8. Numb

Every time

The rain comes down,

Close my eyes and listen.

I can hear the lonesome sound

Of the sky as it cries.

Listen to the rain

Here it comes again

Hear it in the rain

Un crack y la compuerta se abrió. La joven pelinaranja se despertó de su placentero sueño, allí, en una esquinita de la nave, acurrucada al lado de Ein. Entreabrió uno de sus ojos, pero no se movió. Observó como los dos cazarrecompenzas entraban en la estancia con un cierto aire pensativo. Spike se dejó caer en el sofá, casi como si estuviera ansioso de abandonarse al descanso en aquella cómoda parte del mobiliario. Jet, optó por alejarse por el pasillo y meterse en el cuarto de los bonsáis. Aquel territorio reservado exclusivamente para el capitán de la Bebop, aunque a Ed siempre le gustaba entrar a hurtadillas y regalar a los pequeños arbolillos con algún corte original o algún cuidado adicional. Sin embargo, ese día el fornido cazarrecompensas no dijo nada de la ocurrente idea de la chica de poner a pacer unas cuantas ovejillas de juguete por la tierra de las macetas. Solamente se sentó en el taburete, reflexivo, mirando los bonsáis pero no viendo nada.

Varios pensamientos le bullían en la cabeza, diversas preocupaciones que no le dejaban tranquilo. Difícil era que lo hicieran, porque después de los últimos acontecimientos, tenía el presentimiento que la rueda de destino había vuelto a girar y estaban otra vez donde el principio, pero esta vez las cosas se le antojaban revueltas, como si todos estuvieran entrelazados en aquella maraña de hilos del pasado que les atrapaba una y otra vez. Estaba confundido, porque una singular divagación le rondaba la mente y mientras más lo pensaba más sentido adquiría. Cosa que no se le hubiera ocurrido, si no hubiera sido testigo de una visión que le había impulsado a plantearse otra alternativa en el escenario.

Sacó el intercomunicador del bolsillo trasero de su mono y marcó el código que le pondría en contacto con Bob, aquel viejo compañero de la ISSP. Él era el único que le podría facilitar la información que necesitaba, que aunque no sabía muy bien lo qué buscaba, debería valerse con lo que le diera y después seguir su instinto como buen perro sabueso que era.

Mientras, en la sala de estar, Ed se desperezaba estirando a la vez tanto brazos como piernas de una forma más propia de un animal que de una niña. Aunque, eso sí, intentó no hacer ruido para no despertar a Spike, cuyo pecho subía y bajaba acompasadamente. Ein, encogido a su lado, tampoco dio señales de vida, así que decidió adentrarse en un lugar donde le prestarían algo más de atención, la red.

Al rato, escuchó a Jet salir del cuarto de los bonsáis y caminar con paso decidido hacia la sala de estar.

- Voy a salir un rato, quizás tarde. - Le dijo sin pararse. - Hay sobras de la cena de ayer en el frigorífico.

Ed se puso de pies al instante, despertando a Ein, que enseguida, se levantó y se dirigió a las piernas del cazarrecompensas, esperando obtener algo de comida antes de que se largara, ya que Ed no solía ser muy buena en cuanto al tema de los horarios de alimentación y se dedicaba a comer cuando le entraba hambre o hasta que los mordiscos del perro la obligaban a ello.

- Jet¿vas a buscar a la princesa? - Preguntó la chica con las gafas de navegación aún puestas.

- No Ed, ahora no, no tengo tiempo para tonterías. - Respondió Jet abriendo la compuerta de salida.

- Pero, es que solamente el príncipe puede encontrarla y…

Sin embargo, aquél no la escuchó, puesto que la puerta ya se había cerrado tras él.

La chiquilla pelinaranja suspiró con desilusión y echando una mirada de reojo al cowboy del sofá, se dejó caer al suelo. En ese momento, Ein volvió a su lado y emitió varios ladridos, aunque para nada escandalosos, casi más bien como si se tratara de una confidencia.

- ¿Que la princesa está muerta? - Dijo Ed, en tono sorprendido - No, Ein, no digas eso. - Le reprendió.

En cambio, el perro volvió a ladrar, levantando la cabeza hacia la chica.

- No, a lo mejor sólo está dormida - Su voz adoptó un cariz triste cuando contestó.

Ein, por su parte, emitió un único ladrido y se volvió, dirigiéndose a uno de los pasillos de la Bebop. Ed se quitó las gafas y le siguió corriendo casi al instante, mientras le pedía en voz baja que dejara de decir aquello. Eso sí, no se olvidó de apagar la luz de la sala de estar antes de irse.

Spike abrió los ojos en la semioscuridad repentina. En el otro lado de la habitación, la pantalla del ordenador parpadeaba solitaria y en el techo, el ventilador seguía con su constante ajetreo. En la lejanía, escuchó de nuevo a la chiquilla, que había dejado de rabiar y tarareaba dulcemente la melodía de una cancioncilla, cosa que parecía casi imposible debido al habitual tono de su voz. Spike volvió su vista al techo mientras se llevaba la mano al estómago, y con voz queda murmuró para si:

- ¿Está muerta?

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Feel the touch

Of tears that fall

They won't fall forever

In the way the day will flow

All things come,

All things go.

Listen to the rain

...The rain...

Here it comes again...

...Again...

Hear it in the rain

...The rain...

De nuevo volvía a llover, de nuevo la ciudad se había sumido en aquel letargo gris, en aquella mezcolanza de nostalgia y languidez, y de nuevo aquella letanía. La lluvia cayendo sobre el pavimento, empapando piedra y cemento bajo su peso, penetrando en cada ser y adueñándose de su alma. La lluvia lo dominaba todo tan a menudo, y tan a menudo aquellos se dejaban llevar por sus designios y la permitían ser testigo de sus penas y sus glorias, de sus fracasos y victorias, de su vida y su muerte.

En el interior de la habitación,el filo de la espada brilló en la penumbra. La mujer de cabellos violáceos pocas veces se detenía a encender la luz si podía valerse con la claridad que entraba por la ventana, aunque ésta, no fuera más que mortecina. Otro movimiento, y el reflejo de la luz bajó por toda la hoja, por aquel filo que era capaz de cortar la carne humana como si fuera mantequilla. Y a éste, le siguieron uno a uno, varios movimientos más, hasta que su irisada piel se cubrió con sudor. Sus acciones eran ágiles y precisas, aunque en un principio le había costado manejarla con precisión debido a su peso. Pero cuando se acostumbró, esto no fue más un inconveniente.

Le complacía el rugoso tacto de la empuñadura contra su palma, de aquellas tiras de cuero entrelazadas que la conformaban. La tsuba o guarda de la hoja, que separaba la empuñadura del acero, era muy sencilla, ningún grabado, ningún adorno que pudiera indicar el estatus o carácter de la persona a quien fuera destinada. Observó el hamon, aquella línea de separación entre las distintas zonas de templado del acero y que, en todas las katanas hechas artesanalmente como esa, difería de una a otra, confiriéndoles a cada una su propia personalidad, su distinción del resto. La superficie completamente lisa, estaba pulida con mimo, tan suave como para detenerse en acariciarla. Era evidente que el maestro que la forjó, cuidó ese detalle con esmero, ensalzando aún más la simetría de su hoja.

Mientras la miraba detenidamente, se preguntó cómo había llegado a sus manos. Nunca se había parado a pensar en eso, era como un vago recuerdo en su mente que no merecía interés, como si siempre le hubiera pertenecido. Recordó cuando la vio esperando, dormitando, y tuvo la tentación de tocarla y cuando lo hizo, experimentó la extraña sensación de que volvía a su dueño. Como si fuera cierto aquello que se decía, que los objetos siempre encuentran la manera de llegar a la gente que quieren que los posean.

Entrenar con aquella katana le hacía sentir relativamente bien, aunque esta vez, no conseguía su objetivo como era debido, porque pensar que practicaba porque quería olvidar, era atisbar que algo, aunque imperceptible, la había perturbado, y no podía permitirlo. Nada le importaba para que pudiera molestarla, o al menos eso debiera. De todos modos, aquello ya había terminado. De nuevo volvería a la monotonía de rostros desconocidos y nombres sin importancia, de individuos que no significaban nada, de personas por las que traspasar sin ser vista como el viento que se cuela por la rendija de una puerta.

Un mandoble, y alejó aquello de su cabeza. Escuchó el sonido del metal al cortar el aire. Estaba segura que también podría cortar la lluvia a su paso con la misma facilidad, formando una efímera senda bajo el aguacero. Pero eso, no lo comprobaría hoy.

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El fornido cazarrecompensas caminó con precaución, adentrándose en aquel almacén abandonado de las afueras de la ciudad. Apenas unos pocos cristales quedaban aún intactos sujetos en sus viejas estructuras metálicas, que atravesaban las ventanas de arriba abajo y de izquierda a derecha, conformando pequeños dameros. La puerta desvencijada permanecía abierta como nulo impedimento para entrar en el recinto o como invitación velada para hacerlo. El caso es que Jet continuó su marcha pasando entre muros de metal y esquivando cajas mohosas y restos de maquinaria en un intencionado silencio, aunque no siempre lo lograba, porque era inevitable pisar o casi tropezar con algún hierro caído o algún vidrio roto dejado por vagabundos o quizás, de algún joven cuya diversión consistía en destruir todo lo que había dentro.

Escuchó el sonido de un mechero que provenía del interior de una pequeña habitación al fondo del almacén, que seguramente habría constituido en la época, el despacho del encargado o del mismo director. Se fue acercando y cuando estuvo a un lado de la entrada se paró, de modo que veía no más que una pequeña parte de la pared y desde dentro, él tampoco podía ser observado.

- No sabía que tenías tantas ganas de verme – Se escuchó una voz de hombre desde el interior – Aunque he de advertirte que de los Red Dragon no tengo mucho.

En el mismo instante que terminaba la frase, Jet comenzó de nuevo a caminar, dejándose ver bajo el marco de la puerta. La cara de Clive palideció cuando le vio y a punto estuvo de caérsele el cigarro de la boca. En cambió, Jet adoptó un gesto de satisfacción.

- Vaya, creo que ya no necesito preguntarte directamente si eres tú – Dijo éste acercándose un poco más.

Clive enmudeció, totalmente sorprendido. Había supuesto que la nota que le había llegado aquella tarde pertenecía a Faye Valentine, la mujer que siempre solicitaba sus servicios desde hacía un tiempo, la mujer por la que rompía el código de conducta de la policía y se dejaba comprar, la mujer que le había puesto su ansiada venganza en la palma de su mano y por la quien, casi lo había hasta olvidado, dedicándose a disfrutar de cada nuevo encuentro con ella, deseándola y suspirando como si fuera un colegial.

- A si que te dedicas a pasar información. ¿Sabes que no es muy ético que digamos en un policía? – Le inquirió Jet, complacido de que su buen olfato no estuviera oxidado, haciendo honor a su sobrenombre como había sido conocido una vez, Black Dog, una vez que muerde, no deja escapar a su presa. Aunque, a decir verdad, había sido más suerte que otra cosa.

- No sé de qué me hablas – Le respondió con tono serio, pero sin poder evitar ponerse a la defensiva ante el estúpido error que había cometido, al no tomar la precaución de comprobar quien se acercaba antes de hablar.

- ¿De veras?

Clive midió la situación. ¿Quién era aquel hombre que se presentaba ante él para pedirle cuentas, cuando nadie podría sospechar nada ni en un millón de años¿Era un poli o era un dragón rojo? Y lo más importante ¿Qué quería?

- No te preocupes, no es a ti a quien busco – Dijo Jet como si hubiera leído la mente del otro – Sólo necesito saber unas cosas de la persona a la que suministras información sobre los Red Dragon.

El cazarrecompensas no le culpaba de su actitud ¿Por qué no dejar que otro se encargara de esos bastardos si la ISSP no iba a hacer nada, si sus oficiales tenían las manos atadas para proceder contra ellos¿Porqué no dejar que un justiciero actuara por su cuenta en vez de dejar que las mafias obraran impunemente?

- Verás no pretendo culparte de lo que haces, ya sé que tienes una buena razón.

- Creo que te has equivocado de hombre – Contestó Clive haciendo ademán de marcharse.

- No me digas que alguien como tú no le importaría que alguno le diera su merecido a esos cabrones.

- ¿Alguien como yo? – Repitió con curiosidad de lo que pudiera saber aquel individuo sobre él.

- Alguien cuyo hermano murió a manos de los Red Dragon. Un honrado y respetado policía, aparte de un excelente amigo según sus compañeros, que murió a sangre fría en la última redada que se recuerda contra ellos – Jet pudo sentir como Clive se tensaba aún más. Bob le había facilitado aquellos datos a petición suya, ya que tenía la corazonada de que aquella información tan precisa de los Red Dragon provenía de la misma ISSP, con mucho que el atacante pudiera ser un antiguo miembro. Así que se dejó llevar por la intuición y ésta le había llevado ante aquel policía. Si hubiera estado equivocado solamente habría quedado como un loco, pero la suerte le había sonreído y había querido que el propio Clive se delatase sin proponérselo.

- ¿Qué quieres? – Le respondió rudamente aquél.

- Ya te lo he dicho. Solamente quiero que me digas a quien filtras información.

- No es de tu incumbencia.

- Creo que los Red Dragon o la misma ISSP estarían encantados de saber quien es el chivato que se encarga de dar cuenta de sus pasos.

- Inténtalo – Le miró desafiante.

- Yo trabajaba para la policía cuando tú andabas en pañales, sé perfectamente como funcionan las cosas – Le avisó el cazarrecompensas.

Ante la implícita negativa en su mirada, Jet en un rápido movimiento, agarró a Clive de la pechera y le empujó con brusquedad contra la pared.

- ¿Crees que no seré capaz de delatarte si no me lo dices? La ISSP, aunque permite filtraciones y sobornos, eso sí, sin que nadie se entere, no es para nada comprensiva con sus ovejas descarriadas y te echarían sin pensárselo dos veces. Y que decir de los Red Dragon y sus imaginativas maneras de disuadir a los que se meten en sus asuntos.

Le observó, aunque sabía que su intención en todo esto no era para nada sacarse un dinero por la gorra, estaba obligado a utilizar todas las armas de interrogatorio que había aprendido en sus largos años de vida para obtener lo que quería. Y sabía que eran bastante efectivas

- ¿Quieres seguir como hasta ahora¡Pues dímelo! – Le inquirió golpeándole una vez más contra la pared. – Si no todo tú juego se irá al traste.

Clive le devolvió la mirada, sopesando qué hacer. No quería revelar nada y menos de Faye, no iba a traicionarla.

- ¡Dime¿Se trata de una mujer más que interesante, de cuerpo exuberante, pero con la mirada tan fría como el metal?

Clive no tenía la intención de decir nada, pero la pregunta de aquél le tomó por sorpresa y su rostro vino a desvelar su estupefacción ante el conocimiento de Jet sobre aquella mujer. Era como si ese hombre supiera de antemano la respuesta. Aunque la verdad, no era para nada así.

Jet le aferró con más fuerza para que tradujera lo evidente de su cara en palabras.

- Sí – Respondió a regañadientes – Pero no sé nada de ella, ni siquiera conozco su nombre.

Mintió descaradamente, pero eso, aquel hombre no lo sabía.

Jet por su parte, quedó atónito, aunque aquella idea se le había pasado por la cabeza, no esperaba que se confirmara, o no quería que lo hiciese, porque aquello significaba que las cosas eran más complicadas. Si no que casi deseaba que lo negara, que dijera que era un hombre más bien flaco y de aire distraído, con cabellos de color indescriptible y mirada despreocupada, es decir, que le dijera que era Spike, porque aquello tendría más sentido. Porque así podría volver y preguntarle porqué lo hacía. Ahora, en cambio, no obtenía contestación, ahora solamente podría devanarse la cabeza y lamentarse que Faye hubiera elegido ese camino.

Jet soltó a Clive con gesto abatido, ya tenía su respuesta, pero no le satisfacía para nada en absoluto. Era Faye, la Faye que había vivido bajo su mismo techo, la que se dedicaba a cargarse a los Red Dragon. La que elegía adentrarse en una senda más que peligrosa. Meterse con ellos de esa manera suponía caminar sobre cristales rotos con los pies descalzos, al mínimo descuido uno te corta y acaba atravesándote la carne, provocando que la sangre mane a borbotones. ¿O ya no era más esa Faye?

¿Qué había pasado para llegar a esto¿Por qué lo hacía¿Por qué se había convertido casi en una etérea aparición más que en una persona de carne y hueso, o más bien en un ángel tentador que vagaba por el universo para recordar a los humanos que nunca la tendrían¿Qué había sucedido dentro de su cabeza desde que se marchó¿Por qué la habían ignorado cuando la volvieron a ver, si tanto él como Spike habían notado aquel cambio?Ahora lo sabía por fin, no más preocupaciones y un millón a la vez.

- Faye Valentine ¿qué estás haciendo? – Murmuró para sí el cazarrecompensas.

Clive permanecía aún allí, colocándose la ropa con fastidio pero sin perder la compostura.

- Dime¿tenéis planeado algún otro encuentro? – Le preguntó Jet.

- No, es ella quien se pone en contacto conmigo – Le respondió de malagana, aunque no tuvo necesidad de mentir porque esa era la verdad. Faye se encargaba siempre de decirle la hora y el lugar. Aunque lo siguiente que dijo no fue tan cierto: – Pero no lo hace muy a menudo.

Jet se volvió, dando la espalda al policía, pero antes de marcharse se dirigió de nuevo a él:

- No te preocupes, no te delataré.

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"Despierta"

El mundo se había detenido. El tiempo, también, durante esos pocos instantes en los que había caído en un pequeño sopor. Y con un leve sobresalto todo volvió a la normalidad, como una voz lejana a través de un largo pasillo.

Miró por la ventana. Todavía continuaba lloviendo, aunque ya no con demasiada intensidad. Se inclinó levemente para asir la parte más baja del marco, allí donde sobresalía un poco la madera y ajustando sus dedos a ella, corrió hacia arriba el tramo de la ventana destinada a ello, encajándolo en la parte superior. El viento cargado de humedad meció las cortinas al colarse en el interior y empapó levemente su piel.

Llevó su mano izquierda hacia fuera, sacándola a través de la ventana. La lluvia, por un momento, la ignoró, permaneciendo inmaculada hasta que las pequeñas gotitas comenzaron a posarse sobre la palma. Exiguos círculos abultados se dibujaron en su piel, que en un instante perdían su forma y resbalaban entre los surcos de la carne. Antes de que el agua cubriera por completo su mano, la retiró, resguardándola en la calidez de la habitación.

Lo observó, una pequeña laguna se albergaba en la concavidad de su palma cuyas aguas permanecían quietas mientras no se moviera, pero que amenazaban con desbordarse a cada mínimo movimiento.

Cogió la katana, que un minuto antes, había dejado apoyada contra la pared en tibio equilibrio, y con medida precisión la llevó hacia su palma evitando que el agua se meciera. Apretó el helado filo contra su piel. Apenas un nimio roce y en la carne se trazó una línea carmesí, que dejó pasar la sangre. El rojo fluido comenzó a diluirse, alargando su forma en pequeños zarcillos que se retorcían en sí mismos hasta mezclarse con las aguas del lago en el que nadaban.

No sintió dolor, ni tampoco el molesto escozor al retirar la espada. Giró la mano, la sangre escurrió a través de ella, hasta que unas gotas encarnadas cayeron al suelo. El corte era superficial, pero aún así, tardó en dejar de fluir. En la hoja de la espada, un surco escarlata zigzagueaba por el metal, recorriendo toda su largura.

Late at night

I drift away -

I can hear you calling,

And my name

Is in the rain,

Leaves on trees whispering,

Deep blue sea's mysteries.

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Volvió a la Bebop. El robusto cazarrecompensas aterrizó en el hangar, al lado de la nave de Spike, la Swordfish II, que descansaba en el mismo lugar que cuando se marchó. Al pasar por su lado, se dio cuenta de lo abollada que estaba la chapa y en algunos sitios, la pintura comenzaba a resquebrajarse dejando al descubierto el color original del metal. Siempre que Spike hacía algún destrozo en ella, se dedicaban a arreglarlo o a poner una pieza nueva, pero nunca reparaban en darle una buena mano de pintura, así que en algunas partes el color difería levemente del resto y en aquellas que nunca se habían tocado, el rojo era el originario, así que no se extrañaba que se cayese a trozos. Con tanto meneo, hasta el mismo se sorprendía que la nave siguiera en pie.

Aunque, a decir verdad, desde que Spike había regresado, no habían tenido que hacer muchos arreglos en ella, salvo los corrientes de un normal mantenimiento; un poco de aceite por aquí, una correa o varias por allá, la comprobación del ordenador de a bordo y todas esas cosas que hasta un niño sabría hacer. Casi tenía que dar gracias a que Spike permaneciera inactivo en aquella manera, porque con lo cortos de dinero que estaban, iba a ser difícil reconstruir cualquier destrozo importante. Antes de dejar atrás la nave, se paró y miró hacía la puerta de entrada a bordo con gesto dubitativo. Volvió su mirada hacia la Swordfish II y suspirando continuó su camino.

Adentro, todo estaba en calma. No se escuchaba ningún grito de Ed, ni tampoco ningún ladrido de Ein, incluso la televisión estaba apagada. Spike, sentado en el sofá, como si no se hubiera movido en toda la tarde, fumaba un cigarrillo perdiendo el tiempo en dibujar extrañas formas en el aire con el humo. Aunque, a parte de circulitos, las demás formas eran ininteligibles.

Se sentó en el sillón, la espuma del mueble cedió bajo su peso. Antes, apartó la chaqueta de Spike, que permanecía medio arrebujada sobre la superficie, y la dejó sobre la mesa.

- Un paseo muy largo – Señaló sin mucho énfasis el espigado cazarrecompensas.

- Sí – Respondió escuetamente el otro.

- ¿Has encontrado lo que buscabas?

- No lo sé – Contestó Jet con cierta pesadumbre y tono desganado.

Ninguno de los dos dijo nada más. Spike dejó escapar toda una bocanada de humo que tapó su rostro durantes unos instantes, no parecía muy dispuesto a hablar y Jet no sabía por donde empezar.

- Spike, yo… – Comenzó, no muy convencido.

- Esta herida… – Le interrumpió aquél antes de que pudiera decir dos palabras, llevándose la mano al costado izquierdo – …al igual que tu brazo mecánico tiempo atrás, es el recuerdo de lo que pasó hace un año.

- ¿Eh? – Balbució Jet sin saber muy bien qué quería decir, así de repente.

- Vicious atravesó mi costado de parte a parte antes de morir y desde ese día, no ha dejado de molestarme – Giró la cabeza al frente, con la vista perdida durante unos instantes, para volver a mirar a Jet – Aún no ha cicatrizado a pesar del tiempo transcurrido. Ni los conocimientos de Bull han podido curarla, y de vez en cuando, todavía se abre y supura sangre, como una boca hambrienta.

Jet quedó callado ante las palabras de Spike. Aquella era su manera de decirle que no tenía nada que ver con los ataques a la organización y su manera de sincerarse con él. Sabía que no era fácil para él hablar sobre ello y que, como su herida, cada vez que los recuerdos volvían, el dolor también lo hacía. Por eso apreció su gesto.

Desde el fondo del corredor, el ruido de Ed y Ein corriendo, llegó hasta la sala de estar. Estos hicieron su aparición al galope, no porque la chica montara a lomos del perro, sino porque los dos venían a cuatro patas, como si aquella forma de andar fuera lo más habitual del mundo. Ed se irguió y se paró en frente del capitán de la Bebop.

- ¿Has traído algo? – Preguntó con su voz aniñada.

- ¡Pero, bueno¿No te he dicho que había sobras en el frigorífico?

- No, eso no – Extendió la mano hacia él – ¡Regalo!

- No, no he traído nada – Negó sorprendido de que esperase algo, cuando solamente había dicho que iba a dar una vuelta.

- Bah, pues entonces… ¡Tomato! – Ed tiró sobre la mesa lo que llevaba en la mano y se volvió. Dirigiéndose al rincón donde había dejado el ordenador, se lo puso en la cabeza, de forma que cada vez que daba un paso, el aparato se balanceaba peligrosamente – ¡Guten Tag!

Con esto, se marchó de la habitación tan rápido como había llegado.

- ¡Eh! No dejes trastos por ahí – Exclamó Spike antes de la chica se hubiera alejado del todo, en un vano intento de que recogiera lo que había dejado en la mesa.

Jet lo tomó en la mano, parecía un trapo amarillo o algo por el estilo. Cuando lo estiró comprobó que era una cinta del pelo.

- Es una cinta de Faye – Dijo aquél volviendo a dejarla sobre la mesa – La habrá sacado de su antigua habitación. Cuando Faye se fue, se dejó algunas cosas olvidadas. – Suspiró mirando la tela.

- A lo mejor, cosas que pensó que no iba a utilizar – Volvió a añadir Jet, mirando esta vez a su compañero.

Spike guardó silencio mientras apuraba la última calada de su cigarrillo. Lo único que quedaba de aquél era el filtro marrón, así que era sorprendente que éste demorara tanto el momento de deshacerse de aquello y apagarlo contra el cenicero.

Jet siguió con la vista fija en él, impeliéndole a hablar, a que dijera algo, pero éste no dijo nada.

- ¿Hasta cuándo piensas seguir ignorándola? – Soltó repentinamente Jet, rompiendo el mutismo con brusquedad. La expresión de Spike fue de extrañeza durante unos segundos.

- ¿A quién? – Preguntó al fin.

- Ya sabes a quien me refiero – Le respondió con el mismo tono sobrio – No has dicho nada sobre ella desde que nos la encontramos en la Feria de Biotecnología.

- ¿Y qué quieres qué digas? – Inquirió indolente. Su cara había recuperado su semblante sereno.

- ¡Yo que sé!... ¡Algo!

- Ya te dije que me la encontré al ir a por Marco Antonius y que luego se fue – Aclaró Spike despreocupadamente, como si eso fuera suficiente respuesta para Jet, mientras estrujaba lo poco que había quedado del cigarro contra el fondo del cenicero.

- ¿Y eso es todo? – Demandó su compañero con cierta exasperación.

- Pues sí, no hubo más – Zanjó lacónico, como siempre hacía cuando no quería continuar con una conversación.

Jet le miró, no comprendía nada en absoluto. No entendía porqué Spike permanecía totalmente indiferente, porqué no parecía pararse a pensar en Faye si ella, en su momento, se había preocupado por él, si ella una vez lloró por él, si ella se marchó de la Bebop por él. ¿Por qué no hablar claramente de una vez?

- Entonces ¿Vas a seguir obviándola? – Le preguntó estupefacto – ¿Hasta cuándo sin preocuparte por ella?

- ¿Qué quieres qué haga? – Por una vez, su tono de voz no parecía tan lineal como siempre.

Jet, por su parte, no podía creer que se desentendiera tan fácilmente del asunto ¿o es que Faye había supuesto tan poco en su camino¿O es que realmente no le importaba para nada? Había sido reacio a pensar aquello, pero Spike no le dejaba otra alternativa.

- Ella fue una de nosotros – Intentó hacerle comprender – y tienes que reconocer que con todo lo malo, no estuvo tan mal.

Spike no contestó, se dedicó a coger la chaqueta que permanecía en la mesa y a ponérsela. Una mueca de molestia se dibujo momentáneamente en su cara cuando pasó el brazo izquierdo por la manga. Parecía que hoy era uno de esas veces a las que antes se había referido.

- ¿No vas a ir a buscarla? – Insistió Jet.

- ¿Por qué? – Le preguntó dejando de abrocharse los botones, pero levantándose mientras hablaba.

- ¡Por Dios, Spike¡Faye se fue de la Bebop por tu culpa! – Estalló el cazarrecompensas – Tú nos dejaste y ella se dejó a sí misma.

- Eso es demasiado exagerado – Le replicó más que incrédulo.

- ¡Es Faye! Spike – El tono de Jet era asombrosamente serio e incisivo – Es Faye quien está acabando con los Red Dragon – Terminó por decirle, desvelándole su último descubrimiento.

Spike le miró, totalmente desconcertado. Esperaba de todo, pero aquello no se lo habría supuesto en la vida y sabía que Jet no se lo estaba inventando. ¿Por qué Faye iba a querer matar a los miembros de la organización? Una cosa es que fuera totalmente apática y otra que pusiera tan descaradamente su vida en peligro. Meterse con ellos suponía muchas cosas y entre ellas, una era la muerte.

- ¿Faye? – Repitió Spike dejándose caer en el sofá.

- Sí, y no creo que tenga intención de parar.

Spike inclinó la cabeza hacia delante como si, de repente le hubiera venido un dolor de cabeza. Llevando la mano a su frente, masajeó momentáneamente las sienes, dejando el peso de su cabeza apoyando entre sus dedos. Todo lo que había tratado de evitar volvía de nuevo, no había modo de negarlo, no había modo de esquivarlo y lo peor, es que ya lo sabía.

Even when

This moment ends,

Can't let go this feeling

Everything

Will come again

In the sound,

Falling down,

Of the sky as it cries.

Hear my name in the rain.

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Bueno, bueno, pues aquí tenéis servido el capítulo 8 (se dice pronto) y listo para comer, ñam, ñam. Me ha costado horrores (me he tenido que echar colirios en los ojos por el tiempo que he pasado enfrente del ordenador y además tengo tantas notas sobre la historia que me vuelvo loca repasándolas), pero me había prometido que con este no tenía que tardar tanto y creo que lo he conseguido, no sé si para el futuro será así, hay mucho que estudiar y poco tiempo, pero quien sabe, todo depende de mi musa, jeje.

Las estrofas que aparecen salteadas en el capítulos pertenecen a la canción It's in the rain de Enya, pues me parecían que le iban bastante bien a la historia. No es que ahora haga songfics, todo se debe a la obsesión que últimamente me da de leerme todas las letras de las canciones y bueno, pues encuentro cosas que me gustan para el fic. (Ay!!!)

Bueno, pues comienzo con mi lista de agradecimientos y comentarios, jeje. Pues eso, muchas gracias a "mis niñas" (a Angel Nemesis, Kamimura y AkikoSamaN) por sus comentarios y ganas de leer lo que escribe una servidora. Y también a Lady Vegeta Brief, que no sabe la ilusión que me hace saber que tengo un nuevo lector.

Kamimura: me gusta que pienses que se parece al original, porque esa es mi intención, no desviarme mucho de los personajes originarios. Ah, otra cosa, me encanta tu espontaneidad al escribir los reviews ;)

Lady Vegeta Brief: pues ya te lo he dicho, que me ha gustado enterarme de que también estabas ahí ;) y que me halaga que pienses que la historia merece la pena.

AkikoSamaN: tu review me ha quedado sin palabras y me has sacado los colores. Muchas gracias (Arigato!!), aunque de momento intentaré acabar este fic primero, jeje, antes de pensar en pasar a empresas mayores. Ah, espero que la canción te gustase y si tengo algún problema con alguna palabra en inglés, ya te pediré ayuda, jeje (pero que morro tengo!!!)

Angel Nemesis: pero que lista en mi niña!!! (ay, parezco mi madre). Así me gusta, siempre dándole vueltas a la historia, jeje, aunque, me has pillado :( y eso que pensé que lo había escondido bastante bien para que pareciera Spike. En el tema de Faye, ya sé que es demasiado fría, por esa razón no deja escapar nada al exterior y menos delante de ellos, aunque en cierto modo, aunque no quiere todo esto la perturba. Ah, y no te enfades tanto con Spike, aunque estoy de acuerdo contigo, algo cabrón si que es el muchacho, jeje.

Y hablando de los sueños de Faye, sí, algunas de las frases están sacadas del anime, otras son de mi cosecha.

En cuanto a lo de Spike y porqué no habla claro con Jet, es que como tú muy bien has dicho, es un CABEZÓN (con todas las letras) y si le viene acusando de primeras de algo en vez de comentárselo antes, pues se obceca y no da su brazo a torcer aunque él no tenga nada que ver. No sé como me puede gustar tanto Spike, con lo melón que es!!!, jeje.

Espero seguir contando con vuestro favor y no me extiendo más, que al final van a ser más largos mis comentarios que el fic…

Besos…

Life is but a dream…