. Por primera vez se sentía como una persona normal, y era de lo más extraño. Se encontraba con un sentimiento que hasta ese momento no conocía: incertidumbre. En su vida como caballero siempre supo lo que pasaría, lo que haría, y aunque no pocas veces tuvo miedo, al final sabía que lo lograría. Pero no podía decir lo mismo en ese momento. Manejar su vida como persona y no como guerrero, era más difícil de lo que parecía.

Paro en una tienda a comprar una botella de agua. Estaba bajo medicación por l debilidad en su corazón y durante el camino no se había sentido bien. Los doctores habían dicho que mejoraría con el tiempo siempre y cuando siguiera sus instrucciones al pie de la letra, cosa que no se le complicaba teniendo a Ikki casi todo el día detrás de él. Ikki. ¿Habría ya regresado a la casa? No quería imaginar su reacción al enterarse que él no estaba, o peor, el motivo por el que se fue. Y más si regresaba con June...

- "Debo encontrarla" -pensó.- Disculpe -se dirigió a la muchacha que atendía una de las cajas, quien no le había quitado la vista de encima desde que llego.

- ¿Que se te ofrece? -preguntó recargándose en el mostrador.

- Me dijeron que por aquí hay una iglesia católica ¿podías decirme como llegar?

- ¿Y para que quieres una iglesia? No me digas que quieres ser sacerdote porque la verdad sería todo un desperdicio -dijo tratando de coquetear con él, aunque Shun no entendió su intención con el comentario.

- No, quiero encontrar a una persona.

- Yo puedo llevarlo, joven -dijo una señora a sus espaldas, que traía a un niño de una mano, y sujetando bolsas de mandado en la otra.- No esta muy lejos y yo vivo ahí.

Shun agradeció a la empleada y se ofreció a ayudar a la señora con sus bolsas. Sobra decir que a la muchacha no le agrado para nada lo sucedido, pero ya iban demasiado lejos como para que la escuchara mientras hablaba con una de sus compañeras que también lamentaba la partida del muchacho.

Caminaron cerca de veinte minutos. Lo primero que diviso fue el campanario, y después el edificio, era más grande de lo que había imaginado. Entraron por una de las puertas laterales, llegando directamente a la cocina.

- Muchas gracias por tu ayuda, muchacho -la señora mando al niño a jugar, colocando las bolsas en una de las mesas.- Te llevare con la madre Helena, ella es quien puede ayudarte.

Lo guió entonces por un pasillo, entraron por otra puerta y atravesaron un patio. Por fuera la construcción parecía más sencilla de lo que en realidad era, una persona que no conociera fácilmente podría perderse. Shun se sentía aliviado de haber topado con aquella mujer.

- ¿Puedo saber a quien buscas? -pregunto para romper el silencio.

- Una persona a la que quiero... demasiado.

- Es una chica con suerte -dijo deteniéndose en otra puerta un poco más llamativa que las otras. Toco y una voz le indico que podía pasar.- Madre Helena, este joven quisiera hablar con usted.

La reverenda estaba sentada en su escritorio, revisando papeles.

- Pasa muchacho. Gracias Lorna ¿trajiste todo para la comida de hoy?

- Si Madre, por fortuna tope con este apuesto jovencito que fue de gran ayuda -dijo haciendo que Shun se sintiera apenado.- Bueno, con su permiso .

- Ve con Dios, Lorna -la puerta se cerro tras ella. Le indicó a Shun que se sentara.- Dime ¿qué puedo hacer por ti?

- Vine a buscar a alguien que creí haber perdido para siempre, pero que hace unas horas me entere que esta aquí.

- ¿Y de quien se trata?

- Se llama Juneth, aunque todos la llamamos solamente June.

- ¿June, dices?

- Sé que está aquí. Lo sé porque Marín la envió aquí, y fue ella quien me lo dijo.

- ¿Tu conoces a Marín? ¿Cómo?

- Ella es maestra de un amigo mío, mejor dicho de uno de mis hermanos... es una larga historia pero por favor ¿puedo ver a June?

- Como lo siento hijo -dijo poniéndose de pie.

- ¿Le paso algo a ella?

- No, pero June ya no está con nosotros. Anoche se fue.

- ¿A dónde?

- Al parecer iba a Italia, a Nápoles. Pero me acabo de enterar que las personas con las que iba tuvieron un problema y cambiaron los planes, y no sé en dónde están ahora.

- ¿Qué personas? ¿Con quien iba June?

- Antes de seguir, necesito saber quién eres.

- Lo siento, me llamo Shun.

- ¿Shun, dices?

- Madre Helena, June, yo...

- Tu eres el padre del bebe que espera.

- ¿Ella se lo dijo?

- No exactamente. Ella nos dijo que había muerto y que no sabía que ella está embarazada.

- ¿Dijo eso? No entiendo ¿por qué lo haría?

- ¿No te sentías listo para ser padre y por eso la dejaste?

- No, jamás hubiera hecho algo así. Lo que paso entre nosotros... es una historia que quizá no vaya a creerme, pero creo que tiene derecho a saberla.

Haciendo un esfuerzo y sin entrar en muchos detalles, Shun le narro sobre el santuario y Athena, de su entrenamiento y su relación con June. La madre Helena escucho atentamente, preguntando solo lo necesario para comprender.

- ¿Cree que estoy loco, verdad?

- No hijo, te creo. Supe un poco el día que vinieron por Marín. Un joven de cabello castaño y ojos verdes, que dijo llamarse Aioros, fue quien vino por ella. Y cuando June llego, me basto con verla para saber que venía de ese mundo al que Marin pertenece.

- Madre Helena, en verdad amo a June. Créame, las cosas se dieron de tal forma que yo no supe nada hasta hoy. Quizá por eso es que ella creyó que había muerto.

- En verdad me gustaría poder ayudarte, pero lo que te dije es cierto. Uno de mis más viejos amigos, el padre Maximilian, se ofreció a ayudar a June a salir adelante. Cerca de media noche se fueron a puerto Faliro, pero el barco en el que viajarían se descompuso y al parecer tomaron otro, pero no sabemos a donde llegarían.

- ¿Esta segura?

- Mucho. Hay un señor que vive a dos casas, se llama Marcelo, él se ofreció a llevarlos en su auto y los acompaño hasta el puerto, al saber del imprevisto les ofreció traerlos de vuelta pero el capitán de puerto les dijo que otros barcos estaban por salir y al parecer tomaron otras opciones.

- Ya veo.

- Si en verdad están destinados a estar juntos -dijo tomando la mano de Shun- se volverán a encontrar. Ten fe en ello.

-/-/-

Para ser las seis de la tarde ya estaba algo oscuro. Sabía que en ciertas épocas del año en Grecia oscurecía antes, y ya también se sentía el fresco de la noche. El otoño estaba entrando sin duda.

Llego a la casa después de las siete. Al bajarse del camión sintió la necesidad de caminar. Necesitaba tiempo para pensar. No dudaba que lo esperaba una guerra civil desatada por su hermano, para que darle vueltas al asunto, era momento de que se enteraran. Aunque claro, era mejor hablar por separado en el caso de algunas personas.

Y efectivamente, cuando abrió la puerta, el primero que lo recibió fue un colérico fénix.

- ¿¡DÓNDE ESTABAS! ¿¡No Sabes Lo Preocupado Que Me Tenías!

- ¿Te paso algo Shun?

- ¿Por qué no nos avisaste?

- ¿A dónde fuiste?

- ¿Pudieran hablarme de uno en uno, por favor? -casi suplicó al verse bombardeado por preguntas.

- ¡A mi me respondes en este momento! -dijo Ikki arrastrando a su hermano a uno de los sillones.- ¿¡Dónde estabas!

- Ikki cálmate -Saori se interpuso entre los hermanos.- ¿Shun, estás bien? ¿Te paso algo?

- Estoy bien. Lamento haberlos preocupado pero hay algo que tenía que hacer.

- Shun, tu estás bajo tratamiento médico ¿qué tal si te hubiera pasado algo?

- Pero no me paso nada Ikki, me lleve las cápsulas y las tome a la hora que debía. De verdad no fue mi intención irme sin avisarles, pero como les dije hay algo que tenía que hacer, y es importante que lo sepan.

- ¿Que pasa Shun? -pregunto Shiryu, que se había mantenido atento a las explicaciones del muchacho.

- Bueno, es algo de lo que me entere hoy, pero si no les molesta, primero quisiera hablar contigo Ikki, y con Saori.

- ¿Al mismo tiempo?

- Si Ikki, al mismo tiempo.

- Vamos a la biblioteca si les parece -sugirió la diosa. Ella y el fénix se adelantaron, Shun iba a seguirlos cuando Hyoga lo detuvo.

- ¿Shun, qué pasa?

- Nada de que preocuparse, al contrario. Pero no sé como lo va a tomar mi hermano y por eso quiero que sea el primero en saberlo ¿esta bien?

- Sabes que si -dijo Seiya poniendo una mano su hombro.- Pero más te vale no olvidarte de nosotros ¿eh?

Shun les sonrió antes de desaparecer por las escaleras al segundo piso. Los muchachos regresaron a lo que estaban haciendo antes de la llegada de Shun. Adentro en la biblioteca ya estaban Saori e Ikki, cuando entro, pudo sentir lo tenso del ambiente.

- Bien Shun ¿a que viene todo esto?

- Bueno, esto no es fácil de decir y la verdad es que me tomo por sorpresa, tanto que no puedo creer que haya pasado pero así es. Ayer me entere de algo y... y me gustaría contar con su opinión, pero sobre todo con su apoyo -Saori miró a Ikki, este permanecía con los brazos cruzados y la mirada perdida en algún punto de la biblioteca. Con un gesto ella instó a Shun a proseguir.- Yo... yo voy, mejor dicho tengo... bueno, es que... es que voy a ser padre, voy a tener un hijo.

Ikki clavo su vista en Shun y Saori se levantó

- ¿Qué vas a ser que?

- Voy a ser padre Ikki. Voy a tener un hijo.

- Shun, pero cómo...

- Si esto es una broma -dijo Ikki interrumpiendo a Saori- déjame decirte que es de muy mal gusto ¿cómo que vas a tener un hijo? Apenas cumpliste diecisiete años, no tienes la madurez necesaria para pensar siquiera en adoptar a un niño.

- Ikki no voy a adoptar a nadie –Shun estaba serio y eso inquieto más a Ikki.

- Un hijo... hablas de que vas a tener un hijo ¿con alguien?

- Si.

- ¿Y con quién, si se puede saber? -el fénix esta convencido de que todo era una broma planeada por Seiya y Hyoga.

- June, la amazona del Camaleón. Marín me lo dijo hoy por mañana antes de irse, y fue por eso que apenas me entere, pero June esta embarazada desde antes de que ocurriera lo de Hades.

Lo que menos esperaba Shun era la reacción de Ikki, al menos no de esa forma. Por eso no hizo el intento de evadir el golpe, cayó al piso e Ikki lo sujeto por el cuello.

- ¡Ikki por favor!

- ¡¿Cómo que esta embarazada? Eso es imposible ¡Ustedes tendrían que...! -la cara de Shun lo decía todo. Ikki soltó a su hermano y retrocedió. Estaba furioso.- ¿Cómo? ¡¿Cuando empezó todo esto?

- Desde la Isla. No pude evitarlo, me enamore de ella. Ambos sabíamos que estábamos rompiendo las leyes de las amazonas y también la confianza de Athena, pero paso.

- No Shun, estas cosas no pasan de forma automática si uno no las provoca.

- Ikki por favor cálmate...

Cuando escucharon los gritos de Ikki, tanto Seiya como Hyoga voltearon preocupados. Justo en ese momento entraban Ichi, Ban y Kiki, que habían ido a comprar cosas para la cena.

- ¿Qué es eso? -pregunto Kiki extrañado.

- No es nada, ven -Shiryu se apresuro a sacar al niño, mientras que Hyoga y Seiya les pedían a sus compañeros no decir nada.

- ¡No me pidas que me calme Saori! No puedo creer que tu, mi propio hermano, te hayas atrevido a tener una aventura con una amazona mientras estaban a las órdenes de Athena.

- No fue una aventura Ikki. Tienes derecho a estar molesto conmigo por como se dieron las cosas pero la culpa no es de ella sino mía, porque cuando supe lo que June sentía por mi no hice nada por evitarlo, al contrario, fui yo quien le pidió que estuviéramos juntos.

- Todo este tiempo nos has visto la cara ¡traicionaste nuestra confianza!

- Esa jamás fue nuestra intención. Pero si nos quedamos callados fue por esto, por la reacción que tendrían. Yo pensaba regresar a Japón y entregarle la armadura al señor Kido para poder volver a verte, y después de eso quería tener una vida con ella... pero eso no pudo ser por todo lo que paso y June así lo entendió. Pelee una y otra vez no solo por Athena y la justicia en el mundo, sino también por mi, por mi derecho a poder estar con June. Ignoraba que estaba embarazada hasta ayer que Marin me lo dijo.

- ¿Y ella cómo lo sabe? -preguntó Saori al ver que Ikki les daba la espalda.

- June se lo dijo. La noche que regresamos antes de lo de Hades se enteró, no solo ella, Shaina y Aioria también. June tuvo que dejar su armadura y el Santuario para evitar ser juzgada y exhibida ante todos. Antes de irse Marin le prometio decirme sobre su estado pero nunca pudo hacerlo, y si me lo dijo anoche fue por lo que tú nos dijiste Saori. Por eso se los digo aquí y ahora: iré por June. Quiero estar con ella y con mi hijo pase lo que pase, incluso si debo renunciar a la armadura.

- Esto es algo que nunca te voy a perdonar Shun -Ikki se encaminó a la salida.- Por mi ¡haz lo que quieras!

- ¡Ikki! -Saori trató de detenerlo pero el fénix no le dio oportunidad de hacerlo.

- Perdóname por haberte traicionado -dijo Shun sentándose en el sillón.- Ikki tiene razón, todo este tiempo lo sabía, lo sabíamos, sin embargo me enamoré de June, la amo.

- Shun, te comprendo- se sentó a su lado y tomó sus manos.- Me alegra saber que a pesar de la vida que te tocó, pese a todo lo que tuviste que sufrir, encontraste la dicha en medio de tanta oscuridad. No tengo nada que perdonarte porque a mis ojos no existe ninguna traición... y esto te lo digo como Athena -los dos se veían mutuamente.- Supongo entonces que has tomado una decisión.

- No voy a dejar de ser un Caballero -esto tomó por sorpresa a Saori.- Sino estoy equivocado a pesar del modo en que June dejo su armadura, eso me permite a mi seguir en la Orden... ¡No me malentiendas! -dijo al ver la cara de Saori.- No hace mucho June y yo hablamos sobre la posibilidad de vernos en una situación parecida a esta. Ella estaba dispuesta a dejar su armadura, me dijo que no se sentía como una amazona útil y que yo por el contrario pues, bueno, decía que estaba orgullosa.

- Shun...

- Ambos entendemos nuestro lugar en el mundo, aunque no era esta la forma en que queríamos hacerlo.

- Creo que te entiendo, pero debes saber que en efecto no puede recuperar su armadura. Quisiera hablar con ella antes de que cualquiera de los dos tome una decisión definitiva. ¿Dónde dices que está?

- Ese es el problema ahora.

Ikk bajo de nuevo, casi choca de frente con Hyoga.

- Ikki, ¿qué paso?

- Pregúntaselo a tu hermano -salió de la casa sin dar tiempo a que nadie dijera o hiciera algo.

- Nunca se refiere a Shun como nuestro hermano -dijo a Seiya que también casi fue arrollado por el fénix- algo grave paso.

- Hyoga

- Paso algo entre ellos.

- Vamos con Saori -ambos se encaminaron a la biblioteca.

- ¿En la iglesia donde Marín creció?

- Si, pero cómo...

- Ella me contó algo de su pasado antes de la orden. Se refiera a esa iglesia como el sitio para los desamparados.

- Ella se fue, anoche. Iba con un sacerdote que le ofreció ayudarla. Solo sé que iban a Holanda.

- La encontraremos, no te preocupes.

- ¿Pero Saori...?

- ¿Saori? -los muchachos estaban a la puerta, a ambos se les notaba la preocupación en sus rostros.- ¿Pasa algo?

- Ikki salió furioso de aquí ¿qué sucedió?

- Es que Shun...

- No pasa nada muchachos -dijo el aludido levantándose e interrumpiendo a la joven.- Le dije a Ikki que quiero irme por un tiempo y parece que la idea no le gusto.

- Pero su reacción...

- En verdad muchachos, no pasa nada. No me siento bien, voy a mi cuarto -salió antes de darles tiempo a otras preguntas.

- Eso si fue extraño -dijo Hyoga luego de unos minutos de silencio.- ¿En verdad no pasa nada?

- Tendrán que confiar en Shun esta vez. Por favor.

- Si tú lo dices. Voy a ver si necesita algo -Hyoga salió. Seiya sin embargo se quedo inmóvil en la puerta, done había estado hacia un rato. Cuando el cisne salió, cerró la puerta tras de si.

- ¿Así van a ser las cosas ahora?

- ¿De qué hablas?

- ¿Nos vamos a mentir los unos a los otros? Ikki sale de aquí hecho una fiera, Shun se encierra en su cuarto para no hablarnos, y tú, nos pides que solo esperemos.

- Seiya, por favor.

- ¿Es esta la forma en que quieres que volvamos a empezar? Porque si es así es una forma bastante rara, y no me gusta.

- Por favor entiéndeme -dijo caminando hacia él.- Lo que Shun me dijo es algo muy personal, si él no quiso decirles todavía es por algo, pero lo hará. Solo necesita tiempo.

- Bien, haré lo que tu quieras -estaba por salir cuando Saori lo detuvo.

- No quiero que estés molesto conmigo, solo te pido que me entiendas.

- Sabes que lo hago... más de lo que debería quizá -la atrajo hacía si cariñosamente, ella no opuso resistencia.- ¿Has pensado lo que te dije?

- Si, ya lo pensé.

- ¿Entonces?

- Quizá... pero no en este momento -se separó de Seiya, que la veía contrariado.

- ¿No, en este momento? ¿Eso qué significa?

- Seiya, sabes que mi deber es reconstruir el santuario. Hasta que lo haga no puedo tener otra vida que no sea la de Athena.

- ¿Y qué pasa con Saori Kido? ¿No has sido tú misma quien nos ha dicho que ambos nombres son la misma persona?

- Y lo son.

- No te entiendo Saori ¿o debo llamarte Athena? -molesto, le dio la espalda.

- Te amo -dijo poniendo sus manos en los hombros de Seiya y recargándose en su espalda.- No debería de hacerlo pero lo hago. Sé lo que quiero, y eso es estar a tu lado.

- Yo estaré contigo sin importar lo que elijas -se volteo para abrazarla nuevamente.- También te amo, y te seguiré a donde sea que vayas.

Aunque el ambiente en la casa se sentía tenso, todos sus habitantes se fueron a dormir esa noche en aparente normalidad, tratando de no dar demasiada importancia a todo lo que había pasado.

Pero la mañana siguiente no trajo esa tranquilidad que habían esperado. Jabu y el resto de los muchachos también decidieron vivir en el Santuario, y también se marcharon antes de que terminara el día. Ikki seguía sin aparecer, y Seiya, Shiryu, Hyoga y Shun sentían que ellos también debían de tomar ese camino, a pesar de que los últimos tres pensaban en las personas por las cuales no querían hacerlo.

Y sin embargo de nuevo el destino ya había decidido por ellos: un árbol apareció en el santuario. Las almas petrificadas de la élite dorada y su patriarca eran la tétrica figura del árbol: no había ramas ni hojas ni flores que lo decoraran, solo brazos y rostros que se elevaban uno sobre otro.

Una vez más se marcharon para hacer frente a los dioses.


N/F:

Creo que no necesitamos más palabras, ya sabemos lo que el árbol significa. Pero, como aún no hay un final oficial del Tenkai Hen, no hay nada escrito, y aunque lo hubiera, mi musa siempre encuentra una forma de cambiar las cosas :)

Aparte del epílogo, escribí un ultimo capitulo para el fic. No es que el final esté dividido en dos partes, sino que será una historia conclusiva a toda esta trama, aunque en el próximo capítulo verán que realmente ya todo está terminado. Es solo un extra como regalo a la pareja principal de la historia.

Bien, nos vemos en unos días más ¡soy mala! Los voy a dejar con la duda solo un poquito tiempo más, en lo que termino de escribir el extra y hacer unos cambios necesarios al final. Muchisisisimas gracias por todos los reviews, no he podido contestarlos ya que mi bam -que es con lo que me puedo conectar a internet- esta en sus últimos megas de servicio y como no tengo trabajo pues no tengo dinero para pagar, y por tanto reduzco del uso a lo menos posible, pero solo mientras pasa la crisis. Ya me pondré al día en este asunto.

Mucha suerte a todos y cuídense mucho, han estado pasando cosas malas en el mundo pero mientras haya gente buena como ustedes, siempre se puede seguir!

Namarie!