7. Little Girl Blue
La puerta metálica se abrió de golpe y un hombre cayó al mugriento suelo de la callejuela, golpeando contra un cubo de basura. Al instante, uno de los matones de los Red Dragon salía por la puerta seguido de otros tres, que rodearon a la persona que yacía doliente entre los restos de inmundicia.
- Perdona¿qué habías dicho? He creído entender que no estabas dispuesto a pagar. – Le preguntó el que parecía el jefe del grupo.
- Eso es lo que me ha parecido oír a mí también – rió uno detrás de él, con una botella en la mano.
El hombre en el suelo intentó levantarse, pero éste último que había hablado, cortó todos sus esfuerzos, al darle una patada en el estómago.
- ¿No nos has escuchado? Te hemos preguntado qué has dicho – insistió dando un trago a la bebida.
El hombre siguió sin contestar, y solamente emitió unos gruñidos de dolor al intentar moverse.
- Mira como se arrastra, es penoso – Estalló en carcajadas otro de los matones, uno con el pelo tan largo que le llegaba por la cintura. – Pásame la botella, me entra sed sólo de verle. – Añadió alargando la mano a su compañero. Éste le cedió la botella, pero sólo por un segundo, porque en el momento en que el otro bebió, volvió a adueñarse de ella.
- ¡No te pases! La he comprado yo – Se quejó echando una miradita al hombre que conseguía ponerse de rodillas, tambaleante como una hoja mecida por el viento.
El jefe adoptó una expresión de asqueo y ante esto, el matón de la botella actuó sin pensarlo dos veces intentando complacerle, dándole un puñetazo a su víctima.
El cuerpo de aquel volvió a caer rebotando contra el pavimento.
- ¡Para ya! – Ordenó el cabecilla, volviéndose a su subordinado – No te he dicho que hagas nada, imbécil.
Y se acercó al hombre tendido y agarrándole de la camisa consiguió ponerle en pie.
- Esto puede ser muy sencillo. Si quieres nuestra protección tienes que pagar.
- Pero si no la quiero, vosotros me obligáis a que la quiera – Respondió el hombre sangrando por la boca y con la mirada perdida.
- ¡Eso es! – Apuntó el jefe – En nuestro territorio nosotros cuidamos de los nuestros.
- Intimidar y matar¡eso es lo que hacéis! No necesitamos vuestra sucia ayuda. – Le escupió furioso, salpicando de sangre la ropa del jefe.
- ¿Estás diciendo que no? – Le preguntó aquel, mirando al tipo de la botella mientras lo hacía, dándole a entender que si esa era su respuesta, le dejaría en sus manos. – No nos hagas perder el tiempo. Tenemos otro asunto entre manos.
Aquel de la botella, envalentonado de nuevo, dio un paso al frente dispuesto a darle lo que creía merecido ante tal falta de respecto hacia los Red Dragons. Y como aviso, le propinó un puñetazo en el estómago que hizo que cayera al suelo medio grogui.
- ¡Eh¿Dónde está Dick? – Le interrumpió el matón del pelo largo mirando hacia atrás, hacia donde se suponía estaba su otro compañero, el único que no había hablado.
- ¿De qué narices hablas? - Le respondió sacando la pistola.
- Estaba aquí hace un segundo.
- ¡Deja de decir gilipolleces y mira dentro! – Le inquirió el jefe.
Aquel hizo lo que se le ordenaba. Apuntando con su pistola, pero nada más poner un pie en el interior, comenzó a disparar hacia su derecha. Al instante, caía de espaldas con dos balas en el pecho.
- ¿Qué hostias es esto? – Preguntó, nervioso, el de la botella apuntando a la cabeza del hombre al que intimidaban - ¿Has contratado a alguien para que te defienda?
- No…yo…no – Dijo el otro desde el suelo sin levantar la vista, temeroso, antes las intenciones de aquel.
Antes de que pudiera pensar ni siquiera en apretar el gatillo, una bala hiriéndole en la mano hacía saltar por los aires la pistola, perdiéndose entre los cubos de basura, y otro disparo incidía en su abdomen, haciéndole caer hacia atrás, rompiendo la botella que sostenía aún.
El cabecilla de todos, antes de que algún disparo le hiriera, conseguía esconderse detrás de la puerta metálica, intentando cerrarla y golpear con ella a su atacante. Pero éste, más rápido, rodó por el suelo y fue él, quien le dio con la puerta haciéndola girar en el otro sentido. Desorientado, el jefe disparó dos tiros herrados antes de quedar fuera de combate.
- ¡Ya verás! – Resonó en la callejuela la voz del matón de la botella, que blandiendo parte del vidrio roto, cortaba por la espalda y por sorpresa, el costado del atacante, que dándose la vuelta, no pudo esquivarle del todo.
El matón se rió ante su efímera superioridad, creyendo que podría repetir su juzgada. Sin embargo, aquello no fue así, sino que una patada le hizo volar hacia atrás, con tal mala suerte que su cuello aterrizaba encima de su mano y del cristal que sostenía, seccionándole la yugular.
Cuando el hombre al que habían estado extorsionando los Red Dragons se levantó del suelo, ya no había nadie allí a quien agradecer la ayuda, salvo los cadáveres de los cuatros matones como macabra prueba de lo ocurrido.
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"No todo lo visible corresponde a la realidad"
"Sólo pretendo encontrar la salida"
"Cuando el corazón de un hombre se aleja de la naturaleza, se vuelve árido como las dunas de Titán"
Navegaba en un mar azul, con su consciencia perdida en la inmensidad de sus aguas, sus sentidos aletargados y su cuerpo incapaz de reaccionar, imposible de huir de aquel influjo. Y las voces pasaban enfrente suyo, como si estuvieran escritas en el aire, como si estuvieran impresas en esa marea azul.
"Él no vendrá por ti"
"Cuando un hombre es herido por un animal, el espíritu de éste entra en él para formar uno solo"
"¿Quieres morir?"
Su mente buscando una salida seguía navegando en la corriente de abrasador azul. No sentía piel, no tenía huesos, no poseía corporalidad. Notaba como si aquello pudiera atravesarla, pasar a través de cada célula de su cuerpo. Bueno, al fin y al cabo, somos nada, entre átomo y átomo de nuestro ser existe tanto espacio que se puede afirmar que somos más nada que algo, y ella sentía como esa microscópica realidad la envolvía y sus átomos se fundían, se teñían de aquel azul.
"Caminaba por el mundo y pensaba que estaba soñando"
"Si voy, desde luego no será por ti"
"No te alejes hacia el oeste"
Misterioso azul, que reflejaba las palabras como el agua hace con los rayos de sol. Gélido azul, sumergida en sus dominios, familiar azul, perdida o renacida, o solamente siempre dormida. Dormida en un sueño infinito soñando que despertaba.
Sus ojos se abrieron de repente. El mundo apareció de nuevo antes sus pupilas, no más azul, si no toda una gama completa de colores en los que elegir en la calidez del atardecer. Se incorporó hacia atrás con cierta dificultad, apoyando su cuerpo en el asiento de su MONO Racer. Tenía todas las articulaciones anquilosadas de haber estado un buen rato durmiendo contra el panel de mandos, sin recordar el momento preciso en el que había sucedido. Intentó estirarse, buscando que su cuerpo recobrara la flexibilidad, si no toda, por lo menos la movilidad sin dolerle cada músculo.
Tomo aire, normalizando su respiración, que aunque no muy agitada, sí algo alterada. Un escalofrío la recorrió por completo cuando su cuerpo comenzó a acostumbrarse al calor del interior de la nave, al que había rehusado desde que el azul había interrumpido en su letargo. ¿O no había interrumpido? No recordaba nada anterior, ningún sueño. Sólo aquello.
Se pasó la mano por la frente, limpiando un par de gotitas de sudor. Estaba comenzando a cansarse de aquello, así que prefirió alejarlo lo más rápido posible. Guardó la nave en el garaje que tenía alquilado en aquel hangar y comenzó a caminar adentrándose en las calles, mientras la noche se adueñaba de la ciudad. Se dirigió hacia la familiar calle por la que otras tantas veces había pasado. Locales que comenzaban su decadente ajetreo, abriendo sus puertas a los perdedores que se agolpaban entre sus paredes, en sus mesas, entre sus vasos repletos de alcohol y las cenizas de sus cigarrillos.
Entró en aquel bar, el club al que solía ir. En el extremo de la barra, su sitio estaba vacío, casi como si fuera a ella a quien esperase. Se sentó en él, justo en el momento en que la música, que se había detenido unos segundos, volvía a sonar. Tan triste y melancólica como siempre, tan perfecta para el lugar, para aquella ciudad, donde la penumbra se imponía sobre la claridad, donde el humo de los cigarros sustituía en el interior del local al oxígeno que respirar.
Sit there and count your fingers
What can you do?
Old girl you're through
Just sit there and count your little fingers
Unlucky little girl blue
Una voz de mujer comenzó a cantar con voz profunda y sensual, mezclándose armoniosamente con los pausados acordes del piano que la acompañaba. Faye volvió su cabeza hacia ella, mientras sacaba un cigarrillo a medio partir del bolsillo de la chaqueta, que encendió y dejó entre sus dedos comenzar a consumirse.
Una belleza rubia en un vestido negro. cantaba en un rincón a la tenue luz de una de las lámparas. Una gota de sudor resbalando por su cuello la mimetizaban con aquel lugar, donde el calor era húmedo y pegadizo. Hasta los vasos parecían notarlo, desprendiendo gotitas que bajaban lentamente por el cristal. Faye lo observó también y alargando su mano hacía un vaso abandonado en la barra, detuvo el camino de una de esas gotas, humedeciéndose así la yema de su dedo.
Just sit there and count the raindrops
Falling on you
It's time you knew
All you can count on
Are the raindrops
That fall on little girl blue
El camarero, mientras servía a varios clientes, observó a Faye. La mirada perdida, quizás viendo cosas que nadie imaginaría, alejándola diez mil kilómetros del resto de personas. Ausente, imbuida en otro mundo al que nadie podría acceder. Los habituales, aún así, seguían regalándose la vista en ella, en aquella extraña mujer que atraía como un imán, aunque ya nadie se atrevía a incomodarla. El calor que inundaba el local parecía no afectarla, permaneciendo con la chaqueta puesta y cerrada hasta mitad de pecho, escondiendo sus formas, ocultando en parte aquel cuerpo de escándalo que todos deseaban y que nadie tocaría. No se imaginaba quién podría llegar alguna vez a ser merecedor de aquellas curvas, pero ninguno de los fracasados presentes en el bar lo sería nunca, ni llegarían siquiera a conseguir una sonrisa de sus labios de pecado.
No use old girl
You may as well surrender
Your hopes are getting slender
Why won't somebody send a tender blue boy
To cheer up little girl blue
- ¿Un whisky? – le preguntó con gesto amable el camarero colocando un cenicero enfrente de ella.
- Un vodka con hielo – Le respondió sin mirarle.
- ¿Un vodka? – repitió como un loro el barman ante aquella inusitada elección.
- Con whisky no se puede brindar. – Aclaró Faye sin pararse a pensar en que lo hacía.
El camarero volvió al poco rato con dos vasos, uno con hielo que situó en el lado de Faye y otro vacío en el suyo. La joven miró con curiosidad como vertía el contenido de la botella en ambos vasos.
- No se puede brindar solo – Alegó el camarero – Trae mala suerte.
Cuando hubo terminado de llenarlos, volvió a dirigirse a ella:
- Entonces¿por cuál es el brindis?
Hubo un pequeño silencio hasta que Faye contestó.
- Por los muertos – En ese momento alzó la vista hacia aquel hombre – Para que nunca se levanten de sus tumbas.
El camarero quedó dubitativo un segundo con el vaso en la mano. No era muy usual aquel tipo de brindis, pero ¡que demonios! no esperaba nada más adecuado en aquella mujer. Haber deseado dinero, salud o amor como hubiera hecho la inmensa mayoría le hubiera decepcionado, así era esa enigmática mujer a la que devolvió una mirada comprensiva y con gesto protector, al fin y al cabo, le despertaba bastante simpatía.
- Por los muertos, pues.
El hombre de mediana edad bebió un trago. Faye, sin embargo, apuró su copa de un tirón fijando su vista lánguidamente al frente y olvidando al camarero, que volvió a su quehacer al entrar una pareja y acomodarse en la barra, dejándola, como bien sabía, en su deseada soledad.
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Era ya tarde cuando la nave de Spike aterrizó en el hangar de la Bebop. Jet acababa de colgar el intercomunicador cuando Spike entró en la sala de estar con las manos en los bolsillos. Su habitual contacto de la ISSP le había suministrado una información para nada reconfortante, relacionada con aquella organización mafiosa cuyo nombre sonaba en sus oídos como una vieja canción. Así que no pudo evitar lanzar una mirada inquisitiva a su compañero, ante la tardía hora de regreso después de capturar a Marco Antonius. El otro, sin embargo, se sentó en el sofá sin decir palabra, apoyando los pies sobre la mesa.
- Ya iba siendo hora. Pensé que los matones de la DCA te habían dado más problemas después de que me llamaras. – Dijo Jet, circunspecto, pero con un idea fija en la mente, un pensamiento que le rondaba desde hacía días.
- Eso fue coser y cantar. Unos pajaritos bastante débiles.
- ¿Hubo algún problema en la comisaría?
- No – respondió aquel, sucinto, sacando un cigarrillo de la pseudo-cajetilla que llevaba en su bolsillo.
- ¿Entonces? – Insistió Jet actuando de forma interrogativa, intentando averiguar qué había estado haciendo.
- Estuve por ahí
- ¿Por ahí? – Le miró desconfiado – ¿Eso es todo? Te estaba esperando para ir a comprar combustible…
- Vi a Faye. – Pareció recordar Spike mientras buscaba en sus bolsillos el mechero, haciendo que el ex-policía abandonara momentáneamente su suspicacia.
- ¿Cómo¿Faye? – Preguntó extrañado Jet, ya que cuando Spike había contactado con él mientras llevaba a Marco Antonius ante las autoridades y le pusiera al corriente de todo lo ocurrido, había omitido ese detalle.
- También fue a por Marco Antonius al almacén. – Aclaró un poco más con tono indiferente, encontrando por fin el encendedor en sus pantalones. Jet quedó pensativo durante unos instantes ante la poca importancia que parecía proferirle al hecho, por lo menos, delante suyo.
- ¿Y qué paso? – preguntó por fin.
- Nada, se fue y me dejó la recompensa. – Respondió Spike, simple y llanamente, apoyando el peso de una de sus piernas sobre la otra y llevando el mechero a su boca, con el fin de encender el cigarrillo y volver a sentir aquel amargo sabor adueñándose de su garganta y bajando a sus pulmones.
- ¿Así, sin más?
- Sí – Alegó de nuevo de manera lacónica, aspirando el aire hacia adentro, lo que provocó que la punta del cigarro se iluminara vivamente durante unos instantes.
Ambos quedaron en silencio, Spike soltando lentamente el humo entre sus labios y Jet con la vista perdida en el borde de la mesa, siguiendo la silueta de ésta recortada contra el suelo, pensando en la actitud de Faye, especulando sobre el comportamiento de Spike e inquieto por las últimas noticias que le había facilitado su ex–compañero de la ISSP
Jet observó de reojo a Spike, la delgada figura recostada contra el respaldo del sofá y el humo formando una pequeña nubecilla sobre él, igual que aquellas viejas locomotoras de tren que aparecían en las películas del Oeste. La perfecta y habitual impasibilidad de aquél se desvaneció durante un segundo, cuando al llevarse las manos detrás de la nuca, un gesto de dolor cruzó momentáneamente su rostro, como si aquel simple movimiento le resultara incómodo.
- ¿Te duele? – inquirió el fornido cazarrecompensas intencionadamente.
- ¿El qué? – preguntó Spike, extrañado, lanzándole una mirada de soslayo.
- El costado – aventuró Jet, buscando comenzar lo que según su parecer se había demorado demasiado.
Spike no respondió, limitándose a bajar sus brazos y apartar el cigarrillo de su boca, a lo que el otro añadió:
- ¿Sabes que ha habido un ataque a los Dragones Rojos esta misma tarde?
Spike, simplemente le miró en silencio.
- Y que no es un hecho aislado. Mismamente anteayer, también les tendieron otra emboscada.
Jet esperó alguna reacción por su parte, un indicio, ahora que le hablaba abiertamente del asunto, sin dar más rodeos ni tirar más indirectas.
- ¿No sabrás algo de todo eso?
- No – Sentenció Spike apartando la vista hacia otro lado y volviendo a llevarse el cigarrillo a los labios.
- ¿Por qué debo creerte? – Desafió Jet con tono autoritario, buscando que le diera alguna explicación que le ayudara a convencerse de lo contrario, pero éste se dedicó a seguir su acostumbrada rutina, no aclarar nada:
- No tienes porqué creerme.
- Entonces, dime donde has estado. – Demandó Jet conociendo de antemano que su compañero no le respondería.
Se hizo un silencio, un tenso silencio hasta que Jet decidió soltarlo todo de una vez.
- ¿Crees que me chupo el dedo? Dos misteriosas ausencias por tu parte que nunca puedes explicar y al rato me entero de lo de los Red Dragon, no hay que ser muy listo para atar cabos. Y a saber cuánto tiempo llevas tomándote venganza sin que se haya relacionado nada. ¡Caray! Spike, no pensé que volvieras a lo mismo después de acogerte de nuevo en la Bebop y después de no haberte preguntado nada sobre ese asunto, para no abrir viejas heridas.
El rostro de Spike adquirió una mueca sarcástica ante tanta consideración por su parte.
- ¡Y ahora continúas igual! Al menos merezco un poco de respeto ¿no crees? Por lo menos deberías haberme avisado de que estabas poniendo en peligro nuestro pellejo.
- No tengo ni la más remota idea de lo que me estás hablando – Sentenció Spike ante la creciente indignación de su compañero.
- ¡No me tomes por tonto! – Golpeó la mesa con el puño, visiblemente contrariado.
- De veras.
- ¡Venga ya! No me digas ahora que todo ha sido casualidad y ellos mismo se decidieron inmolar en grupo cuando tú, extrañamente, desaparecías y volvías manchado.
Spike se encogió de hombros perdiendo por momentos su pasividad.
- Llevan ya varios ataques a los Red Dragon, los otros no han pasado a la opinión pública, pero esto es demasiado y en ningún caso se tiene la menor pista del autor de los hechos. Y resulta que el otro día, vienes con la camisa manchada, vete tú a saber de la sangre de quién, y hoy Dios sabe, si no estarás herido debajo de la chaqueta¡así que no me vengas con excusas!
- Si eso es lo que piensas, entonces no necesitas explicaciones.
- ¿Eso crees?
- Me voy a dormir, mañana voy a ir al aeropuerto – Se levantó del sofá – Si quieres o no acompañarme, me trae sin cuidado.
Spike abandonó la estancia, adentrándose por uno de los corredores de la nave, mientras Jet le observaba alejarse sin poder evitar soltar un suspiro de impotencia, mientras se pasaba la mano por la calva. Esto no contribuía, para nada, a que el pelo dejara de caérsele con cada nueva preocupación.
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La joven de cabellos castaños apretaba nerviosamente el bolso contra su regazo, por momentos nerviosa, por momentos más serena en el interior del taxi. Una mano femenina se posó encima de las suyas y con un gesto tranquilizador intentó calmar su inquietud. Ya todo estaba decidido, así que sólo faltaba unos pocos metros y abandonaría el planeta durante una larga temporada. Solamente, tendría que deshacerse de aquella cosa que Marco le había enviado y todo acabaría por fin. Sin embargo, no estaba del todo segura de porqué no se había deshecho ya de aquello, en vez de esperar al último momento. ¿Esperaba todavía una salvación, esperaba que todo volviera a ser como antes, como si se despertase de un mal sueño y descubriera aliviada que nada había sido real? No lo sabía, pero lo que sí sabía era que había tomado una decisión.
En el aeropuerto o espaciopuerto según la preferencia, puesto convergían tanto vuelos desde el mismo planeta como aquellos interplanetarios, una voz de mujer anunciaba el embarque de los pasajeros en el próximo vuelo a través del altavoz, mientras varias personas se agolpaban en el mostrador intentando facturar su equipaje. Apoyado en uno de los ventanales que ofrecían el magnífico espectáculo del despegue de las naves, Spike vigilaba desde aquel lugar estratégico mientras Jet había preferido el exterior. No habían cruzado a penas unas cuantas palabras aquella mañana, solamente las necesarias para entenderse en la cuestión de intentar recuperar aquel maldito software de un vez y de evitar un posible daño a aquella mujer, que al fin y al cabo no había decidido ser el punto de mira de aquellos matones. La verdad, todo era bastante paradójico, tratar de recuperar ese programa de las manos de aquellos que verdaderamente pertenecía, para más tarde entregárselo. Pero, no era lo mismo dejar que los hombres de la DCA se lo arrebataran a Kleops y que quizás, la silenciaran con algún método poco ortodoxo, que entregárselo a la policía y recibir el resto de la recompensa, aunque más tarde llegara igualmente a la DCA. De todos modos, tampoco podían decidir si el SSGI haría un uso menos interesado que los otros.
Miró enfrente suyo, por el pasillo que conformaban los asientos, venían dos hombres en traje. Spike sonrió de medio lado, era tan fácil reconocer a cualquier matón que se preciase y aquellos no eran una excepción. Para él, era como si lo llevasen escrito en la cara. Estos harían cualquier cosa por dinero, sin ninguna norma o código de conducta que seguir, sólo su propio beneficio. El mundo de los matones a sueldo era tan diferente a la mafia, cuyos hombres sometían sus intereses particulares a un objetivo mayor, aquél de la organización, por lo menos cuando él formaba parte de ella. Pero todo siempre se corrompía y aquello que se llamaba o querían llamar la moral de la mafia, no era más que una excusa, un ideal que poco distaba de la realidad de sangre infecta que recorría las venas de todos los miembros, sedientos, ansiosos de derramar más sangre como lobos en medio de una terrible cacería o vampiros, cuyos ojos vibraban con la sangre resbalando entre sus pies, mirando desde su pedestal, creyéndose criaturas superiores a su mismo creador.
Los matones cambiaron de dirección, alejándose de nuevo de Spike. Éste abandonó sus pensamientos para seguirles sutilmente desde la distancia, por si aquello le llevaba a algún sitio.
En el exterior, Jet observó como la rampa de un taxi se extendía y una joven en silla de ruedas descendía por ella. Se trataba de Kleops, tal y como la había visto en las fotos de la página web. Junto a ella, una mujer de unos cuarenta y tantos años la apretó levemente el hombro cuando llegaron a la acera. El taxista depositó una maleta a su lado y la mujer, enseguida, lo tomó en su mano. Cuando se disponían a hacer su entrada en el aeropuerto, dos hombres de negro se situaron a ambos lados y cogiendo del brazo a la mujer madura, uno de ellos habló con voz grave:
- ¿Les importaría acompañarnos un momento?
El rostro de Kleops adoptó una expresión de confusión e hizo intención de continuar, pero la visión intencionada, que le mostró uno de los hombres, de la empuñadura de su pistola asomando por la chaqueta, la disuadió de lo contrario.
- No se preocupe, solamente queremos que venga con nosotros a nuestra furgoneta para poder hablar tranquilamente.
- Creo que tiene algo que le pertenece a la DCA Corporation y habrá que solucionarlo – Añadió el otro con sonrisa complacida.
Sin embargo, la intervención de Jet vino a aguar la fiesta:
- ¡Alto ahí! – Dijo apretando su pistola contra la espalda del matón que sostenía a la mujer más mayor – Me parece que estas señoritas no os van a acompañar a ningún lado.
El otro matón se dio la vuelta, sorprendido, de que alguien estuviera detrás de ellos sin haberse percatado.
- Este asunto ya no es de la incumbencia de cazarrecompensas, así que haría mejor en marcharse – Amenazó sacando el revólver.
- No debería hacerlo, si no quiere que tu compañero salga malherido.
- ¿Eso crees?
El matón intentó dispararle pero antes de que llegara a apuntar, Jet le propinó un puñetazo con tal fuerza que cayó varios metros hacia atrás. Al otro hombre, le apartó de las dos mujeres con un empujón que le dejó K.O.
- ¡Póngase a cubierto! – Les advirtió Jet, dirigiéndose sobre todo a la mujer más mayor, para que condujera a Kleops detrás de alguno de los vehículos, que estaba aparcados en hilera a ambos lados de la entrada.
En un instante, de la furgoneta estacionada al otro lado de la calle, comenzaron a salir unos cuantos hombres armados hasta los dientes, que quizás temiendo un imprevisto como el del otro día, habían decidido traer la artillería pesada.
- ¡Spike¡Te necesito aquí, ya! – Logró decir Jet a través del intercomunicador, antes de que comenzaran a volar tiros por doquier. Aquello se había tornado surrealista en solo unos segundos, pensaba Jet, intentando que ninguno de esos patanes acabaran con su vida. Aquello ni les iba ni les venía. Aún así, logró mantener a raya a la mayoría, evitando que se acercaran y haciendo algo de tiempo hasta que su espigado compañero se uniera a él.
Por desgracia, Jet era un solo hombre, en un lugar demasiado amplio y abierto para tener controlado a todos los matones, sobre todo, teniendo en cuenta que también en el interior del aeropuerto había apostado varios más de aquellos asesinos a sueldo, y que estos no necesitaban pasar por encima de Jet para alcanzar a Kleops y el dichoso software. Y Jet, fue testigo desde la distancia, como uno de esos hombres apuntaba a la mujer madura que la acompañaba.
- Dame ese software, puta, o mato a tu amiga – Gritó aquel, siendo audible para el fornido cazarrecompensas desde su posición, sintiendo como la impotencia le embargaba puesto que no podía dispararle, ya que ellas estaban por medio. Intentó acercarse, aún a sabiendas que cuando dejara de disparar a los matones que le medio rodeaban, estos se aproximarían, disparándole sin dudar. Aunque, por la cara del hombre que apuntaba a la mujer, supo que no llegaría a tiempo para nada, porque éste iba a acabar con ella en ese preciso momento, tanto si Kleops le decía donde estaba el software como si no. Sería una advertencia para que no tratara de engañarlos.
Jet cerró los ojos y en medio de todo aquel infernal ruido, el sonido de la bala que acabaría con aquella mujer inocente, retronó fuerte, como amargo anuncio de que no siempre la muerte llegaba a quienes se lo merecían. En el segundo después, cuando abrió los ojos, lo que vio no fue lo que esperaba. El matón caía al suelo con una bala que había atravesado su cerebro de lado a lado y la visión de una Faye, casi como una aparición fantasmal salida de la nada, dando buena cuenta de otro de los hombres.
Jet no pudo prestar mucho más caso, debía ocuparse de su propia cabeza. En ese mismo instante, Spike se situó momentáneamente a su lado.
- Tienes montada una buena fiesta aquí – Le dijo mientras disparaba a uno de los hombres de la izquierda – ¿Dejas que me una?
- Te advierto que no hay alcohol – Le respondió Jet algo aliviado.
- No importa, aún así, hay bastante diversión. – Con esto, Spike se separó de él, haciéndose cargo del peligro de su izquierda y perdiéndose de la vista de su compañero.
El tiroteo siguió, algo más igualado, porque con unos expertos tiradores como Faye y Spike, la cosa era más sencilla. Sin embargo, Faye no había venido a ayudarles a ellos y cuando hubo acabado con los matones que la estorbaban, Jet pudo observar como se dirigía a Kleops y cogiendo su bolso, sacaba del interior el disco que seguramente contenía aquel deseado software. Aunque, como si una puerta dimensional se encontrara en aquel lugar, un matón de enormes dimensiones aparecía mágicamente detrás del coche, al igual que había hecho Faye momentos atrás. Ésta consiguió dispararle en el hombro, aún cuando se encontraba de espaldas a él y tuvo que girarse rápidamente y volver a levantar el arma. Sin embargo, éste no se detuvo y con un severo movimiento de brazo conseguía desposeer de la pistola a Faye y agarrarla por el cuello. La postró violentamente contra el capó del coche, la chaqueta se abrió a ambos lados.
Jet corrió hacia allí nada más terminar con el último hombre que le acechaba, pero Faye no necesitó de su ayuda, porque golpeando impetuosamente con su puño la cara del gigante, éste la soltaba, en el justo momento en el que ella cogía su cabeza entre sus manos, y con una fuerza sobrehumana, la hacía girar con un movimiento rápido, provocando el inequívoco crujir de su cuello. El matón cayó inerte encima de ella. Exhausta como estaba, no intentó zafarse de aquel peso muerto enseguida, buscó recuperar el aliento primero.
Unos segundos más tarde, cuando empujaba el cuerpo fuera de ella, Jet la libro de su carga, cogiéndole por detrás y echándole a un lado. El cazarrecompensas la observó mientras ésta respiraba pesadamente, antes de levantarse del todo. La sangre de aquel hombre no la había manchado, pero ésta tenía todo un lado de su cuerpo teñido de sangre que iba traspasando, por encima de su cintura, el tejido de la camiseta, que sin rastro de jirón, desgarrón o agujero de bala alguno, iba empapándose cada vez más. Al incorporarse, la cazadora de cuero volvió a su posición, ocultándolo a la vista. Faye, subió descuidadamente la cremallera hasta la mitad del pecho y volviéndose a Jet le dirigió una mirada indiferente. Éste le tendió el revólver que había recogido del suelo y ella lo cogió sin mostrar ningún gesto de agradecimiento. En cambio, Jet sí quiso reconocerle su apoyo.
- Caramba, Faye, gracias por tu ayuda – Dijo el cazarrecompensas.
- No he venido a ayudarte. Sólo he venido por esto – Le respondió sacando el software del bolsillo del pantalón.
Jet la miró detenidamente, en sus ojos, una frialdad increíble y una carencia alguna de emoción que asustaban, sustituían a lo que siempre fuera tanta expresividad. Tenía el pelo algo alborotado y aquello, le confería una sensualidad sugestiva que chocaba por completo con la absoluta inaccesibilidad que destilaba cada poro de su piel, y que Jet ya había notado la vez anterior.
- Has mejorado bastante – Reconoció sin saber muy bien qué decir.
- Eso parece. – Le contestó apartando la vista de él y guardando el disco de nuevo en su pantalón, dispuesta a marcharse ya de aquel lugar.
- Escucha Faye – Logró decir antes de que comenzara a alejarse – Mira, ha pasado mucho tiempo y…han pasado muchas cosas…ya se que…bueno…yo…
Faye se paró un instante dirigiéndole una mirada apática.
- ¿Vas a darme un sermón? – Le cortó. Su voz sin matiz alguno, quizás dejaba pasar un cierto tono de aburrimiento. – Creo que te has equivocado de persona. A mi no me interesan.
Sí, realmente parecía que se había confundido de mujer, aquella no parecía la Faye que conociera tiempo atrás, la otra les hubiera echado en cara cosas que de las que ni siquiera eran culpables, pero ésta no le interesaba ninguna excusa, nada de lo que hubiera ocurrido. Y lo peor no era eso, que pudiera fingir indiferencia, si no que esa impasibilidad no era aparentada, sino algo real y patente.
Faye comenzó de nuevo andar, el cazarrecompensas se giró, siguiéndola con la mirada. A unos metros, Spike había regresado de terminar con aquellos matones y se había detenido en la acera. Cuando Faye pasó por su lado, fue como si Spike no existiera, le ignoró como si fuera un poste de teléfonos o cualquier otro objeto del mobiliario urbano. Éste tampoco la miró, siguió quieto, con la vista al frente mirando a algún punto indefinido.
Jet se dirigió entonces, hacia las dos mujeres que permanecían sin saber qué hacer. Y mientras les explicaba quienes eran esos tipos y el porqué de todo aquello, no pudo evitar pensar que, aunque Faye ya se había marchado hacía un rato, era como si su presencia todavía se pudiera respirar en el ambiente. Había sido tan raro, tan extraño todo. ¿Qué significaba? No podía ser que todo fuera siempre tan difícil. Parecía que el karma de ninguno de ellos eran los finales felices, sino todo lo contrario, complicados y espinosos.
- Marco Antonius está en la cárcel – Le explicó Jet a Kleops. – Ha cometido un gran error intentando robar ese software a una gran corporación como la DCA.
- ¿Está bien? – Preguntó nerviosa la joven.
- Sí, allí es el mejor lugar donde puede estar y ahora que la DCA recuperará el software, dejará correr el asunto.
- ¿Y todo esto? – Miró a su alrededor, desconcertada.
- Nosotros somos cazarrecompensas, estamos acostumbrados. La DCA se retirará silenciosamente, no le interesará verse envuelta en tiroteos, su imagen quedaría dañada. Estás a salvo.
- Ya veo. – Respondió escuetamente con gesto compungido.
- Marco Antonius sólo quería ayudarte, eso sí, de la manera más arriesgada que he visto, pero no creo que él pretendiera involucrarte o que te hicieran daño.
- Siempre se sintió responsable del accidente que me confinó a esta silla. – Confesó la joven con voz queda, dejando escapar una solitaria lágrima por su mejilla.
- Seguro que él hubiera querido que fuera de otro modo – Intentó reconfortarla el cazarrecompensas – Con esto ha demostrado lo fuerte que son sus sentimientos, y por lo que me parece, por tu preocupación, tú también sientes algo por él.
Kleops se quedó callada.
- Siempre es mejor estar juntos que huir, sean cual sean los errores del pasado ¿no te parece?
Jet apoyó la mano en su hombro con gesto cariñoso. Kleops bajó la mirada y con un movimiento cansado, negó con la cabeza. La mujer que la acompañaba se acercó a ella con la maleta y apretando su mano durante un segundo, comenzó a empujar la silla. Jet no dijo nada, simplemente se apartó del camino y vio como las dos mujeres se adentraban a través de las puertas del aeropuerto para tomar su vuelo hacia Ganímedes, Spike, por su parte, observó la escena pensativo.
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Bueno, pues el séptimo capítulo ya está. Siento ser tan tardona, pero no tengo solución, soy un poco vaga :( y con los exámenes y tal…ay ay, siempre poniendo excusas…Ah, la canción que se escucha en el bar es la canción que da título al capítulo, creo que es de Nina Simona, pero yo la he oído en el nuevo disco de Diana Krall y me pareció que quedaba bastante bien. (Una cosa, para los que no lo sepan, "blue" en inglés también quiere decir triste o deprimido, lo digo porque es una palabra que se da por hecho el otro significado no porque me quiera hacer la listilla, jeje, ni mucho menos, yo creo que nunca dominaré el inglés, es superior a mí, jeje).
Quiero agradecer a "mis niñas" (a Angel Nemesis y Kamimura, e incluyo también a AkikoSamaN) sus maravillosos comentarios, que como ya he dicho más veces, son los que me animan para seguir con esta historia, que debido a la personalidad de sus personajes, que tengo que tener controlados al milímetro para que no se me escapen y tenga coherencia, la hace mucho más difícil de escribir.
AkikoSamaN: me alegra que pienses que la música de la serie le va bien al fic, porque yo no hago más que escucharla mientras lo escribo, porque me parece que me inspiro mejor para describir las situaciones y los ambientes…así que me ha hecho mucha ilusión que dijeras eso, gracias.
Angel Nemesis: me encanta que te guste tanto Clive. Al principio no pensé mucho en él mientras lo creaba, pero yo también le estoy cogiendo cariño, aunque tengo que confesar que me da un poco de penita por lo de su tema con Faye. Ah, me ha alegrado mucho que me hayas comentado lo de la conversación entre Marco y Faye, porque esa era mi intención y no sabía si se iba a entender, el hablar de ellos dos o de su relación con Julia a través de una conversación que para nada va de eso. Me parece que es muy del estilo del anime, en el que en algunos capítulos te están dando la clave de lo que ha pasado en el pasado, del destino de algunos personajes en el futuro o son simple paralelismos. Así que ya sabéis, a lo mejor hay más cosas escondidas por ahí, jeje.
Espero que os siga gustando y no os cortéis al hacerme comentarios, sean buenos o malos.
Besos…
Life is but a dream…
