4. When the sun disperses the fog

El recinto de la feria estaba al completo, a duras penas se podía pasar sin empujar o ser empujado por alguien. La feria de Biotecnología era el punto de encuentro entre fabricantes y posibles compradores, y también de millones de curiosos que se acercaban para ver los nuevos adelantos y de disfrutar de las demostraciones e incluso adquirir alguno de los sencillos aparatos que se ofrecían al público en general. Por esta razón, se veían con frecuencia muchos niños entre la multitud acompañados por sus padres que corrían de un stand a otro, fascinados por lo que allí se mostraba. Aunque este no era el caso de un hombre de grandes dimensiones, que apoyado en su brazo mecánico descansaba sentado en un banco del interior de la feria, cerca de la entrada, mirando distraídamente la gente que entraba y salía, o eso era lo que cualquier persona hubiera pensado.

- ¿Me escuchas, Spike?

- Alto y claro, capitán. – Una voz le respondió a través del auricular imperceptible en su oreja.

- No me tomes el pelo. – Gruñó Jet sin desviar la mirada de algo que había captado su atención.

- No lo hago.

- ¿Qué tal va por ahí? – Preguntó más tranquilo, desechando el interés que había levantado uno de los sujetos que entraba.

- Aburrido. – Respondió Spike apoyado en la barandilla del primer piso, desde donde tenía acceso a toda la vista del recinto. A través de sus gafas de sol podía acercar o alejar la imagen que veía como si de unos prismáticos se tratase. Un ingenioso invento que en más de una ocasión les servía de mucha utilidad, como en este caso, en el que tenían que encontrar a su recompensa entre la marabunta de personas que se concentraban allí. Casi como encontrar una aguja en un pajar. Aunque a veces, también podía serles útil para distraerse mientras esperaban que pasese algo interesante. – Las azafatas no están nada mal. – La vista del cazarrecompensas se posó en varias jovencitas vestidas con minifaldas y unas graciosas orejitas de oso, que promocionaban el último juguete tecnológico para los niños, un osito de peluche súper inteligente.

- Oye Spike, estate atento, no quiero perder mi tiempo para que luego se nos escape.

- Tranquilo, no me van los ositos. – Afirmó el cazarrecompensa más joven.

- ¿Qué? – Preguntó Jet sin saber a qué se refería.

- Umm, me parece que he visto algo sospechoso. – Cambió de tema.

- ¿A qué te refieres?

- Ese tipo tiene pinta de esperar a alguien.

Pasando su vista entre los stand, en uno de ellos, un hombre de mediana edad mostraba sus artilugios fabricados por él mismo, en una especie de puesto artesanal. Su mirada se había posado varias veces en dos jóvenes que llevaban una gorra roja, primero uno se había acercado a curiosear un aparato, pero su novia le había agarrado del brazo tirando de él hacia el otro lado y después otro hombre que había pasado por delante pero que había continuado todo recto.

- Me da la sensación que nuestro hombre llevará una gorra roja y seguramente unas gafas o algo para esconder su identidad.

- Entendido. – Asintió Jet desde el otro lado del interfono.

Spike continuó mirando hacia aquella dirección, pero esta vez hacia los alrededores de ese puesto, por si acaso a Jet se le había pasado por alto el objetivo, con la gente que había no era difícil. Sin embargo, el color de pelo de una de las personas que caminaba entre los stand le dejó desconcertado. Se trataba de una mujer que estaba de espaldas con una melena que le llegaba apenas a los hombros, de un tono negro purpúreo, un color extrañamente inusual, con un cierto matiz violáceo.

- ¿Cómo? – Habló para sí, sin darse cuenta de que lo hacía en voz alta.

- ¿Qué¿Le has visto? – Inquirió Jet nervioso y dispuesto a ayudar inmediatamente a su compañero para atrapar a Marco Antonius.

- ¿Esa mujer…? – Se preguntó extrañado. – Es…

No terminó la frase al comprender a quien le había recordado aquel pelo.

- ¿Una mujer¿De qué hablas¿Hay una mujer con él?

Acercó las lentes de sus gafas. La mujer sobre la cual estaban puestos todos sus sentidos en estos momentos, llevaba una cazadora de cuero negro y estaba prácticamente enfrente del puesto que había levantado sus sospechas. Mientras más la observaba, más pensaba que el color del pelo era el mismo, no, estaba seguro de que era idéntico que el de aquella que durante un tiempo fue tripulante de la Bebop.

- No puede ser.

- ¿El qué¡Spike, contesta, contesta!

Sin embargo, Spike no atendía a las súplicas de su compañero, si no que permanecía sin quitar el ojo de la mujer que inesperadamente le estaba perturbando. La visión que tenía de aquella Faye desde su posición se fue desvaneciendo entre la gente. De vez en cuando volvía a ver un pedazo de su melena hasta que la perdió de vista completamente.

- Oye, Spike¿me estás escuchando? – Bramaba desde su banco Jet, tratando de no elevar demasiado la voz para no resultar sospechoso.

Spike permanecía en silencio y absorto en su mundo aunque el sonido de su compañero era difícil de ignorar. Volvió a echar una ojeada por el stand esperando que quizás la gente se dispersara un poco y la joven todavía estuviera allí. Cuando por fin se apartaron, ya no había nadie de esas características en el mismo lugar, sin embargo, en el puesto una mujer de melena negra se apoyaba en el stand jugueteando con un perrito de hoja delata que saltaba cada vez que chiscaba los dedos. Enfocó al máximo sus gafas, pero cuando se volvió, el rostro que le devolvieron las lentes no era el de Faye. No se parecía a Faye ni de lejos, ésta tendría unos diez años más que ella y sus ojos no eran esmeralda sino negros. Aparte, al fijarse con detenimiento, el pelo ni siquiera ya se le asemejaba tanto, se parecía sí, pero carecía de aquel matiz violáceo que había creído ver al principio. Y por si le quedaba alguna duda, la mujer se agachó para volver a incorporarse con un niño en brazos.

- ¡Spike¿Qué ocurre!

- Nada, creí haber visto a alguien. – Se disculpó el cazarrecompensas pensativo.

- ¿Y por eso no me contestas, pensé que ya se había ido todo al traste. – Suspiró aliviado apartando la idea de pasar otro día sin blanca. Pero al recordar la excusa tan peregrina que le había dado por respuesta su compañero volvió de nuevo al tema. – ¿Y a quién demonios se supone creíste ver?

- Nadie importante.

- ¿Cómo?

"Qué estupidez. Cómo he podido confundir a esa mujer con ella. Qué haría Faye en un lugar como este, es una tontería" – pensó Spike para sus adentros.

Aunque, no era imposible, no fue ella quién se fue buscando acabar con su vida y dejando a sus camaradas en la incertidumbre. Ella podría estar perfectamente por cualquier sitio que le apeteciese, no era como si estuviera muerta, él había sido el que había caminado por los dominios de la muerte, no ella. Se preguntaba por qué le extrañaba tanto aquello, era como si Faye hubiese quedado enterrada también junto a aquel pasado que le había perseguido hasta dar muerte a Vicious. Era algo sobre lo que ya no quería pensar, había decidido que su ojo artificial mirara hacia el futuro y se había propuesto olvidar, o al menos que no le condicionase la vida, ya nada podía hacer por ellos, todos los que una vez formaron parte de su pasado en la organización estaban muertos.

- Creo que nuestro hombre ha entrado. – La potente voz de Jet le despertó de su ensoñación. – Daría mi cabeza a que se trata de él. Lleva una gorra roja de béisbol y unas gafas de sol como dijiste.

- ¿Dónde está?

- Se encuentra a la altura del stand de cocina. – Encontró a su objetivo entre la gente, iba mirando a ambos lados intentando localizar el punto de encuentro con su contacto.

- Con que ese es Marco Antonius, parece muy joven.

Llevaba una camisa abierta encima de una camiseta beige y unos vaqueros desgastados. Podría confundírsele perfectamente con alguno de los jóvenes que llenaban las salas de juegos de aquella ciudad.

- Está llegando al stand sospechoso. Voy a bajar.

- Yo me voy acercando, me quedaré a una distancia prudencial.

Spike ya en el piso bajo, caminó entre la gente con dificultad sin quitar el ojo de la recompensa. Sin embargo, Marco no llegó a hablar con su contacto, le hizo un gesto con la cabeza indicándole que ya estaba allí y se marchó dirección a los servicios.

Mientras, desde otro lado del recinto, una Faye que también había encontrado el punto de encuentro del tal Marco Antonius con su comprador, permanecía sutilmente apoyada al lado de una palmera artificial a la espera de divisar su objetivo, sin haberse percatado que sus antiguos compañeros también se hallaban siguiendo el rastro de la misma presa y que uno de ellos la había visto momentos atrás, pero después la había perdido la pista confundiéndola más tarde con otra. Por un segundo creyó ver a Marco Antonius pero al otro había desaparecido de nuevo. Decidió esperar allí y tener seguro al contacto. Si se moviese le seguiría y si Marco se acercaba de nuevo, lo tendría.

Marco Antonius, por su parte entró en el servicio de caballeros, ignorante de la expectación que estaba causando a su alrededor. Al medio minuto entró Spike, haciéndose el despistado, pero no le valió de mucho porque no había nadie salvo en uno de los servicios individuales que tenía cerrada la puerta. Allí sería más seguro detenerle, afuera si la cosa se complicaba podían herir a alguien, aunque Spike eso de ser cuidadoso no lo tenía demasiado interiorizado. El cazarrecompensas se dirigió hacia los lavabos, donde hizo correr el agua mientras se lavaba las manos sin despegar la mirada del espejo, que le devolvía la imagen de la retahíla de cubículos que se encontraban a su espalda.

- Es un lugar interesante. Todas esa maquinitas y aparatos. – Comenzó a decir Spike en voz alta. – En toda mi vida he visto tanta tecnología junta.

El cazarrecompensas se sentó en el mármol de los lavabos de cara a los cubículos, sacando su pistola de debajo de la chaqueta. De dentro del último servicio el ruido no cesaba.

"Espero que no tarde mucho" – pensó para sus adentros Spike algo asqueado.

- Me imagino que habrá gente que sepa utilizarla – continuó más para distraerse que por otra cosa. – Aunque yo prefiero lo de siempre, hay cosas que pierden su encanto. ¿No estás de acuerdo?

- ¿Eh¿Hablas conmigo? – le respondió la voz de Marco Antonius desde el interior del servicio algo confusa.

- Claro¿qué opinas?

- Um, bueno, yo creo que los cambios son necesarios.

- ¿No hay cosas que crees que deberían permanecer igual? – Miró el arma, el frío metal brilló bajo la luz al mecerla, era la misma pistola que Mao le había regalado años atrás.

- Cuando somos felices deseamos que dure eternamente, pero cuando las desgracias se ciernen sobre nosotros, sólo queremos huir. – Spike sintió una punzada en el estómago que trató de ignorar poniéndose de pies.

- Así que según tú, depende del estado de ánimo.

- Bueno, a veces tampoco somos conscientes de lo dichosos que éramos hasta que lo perdemos. – El cazarrecompensas se acercó a la puerta del baño, inquieto, aunque no sabía exactamente por qué, era como si una melodía volviese a sonar en su cabeza, como una vieja y oxidada serenata de una caja de música destartalada.

- Y algunos sólo cambian para elevar ese grado de dicha o para ser más ricos¿cuál es tu caso? – Preguntó Spike directamente deseando que por fin la puerta se abriese.

- Yo no he dicho que sea para aumentar la felicidad, a lo mejor provocar que las cosas cambien trae más desgracias pero nos vemos obligados a hacerlo.

La voz del joven paró de repente y un ruido metálico resonó. Sin embargo, al segundo Marco prosiguió:

- Y aún así, a veces no logramos recuperarla del todo.

- Por eso robaste el software de desarrollo de tejidos. – Spike apuntó de frente a la madera que los separaba.

- No, lo hice para encontrar algo que estoy perdiendo. – Confesó finalmente Marco Antonius.

Sonidos lejanos de barullo y el ruido cascado de una interferencia se entremezclaron en la última frase del hombre. De repente Spike abrió de par en par los ojos, comprendiendo lo que estaba pasando.

- ¡Mierda! – Gritó Spike enfadado, a la vez que golpeaba con el pie la puerta del baño, conectando sin querer el intercomunicador.

- ¿Qué pasa, Spike? – la voz preocupada de Jet resonó en su oído. La puerta cedió con facilidad ante la primera embestida del cazarrecompensas, haciendo volar por los aires pequeñas astillas junto con el cerrojo de plástico. Encima de la tapa del WC había un intercomunicador encendido a través del cual se escuchaba ahora el roce del micrófono contra la ropa, y en el suelo caída la rendija metálica que guardaba la entrada a los tubos del sistema de ventilación. Había estado hablando con él mientras se arrastraba por el hueco de ventilación, haciéndole creer que todavía estaba dentro del cubículo y así teniendo tiempo suficiente para escapar. Seguramente, se había dado cuenta de que iban tras de él y prefirió no hacer el intercambio.

- ¡Alto! – una voz distorsionada se escuchó a través del aparato, antes que el ruido seco del interfono sonara al chocar contra el suelo haciendo que se produjeran un montón de interferencias.

- ¿Qué rayos pasa? – Persistió Jet.

- Ha escapado.

- ¿Cómo¿No estabais en el servicio los dos? Yo no he visto salir a nadie.

- No hay tiempo de explicaciones, me parece que alguien se nos está adelantando. – El cazarrecompensas se dirigió a toda velocidad a la puerta de los servicios. – Aunque espero que no me decepcione y no se deje atrapar, por lo menos hasta que no le encuentre yo, necesitamos el dinero de su recompensa.

Marco Antonius sintió el cañón de una pistola presionado contra su espalda nada más ponerse de pies de la salida de aquellos tubos por los cuales había estado arrastrándose. La voz lisa y grave de Faye le detuvo haciendo que el intercomunicador cayera al suelo y saltaran unas cuantas piezas alrededor. Faye había presentido que tenía que darse una vuelta alrededor y eso la había llevado hacia una zona del recinto por la que sólo andaban los encargados de la feria y a la que daban las puertas de los stand y algún que otro cuarto de mantenimiento. No había nadie en el momento en el que Faye comenzó a merodear e iba a irse cuando un ruido que provenía de una rendija casi a pie del suelo, la detuvo. Se escondió y cuando observó que de aquel hueco salía su objetivo quedó perpleja. Se acercó con sigilo por la espalda y le apuntó con la pistola. Marco suspiró resignado y con un cierto matiz de confusión. Estaba algo nervioso, no obstante acababa de escabullirse de un cowboy que iba tras de él y cuando creía estar a salvo se topaba de frente con otro cazarrecompensas. En este caso, una mujer cuya voz tenía un tono serio y frío. Se giró mientras levantaba ambas manos al lado de su cabeza, observando como la joven que le apuntaba debía tener más o menos la misma edad que él y poseía una extraordinaria belleza y unos ojos verdes que parecían atravesarle.

- Está bien Marco Antonius, es hora de acabar tu estúpida aventura. – Remarcó la palabra "estúpida" mientras hablaba, dando a entender que era consabido que no iba a llegar muy lejos.

- No era ninguna tontería. – Respondió disgustado y su semblante adoptó una expresión de tristeza. – Yo…

- No me interesa. – Cortó impasible Faye que apenas había reparado en su rostro. – Ahora dame el software informático.

Marco la miró receloso y reacio a obedecer lo que le decía aquella mujer, que si bien antes le había perecido hermosa, ahora le inspiraba cierto temor.

- ¿No iras a venderlo?

- Eso no es de tu incumbencia. – Alargó la mano hacia Marco con el fin de que le diera el programa que llevaba con él.

- Si sólo vas a por el dinero que te darán por el software en el mercado negro, por favor déjame huir, ahora mismo me persiguen, y yo te puedo pasar otro programa por el que te darán también mucho dinero. – Respondió nervioso, pensando en que quizás el otro cazarrecompensas pronto les encontraría

- No me interesa tu oferta. – No estaba dispuesta a ceder a ninguno de sus ofrecimientos, ni a escuchar ninguno de sus motivos para ello. Aquel hombre no le importaba nada en absoluto. – De momento recibiré el dinero que hay sobre tu cabeza y tú darás con tus huesos en la cárcel.

Marco Antonius miró hacia el suelo apesadumbrado intentando controlar sus emociones. Había llegado tan lejos y ahora todo se frustraba. No estaba dispuesto a ello tan fácilmente. Movió una de sus manos hacia la gorra que llevaba, pero las palabras de Faye le detuvieron:

- ¿Qué haces? No te muevas, si no puedes estar seguro que dispararé.

- ¿No querías el software? – Le recordó Marco Antonius. – Lo tengo en la gorra. Permíteme.

Faye, recelosa de su actitud de pronto tan solícita, le indicó con la cabeza que podía sacarlo sin perder atención en ningún momento a cualquier movimiento extraño que pudiera realizar, no quería que le hiciese ninguna jugarreta. Marco Antonius se sacó la gorra y Faye enseguida se dispuso a arrebatársela de las manos, pero éste la tiró al suelo.

De repente, una humareda blanca comenzó a extenderse alrededor de ellos provocando una intensa tos a la cazarrecompensas. El hombre se tapó al instante la boca y la nariz con la camiseta evitando inhalar la sustancia que contenía dicho humo. Faye intentó retener a Marco Antonius pero el acceso de tos era tan violento que no podía mantenerse casi erguida. Aún así, con los ojos entrecerrados la forma de Marco aún le resultaba algo visible entre la neblina como para intentar dispararle y frustrar su huída, pero sintió como los sentidos se le atontaban, nublándosele la vista y experimentando un cierto mareo. Aquel humo tenía una especie de sustancia aturdidora que pronto provocaría que ella cayera presa de sus efectos e incluso llegara a desmayarse. Contuvo la respiración, alejándose del lugar dando tumbos. Y cuando se encontró fuera del alcance del humo que ya poco a poco iba dispersándose, se dejó caer contra la pared intentando recuperarse con todas sus fuerzas. Sus gafas cayeron al suelo pero no se molestó en recogerlas, lo único que la importaba era perseguir a aquel tipo que había conseguido burlarse de ella lo más pronto posible.

Mientras Faye lograba recuperarse, Marco Antonius había regresado a la multitud, evidentemente afectado. No tenía a un solo cazarrecompensas detrás de él sino a dos y bastante buenos. Trató de no correr, evitando llamar la atención entre la muchedumbre, pero tenía que alcanzar la salida lo más rápido que pudiera antes de que le encontrasen. Sin embargo, un hombre bastante fuerte con un brazo mecánico que se abría paso entre la gente, le dio mala espina. Era evidente que buscaba a alguien y por su aspecto era seguro que no buscaba a su abuelita ni él era caperucita, sino mas bien el lobo. Se dio la vuelta rápidamente, para evitar que le reconociera, puesto que ya era seguro que su foto había salido en el noticiario de los cazarrecompensas. Pero al instante se dio cuenta que aquella mujer vendría por esa dirección, así que lo más lógico fue volverse de nuevo y tratar de pasar lo más alejado posible de él, escondiéndose entre un grupo de azafatas que pasaban riéndose justo por su lado. Aquel plan seguramente hubiera funcionado sino hubiese sido por Spike, que se había situado en las escaleras de acceso al primer piso para tener una visión completa de la sutiación desde la altura, divisando a Marco Antonius en el momento en que estaba a punto de cruzarse con Jet.

- ¡Es él, Jet! – Gritó Spike olvidándose de que podía usar el intercomunicador, saltando la barandilla y cayendo de pies en el suelo.

Jet, por su parte antes de que pudiera visualizar a su objetivo, éste se le adelantó y le empujó por la espalda contra el grupo de azafatas, que con la fuerza de su peso provocó que todos cayeran al suelo, con tan mala suerte que Jet se fuera a agarrar involuntariamente al pecho de una de las jovencitas al tratar levantarse, produciéndose ya el delirio general en el grupo de chicas.

- ¿Pero que hace? – le chilló la infeliz afortunada de los impropios tocamientos del cazarrecompensas.

- ¿Qué? – Balbuceó Jet, sin saber que es lo que ocurría, hasta que al mirar a la chica comprendió a que se refería.

- ¡Cómo se atreve?

- Yo no…yo… no… - intentaba disculparse con la cara completamente colorada de la vergüenza.

- ¡Es usted un pervertido! – le acusó otra de las azafatas.

- Sí, un pervertido y un cerdo. – Se animó a su vez otra.

- ¡Un viejo verde! y vamos a llamar a la policía.

- Que no, que yo no…

- ¿Cómo que no? – le gritó de nuevo la principal implicada.

- Tengo que irme, es urgente. – Intentó huir de la extravagante situación que se estaba desarrollando.

- Ni hablar, usted se queda aquí y se lo explica a la policía. – A la orden de una de las chicas, éstas agarraron al cazarrecompensas frustrando su marcha, a la vez que continuaban increpándole.

Mientras Jet intentaba explicar lo ocurrido, Spike pasó corriendo por su lado con el arma en la mano. Tenía ya a Marco Antonius a una distancia cercana, pero la salida también estaba próxima y aquello quizás supondría perderle del todo. Marco, intentando dificultar su persecución tiró un carrito de publicidad al suelo, pero Spike lo esquivó saltándolo por encima sin problemas. Lo que le resultaba menos sencillo era pasar entre la gente que se movía desorientada al paso de Marco Antonius y se interponía en el camino de Spike. Sin embargo, la entrada apenas estaba a unos metros, que si bien resultaba un inconveniente por una posible huída, también supondría la ventaja de alcanzarle con mayor libertad e incluso disparar para frenarle sin temor a herir a alguien de seguro, porque aunque confiaba mucho en su puntería, con tanta gente no podía calcular los movimientos de aquellos y era más que sencillo dañarles. Pero al cruzar el umbral de las puertas, el gesto de Spike cambió por completo, la amplia acera de entrada y parte de la carretera estaban a rebosar de personas con carteles y pancartas en los que se podía leer su descontento con la feria de biotecnología. Parecía que se trataba de un grupo ultra conservador, que no estaba de acuerdo con el progreso y el uso de tecnología para según qué cosas.

Por un momento, Spike perdió de vista a Marco, sin embargo cuando volvió a divisarle, se había parado entre la gente, como si le esperase mientras se acercaba más y más a él. Algo podía haberle hecho desconfiar de que tenía guardado un as en la manga, pero como no tenía ninguna sospecha de qué era lo que tramaba tendría que acercarse y averiguarlo. Al fin y al cabo así era como siempre actuaba. La duda se disipó en un solo instante, y como si de un truco de magia se tratase, la niebla se hizo a su alrededor extendiéndose con rapidez al igual que el pánico entre la multitud. Aunque la bomba de humo no contenía ninguna sustancia aturdidora, Spike retrocedió e intentó salir del centro de la humareda para poder ver hacia donde Marco huía, pero aquello resultaba imposible, la gente se movía enloquecida de un lado a otro, desorientada, frotándose los ojos y tirándose al suelo creyendo que quizás se tratase de un acto terrorista y las balas comenzarían a volar de un momento a otro.

No podía ser verdad que otra vez le diera esquinazo, pero no había supuesto que fuera tan escurridizo, tenía salida para todas las situaciones. Y aunque Spike también tenía soluciones para casi todos los problemas, éste tenía que reconocer que le había ganado la partida. Ya tendría tiempo para la revancha pensó.

Por su parte, Faye que también se encontraba inmersa en la persecución de Marco, había decidido salir por un atajo, la puerta de emergencia, así que seguía ignorante de la presencia de sus ex-compañeros. Contempló impotente desde su perspectiva la muchedumbre, el repentino revuelo, el humo, los gritos y maldijo para sus adentros todos los contratiempos que parecían sucederse uno tras otro. Se acercó prudentemente, preguntándose el por qué de que Marco hubiera vuelto a utilizar ese truco si se suponía que la llevaba bastante ventaja. A lo mejor, se trataba de algún otro cazarrecompensas. Era lo que la faltaba, que encima le birlaran la presa delante de sus morros. Faye, que raramente fallaba, era consciente de que no iba a poder atraparle, pero no permitiría que otro lo lograra. Corrió tan deprisa como le daban las piernas, sin embargo la gente corría, se agachaba, la empujaban y se agolpaban los unos contra los otros.

La neblina comenzó a disiparse muy lentamente, Faye miró a su alrededor un poco desorientada intentando localizar a Marco Antonius, sabiendo de antemano que no lo lograría, el revuelo era enorme. Sin embargo, algo la abstrajo completamente de aquello, una forma que destacaba entre la neblina. No sabía muy bien decir que tenía esa silueta amorfa para que súbitamente atrajera su atención, pero experimentó una extraña sensación parecida al efecto impresionante que produce que en mitad de un estruendo abrumador de repente se haga el silencio más absoluto, una especie de vértigo, como si después de una intensa luz cegadora, sin previo aviso se hiciera la oscuridad más impenetrable. Experimentó un cierto desasosiego, como si el tiempo se hubiera detenido de improvisto, como si se hallase esperando a que sucediera algo, algo que aunque desconcertante, en su interior presentía o al menos intuía. Y no podía ser, intentó razonar, pero el humo cada vez se tornaba menos espeso y le devolvía la realidad al igual que si se parase frente a un espejo, éste le reflejaría inequívocamente su imagen.

Permanecía allí, parada, con la pistola aún en la mano, mirando como esa silueta iba conformando aquel rostro conocido, como si de una aparición se tratase, pero desgraciadamente aquel cuerpo era totalmente terrenal. Y ciertamente, sí parecía como si el tiempo se hubiera detenido y más aún, como si hubiera retrocedido. Tenía el mismo aspecto que aquel día en que le vio por última vez y le contempló como si de un hombre ya muerto se tratase, como a un hombre a quien la Parca había tomado por el brazo salvaguardando su preciado tesoro hasta el momento en que pudiera unir sus fríos labios a los de aquel cazarrecompensas y darle por fin el ansiado beso de la muerte que le uniría con su inevitable destino. Ahora, no podía ver a la Muerte junto a él, pero para Faye estaba muerto, lo tenía que estar, si no qué sentido tendría tantas cosas.

Spike, que aún no había reparado en su antigua compañera, fijó por fin su vista al frente al tiempo que la anclaba irremediablemente a la súbita aparición del rostro de Faye, delante de él, a penas a diez metros, quieta, inmóvil, mirándole fijamente, sin expresión alguna al igual que su propia faz. Era extraño, casi onírico, pero al contrario que dentro de la feria, ahora no se sorprendió, la duda, la posibilidad que fuera ella después de tanto tiempo le habían hecho reaccionar, pero la certeza de que se trataba realmente de ella le dejó carente de emociones, vacío, impasible. Ni siquiera se preguntó por qué estaba allí, la respuesta le pareció obvia; iba tras Marco Antonius, al igual que ellos. Lo único que provocó cierto desconcierto por parte del cazarrecompensas fue que parecía distinta, otra versión de Faye aún sin observarla de cerca o hablar con ella, algo había cambiado y no sabía decir muy bien qué era.

Spike notó como Jet se acercaba con paso lento y dubitativo, deteniéndose justo a su lado, parecía que por fin había resuelto el entuerto con las azafatas o quizás no, y había huido al menor descuido de sus captoras. En todo caso, ahora se encontraba allí, extrañado con la presencia de Faye a la que no había vuelto a ver desde hacía casi un año, de pies, sombría, inaccesible como si un muro invisible se levantara entre ellos y la mujer. Sintió una punzada en el pecho, cierto sentimiento deremordimiento y al igual que había pensado Spike, se dio cuenta de que Faye estaba distinta. Sino la tuviera tan cerca diría que no era ella, parecía distante y no era que no se encontrase justo a su lado, si no que parecía inalcanzable, aislada de ellos y del resto de personas, en una especie de burbuja que la hacía permanecer ajena al mundo, como si un halo de quietud la rodeara, como si nadie pudiera tocarla. Su expresión no era la habitual y aunque parecía más mujer, no ya una jovencita descarada, aquello no le resultó agradable, le faltaba algo. Físicamente estaba realmente impresionante y no sabía a ciencia cierta qué había variado en su exterior, aparte del pelo ligeramente más largo y la ropa, por lo demás era ella, pero no lo era. Aunque, siempre había poseído una especial exhuberancia, en estos momentos no resultaba tan evidente, si no más misteriosa, más atrayente y a la vez extraña. No vestía sus usuales pantalones cortos y su top escotado, todo lo contrario, salvo las manos y el rostro, no mostraba otra parte de su piel y su indumentaria era más bien sobria. Incluso su maquillaje apenas resaltaba en su rostro, se atrevería a decir que no estaba maquillada, salvo por un leve color carmesí en sus labios. Daba la sensación que había dejado atrás las ganas de llamar la atención, de escandalizar, pero resultaba innegable que en cierto sentido no lo había conseguido sino que lo había acentuado de forma más sutil. Era una belleza serena, sin estridencias y realmente interesante.

Su actitud no era airada ni enfadada por verlos, simplemente nada y todo a la vez. Quizás si se tratase de otra persona no le hubiera sorprendido tanto, pero en ella por ser ella, resultaba impactantealguien que parecía que se tomaba la vida a broma, alguien tan extrovertida y dicharachera, no podía fingir repentinamente tanta calma. Era como cuando una persona que tiene mucho que decir se calla, su silencio es más atronador que la más fiera de las tormentas, y aquella actitud en Faye, verdaderamente lo era.

Jet no pudo evitar mirar a Spike, su rostro permanecía impasible, sintiese lo que sintiese permanecía oculto en su interior o quizás no había nada qué sentir. Él mismo estaba sorprendido y eso que sabía que Faye debía andar por algún lado, incluso antes de que ella se largara habían llegado a despedirse, de una forma inusual, pero se despidieron. Sin embargo, no estaba seguro de que Faye supiera del regreso de Spike a la tierra de los vivos. Esperó a que alguien dijera algo, aunque sabía que era como esperar que el mar se abriera en dos cuan milagro de Moisés.

Cierta rabia, impotencia atenazó a Faye, pero no llegó a dominarla. Se encontraba como si fuera un espectador de una pieza de teatro y sólo pudiera observar como transcurrían los hechos. Allí estaba parado aquel hombre que se suponía debería habitar el Averno, si es que existía, o por lo menos, ser presa de los gusanos, pero no, su piel no era mustia, ni sus ojos eran cadavéricos, sino que la sangre fluía aún por sus venas y todavía estaba intacto. Estaba vivo, respiraba y su pielrezumabavitalidad. Al igual que ella, no hizo gesto alguno, solamente permaneció quieto. Sus miradas llegaron a cruzarse un instante, un instante que se asemejó a una eternidad y contempló aquellos mismos ojos, siempre de distinto color, uno mirando el presente y el otro siempre a aquello que no se puede cambiar. Enseguida se obligó a apartar la vista y alejarse de aquel lugar lo más rápido posible, allí no había nada más que hacer.

La calma poco a poco se fue recobrando, la gente iba incorporándose e interponiéndose entre los cazarrecompensas y la mujer, ocultando en parte la figura de Faye. Aún cuando todavía llegaba a verla, a Jet no le extrañó como Faye giraba la cabeza y guardando la pistola bajo su cazadora comenzó a andar, desapareciendo al segundo de su vista.

Los dos quedaron en silencio, de pies, mientras todo volvía a la normalidad con bastante rapidez.

- ¡Spike!- dijo por fin Jet, quizás más para buscar una reacción ante el encuentro con su antigua compañera que para llamar su atención.

- ¿Qué? – Contestó el otro totalmente sereno actuando con su habitual parsimonia, desvelándole que no iba a conseguir obtener una respuesta ante lo ocurrido, casi como si nada hubiera sucedido

- Nada. – Desistió Jet con pesadumbre. ¿Cómo podía mostrar esa tranquilidad ante la visión de aquella Faye que distaba tanto de la verdadera¿Realmente tan insignificante había sido Faye en su camino, aquel cíclico camino cuyo único fin había sido siempre el principio? En Faye, su actitud podía llegar a comprenderla, pero en Spike, no sabía qué pensar, era tan indescifrable. Incluso él mismo había terminado cogiéndola afecto, aunque siempre se quejara de que era una pelmaza.

Una suave brisa se levantó renovando el aire que parecía que había quedado enrarecido después de la intensa humareda. La policía había llegado e inspeccionaba el lugar mientras hablaba con los testigos para intentar clarificar que había ocurrido. Spike y Jet se perdieron con rapidez entre la multitud, no les convenía verse involucrado en el asunto.

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Hola, por fin he actualizado el fic, siento muchísimo haber tardado tanto y eso que ya lo tenía medio escrito desde hacía tiempo, pero he tenido un pequeño problema con internet y como ahora estoy de vacaciones pues no he podido actualizarlo antes. Pero para que veáis que ni en vacaciones descanso, aquí tenéis el cuarto capítulo. Creo que me ha quedado un poco largo, pero no veía por donde cortarlo porque todo estaba relacionado. Y ya tenéis por fin el esperado encuentro entre nuestro dos protagonistas, espero no haber decepcionado y lo veáis muy frío, pero yo me lo imaginaba asíporque después de tanto tiempoy de la forma en la que se habían despedido y ahora esta nueva Faye, no podía ser de otra forma, están demasiado distantes el uno del otro como para saludarse amigablemente y empezar a recordar viejos momentos. Pero bueno, ya se reencontrarán más adelante...

En cuanto por qué Jet no dijo nada a Faye, yo creo porque él no se vio como el responsable de avisarla, sino que él pensó que el encargado tendría que ser el propio Spike, pero bueno, eso ya se verá más adelante y también cómo fue la vuelta a la Bebop por parte de Spike, en el próximo capítulo, lo prometo, jeje.

Por último, agradecer como siempre a Angel Nemesis y a Kamimura vuestros comentarios, muchas gracias. No sabéis los ánimos que me dais para continuar con el fic, ya lo he dicho antes, pero me repito porque es verdad. Ah y si no os gusta algo, decímelo, de veras.

Saludos