Capítulo Editado por Emic, mi encantadora Beta

Primero: Bien, al fin publiqué, lo iba a hacer ayer, pero me quitaron el pc y no pude continuar escribiendo. Les cuento que agradezco millones por la aceptación de este fic, e sube los ánimos al cielo. Me imaginé que tal vez podrían pensar que una de las cosas de la lista de Bella o Edward diría "Perder la virginidad" o algo parecido, pero eso es un cuento repetido, además por el Rated que tiene la historia me imagino que sabrán que tal vez se venga, pero que se dará con el tiempo, no por solo cumplir uno de los deseos de la lista.

Segundo: Les comento solo por querer contárselo a alguien, que pasé Bioestadística y estoy feliz, pues jamás pensé que lo lograría, pero reprobé Histología, aunque ese no me importaba tanto como el otro.

Tercero: Recomendarles a las personas que solo han leído este fic mío, que también tengo "El es un maniquí" de la misma pareja que tiene 17 capítulos hasta el momento, por si quieren leer más de mis escritos.

Cuarto: El jueves en mi último examen de "Anatomía Comparada" y ya salgo de vacaciones por lo que tendré más tiempo ya que no salgo a ninguna parte, pero no prometo nada, se pueden dar muchas cosas y no quiero que después crean que las engaño.

Quinto: gradecer a todas las hermosas personas que me dejaron rr en el cap anterior:

Erill Cullen / Angel10607 / Anfitrite / Iovs Cullen / peritha12 / chiiocullen / Ubita / Bibi!! / Prinzeziitha Cullen / flowersswan / Vicky-Chan15 / ekate94 / Emily- Lokis / Dama Cullen / meco2008 / christti / thalilohe / liloc / Lulii St. John / VamPiRE cUllEn giRL

Sexto: Agradecer a quienes agregaron este fic a sus favoritos o alertas y que por una u otra razón no pudieron dejar rr:

Rika Sasaki Cullen / Bettersweet Princess / LauSwan

Séptimo; solo desearles que disfruten el cap.

Besos.

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Capítulo Dos: Día dos, "6.- Viajar a alguna ciudad de Europa"

(Bella)

Aún no habíamos almorzado y mi estómago ya me lo estaba reclamando. Pero ese día había sido agitado y había vivido muchas más cosas de las que en mis 21 años había experimentado, que olvidé por completo algo tan vano, como comer. Había conocido a personas maravillosas, como la familia de Edward, la cual me hubiera encantado conocer en otras condiciones.

- ¿Prefieres almorzar antes o después de visitar a tu madre? –me preguntó Edward de pronto, por lo que deduje que había escuchado a mi desubicado estómago.

- Después –le contesté rápidamente- así tendré la escusa de salir de casa pronto.

- Está bien –dijo Edward simplemente y sin preguntar más.

De alguna manera se lo agradecía, no es que no me llevara bien con mi madre, pero no quería tener que explicarle mucho lo que quería hacer. Luego de media hora, estábamos ambos frente a mi casa y mi valor abandonado en algún rincón en casa de Edward.

- No puedo hacerlo –le dije de pronto- no lo entenderá, no me dejará ir así, simplemente, querrá explicaciones y nunca he sabido mentir bien.

- Tranquila, lo harás bien –él tomó mi mano y la empujó hacia la puerta- llevas mucho ocultando esto, toma ese valor, además ahora estoy contigo, nada malo puede pasar. Y le creí, no sé si lo que dijo era verdad o no, pero aún así le creí, necesitaba hacerlo.

Cuando entramos a casa, mi madre no se veía por ninguna parte, lo cual no era extraño, pues por lo general aquella mujer no estaba quieta nunca. La llamé, pero no respondía.

- Tal vez no está en casa –sugirió Edward, pero yo sabía que ella estaba. Cuando tenía una cita con Bill, se pasaba todo el día preparándose en casa. Y de pronto apareció bajando por la escalera.

- ¡Bella! –exclamó al verme, como supuse, se veía muy feliz ese día- saliste temprano esta mañana.

- Sí, debía juntarme con alguien, mamá él es…

- Edward Cullen, el novio de Bella –gracias a Dios entró para salvarme y mi mamá le creyó por la gran sonrisa que surcaba su rostro.

- Mucho gusto joven, Bella nunca trajo un novio a casa, en realidad no sé si ha tenido alguno antes, así que es un verdadero gusto conocerte Edward –tenía que dar aquellos comentarios para que fuera una madre por completo. Edward sólo sonrió- además eres muy guapo – ¡claro faltaba el comentario final!

- Es muy gentil señora… -y entré en pánico, yo no le había dicho mi apellido a Edward, por lo tanto no sabría el de mi madre- Swan.

Lo sabía, él sabía mi apellido. Claro, pensé de pronto, el doctor Cullen debió decírselo.

- Oh! Edward, dime Renné, no me hagas sentir una vieja –sino conociera a mi madre hubiera pensado que eso era más que un simple saludo y que mi madre coqueteaba con él.

- Muy bien, entonces Renné, lamento tener que conocernos en estas circunstancias, pero venía a pedir tu autorización para llevar a Bella de viaje –se lo había dicho él, librándome de la carga de tener que hacerlo yo, cuanto adoré a este chico en esos momentos. Edward miraba a mi madre acompañado por una gran sonrisa que hubiera derretido a cualquiera.

- ¿Un viaje? –preguntó extrañada ¿Por qué precisamente ahora, cuando más deseaba hacer esto, pretendía hacer el papel de madre, que pocas veces había hecho? y ahora por un simple capricho, mis sueños se irían por un tubo- ¿Y a donde sería ese viaje?

- Sí, un viaje, mis padres nos regalaron un viaje a Europa, pero es para mañana y sería un gran gesto el que le permitiera ir –Edward se acercó más a mi madre y tomó una de sus manos- Además no creo que una dama tan joven y hermosa como usted, no le permita a su hija pasar unos días liberándose de los estudios ¿no?

- Sí, bueno, no creo que le haga mal, después de todo Bella ya es una chica grande y sabe lo que hace –Dios mi madre parecía una chiquilla de quince años.

- Entonces me voy por mis cosas y bajo en unos minutos –le dije caminado hacia la escalera. Me detuve un segundo antes de subir y miré a Edward, él solo me guiño y me alentó a que me apresurara.

Y entonces corrí escaleras arriba a mi habitación. Pero una vez en ella y parada frente a mi armario, entré en pavor. Mi ropa era toda horrible y fuera de clase. Pasaría dos meses en Europa con el chico más guapo con el que alguna vez llegaría a compartir y mi gusto por las compras me pasaba la cuenta. Pero ya no me quedaba más opción, me iría con Edward de viaje y eso era lo único que ocupaba mi mente.

Terminé con mi ropa y guardé mis útiles de aseo, todo esto rápidamente, si algo se me olvidaba, lo compraría allá, después de todo sacaría todos los ahorros que durante años había juntado. No quería que Edward pasara mucho tiempo con mi madre, la conocía y avergonzarme era una de sus placeres preferidos.

Tomé todo lo que llevaría y entró simplemente en una sola maleta. Debía admitir que me daba vergüenza que notara que no llevaba más que una sola maleta, pero sabía que él me entendería. Su padre le había hablado de mí, por lo tanto sabía cuál era mi situación económica.

Bajé con algo de dificultad, pues el ser ágil no era una de mis cualidades. En cuanto Edward me vio, se apresuró a llegar hasta mi lado y ayudarme con la maleta. Me avergoncé, pero él sólo sonrió y caminó nuevamente a la sala en donde se encontraba mi madre.

-Bien, señora Swan, creo que ya es hora de partir, aún falta recoger mis cosas y el viaje al aeropuerto es largo –Edward tomó nuevamente la mano de mi madre y la besó. Dios, como deseé en ese momento que aquella mano fuera la mía y no la de mi madre- Las dejaré a solas para que se despidan –y dedicándole otra sonrisa a mi madre, salió de la casa, con mi maleta.

- Supongo que sabes lo que estás haciendo Isabella –me dijo cambiando por completo su actitud- mira que eso de irte a otro país, de un día para otro es sumamente sospechoso, solo te diré que te cuides y que no vuelvas con sorpresas desagradables a tu regreso.

- El que yo haya sido un error en tu vida, no quiere decir que un hijo lo sea en la mía –le aclaré ya bastante enojada- pero no te preocupes, puedo asegurarte que jamás te haré abuela. Que tengas un buen día con Phill –y con esas palabras me fui de casa.

La quería, de verdad, pero la mayor parte del tiempo, cuando llegaba a dedicarme solo unos minutos, era para criticar las cosas que yo hacía.

Salí de casa y noté que Edward aún no entraba en el coche. Y hablaba por teléfono. Al verme sonrió y me hizo un gesto para que entrara en el auto.

- ¡Vamos Alice! Sabes que confío en ti, por eso te pido este favor, tienes buen ojo y excelente gusto –se quedó en silencio un momento, supongo que esperando mientras su hermana le hablaba- si lo sé Alice, por eso te quiero tanto –luego sonrió y colgó.

Entró al coche y nos fuimos de mi casa. Si llegaba a pasarme algo, sería la última vez que estuviera allí y no volteé a verla hasta que la perdimos de vista, ya era demasiado tarde.

- ¿Qué te dijo tu madre, para que estés así? –me preguntó de pronto- a mi me pareció agradable.

- Me dijo que no llegara embarazada –le comenté mirándolo de reojo y notando como se sonrojaba- se nota que la vienes conociendo recién –mi vida estaba tomando un nuevo rumbo desde ese día y ese cambio no incluía a mi madre- ¿Cuál es el siguiente paso en nuestro plan? –le pregunté para cambiar de tema.

- Iremos a almorzar a algún lugar y luego iremos por los pasajes para mañana ¿Alguna idea donde almorzar? –sabía muchos lugares, pero no era eso lo que ocupaba mi mente.

- Sí, creo que si se donde podemos ir, pero antes debemos pasar a un cajero, para sacar dinero y así poder comprar mi pasaje, creo que aquí a la vuelta hay uno, puedes estacionarte ahí –le indiqué mientras andábamos por el centro de Forks, pero él pasó de largo, como si yo no le hubiera dicho nada.

- Creí que las reglas habían quedado claras bella –me sonrió- tú te preocupas de mis deseos y yo de los tuyos.

- Pero es que en este caso no me parece justo, mis deseos son mucho más costosos que los tuyos, en realidad los tuyos son muy simples comparados con los míos, vamos Edward, sabes que tengo la razón.

- No me interesa, yo acepté y tu también, ahora muero de hambre y hay una cosa que quiero preguntarte para el viaje de mañana.

Yo solo asentí, pero esta conversación no se había terminado. Le indiqué un lugar muy sencillo para almorzar, pues estaba segura que tampoco me dejaría pagar por mi almuerzo, por lo que no escogería un lugar costoso, donde el almuerzo valía más que lo que mi madre ganaba en una semana.

Antes iba cada semana a ese lugar con mis amigas, pero luego, cuando me enteré de mi enfermedad ya no quise ir nunca más, no quería encariñarme con personas que lamentarían luego mi partida.

Las pastas eran lo mejor de aquel lugar y fue precisamente eso lo que ordené, al igual que Edward.

- Me gustaría que me dijeras que lugar de Europa es el que quieres visitar, no quiero escoger un lugar, en el que pasaremos dos meses y que lo odies –y nuevamente aquella sonrisa, la cual comenzaba a convencerme cada vez más, y estaba casi segura que él sabía perfectamente lo que provocaba en mí.

- Siempre tuve deseos de conocer Londres y recorrer sus calles, pero si es muy costoso puede ser cualquier otra ciudad –dije encogiéndome de hombros.

- Londres será entonces –dijo llevándose una cucharada de pastas a la boca. Este chico me encantaba, era tan diferente a todos los demás que ven el mundo y viven el día como si no les quedara más que solo vivirlo. Pero Edward no, él parecía feliz con lo que le había tocado vivir, incluida aquella enfermedad que en pocos meses nos consumiría por completo. Tenía una familia perfecta que lo amaba y llevaba siempre una sonrisa en el rostro, la cual al verla era imposible no contagiarse.

- Hola Bella –dijo una voz familiar sacándome de mis pensamientos. Miré hacia mi derecha y Ángela junto a Jessica se encontraban ahí, mirándome. Fuimos grandes amigas, pero las alejé, por miedo a quererlas demasiado.

- Chicas, tanto tiempo ¿Cómo están? –fue lo único que pude decirles.

- Bien -contestó Ángela abrazándome cuando me puse de pie- hemos estado preocupadas por ti, ya ni te vemos, en realidad nadie te ha visto –comentó mirando con disimulo a Edward.

- Él es Edward –se los presenté. Él se levantó y estrechó la mano de ambas chicas.

- Un gusto soy Edward Cullen, el novio de Bella –y eso, me dejó sin palabras. Lo miré sin entender y él sólo sonrió, como siempre- Siento que no la hayan visto, debo admitir que es mi culpa, espero sepan perdonarme, pero estamos organizando un viaje y nos vamos mañana, nos ha tomado mucho tiempo.

- No hay problema –dijo Jessica, demasiado cerca de Edward para mi gusto- a ti te perdonamos cualquier cosa, es solo que Bella no nos dijo que tenía novio.

- Es por lo mismo, los planes me han quitado el tiempo, pero les prometo juntarnos y colocarnos al día –nunca había sabido mentir y en ese momento fue lo único que acudió a mi mente para el rescate.

- Me parece genial, ha sido un gusto chicos, pero Mike y Eric nos están esperando, adiós y que estén bien –y así como habían llegado, así se fueron. Más Ángela arrastrando a Jessica del lado de Edward.

- Creí que el que fuéramos novios, era solo para nuestras familias –le aclaré.

- Sí, pero ya que tu madre lo sabe, no le vi el problema, lamento si te incomodó Bella, de verdad lo siento mucho, no se volverá a repetir –se disculpó claramente preocupado.

- No me molesta, es solo que me tomó por sorpresa.

Después de almorzar, tal como me había dicho, fuimos por los pasajes y no me dejó ni acercarme mientras él los pagaba, pues no quería que viera cuanto era lo que gastaba. Mientras lo esperaba vi un cajero automático y aproveché para sacar todo el dinero que tenía ahorrado, después de todo lo necesitaría en Londres y sé que no tendría donde ocuparlos nunca más.

A las cinco en punto estábamos en su casa. Entramos y un ruido de mucha gente nos hizo dirigirnos a la sala. Nos acercamos curiosos y vimos que toda la familia de Edward estaba rodeando a Emmett y al doctor Cullen que jugaban, con el control en mano frente a la TV.

- Que bien que llegaron –gritó Alice colocándose de pie de un salto- Ven Bella, vamos a mi cuarto, te tengo un regalo.

Miré a Edward con algo de temor, pero él sólo me hizo una seña con la mano para que siguiera a su hermana. Subí, sin que me dejara el temor a la sorpresa, nunca me habían gustado, por lo tanto no creía que esta vez podría ser diferente. Llegamos hasta su cuarto el cual era gigantesco y muy hermoso, con detalles bellísimos y con cada cosa en su lugar.

- Te compré estás cosas para tu viaje con Edward, creí que tal vez estando en otro país, necesitarías otro guardarropa –y sobre la cama había una cantidad de ropa tan grande que creí que habían traído la tienda a su casa. Tomé la prenda que estaba más cerca de mi alcance y la tome entre mis manos. La suave tela se resbaló entre mis dedos, era un hermoso vestido que no tenía idea cuando usaría, pero que amaba.

- Alice, esto es… demasiado y no tengo dinero para pagarte todo –dije apenada mirándola- además es solo un viaje.

- Como ya dije antes es un regalo, además no es solo un viaje, te irás con tu novio por dos meses a Europa y conociendo a mi hermano querrá llevarte a Paris, es tan romántico ese chico, no sé porque nunca ha tenido novia, pero bueno debes estar lista para cualquier ocasión, por eso compre el vestido –me dijo sonriendo- además te compré esto.

Sacó del armario una gran bolsa que tendió sobre la cama y levantó algo que me dejó completamente congelada.

- Yo no puedo usar eso –dije mientras lo tomaba e intentaba meterlo nuevamente en la bolsa. Debía admitirlo, era hermoso, un conjunto de encaje azul. Me sonrojé de solo verlo.

- Vamos Bella no me dirás que no sería agradable darle esta sorpresa a mi hermano, estoy segura que lo amara, además eres hermosa y Edward tiene lo suyo, aunque supongo que ya los has comprobado ¿No? –oh! por Dios, miles de imágenes vinieron a mi mente y una peor que la otra. Esto era increíble.

- Alice yo… -mi rostro, si, absolutamente sonrojado. Como decirle…

- Oh Bella siento haberte avergonzado, es solo que yo creí que tu y mi hermano ya habían… bueno, tu sabes –dijo ella con una pícara sonrisa.

(Edward)

Mi madre me había mandado a buscar a las chicas pues la cena ya estaba lista. Sabía perfectamente lo que Alice le mostraría, pues yo se lo había pedido. La sola maleta y el rostro apenado habían sido los causantes de llamar de inmediato a mi hermana y pedirle que le comprara ropa para Bella. Pero lo que estaba escuchando no tenía nada que ver con la ropa, o por lo menos del tipo que yo le había pedido.

- Yo no puedo usar eso –escuché que decía Bella por lo que detuve mis pasos antes de que me vieran aparecer por la puerta.

- Vamos Bella no me dirás que no sería agradable darle esta sorpresa a mi hermano, estoy segura que lo amara, además eres hermosa y Edward tiene lo suyo, aunque supongo que ya los has comprobado ¿No? -¿Sorpresa? ¿Para mí? ¿Comprobado que? Alice estaba comentando más de lo que debía.

- Alice yo… -Bella titubeaba con las pocas palabras que salían de su boca.

- Oh Bella siento haberte avergonzado, es solo que yo creí que tu y mi hermano ya habían… bueno, tu sabes – ¿Qué nosotros habíamos qué? era demasiado, para mí y para Bella.

Hice sonidos con mis pies para que creyeran que me acercaba y luego me asomé por la puerta. Bella parecía desesperada guardando lo que fuera que tenía en sus manos y Alice sonreía pícara.

- Esme pidió que bajarán a cenar –tratando de disimular que no había visto nada, pero mi corazón acelerado decía lo contrario, pues había visto perfectamente lo que estaban viendo y lo que supuestamente sería una sorpresa para mí.

- Muy bien, iré a ayudarla –Alice salió de su habitación dando brinquitos y dedicándome una de esas sonrisas especiales antes de salir.

- Edward –me habló Bella acercándose a mí, muy sonrojada- no puedo aceptar toda esta ropa, es demasiada y no sé cuándo podré devolverte, todo esto –de repente se quedó en silencio y bajó el rostro- la ropa, el viaje, la lista, todo, Edward es tanto y yo no he hecho nada por ti.

- Me estas acompañando Bella y eres la única que entiende por lo que estoy pasando –dije tomándola entre mis brazos y abrazándola contra mi pecho- y te lo agradezco, sé que nuestra relación es algo extraña, dada las circunstancias, pero porque mejor no solo lo vives y dejas de preocuparte por cosas tan simples, te doy estas cosas porque puedo y quiero, de otro modo no lo haría –solo sentí como la cabeza de Bella asentía entre mis brazos y se calmaba.

La cena transcurrió con calma y con bastantes risas. Aunque para mí no había pasado desapercibido el rostro de mi padre. Estaba sentado a mi lado y su sonrisa ante las bromas de mis hermanos no llegaba a sus ojos.

- Estaremos bien –le dije susurrando mientras todos colocaban atención a Alice- nada nos pasará, es lo que queremos padre.

- Lo sé hijo, es solo que lo veo como dos meses sin tenerte a mi lado y ante la situación.

- ¿Qué situación? –dijo Emmett de pronto.

- Es solo que creo que estoy envejeciendo y le decía a Edward que lo extrañaré estos dos meses –dijo mi padre cambiando de tema olímpicamente sin que nadie comprendiera lo que hablábamos, sólo Bella, ella si lo comprendió.

&&&&&&&

- Le temo a los aviones –me dijo Bella cuando ya estábamos sentados en nuestros lugares.

El día anterior había pasado con la normalidad habitual en casa de los Cullen. Después de la cena nos habíamos ido a la sala y compartimos una tranquila conversación. La sonrisa de Bella ante las locuras de mis hermanos, provocaba una inmediata respuesta en mí. Bella era tierna, cálida, sencilla y amorosa, cualidades que nunca había encontrado en aquella chicas que había tenido que alejar de mi lado en varias ocasiones.

Y cuando ya estábamos todos acostados, no pude dormir. Había viajado muchas veces a Europa en las vacaciones con mis padres, pero esta ocasión estaba más emocionado que nunca, sería una situación diferente, haríamos estupideces cada día y lo disfrutaríamos como si fuera la última vez y sabía que ella lo vería del mismo modo. De alguna manera, le reproché a la vida, esa noche, el no haberme dado la oportunidad de conocerla antes.

- Tranquila, nada podrá pasar –le dije tomando su mano y acariciándola con suavidad- los aviones siguen siendo el medio de transporte más seguro –ella sonrió y volvió a cerrar los ojos mientras el avión despegaba.

Nos habían ido a dejar todos al aeropuerto. Había sido una despedida como cualquier otra, llena de abrazos de parte de mis padres y repleta de bromas de doble sentido de parte de Emmett y Alice, provocando un inevitable sonrojo en ambos.

- No olviden sus remedios y tomarlos a la hora, les agregué el nuevo horario por el cambio en otro país –me dijo mi padre en el tiempo en que me abrazaba de despedida- Bella va a tu cuidado hijo, no permitas que nada le pase.

- No te preocupes, lo sé.

Y ahí estábamos esperando a que el avión despegara, con Bella estrangulando mis dedos por el nerviosismo y yo sonriendo al conocer una nueva cosa en la enigmática vida de Bella.

- Una vez que despeguemos te recomiendo dormir, se te hará más corto el viaje y no sentirás tanto miedo –una hora después Bella sin haberse dado cuenta, tenía su cabeza afirmada en su hombro. Su olor a fresas inundó de inmediato mí alrededor y ¡Dios! Juro que quise evitarlo, pero la imagen de Bella con el conjunto que tan desesperadamente había intentado ocultar sin lograrlo, apareció en mi mente. Solo sonreí y borré la imagen, si habían cosas imposibles a parte de una cura para nuestra enfermedad, era el hecho de ver a Bella así.

Un temblor en Bella me hizo percatarme que tendría frío al haberse quedado dormida. Así que de inmediato busqué con la mirada a una azafata y alzando la mano la llamé.

- ¿En qué puedo servirle señor? –me dijo la chica con la clara mirada que todas las mujeres con doble intención me dedicaban.

- Si –le dije sin interés- necesito una manta para mi novia.

Ella cambió su expresión y solo asintió a buscar lo que le había pedido. Cuando llegó la tomé de sus manos y la tendí sobre Bella, el resto del viaje fue calmado y sin problemas. Pero cuando llegó el momento de aterrizar, Debía cambiar de mano, para que esta vez fuera la otra que me apretara.

Mientras tomábamos nuestras maletas, saqué mi teléfono y llamé al chofer que había contratado Alice para este viaje, para mi alivio y lo que quería hacer, el chofer ya estaba en la salida del aeropuerto.

Salimos de lugar, Bella con una gran sonrisa y yo solo observándola a ella.

- Señor Cullen –dijo la voz conocida del chofer que contratábamos en cada ocasión- Espero que haya tenido un excelente viaje.

- Sí, fue tranquilo, muchas gracias Tom, ella es Bella Swan, Bella él es Tom, un viejo amigo –les presenté.

- Y el chofer de la familia en Londres –me recordó él.

- El gusto es mío Tom –dijo dándole la mano, la cual Tom besó, pero ya no con la misma emoción de nuestra llegada, su rostro había cambiado y debía saber el porqué.

- Tom, lleva las maletas a la casa, nos iremos caminando –le indiqué prestándole el carrito que llevaba nuestras pertenencias- nos encontraremos allá.

- ¿Está seguro señor? –preguntó algo extrañado, pues la casa quedaba demasiado lejos del aeropuerto.

- Sí, estoy seguro.

Esperamos a que a Tom desapareciera de vista y luego me dirigí a Bella,

- ¿Qué es lo que va mal? –le pregunté de inmediato. Debía saberlo, si íbamos a emprender esto juntos, debíamos ser honestos el uno al otro y esperaba de todo corazón que ella pensara igual.

- Y conocías Londres, tienen un chofer para la familia, lo que supongo que has venido más de una vez y nos quedaremos en tu casa, lo que lo confirma aún más, Edward ¿Por qué no me lo dijiste? Hubiéramos elegido un lugar entre ambos, uno que ninguno de los dos conociera antes –su rostro de desvió a mirar cualquier otra cosa y una solitaria lágrima cayó por su mejilla.

- Porque este no es mi deseo Bella –pasé mi pulgar por su mejilla y la limpie- sino el tuyo y eres tu quien debía elegir el lugar y si te convence, amo este lugar, es por eso que tenemos una casa aquí, así que por favor olvida esas cosas, estamos cumpliendo nuestros deseos y hay que pasarla bien ¿Estás de acuerdo?

- Perfectamente, no quiero ser quien arruine esta aventura –dijo sonriendo.

- Ninguno lo hará –tomé su mano y la obligué a caminar- vamos hay que recorrer las calles y comprar un helado.

Recordaba perfectamente cuando me dijo ayer que deseaba recorrer las calles de Londres, es por eso que nos íbamos caminado a casa, quedaba lejos, pero si se cansaba, podíamos tomar un taxi. No soltó mi mano en todo el camino y yo tampoco lo hice, estaba cómodo y su tacto era suave. Nunca había tenido novia, por lo tanto no sabía lo que era andar con una chica de la mano, pero si era solo un poco parecido a lo que yo sentía estando con Bella, podría tal vez entender la cara de embobado que traía mi hermano cuando estaba con su novia.

Bella sonreía y disfrutaba cada cosa que veía, había calculado el horario para llegar de día y así poder disfrutar más, pero Londres era muy grande y no bastaba solo un día para conocerlo por completo. Además el rostro de cansancio de Bella, incluido el viaje en avión, me decía que el día de hoy había terminado.

Pasé a una tienda y compré dos botellas con agua, mientras Bella mirada distraída a un grupo de palmos que comían los pedazos de pan que un anciano le regalaba. Cuando me acerqué a ella y le tendía la botella, me miró extrañada.

- Tus remedios –le dije claramente divertido. Las emociones del día habían hecho que Bella olvidara algo tan importante como tomarse sus pastillas- Si no lo haces será mi padre quien me mate antes de tiempo.

- No digas nada relacionado con la muerte, no quiero pensar en eso –me pidió. Y lo comprendí de inmediato, había sido un tonto.

- Lo siento –me tomé las pastillas y luego la tomé de la mano para que nos fuéramos a casa- Ya es tarde Bella y pareces cansada, tenemos dos meses para recorrer la ciudad –asintió en silencio y me acompañó a tomar el taxi.

Llegamos en veinte minutos y nuestras maletas se encontraban en la sala, la chimenea estaba prendida y una nota en la puerta que decía "La cena está en el horno" nos recibió.

- Tom –dije susurrando, este hombre estaba loco- Ven Bella, tenemos que hacer algo antes de instalarnos. Como ya un hábito en ese día, tome su mano y la guié hasta una de las paredes de la sala y saqué la lista con las diez cosas que me había entregado- ¿Tienes la mía? –le pregunté.

Asintió y al igual que yo, sacó de los bolsillos de su pantalón la lista que yo le había entregado.

- Bien, la colocaremos aquí en la pared juntas y cada vez que cumplamos algo haremos una línea borrándola, de este día hasta que pasen los dos meses, solo deberán quedar un último punto de cada una –le comenté mientras pegaba su lista en la pared- ¿Te parece?

- Me parece –pegó mi lista en la pared junto a la de ella y luego sacando un lápiz de no sé donde, se acercó a su lista y borró la número seis.

6.- Viajar a alguna ciudad de Europa.

- Gracias –me dijo volteándose a verme- espero cumplir tus cosas tan bien como lo has hecho conmigo –y sin siquiera pensarlo me abrazó.

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Con cariño, Philana.

Ya saben como malcriarme.