5. Cats, Have They Got Seven or Nine Lives?

En el stand, anterior objeto de todas las atenciones por parte de los cazarrecompensas, el propietario se apresuraba por terminar de recoger toda su mercancía, disponiéndose ya a salir por la puerta de atrás del puesto cuando Spike y Jet interceptaron su marcha.

- ¿Dónde vas?¿No tienes algo que decirnos? – habló el mas alto de los dos de manera inquisitoria.

- Yo, yo no sé de qué me hablan. – Se echó hacia atrás algo intimidado.

- Ah¿no? – Insistió Jet.

- Yo ya me iba

- ¿No es un poco pronto para cerrar el chiringuito? La feria está en plena efervescencia. ¿No querrás quedarte un ratito más aquí con nosotros?

- ¿Por cuánto pensabas comprarle el software? – Añadió Spike haciéndole comprender de una vez por todas que no valía la pena andarse con rodeos.

- Yo no tengo tanto dinero.

- Entonces¿para quién haces de intermediario?

El dueño del stand se mostró algo reacio a desvelar la identidad de su cliente, pero el brazo mecánico de Jet asiéndole por la pechera le convenció de lo contrario.

- Bien… bueno… – carraspeó intentando controlar los nervios. – El SSGI quería comprobar si realmente tenía el programa.

- ¿Y el intercambio?

- Mas adelante, cuando se aceptaran las condiciones.

- ¿Qué condiciones?

- Yo que sé. – Jet tiró de él hacia delante, levantando levemente el peso del hombre del suelo para ayudarle a recordar más fácilmente.

- ¿Dinero?

- No, creo que no. Pero no me preguntes el qué, porque no se más de lo que ya te he dicho. Sólo algo de que ella fuera la primera.

- ¿Ella? – Repitió Spike. – ¿Quién?

Varias gotas de sudor que resbalaban por la cara de aquel hombre y su expresión atemorizada respondieron a los cazarrecompensas. Eso era todo lo que les podía ofrecer. La verdad, al fin y al cabo había sido más de lo que esperaban.

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Mas tarde, en la Bebop, como un déjà vu, el ventilador chirriaba impasible una y otra vez colgado en el techo de aquella media ruinosa nave. Se había hecho casi imperceptible para sus habitantes y no molestaba para nada al espigado cazarrecompensas que dejaba descansar su cuerpo en el sofá disfrutando de sus ya tan habituales siestas. Ni el ruido de los pasos de su compañero acercándose parecía turbar sus sueños. Éste último se paró enfrente del sofá observando con detenimiento la situación. El gesto relajado de su rostro hacía pensar que su sueño debía ser realmente plácido, como si ninguna preocupación pasara por su cabeza.

Eso era lo característico de Spike, fuera cual fuera el momento era capaz de echarse a dormir y conciliar el sueño rápidamente, tanto como si fueran detrás de una recompensa de poca monta como si el fango les llegara hasta el cuello, siempre encontraba un momento para dormir a pierna suelta sin pensar en lo que estaba ocurriendo, como si pocas cosas en este universo pudieran preocuparle de veras. A veces, bueno, muchas veces, no le comprendía. Mantenía la calma en las situaciones más importantes y después era capaz de comportarse como un niño en otras que bien no valían la pena. No entendía aquella pasividad en esos momentos, y en cierto modo le enervaba un poco, aunque en ciertas ocasiones, más bien raras, cuando se trataba de asuntos relacionados con su pasado en la organización, Jet había podido adivinar una tranquilidad en Spike no del todo natural, sino algo contenida. Pero allí estaba ahora, tumbado delante de sus narices sin importarle la luz ni los murmullos de Ed que llegaban desde la sala de mandos mientras tecleaba sin parar en su pseudo-ordenador o lo que fuera aquello que arrastraba a todas partes.

Le conocía desde hacia más de cuatro años, pero siempre llegaba a sorprenderle. Y en estos momentos, su forma de comportarse lo lograba. Ni siquiera había comentado nada sobre lo ocurrido en la Feria de Biotecnología, simplemente se había limitado a decir que la presa se agazaparía por el momento y que sería mejor regresar a la Bebop, ni una sola palabra más, como si lo que más le importara en esos momentos era correr a echarse la siesta. En cambio, para Jet la aparición de Faye había supuesto un cierto sentimiento de culpabilidad al tenerla de frente, tan lejana, tan distante de ellos, mientras la vida en la Bebop había recobrado la normalidad. Sentía como si de algún modo la hubieran traicionado, sin embargo no sabía muy bien que era lo que se debía esperar de él¿que fuera y llamara a Faye cuando ni siquiera sabía donde se encontraba?, no había oído nada de ella en los últimos tiempos, para avisarla primero que Ed y Ein habían regresado cuando ni ella misma se molestó en darse una vuelta para saber de su viejo camarada, y después cuando Spike volvió¿buscarla para contárselo cuando el mismo Spike no mostró interés alguno en preguntar qué había ocurrido con Faye, ni en hablar de nada que concerniera a aquellos revueltos días ni a recuerdos que supuso tan dolorosos? Jet no podía obligarle a hablar sobre ese asunto, se limitaba a dejar que las cosas fluyeran, ya era demasiado mayorcito como para que adoptara el papel de madrecita con Spike, las cosas nunca habían funcionado así. Incluso ignoraba cómo Spike había conseguido salvarse del infierno de fuego y destrucción en el que se convirtió el edificio de los Dragones rojos, tal y como lo calificaron en todos los telediarios e informativos, aunque, claramente omitieron incluir que se trataba de la sede de aquella organización mafiosa, un dato que todo el mundo sabía pero que no podían permitir decir en voz alta, declarando en cierta manera la pasividad o la excesiva permisibilidad de la ISSP en ciertos asuntos referidos a las distintas bandas que actuaban en el sistema solar. Era lo de siempre, cerrar los ojos y extender la mano.

Había trascurrido casi un año desde aquel incidente y unos tres meses desde que regresara a la nave, una noche fría pero apacible, en la que el viento apenas soplaba con fuerza y en la que las luces de la ciudad iluminaban el puerto con su habitual algarabía. Una noche como otra cualquiera. El ruido de la compuerta de la Bebop abriéndose no llegó hasta su pequeño cuarto de bonsáis, ni tampoco los pasos avanzando a través del corredor, ni vio como el inesperado visitante se cruzó con Ed y como ésta se paró delante de él y le sonrió recordándole solamente que llegaba tarde para la cena recibiendo como respuesta otra sonrisa y un gesto cariñoso de Spike revolviéndole el pelo. Jet no vio ni oyó nada que le hicieran sospechar, únicamente se encontró con aquello, con aquel hijo pródigo que regresaba al hogar con una sonrisa en los labios, al que no sabía decir que no y a quien se alegraba de volver a ver a pesar de la enorme estupefacción que le embargaba. Qué hacía allí, lo ignoraba. Cómo había llegado, también lo desconocía. Lo único que creía saber era que estaba muerto, sin embargo la voz de Spike le devolvía una realidad bien distinta.

- Hola Jet. – Sí, realmente se trataba de su antiguo compañero, nadie salvo él hubiera regresado después de tanto tiempo creyéndole muerto y hubiera saludado como tal cosa, como si simplemente hubiera salido hace un rato a comprar tabaco

- ¿Eh? – dijo aquel como única respuesta, todavía bastante anonadado como para ser capaz de formar una frase coherente o saber bien qué decir.

En ese momento se hizo un pequeño silencio, unos segundos en los que el universo se contrajo sobre si mismo y se detuvo, para volver de nuevo a expandirse como si nada hubiera ocurrido, continuando impasible creando y destruyendo estrellas, formando agujeros negros en los que la materia era absorbida y permitiendo que los cometas vagasen libres por el espacio infinito. Y en esos momentos en los que el destino del universo se decidía, Jet pudo contemplar que en la expresión de Spike algo había cambiado, la sombra de una carga se ocultaba detrás y solamente él que le conocía tan bien, era capaz de atisbarla. Quizás se debía al precio que había pagado por volver a la tierra de los vivos o el castigo de seguir vivo a su pesar.

-¿Todavía queda algo de comer? – Como si de un hechizo mágico se tratase, aquellas palabras devolvieron en un instante todo a la normalidad, a la habitual rutina que un día había reinado en la Bebop.

- Hay "Qing-jiao-rou-si"– contestó Jet sin mostrar ni una pizca de rechazo – pero sin carne. ¿Qué te parece?

- ¿Carne¿Pero ese plato lleva carne? – sonrió. Aquello provocó la risa de los cazarrecompensas que estrecharon sus manos en un cordial apretón, como si sellasen un pacto implícito que solamente ellos conocieran.

Y así fue. Quien le ayudó o cómo consiguió salvarse no lo sabía, qué hizo después de curar sus heridas no entraba dentro de sus conocimientos. Por qué no regresó antes, si es que iba a hacerlo, tampoco tenía contestación. Sabía que obtendría las respuestas con el tiempo, ninguno de los dos eran hombres de dar explicaciones, eso lo conocía.

Quizás más bien para pasar el rato que otra cosa, había elaborado distintas versiones de los hechos mientras le observaba dormir a pierna suelta. A lo mejor unas monjitas se hicieron cargo de él mientras permanecía casi inerme en un convento y a Spike le diera reparo confesarlo, aunque había pocas posibilidades de ello. No se imaginaba a ninguna hermanita de la caridad pasando casualmente por la sede en llamas de los Red Dragon pidiendo limosna y volviendo a la orden sin comerlo ni beberlo con un guiñapo humano. Aunque a lo mejor hubiera sido perfecto, encontrando quizás la paz que solamente las paredes de edificios tan sagrados contenían. Pero Spike había perdido demasiado y a pesar de haber tomado venganza, ésta fría o caliente, no es un plato que lleve aparejado el descanso, sino que más bien trae remordimiento y pesar. Aunque, quien sabe si este era el caso de Spike.

O quizás el mismo Dios, quien se encontraba abrumado por la responsabilidad y la pena de no poder salvar a todas sus criaturas y con la ausencia ese día de su amado arcángel Gabriel, quien era el único que podía mitigar su sufrimiento entonando con su arpa una de sus hermosas melodías, había decidido salvar la vida de uno de los miles de condenados que habitaban su universo y por los que nada se podía hacer.

Aunque eso tampoco le convencía mucho, una intervención divina le parecía demasiado rimbombante, una explicación que solamente los escritores podrían imaginar sobre todo en este mundo convulso en el que se encontraban. Mas bien, pensaba que se debía a su alma felina, tanto como si se tratasen de siete o de nueve vidas, todavía parecía que le quedaban unas cuantas por malgastar.

- Ah – Bostezó de repente Spike estirando los brazos hacia atrás todo lo que podía. – No hay nada mejor que echarse una cabezadita antes de cenar.

Jet sobresaltado y antes de que Spike abriera los ojos intentó disimular cogiendo una revista de la mesa en la cual se había sentado poco antes. No era muy normal que un hombre como él mirara a otro como Spike mientras dormía.

- ¿Estás pensando en teñirte la melena? – le preguntó aquel mientras se incorporaba ante la estupefacción de Jet que no sabía de qué le estaba hablando. – A lo mejor el rojo cereza te favorece.

-¿Qué? – Jet tardó unos segundos en comprender a qué se refería hasta que miró la portada de la revista que fingía ojear con gran interés. En ella se podía leer: "Descubre los nuevos colores que sacarán más partido a tu pelo: orquídea salvaje, rojo cereza, azul eléctrico, fresa morago…" y otra tanta retahíla de cosas por el estilo completaban la portada. – ¿Qué pasa¿No puedo estar al tanto de la actualidad? – Inquirió enfadado en un tono no muy convencido. Supuso que se trataba de alguna de las antiguas revistas de Faye que Ed había sacado del cuarto que una vez le perteneciera, las cuales le había dado reparo deshacerse de ellas y aún permanecían apiladas en un montón al fondo de aquel dormitorio.

- No, no, si me parece muy bien que quieras estar a la última. Pero como que no te veo utilizando los últimos tratamientos anticelulíticos… - Respondió Spike haciendo alusión a otro de los rótulos de la revista. – Bueno, aunque las cremas anti-edad a lo mejor no estaría de más que les dieras un repaso, porque ya vamos teniendo una edad.

- ¿Qué insinúas? Yo no me echaría una cosa de esas ni loco. Es antinatural. En los hombres, lo que marca su personalidad son precisamente sus arrugas y yo, no es que quiera marcarme un farol, me conservo bastante bien teniendo en cuenta las circunstancias…

Sin quererlo, Spike había picado en el orgullo de Jet.

- Vamos, que estás hecho todo un imán para las chicas. A lo mejor deberías pensar en cambiar de empleo. Aunque, una sala de boys contigo como estrella principal nos llevaría de cabeza a la ruina.

- ¿Quién está hablando de boys? Sólo estoy hablando…

- De tu gran atractivo sexual a pesar de tu edad. –Concluyó Spike burlonamente, tomándole aún más el pelo. – Aunque lo de hacer stripteases, por muy de buen ver que estés, con una niña de trece años por aquí no me parece buena idea…

- ¡Corta el rollo! – Sugirió Jet algo contrariado ya que Spike parecía tener una buena lista de comentarios mordaces que objetar sobre sus posibilidades como stripper.

- No te lo tomes tan a pecho. Yo sólo me preocupaba por Ed, podía producirle un shock del que difícilmente se recuperaría, ya me entiendes¿no? – Las risas de Spike inundaron la estancia contagiando a Jet a pesar de ser víctima sus bromas.

- Espero que eso último fuera en serio. – Advirtió Jet entre carcajadas mientras Spike se sentaba en el borde del sofá acercando el monitor hacia él.

- Depende de la consideración que tengas de ti mismo.

- ¿Qué quieres a hacer? – Interrumpió Jet al observar como intentaba con poco éxito conectarse a la red.

- A ver si encuentro alguna pista para encontrar a ese tal Marco

- ¿Eh? – Enarcó la ceja, sorprendiéndose que después de la ligereza de su conversación se acordara del asunto.

- Aunque estas cosas no se me dan para nada bien. – Aclaró mientras daba un par de golpes en uno de los lados del monitor.

- No hace falta que lo jures. – Le respondió apartando el aparato de su alcance antes de que diera buena cuenta de él. – Para empezar tienes que teclear SSW y no…

- Será mejor que te encargues tú, tienes mejor toque. – Cortó Spike rápidamente mientras se levantaba y se perdía pasillo adelante antes de que el otro pudiera decir nada, dejándole sentado en la mesa aún con la revista entre las piernas y preguntándose como Spike podía tener esa facilidad de hacerle apartar, e incluso olvidar, sus pensamientos mientras estaba presente y después dejarle a uno enfrascado de nuevo en ellos y sin haber sacado nada en claro.

- Qué¿hay algo para cenar? – La sombra de Spike se proyectó momentáneamente sobre la pantalla al acercarse por la espalda de su compañero, que ahora había pasado a ocupar el sillón.

- ¿Cómo quieres que haya algo si llevo aquí todo el rato? – Dijo Jet con cierto asqueo volviéndose hacia Spike.

Éste se encogió de hombros y se dirigió hacia el sofá, sentándose enfrente. Acababa de hacer sus habituales ejercicios pero no venía con el torso descubierto sino que llevaba una camiseta ancha y una toalla de mano alrededor del cuello que evidentemente había usado para secarse el sudor, aparte de sus típicos pantalones de entrenamiento. Apoyando sus piernas en la mesa se decidió a preguntar.

- ¿Y bien?

- El SSGI es el Instituto de Genética del Sistema Solar, que aunque de reciente creación, ha pasado a convertirse en el principal proveedor de las mayores clínicas privadas del sistema, gracias, entre otras cosas, a que ha sido la organización que más grandes adelantos ha llevado a cabo en el terreno de implantes artificiales y regeneración de órganos. Su interés por el software de regeneración de tejidos nos puede hacer pensar que todo este extraordinario crecimiento no se deba únicamente al esfuerzo personal de sus investigadores, sino a unos métodos menos científicos que digamos y algo más pícaros. Vamos, lo que se llama de toda la vida, robar. Aunque siendo justos, el espionaje industrial ha sido siempre una práctica habitual entre empresas, de todos consabida pero difícilmente demostrable.

Cuando acabó, Spike frunció el cejo en señal de fingida confusión ante la verborrea de información que le había soltado Jet en medio segundo y no tuvo más remedio que preguntar aquello que resultaba más que obvio.

- ¿Y de qué nos sirve todo eso del SSGI para atrapar a Marco Antonius?

- Pues…- Trató el fornido cazarrecompensas de encontrar algo que también él mismo se creyera, pero ante la falta de imaginación que le embargó tuvo que contestar lo que ambos sabían. – Pues para nada, la verdad, pero no hay otra pista para encontrarle.

En ese momento Ed entró en la habitación llevando en la cabeza el ordenador que había bautizado como Tomato, vete tú a saber por qué, y se sentó en un rincón. Sin mediar una palabra, se ajustó las gafas sobre los ojos y comenzó a balancearse de un lado para otro mientras navegaba en la red.

Los dos hombres que se habían callado ante la aparición de Ed y habían seguido con la vista a la muchacha se miraron un segundo y al instante Jet se levantó a preparar la cena.

Mientras cenaban, una sopa de verdura pero sin rastro apenas de verduras, uno de los tantos canales de noticias locales estaba puesto en la televisión, el cual parecía no atraer el interés de los tripulantes de la Bebop, salvo para Jet. Éste levantó la cabeza del plato y contempló en la pantalla a la joven y rubia presentadora del telediario mientras daba esta última información:

"Y las reyertas de nuevo amenazan la tranquilidad del barrio chino. Ayer una disputa entre delincuentes, acabó con la vida de cinco ellos y con el local de un pequeño comerciante, probablemente a causa de los efectos del alcohol puesto que…"

En ese momento, antes de que concluyese, Spike cambió de canal. Volvió a repetir dos veces la misma operación hasta que lo dejó en una película cualquiera. Jet guardó silencio mientras le observaba de reojo, quizás buscando las palabras adecuadas. El otro, sin embargo, continuó comiendo los últimos restos de su plato.

- Spike

Éste volvió la cabeza hacia él, sin embargo Jet se tomó su tiempo en continuar.

- ¿Sabes que muchas veces las noticias sobre peleas callejeras no son tales?

Spike contempló a su compañero sin decir nada mientras aquel intentaba explicarse.

- Quiero decir que ya sabes que hay veces que las disputas o venganzas entre las distintas organizaciones son disfrazadas como simples trifulcas entre delincuentes de baja estofa.

- ¿Y? – preguntó para saber hacia donde quería llegar.

- Pues que en los telediarios no se dice, para esconder el dominio que ejerce la mafia en las calles. – La expresión de Spike continuó imperturbable. – ¿Sabes lo que quiero decirte?

- No

- La mafia – Insistió.

- ¿Y? – Volvió a preguntar retirando el plato lejos de él mientras se recostaba en el sofá. Jet le observó allí sentado, totalmente tranquilo, sin mostrarle ninguna clave que le permitiera seguir con sus insinuaciones.

- Nada – Concluyó dándose por vencido de luchar contra aquella impasibilidad. – Será mejor que veamos Big Shot, es la hora.

Casualmente, nada más cambiar la musiquilla de la cabecera de aquella emisión terminaba, dando paso a los dos estrafalarios presentadores, que con su hilarante palabrería daban toda la información necesaria para saber quien de las inocentes personas que poblaban el sistema era en realidad un peligroso criminal. Ambos cazarrecompensas observaron decepcionados como ninguna de las recompensas que ofrecían les interesaba en absoluto. Y cuando el programa ya llegaba a su fin, una última noticia les hizo conservar la esperanza de que sus esfuerzos por encontrar a Marco Antonius no serían en vano, al escuchar que la recompensa que pesaba sobre su cabeza había sido doblada en un intento de acelerar su captura, pero que solamente se cobraría íntegramente si se recuperaba también el software sustraído, en un intento de que los cazarrecompensas evitaran que se filtrara al mercado negro.

- Excelente noticia, sino fuera por el hecho de que no tenemos ni la más remota idea de donde se encuentra. – Sentenció Jet

- A lo mejor si salimos y gritamos su nombre tenemos suerte y nos responde.- Bromeó Spike.

- No, si te parece, mejor aún, ponemos un anuncio buscándole y quizás incluso nos responda.

- Eso es mejor. – Apuntó con una media sonrisa sarcástica.

- ¡¡Cometas!! – Gritó Ed desde su rincón, al que siempre se retiraba cuando estaba en aquella especie de sala de estar.

-¿Cometas? – Repitió el más fornido de los dos. – ¡Ed! No tenemos tiempo para salir a jugar.

- ¡¡Cometas¡Volar cometas!

- ¡Que no¡Que no podemos! – Le reprendió Jet.

- ¿No tienes una ya? – preguntó algo mas comprensivo Spike haciendo girar su dedo en el aire repetidas veces.

- Eso es un molinillo. – Le aclaró el otro dejando escapar un resoplido de resignación a través de los labios.

- ¿Pues no es lo mismo?

- No. – Sentenció Jet mientras se pasaba la mano por la cabeza en señal de derrota. – ¿Es que nunca has jugado con una cometa cuando eras pequeño?

- Pues está claro que no¡toda la vida engañado! – Se quejó Spike cruzando los brazos a la altura del pecho y adoptando una expresión casi infantil.

- ¡Bueno, basta ya de tonterías! – Elevó la voz Jet algo asqueado.

Como si incluso a la propia Ed le resultara todo aquello demasiado surrealista, aclaró a qué se refería con lo de las cometas.

- A Marco Antonius le gusta volar cometas, o al menos le gustaba, porque pertenecía a un club.

- ¿Pero existe club de eso? – preguntó curioso Spike reclinándose hacia delante para prestar más atención a Ed.

- ¿De qué te extrañas?, si hasta hace un par de segundos pensabas que una cometa y un molinillo eran lo mismo. – Le respondió lógicamente su compañero.

- Se reunían en un local en la zona norte – continuó la muchacha mientras ambos hombres se acercaban a ella y al ordenador – en una especie de almacén. Aunque hace un tiempo que el club se cerró.

- Pero hay posibilidades de que pueda esconderse allí¿no? – dijo Spike observando en la pantalla la página web del club en la que constaban los nombres de pila de todos los miembros y varias fotos. En una, toda una serie de jóvenes posaban con las cometas en la mano. Marco Antonius se encontraba en primera fila al lado de una chica en silla de ruedas. Era la última foto que se había tomado el grupo antes de disolverse. Luego, entre otras más antiguas había una foto solamente de ellos dos juntos, él y la chica, de pies, ésta última sin ayuda de la silla. Sostenían entre los dos una cometa en forma de fénix escarlata y un trofeo mientras se sonreían cómplicemente. En el pie de foto se leía: Primer premio del concurso anual de cometas, año 2068, y el nombre de ambos: Marco Antonius y Kleops.

Spike permaneció unos segundos meditando en silencio sobre las fotos y la relación con aquella chica, hasta que Jet volvió a hablar.

- Bueno, pues tenemos nuestra pista. Mañana habrá que hacerle una visita¿te parece Spike?

Éste asintió con la cabeza.

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La habitación, en sombras como siempre, a pesar de la tenue luz que entraba por la ventana, cobijaba a una durmiente Faye. Tumbada en la cama de medio lado, parecía imbuida en una asombrosa paz. Solamente en sueños, conseguía alcanzar de vez en cuando esa ansiada calma, cuando no era consciente de su ser ni de su existencia. Sin embargo, este no era uno de esos momentos. Faye movió la cabeza en un pequeño espasmo y de repente la intranquilidad se adueñó del cuerpo de la joven, que nerviosamente comenzó a temblar a la vez que su respiración se tornó agitada. El sudor frío perló su piel al leve resplandor de la luz y su espalda se tensó mientras que sus manos aferraban la tela de las sábanas bajo ellas.

Las voces se mezclaban en su cabeza como ecos lejanos que no podía distinguir. Susurros inconexos daban paso a frases que no hacía más que repetirse paulatinamente una y otra vez sin que llegara a entenderlas. Las escuchaba envueltas en azul, en un sueño azul donde todo era azul y no había más que azul, nada más que el azul claro del mar cuando el sol incide plenamente sobre sus aguas, pero tan frío, tan gélido. Le helaba la piel tanto que parecía quemarla, aquel frío abrasador le recorría todo el cuerpo mientras se sucedían las voces que pausadamente continuaban repitiendo lo mismo.

"Estaré siempre animándote, recuerda que siempre seré tu mejor fan"

"Vi mariposas, las mariposas más bellas imaginables"

"Cuando un hombre es herido por un animal, el espíritu de éste entra en él para formar uno solo"

Y el azul continuaba, meciéndose enfrente de sus ojos, fluyendo, envolviéndola por completo casi como si nadara en un océano insondable.

"No todo lo visible corresponde a la realidad"

"El círculo es el principio y el fin, el pasado y el futuro forman uno con el presente"

"Él no vendrá por ti"

"No te alejes hacia el oeste"

Sus ojos se abrieron súbitamente, escapando de aquel azul. El gélido azul. ¿Cuándo había comenzado? No hacía mucho. Al principio no era más que simples flashes que rara vez interrumpían sus sueños y después se desvanecían. Pero últimamente, varias veces la había ocurrido lo mismo, que aquel azul apareciera en sus sueños y lo inundara todo. Sin embargo, esta noche había sido distinto, aquellas voces, las cuales algunas había llegado a reconocer, se habían unido al frío color hasta adueñarse de todo y hacerla despertar.

Tenía frío y sentía el sudor empapando su ropa. Se sentó en la cama rodeando con los brazos sus piernas flexionadas contra el pecho y apoyando la espalda contra la pared. El recuerdo de ese color aún permanecía en su mente, tan vívido como si lo tuviese delante. Lo que la faltaba pensó hastiada, que esto se volviera habitual. Observó la habitación hasta que sus ojos se acostumbraron a la penumbra. Todo descansaba en silencio. La extraña calma de las ciudades, cuando el mundo duerme o finge dormir, cuando los pequeños sonidos que por el día pasan desapercibidos son perfectamente audibles, como los pasos de alguien al caminar o el ruido de los gatos rebuscando en la basura.

Se levantó, las sábanas resbalaron por sus piernas al alejarse. Se paró enfrente de la ventana, la ventana a través de la cual miraba la ciudad. Su cuerpo bloqueó parte de la claridad que entraba de la calle abnegando aún más la habitación en sombras. Afuera, un coche pasaba por la carretera y los neones de los bares que permanecían aún abiertos parpadeaban cansados. Los sucios edificios con sus mugrientas escaleras de incendios parecían observarse unos a otros a través de las oscuras ventanas y las farolas no eran más que las cerillas que usaban para hacerlo. Pensó mientras se sentaba en el alféizar que toda aquella decadencia tenía algo de poético.

La luz bañó sus hermosas piernas al apoyarlas contra el otro extremo de la ventana. Y aquello le dio una nueva evasiva para no tener que pararse a pensar en todo aquello y en lo que había ocurrido por la tarde y dedicarse a dibujar con la mirada cada mínima curva de su piel desde el final de los shorts hasta la punta de los pies.

Sólo era su subconsciente, se dijo, jugándole una estúpida jugarreta y con respecto a lo de la feria de biotecnología, no quería darle vueltas. Lo único importante es que había fallado tratando de atrapar la recompensa, lo demás no interesaba. Ya hacía mucho que nada de eso formaba parte de su vida, qué más la daba que sus antiguos compañeros andaran por ahí. Eso no era su problema, que ese imbécil todavía siguiera vivo no iba a permitir que la afectase, ni odio ni rencor, nada, ni un pensamiento, ya no era la ignorante Faye que trazó lazos de amistad con aquellos, ya hacía tiempo que se había liberado de aquel lastre inútil.

Miró de nuevo a la calle, deteniendo la vista en una letra de neón que amenazaba con apagarse pero que tampoco terminaba de encenderse del todo. La observó casi sin pestañear, fijándose en cada leve detalle, en cada parpadeo. Alguien que la hubiera visto hubiera creído que se trataba de un ser de otro mundo, casi una hermosa y melancólica aparición que centraba su atención en un solo punto y olvidaba lo demás. Casi como si ella misma se diera cuenta de esto, se levantó y se dirigió a la cama tratando en su interior que nada la importunara de nuevo en lo que quedaba de noche.

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En el almacén, aparentemente abandonado o fuera de uso por lo menos, la tranquilidad no era la que se debía esperar, puesto que unos inquietos movimientos se desarrollaban en él. Marco Antonius estaba sentado en una mesa o especie de mesa, ya que se componía básicamente de un tablero enorme y unos apliques que servían como patas. A su alrededor, un montón de enormes estanterías que hacían las veces de paredes y de estantes llenaban el almacén. En el pequeño rincón más despejado en que se encontraba la mesa, también se hallaban otras estanterías, pero éstas eran de un tamaño más o menos normal y en ellas descansaban un montón de cometas de una gran diversidad de formas y colores, todas cubiertas de una capa polvo, al igual que los utensilios y materiales necesarios para construirlas que se hallaban desperdigados por doquier.

Más para matar el nerviosismo que otra cosa, Marco se entretenía dibujando en papel lo que debía ser el boceto de una nueva cometa. Un ligero ruido metálico captó su atención. Volvió la cabeza hacía atrás, mirando a su alrededor, hacia ningún lugar en especial puesto que el laberinto de estanterías le impedían conocer por donde se acercaría alguien si entrase. Esperaba algo mientras permanecía oculto en su escondite, una llamada o un correo electrónico para contactar con él por parte del SSGI, pero no esperaba ni de lejos una visita. Entre otras cosas porque nadie sabía que estaría allí, un almacén con cometas no era un lugar muy habitual para ir a buscarle para hablar sobre el intercambio. Permaneció atento a ver si el ruido se repetía, sin embargo pasó un tiempo y nada ocurrió. Así que siguió un buen rato más con su tarea. Estaba nervioso y no se molestaba en ocultarlo puesto que no había nadie allí a quien escondérselo y aquel nerviosismo provocó que al volverse para alcanzar algo de su espalda, la hoja de papel en la que dibujaba cayera planeando al suelo.

Soltó un suspiro resignado mientras se agachaba debajo de la mesa para cogerlo. Casi tuvo que ponerse a gatas para alcanzarlo y cuando salía, unas botas negras a su lado captaron su atención. Dio un respingo y a punto estuvo de golpearse en la cabeza con la madera. Miró al instante hacia el rostro del inesperado visitante que le apuntaba con una pistola.

- ¡Tú! – Un agudo gritito escapó de su garganta.

- Veo que no me has olvidado. – Le respondió Faye, devolviéndole un atisbo de sonrisa o algo que intentaba serlo.

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Bueno, siento haber tardado tanto tantísimo en actualizarlo pero creo que me ha entrado el famoso bloqueo del escritor o el pánico del escritor aficionado, puesto que me ha costado un montón terminar este capítulo, era ver la pantalla en blanco del ordenador y no salirme las palabras. (¡¡Ay, cuántas excusas pongo!!)

Puede que no me haya quedado tan interesante como los otros, pero quería mostrar las reacciones de los personajes ante lo ocurrido y como ellos no son mucho de hablar entre ellos, pues…de alguna forma había que ponerlo, (no os enfadéis con Spike y Faye, de alguna manera solamente se están haciendo los duros o no, quien sabe,jeje). Prometo que el siguiente capítulo tendrá más miga.

Como siempre agradecer a "mis niñas" sus reviews, bueno si ellas me permiten que las llame así, a Angel Nemesis y Kamimura (Kamimura, eres chica,¿no?, a ver si he metido la pata...) que me dan mucho ánimo y ganas de continuarlo. Y al resto, si es que alguien más lo lee, pues que me dé alguna señal de vida...jeje.

Besos…

Life is but a dream…