Capítulo editado por Emic, mi encantadora Beta
No pude evitar no actualizar antes, pero es porque también tengo pruebas la otra semana así que el fin de semana debo estudiar, es por eso que actualicé hoy.
Muchas gracias a todas las personas que leyeron este fic, vuelvo a repetir que este está basado en la película, no es que sea completamente igual, solo saqué la idea de las listas, así que si ven la película no afecta en nada al fic e incluso se las recomiendo que la vean pues es muy buena. La película se llama "The Bucket List" es español no recuerdo como se llama.
Emily siento no cumplir lo que te había prometido, pero es que el fin de semana no tendría tiempo. Pero te dedicó completamente este capítulo a ti, espero de todo corazón que te guste.
Bien, agradecer a las personas que dejaron su rr en el capítulo anterior:
Fer93vulturi / liloc / meco2008 / Emily-Lokis / iovs Cullen / ekate94 / Anfitrite / Super Fanfic / Ubita.
Y a las personas que me agregaron a sus favoritos o a sus alert y no han dejado rr y que les agradezco de igual forma:
.girl / NemesisAg / StephiiCullen93 / Schutze09 / Prinzeziitha Cullen / Crisst.
Muchas gracias y espero que disfruten el capítulo, y recuerden que el próximo domingo, (no este), publicaré el nuevo capítulo de "El es un Maniquí". Nos vemos.
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Capítulo Uno: Día uno, "Las Listas"
(Bella)
Esa noche no dormí mucho, había estado la mayor parte del tiempo pensando en la propuesta de aquel chico, sí, había sido algo extraña, pero aun así no quería abandonar mi mente. La verdad nunca me había detenido a pensar en las cosas que me gustaría realizar antes de partir y Edward me lo había hecho preguntar por primera vez.
¿Qué me gustaría hacer? Serían algunas cosas y en este momento me encontraba en blanco, sin saber siquiera, cuáles serían mis últimos deseos. Nos juntaríamos a las diez y por lo general mi despertar era a las siete de la mañana, a si que dejaría la lista para mañana, pues el tiempo lo tenía y lo haría durante el desayuno.
Me desperté como suponía, a las siete de la mañana, con una sola idea en la mente "Ir al encuentro con Edward", serían mis últimos meses de vida y haría locuras, no serían cualquier cosas que una chica cualquiera soñaría, pues nunca fui como el resto, pero serían locuras que alguna vez se me pasaron por la cabeza.
Preparé mi desayuno y me senté a la mesa, con una hoja y papel en mano y comencé a escribir. En un principio no supe que colocar, pero luego, poco a poco, locas ideas fueron surgiendo y otras no tan locas. Lo dejé finalmente en diez, un número cerrado, además no recordaba si él me había dicho o no la cantidad.
Edward, era un chico guapo, ¿Tendría novia? Por supuesto que sí, me respondí. Me había entusiasmado la idea de la lista y tal vez el setenta por ciento había sido influenciado por él. Guardé las cosas que había ocupado, puse la lista en mi bolso y me fui al baño para arreglarme, este sería sin duda un día interesante.
(Edward)
Nunca pensé que al llegar a la clínica para los exámenes de siempre, me encontraría con alguien como ella y además en la misma situación que yo, esto no era justo. Bella, que fue el nombre con el que se presentó, no era para nada como las otras chicas. Era muy bella, pero no era como aquella belleza producida, como la que la mayoría de las chicas tenía. Ella era diferente, su cabello castaño al igual que sus ojos habían llamado mi atención y al mismo tiempo me habían hecho preguntarme, ¿cómo alguien como ella podía estar tan cerca de la muerte?
Amaba la vida, aún con lo que esta tenía preparado para mí, pero muchas veces no la encontraba justa. Había pensado en hacer esto hace mucho tiempo, pero no había encontrado a la persona perfecta para que me acompañase a cumplirlas. Había pensado en mi hermano Emmett, pero él no lo disfrutaría tanto como yo. Por eso en cuanto me enteré que su situación era igual a la mía, quise querer compartir esto con ella, sería la única oportunidad para vivirlo, tal vez serían cosas sin sentido pero para nosotros, serían únicas.
Es por eso que ahí estaba, en el bar que le había indicado, con una taza de café entre mis manos, faltando cinco minutos para las diez y esperando a que ella llegara.
La campanilla de la puerta sonaba cada vez que alguien entraba en el local, haciendo que alzara la cabeza, deseando que fuera Bella quien entrara por esa puerta. Cuando el reloj de pared sonó marcando las diez, la campanilla volvió a sonar y por la puerta apareció ella. Me quedé unos instantes mirándola, para ver qué es lo que hacía. Noté que miraba hacia todas direcciones buscándome, así que alcé la mano para que me viera entre la multitud. Al verme sonrió y se acercó.
- Muy puntual –le comenté también sonriendo y colocándome de pie para ayudarle con la silla.
- Gracias –me dijo sentándose- ¿Me has esperado por mucho tiempo? Siento mucho si he tardado demasiado.
- No te preocupes, solo he llegado hace unos poco minutos –le mentí, pues en realidad hace media hora que estaba en el local, por miedo a que ella llegara antes y se fuera- ¿Desayunaste? –pregunté alzando la mano para llamar a una de las señoritas para que nos atendiera.
- Sí, acostumbro a tomar desayuno muy temprano, pero te acompañaré con un café.
La mesera llegó y tomó la orden. Pedí también unos panques y otro café para mí. No sabía si abordar de inmediato el tema que nos había reunido ahí, pero de algún modo sería lo mejor, ya que de otro modo no tendríamos tema para conversar. Y por alguna razón, que en ese momento no entendí, no quería que ella se fuera, su compañía era tan grata.
- ¿Pensaste en lo que te propuse? –le pregunté mientras tomaba un sorbo de su café.
- me costó decidirme –dijo luego se un suspiro- pero finalmente pensé que en estos últimos meses que me quedan, serán sólo míos y los disfrutaré –sin notarlo una gran sonrisa se posó en mi rostro.
- Genial, ni te imaginas lo que me agrada escucharte decir eso –al decir estas palabras ella se sonrojó de una tierna forma que desde ese momento jamás olvidé, pero continué con el tema, para no hacerla sentirse más incómoda- Había pensando hacer esto con mi hermano, pero para él no sería tan significativo como lo será para mí –parecía un idiota, ya que la sonrisa que se había posado en mi rostro no me abandonaba.
- Te entiendo –dejó la taza de café en la mesa y me miró- ¿Cuántas cosas hay en tu lista? –me preguntó de pronto.
- Coloqué diez, no recordaba si te había dicho la cantidad, pero me pareció bien para que fuera un número cerrado –en ese momento fue ella quien sonrió- ¿Qué pasa?
- Nada, es solo que yo también pensé en diez –luego su sonrisa desapareció- solamente son cosas estúpidas ya no estoy segura de que quieras compartirlas conmigo –su rostro estaba serio y bajo su mirada hasta sus manos, que jugaban con el borde de la taza.
- Tranquila, cuando veas las mías ya no pensarás en eso, lo que me da una idea ¿Qué te parece si cumplimos las cosas en dos meses, no quiero sonar deprimente, pero nos quedan cinco meses de vida y hacerlas en ese tiempo nos dará los otros tres meses para dejar algunas cosas solucionadas antes de partir –tanto su mirada como la mía seguían del mismo modo, al parecer ella lo tenía tan asumido como yo, pero su cara parecía un poco confundida por la idea que le estaba planteando así que me expliqué- por ejemplo mañana miércoles yo hago que tu cumplas algo de tu lista y el viernes es tu turno para hacer que yo cumpla alguna de las cosas de mi lista ¿Qué te parece?
- Una locura que estoy dispuesta a realizar, aunque si lo quieres de ese modo, habrá algo en mi lista que hay que sacar –dijo bajando la vista.
- ¿Qué te parece si las vemos, la has traído no? –ella asintió y sacó un papel de su bolso y me lo tendió y luego yo hice lo mismo con la mía.
La lista de ella decía así:
1.- Saltar de un acantilado.
2.- Andar en motocicleta.
3.- Andar todo un día en autobús.
4.- Alojar una noche en un hotel cinco estrella.
5.- Ir a la Ópera.
6.- Viajara a alguna ciudad de Europa.
7.- Ver todo un día películas.
8.- Aprender a jugar pool.
9.- Ir a un baile con un hermoso vestido.
10.- Perdonar a mi padre.
(Bella)
- No veo cual sea el que tienes que sacar de la lista, tal vez el diez tuyo y el diez mío sea algo más personal, pero no le veo el problema a los demás –dijo el alzándose de hombros.
- Dios Edward –este chico estaba mal- ¿crees que viajar a Europa es de ir de aquí a la esquina?
- Eso déjamelo a mí, ahora ve mi lista y dime si tienes problema con alguno –desdoblé el papel que me había entregado y leí en una estilizada letra:
1.- Comer chatarra
2.- Tocar Piano
3.- Fotografiar lo que hago todo un día
4.- Pinta un cuadro
5.- Escalar un gran árbol
6.- Estar bajo la lluvia por largos minutos
7.- mirar las estrellas toda la noche
8.- Hacer feliz a un desconocido
9.- Ser besado por una chica hermosa
10.- Decirle a mis padres cuanto los amo.
Sonreí al terminar de leer la lista y lo miré. Parecía ser cosas que en un solo día podrías cumplir, pero no quise comentárselas, él no había tenido problema con las mías y yo tampoco las tendría con las suyas.
- Esto es extraño –le comenté cuando lo estaba mirando.
- ¿Qué cosa? –preguntó curioso.
- Esto, lo que vamos a vivir, parecemos dos chicos que solo quieren salir de la rutina de sus vidas y no que luego de cinco meses ya no estarán en este mundo –suspiré tomando el café en mis manos y que ese momento ya estaría frío y luego miré a la gente que se encontraba en el local- míralos –le pedí- cada uno absorto en su mundo, viviendo su vida sin pensar en lo que se viene, sin pensar en planes a corto plazo, pues saben que tienen tiempo –ahora lo miré a él y l sonreí con cariño- en cambio ahora míranos a nosotros, planeando nuestras vidas para solo dos meses ¿Te has detenido a pensar que tal vez esto no sea justo?
Su rostro estaba serio y no expresaba absolutamente nada, sus ojos fijos en los míos, parecían querer decirme algo que no pude o no quise descifrar.
- Sí, lo he pensado -dijo de pronto- pero luego lo olvido, es simple Bella, a todo el mundo le toca vivir algo y a nosotros nos tocó esto, sí, tal vez no sea justo, pero quizás fuimos elegidos por ser capaces de soportar esto de mejor manera que otras personas –de pronto tomó una de mis manos y la dejó junto a las de él- solo te pido que mientras cumplimos estas locuras, no pienses en lo que pasará una vez que estos dos meses terminen, sino en todo lo que disfrutaremos ¿Puedes prometerme eso Bella?
Cuando había tomado mi mano, las suyas estaban heladas, lo cual me pareció extraño; ya que en todo momento él las había tenido rodeando la taza de café, pero mientras hablaba, se fue haciendo poco a poco más cálida. Sabía que sería difícil sacar esa idea de mi cabeza, pero él me ayudaría, de eso estaba segura.
- Te lo prometo –dije finalmente.
Él sonrió levantando ligeramente la comisura de su labio derecho, gravándose de inmediato aquel gesto en mi mente.
- Así me gusta ¿Y bien, quieres empezar hoy o mañana? –nunca creí que quisiera comenzar tan pronto, pero si queríamos que estos fueran los meses más emocionantes de nuestras vidas, no lo iba a impedir.
- Mientras antes, mejor –le dije.
Y sólo en ese momento mi mente despertó. Apenas el día anterior había conocido a este chico y ya estaba dispuesta a pasar dos meses con él. ¿Y si algo pasaba? ¿Y si tal vez era un psicópata y nunca había estado enfermo? Bueno eso era imposible, pues el doctor Cullen ya me había hablado de él.
- ¿Cómo sé qué puedo confiar en ti? –Tuve el valor de preguntar- siento preguntar eso, pero entenderás mis dudas.
- Sí, no hay problema, me hubiera preocupado si no hubieras preguntado –dijo calmado- es por eso que quiero presentarte a alguien, tal vez así puedas estar completamente segura de que puedes confiar tu vida en mi.
Yo solo asentí y salimos del local. Aún así debía confiar en él para haberlo seguido hasta donde él me llevaría. Nos subimos a su coche, un hermoso volvo plateado y nos marchamos del lugar. Manejó cerca de diez minutos por carretera y luego entró en un camino de tierra por el bosque.
- ¿A dónde vamos? –me atreví a preguntar.
- A mi casa, quiero que conozcas a mi padre –justo cuando terminaba de decir aquellas palabras una enorme y hermosa casa apareció como por arte de magia entre los árboles y ahí obtuve mi respuesta. Edward era un chico de dinero y por esa razón no tenía problemas en viajar conmigo a Europa.
Nos bajamos del coche y me invitó a pasar a su casa
Sí por fuera era hermosa, por dentro lo era mucho más. Todo parecía estar en su perfecto lugar, con una decoración impecable, la cual sólo se podía ver en revistas. Me guió por un pasillo y llegamos a una sala donde dos chicos, una muchacha y una hermosa mujer se encontraban.
- Edward querido, llegaste temprano, creí que tardarías más –dijo al mujer colocándose de pie y besando a Edward.
- Madre ella es Bella, una amiga. Bella ella es mi madre Esme –nos presentó. Su madre era una hermosa mujer que jamás se pensaría que tendría un hijo de la edad de Edward.
- Es un placer –le dije tendiéndole la mano, pero ella la ignoró y en cambio me abrazó.
- Oh no Bella, el placer es mío, tienes que ser muy especial para que este chico te trajera, nunca trae a nadie ¿Seguro que no es tu novia hijo? –y el sonrojo fue inmediato.
- Mi rostro tenía la tendencia a sonrojarse cuando me avergonzaba y este, precisamente era el caso. Edward solo alzó las cejas y me indicó seguir hasta donde estaban los otros chicos.
- Bella, él es mi hermano Emmett –y un gran chico o más bien un gigantesco chico de cabello negro se puso de pie y me saludó- ella es Alice mi hermana –al igual que su madre se acercó a mí y me abrazó.
- Un gusto Bella, sé que serás una excelente novia para mi hermano.
-Ignórala –me susurró Edward- y él es Jasper, un amigo y novio de mi hermana –el chico era de contextura muy parecida a la de Edward, pero era rubio. Él me saludó del mismo modo que Emmett.
- Un gusto conocerlos a todos –les dije con una sonrisa. Parecían ser una hermosa familia, pero que pasarían una gran pena cuando uno de sus integrantes los dejara.
- ¿Te quedarás a la cena querida? –me preguntó la madre de Edward. Lo miré pues no sabía cuáles serían nuestros siguientes planes, pero él solo alzó los hombros y sonrió, lo había dejado a mi decisión.
- Será un placer acompañarlos –le contesté. Esa noche la pasaría sola, mi madre tenía una cita con Bill y desde que lo conocía ya no paraba en casa.
Tanto madre como hija saltaron de alegría al oír mi respuesta.
- Vamos Alice, hay que ir de compras – Edward tomó mi mano en un suave roce, que me hizo temblar y me guió por las escaleras.
- Quiero que conozcas a mi padre –yo sólo lo seguí en silencio. Si aquella familia era tan hermosa y feliz, el padre debía ser de igual forma.
Llegamos al segundo piso y nos detuvimos frente a la segunda puerta a la derecha del pasillo. Edward golpeó dos veces y una voz extrañamente conocida nos dijo que entráramos.
Y ahí estaba, sentado detrás de su escritorio como en cada consulta que yo tenía con él. El doctor Carlisle Cullen era el padre de Edward. ¿Cómo no confiar en él ahora? Era extraño, pero a la vez me tranquilizaba. Horas y horas que pasaba junto a él y jamás me había dicho nada. Claro por qué tendría que hacerlo, pero de algún modo sentí que me habían ocultado todo. Al vernos, el sonrió y sólo se dedicó a observarme.
- Siento no haberte dicho nada, pero esta información no me correspondía a mí, sino a Edward –se puso de pie y se acercó a mí- de verdad lo siento Bella.
- No se preocupe doctor Cullen, tiene razón, además no tengo porque exigirle que me contara esas cosas que son de su familia y no de su trabajo –también lo miré y luego miré a Edward- supongo ya le contaste los planes.
- Sí, se lo dije anoche, pero él no sabe lo que hay en mi lista Bella, mi padre es el único que sabe de mi enfermedad y el que me dio la fuerza para convencerme de que irías a nuestro encuentro –Edward le sonrió a su padre con cariño.
- Así que debo asumir que lo harás ¿no? Cumplirán sus últimos deseos –su rostro tenía una sonrisa, pero aquella alegría no llegaba hasta sus ojos, y Edward también lo había notado- así que díganme –nos preguntó cambiando el tema, al darse cuenta que habíamos notado su pena- ¿Cuándo comenzaran con esta aventura?
- Mañana -respondió Edward por los dos, sorprendiéndome, aunque no sabía porque, ya en eso habíamos quedado en el bar- Y es por eso que quería pedirte autorización, queremos irnos a Europa.
- Vaya eso es nuevo, pero son mayores de edad y no sé porque quieres mi autorización hijo –Carlisle rodeo su escritorio y se sentó.
- Quiero saber si Bella está en buen estado de salud, dentro de lo normal entre nosotros claro, quiero tener la seguridad de que en estos dos meses que estaremos afuera no le ocurrirá nada.
Edward estaba preocupada por mí y eso era algo que nunca nadie había hecho antes, ni siquiera mis padres y por alguna razón me sentí confundida. ¿Haría esto por nosotros o por cumplir sólo sus sueños? Pero de algún modo, sea el motivo que sea, lo haría igual. Me alejaría de todo aquello que me tenía atada y que no me dejaría vivir.
- Ambos se encuentran bien, con que me prometan que tomarán todos sus remedios y que no harán cosas de las que luego puedan afectarles más, más allá de eso están bien, sólo quiero que tengan en cuenta que ahora les hablo como un padre y no como su doctor –dio un extendido suspiro y nos dedicó una mirada que me dio más cariño, que mis dos padres- vivan lo que les queda chicos, no quiero que se repriman y terminen sus días sin haber vivido la vida, no estoy diciendo que se tiren de un avión sin paracaídas, pero sí, que disfruten lo que les queda.
Al terminar de decir aquellas cosas, una solitaria lágrima cayó por su mejilla y sin poder evitarlo me puse de pie y lo abracé, en ese momento recibí el abrazo que siempre esperé, pero que nunca tuve de mi padre.
Después de un largo momento en que las protagonistas fueron las lágrimas. Con Edward decidimos salir de la oficina. Íbamos en silencio bajando las escaleras y era algo cómodo, no era un patético silencio que a veces había entre personas que no se llevaban, este era completamente diferente. Edward tomó mi mano y me guió a una de las habitaciones.
- Bella quiero que estés segura de esto, no quiero por nada del mundo que te sientas obligada de alguna manera –tomo mis manos y las juntó entre las de él- ¿Estás segura de que quieres vivir esto conmigo?
Ya no había dudas y tampoco las habría, estaba completamente segura de lo que quería hacer, viviría hasta mis últimos días y no dejaría nada el tintero, como lo que pude hacer y solo por reprimirme no pude realizar.
- Segurísima, nunca pensé que desearía algo tanto en mi vida –dije con algo más de emoción que lo normal- quiero hacerlo, de verdad, solo si tu así lo quieres, si quieres compartir tus últimos días con alguien como yo.
Él sonrió de aquella manera que en estas pocas horas se había convertido en mi favorita.
- Claro que quiero, solo quería asegurarme que no te arrepientas, pues después de todo iremos a Europa y quiero que disfrutes de todo sin temer en que luego querrás volver y no me gustaría tener que seguir solo.
- No seguirás en ningún momento solo, siempre estaré contigo, solo quiero pedirte algo –le dije bajando la vista.
- Solo dímelo –soltó una de mis manos y tomó mi mentón lo alzó de manera que nuestras miradas quedaran frente a frente- lo que sea, dímelo sin temor.
- Si vas a rescatarme, antes quiero que sepas, que nada importará más desde ahora, sólo que comencemos a vivir, las aventuras, los temores, las alegrías y las tristezas serán sólo de nosotros, dejaremos todo lo demás atrás –me había acercado inconscientemente más a él y sólo estaba a escasos centímetros de él- nuestra vida comenzará ahora ¿Estás de acuerdo conmigo?
- Por supuesto, me encanta que comencemos esto así –luego su rostro se tornó serio- Ahora tendremos que ver cómo le haremos para decirle a tu madre que te deje ir con un desconocido a Europa por dos meses.
- Eso no es problema, creo que no le importará que me vaya, solo inventaré algo del colegio o le diré que eres mi novio, siempre ha querido verme con alguien, si voy contigo estará feliz –dije tranquila, pero me sonrojé de inmediato cuando noté lo que había dicho.
(Edward)
- Yo no tengo problema en que le digas eso a tu madre, así hacemos feliz también a la mía –le dije provocando un sonrojo exquisitamente encantador que estaba dispuesto a provocar con frecuencia para verlo en su rostro.
Un golpe en la puerta nos hizo separarnos y solo en ese momento noté lo cerca que nos encontrábamos, lo cual era bastante cómodo. Mi madre entró en la habitación y nos sonrió.
- La cena será a las 6 chicos así que si van a salir estén aquí a la hora, sin excusas Edward –volvió a sonreír, lo que por escasos segundos me hizo pensar que tenía la sonrisa impregnada en el rostro.
- Iremos a casa de Bella, pero estaremos a la hora de la cena de regreso, te lo prometemos madre –le dije a mi mamá, luego tomé la mano de Bella y le sonreí- es hora de ir a hablar con tu madre.
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¿Lo disfrutaron? Espero que si y por favor les agradecería me dieran su opinión. Malcríenme con un rr.
Con cariño, Philana.
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