Saint Seiya ® nombres y caracteres, son propiedad del señor Kurumada y de Shueshia ® Se hace uso de ellos para mantener a mi musa entretenida.

La autora no recibe ningún beneficio económico por la redacción o publicación

Cualquier parecido con la realidad (situaciones, personas, diálogos) es total y mera coincidencia.


La ley de las amazonas

Epílogo

Alpes valaisanos

Suiza.

En una pequeña escuela, la maestra dirige a los niños en su clase de arte. No es un grupo muy grande, apenas unos quince pequeños, lo que le permite poner más atención a cada uno de ellos. Ese día fue de pintura. Enseñándoles cómo ponerse sus delantales y a pintar en un caballete, los niños están muy entretenidos en sus dibujos. Usan diversos materiales: acuarelas, crayones, lápices de color, todos los niños dan su mejor esfuerzo. La maestra de los niños de kinder, una joven de unos 27 años de nombre Lilian, pone atención al dibujo de una niña de 5 años, de largos cabellos castaño sujetos en dos coletas, con unos expresivos ojos verdes.

- Hola Any ¿qué estás dibujando? -se agacha para quedar a la altura de la niña.

- Es un ángel, maestra -contesta emocionada.

- ¿Un ángel?

- Si. Sueño con ángeles, mi mamá dice que todos tenemos un ángel que nos cuida desde el cielo. Lo dibujo para que ella pueda verlo.

- Muy bien, estoy segura que le gustará.

La maestra se levantó dejando a la niña continuar con su trabajo. Lo que había llamado la atención no fue el dibujo en sí, sino lo elaborado del mismo. No parecía el trabajo de una niña pequeña sino el de un adolescente. Tenía rasgos y formas muy bien definidos. Sin embargo no le extrañaba, no de esa niña. Any había ingresado a la escuela desde el programa de guardería, que aceptaba niños a partir de un año. Los que trabajaron con ella constataron que era "especial", un prodigio. Tenía habilidades que superaban al promedio, y mucha facilidad para aprender y memorizar cosas. Incluso la directora había hablado con la madre de la niña, ella consideraba que Any debía ir a una institución donde pudieran ayudarle a desarrollar mucho mejor su talento académico. La madre se negó. "Lo único que me importa es la felicidad de mi hija. Si Any desea ser una reconocida niña genio podrá decidirlo más adelante, pero mientras sea una niña su única preocupación es ser feliz". La directora lo comprendió y no volvió a presionar sobre el tema.

La campana sonó anunciando la hora de salida. La maestra les pidió regresar todo lo que usaron a su lugar y después los envió a lavarse antes de tomar sus cosas. Era viernes y estaban emocionados, ya que el fin de semana el pueblo celebraría su fiesta anual, una kermesse donde habrían globos, juegos y todo aquello que les gustaba. Se despedían de su maestra para salir al encuentro de sus padres. Any como siempre fue la última en salir. Aunque se llevaba bastante bien con sus compañeros no entendía ese ímpetu por querer salir o entrar antes que los demás.

- ¿Va a ir a la fiesta, Maestra? -preguntó después de que ya se había despedido.

- Claro. Alguien tiene que ganar en el tiro al blanco ¿no crees?

- Si, usted siempre -contestó emocionada. Se despidió con su mano.

Atravesó el patio de la escuela, aún habían bastantes niños por los que no llegaban todavía. Pero su mamá siempre llegaba temprano.

- ¡Any, Any! -gritó una de sus compañeras corriendo hacia ella.- ¿Si vas a ir a verme cantar? -la niña, de nombre Dana, era su mejor amiga e iba a participar en un concurso de canto con motivo de la fiesta.

- Mi mamá y yo estaremos en primera fila -dijo volteando hacia donde su mamá ya la esperaba, saludando a las dos niñas desde lejos cuando la vieron.

- De acuerdo ¡adiós!

Siguió su camino a la puerta de salida. La maestra que entregaba a los niños a sus padres se despidió de ella también. Corrió a abrazar a su mamá una vez que estuvo afuera.

- ¡Mami! -dijo mientras era cargada.

- Hola mi cielo ¿te divertiste hoy en clases?

- Mucho. Te hice un dibujo. Y Danna va a cantar mañana en el festival.

- ¿Y le dijiste que ahí estaremos?

- En primera fila -contestó sonriente.

- Bien. Ahora vamonos a casa.

- Hasta luego, señora Duillart -se despidió la maestra de la puerta.

La villa en que vivían más bien tenía el aspecto de una ciudad pequeña. Tenían tres escuelas primarias y dos secundarias. A media hora viajando en tren se llegaba a varias de las otras ciudades, así que los jóvenes no tenían la necesidad de mudarse de sus casas para continuar con sus estudios. Si bien estaban asentados en la base de una montaña, ello no impedía que tuvieran dos hospitales muy completos, centros de abastecimiento, un teatro, parques, y que sin embargo todo se mantuviera en la normalidad. Todas las calles estaban pavimentadas, algunas eran de concreto, pero la gran mayoría eran empedradas, con perfecta iluminación por las noches. Las casas aún conservaban ese aire de antigüedad y tranquilidad. No podían imaginarse viviendo en otro lugar.

Caminaban con rumbo a su casa. Eran de las pocas personas que no vivían en el pueblo. Tenían su casa en lo que podía llamarse los suburbios. Casas alejadas de la concentración, con patios más amplios, a las cuales se podía llegar a pie o en carro. Ellas siempre habían optado por caminar o hacer uso de los transportes públicos. Su hogar no quedaba muy lejos de la escuela.

- ¿Y qué hiciste hoy?

- Aprendí a sumar: seis y ocho es igual a catorce. Y si sumas uno mas cuatro es cinco.

- ¡¿Todo eso aprendiste?

- Te hice un dibujo -se detuvo para sacar de su mochila su trabajo.

- Any espera a la casa...

- ¡Mira! -la niña extendió el dibujo a su mamá. Ella palideció al verlo: ese no era un ángel. Tenía años sin ver esas imágenes, pero de ninguna forma podía olvidarlos.- ¿Te gusta mami?

- S-si... e-esta muy lindo -contestó nerviosa pero tratando que la niña no lo notara.- Vámonos.

- Es mi ángel, con el que sueño casi todas las noches ¿crees que deba darle nombre?

- "Tenía uno" - pensó.- Estoy segura que eso le gustaría.

- ¿Y si elijo uno pero no le gusta?

- Cualquier nombre que tú le des le va a agradarle.

- ¿Lo crees, mami?

- Claro que si.

Llegaron a su casa sin hablar algo más el resto del camino.

- ¿Puedo ver las bananas en pijama?

- Solo un rato -dijo mientras tomaba la mochila de la niña para llevarla a su cuarto.- Pero cámbiate el uniforme ¿de acuerdo?

- ¡Si mami! -la niña se quitó los zapatos y encendió la televisión

Luego de entrar al cuarto de la niña se dirigió al baño. Necesitaba calmarse. Dejó llenar un poco el lavabo y se echo agua al rostro, mientras recordaba de nuevo el dibujo de su hija. Era imposible que hubiera hecho ese dibujo. Su dibujo. Se alejó de su pasado antes de que naciera. No dejó que supiera todo lo que pasó años atrás. Se había ocultado muy bien, no dejando rastros, ni siquiera recuerdos ¿cómo era posible?

Mientras en la piso de la sala, Any miraba atentamente a las bananas y a los osos mientras cantaban una canción. Se había quitado también los calcetines y movía sus pies al ritmo de la canción. Entonces llamaron a la puerta. Sabía que ese día su mamá esperaba visita del señor Otto, un hombre de cuarenta años que se dedicaba a reparaciones menores, así que corrió a abrir la puerta.

- ¡Ma´, el señor Otto ya llegó! -dijo mientras abría. Pero se quedo quieta cuando vio a la persona que estaba ahí. El recién llegado la veía también sorprendido.

- Hola -le dijo agachándose frente a ella.

- Hola -contestó Any sonriendo.

Cuando escucho el llamado de su hija dejó correr la poca agua que se juntó en el lavamanos. Secó su cara y fue a recibir al señor Otto.

- Lamento haberle llamado de improviso -empezó a decir mientras se dirigía a la sala.- Pero esta mañana cuando llevaba a Any a la escuela se rompió la... -no pudo continuar su frase. Se quedó helada al ver a la persona que estaba en la entrada de su casa. Any veía extrañada a su mamá, nunca la había visto reaccionar de esa forma ante un extraño.

- June... -dijo él, igualmente sorprendido como ella.

- ¡Mami, es mi ángel! -dijo la niña.

- Any, por favor ve a tu cuarto -dijo al sentir que en cualquier momento rompería en llanto.

- ¿Estás bien, mami?

- Si Any. Por favor haz lo que te digo -la niña corrió a apagar la televisión y después se fue, mirando de nuevo a su "ángel" antes de desaparecer por el pasillo.

- Any... es un nombre muy lindo -comentó mientras notaba los cambios que June hizo en su persona: su cabello llegaba por abajo de los hombros, ahora lo tenía a un solo nivel y su arreglo era más sencillo.

- Shun...

- June, necesito que me escuches.

- Creí que habías muerto -dijo sentándose en uno de los sillones.- Hubo un eclipse... sentí tu cosmos desaparecer.

- Hades, el dios de la muerte. Él... yo provoque ese eclipse.

- ¿Tú? -se levanto y camino hacia él.- Es imposible, ¿cómo?

- Él me eligió como su cuerpo desde mi nacimiento. Cuando termino lo de Poseidón Saori nos alejo del Santuario, y unos días después fue cuando él atacó. Murieron los caballeros dorados, fuimos al inframundo y ahí paso todo. Tuve su presencia dentro de mi... Estuve a punto de matar a mi hermano, a mis amigos, a mi diosa. ¿Recuerdas el medallón que creí era de mi madre? -ella afirmo.- No lo era. Ese medallón era el método por el que Hades me encontraría.

- ¿Por qué Hades querría usarte?

- Para no dañar su cuerpo mitológico. Elige a un humano para poseerlo y poder pelear con Athena, si es derrotado su alma solo vuelve a dormir y cuando se cumple el ciclo se repite la misma historia... él me eligió, y de no ser por Athena me hubiera convertido en un asesino.

- No Shun, tu no eres un asesino -dijo tomando sus manos.

- Cuando regresamos yo fingí que nada había pasado, que no estaba afectado, que ni siquiera lo recordaba, pero por dentro estaba destrozado. Hades me hizo ver la maldad de la que soy capaz.

- Tu sabes que es no es cierto...

- Un tiempo después de eso Marín habló conmigo ¿por qué no me dijiste que...?

- Trate de hacerlo -se separo de él.- Trate, ¿pero sabes qué? Me trataron como si fuera... como si yo... me señalaron, me rebajaron, me sentí como si fuera lo peor en la Tierra.

- Para mi siempre fuiste lo más maravilloso -trató de acercarse pero ella retrocedió.- Fui a buscarte a esa iglesia en Dapni, pero me dijeron que te habías ido y no sabían dónde encontrarte.

- ¿Pensaste que iba a estar sentada, aguardado a que fueras por mi?

- June por favor...

- No tienes idea de lo que pasé antes y después de que naciera Anny, de la forma en que tuvo que nacer... Quizá me quitaron mi armadura pero seguía siendo una amazona aunque dijeran o pensaran lo contrario. Hice lo que tenía que hacer por mi y por mi bebé.

- La Orden ya no existe -contestó luego de unos segundos de silencio

- ¿Qué?

- Regresé de Dapni y hable con Saori y mi hermano. Ikki desapareció después de eso, pero Saori se ofreció a ayudarme, a los dos. La madre Helena me dijo que ibas a ir a Holanda, íbamos a empezar a buscarte cuando apareció un árbol en el Santuario, las almas de los caballeros de oro fueron encerradas ahí. Después aparecieron Artemisa y Apolo, estaban dispuestos a destruir la Tierra, y como siempre Athena se les opuso... Fuimos a pelear al Olimpo

- ¿El Olimpo?

- Creímos que solo pasaron horas, pero en realidad pasaron tres años humanos. Athena. Saori murió en esa batalla.

- Es imposible.

- Sacrificó su cuerpo humano para que pudiéramos ganar. Ella y Seiya se sacrificaron para que nosotros pudiéramos volver a la Tierra. Sin embargo ya no poseemos nuestros cosmos: alcanzamos el nivel de los dioses, y los dioses no pueden vivir entre los humanos. Athena ganó definitivamente: ningún dios podrá volver a amenazar a la Tierra o a la humanidad. Y nosotros tuvimos que escoger entre vivir como dioses en el Olimpo, o volver como humanos.

- ¿Qué pasó con los caballeros de Oro?

- Sus almas fueron perdonadas, pero Zeus los confinó al Olimpo. Quizá ya no tengan que pelear nunca más pero también les negaron el derecho a vivir una vida normal.

- ¿Y... los demás?

- Marín y Shaina desaparecieron. Solo ellas dos siguieron en el Santuario, esperándonos. Al saber de la muerte de Athena y el destino de la Orden dijeron que ya no tenían nada que hacer. Quisimos detenerlas, pedirles que se quedaran pero fue inútil. Marín perdió a Aioria y Shaina a Seiya.

- Eso nunca fue amor. Todo eso lo provoco esa maldita ley de las máscaras. Shaina nunca tuvo la libertad de amar a quien ella quisiera. Y Marín nunca pudo estar con el hombre que ella amaba o hubiera perdido todo aquello por lo que tanto trabajó... igual que yo.

- Yo solo espero, donde sea que ellas se encuentren, que puedan encontrar la felicidad.

- ¿Quién más regreso?

- Hyoga y Shiryu.

- ¿Y tu hermano ? -a Shun se le nublaron los ojos antes de contestar.

- Cuando estaba en la isla de Reina Muerte, Ikki conoció a una muchacha: Esmeralda. Él la amaba pero murió por culpa del maestro de mi hermano. Todo este tiempo la siguió queriendo, a pesar de todo. Y Athena le concedió su deseo.

- Shun, lo lamento tanto.

- Yo habría hecho lo mismo, por ti -trato de acercarse pero ella se alejó, Shun continuó.- Regresamos a Japón y nos enteramos que Saori había vendido todo cuanto tenía, repartiéndolo en quince partes iguales. Nunca supimos exactamente en qué momento sucedió, pero nos había dejado como sus herederos, incluyendo a Seika, Kiki, Tatsumi, Marín y Shaina. Jabu y los demás habían tomado su parte después de que nosotros desapareciéramos, e hicieron lo mismo. Marín y Shaina nunca se presentaron pese a que Tatsumi les indicó varias veces que era la voluntad de Saori. Al volver nosotros, Shiryu tomó su parte y la de Kiki, y se fueron a China, donde viven con Sun-rei. Hyoga se fue a Aasgard y Seika regreso a Grecia. La parte que le correspondía a Seiya, Marín y Shaina fue donada a varios orfanatos y hospitales. Tatsumi me ayudó en ese tiempo. La mansión Kido fue un regalo de Saori para su mayordomo y protector.

- ¿Y tú? ¿Qué hiciste estos años?

- Poco después de que regresamos empecé a tener las pesadillas respecto a Hades. Cuando Shiryu y Hyoga se fueron empeoraron. Pasé seis meses internado en una clínica psiquiátrica, tratando de recuperar lo que tenía, lo que fui. Me di cuenta que no lo lograría, me faltaba algo -entonces se acercó a ella- eras tú.

- Shun por favor, no digas tonterias -June quizó alejarse pero él la detuvo.

- Cuando Zeus nos preguntó si queríamos volver fui el primero en contestar. No tenía nada que pensar: tú estabas aquí, tu y... y el bebé. Había peleado por volver a verte. Yo -hizo una pequeña pausa mientras June se separaba de él para sentarse en uno de los sillones,- nosotros vivimos un par de meses en la mansión Kido al volver del Olimpo, fue cuando los otros eligieron lo que harían. Y te equivocas, sé mucho de lo que tuviste que pasar: viviste un tiempo en Italia ¿no es así? -June lo miró a los ojos cuando él se acerco- Any nació en Nàpoles.

- Es imposible... cuando Any nació ustedes debieron estar en...

- En el Olimpo. Mientras estuve en la clínica recibí una carta de Ikki. Ignoro qué o quién me la hizo llegar, pero era su letra y me enteré de todo. Abandoné ese lugar para buscarte. Mi hermano o quien la haya enviado me dijo que ibas a irte a Rottersdam así que fui a buscarte, pero solo encontré al padre Maximilian, el hombre que ayudo a mi hija a nacer.

- En la Iglesia de Dapni, él fue mi único apoyo real. Llego un día por casualidad, supo una parte de mi vida y me ayudo a ponerme en contacto con las personas a las que les debo esto. Él me acompaño en todo el viaje por Italia. Él y su hermana, Annyel, estuvieron conmigo cuando mi hija nació -enfatizó eso último.

- Cuando hable con Saori y mi hermano, cuando se fue, no lo hizo por la razón que crees. Él fue a buscarte -lo miró sorprendida,- estuvo a punto de alcanzarte en Avellino -en eso le enseñó una fotografía.- Fue cuando apareció el árbol en el Santuario.

- Nosotros nos separamos en Rottersdam. Tenía que romper con todo el pasado y Maximilian lo entendió ¿cómo me encontraste?

- No deje de buscarte aunque hayas creído lo contrario. Te busque por todas partes, pregunté en todas las estaciones, aeropuertos, hospitales e iglesias. Alguien había tenido que verte en algún momento... Hace un par de semanas estaba a punto de rendirme, cuando una mujer de uno de los albergues a los que fui llamó al hotel donde estaba. Me dijo que había venido a Suiza a ver a su hermana enferma, que quizá podía haber visto mal pero estaba segura que eras tú... Si, se equivoco pero me acercó bastante. Los datos que ella me dio me dejaron a dos horas de aquí. Solo tuve que seguir buscando.

- Shun ¿qué esperas de todo esto?

- Solo que entiendas que no te abandone, que jamás deje de pelar por ti... Te amo, nunca deje de hacerlo. Y sé que no puedo regresar el tiempo para evitarte todo el dolor por el que tuviste... por el que tuvieron que pasar, pero quiero estar contigo y con Any.

- ¿Crees que comprendes mi dolor? Estás muy equivocado -se levantó.- Fui humillada, exiliada, amenazada con ser exhibida. Fue gracias a las personas que encontré que Any y yo salimos adelante. Enterré mi pasado para poder continuar, no pienso dar marcha atrás. No sería justo para Any.

- ¿Es justo que crezca sin saber que tiene un padre, y una familia? Tu y yo crecimos como huérfanos, ella no tiene porque pasar lo mismo.

- Por favor ya basta. Olvídate de nosotras como yo lo hice de ti.

- June por favor...

- ¿Está todo bien, señora Duillart? -preguntó desde la entrada un muchacho de cabello negro y tez morena clara, que veía a Shun extrañado.

- Si, no te preocupes Valter ¿tu padre te mando?

- Él no puede venir, esta en casa de los Brunner y me mando en su lugar. Puedo quedarme si lo necesita -exclamó un tanto territorial.

- Te lo agradezco Valter pero no hace falta, ¿podrías regresar en la tarde? Any está tomando una siesta y no quiero despertarla.

- Como quiera, pero estaré por aquí cerca si lo necesita -dijo viendo a Shun mientras se retiraba.

- ¿Duillart? -preguntó Shun una vez que el muchacho se fue.- ¿Te casaste? -June no le respondió, solo le dio la espalda.- Tienes razón, no tengo nada que hacer aquí -de la chaqueta que traía sacó algo que le entregó a June.- Es para Any, acéptalo, sé que contigo no le falta nada pero es solo en caso de... Lamento haberte molestado, pero quería que supieras -se acercó a ella y le dio un beso en la frente.- Te amó y eso no cambiara nunca. Adiós June -ella se dio la vuelta para tratar de decir algo, pero solo lo vio partir. Fue cuando puso atención a lo que Shun le había dado: un sobre, en el que había una carta, y un cheque. Ikki había renunciado a su parte de la fortuna Kido, dejándolo todo a nombre del futuro hijo que naciera de ella y Shun. Reparó en la fecha, justo como Shun había dicho, era de cuando ella estuvo en Avellino. La foto, que había quedado en el sofá, era de ese entonces también: en esa imagen estaba en el quinto mes de embarazo, caminando al lado de Annyel.

Se dejó caer de nuevo en el sillón. Estaba confundida. ¡Por supuesto que seguía amando a Shun! Pero habían pasado tantas cosas entre ellos que por eso mismo no podía estar con él. No podía perderlo una segunda vez, no quería arriesgarse a eso porque no podría superarlo. Por eso era mejor dejarlo ir aunque le doliera. Estaba segura que eso era lo mejor para ambos.

- ¿Mami? -Any había salido de su cuarto sin que ella lo sintiera.

- Any ¿sucede algo? -preguntó limpiándose las lagrimas que escaparon.

- Athena no quiere que estés triste.

- ¿Qué? -preguntó sorprendida.

- Ella vino a verme. Me hablo de mi papá y las cosas que pasaron. Ella me pidió que te dijera que no siempre hay una segunda oportunidad, y que esta vez las cosas no tenían porque terminar mal.

- Any -exclamó sorprendida.

- Mi papá te quiere, mucho ¿Tu ya no lo quieres?

- ¡Claro que si! Pero...

Vale la pena pelear por amor -le dijo la niña al tiempo que June sentía eso, que sin duda, era cosmos proveniente de su hija. Era el cosmos de Athena. Any corrió hacia la puerta para abrirla.- ¿Vamos a ir por mi papá?

- o -

Shun ya había avanzado bastante. Tenía que reconocer que en lo más profundo siempre supo que June no lo esperaría toda la vida, pero era preferible verlo con sus propios ojos a enterarse por alguna otra persona. Incluso aunque no le quedara nadie. Shiryu y Hyoga no regresarían a Japón, para los tres era muy doloroso regresar ahí. Habían acordado escribirse, quizá reunirse en algún momento. ¿Qué haría ahora? No lo sabía. Encontrar a June se volvió todo para él, tenía planes para una vida junto a ella. Pero eso no pasaría. Ese era el castigo por haber desafiado una ley que la misma Athena había creado. No le quedaba más que seguir adelante, aunque no supiera dónde o cómo. Se detuvo para sacar de su cartera la tarjeta con el nombre del hotel en que estaba hospedado. Recogería sus cosas y se iría.

Volteó. Supo que no estaba solo. Al hacerlo vio a June, que cargaba a Any.

- ¿June?

- Te equivocaste en algo -dijo mientras se acercaba a él.- Cambié mi apellido pero no porque me hubiera casado, lo necesitaba para seguir con mi vida... y de nada me sirve porque siempre me has hecho falta -bajó a Any, que se acercó a Shun

- Papi, el tío Ikki dice que más te vale no arruinarlo -dijo al tiempo que sujetaba su mano. Aunque extrañado por las palabras de su hija, pudo por primera vez, finalmente abrazarla.

- No te preocupes Any, todo va a estar bien -entonces se levantó para abrazar a June, que ya estaba al lado de ellos.- Te amo -dijo besándola como hacía años que no podía hacerlo.

- También te amo -June lloraba, pero esta vez de felicidad.- Ven, vamos a casa.

Los tres empezaron a andar el camino de regreso. No notaron a la pareja sentada en una cafetería cercana, que los veía alejarse. La muchacha, de cabellos rubios y reflejos violetas, fue la primera en levantarse de la mesa, seguida por el joven de cabellos tan negros que casi parecían azules. Ambos desaparecieron sin que nadie reparara en ello.