"Las palabras no son buenas para el sentir de lo secreto. ¿Quien puede ponerle nombre y apellidos al infinito?" Proverbio Chino
13. Little Room
El silencio era total si no fuera por el sonido de la lluvia que caía con fuerza en el exterior impregnando el ambiente de una extraña calma.
Spike la observó con la pistola en la mano y él con la propia en la suya. Esta vez las cosas iban en serio. En la cara de Faye no había muestra de duda que le indicara que no iba a dispararle, pero él tampoco iba a amedrentarse. Nunca lo había hecho como para empezar ahora y menos con Faye.
Por su culpa los Red Dragon volvían a su vida. Y aunque podía haber dejado que ella se las apañase sola, siempre cabía la más que probable posibilidad de que tiraran del hilo y que llegaran hasta la Bebop y sus tripulantesy no podía permitirlo, sobre todo cuando les había desafiado de forma tan descarada. Ahora que conocían su identidad la encontrarían, quizás tardaran meses o años pero siempre acabarían alcanzando a su presa y más cuando les había arrebatado un cargamento de Red Eye.
- Spike – dijo Faye de pronto. Su voz era la misma pero el tono contenía cierta ironía al decir de nombre. Sus labios volvieron a formar aquella fingida sonrisa que tanto distaba de la habitual sorna con la que adornaba todas sus frases.
- Faye – respondió el cazarrecompensas imitando la falsa camaradería que había querido traspasar al decir su nombre.
Ésta no se movió, permaneció mirándole como si en cierto modo se riera de él. No parecía nerviosa, no parecía alegre, no parecía triste, no parecía nada, solamente estaba allí plantada con esa mirada inanimada que incitaba a desafiar.
- ¿Qué demonios crees que estás haciendo? – dijo él de pronto.
Faye le sonrió abiertamente mostrando sus dientes de forma exagerada durante un segundo con la intención de acentuar la falsedad de su sonrisa. Spike la miró duramente mientras apretaba la mandíbula y al instante soltó el seguro de su Jericho.
La joven no se amedrentó. Le miró mientras recuperaba su impasibilidad como si alguien hubiera cubierto su cara con una perfecta máscara con la intención de mostrar el sentido de la palabra apatía.
- ¿No vas a contestar? – Insistió Spike un poco cansado.
Faye apartó momentáneamente la vista de él y entrecerrando los ojos pareció cavilar el resultado de un posible tiroteo o por lo menos dio esa impresión, sin embargo volvió a mirarle sin hacer gesto alguno.
Spike esperó su respuesta pero como ésta no llegaba no pudo evitar echar un vistazo a su alrededor inspeccionando la habitación, fijándose en los cristales rotos esparcidos cerca de la pared. Antes de que pudiera hacerse una vaga idea de qué podía tratarse, Faye le interrumpió.
- ¿Qué demonios crees que estás haciendo tú? – Respondió al fin molesta.
- Ya sabes a lo que he venido.
- ¿Sí? Dime ¿A qué has venido? – Inquirió en tono burlón.
- Voy en serio Faye. – Le advirtió el otro.
- ¿Y antes no? Márchate si no quieres salir con un agujero más en tu fibrado cuerpo.
- No pienso irme hasta que no recupere el Red Eye. – Sentenció el cazarrecompensas dejándole claro sus intenciones.
- Ja – Le respondió la joven con voz helada.
Ambos guardaron silencio observándose por un instante hasta que Faye bajó su pistola girándose hasta darle la espalda. El pelo le caía algo más largo que por la parte de adelante, tapándole completamente la nuca y rozando el empiece de la camiseta. No hacía mucho calor pero ella no llevaba más que la camiseta de tirante ancho, olvidándose por una vez de la cazadora de cuero. El blanco de la camiseta contrastaba con el color azabache de las botas que calzaba hasta debajo de sus rodillas y a la vez contra los pantalones negros que llevaba, marcando la forma de sus musculosas piernas.
- ¿Con que a eso ha venido el temible Spike? – Inquirió la joven sin girarse – A eso debo el honor de que se presente en mi apartamento demostrando su preciso sigilo.
En ese momento la lluvia comenzó a caer con más fuerza acompañando la creciente tensión de la situación.
- ¿Decepcionada? – Le siguió el juego Spike.
- No esperaba menos. Siempre estoy preparada para la estupidez.
- Siento que en esta ocasión no sea así. Quiero que me entregues el cargamento.
- Métete en tus asuntos. – Saltó la joven bruscamente alejándose varios paso hacia adelante – No quiero ver tu maldita cara cada vez que me doy la vuelta, ¿entiendes? Piérdete.
- No creas que yo tengo ganas de ver la tuya – replicó con fastidio Spike con la vista fija en su espalda – y menos arriesgando el pellejo del resto. ¿No crees que pueden ir a por Jet y a por Ed?
- ¿Y no estás tú para protegerlos? –Le contestó con sarcasmo – ¿Por qué te preocupas entonces?
- ¡Corta el rollo!
- ¡Corta el rollo tú! – Se volvió girando sobre sí misma. Estaba más seria aún que cuando había ido a por Marco Antonio – Escúchame bien, sabes de sobra que no van a ir a por vosotros. Así que te rogaría que me dejases tranquila de una vez.
- Voy a llevarme el Red Eye. – La obvió Spike con decisión, casi como si tuviera una única premisa que debiera cumplir; irse con la droga y zanjar el asunto.
- ¿De veras? ¿Cómo lo vas a hacer?
El cazarrecompensas apuntó a la altura de su corazón en un intento por amedrentarla, aunque dudaba que eso surtiera algún efecto. La conocía desde hacía un tiempo y siempre supo que era demasiado echada para adelante para temerle a un arma aún a pesar de que no podía decirse de que siempre le salieran bien los planes, aunque ahora quién sabría cuales serían sus límites.
- Dispárame, porque va a ser la única forma en que te lo lleves. – Le aclaró la joven al instante guardando su revólver.
Éste la vio acercarse con paso lento pero seguro hasta quedar a varios centímetros del cañón de su pistola, lo que significaba que ella también estaba lo suficientemente cerca, cosa que resultaba más insólito que el que se le encarase, ya que parecía guardar una distancia prudencial entre ella y todo a su alrededor.
- Dispara. – Le instó de nuevo sin dudarlo.
- ¿No sabía que desearas la muerte con tanto ahínco? – Soltó irónicoalejando fugazmente la gravedad del asunto.
- Dímelo tú – le respondió sin parpadear – aquí eres el único que lo sabe.
Spike la miró con intensidad con una mezcla de irritación y sorpresa, sin embargo consiguió que ninguna de esas emociones le dominara mientras en la calle la sirena de una ambulancia se perdía en la lejanía.
- No. – Contestó secamente de forma reacia. – Yo nunca fui un suicida.
Faye no dijo nada mirándole en cambio sin interés.
- No me importa lo que pienses. – Le aclaró de mala gana. – Yo tenía una cuenta pendiente.
Faye siguió sin contestar y sin moverse, sin hacer gesto alguno como si su cara no pudiera expresar ninguna emoción salvo aburrimiento. Parecía que quería demostrar que no le interesaban las razones de Spike y en cierto sentido lo estaba dejando claro.
Spike la observó midiendo cuanta de su actitud era una pose y cuanta quería saber la verdad. Por que algo tenía que importarle, o debió importarle cuando a punto estuvo de dispararle para detenerle hacia ya un año. Algo en ella tenía que querer una explicación, aunque él no se la fuera a dar, porque así entendería ciertas cosas.
- ¿Cuál es tu objetivo? – Volvió a hablar Spike – ¿Destruirles? Eso, créeme, nadie puede hacerlo. Siempre habrá alguien que continúe, siempre alguien que aprovechará su poder.
- Pensé que solamente pensabas en tu pellejo. – Le respondió con tranquilidad.
- Y eso hago.
- ¿Entonces? ¿Culpabilidad? – Faye dio un paso al frente. El cañón de la pistola rozó su camiseta presionando contra su piel. Spike se mantuvo firme, sin embargo la joven no dejó de avanzar hasta que alcanzó el pomo de la puerta a la espalda del cazarrecompensas. Spike retrocedió un paso.
– Lárgate, es lo mejor que puedes hacer. – Instó con firmeza la joven empujando la pistola con su cuerpo.
En cambio esta vez Spike no se movió aunque ahora Faye no distaba más de quince centímetros de él.
- ¿Me vas a echar tan pronto? – Recurrió éste a su acostumbrada socarronería – ¿No vas a invitarme a una taza de té?
Faye le ignoró girando con lentitud el picaporte, quería que se fuera y que en esta ocasión lo hiciera para siempre. De pronto Spikela miró fijamente.
- ¿De qué tienes miedo? – le preguntó incisivo.
Faye le devolvió la mirada, sus ojos verdes destacaban al débil resplandor de la lamparilla de noche como esmeraldas bajo una luz mortecina.
- ¿Te gustaría que tuviera miedo de enfrentarme a ti?– le respondió desafiante irguiéndose sobre sí misma para demostrarle que no era así.
La tensión era tal que parecía que de un momento a otro el hilo que sujetaba las partes de la escena se pudiera romper provocando que todo estallara en pedazos.
- No precisamente, solamente quiero que me respondas a algo. – Aseguró Spike con sobriedad, de una forma tan poco habitual en él que si alguien desde fuera le hubiera visto hubiera pensado que de un momento a otro éste iba a soltar una broma.
Otra sirena comenzó a sonar en el exterior, pero esta vez era de un coche de policía que pasaba justamente por esa misma calle, acercándose y alejándose casi en el mismo instante para perderse después, para dejar de nuevo el sonido de la lluvia cayendo con intensidad como música de fondo, como había sido desde que comenzara la conversación.
Faye esbozó fastidio y tedio a la vez, estaba harta de que todo el mundo quisiera que le diera respuesta a sus preguntas como si tuviera que dar explicaciones a cada momento.
- Lo siento, no eres el primero que quiere que le conteste algo y no esperes que porque seas tú lo vaya a hacer.
Faye abrió la puerta hasta que chocó contra la espalda de Spike, decidida a terminar con esta pantomima definitivamente. Se estaba cansando de seguir con lo mismo una y otra vez y no le importó que la puerta le golpeara aunque estaba segura que no le había hecho daño.
Éste le echó una mirada severa dejando de lado todo atisbo de la paciencia que había tenido hasta ahora, no estaba dispuesto a que se riera de él. Le irritaba que creyera que podía salirse con la suya tan fácilmente como si él fuera un pelele que pudiera dominar a su antojo.
- Se acabó tu tiempo. – Indicó la cazarrecompensas como si su acción no hubiera sido suficiente.
Spike estiró el brazo y atrapando con su mano la de Fayecerró de golpe la puerta.
- ¡Basta ya de bromas! Faye – Ordenó – No sé qué pretendes pero deja de jugar.
Faye le miró sin inmutarse.
- ¿Crees que juego contigo? – Siguió con sorna la joven sin intimidarse ante la repentina actitud de Spike.
- No me trates como si fuera un tonto haciendo de eco de todo lo que digo – Exclamó asiéndola por la camiseta.
En ese momento ya no hubo más distancia que Faye pudiera mantener, éste la agarró echándola hacia sí hasta que salvó la diferencia de altura entre ambos.
La habitación quedó muda durante unos segundos expectante ante lo que se acontecía en su interior.
Spike sostuvo en su puño la tela mientras Faye chocaba contra él sin poder evitarlo. La distancia era tan exigua que éste pudo distinguir cada pequeña línea de su cara, incluso oler el perfume imperceptible de su pelo y notar la extraña tibieza de su piel. Por un momento se sintió como si rompiera la calma en la superficie de un estanque largamente en quietud.
Faye, aunque algo sorprendida, lejos de intentar zafarse sonrió de una forma inexplicable, ocultando su desagrado y reflejando la arrogancia de quien sabe que nada puede perturbarle. Spike la soltó casi de inmediato, arrepentido de haberlo hecho.
Faye dio un pequeño traspiés al asentar de nuevo los pies en tierra.
- No pienses que te debo una disculpa – replicó Spike aunque ésta no había dicho nada.
La joven simplemente le miró de reojo.
– Deja ya esa actitud. Tú no formabas parte de nada. – No sabía porqué decía eso pero sonaba a justificación y era lo que menos le apetecía hacer.
- No te la he pedido. – Replicó Faye – Odio esaforma de ser, prepotente como la tuya. Odio las personas que se creen el centro de atención. Recuérdalo Spike, no todo gira en torno a ti. Creo que te molesta más que no lo haga que verte involucrado en nada.
Faye se giró,apartándose hasta apoyarse en el respaldo de una silla, mirándole con esa languidez en sus gestos. Spike no dijo nada mientras recuperaba la compostura que había perdido momentos antes, a la vez que observaba el apartamento como si así encontrara una respuesta a la representación que estaban interpretando.
Aquello era surrealista, había conseguido sacarle de sus casillas y no había conseguido nada a cambio, solamente que ésta se saliera con la suya.
Volvió a posar su vista en ella al percibir de soslayo que se movía, colocándose la camiseta por la que momentos atrás la había levantarla fugazmente para desenrollarla de su alrededor apreció ensu abdomen que unas vendas gastadas rodeaban su cintura de manera descuidada, por las que la sangre había traspasado hacía días dejado unas cuantas manchas resecas y de color pardusco.
Aquello le sorprendió, al fin y al cabo eso demostraba que era humana, que también podía cometer errores aunque no le satisfizo del todo el descubrirlo.
Faye levantó su vista cazándole mientras miraba fijamente el vendaje antes de ocultarlo bajo la tela.
- ¿No te has dado por enterado? – Dijo la cazarrecompensasmolesta porque hubiera descubierto el corte. – Ya puedes irte.
No quería que supiera nada de su vida, sin embargo en menos de una semana él y Jet habían sido capaces de desenmascararla como asesina de los dragones rojos, además de cruzarse en su persecución por la misma presa.
- Esto no tiene ningún sentido. – Afirmó derrotado Spike, dándose cuenta que aquello no llevaba a ningún camino – Yo quiero una cosa y tú quieres justo lo contrario y podemos estar eternamente discutiendo.
- Ya te lo he dejado claro.
- Y yo no me doy por aludido – respondió Spike sacando la cajetilla de tabaco del bolsillo de la americana. Cogió uno de los cigarros y se lo llevó a la boca, pero cuando fue a buscar el encendedor recordó habérselo dejado en el bar.
- Supongo que no me darás fuego – preguntó más por fastidiar que porque pensara que ésta iba a dejarle un mechero.
Faye chasqueó la lengua mostrando el desagrado que le producía.
Spike miró a su alrededor, en una mesa pequeña cerca de la ventana había un encendedor y éste se tomó la libertad de acercarse. Justo cuando lo cogía se fijó en el aplicador de Red Eye que a su lado pero oculto de su vista por una botella de licor, permanecía en la superficie.
Lo tomó en su mano fijándose que no hacia tanto había estado ensartado en un vial de Red Eye.
- ¿Y el resto? – preguntó.
Faye no contestó, ni siquiera se giró para comprobar a qué se refería.
- ¿Estás tomando Red Eye? – Continuó
Aquello la tomó por sorpresa.
- ¿Ahora crees que me drogo? – Inquirió con escepticismo metiéndose las manos en los bolsillos – Esto es nuevo.
- No serías el primero.
- No es de tu incumbencia si lo hago. – Le cortó.
- No me digas. – Murmuró entre dientes echando un vistazo a la estancia. Estaba empezando a acostumbrarse a sus respuestas.
Faye permaneció callada dándole la espalda y sin hacer movimiento alguno casi como si se hubiera detenido en el tiempo. La verdad es que parecía que disfrutara dejando pasar los segundos, tomándose su tiempo para actuar, para hablar, casi como si probara el aguante del resto, desdeñando lo que pudieran pensar de ella.
Spike observó la habitación tan fría y desolada como podía haber supuesto, solamente una silla y una mesa al lado de la ventana completaban el mobiliario del salón. A través de la puerta podía ver parte de un dormitorio con una cama de matrimonio en medio. Y afuera la lluvia seguía incesante como podía comprobar a través del cristal.
Era tan extraño, siempre llovía, siempre recordaba su pasado baja la lluvia, todos los momentos cruciales, los reencuentros, las despedidas, los enfrentamientos, los momentos de pasión, la muerte. ¿En qué podría encuadrar esto? ¿En un reencuentro o en un enfrentamiento?
Era raro pero apenas podía soportar esa actitud en Faye. Parecía que no podía entrar en razón, que no le importaban las consecuencias, estaba tan segura de lo que hacía que daba esa sensación a cada instante y estaba convencido que no fingía.
No había pasado tanto tiempo pero parecía una eternidad, casi una vida desde que pereciera a manos de Vicious. Y siglos desde que había tenido su historia con Julia. Casi había llegado a olvidar, casi a enterrar su pasado, y en él, a Faye. No se había detenido a pensar. Nunca cómo la iba, nunca qué haría y si lo hubiera hecho, habría supuesto que malgastando su dinero en algún casino del sistema solar, coqueteando para conseguir algo a cambio o perdiendo el tiempo en algún bar, que más daba, todo era lo mismo.
Nunca hubiera imaginado que Faye hubiera cambiado tanto. Con la otra llegaba a enfadarse, cabrearse pero no pasaba a nada serio, con ésta no sabía como tratar. Había buscado algún rastro que pudiera indicarle que podía tratarse de una farsa pero aún no había sido capaz de encontrarlo, incluso físicamente parecía distinta. Su cuerpo era el mismo envuelto en sobriedad, duro y fibrado, no más una muñeca despampanante, sin embargo cualquiera podía darse cuenta de que su atractivo se había realzado al envolverlo en misterio.
No simpatizaba con ella, no le gustaba su actitud, pero a la vez sentía cierta curiosidad, tenía que admitirlo, por su transformación hacia el lado más opuesto de su forma de ser.
Volvió su atención hacia el piso, esta vez hacia la puerta de entrada que quedaba a su frente y siguió con su mirada la pared. Notó como el papel de la pared había perdido su dibujo y como en algunas zonas no era más que una fina capa que dejaba ver el color original, un azul pálido casi blanco. Incluso en una parte podía ver la marca que había dejado un cuadro, ahora inexistente, con el transcurso de los años.
Continuó recorriendo el muro hasta que llegar a la esquina donde descansaba casi en sombras una espada apoyada contra la pared. Le pareció extraño que Faye tuviera un objeto como aquel, tan alejado del mundo actual en el que vivían.
Casi como si el tiempo se detuviera es ese instante sintió una punzada aguda en el estómago al fijarse con detenimiento en la katana.
Reconoció la empuñadura desgastada por el uso, el dragón dorado tallado en su vaina retorciéndose a lo largo de la madera lacada hasta aferrarse con sus garras a las cuerdas que rodeaban la abertura, la guarda tan simple como sencilla sirviendo al uso que era destinado, proteger la mano del que la empuñase. No tenía que desenvainarla para saber que la hoja era la misma que le había atravesado, el mismo acero que ahora reclamaba la sangre que tímidamente expulsaba su infecta cicatriz. Era la espada que tantas otras veces había luchado a su lado, que había combatido junto a su Jericho, defendiéndose mutuamente y llegada la hora asesinándose respectivamente.
Le causó tal impresión que sintió como una energía extraña pero a la vez arrebatadora, le recorría. Sabía que el pasado había vuelto para atraparle, para impedir que olvidara, pero ahora no entendía nada. Parecía una broma macabra del destino. ¿Por qué estaba allí? ¿Qué hacía Faye con ella?
La miró furioso, sintiendo como la furia le llegaba a la cabeza.
- ¿Qué hace esa katana aquí?
Faye le devolvió una mirada indescriptible, diferente a otras que hubiera adoptado en su presencia, por una vez había salido de registro y casi sintió que ella experimentaba una sensación parecida pero en otro sentido.
¿Entonces había algo que él no sabía?
- Contéstame ahora mismo.
- ¿Por qué? – Preguntó sin más la cazarrecompensas.
- No sigas en esa línea. – Le avisó Spike dando varios pasos al frente. – Sabes que es la espada de Vicious.
La joven se incorporó, abandonando el apoyo en el respaldo de la silla e irguiéndose de manera defensiva.
- ¿Debería sonarme ese nombre?
- Te lo advierto.
- No sé que derecho crees que tienes para advertirme nada. – Le miró directamente a los ojos de manera desafiante. – Según has dicho yo no formaba parte de eso
- ¿Qué hace su katana aquí? – Repitió Spike sin importarle las palabras de la chica.
Ésta no se inmutó. Siguió mirándole, recuperando la impasibilidad de su rostro y su inexpresividad, aunque su cuerpo permanecía en tensión.
- Un recuerdo. – Dijo al fin regodeándose en el gesto indescriptible del cazarrecompensas al escucharla.
- ¿Entonces es cierto? – No la preguntaba, solamente miraba la espada con la que su antiguo compañero le había dado muerte.
Se quedó pensativo. Había acabado desechando las palabras de Batty por su inverosimilitud, porque no tenían sentido, sin embargo ahora podía atisbar que había algo de verdad.
- Sería una deshonra que una espada tan excepcional se perdiera – Afirmó Faye en un tono inusual – Es la katana de un verdadero guerrero.
Volvió a mirarle fijamente buscando su reacción, casi como si disfrutara ante el desconcierto de Spike.
- Esa espada casi me mata. – Dijo éste igual que si lo pensara para sí.
- No fue la espada si no quien la manejaba. – Alegó la joven con seguridad.
Spike se dirigió directamente a la esquina, pero Faye se le adelantó, arrebatándole la espada antes de que llegara a cogerla.
- No la toques. – La apartó de su alcance empuñándola hacia él. - ¿Tu cuerpo tanto anhela el tacto de su metal?
- Faye.
- No me llames así, por mi nombre, como si pudieras reprocharme algo, como si tuvieras derecho a decirme lo que debería o no hacer. ¿Quién te has creído que eres? ¿Crees que todos tienen que subordinarse a ti y a lo que piensas que debería ser? Las cosas se escapan de tu control y no puedes evitarlo. Las cosas no son como te creías, ¿no? No solamente tú eras el que llevaba la razón.
El cazarrecompensas se dio la vuelta pasándose la mano por el pelo en un gesto de impotencia. No sabía que pensar y tampoco quería pensarlo.
¿En realidad sabía algo de ella? Ni ahora ni antes. Ahora no la reconocía pero antes qué sabia de hacía, solamente intuía que siempre estaba apostando, jugando al Black Jack, nunca podía imaginar lo que ahora tomaba sentido. Se sentía traicionado, él era su enemigo, ¿cómo podía haber estado con él? Se suponían que estaban en el mismo bando. ¿Por qué de todo el mundo había elegido a Vicious?
- No desprecies a la serpiente por no tener cuernos – dijo Faye a su espalda desenvainando la katana – quizás algún día pueda reencarnarse en dragón.
- ¿Así que es verdad? – se giró para preguntarla.
- ¿Tanto te importa? – le respondió con la mirada fija en el metal.
El brillo de la luz sobre el acero reflejó sobre sus pupilas confiriéndoles un color plomizo, casi grisáceo.
- Estuviste con él – dijo haciendo una pausa. – Destruyó todo lo que era preciado para mí, de hecho se empeñó en ello.
¿Así que esa era la razón a su actitud? Por eso lloró aquella vez, por eso le suplicó que no fuera, no se trataba de él sino de Vicious. Por eso se coló entre sus delirios su imagen sollozando en su habitación.
- ¿No fuiste tú el único que le robó la chica? – Replicó la cazarrecompensas pasando el dedo por el filo de la espada.
- Faye, tú no sabes nada. Tú…. – Tú nunca habrías osado hablar de ello pensó para sí– No puedo permitir que le defiendas.
- Tú fuiste el culpable. No hay peor veneno que la ponzoña de la traición, ataca lentamente pero siempre acaba llegando al corazón.
La joven guardó de repente la espada en su funda produciendo un ruido sordo al golpear la empuñadura contra la madera de la vaina.
Spike notó como la sangre escurría por la herida de su costado humedeciendo la camisa debajo de su chaqueta y sintió el escozor haciéndose más evidente. Le ardía la piel, igual que cuando Bull había limpiado la llaga haciendo que ésta se reblandeciera.
- ¿Qué ocurrió? – Preguntó bruscamente – ¿Te prometió todo el dinero del mundo para apostar en las carreras o simplemente pretendías joderme?
Faye apretó en su mano la katana, echando el brazo hacia atrás y escondiendo la espada de la vista de Spike.
- No todo gira en torno a ti – Declaró entrecerrando los párpados de manera que solamente un matiz grisáceo podía traspasar por ellos aún a pesar de haber enfundado la katana.
- No todo gira en torno a mí pero tú has empeñado en meterte en medio.
- Ya sabes lo disoluta que soy, no tengo remedio, – se burló momentáneamente para volver a su sobriedad – así que márchate. No conseguirás nada ni ahora ni nunca. Mis asuntos no son tus asuntos, aquí tú eres el único que se ha metido en medio.
El cazarrecompensas fue a responder algo pero no lo hizo, no le salía nada que no hubiera dicho ya, así que las palabras murieron en su garganta.
No tenía nada qué hacer allí, estaba claro.
Se llevó a los labios la mano que todavía aún sostenía el cigarro y con un gesto rápido le encendió. Expulsó el humo por la boca dejando que éste se elevara lentamente mientras lanzaba el encendedor a la mesa, cayendo sobre ésta sin hacer apenas ruido.
- Espero que sepas lo que estás haciendo porque has elegido un camino muy difícil.
Se giró y casi como si nunca hubiera estado allí abrió la puerta y desapareció. Permitiría que los Dragones Rojos fueran tras de Faye, solamente esperaba que no fueran tan estúpidos de enfrentarse a él de nuevo.
*****
Faye vio como la puerta se cerraba, un pequeño crujido y la habitación volvió a albergarla a ella sola.
La espada resbaló de sus dedos golpeando levemente contra el piso. Buscó el apoyo de la pared mientras observaba la ventana, las gotas de lluvia chocando contra el cristal.
*****
Salió del portal, al instante el cigarrillo que llevaba se apagó pero no se preocupó en tirarle. Los charcos de la calle reflejaban un cielo taciturno y oscuro mientras avanzaba. Sin embargo, no fue mucho más lejos. En una calle estrecha y vacía se detuvo llevándose la mano al costado debajo de la americana. Al sacarla, ésta estaba manchada de abundante sangre que al instante comenzó a diluirse bajo la lluvia.
Cerró los ojos.
- No puedo creerlo – murmuró. – Aún muerto me tenías preparado una sorpresa. Quién iba a decirlo. Hijo de…
Se sintió mareado al igual que si acabara de recibir el golpe. Aunque la sangre derramada no era suficiente ni para sentirse débil, nunca podía confiarse cuando se trataba de esto.
Se apoyó contra la pared, resguardándose a su vez por un pequeño tejadillo. La lluvia dejó de caerle encima momentáneamente. Abrió los ojos resultándole difícil volver a enfocar su vista, las gotas de agua resbalaban por su frente cayéndole sobre los párpados.
Se limpió pasándose la manga de la chaqueta por los ojos. Estaba calado hasta los huesos y parecía que la lluvia no iba a detenerse tan pronto.
Escuchó un ruido a su espalda, pensaba que se encontraba solo en la calle y se volvió para descubrir que por su lado pasaba un perro. Era flaco y pulgoso, sin embargo ni siquiera se detuvo a su altura parea olisquearle la pernera como solían hacer todos los perros callejeros sino que pasó de largo a gran velocidad. Ni los perros paraban por la calle en aquella noche de perros.
Le siguió con la mirada hasta que dobló la esquina. Después metió la mano en el bolsillo en busca de la cajetilla de tabaco que sacó algo mojada. Entre los cigarrillos sacó el que parecía menos húmedo y se lo llevó a los labios reemplazándolo por el que aún tenía en la boca. Volvió a registrarse la chaqueta y el pantalón dándose cuenta de algo que ya sabía, que no llevaba ningún encendedor.
- Maldita sea, Faye.
Cuanto necesitaba un cigarrillo en aquellos instantes.
*****
Recogió la espada del suelo, llevándola consigo hasta el dormitorio donde la depositó sobre la cama. Abrió el armario que apenas tenía unas cuantas ropas suyas y sacó uno de los cajones. Dándole la vuelta tiró las prendas que contenía. Lo sostuvo con su mano izquierda mientras con la derecha levantaba poco a poco el fondo. Debajo aparecieron uno a uno todos los viales de Red Eye ordenados en línea como si se tratase de una caja de lápices.
Cogió uno, dejando el cajón con el resto sobre la mesita.
Se tumbó observando únicamente con la luz que llegaba de la sala de estar el líquido que guardaba el frasco, moviéndolo de arriba abajo, dejando que se crearan pequeñas burbujas de aire para luego hacerlas desaparecer. Lo sostuvo mirándolo dubitativamente.
Estuvo a punto de abrirlo pero no lo hizo. Lo dejó en cambio con los otros encima de la mesita de noche.
Tomó la katana de nuevo, desenvainándola sobre sus ojos. El metal era perfecto, tan bien templado que apenas podía atisbarse una imperfección en su hoja.
Se concentró en buscar alguna porque así mantenía la mente ocupada.
Sentía rabia e impotencia al mismo tiempo y notaba la odiada presión oprimiéndola el pecho. Quería alejarlo porque quería recuperar su imperturbabilidad, así había conseguido muchas cosas, cosas que antes no hubiera logrado.
Levantó la espada frente así. La sombra se proyecto contra la pared alargándose hasta el techo de manera ininteligible. El ambiente era extraño, la calma que siempre reinaba había sido trastocada. Él había invadido su intimidad.
Volvió a mirar el acero, devolviéndole el reflejo de sus ojos contra el metal de un color verde apagado.
De repente soltó la espada como si la quemara, alejándola de sí. La funda que descansaba sobre la cama la echó hacia un lado cayendo sobre la alfombra.
- Maldito Spike – Dijo indignada – Y maldigo tu mundo.
Se giró hacia la mesilla y apresó en su mano el vial de Red Eye que momentos antes había apartado.
- No quiero ver mariposas. – Musitó. – Sin embargo, no quiero ver más azul.
*****
Bueno, primero de todo, pedir mil disculpas por mi terrible e inexcusable retraso. Lo siento mucho :( , esto es lo que pasa cuando uno es escritor aficionado que no se puede dedicar en exclusiva a escribir, sino que hay que hacer otras cosillas…sin embargo, aquí estoy de nuevo…
En segundo lugar, quiero agradecer todos vuestros maravillosos comentarios y vuestra paciencia, me vuelvo a disculpar por el retraso.
Espero que os guste el capítulo y espero con ansia vuestras opiniones ya que me ayudan mucho para saber si voy por buen camino o si por el contrario tengo que cambiar algo.
Muchas gracias por la espera y besazo.
Fuerza y Honor.
Life is but a dream… Someday Could I see the Sun?
