12. Wake up Dead Man
Caminó de nuevo entre las calles de la gastada ciudad, entre los sucios edificios de ladrillo cuyas ventanas parecían observarle mudas. Ya estaba bien entrada la mañana, y aunque fuera de día, la luz era mortecina y sin apenas fuerzas.
Tomó aire que sintió igual de dañino y pútrido en sus pulmones que el humo de los cigarrillos que habitualmente fumaba. Aquello no le ayudó a enfrentar la calle que se extendía a lo largo. Las aceras desgastadas y las escaleras que daban acceso a los apartamentos, oxidadas y oscilantes en sus débiles soportes. Las bocas de incendios sorteando el camino, con un perdido color rojizo y un aparecido anaranjado y marrón.
Todo estaba como lo guardaba en su memoria, o más bien, como lo había enterrado en su cabeza. La tienda de la esquina, pequeña y coqueta, estaba cerrada, de hecho, no pensaba que hubiera vuelto a abrir después de lo ocurrido allí un año antes. Sus persianas permanecían bajadas como aquella última vez, ocultando a la vista el interior del local, frío y desolado. Sólo esperaba que allá donde estuviera Annie no le guardara rencor por haber armado tanto jaleo, aunque quizás debería aplicárselo a él mismo antes de pensar en el resentimiento de los muertos.
Un viejo y destartalado Chevrolet permanecía aparcado al otro lado de la calle con una rueda subida en el bordillo y con el radio casette encendido a un volumen suficientemente alto como para distinguir con claridad la canción. Spike no la había oído jamás.
Llegó a la puerta de la tienda y de forma descuidada pero veloz, en un momento posaba la mano en el pomo y al siguiente se perdía tras la puerta sin que nadie se diera cuenta de lo sucedido.
En el interior todo guardaba un pretendido orden, aunque más bien se notaba que había sido colocado y limpiado apresuradamente como para dejarlo levemente presentable pero con la intención de no volver allí en mucho tiempo, quizás, tormentosos recuerdos volvieran a la cabeza al recordar a la encantadora dueña tendida en aquel banco junto a la puerta.
Spike no quiso imaginarlo, solamente sorteó el pequeño mostrador y se sentó en la silla que habitualmente ocupaba Annie. Junto a la caja registradora una botella de whisky a medias y un marco de foto pero sin foto. Tomó la botella y sin importarle el tiempo trascurrido, abrió el tapón y echó un trago.
- Esto va por ti, Annie.
El licor bajó raudo por su garganta encendiendo su dañado organismo y despertando un pequeño sopor con cada nuevo trago.
A su alrededor observó las revistas superpuestas unas encima de otras en las estanterías, las bolsas de chucherías amontonadas a los lados y los paquetes de cigarrillos a su espalda, estos, totalmente dispuestos, de hecho dudaba que hubieran sido movidos. Cogió uno y extrajo un cigarro que llevó a sus labios presto para encenderle. El humo le envolvió en segundos y se recostó en la mullida y cómoda silla reclinando todo su peso contra el respaldo.
En la calle el sonido de un coche derrapando llenó momentáneamente el espacio sonoro para mas tarde desaparecer.
Spike se recostó aún más cerrando sus ojos con él. La oscuridad le invadió lenta pero firme. Todo fue negro, todo fueron sombras impenetrables y hubo un momento en el que no hubo más ruido, en el que la calma se hizo total igual que si alguien quitara el volumen del televisor de repente.
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Entreabrió los ojos pero sólo vio sangre, el color rojo intenso de la sangre. Todo el cuerpo le pesaba, era una carga que no podía soportar, le dolía y clamaba descanso, clamaba la paz prometida.
Se sintió bajar las escaleras, desganado y sin fuerza apenas para sostenerse se dejó caer, permitió que su peso golpeara la alfombra escarlata manchando con su sangre el suave tacto de la felpa.
Les vio, vio a los Red Dragon observándole perplejos, casi anonadados por el espectáculo e indecisos sobre lo que debían hacer ante semejante proeza. Las sirenas comenzaron a sonar aún distantes pero lo suficiente para saber que la explosión del edificio era ya de dominio público y antes de que lo miembros de la organización se disolvieran Spike pudo observar entre ellos un rostro conocido. Lin.
Era Lin, aquel dragón rojo que se mantuvo siempre fiel a él. Pero, y aunque estaba al borde de colapso, era capaz de reconocer que era imposible, él había muerto en Calisto y tampoco podía tratarse de su hermano gemelo ya que yacía entre los escombros del cuartel. Pudo observarle como se acercaba al oído de otro de los dragones susurrándole algo.
¿Estaba soñando? Quizás sí, o quizás ya había muerto.
Le miró a los ojos y sintió como éste le devolvía la mirada. ¿Estaba sonriéndole o su expresión era más bien de tristeza? No podía discernirlo. Hacía tiempo que sus párpados a penas dejaban un hilo de visión a sus pupilas. La sangre lo empañaba todo, la sangre manaba de su ser llevándose consigo el ínfimo rescoldo de vida que habitaba en él.
El frío le invadió entumeciendo sus miembros y un leve temblor le dominó antes de sentir que el último hálito huía de sus amoratados labios.
Entonces, vio una luz brillante, cegadora, e incrédulo se preguntó de donde podía salir entre tanta destrucción, sin embargo se dio cuenta que ya no tenía los ojos abiertos, que ya no más se encontraba allí. No, no lo estaba. Vio la luz y sintió calma, una extraordinaria y placentera calma. Quería tocarla, necesitaba tocarla, alcanzarla y fundirse con ella pero cómo hacerlo sino poseía cuerpo para ello.
Era tan extraño, se sentía flotar pero no tenía con qué flotar, solamente la conciencia que navegaba entra la oscuridad de su espalda y la luz de su frente.
Escuchó un murmullo, un pequeño ruido que se asemejaba a un susurro y que fue aumentando su volumen hasta alcanzar la forma de una voz, que con una sorprendente y plácida quietud le hablaba.
- No te vayas. Quédate – Y sin embargo no era capaz de situarla, no estaba allí, pero a la vez estaba por todos lados rodeándole, era un susurro en su oído y a la vez un eco lejano que huía, que se perdía entre las sombras que le envolvían.
Y en ese momento sintió como los recuerdos cobraban vida en su cabeza, voces e imágenes pasaban por su memoria como si de fotogramas de una vieja película se trataran:
El día en que Mao le tomó bajo su tutela y conoció a Vicious, su querido adversario o su odiado amigo.
La tarde en que entró en aquel bar y vio por primera vez a Julia.
Pistolas disparando y el humo escapándose por los cañones.
La noche en que cayó medio muerto en la acera del edificio de Julia.
"Tienes los ojos de distinto color"
"Éste mira hacía el pasado"
"¿Y éste otro¿Hacia donde mira?"
La lluvia gris mojando su piel, la espera con un cigarrillo en los labios y un ramo de rosas en la mano.
Las risas compartidas bebiendo en algún local.
Jet observándole con gesto protector, su brazo mecánico y sus bonsáis.
"Desafié a la suerte y perdí la partida"
La tierra roja y árida de Marte.
El cementerio y una aparecida Julia apuntándole con la pistola como si el tiempo no hubiera transcurrido para ambos, como si los dos no supieran que nunca hubo salida.
"Huyamos lejos de aquí, escapémonos de este mundo de una vez por todas. Vayámonos a un planeta lejano donde nadie puede encontrarnos. Solos tú y yo."
Una rosa cayendo sobre un charco.
"No puede hacerse nada por una mujer muerta"
Faye, sumida en la oscuridad, llorando es su habitación sin darse cuenta de cerrar la puerta.
"¿Por qué huyes Spike?"
Un viejo video Beta y una Glock 30.
El momento en que atravesó el rosetón de la iglesia cayendo al vacío.
"Bienvenido a la vida"
La desolación de Calisto y Glen, moribundo, en sus brazos.
"¿Tú debes de ser Spike? Julia decía que tenías los ojos de distinto color. Aseguraba que poseías una gran fuerza interior, una fuerza mágica y misteriosa."
"Conocerás a una joven y esa joven luego intentará matarte y quizás lo consiga"
"Si voy, desde luego no será por ti"
Jet herido sobre una camilla.
"Spike, tú ya no formas parte de la organización. Olvídate de todo esto"
"Hay que mirar hacia delante, hacia el futuro."
"¿No crees que es hora de enterrar a ese muerto?"
Las veces en que bailó bajo un aguacero de balas.
"Fingiré estar muerto"
Faye apuntándole en el pasillo de la Bebop.
"Aquel día también llovía"
"Ve a recuperar lo que perdiste."
Vicious y él, espalda con espalda.
"Veo que por fin te has despertado."
Julia entre sus brazos y mil palomas volando en bandada.
"Todo ha sido un sueño."
El silencio se hizo de repente, un segundo eterno hasta que una voz grave y solemne habló:
- Quédate bajo el sol que calienta tu piel y bajo la sombra que refresca tu ser. Quédate junto a los pastos que te alimentan y junto al arroyo que calma tu sed. Quédate en la tierra que da la vida, permanece junto al espíritu que te necesita. Sigue el alma que te brinda su guía, la conciencia que abandona su ser para atarte a la tierra y arrebatarte de las manos de la muerte. No olvides tu nombre, todavía no.
Y la luz desapareció, la oscuridad se hizo de nuevo.
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Despertó. Apenas veía nada hasta que sus ojos se acostumbraron a la cálida luz que provenía del fuego. No reconocía el techo, aquellas pieles superpuestas unas encimas de otras y a su vez sujetas a la madera. El humo se escapaba por una abertura en el centro de la tienda. En el pequeño fuego, la madera seca crepitaba incesante y las chispas que se desprendían de las brasas saltaban encima de las llamas en una danza hipnotizadora.
Se inclinó, se incorporó todo lo poco que podía hacia delante. Las pieles que le cubrían dejaron al descubierto su torso. Tenía el pecho desnudo y pinturas rojas y azules cruzaban su piel. En el abdomen varias rayas también lo surcaban y una especia de emplaste, húmedo y pringosocubrían una herida que atravesaba su costado de parte a parte.
El olor a incienso entremezclado con maderay menta o algo que se le asemejaba llenó sus fosas nasales.
Tragó saliva, en la boca un amargor extraño. Tenía sed pero tampoco le apetecía beber.
- Duerme, el gran espíritu Wakan Tanka velará tus sueños. – Escuchó una voz familiar que se dirigía a él, pero no situó a la persona que le hablaba.
Volvió a apoyar su peso contra las mullidas y reconfortantes pieles. Sabía que tenía que estar herido, muy herido, sin embargo, no lo notaba. Solamente sentía una calma que le rodeaba, que le atravesaba y que volvía para mecerle entre sus brazos. Quizás, ya estaba dormido de todos modos.
Levantó su brazo hasta que su mano quedó a la altura de sus ojos. La observó, aquella mano callosa acostumbrada a empuñar la pistola parecía tan real, parecía la misma de siempre. Pero bien sabía que aquellos tres años también habían sido muy reales y sin embargo, siempre estuvo soñando. Cómo no permitirse dudar, poco le importaba ya equivocarse.
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"No se puede rechazar un sacrificio"
Oscuridad, impenetrable oscuridad y un eco lejano. Nada más hasta que de repente se encontró sentado en medio de una pradera, de un magnífico y extenso prado de majestuosa hierba verde como jamás había visto. El viento mecía con suavidad el pasto como si fuera un enorme mar esmeralda y el sol brillaba con fuerza, dotando a todo de una luz propia. A su lado descendía un riachuelo de profundas aguas cristalinas que corrían serpenteando entre la caprichosa tierra y a su frente, un águila descansaba apoyada en una cerca de madera que separaba la pradera.
- Spike¿estás vivo? – Le preguntó con voz penetrante el animal.
El cazarrecompensas le miró, escrutó sus magníficos ojos grises, pero no llegó a sorprenderse de que hablara.
- ¿Lo estoy? – Inquirió indeciso.
- Eso es algo que deberías saber.
- Dímelo tú. – Rogó suplicante, observando como en el cielo no había una sola nube.
- No puedo, yo solamente estoy aquí para guiarte si realmente estás muerto.
- ¿A dónde?
- No puedo explicártelo hasta que no hayamos llegado. – Le respondió apartando su mirada y extendiendo sus enormes alas, dispuesto a salir volando en cualquier momento.
- ¿Entonces cómo voy a decidir?
- Spike, ya has decidido – Aseveró de pronto el águila volviendo su vista a él.
- ¿Qué? –Alcanzó a decir perplejo el cazarrecompensas.
Pero la visión se evaporó, el pájaro se había esfumado frente a sus propios ojos y seguidamente todo a su alrededor desapareció como si nunca hubiera existido.
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Despertó de nuevo. Y otra vez las mismas pieles descoloridas le recibieron. El fuego aún permanecía encendido y el olor a incienso era aún más intenso. Escuchó los cánticos, una perorata que no parecía terminar, un canto que no tenía descanso y sin embargo, Laughing Bull era capaz de fumar la pipa constantemente lanzando el humo sobre él cada vez que espiraba, rodeándole de la cabeza a los pies y vuelta a comenzar. A su espalda, su ayudante no dejaba de martillar el tambor uniéndose sutilmente a las palabras de Bull en un lenguaje que Spike no entendía.
De repente, el ruido cesó y escuchó como Laughing propinaba tres golpes secos contra el suelo dando por finalizado el ritual.
Cuando pasó un poco el tiempo el viejo indio se acercó a Spike que permanecía con la vista fija en el techo en una especie de entresueño. Éste sintió como Bull pasaba la mano por su nuca para inclinar levemente su cabeza y darle de beber del pequeño cuenco que le ofrecía. El olor no era malo del todo, pero las hierbas medicinales nunca fueron la suyo, así que intentó apartar la cabeza. Laughing le sujetó y aproximándole el contenido consiguió que bebiera sin oponer más resistencia.
Volvió a recostar a Spike que, sin poder evitarlo, comenzó a toser, y con cada bocanada de aire que expulsaba notaba como el cuerpo le dolía un tormento. El hombro, el pecho y sobre todo el costado.
Cuando consiguió que su respiración se normalizara buscó con su mirada la de Laughing. Éste le sonrió sin apenas mover los labios. Las arrugas a ambos lados de sus ojos se le marcaron del resto de líneas que surcaban su cara.
- Bull – Susurró sin fuerzas.
- Spike – Respondió éste.
- ¿Cuánto tiempo llevo aquí?
Bull no le contestó inmediatamente. Buscó la pipa y se la llevó a los labios apurando lo poco que quedaba dentro.
- Llevas cuatro días.
- Cuatro días. – Repitió Spike entornando ligeramente los ojos – Tres años y cuatro días soñando.
Laughing asintió con la cabeza expulsando el humo por la boca mientras lo hacía. A su espalda, su ayudante se levantó sin apenas hacer ruido y abandonó el tipi.
- ¿Aún estoy dormido? – Continuó Spike.
El viejo indio se encogió de hombros dejando nuevamente la pipa en el suelo. Spike miró al techo como si reflexionara para él mismo, como si estuviera asimilando aún todo lo ocurrido ahora que se encontraba algo más consciente.
- Tiene gracia – dijo con ironía – lo más real que he vivido seguramente ha sido un sueño.
Bull le miró compasivo, entendía que las visiones de una persona que está a punto de viajar al otro mundo pudieran ser más vívidas que la propia realidad. Y aunque sabía que éstas debían ser personales, optó por preguntar, él era el único que podía ayudarle a desmarañar su significado si es que realmente tenían uno.
- ¿Qué has visto?
Spike meditó durante unos segundos antes de contestar, pero la respuesta que halló no fue suficiente.
- No lo sé – Confesó al fin.
- Entonces¿por qué estás aquí?
- ¿Qué? – Preguntó sorprendido.
- Sí, estabas muerto – Afirmó el indio mirándole fijamente.
Spike calló como si interiorizara lo que Bull acababa de decir mientras se llevaba la mano instintivamente al costado, pero se detenía en el momento que notaba el emplaste sobre él.
- Pensé que iba a morir. – Admitió el cazarrecompensas dejando caer la mano a su lado.
- Tu destino era morir – Dijo el indio con aquel tono afable pero que contenía toda la firmeza del mundo.
- ¿Y entonces? – Preguntó indeciso Spike.
- Descansa. Wakan Tanka es sabio, Wakan Tanka es el mismo conocimiento.
- ¿Quiere eso decir que si cierro los ojos puede que ya no despierte?
Bull negó con la cabeza adoptando un semblante serio. Él era al fin y al cabo un chamán, uno de los pocos que albergaba el universo y sus palabras contenía verdad, una verdad que no debía ser dudada.
- Un alma que el Gran Espíritu ha rechazado por el motivo que sea, no es reclamada hasta que su nueva hora llega. Tu estrellamilagrosamente aún no ha caído.
- Bull… - Intentó replicar.
- No desees la muerte cuando un nuevo camino se ha abierto para ti.
Spike giró la cabeza, descansándola hacia el otro lado y fijando su mirada en las pieles que cubrían esa parte del tipi. No estaba muerto. Pero Julia y Vicious sí lo estaban. No lo entendía. ¿No era su destino acabar todos juntos cegados por la venganza?
Sin embargo, el cuerpo le seguía doliendo, señal inequívoca de que estaba vivo y de que por una vez no estaba soñando.
Intentó incorporarse pero sintió una punzada terrible en el estómago.
- No te muevas. – Le disuadió Bull – Debo cambiarte el emplaste. La equinaccea te ayudará a que las heridas se desinfecten completamente y que cicatricen lo más rápido posible.
Spike le observó mientras metía una sustancia con aspecto pringoso en un mortero y después añadía unas hierbas y raíces que él desconocía y un líquido transparente, para después removerlo bien encargándose de aplastarlo todo junto.
Laughing limpió la zona herida con un trapo húmedo, después aplicó el ungüento sobre la maltrecha herida cuya sangre escurría en un pequeño hilillo por la parte inferior. También se ocupó de las heridas de bala, pero a diferencia de ésta no eran tan importantes.
Después de que Bull terminara, Spike se permitió dormirse durante unas cuantas horas. Para cuando despertó, un calor abrasador le recorría el cuerpo y las sienes, intercalado con sudores fríos que iban y venían. Tenía fiebre. Un paño empapado en algo frío reposaba sobre su frente y las pieles que le cubrían habían sido retiradas del todo. La cortina del tipi estaba levantada sujeta por fuera y el viento fresco de la noche se colaba por la puerta sin ningún pudor. No había nadie en la tienda y a través de la puerta podía observar una luna que tímidamente se dejaba ver detrás de un impresionante horizonte recortado por escarpadas montañas.
Oso gris,el ayudante de Bull se asomó en ese preciso momento y le saludó levemente con la cabeza mientras entraba. Spike no dijo nada, solamente le observó mientras se ponía de rodillas a su lado, levantaba el paño y comprobaba el calor de su frente. Le vio como mojaba la tela en un cuenco de su izquierda y volvía a colocarla en su cabeza. Sin embargo, cuando acabó la operación no se retiró, se quedó a su lado mirando hacia fuera.
Poco a poco las estrellas se fueron iluminando en un cielo azul oscuro espectacular.
El indio se inclinó imperceptiblemente hacia delante. Parecía que quería decir algo, pero no se atrevía.
Spike le miró con paciencia, esperando el momento en el que se decidiera, mas, no llegó a hacerlo. Se levanto dirigiéndose de nuevo a la salida. Aunque, en el último momento se volvió y apuntando al cielo le dijo con una decisión que nunca había visto en su rostro, como si algo le impulsara a ello:
- La luna ha salido y todas las estrellas se encuentran en el firmamento, pero llegado el momento aquella que no protege a quien corresponde, comenzará a tambalearse y puede que caiga.
Spike le miró con perplejidad ante la repentina valentía pero también por lo enrevesado de sus palabras.
- Entiendo cada palabra que dices – respondió – pero lo que no entiendo es lo qué quieres decir – Se quejó con humor el cazarrecompensas aún a pesar de tener la cabeza a punto de estallar y la mente dormida por la fiebre.
El indio le miró fijamente y la pequeña sonrisa que los labios de Spike habían dibujado en sus comisuras desapareció en un intento de aparentar atención, aunque la debilidad que se apoderaba de su cuerpo se lo impedía.
- Ahora no te sirve de nada – Afirmó el ayudante de Bull – Sólo recuérdalo. Pero llegado el momento tendrás que hacerlo frente porque no sería justo que lo eludieras.
En ese momento la voz de Lauhging le interrumpió demandándole que le acompañara desde el exterior de la tienda. Éste asintió con la cabeza y echó los hombros hacia delante. Fue como si su actitud cambiara de repente, como si volviera a ser él mismo y dedicándole la más afable de sus sonrisas salió del tipi.
Spike entornó los ojos y respiró profundamente. El sopor que le causaba la fiebre era superior a sus fuerzas, a penas podía mantenerse despierto y su cuerpo parecía entumecido de la cabeza a los pies. Intentó aguantar un poco en vela, sin embargo, perdió la consciencia a los pocos minutos.
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Faye tomó entre sus manos una de las dosis del nuevo Red Eye. La examinó a la luz de la lámpara, era de un color rojizo claro, casi semitransparente que dejaba ver a través suyo. Era diferente a la habitual droga cuya densidad era mayor confiriéndole un color intenso parecido a la sangre. El aplicador común era una especie de pieza metálica que se clavaba en el medio del tapón del botellín y que por el otro lado tenía una abertura por la que la dosis se administraba directamente en el ojo. Aunque, éste era distinto, el aplicador se trataba más bien de un spray. Solamente había que colocar el frasco de Red Eye y al apretar de un pequeño pulsador el líquido salíadifuminadodirectamente a la boca. Deberían haberle cambiado el nombre, pensó. Red Mouth sería un apelativo más adecuado, aunque quizás también podía usarse vía ocular.
Lo desconocía, de hecho no le importaba cuantas formas hubiera de ingerirlo, no era como si pretendiera venderlo y sacar provecho de la compraventa, aquello le repugnaba.
Se preguntó qué le impedía no romperlas todas lanzándolas con fuerza contra el suelo. Estaba segura que sería un espectáculo digno de contemplar, todos esos frascos minúsculos partiéndose en trozos, cristales saltando por doquier y después aquella sangre adictiva desparramándose por el suelo.
¿Por qué no lo probaba antes de deshacerse de ello¿No decían que era tan bueno que pronto desbancaría al Red Eye original y hasta al propio Bloody Eye? Aunque, de cualquier modo no iba a desprenderse tan pronto de la mercancía, le podía ser de mucha utilidad como moneda de cambio si algo sucedía.
Miró hacia la ventana, afuera comenzaba a llover de nuevo. Llevaba toda la tarde lloviendo y parando continuamente, lo cual provocaba que el ajetreo en la calle fuera más tranquilo que otras veces. Aquello, por taciturno que pareciese le agradaba. Contemplar la calle medio vacía y las pocas personas que pasaban, calladas, sumidas en sus pensamientos sin alterar para nada la tranquilidad del crepúsculo.
Se dio la vuelta y volvió a la cápsula de Red Eye mientras el ruido de las gotas de agua chocando contra el cristal llenaba la habitación.
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Spike tomó consciencia de donde estaba con un sobresalto que causó que la botella de whisky rodara por la mesa, por suerte, ya estaba vacía y consiguió cazarla al vuelo antes de que se precipitara al suelo.
La estancia estaba casi a oscuras si no fuera por la luz de la farola que situada en la esquina se colaba por las rendijas de la persiana.
- Bonito viaje al pasado – Se dijo irónicamente mientras se secaba el sudor de la frente con la manga de la chaqueta.
Se levantó y rodeando el mostrador alcanzó la puerta. Antes de marcharse echó un último vistazo a su alrededor en la penumbra de la estancia. Parecía el lugar y el momento propicio para que un fantasma hiciera su aparición, aunque realmente, solamente él era el aparecido.
La noche avanzaba lentamente comiéndose en su camino la poca vida que quedaba en esas calles y volvió esa melancólica decadencia que tan bien recordaba. Incluso fue más propicio aún, la lluvia comenzó a caer convirtiéndose rápidamente en un aguacero.La gente huyó despavorida y aquella que fue más previsora se apresuró a abrir sus paraguas.
Spike, en cambio, caminó y caminó sin rumbo fijo resguardándose como pudo de la lluvia pero sin dejar de pensar un minuto en lo que Bull le había dicho, en el día en que murió, en los penetrantes ojos del águila y sus palabras y sintió que no entendía nada. Había tratado de olvidar el pasado evitando pensar en él como única forma para continuar y en cierto modo lo había conseguido, pero bien se sabe que del karma no puede escaparse a no ser que se enfrente a él. Y la verdad, es que casi creyó conseguirlo cuando los días se sucedían uno a otro bajo el adusto sol del desierto, cuando aprendía valiosas lecciones, que ahora, el mundanal existir habían conseguido apartar de su mente.
No entendía nada sobre el hombre y el animal, sobre el pasado y el futuro coexistiendo con el presente, sobre el alma de los seres vivos…y sobre tantas otras cosas. Se encontraba perdido entre los recuerdos de un ayer que aquella tarde había recordado como si fuera hoy, y en momentos en los que su entendimiento casi alcanzó la verdad, sin embargo, de nuevo volvía estar lejos de saber algo con claridad.
Miró la calle que se extendía a su frente. Del bar de la esquina una pareja salió cogida de la mano y el sonido de la música del interior se coló momentáneamente a través de la puerta abierta. Miró su traje y comprobó que estaba lo bastante empapado como para sopesar hacer un alto en el camino y aquel bar no parecía mala elección para descansar un rato tomando una copa. Al levantar la vista de nuevo, sus ojos chocaron contra el letrero fluorescente que sobresaliendo de la pared del local, se encendía y apagaba y volvía a iluminarse en grandes letras azules.
- Blue Moon – Leyó en voz alta. – Qué curioso, pensé que esta noche había luna nueva.
Entró, poco se diferenciaba de cualquier otro bar. La luz era tenue, enfrente de la puerta se extendía una barra de varios metros y en una esquina del fondo, una mujer acompañaba con su voz la melodía de un piano que más que tocar parecía llorar en el más hermoso llanto que hubiera escuchado.
Se acercó a la barra tomando asiento junto a ella. Su mirada recorrió el local mientras sacaba un cigarrillo de su chaqueta. En las mesas se repartían por igual parejas que solitarios aferrados a un vaso de licor, pero todos parecían emocionados por la canción.
Dejó el mechero y la cajetilla de tabaco sobre el mostrador y haciendo un gesto al camarero pidió un whisky. Éste se acercó.
- ¿Con hielo? – Le preguntó acercando la botella.
Spike levantó la vista hacia él.
- Sí. ¿Por qué no? – Le contestó girándose para admirar a la rubia cantante que continuaba entonando aquella melancólica canción.
El camarero trajo enseguida el vaso y llenándolo de whisky lo dejó al lado de Spike que cogiéndolo lo llevó a sus labios. Apuró más de la mitad y siguió observando a su alrededor pero sin el mínimo interés. Un hombre salía del servicio y otro se levantaba para depositar un billete en una enorme copa de cristal que estaba situada encima del piano. La cantante le dedicó una sonrisa y se acercó a él para atender su petición. Asintiendo con la cabeza se dirigió al pianista para indicarle la próxima canción.
De nuevo la melodía volvió a sonar y la voz penetrante de la mujer llenó el local con su sensualidad y tristeza.
Tell me how you've been,
Tell what you've seen,
Tell me that you'd like to see me too.
'Cause my heart is full of no blood,
My cup is full of no love,
Couldn't take another sip even if I wanted.
But it's not too late,
Not too late for love.
Spike apuró el vaso y volviéndose hacia la barra pidió otro. El camarero se acercó rápidamente pues llevaba un rato observándole y no le costó adelantarse a su petición.
- ¿Es usted nuevo? – Le preguntó el barman aún a su lado.
- Podría decirse. – Contestó Spike mirando el color pardo del licor sin hacerle mucho caso.
- Pero no en la ciudad.
- Por desgracia no.
Spike sonrió de medio lado y se giró de nuevo a contemplar la actuación.
El camarero le miró detenidamente mientras Spike expulsaba el humo del cigarrillo por la boca y echaba un trago a la bebida. Le sorprendió la cadencia de sus movimientos, tan estudiada y medida, o simplemente tan acostumbrado a hacerlo.
My lungs are out of air,
Yours are holding smoke,
And it's been like that for so long.
I've seen people try to change,
And I know it isn't easy,
But nothin' worth the time everis.
But it's not too late,
Not too late for love.
- ¿Busca a alguien? – Preguntó de pronto el camarero que llevaba un rato meditabundo mientras le observaba.
- ¿Tengo pinta de ello? – Contestó Spike estirándose hacia atrás y bostezando.
- No, pero…
- Pero ya sabe a quien busco¿no es así? – Dijo el cazarrecompensas fijando su vista en el barman.
- ¿Eh?
- No ha dejado de mirarme desde que me he sentado – resolvió Spike – y no creo que sea por guapo.
- Me recuerda mucho a una persona.
Spike no dijo nada, sonrió irónicamente mientras terminaba lo poco que restaba en el vaso. El hielo se partió en dos al depositarlo sobre la barra y en ese preciso momento la canción que llevaba sonando desde hacía un rato terminó. Algunos aplaudieron y otros aprovecharon la pausa para tratar de hacer su petición.
- Hoy no creo que venga. – Dijo de nuevo el camarero mirando hacía la ventana por la cual se podía contemplar el caminar de los transeúntes.
- ¿Por qué?
- Llueve.
- ¿Y? – Inquirió Spike.
- No lo sé. Solamente sé que ella no viene cuando llueve.
El cazarrecompensas miró también hacia la ventana. Afuera aún permanecía lloviznando.
- Una cosa puedo decirle – continuó el barman – siempre viene andando.
Spike le sonrió por compromiso y sin mediar palabra dejó un billete en la barra. Saliendo a la calle fijó su vista instintivamente en el último piso del edificio del enfrente cuya ventana permanecía con la persiana levantada a pesar de la hora.
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La joven de cabellos violetas caminaba por el pasillo del edificio, de vuelta de comprobar el jaleo que se había armado en el piso de abajo. Los gritos perteneciente a la voz de un hombre habían perturbado la paz de su aislamiento, así que tuvo que bajar y persuadir al susodicho de que si se le ocurría volver a molestar a su ex-mujer y por consiguiente a ella misma con su vocerío, más o menos sería lo último que haría.
Al llegar a la puerta de su apartamento, introdujo la llave girando el pomo para abrirla. Entró, comprobando que luz estaba encendida, aunque ella la había apagado antes de salir.
Se dio la vuelta, apoyado en la puerta que acababa de cerrar se encontraba Spike con los brazos cruzados.
- Bonito apartamento, me sorprende que hayas tardado tanto en invitarme.
La cazarrecompensas esbozó una fingida sonrisa y sacó su arma de debajo de la cazadora.
Spike desenfundó la suya, en cambió su sonrisa no llegó a conformarse.
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Bueno y esto es el capítulo 12. Me disculpo por el retraso y como siempre prometo no ser tan tardona en el futuro, pero quien sabe…
Para empezar quiero aclarar varias cosas sobre el capítulo:
Cuando digo que Spike mira a la luna cuando está en el desierto, evidentemente no se trata de nuestro satélite terrestre porque según el anime hubo un accidente en unos de los portales y la luna explosionó, además que desde Marte no sería visible. En Marte existen dos satélites, uno de ellos muy pequeñito y otro más grande, pero de ningún modo se podrían ver en el cielo de forma parecida a la nuestra, si no mucho más pequeña y difusa, pero yo me tomo la licencia de crear una luna más grande, como la nuestra, para mi fic, que queda más bonito y para eso soy la jefa, jaja, para algo me tenía que servir.
Otra cosilla, en cuanto a las referencias a la cultura india he intentado mantenerme fiel a su religión y costumbres, tal y como sucede en la serie.
Espero que se entienda bien que Spike está recordando el pasado cuando se duerme en la tienda de Annie y que no haya sido mucho lío leerlo sin hacer una introducción previa, pero según mi gusto, eso quitaría el encanto.
Quiero agradecer la atención prestada a este fic y todos los comentarios que me han sido dejados. Ante todo quiero agradecer a mis "niñas" (shuls, Kamimura, AkikoSamaN) su apoyo incondicional y a aquellos que también me han comentado enviarles un abrazo: Faervel, Aizar Countess Ozaki D, Lady Vegeta Brief, si me olvido a alguien, perdón ;(
Sobre la teoría que exponéis sobre los sueños azules de Faye, no es exactamente lo que queréis decir. Aunque salgan recuerdos compartidos por ambos, no son los recuerdos de Spike y su no-muerte, sino cosas relacionadas directamente con ella, pero no descubro más que me gusta mantener la tensión y que elaboréis hipótesis, y quizás en el futuro os mangue alguna idea…jeje
Ah, me alegro que haya gustado la conversación Spike-Bull y que sirva para reflexionar sobre el día a día, ya que mientras más leo sobre la cultura india más me doy cuenta de la gran verdad sobre ciertas cosas y sobre su profundo respeto hacia la naturaleza y a cualquier ser vivo, cosa que nosotros en nuestro mundo desarrollado hemos perdido.
Uy, que filosófica…;)
Bueno, creo que es todo. Espero vuestros comentarios con lo que sea, ah, además, prometo contestar.
Besotes.
Fuerza y Honor
Life is but a dream and in dreams you will find the truth.
