9. Shadows and tall trees

Era de noche. Una de esas noches que se reflejaban en el ladrillo de los edificios haciendo que todo fuera más brillante bajo la artificial luz de las farolas. Era una de esas noches en las que la ciudad adquiría ese color tan característico, ese azul grisáceo decadente y cementoso, y se convertía en el taciturno escenario en el que sus habitantes se desenvolvían. ¿Siempre era de noche en aquella ciudad? Se preguntó mientras caminaba. Los días apenas significaban nada, solamente las noches la arrancaban de su sitio, solamente al abrigo de la noche se sentía realmente a gusto.

La calle desolada albergaba sus pasos mientras avanzaba. A unos cuantos metros un puesto de flores permanecía abierto. Cuando pasó por su lado se detuvo. El vendedor permanecía sentado en una silla, dormitando detrás de los lirios. Como si sintiera su presencia, despertó y le dedicó una calida sonrisa. Faye le miró sin moverse, mientras aquél se incorporaba en el asiento.

- ¿Una rosa? – Le preguntó.

La joven se sorprendió. ¿Tenía pinta de regalar flores o de comprarse rosas para ella misma?

- No, creo que no. – Rehusó.

- Una rosa hará más agradable su hogar. - Afirmó con total seguridad el tendero mientras la observaba por debajo de sus pobladas cejas encanecidas.

Faye sonrió irónicamente ante la errónea impresión que debía haberle causado a aquel hombre para que dijera eso. ¿De verás la creía capaz de preocuparse en poner jarrones con rosas al lado de la ventana, y sobre todo en aquel semidesnudo apartamento en el que últimamente habitaba?

- ¿Qué me dice? – Reclamó el hombre.

- Si le digo que no tengo hogar¿seguiría insistiendo? – Respondió con la misma linealidad de siempre en su voz y con un extraño impulso de hablar y saber qué le diría a alguien como ella.

- Todo el mundo tiene uno. Un hogar es el lugar en donde nuestra presencia permanece aún cuando no estamos.

El vendedor se levantó de su asiento con la sonrisa todavía en sus labios y con intención de añadir algo más, pero justo en ese momento, una niña de unos diez años apareció detrás de él tirándole de la chaqueta:

- ¡Venga abuelo!, la abuela te está esperando. – Le apremió mientras respiraba agotada por la carrera que se había dado para llegar hasta allí – Dice que no entiende porqué te quedas hasta tan tarde si nadie va a comprarte nada a estas horas.

- Ah – Suspiró – Esta mujer siempre está igual. Siempre quejándose de lo mismo.

La niña continuó dándole pequeños tirones ante la falta de una respuesta clara de lo que iba a hacer.

- Ya voy, ya voy – Dijo el anciano mientras se giraba un poco y le dedicaba un gesto cariñoso a su nieta, tocando con dulzura su cabeza para que tuviera paciencia. Y dirigiéndose de nuevo a Faye, que observaba callada la escena, le tendió una de las rosas.

- Tome – La dijo acercándole una de un rojo terciopelo, aquella que destacaba del resto por la intensidad de su color.

Faye no hizo ademán alguno de moverse. Se dedicó a observar a la niña que la miraba con una mezcla de curiosidad y temor en sus ojos, desde la seguridad que le daba estar abrazada a la espalda de su abuelo.

- Cójala – Pidió el hombre - Es un regalo.

La joven alargó la mano sin saber muy bien porqué y la tomó entre sus dedos. El aroma que desprendía sus pétalos llegó por primera vez a su nariz, un olor fuerte e intenso, tan diferente a la realidad que les rodeaba de humo y contaminación, casi como si se tratase del único vestigio de pureza que aún existía. De repente, el intercomunicador que llevaba en su bolsillo comenzó a sonar insistentemente. Por un momento permaneció inmóvil, pero al segundo después, dejó que la rosa se escapara de sus dedos cayendo entre el resto de flores y se alejó del tenderete con rapidez.

Al otro lado del hilo telefónico, la voz de Clive sonó algo intranquila.

- Faye, deberías tener cuidado.

Qué rápido se había acostumbrado a llamarla por su nombre pensó con cierto asqueo.

Sin embargo, Clive agradecía que, por una vez, Faye tuviera el mismo código de comunicación que utilizaba para ponerse en contacto con él. Aunque, la joven se extrañó de ello, aquella línea la tenía siempre restringida para evitar que él pudiera comunicarse con ella, pero estaba claro que al manipular el aparato antes de salir del apartamento, la había activado sin querer.

- ¿De qué me hablas? – Le inquirió con poca delicadeza.

- Alguien ha venido preguntando por ti. – Le respondió el policía.

Faye guardó silencio esperando que, ya que la había molestado, aclarase un poco más el asunto, si es que realmente merecía la pena.

- Un hombre. No sé cómo lo ha averiguado, pero sabe que yo te paso cierta información sobre los Red Dragon.

Faye siguió sin responder fijando su vista con desinterés en el único árbol que había en la calle, cuya sombra, a causa de la luz de la farola, guarecía un banco de madera.

- Un ex-poli – Añadió Clive, y en ese instante la imagen de Jet revoloteó por la cabeza de Faye con claridad. ¿Quién sino iba a atar cabos entre ellos dos? Y ¿quién sino iba a meter las narices para tratar de saberlo?

- No me molestes por tonterías. – Desechó entonces la joven en un tono glacial.

- Debería importante porque…

- No es de tu incumbencia – Le cortó con tono serio - Métete en tus asuntos.

- Está bien, solamente quería advertirte, nada más.

- Pues ya lo has hecho.

- Vaya, la amabilidad no es tu fuerte.

- Para nada– Colgó, aún cuando Clive parecía querer añadir algo más, y continuó caminando, perdiéndose en las calles de aquella ciudad con paso firme y cadencioso.

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Un golpe seco y un hombre cayó inconsciente al suelo. Al lado, se escucho una maldición entre dientes.

- ¡Mierda¿Por qué los has dado tan fuerte?

- ¿Y qué más da? – Le respondió el matón que acababa de golpear al hombre con la culata de su pistola.

- Pues, porque ¿cómo se supone que nos va a decir para quién trabaja si está muerto?

- Bah, no te preocupes por eso, este todavía está más vivo que un…

- Eso espero, Wharton – Le interrumpió amenazante un tercero, haciéndose paso entre otros dos.

- Cada vez admiten a gente más incompetente en los Dragones Rojos – gruñó para sí mientras zarandeaba con su pie al hombre del suelo.

- Déjemelo a mí, jefe. – Se ofreció el mismo que había dejado grogui a aquel camello - Yo le despertaré y cantará como un pajarito.

Éste le agarró de la camisa y le levantó del suelo con inusitada fuerza. Le apoyó contra una pared y mientras que con una mano le sujetaba para que no se le resbalara, con la otra le propinaba bofetadas que provocaban que la cabeza del individuo se balanceara de izquierda a derecha y vuelta a empezar.

- ¡Venga¡Despierta! – Insistió agarrando con fuerza entre sus dedos la barbilla de aquél, que no hacía más que chorrear sangre proveniente de su ceja y de su boca. – ¡No te hagas de rogar o si no te haré más pupa!

Los ojos de aquél se entreabrieron pesadamente como si comprobara que desgraciadamente todavía se encontraba allí y no durmiendo plácidamente en su cama. El matón que le sostenía, sonrió maliciosamente.

- No pongas esa cara de pánico, eso te lo tendrías que haber pensado mejor antes de aventurarte a vender tu mierda de droga en nuestro territorio.

- Eso es lo que te crees tú – Le respondió con rabia, escondiendo su temor.

- Sí, claro. – El matón le dio un puñetazo en el estómago que provocó en el otro un violento acceso de tos cargado de sangre que escurrió por su cuello hasta manchar su camisa.

- ¿Es que no tenéis suficiente la escoria de pacotilla como tú? – Añadió agachándose un poco para mirarle a los ojos, ya que su cabeza colgaba hacia delante apenas sin fuerzas.

- Déjamelo – Le indicó el cabecilla acercándose a ellos. El matón se apartó sujetando aún al camello hasta que el otro le tomó por los hombros.

- A ver… – Se dirigió al hombre, levantando su cabeza para estar seguro de que le oía – ¿Quién te ha suministrado la droga para que la vendas en nuestro terreno?

El camello no contestó, aunque era difícil saber si era porque no quería decírselo o porque realmente no podía articular palabra después del último puñetazo.

- Me puedo imaginar de quién se trata, pero prefiero oírlo de tu boca¿me entiendes?

El otro asintió con la cabeza, pero siguió sin decir palabra.

- Sabes que comprendo que tú no tienes nada que ver – continuó diciendo el cabecilla con paciencia – así que si me dices quien está detrás, te dejaré ir para que les des un mensajito de nuestra parte.

- El…el Ti-tigre Blanco – Consiguió decir el otro con los ojos casi en blanco por el esfuerzo. Era evidente que lo que más deseaba en esos momentos es que le dejaran caer al suelo y poder por fin abandonarse a la inconciencia.

- Otra vez ellos – Murmuró el líder para sus adentros y luego continuó hablando con el hombre – Diles que sabemos de sus continuas intromisiones en nuestro terreno y que aquí solamente nosotros nos encargamos negociar con mercancías de ese tipo. Además, que recuerden que el Dragón Rojo todo lo ve y nada olvida.

Con un movimiento de cabeza, ordenó que Wharton, el subordinado que se había excedido con su tarea momentos atrás, le sujetara de nuevo. El líder del grupo se alejó unos cuantos pasos, pensativo sobre el asunto, para volver a girarse a los pocos instantes.

- ¡Eh¿Qué haces? – Exclamó al darse la vuelta y ver que Wharton tenía su pistola contra la frente del camello. – ¿Quién te ha mandado hacer nada?

- Pero jefe, no dirías en serio lo de perdonarle la vida – Le respondió riéndose, como si aquello fuera extremadamente gracioso.

- No le hagas nada ¿Quién crees que llevará el mensaje si le matas, estúpido?

- Venga jefe, pero si está más para allá que para acá. – Se quejó haciendo caso omiso a lo que le decía y preparándose a disparar.

- La compasión era la máxima de Buda, deberías saberlo – Dijo una voz ajena al grupo que, acompañada de un disparo, irrumpió de repente en escena.

De la frente de Wharton resbaló de pronto, un hilillo de sangre proveniente de la bala que el extraño había alojado en su cabeza. Sus ojos en blanco por el impacto recibido, volvieron a relajarse antes de caer al suelo.

El jefe del grupo giró su cabeza para ver que encima de uno de los grandes contenedores metálicos, había una mujer vestida de negro.

- ¡Joder¿Así es como vigiláis la retaguardia? – Increpó enfadado a sus subordinados mientras sacaba su pistola de la funda – ¡Disparad!

Sin embargo, ningún proyectil llegó a alcanzarla puesto que Faye saltó hacia atrás esquivando con facilidad las balas y desapareciendo callejón adelante. Los hombres se pusieron en marcha persiguiendo a la mujer.

- ¡No, no la sigáis! – Les ordenó el jefe con más sentido común que los otros – ¡Quiere que nos dividamos! – Pero estos no hicieron caso a sus indicaciones y continuaron su persecución.

Uno de los matones dejó este mundo al rebotarle una de sus propias balas contra una puerta metálica que le salió al paso. Otro vio como su pistola salía por los aires cuando una patada voladora de la joven que tenía en frente le interceptaba el brazo sin darle tiempo siquiera a disparar. El otro matón que seguía a éste, pareció olvidar que su compañero se encontraba muy cerca de la mujer y disparó sin darse cuenta que Faye sortearía los proyectiles agachándose con una pasmosa rapidez y quitándose del medio, lo que causó que las balas alcanzaran el pecho de su compañero. Éste que acababa de disparar y el cuarto matón de los Red Dragon cayeron al suelo muertos a penas unos minutos después, a pesar de haber vaciado primero sus cargadores contra Faye.

El jefe llegó al final de la calle, que convergía en una especie de patio interior rodeado de edificios con sus escaleras de incendios que llegaban a la altura de más cubos de basura, que se encontraban en fila en una de las paredes. Miró a su alrededor, no se veía ni oía a nadie. Lo sabía, aquella mujer había logrado lo que pretendía. Seguro que ahora el resto estaban criando malvas.

- ¡Sal, no te escondas! – Gritó – Si has tenido el valor de enfrentarte contra cinco a la vez, no deberías de esconderte ante uno solo.

No hubo respuesta, solo el eco de sus palabras. Miró hacia todos lados, asegurándose tener cubierto todos los posible flancos. De repente, un ruido sordo a su espalda le alertó. Se dio la vuelta con rapidez, a punto de disparar hacía uno de los contenedores, pero la aparición de un gato negro con una espina de pescado en la boca le detuvo.

- ¡Mierda! – Murmuró para sus adentros, maldiciendo haberse distraído tan fácilmente, sin embargo, así había sido. Seguidamente sintió un fuerte golpe en la nuca y notó como la consciencia le abandonaba, oscureciéndose todo a su alrededor y siendo la visión del gato que le miraba fijamente, la última que tuvo antes de caer desvanecido.

Faye le observó, tendido en el suelo, totalmente inconsciente, sopesando qué hacer con él. El golpe que le había asestado con la empuñadura de la pistola había sido lo suficiente contundente para dejarle en ese estado durante unas cuantas horas más, así que se decidió por guardar el arma. Matar a la gente a sangre fría, no era su estilo, por mucho que fuera un maldito dragón rojo y por mucho que ella hubiera perdido parte de su humanidad.

- No sabía que siguieras las enseñanzas de Buda – Dijo de repente una voz de hombre a varios metros.

Faye levantó la cabeza y su mirada se encontró con Spike, que una esquina mal iluminada, permanecía estático con su sempiterno cigarrillo en la boca y un cierto aire sarcástico dibujado en la tranquilidad de su rostro. Éste dejó escapar una bocanada de humo que se elevó lentamente, retorciéndose en sí mismo hasta perder completamente la forma y desaparecer.

- Esta visto que uno no se puede fumar un pitillo tranquilo en ningún lado. Hay que ver qué concurrido está esto – Continuó con tono irónico mientras apuraba lo poco que le quedaba de cigarro.

Como si fuera un acto reflejo, Faye apartó la vista de él. ¿Qué demonios hacía allí¿No se suponía que se había librado ya de todo eso y que las cosas seguirían como hasta entonces¿Por qué aquel maldito imbécil volvía a cruzarse en su camino? Le fastidió no haberse percatado de su llegada y ni siquiera haber sentido su presencia cuando dejaba K.O. al último matón. Sin embargo, allí estaba Spike, con aquella misma mirada lánguida de siempre, que ahora, notaba sobre ella mientras registraba la chaqueta del matón en busca, de quizás, algo interesante para su próxima incursión.

El cazarrecompensas aspiró una última vez y lanzó el cigarrillo al suelo antes de dejar su apoyo en la pared y comenzar a andar, acercándose a Faye, quien no hizo intención de dejar lo que estaba haciendo ni de preocuparse en lo que hacía Spike. De hecho, no le interesaba en absoluto. Lo único que la apetecía era que se esfumara lo más rápido posible y si era en ese instante, mejor. No quería nada de su pasado tan cerca de ella y menos a Spike.

- Bonita noche¿no te parece? – Volvió a decir éste mientras se paraba a escasos metros de ella.

Faye se irguió, clavando su mirada en él, estremecedoramente fría y distante. Estaba claro que, esta vez, Spike no quería ser ignorado y que seguiría diciendo naderías hasta que ella se dignara a hacerle caso, pero Faye no tenía paciencia para aguantar tonterías de ninguna clase.

- ¿Qué es lo que quieres? – Soltó la joven sin andarse con rodeos. Cuando antes dijera lo que demonios quisiera decir, antes se libraría de aquel incordio.

- Solamente pasaba por aquí – Le contestó descuidadamente, mientras se metía las manos en los bolsillos.

Faye dejó que su mirada traspasara cierto escepticismo mientras media la situación.

- No me digas. – Dijo con tedio – Qué casualidad.

Ambos quedaron callados, silencio que aprovechó el gato que les observaba desde una esquina, para hacerse notar y demandar un poco atención y ya que estaban, algo de comida. Faye, siguió parada, aunque con la firme intención de marcharse. Ya había terminado todo lo que había venido hacer, así que ya no había nada que la retuviera allí y menos, un estúpido como aquel, y como si Spike, leyera momentáneamente sus pensamientos, volvió a hablar, de nuevo con la ironía envuelta en sus palabras:

- ¿Vas a marcharte tan pronto de tu propia fiesta?

Faye le lanzó una mirada aún más gélida que las anteriores¿la estaba juzgando con aquello? No se lo podía creer¿cómo se atrevía¿Quién era él para hacerlo? Aquello ni le iba ni le venía, no había nada que le diera derecho a ello.

- Di lo que tengas que decir y desaparece – Ordenó autoritariamente, cansada de aquel aire de suficiencia que destilaba. Si pensaba que llegaría a lograr impresionarla, estaba muy confundido, ya se lo tenía demasiado visto como para que surtiera efecto, y menos, a estas alturas.

- ¿Siempre tratas con tanta delicadezaa tus antiguos compañeros? – Sonrió Spike de medio lado.

Faye no contestó, no pensaba que mereciera su respuesta. En cambio, le miró con cierto desprecio. Spike también la observó, tenía los ojos de Faye clavados en los suyos que le miraban duros e inexpresivos, salvo si no fuera por aquella hostilidad. Pero eso ya lo había visto antes, aunque hasta ahora no había podido comprobar cuan inexpresivos se habían vuelto. De su antigua amplia gama de expresiones, apenas quizás, dos o tres emociones se podían apreciar y con bastante dificultad. Aún así, era casi imposible desentrañar de cuales se trataban exactamente.

- La mafia no olvida las afrentas, Faye – Dijo por fin Spike, hablando claro.

- ¿A eso has venido? – Le respondió, indolente – ¿A aleccionarme sobre la mafia?

Spike vio como Faye apartaba su mirada con menosprecio, como si acompañara el desinterés de sus palabras con aquello.

- No es más que una advertencia. – Contestó a la defensiva, impelido por su actitud – Tómala como quieras.

- No necesito tus consejos. – Zanjó la mujer, con seriedad – Así que deberías guárdalos para quien le interese.

Spike sintió cierta rabia ante el desdén de sus palabras, pero también cierto desconcierto por aquella actitud tan marcadamente indiferente e impasible. Quizás esperaba encontrar que todo lo que había intuido en ella, no fuera más que una fachada y que ésta se desmoronaría como un castillo de naipes a la primera de cambio¿o tampoco era eso?, no lo sabía muy bien. Lo que ahora comenzaba atisbar, es que esta Faye era distinta a la que una vez conociera, comenzando por la forma en la que decidía sostenerle la mirada o no, o la manera tan extremadamente precisa con la que había terminado con los dragones rojos. Sí, había sido testigo de todo. Ahora no cabía duda ni incertidumbre, ya lo había comprobado con sus propios ojos. Y aunque se había resistido a internarse de nuevo en su pasado, este volvía de nuevo de la mano de su antigua ex–compañera.

- Lo de Marco Antonius y cazar recompensas sólo son juegos de aficionados – continuó Spike una vez que ya había optado por advertirla. – No sabes cómo se las gasta la mafia.

- Sé cuidar de mí misma – Dijo Faye volviendo su vista a él.

- No he venido a hacer de niñera, no te equivoques. – Le respondió adoptando la misma actitud hostil que ella y, manteniendo su mirada de nuevo, observó como el verdor de los ojos de Faye apenas permanecía encendido en la seriedad del cruce de palabras, sino más bien, bastante impávido.

- Lo que no quiero – prosiguió – es que esto nos vuelva a salpicar.

- Descuida, apártate de mi camino y no lo hará.

- No puedo hacerlo. Los Red Dragon no es algo que te incumba.

- ¿Y a ti sí? – Demandó Faye con incredulidad, aunque con aquel mismo tono de voz tan falto de emoción.

- ¿Qué te parece?

La joven guardó silencio. Notaba que cierta inquietud le dominaba, o más bien, hastío, o quizás, las dos cosas a la vez. No le interesaban sus estupideces ni su repentino afán de advertirla, de entrometerse esgrimiendo su antiguo pasado en la organización. Estaba ya cansada de ello, como si fuera lo más importante del mundo, como si ella tampoco pudiera librarse de aquello.

- No todo gira en torno a ti, Spike. – Le contestó remarcando su nombre en tono distinto, con el intencionado propósito de imprimir una falsa familiaridad.

- En absoluto, pero los Red Dragon son asunto mío.

Faye soltó una carcajada cargada de sarcasmo ante tal afirmación.

- ¿Y por eso tienes la exclusiva?

De nuevo, se hizo el silencio, pero un silencio amortiguado por el sonido suave del viento que se colaba entre los edificios y también del ruido de los árboles de un parque cercano, cuyas hojas se mecían acunadas a su compás.

- ¿Qué pretendes con esto? – Preguntó de pronto el cazarrecompensas.

Faye no respondió a aquella repentina pregunta. Se limitó a abrocharse la cazadora y a subir la cremallera hasta el cuello, sacándose el pelo que había quedado atrapado en su espalda. El gato, que había abandonado su espina de pescado, cruzó entre medias de ellos y se perdió en un cubo de basura, emitiendo débiles maullidos antes de dejar de sentirse del todo su presencia.

- ¿Crees que lo hago por ti? – Lanzó de repente la joven, dando un par de pasos al frente. – ¿Por eso has venido?

Spike apretó entre sus dedos la cajetilla de tabaco de su bolsillo. Ni él mismo sabía porqué estaba allí. Quizás sí quería saberlo, o quizás, solamente quería ser testigo de lo que Jet le había dicho.

- Descuida, líbrate de tu carga de culpabilidad – continuó Faye. – Porque si piensas eso, estás muy equivocado.

Spike la observó allí, en mitad del callejón, con la luz reflejando en el cuero de su cazadora, con sus brazos cruzados en el pecho, denotando una gran seguridad y destilando por cada poro de su piel aquella inaccesibilidad, aquella barrera infranqueable e invisible que la envolvía. No dijo nada, dejó que Faye continuase.

- Los Red Dragon son una escoria, creen que pueden destruir a quienes les dé la gana, que pueden herir a quien deseen y tomar lo que les plazca con…

Faye se detuvo súbitamente y una fugaz expresión de sorpresa paso por su cara, al igual que por la de Spike. Del único edificio de una planta, un almacén, varios hombres aparecieron apostados en el tejado y de la trasera metálica del mismo, otros varios dragones rojos hicieron su aparición con sus armas apuntando hacia ellos, de modo que en apenas unos segundos quedaron rodeados contra una de las paredes. Faye sacó su pistola, pero el disparo de uno de los francotiradores impactó en el arma, haciéndola volar por los aires, pero sin llegar a tocar la mano de la joven. Spike, en cambio, no hizo intención de desenfundar la suya y levantó ambas manos en señal de derrota.

Un individuo, que destacaba del resto, apareció también en el tejado del almacén.

- Vaya sorpresa, Spike – dijo aquél con las manos en los bolsillos de forma descuidada. Se trataba de un hombre rubio y con el pelo bastante corto, ataviado con la misma gabardina que el sindicato utilizaba como indumentaria, pero ésta llevaba varias cuerdas rojas que cerraban el abrigo en la parte superior y los cuellos eran más altos y con el reborde también de un color rojo.

- Te daba por muerto – continuó, desvelando el tono grave de su voz – sobre todo después de aquel jaleo que organizaste. Tuviste muchas agallas.

El cazarrecompensas le reconoció enseguida, le había visto en varias ocasiones sobre todo en la última época con los Red Dragon acompañando a Vicious, pero nunca llegó a caerle medianamente bien. Su ambición se le hacía muy evidente, aunque tenía que decir que nunca adoptó una posición defensiva ante él, sino todo lo contrario, parecía que en cierto modo mostrase su admiración ante Spike. Holden Batty, ese era su nombre, recordó, aunque todos les llamaban simplemente Batty.

- Sin embargo, después de todo, tendría que agradecerte, bueno, a ti y a Vicious, que ahora me encuentre al frente de los Red Dragon.

Entonces, era él quien ocupaba el máximo cargo dentro de la organización, pensó Spike, con razón que los dragones rojos fueran lo que eran en estos momentos.

- Así que ahora nos mandas a tu amiguita a acabar con nosotros – siguió hablando, prestando atención también a Faye, quien permanecía atenta a cualquier posible oportunidad de escapar que se presentase. – Esa obsesión tuya es contraproducente, Spike. A lo mejor es que en realidad deseas unirte de nuevo a nosotros.

El cazarrecompensas apretó los dientes ante tal sugerencia. Casi le había costado la vida dejar la organización, cómo para que ahora le vinieran con esas.

- Ni loco – Respondió con dureza.

- Je, je, ya veo – Rió Batty con aire pensativo. – Entonces fue cierto que te enmendaste y ahora te has vuelto un cobarde.

- Eso nunca – dijo Spike acompañado de un rápido movimiento que no quedó más que en un amago por intentar sacar su pistola.

- Ni lo intentes – le advirtió Batty, y el grupo que les rodeaba reafirmó aún más las armas en sus manos, en una clara señal de que dispararían a cualquier mínimo movimiento que hiciera.

- Veo que sigues eligiendo muy bien tus compañías – dijo ahora refiriéndose de nuevo a Faye – Duras pero femeninas. Si no recuerdo mal, Vicious y tú os peleaste por la misma mujer. Creo que no le gustó mucho que te metieras por medio¿no?

Spike no contestó, se dedicó a mirarle con cara de pocos amigos.

- Ya sabes que yo era camarada suyo, bueno, después de ti, aunque con aquello vuestro, yo me convertí en su mejor aliado, por así decirlo.

El viento volvió a soplar, moviendo la gabardina del dragón rojo, que desde aquel tejado, seguía hablando como si no importara la distancia.

- Y tú, nena – dijo volviendo su vista exclusivamente a ella – tu cara me resulta bastante familiar.

Se quedó callado un segundo, como si él mismo creyera, que fuera imposible no acordarse de Faye si la hubiera visto antes.

- Ah, claro – resolvió sonriendo al instante – Como no, Faye Valentine. Ha pasado mucho tiempo, cómo lo he podido olvidar. Vicious quedó muy impresionado contigo¿recuerdas?

Spike giró instantáneamente la vista hacia Faye. La postura del cuerpo de ésta se hizo más rígida y el cazarrecompensas la miró extrañado.

- ¿Te acuestas con ella, Spike? – Dijo de pronto Batty.

Spike quedó sorprendido ante la pregunta, pero no satisfizo su curiosidad permaneciendo callado. Aunque, le dio la impresión que aquél daba por sentado que así era, pero no como si lo hubiese determinado en ese preciso momento, si no como si ya se hubiera forjado la idea tiempo atrás.

- Siempre tuvisteis los mismos gustos – prosiguió con un tono más afirmativo que interrogativo, mientras paseaba su mirada por Faye con una expresión claramente lasciva.

- Vicious era un ser bastante taciturno – siguió Batty dirigiéndose exclusivamente a Faye que, en todo el tiempo, no había abierto la boca – difícil de desentrañar, pero creo que os lo pasasteis bien aquella vez¿no?

Faye no contestó. Spike tenía la mirada fija en ella, intentando averiguar a qué se refería Batty. En la cara del cazarrecompensas, cierta estupefacción ante aquellas últimas palabras, en cambio, en la de Faye, la misma sobriedad.

- Yo que venía a descubrir quien estaba acabando con los nuestros y…menuda sorpresa. – Habló ahora para sí el jefe de la organización, aunque perfectamente audible por todos. – El Dragón Rojo no perdona las ofensas, señorita Valentine. Debería hacer más caso a lo que le aconseja el señor Spiegel y no desechar tan a la ligera sus advertencias. Él conoce su funcionamiento como la palma de su mano, al fin y al cabo, era el protegido y el hombre de confianza de Mao Yenrai.

Batty recobró la seriedad en el semblante y volvió al asunto que le había traído allí y que, por fin, había logrado desentrañar, saber quién se cargaba a sus hombres y se interfería en sus asuntos. Escuchar la conversación entre Faye y Spike, al que por cierto, creía muerto, le dejaba claro que éste no tenía nada que ver y que solamente era aquella preciosidad la responsable de todo.

- Tienes algo que nos pertenece – volvió a tutearla de nuevo – Ese cargamento de Red Eye modificado que les robaste a mis hombres es de nuestra propiedad.

- En la bolsa no había escrito ningún nombre que lo indicara – Contestó Faye por primera vez, con aire desafiante.

- Muy graciosa, espero que no estés pensando en venderlo, porque no lo conseguirías.

- Eso es lo que te crees.

- No juegues con fuego, nena. Si no nos dice donde lo tienes, ya sabes lo que te pasará.

- ¿De qué hablas, Batty? – Preguntó Spike ansioso por enterarse de algo, aunque fuera de esto último.

- Tu "amiga" se llevó anteayer de un grupo de mis hombres, todo un cargamento de nuestra nueva droga experimental.

Spike miró a Faye como si estuviera loca. Lo que faltaba, no tenía suficiente con cargarse Red Dragons que ahora le daba por robarles la mercancía. Sin embargo, ésta le devolvió una extraña mirada, como si quisiera decirle algo. Misteriosamente, aunque ninguna de sus anteriores expresiones las había conseguido descifrar con certeza, aquella la entendió perfectamente.

- Oye, Batty. No podíamos ser más razonables¿no te parece? – Dijo de pronto con tono más casual metiéndose la mano en la chaqueta.

- ¡No te muevas Spike o sino tú también acabarás acribillado!, por mucho que estés al margen.

- Solo quería sacar un cigarro. En estas situaciones siempre me entran ganas de fumar. Venga. – Pidió repitiendo el gesto. Pero esta vez, un cuchillo clavándose en uno de los Red Dragon que rodeaban a Spike y Faye sorprendió a todos. Spike aprovechó esto para empujar de una patada uno de los contenedores, que se puso a lo largo en mitad de la calle y levantando la tapa metálica, evitó que los disparos de los hombres del tejado les alcanzaran a ninguno de los dos.

Faye, que había sido la autora del lanzamiento del cuchillo, recuperó su pistola con un movimiento imposible, y mientras disparaban al grupo de matones, guió a Spike hasta una de las escaleras de incendio, por la que apenas tocaron los escalones, sino más bien, brincaron por ella hasta alcanzar el primer piso y saltar a través de la ventana.

Spike estaba más que perplejo por la actuación de Faye, sabía perfectamente lo que había qué hacer, sin dudas, directa al objetivo. Había manejado aquel cuchillo con asombrosa destreza. Era muy buena y poca gente había visto así, y uno de esos pocos había sido Vicious, con el que había trabajado en equipo tantas veces en el pasado con medida precisión, entendiéndose sin palabras, como había sucedido ahora con Faye.

La cazarrecompensas hizo que Spike le siguiera y éste fue detrás, con la vista fija en su espalda, sin darse cuenta a penas por donde iban. Primero entraron en el primer piso, un apartamento abandonado y medio desvencijado. Le recorrieron a oscuras. Cuando llegaron a la puerta de salida, Faye no se molestó en girar el pomo, sino que dio una patada provocando que la madera cediera con facilidad. Se apresuraron por el pasillo adelante. Spike, no tuvo tiempo de decidir qué hacer cuando llegaron a la encrucijada de la escalera. Faye tiró de su chaqueta, a la altura del hombro, arrastrándole hacia arriba. Y piso tras piso corrieron, escuchando como los hombres del sindicato les seguían los pasos, hasta que llegaron al tejado. La brisa nocturna acarició momentáneamente sus rostros al salir de nuevo al descubierto, librándose del olor a podredumbre que invadía aquel edificio.

Saltaron a la azotea del edificio de al lado, que era algo más bajo que en el que se encontraban, y cuando llegaron al otro extremo, hicieron lo propio para alcanzar el tejado del siguiente. En éste, se adentraron por la puerta que daba acceso hasta allí y bajaron un solo tramo de escaleras, hasta meterse en un apartamento sin puerta para volver a salir por una de sus ventanas a las escaleras de incendios, que daban justo de frente a otras del edificio contiguo, a no más de un metro. A ninguno de los dos les resultó difícil salvar la distancia que las separaba, accediendo a ella y volviendo de nuevo a subir al tejado, por el cual, ya no se divisaba el punto de partida, ya que se encontraban mucho más bajos que antes y entre medias habían puesto de por medio, varios edificios demasiado altos para que los Red Dragon pudieran acceder y divisarles. De todos modos, recorriendo aún, unas cuantas azoteas más hasta que Faye se paró. Este iba a ser el lugar en el que se separasen, o por lo menos, ella iba a tomar el camino contrario al que Spike escogiese.

Quedaron callados, con el único ruido del viento como sonido de fondo, que soplaba y se paraba a su gusto. Por un instante, volvieron a cruzar la mirada. Solo un segundo, pero como ya ocurriera en la primera vez que se volvieron a ver, se hizo una eternidad.

Faye, se giró para marcharse o al menos eso intentó, porque Spike la sujetó por el brazo, impidiendo que continuase. Ésta volvió su cabeza hacia él, demandándole sin hablar qué demonios hacía e instándole a que la soltara en aquel preciso momento. Sin embargo, Spike no lo hizo, la miró fijamente, buscando en sus ojos algo diferente a lo que había visto aquella noche, ahora que a penas les separaba medio metro. Era la primera vez que había traspasado aquella barrera invisible, más, aún seguía siendo terriblemente inaccesible.

- ¿De qué estaba hablando aquel tipo? – La preguntó sin saber muy bien qué es lo que iba a decir hasta que salió por su boca.

Faye no se inmutó, le devolvió la mirada con gran impasibilidad, como si dejara que comprobara aquello que quería descubrir. Spike la escudriñó, en sus ojos, una fría serenidad que no expresaba nada acompañaba las tranquilas facciones de Faye, hermosas, a la luz de la artificiosa luminosidad de la ciudad. Sus labios, sin rastro de carmín, era más voluptuosos de lo que recordara y su pelo, más largo, se mecía contra su rostro.

La soltó, sintiendo como el cuero se escurría por sus dedos hasta quedar vacíos. Faye se giró, dándole la espalda:

- No tengo que rendirte cuentas. – Le dijo caminando hacia el borde de la azotea, donde se dejó caer, perdiéndose de la vista de Spike, para seguramente, continuar en el siguiente tejado.

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Bueno, aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que haya sido del agrado de todos y sino es así, agradecería sugerencias y comentarios para poder mejorarle, ya que sé las opiniones de quienes les gusta (de hecho, agradezco muchísimos sus reviews y sus ánimos), pero desconozco por ejemplo, las opiniones de quienes no les gusta o qué es lo que no les gusta. En fin, creo que se nota que estoy un poco desanimada, sobre todo ahora que apenas tengo tiempo para sentarme a escribir, ya que estoy trabajando y estudiando a la vez, y estoy que no puedo con mi alma.

Bueno, aún así, quiero agradecer como siempre a mis niñas (Angel Nemesis, Kamimura y AkikoSamaN ) sus comentarios y su apoyo, que al fin y al cabo, es lo que me impulsa para continuar y dar un cálido saludo a Lady Vegeta Brief, que ya me enteré que son dos bajo el mismo sinónimo, y aunque no sé si las dos me leen, me disculpo por haberos tomado por una en el agradecimiento del capítulo anterior, lo siento :(

Muchos besitos a todas, guapetonas, y que espero seguir contando con vuestro favor, porfi, porfi, no me abandonéis…jeje (que pedigüeña soy, jeje)

Life is but a dream…

PD: Yo también me uno: Qué viva Faye!!!!!!!