6. So Cruel
- ¿Creías poder escapar escondiéndote en un sitio como este?
- No – respondió Marco Antonius en un hilo de voz – pero confiaba en que los cazarrecompensas tardarían más en encontrarme.
Marco se incorporó del todo, apoyando su peso de nuevo en la silla y evitando mirarla a los ojos. Era incapaz de sostener aquella mirada.
- ¿Siempre eres tan sincero? – La joven dio un paso atrás, pero permaneció de pies apuntándole con la pistola.
- Qué le voy a hacer, ya da igual lo que diga. Nada te importará. – Su gesto parecía derrotado.
- Tienes razón. Veo que también tienes buena memoria.
- Es difícil olvidar a una persona así.
- ¿A qué te refieres? – Faye sintió curiosidad por sus palabras, aunque su semblante permanecía sobrio.
- A alguien tan hermoso y a la vez tan frío. – Marco Antonius volvió la cara hacia ella en un vano intento de hacerla sentir lástima.
- ¿Crees que si fuera otro te dejaría escapar? No conoces nada. A nadie le importará tu historia. – La voz de Faye era seria y concisa, pero sus duras palabras no iban acompañadas de ningún tono mordaz.
- Ya lo sé, pero la DCA Corporation…
- Sólo me interesa tu recompensa – le cortó la joven – así que me dirás donde tienes el software.
Marco miró el dibujo que aún permanecía entre sus manos, un fénix escarlata cuya cola volaba al viento. Sus manos le temblaron y volvió a hablar en un tono taciturno:
- ¿Tan importante es el dinero? – En sus palabras había una súplica implícita, había llegado demasiado lejos para que todo se acabara tan pronto.
- Dímelo tú.
- No me interesa el dinero.
- ¿Por qué lo haces entonces? – Faye bajó la pistola. Por una vez iba a escuchar lo que quisiera decir, si tanto tiempo la había hecho perder, podía concederle un segundo. Sin embargo, permaneció con todos los sentidos puestos en él, había demostrado anteriormente ser bastante escurridizo.
Marcó guardó silencio, así que Faye le ayudó a arrancar:
- O mejor dicho¿por quién lo haces?
- ¿Cómo? – Marco Antonius se sorprendió que ella intuyera su verdadero motivo y desconfiado se levantó de la silla alejándose unos pasos.
- Si sólo persiguieras la pasta no actuarías como si fuera el fin del mundo. – Le aclaró algo asqueada por lo que le pareció poca intuición de su parte.
- Es muy importante para mí – clamó intentando imprimir suficiente ímpetu que lograra emocionar a la cazarrecompensas, pero lo que el pobre Marco desconocía era que poco efecto surtirían sus vanos intentos por conmoverla.
- Para la DCA también le será importante el software que les robaste. – Respondió la joven sin quitarle un ojo de encima mientras miraba a su alrededor, sentía que tenía que estar alerta, aunque sin embargo, continuaba allí hablando con él.
- La DCA sólo quiere hacerse rica patentando ese software y guardando en secreto la tecnología, gracias a sus enormes contactos. Pasarán muchísimos años hasta que sea accesible a todo el mundo. Este software y los avances de que disponen en sus laboratorios suponen un salto cuantitativo en la regeneración interna.
Mientras escuchaba, Faye comenzó a sentirse irritada ante la vehemencia de sus palabras, ella nunca podría hablar sobre algo de esa forma, manteniendo la esperanza aunque supiera de antemano que todo estaba perdido. Esa manera de engañarse le pareció penosa y sin sinsentido.
- Te traicionará – sentenció Faye.
- ¿Eh? – Marco sintió que se le hacía un nudo en la garganta ante lo que ella insinuaba.
- La persona por la que haces todo esto. – Le aclaró si es que le cabía alguna duda de a quién se refería.
Faye dio un paso hacia él, zanjando en cierta manera el asunto. No le interesaba conocer más, ya se había cansado de tanta fruslería.
- No merece la pena arriesgar la vida por nadie. – Añadió fríamente con gran convencimiento.
Marco se sintió bastante intimidado ante la presencia y las palabras de aquella cazarrecompensas, pero aún así, intentó defenderse.
- No, no es verdad. – Su tono de voz era algo dubitativo.
- ¿Quieres un consejo? Olvídate y dame el disco. Cada minuto que pasa te acerca aún más a la muerte. En la cárcel, al menos conservarás la vida.
Marco negó con la cabeza lo que su garganta no le permitía. Faye avanzó otro paso hacia él empuñando de nuevo su pistola.
- ¿Crees que la DCA permitirá que esto vaya más lejos? Ahora mismo te buscan un puñado de cazarrecompensas que… – La joven se detuvo. La expresión de su rostro adquirió aún más seriedad al comprender el porqué de su constante intranquilidad y girando la cabeza a su izquierda apuntó el arma sin dudar en aquella dirección, liberando a Marco Antonius de su constante vigilancia.
Al instante, el ruido de unos pasos desvelaron el porqué de la persistente inquietud de Faye y una silueta apareció de detrás de las estanterías. Era evidente que llevaba un rato allí, de ahí que la cazarrecompensas hubiera sentido que tenía que estar alerta mientras hablaba con Marco.
Spike caminó hacia ellos, con las manos en los bolsillos y un cigarrillo en los labios, avanzando con su particular forma de andar. Su rostro completamente relajado y sereno como era habitual en él mientras se acercaba. Se paró a varios metros de ellos, en una posición en la que ambos se encontraban a igual distancia de él.
La intranquilidad de Marco se incrementó al ver aparecer a aquel otro cazarrecompensas de la Feria de Biotecnología, sin embargo no se dejó dominar por el nerviosismo.
- Sigues teniendo el corazón de piedra. Hacerle sufrir así al pobre hombre. – Habló el recién llegado con cierto tono irónico. El humo del cigarrillo se escapó por su boca uniéndose a la nubecilla que formaba ya de por sí la combustión del mismo.
Faye no contestó. Sostenía aún el arma en alto, apuntando hacia Spike. Su presencia allí no le sorprendió ahora que sabía que estaba vivo, conocía de su habilidad para encontrar pistas, al fin y al cabo había trabajado con él a su pesar. Sin embargo, le fastidiaba sobremanera que aquel imbécil estuviera de nuevo en medio, dispuesto a volver a entrometerse. ¿No podía permanecer escondido en su madriguera o donde diablos fuera que estuviera durante ese año¿Por qué tenía que volver a aparecer¿Por qué?
Bajó el arma sin mirarle en ningún momento a los ojos y la dirigió esta vez hacia Marco, ignorando por completo a su antiguo compañero. Sintió la necesidad de resolver el asunto cuanto antes, allí corría el riesgo de que el pasado volviera a tocar a su puerta.
- Nos volvemos a ver. Eres bueno. – Spike se dirigió esta vez a Marco Antonius.
Aquél le devolvió una mirada desconfiada. ¿Qué era lo que pretendían aquellos dos¿Habían estado desde el principio actuando en equipo para atraparle?, se preguntó. Sin embargo, a la vista del comportamiento de la mujer parecía que no era así y que incluso hubiera cierta rivalidad. No sabía muy bien qué era, pero resultaba evidente que a la cazarrecompensas le molestaba la presencia del otro.
- ¿Dónde está el software? – Demandó Faye dispuesta a terminar con tanta demora y tratando de evitar que Spike continuara metiéndose en el asunto, acentuando aún más la seriedad de su voz.
Marcó Antonius se mostró vacilante, reacio a contestar. El ruido metálico e inconfundible del seguro de la pistola de Faye resonó cuando ésta lo libró de él. Marco miró el arma y una gota de sudor recorrió su rostro, desde la frente hasta bajar por la mandíbula. El silenció embargó el almacén en una atmósfera de tensión hasta que la voz de Spike lo rompió:
- Sí que tiene que ser importante… – Spike parecía casi divagar para sí mismo que para el resto, adoptando una fingida y descuidada ignorancia – … un software para regenerar tejido…quizás a través de nanotecnología o vete tú a saber cómo…Veamos, para restaurar por ejemplo…el corazón,…los riñones,… los pulmones,… ¿médula espinal también¿o con tejidos nerviosos no funciona? Pero al fin y al cabo es un tejido y también abarcable por la revolucionaria tecnología a la que da acceso el software ¿no?
- ¿Cómo...? – Marco abrió los ojos de par en par totalmente sorprendido y casi como un acto reflejo, retrocedió un paso atrás, chocando contra una estantería.
- Eso sí que es realmente interesante puesto que es algo que la ciencia todavía no ha llegado a desentrañar. – Apostilló Spike observando la reacción de Marco que confirmaba la sospecha que tenía. Desde que había hablado con él en los servicios de la Feria, sabía con certeza que su motivación para hacer aquello era superior al mero hecho de obtener dinero a cambio y convertirse en rico, sino que se trataba de un motivo relacionado con los sentimientos, la parte emocional de uno mismo, un porqué demasiado fuerte como para cegar la razón de una persona y obligarle a hacer cosas impensables en otras circunstancias.
Faye permaneció en su lugar, estática mientras Spike había hablado insinuando ciertas cosas que no comprendía del todo, posiblemente porque no disponía de todos lo datos que quizás él ya tenía y, de hecho, parecía que no andaba desencaminado a juzgar por la respuesta de Marco Antonius.
Spike, por su parte, retiró el cigarrillo de sus labios, expulsando libremente el humo que envenenaba sus pulmones y que le envolvió por unos segundos elevándose lentamente para terminar disipándose. Siguió contemplando a Marco Antonius, sintiendo como su pecho se llenaba de nuevo con aire renovado para continuar y volvió a colocar de nuevo el cigarro en su boca reanudando tan placentera tortura para sus pulmones.
La joven de cabellos violáceos hizo ademán de decir algo, pero el sonido del teléfono repiqueteando en la mesa la interrumpió, sin que nadie hiciera intención de cogerlo. Estaba claro que Marco Antonius no iba a hacerlo, acorralado como se encontraba por Faye y Spike y que ellos dos tampoco iban a contestar. Así que el teléfono siguió sonando hasta que el contestador saltó y después del escueto y antiguo mensaje de disculpa por no encontrarse nadie en el club, una delicada voz de mujer comenzó a definirse.
- Marco, soy Kleops, sé que estás ahí¿por qué no lo coges?
La mujer parecía enfadada y se tomó su tiempo para continuar, casi como si quisiera poner en orden sus ideas.
- ¿No quieres escucharme? Así es como evitas oír lo que digo… como siempre… ¿Por qué no me hiciste caso? Me alejé para que no lo hicieras. ¿No lo entiendes? – Al decir la última frase la voz amenazó con quebrársele.
En el almacén, todos escuchaban inmóviles casi como si estuvieran congelados en el tiempo, incluso la ceniza que se amontonaba en el extremo del cigarro de Spike se resistía a desprenderse y permanecía amontonándose desafiando la ley de la gravedad.
- ¿Qué es esto¿Por qué me has mandado esto¿Qué pretendes que haga con ello? No lo quiero y nunca lo querré. No voy a hacer lo que me pides ¿No lo entiendes?... ¿Por qué lo has hecho?... No fue culpa tuya...
Las lágrimas impedían a la mujer continuar. Estaba llorando y los sollozos se entremezclaban con las palabras, a pesar de que hacía enormes esfuerzos por controlarse. Finalmente, fue capaz de lograrlo y conseguir hablar con normalidad imprimiendo cierta seguridad a lo decía:
- Mañana me marcho a Ganímedes, estaré lo suficientemente lejos de ti como para que me olvides, para que olvides todo y seas feliz. Así nunca lo serías. Llevaré conmigo esto y me desharé de ello en el mismo aeropuerto. No lo quiero. No te molestes en buscarme, no me encontrarías para hacerme cambiar de opinión…
Kleops se calló de repente, evitando que la voz se le descontrolara de nuevo.
- No hacía falta andar para volar cometas a tu lado… – las palabras a penas le salieron por la garganta y aquello no fue más que un susurro.
Colgó, el teléfono emitió un par de pitidos y enmudeció. Los dos cazarrecompensas permanecieron callados unos instantes, casi como si analizaran la información que acababan de recibir, mientras Marco, apesadumbrado, miraba hacia el suelo intentando digerir lo que había escuchado y buscando una solución.
- Ella es lo qué estás perdiendo ¿no? – preguntó Spike, comprensivo, haciendo referencia a lo que Marco Antonius le dijera en su anterior encuentro.
Éste siguió cabizbajo, casi como si fuera un niño y tuviera miedo de confesar una trastada a su madre y un halo de tristeza le envolvió.
- Pero la DCA no te lo pondrá fácil – Apuntó el cazarrecompensas.
- Me da igual. La DCA Corporation pretende mantener en secreto todos sus avances y beneficiarse de ellos el máximo tiempo posible.
Spike echó una mirada compasiva a Marco Antonius y de reojo miró a Faye que había bajado la pistola y permanecía con los brazos cruzados a la altura del pecho aún con el arma en la mano, seria, pero con cierta mueca de aburrimiento en la cara.
- La DCA – continuó el joven - pretende que cuando hayan desarrollado del todo la regeneración interna de tejidos, sea únicamente un tratamiento elitista para quien puede pagarlo.
- El SSGI no es muy diferente. – Indicó Spike revelándole que sabía también a quién pretendía venderle el software.
- El SSGI me asegurará que ella será la primera. – Se le escapó a Marco Antonius, nervioso porque Spike parecía conocer todos sus planes mejor que él mismo. Al instante, se arrepintió de haber hablado más de la cuenta, pero ya no tenía otra opción que explicarse del todo bajo la mirada inquisitiva de los dos cazarrecompensas.
- Me garantizarán que una vez pase las pruebas de laboratorio, Kleops será la primera que tratarán para que consiga volver a caminar. Tengo un acuerdo firmado, solamente con hacerles llegar el software ya habré cumplido mi parte.
- Pero te convertirás en un fugitivo – le recordó Spike, aunque era innegable que Marco ya había pensado mucho en eso.
- No me importa, solamente quiero que ella vuelva a andar. – El ímpetu de sus palabras sorprendieron a Spike porque eran dichas con total franqueza y le dieron una visión última de lo que aquel hombre había pretendido desde el principio. Aunque no le quedó más remedio que recordarle lo más importante:
- Me parece que tu chica no está muy de acuerdo. No creo que se lo haga llegar al SSGI.
- Solamente necesito entrar en contacto con el SSGI y ellos se encargarán, la convencerán cuando ella vea que es posible – se dirigió a Spike en una media súplica - no me importa ir a la cárcel, sólo quiero su felicidad…
- ¡Qué estupidez! – Cortó Faye, hierática – ¿Todo era por eso?
Ya había tenido bastante de cursilerías y sensiblerías por un día. ¿Qué era esto, un taller de costura o la caza de una recompensa? Y lo que más se preguntaba era por qué Spike continuaba con aquella pantomima, como si en realidad a él le importara algo el tal Marco Antonius. Había intentado ignorarle, pero ese falso interés unido al estúpido plan del otro hombre llegaron a crisparla en cierta medida, aunque consiguió conservar la ecuanimidad. Había ya pocas cosas que lograban sacarla de sus casillas, aún así, no quería ponerse a prueba.
- Pareces un niño de teta¿de verdad crees que a ninguna compañía le interesará ayudarte? En cuanto tengan el software romperán el acuerdo y se largarán dejándote tirado al igual que tu novia o lo que sea.
- No es cierto. – Marco Antonius se puso a la defensiva al escuchar a Faye hablar sobre Kleops. – Ella me quiere, aunque se aleje es solamente para…
Faye soltó una leve carcajada, aunque su semblante no adoptó gesto alguno de burla sino más bien de excepticismo.
- No deberías creerla. Las mujeres son todas unas mentirosas. – Spike giró la cabeza instantáneamente hacia ella y parpadeó varias veces ante la extraña familiaridad de las palabras de su antigua compañera. Alguien que conoció también dijo esas mismas palabras que habían quedado grabadas en su mente. Faye no pareció notar el interés de Spike y continuó hablando – Ella sólo quiere que la salves sin tener que seguir contigo.
- Sé que me quiere. – Reafirmó Marco Antonius casi no tanto para Faye como para él mismo. Aún así, quería que dejara de dudar de Kleops de una vez.
- Si de verdad te quisiera no huiría, estaría a tu lado pasase lo que pasase. – Sus palabras fueron claras y directas al igual que una máquina a la que no se puede rebatir porque utiliza solamente la razón y poco entiende de dejarse llevar por los sentimientos.
- Algún día nos volveremos a ver y ... – Marco intentaba buscar la respuesta más convincente pero le resultaba imposible encontrarla ante una mujer de la que únicamente sabía que él no le importaba nada.
Faye dio un paso al frente bajo la atenta mirada de Spike que, desde hacía un rato no había hecho más que atenderla con atención sin intervenir. Y siguió sin hacerlo cuando Faye volvió a hablar:
- Reproches, eso es lo que encontrarás si vas a buscarla. Eso hacen las niñas mimadas como ella.
- No continúes hablando así, tus palabras envenenan su dulce ser. Si quieres cogerme hazlo, pero no ensucies su nombre. – Marco Antonius se envalentonó al oír referirse así de su amada y avanzó hacia ella hasta quedar justo de frente, incitándola a que le atrapara de una vez. Faye no se inmutó, permaneciendo aún con los brazos cruzados mirándole directamente a los ojos, dejándole claro que su repentina valentía no le impresionaba y que tampoco sus palabras le impedían continuar pensando y hablando igual.
- ¿Todavía la defiendes?, tu estupidez es infinita. Sólo te libraba echándole la culpa a ella del martirio al que tú mismo te someterás cuando estés en la cárcel – Marco sostuvo su mirada, aquella mirada carente de emociones de la que nada se desprendía y que cuya seguridad casi asustaba. - Me refiero a la culpa porque tú echaste todo a perder.
Marco Antonius apretó los puños en señal de impotencia, no podía seguir escuchándola, pero no solamente se trataba de eso, porque retrocediendo hacia atrás, lanzó algo al suelo con todas sus fuerzas. Enseguida, una humareda blanca inundó el almacén, al igual que ya hiciera en la Feria de Biotecnología, parecía que se trataba de un truco recurrente. Seguramente se había hecho con ello en los pocos segundos en que no le habían prestado atención. Sin embargo, ahí no quedó la cosa, sino que también derribó una de las estanterías provocando que los cazarrecompensas tuvieran que esquivarla y él pudiera escapar con más facilidad.
Spike escupió el cigarrillo, tapándose la boca con una mano mientras con la otra sacaba la pistola de debajo de la chaqueta. No se veía nada alrededor y estaba sorprendido de la rapidez en que se había propagado el humo sin dejarles tiempo a penas para reaccionar. Antes de que Marco actuara estaba mirando a Faye por lo que no previó su reacción.
Escuchó a alguien corriendo antes que él mismo comenzara a correr hacia donde provenía el sonido, pero antes de alcanzar su objetivo el ruido de una bala retumbó en el almacén.
- No deberías utilizar dos veces el mismo truco con un cazarrecompensas. – Fue la voz de Faye la que escuchó a la vez que sus pasos acercándose al lugar al que él mismo se dirigía.
Marco, por su parte, sintió un fuerte dolor en el lugar donde había recibido el impacto y de repente, un intenso calor que después se fue extendiendo por toda su pierna. Cayó al suelo incapaz de sostenerse mientras la sangre brotaba libremente.
La humareda comenzaba a diluirse tenuemente y Spike empezó a escudriñar la silueta de una persona en el suelo y, por un momento, se temió lo peor, pero cuando el humo se disipó por completo, vio como Marco Antonius se inclinaba hacia adelante cogiéndose la pierna. Delante suyo se encontraba Faye que totalmente inexpresiva le miraba allí tendido.
- ¡Faye! – Spike se sorprendió a su pesar de la actitud de su ex-compañera y de su boca escapó su nombre, quizás como toque de atención o quizás temiendo que pudiera sobrepasarse con aquel hombre. Hasta ese instante, no había querido darse cuenta de que no sabía cómo iba a actuar Faye en cada momento. En un tiempo, ella había sido bastante previsible pero ahora tenía que reconocer que no sabía de qué era capaz.
Ésta le miró, en su expresión serena sólo un pequeño atisbo de irritación.
- ¿Qué quieres¿Por qué no te vas a joder a otra parte? – Unos extraordinarios ojos fríos se clavaron en los suyos por primera vez desde que había llegado, invitándole a que se largara.
- Yo también quiero mi recompensa – la recordó sin desviar la mirada.
- No le he matado – respondió Faye pasando la mano por su Glock 30, la pistola que siempre la había acompañado desde que despertara en este mundo. Spike esbozó una media sonrisa irónica.
- ¿No estarás pensando en dispararme?
- No serviría de nada, los muertos no pueden volver a morir. – Desestimó Faye apartando la vista de él, casi como si le molestara que aquello que había dicho no pudiera llegar a cumplirse.
Spike la observó allí de pies, vestida de la misma forma que el día anterior, aquella desconocida manera de vestir para él y aquel pelo más largo que le rozaba los hombros con cada movimiento. Sin embargo, no pudo detenerse mucho en pensar en eso, porque repentinamente su subconsciente le distrajo y otro pensamiento ocupó su mente. Algo que por el rabillo del ojo había captado y tenía que comprobar. Con todo el revuelo anterior de estanterías caídas, la mesa había cedido y el teléfono había salido volando por los aires hasta parar a pocos metros de él. Spike se acercó al aparato y dándole la vuelta extrajo un diminuto artilugio.
- Un micrófono – dijo como si alguien le hubiera preguntado de qué se trataba. Faye no le contestó y Marco Antonius le miró anonadado por el descubrimiento pero tampoco dijo nada, hacía tiempo que los acontecimientos le habían desbordado.
- Hmm, interesante - continuó – si tan importante es para la DCA que su tecnología permanezca en secreto, harán cualquier cosa para recuperarlo, incluso involucrarse ellos mismos.
Faye le miró, le repateaba que siguiera actuando de la misma manera, con esa seguridad y tan pagado de sí mismo, como si en todo momento fuera el único que supiera qué hacer e ignorándole se dirigió a Marco Antonius:
- Muévete – y como acto compasivo se alejó de él unos metros para alcanzar un trozo de tela con el que pudiera hacer presión sobre la herida.
Antes de que pudiera coger el trapo, una lluvia de disparos cayó sobre ellos haciendo que todos los objetos que descansaban sobre los estantes volaran por los aires. Unos cuantos hombres irrumpieron en el almacén armados hasta los dientes. Faye obligó a su cuerpo a rodar por el suelo y apartarse de la trayectoria de los proyectiles resguardándose detrás de una estantería. Aprovechó esto para hacer gala de su extrema precisión y de único disparó se deshizo de uno de los atacantes. Mientras, Spike hacía lo propio con otro e intentaba acercarse a Marco Antonius para tratar de ponerle a salvo. Faye, viendo esto, decidió rodear al grupo. A uno se acercó por detrás y antes de que pudiera darse cuenta, un disparo le atravesaba la espalda impactando directamente en el corazón, otro que intentó aprovechar el hecho de que estuviera cargándose a un compañero, una bala entre ceja y ceja le disuadió de ello, aunque su metralleta descontrolada disparó varios tiros que Faye esquivó fácilmente. A otro tuvo que perseguirle hasta la salida, comprobando así cuántos más se habían quedado en la retaguardia, sin embargo allí no había nadie más. Debieron creer que con los que iban eran más que suficientes para cargarse a quien se pusiera por medio. Del interior, varios disparos más le anunciaron el final de los que habían decidido ir por Spike. Pobres ilusos, pensó. Y de repente, como si se hubiera encendido un interruptor en su cabeza, sintió la extraña urgencia de alejarse de allí, de no seguir con aquello. No quería mezclarse sin más con aquel estúpido como si nada hubiera ocurrido¿qué iban a hacer¿repartirse el botín entre los dos como buenos cazarrecompensas? Eso no la apetecía en absoluto, que se quedara con él si quería, de hecho, él era el que había evitado que Marco Antonius acabara acribillado por los matones de la DCA Corporation. La próxima vez, si es que había, no le dejaría ganar y de todas formas tenía otro asunto que atender.
Dentro del almacén, Spike había terminado con el último hombre y acercándose a Marco Antonius comprobaba que se encontraba bien allí donde lo había escondido. Mientras, esperaba que Faye volviera a reclamar su recompensa. En el fragor de la pelea la había visto salir, a parte de acabar eficazmente con una buena parte de los matones. Realmente era buena, había mejorado bastante. Que recordara, siempre tuvo buena puntería pero bajaba la guardia constantemente y perdía mucho tiempo, ahora había sido certera al cien por cien, ningún movimiento que hubiera visto había sido en vano, todos con un propósito.
Los minutos pasaron y Faye no regresó, algo que extrañó a Spike que no podía creer que hubiera abandonado sin más dejándole a Marco Antonius para él solo, sin embargo eso era lo que parecía. Ningún rastro de ella cuando salió con Marco para llevarle a la comisaría de la ISSP.
A pesar de las buenas intenciones del ingeniero, aquello se había tornado muy peligroso para él, así que el sitio más seguro era la cárcel, lejos de las garras de los matones de la DCA, que habían decidido acabar con cualquier mínimo peligro que les desbaratara los planes. No le permitió que se comunicase con el SSGI como Marco le suplicó, no quería arriesgarse a que también ellos se pusieran nerviosos y recurrieran a matones a sueldo, poniendo aún más en peligro la vida de Kleops, que desgraciadamente, desde el momento que dijera por teléfono que el software estaba en su poder, ya era blanco de la DCA para recuperar su tecnología. Aunque, por ahora se encontraba a salvo hasta que se le ocurriera poner un pie en el aeropuerto.
El Swordfish II emprendió el vuelo hacia la comisaría con Spike y un apesadumbrado Marco Antonius.
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Faye llegaba tarde, pero no se apresuró, no le importaba que aquel agente de la ISSP tuviera que esperar. Abrió la puerta metálica que rechinó al hacerlo y accedió al aparcamiento subterráneo donde se suponía era el encuentro. Apenas unos cuantos coches ocupaban las plazas de garaje y estos no eran muy modernos que digamos si no más bien bastante destartalados. Clive apoyaba su espalda contra una columna mientras Faye avanzaba hacia él. Cuando llegó cerca, éste la sonrió de medio lado de forma seductora. Le complacía que Faye no llevara puesta sus habituales gafas oscuras y cuando se paró en frente suyo, pudo contemplar cuán verdes eran sus ojos aún bajo la mortecina luz de los viejos fluorescentes. Un verde duro e intenso como la superficie de una esmeralda, pero igual que ésta, tan inerte como ella. Sin embargo, este hecho no minoraba un ápice su belleza, tan etérea y carnal a la vez, que le confería un halo de misterio y sensualidad apabullante.
Faye le miró instándole a que hablara y dejara de observarla como un estúpido. Clive reaccionó y tosiendo se aclaró la garganta.
- Ha ido bien la cacería ¿no? – Afirmó el agente – Ya he oído que el hacker ha sido atrapado.
Casi como si aquél hubiera contado un chiste, los labios de Faye se curvaron formando una leve sonrisa irónica.
- Lo sabía – la cazarrecompensas habló para sí – ese imbécil no pierde el tiempo.
Era la primera vez que Clive la veía sonreír y aquello era más que sorprendente en la acostumbrada seriedad de su semblante, aunque su gesto era más bien de hastío, si es que podía decir que aquel rostro dejara pasar alguna emoción.
- Entonces¿no has sido tú?
Faye volvió su atención hacia él.
- No era un hacker – le aclaró haciendo mención a su anterior equivocación, si es que no lo había hecho adrede – pero, no te interesa.
- Sabes que lo puedo comprobar, soy policía¿recuerdas?
- Y tú sabes que a la ISSP no le importa nada quien le lleve las recompensas, así que deja de decir estupideces.
Bien lo sabía aunque no fuera ningún burócrata, puesto que no se solicitaba ningún dato a los cazarrecompensas y las transferencias se hacían a tarjetas monedero que cualquiera podía poseer y difícilmente rastreables. Ya había intentado hacerlo con aquella mujer, siendo en vano el intento. El universo era tan grande que uno podía llegar a desaparecer si se lo proponía con mucho que los antiguos terrícolas temieran al Gran Hermano, el ojo que lo controlaría todo un día. Aunque él había descubierto otra forma de obtener lo que quería saber.
- Bien, aclarado ese punto, dame lo que tienes de una vez. – Zanjó Faye con autoridad, hoy ya había tenido bastante como para aguantar muchas tonterías, aunque Clive se resistía a dejarla marchar tan pronto.
- ¿Por qué tanta prisa? – la preguntó sin esperar contestación. La cazarrecompensas le miró detenidamente y comprendió lo que intentaba, entretenerla, porque ese era el único poder que tenía sobre ella.
- No me gusta perder el tiempo. – Clive sonrió antes la inesperada respuesta pero no se sorprendió por la falta de delicadeza hacia él, de todos modos eso era una de las cosas que le atraían de ella
- ¿Eso es lo que soy¿una pérdida de tiempo? – bromeó aún a sabiendas de que aquella mujer no le permitiría ir más lejos.
Y así fue. Faye le lanzó una mirada helada, dejándole claro que no le merecía ninguna consideración, si no todo lo contrario. Aún así, Faye volvió a responderle:
- ¿De verdad quieres saberlo?
El hombre asintió con la cabeza.
- Me cansa tanta palabrería y me cansa aún más tu fingida ignorancia de que molestas. Deja de intentar hablar conmigo y limítate a seguir tu papel de policía corrupto que se vende por dinero.
La sonrisa de Clive desapareció de su cara al oír en palabras lo que ella pensaba, por mucho que él ya lo intuyese, y sin mediar palabra, le entregó el sobre que guardaba debajo de la gabardina. Faye inspeccionó el contenido sin molestarse en sacarlo y llevándose la mano al bolsillo extrajo otro sobre que le pasó a Clive.
Mientras Faye comprobaba que realmente le interesaba lo que aquel hombre le había ofrecido, Clive no se pudo resistir a dirigirse de nuevo a ella.
- ¿Puedo preguntarte una cosa? – Faye permaneció en silencio y no hizo intención alguna de dejar lo que estaba haciendo. En la lejanía uno de los fluorescentes emitió un leve chasquido y comenzó a parpadear insistentemente para luego volver a soltar otro ruidito e iluminarse del todo. Clive prosiguió – ¿Y cuál es tu personaje en esta historia?
La cazarrecompensas levantó la vista hacia él, desechando su interés en el sobre y guardándole en el interior de su cazadora de cuero. Por una vez la pregunta de aquel hombre le pareció interesante¿cuál era su papel? Era algo que no se había planteado, ella no actuaba de manera premeditada si no que su actitud, por distante que pareciera, le salía natural y no le apetecía nada perder el tiempo en buscar formulismos que agradaran a la gente, caer bien era algo que no le importaba en absoluto. Quizás hubo un tiempo en que lo tuviera en cuenta, en el que realmente le importara aunque lo negara, pero ahora, estaba claro que no era así. Aquella sociedad no le interesaba para nada, la encontraba vacía y sin sentido, en la que la gente no hacía más que crear una fantasía que llamaban felicidad aunque supieran de sobra que no eran más que unos pobres desdichados, aún así, ellos eran libres para hacer lo que les viniera en gana por muy patético que fuera.
Faye tardó un tiempo en contestar pero su respuesta no decepcionó a Clive, era escueta pero llena de complejidad a la vez:
- La sombra libre que llega silenciosa.
El agente de la ISSP frunció el entrecejo, meditando sobre lo que había dicho. Demasiado encriptado para que él averiguase a que se estaba refiriendo o más bien, demasiado enrevesado para que significase algo, aunque no le importó mucho, ese día había algo que sabía de ella, algo sobre el cual había tenido curiosidad desde el día en que la conoció.
Faye, por su parte, comenzó a caminar, dando por sentado que con su última respuesta la conversación quedaba concluida, aunque cuando sólo llevaba unos cuantos pasos andados, las palabras de Clive hicieron que se parara en seco:
- ¿Y Faye Valentine no echa de menos su sombra?
Se volvió en el sitio, una oleada de rabia le invadió por momentos. No le gustaba ni un pelo aquella intromisión y menos por ese palurdo.
- ¿De qué narices vas? – le inquirió con voz grave mientras se acercaba de nuevo. La cara de éste, que pretendía ser inexpresiva, le reveló cierta satisfacción.
- ¿Te molesta que sepa tu nombre?, Faye. Yo creo que iba siendo hora.
Ésta no le contestó. Aquello le dio señal de que realmente estaba molesta y por eso continuó.
- La verdad es que no se me ocurría ningún sitio por donde comenzar a buscar, pero tus palabras, tan seguras, refiriéndote a la antigua fiesta de la primavera de la Tierra, me dieron la clave y nada más fácil que ir al registro de criogenización, aunque sólo figura tu nombre y nada más…
Faye se paró enfrente, los brazos cruzados sobre el pecho, esperando que terminara. Mientras retrocedía, la ira que raramente la dominaba fue diluyéndose al mismo ritmo que la actitud de Clive le descubría que conseguir sacarla de sus casillas era su intención. Si tuviera por hábito reír a menudo hubiera soltado una carcajada ante tal idea. Cómo se notaba que no la conocía aún.
Clive que había finalizado su monólogo permaneció expectante
- ¿Esperas que te pegue? – le preguntó Faye con un tono sardónico. – No sabía que eras tan patético.
Éste se sorprendió más por la pasividad de la cazarrecompensas ante sus averiguaciones, ella que era tan hermética, que por la mofa de sus palabras, y optó por quedarse callado.
- Estoy harta de gilipollas como tú y si he podido soportar e incluso... – se calló, desechando lo que iba a decir volvió a proseguir - …a uno más grande que tú, contigo no tengo ni para empezar. – Su expresión era de desprecio y no de enfado como Clive habría podido suponer. Aquella cazarrecompensas era impredecible, nunca podría llegar a ejercer ningún tipo de influencia sobre ella, nunca alterarla para que mostrase algo que no tuviera aprehendido de antemano, algo que le revelara que tenía sentimientos, que le demostrase, que aunque le odiase, no era totalmente indiferente para esa mujer. Y así permaneció pensativo mientras Faye se alejaba, esta vez definitivamente, y cuando desapareció de su vista, continuó allí parado, apoyado en la columna durante un tiempo hasta que se decidió por largarse también, acercándose antes por una papelera de metal que descansaba medio inclinada y sacando del bolsillo el sobre que Faye le había entregado anteriormente, lo estrujo y lo lanzó en ella sin detenerse en mirar si había encestado o no. A su paso, el mismo fluorescente que antes había amenazado con apagarse, comenzó a parpadear de nuevo y se extinguió definitivamente.
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Bueno, pues ahí va otro capítulo. He tardado más de lo que pensaba porque este mes no ha sido muy fácil para mí que digamos y aunque ya casi lo tenía escrito no me animaba a terminarlo, aún así espero que os haya gustado, creo que es interesante ver las incipientes reacciones de los dos.
Ah, tengo que disculparme por el lenguaje utilizado por Faye en algunas frases, espero que nadie se haya sentido ofendido, pero ya sabéis que esta Faye es una tipa dura y se las trae, jeje.
Bueno, como siempre agradecer sus reviews a "mis niñas" (Angel Nemesis y Kamimura) que me han dado permiso para llamarlas así y que no sé qué haría sin sus comentarios, y también a AkikoSamaN que con los halagos que me ha dedicado estoy todavía roja de los colores que me ha sacado…
Saludos…
Life is but a dream…
