Capítulo editado por Emic, quien se apiado y me ayuda.
Primero: Perdón por el atraso, sé que esta vez no hay escusas suficientes, fue solo mi falta de compromiso, así que entiendo perfectamente si me quieren lanzar tomates.
Segundo: Mis disculpas a las personas que leen "El es un Maniquí" mi otro fic, la solución ya está en marcha así que sin falta el domingo está publicado, esperando que aún lo sigan leyendo, pues yo aún lo sigo escribiendo. Millones de gracias a las que dejaron su apoyo en aquella nota, se los agradezco de todo corazón.
Tercero: Deseo que estén bien de salud y que sean felices, nunca se los digo y creo que dejar un punto para eso en una buena forma de decirlo.
Cuarto: Mis siempre felices agradecimientos a las guapas y si es que hay guapos que dejan un rr en este fic que me hacen feliz, hasta el borde que los leo siempre que me siento sin inspiración:
Emily-Lokis / christtu / Haloh / LauSwan / fer93vulturio / Angel10607 / Prinzeziitha Cullen / meco2008 / Lulii St. John / bibi!!!! / Erill Cullen / liloc / Stephanie09 / ekate94 / MynameisalsoKris / Oruhita / Vicky-Chan15 / lizie20 / Ubita / tauriana_91 /
Quinto: Mis siempre también felices agradecimientos a quienes me agregaron a sus favoritos o a sus alertas y no han podido dejar rr siempre les estoy agradecidos:
Kayling / SabrinaCullenBlack / MerySnz / Meeli / dana03 / Jadangely SwanHigginbotham / lau-efron-cullen / chapi28 / / xikiss Cullen / gabs-potter /
Sexto: Terminé este capítulo a las 4:46 de la madrugada esperando publicarlo enseguida, pero la señal está en mi contra por eso, no pude hacerlo.
Séptimo: Espero que les guste el capítulo, no es de mi total convicción (no se que me pasa, nunca me gustan, pero bueno a ustedes si y cuando me lo dicen me convenzo y termino amándolos como si fueran mis hijos jaja)
Octavo: Me pegunto si alguien leerá el desencadeno de locura que me da cuando escribo esta parte, se que algunas lo hacen pues me comentan sobre mis estudios y eso, pero siempre me he preguntado cuantas lo hacen se todas las que leen el capítulo, en fin, las dejo y que disfruten.
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Capítulo Cuatro: Día tres y madrugada del cuatro "7.- Mirar las estrellas toda la noche"
Punto de vista de Bella
Había estado tan emocionada por todas las cosas que habían pasado en tan sólo unas horas, que en cuando mi cabeza tocó con la almohada ya estaba completamente dormida. Soñé con Edward, absolutamente toda la noche, con cada una de las cosas que realizaríamos y con cada aventura nueva en nuestras vidas, con esas cosas que nunca fui capaz de hacer y que con sólo la presencia de él, me había dado la fortaleza suficiente para decidirme. Quizás esta enfermedad era algo más que simplemente eso, una enfermedad, quizás algo más fuerte, una oportunidad para darme cuenta de lo valiosa que era la vida, de lo que podía sacar de ella y llevármelo hacia donde sea que la muerte me llevara.
Pero toda aquel sueño se perdió cuando desperté y la realidad de lo que había dejado me golpeó. El que todo esto terminaría, la aparición tan tardía de Edward, sólo ayudándome en esta aventura, el no haber aparecido antes cuando aún estaba sana, cuando hubiera sido capaz de llevar una vida de una adolescente normal, aquella que se enamoraba de estupideces y se desilusionaba de las mismas. Pero ya era tarde, no podía pedir más, jamás llegaría a ser una gran profesional, una exitosa empresaria, una fabulosa montañista, una tierna profesora o una linda doctora atendiendo a los perritos de aquellos niños que llegaban con tristes lágrimas. No sería nada de eso, pero ya no importaba, no tocaría nunca más sobre ese tema, ahora viviría los últimos días de mi vida, no habrían más lágrimas de lo que hubiera ocurrido, ya no, no más, estaba decidido.
Entré al baño y limpié las lágrimas. Me duché lentamente y con calma, eliminando con el agua que se iba por la cañería, todas aquellas malas energías que hacían que en cada momento recordara lo que me esperaba luego de cinco meses. Y sirvió, como nunca antes había servido algo que me había propuesto.
Me vestí de forma sencilla con una camiseta cómoda de tirantes, unos jeans y las zapatillas. Bajé las escaleras lentamente, pues ya nada me apuraba y seguida por el aroma y la música que provenía de la cocina. Cuando entré sólo estaba Tom moviendo distraídamente unas ollas frente a la cocina.
- Buenos días Tom –lo saludé y al parecer también lo asusté, pues pegó un pequeño saltito.
- Señorita Bella me ha asustado –me sonrió- enseguida le sirvo su desayuno.
- ¡Oh! No Tom, por favor, usted siga como si yo no estuviera aquí, yo puedo preparármelo sola –me acerqué a la cocina y tomé una taza para servirme el té. El chofer de los Cullen miraba con atención cada movimiento que yo realizaba con interés y con una tímida sonrisa en el rostro y no me habló hasta que yo me senté con mi café y las tostadas frente a mí.
- Ya veo el motivo por el cual el joven Edward se siente tan cómodo con usted –comentó volviendo a lo que hacía.
- ¿por qué lo dice?
- Pues de los jóvenes Cullen, el joven Edward, es el único que se prepara sus cosas y no tiene problemas, la señorita Alice y el joven Emmett siempre me piden que les preparar el desayuno -dijo sin despegar para nada la sonrisa que tenía en su rostro- no me molesta pues ellos siempre han sido unos buenos chicos y me han tratado muy bien.
Bella lo observaba mientras el hombre hablaba y notó en sus ojos la sinceridad, él de verdad apreciaba a los Cullen y ahí confirmó lo que el día que los conoció había creído, Los Cullen eran una familia hermosa y que trataban a todo el mundo con el respeto que se merecían sin importar la clase social en la que se encontraran.
- Mmm… buenos días –dijo una voz detrás de mí y supe de inmediato que era él y Dios cuando me di vuelta me sonrojé de inmediato con el pensamiento que inundó mi mente "este chico es demasiado sexy". Llevaba solo su pijama un short y una polera de color azul, sus cabellos desordenados y aún con el sueño en su rostro. El deseo de ser quien despertara con él cada mañana me hizo mirar hacia otro lado para que él no notara mi sonrojo, pero Tom no, él lo había notado y solo me sonrió cuando lo observé.
- Joven Edward que temprano se ha levantado hoy, por lo general usted no conoce las mañanas –dijo Tom sonriendo- quizás el querer sorprender a la señorita Bella sea la causa- Esta vez no fui la única en sonrojarme.
- ¿Cómo dormiste Bella? –me preguntó Edward tratando de cambiar de tema lo cual agradecí.
- Genial, creo que hace mucho que no dormía tan bien y eso es algo que te agradezco mucho –él sólo sonrió y me miró con calma, provocando que no lograra dejar de mirarlo.
- Ejem –tosió Tom sacándonos del trance en que nos encontrábamos. Creo que decir cada vez que me sonrojaba no será necesario, pues creo que jamás en toda mi vida lo había hecho tan seguido como en este viaje- ¿Cuáles son los planes para hoy?
- Los de Edward no los sé, pero los míos si, y para eso necesitaré su ayuda Tom, si es tan amable –había tenido en cuenta que yo no conocía mucho Londres por lo que necesitaría de alguien que me guiara y claro, no le podía pedir ayuda a Edward si las sorpresas tenían que ser para él, así que pensé en Tom.
- ¿Y yo qué? Me dejarás abandonado todo el día –me dijo Edward algo contrariado.
- Pues claro, ya verás que harás Edward, ¿cómo pretendes que prepare tus deseos si vienes conmigo? será aburrido y no te quejes, mira que prometimos no poner problemas en esto –le dije apuntándolo con el índice, pero a la vez sonriendo.
- Me agrada señorita Bella –Tom sonrió en mi dirección y luego miró a Edward- creo que ni a la señora Esme había visto llamándole la atención, deberá cuidarla mucho si no quiere perder a esta chica, es un regalo caído del cielo –yo solo desvié la mirada y me levanté de mi asiento.
- Bien, voy por mi bolso y nos vamos ¿le parece Tom? –el hombre solo asintió aún sonriendo y yo salí a mi cuarto.
Punto de vista de Edward
Cuando escuché los pasos de Bella subiendo la escalera, me dirigí rápidamente a un mueble en la cocina y saqué de este una bolsa con remedios que había guardado.
- Tom por favor necesito que me hagas un favor –dije tendiéndole la bolsa- prometo explicarte todo lo que está pasando un día de estos en los que Bella no esté tan cerca, pero necesito que a estas horas le des sus remedios –le tendí también un papel con los horarios y los remedios con sus dosis que correspondían- es muy importante que no lo olvides, por favor.
- Tranquilo joven Edward, no lo olvidaré –los pasos de Bella acercándose me hicieron alejarme de Tom, mientras el guardaba lo que le había entregado en el bolsillo de su pantalón.
- Ya estoy preparada Tom –Bella traía una gran sonrisa, estaba feliz y mi corazón latía con fuerza, pues de alguna manera sabía que yo era una de las razones de aquella felicidad.
Nunca me había detenido a pensar en lo simple que podía llegar a ser un pequeño acto y que aquella simple cosa podía hacer feliz a miles. Mi padre, con tratar de un modo diferente a una persona, hacía feliz a su familia entera. Mi madre ayudaba con decoraciones gratuitas a muchas personas, mis hermanos aliados a fundaciones hacían feliz a miles de niños, siempre ayudados por mi cuando mi salud me lo permitía e inventando excusas para pasarlo desapercibido, y con solo cumplir un sueño, estaba haciendo feliz a Bella.
- Muy bien, vamos entonces, usted dirá a donde la llevo –le dijo Tom siguiéndola a la salida. Me dedicó una mirada cómplice, que a la vez me dejó tranquilo, pues sabía que Tom cumpliría con su palabra.
Sabía que ella iría a planear alguna de las cosas que yo había colocado en aquella lista. Eran cosas simples, ella me lo había dicho, pero para mí, por muy simples eran demasiado importantes. No era que nunca las pudiera haber hecho, sino que cada cosa que había en esa lista, las había deseado, con un sentimiento especial, disfrutarlas y darles esa importancia que se merecía. Estar bajo la lluvia por mucho tiempo se podía hacer en cualquier día de invierno, pero qué sentido tendría, ninguno, en cambio hacerlo ahora, cuando luego jamás podrías volver a repetirlo, con una persona que pasaba por el mismo momento que tu, que sentía cada sensación de que todo esto se estaba acabando, cambiaba mucho las cosas.
Como muchas veces lo había dicho, no estaba molesto con la vida, pues quizás de algún modo, me quería decir que era la única forma que me daba para disfrutar de los pequeños detalles.
Subí a mi habitación a bañarme, pues luego ordenaría un poco, haría unas llamadas y prepararía el almuerzo.
Las cosas iban bien hasta el momento, ambos estábamos felices y nada podría pasar para que nuestros dos meses se arruinaran, no lo permitiríamos. Si Emmett estuviera aquí, hace ya un buen rato que hubiera lanzado algunas de sus bromas sobre mi exagerado buen estado de ánimo. Y como si de una película de terror se trataba la canción "Supermassive Black hole" en mi celular me anunciaba que mi hermano me estaba llamando.
- ¿No deberías estar durmiendo? –le pregunté sin saludarlo y calculando tendría que ser de noche allá.
- Ya sabes que mis noches son tus días hermanito, solo llamaba para ver cómo van las cosas y si te has portado como se debe Edward –comenzó con su discurso- ya sabes que debes ser un caballero y no lanzarte a ella como un desesperado.
- Si lo sé Emmett, siempre trato de no seguir tu ejemplo –dije siguiéndole la corriente.
- Por supuesto, si lo siguieras en este momento estarías con Bella en la habitación y no precisamente durmiendo ni jugando cartas, bueno puede que jugando, pero definitivamente cartas no, a menos que póker, pero debería ser del stre…
- ¿A qué va todo esto Emmett? –le pregunté cuando sentía que mis mejillas se sonrojaban por lo que mi hermano acababa de decir.
- A que mamá me pidió que te llamara y hasta ahora me acordé y por eso te llamé y también para darte algunos consejos ya que es mi deber como hermano mayor, por ejemplo que debes protegerte, tener cuidado con ella, la primera vez puede ser difícil y cosas así, pero como veo que estás de mal humor, mejor lo dejamos para otro día.
- Es lo mejor que has dicho hasta el momento, dile a mama que estoy bien y que no tiene de que preocuparse y no hagas estupideces Emmett –le advertí.
- Tranquilo y suerte –y sin decir más colgó.
Sonreí pensando en las estupideces que mi hermano había dicho, bueno lo eran porque entre yo y Bella nunca pasaría nada, aunque ella era guapa simpática, amorosa, risueña, a veces hacía aquel gesto con su boca al hablar, se sonrojaba al escuchar cosas hermosas sobre ella, su cabello castaño era hermoso, su… Dios, en ese momento me detuve, nunca me había fijado en los tantos detalles que sabía sobre Bella y que bueno, me gustaban, ella me gustaba, me sorprendí pensando, en sólo dos días me había dado cuenta que Bella me gustaba y mucho, no me podía adelantar a decir que estaba enamorado, pero si me atraía y bastante.
Dejé de pensar en eso cuando miré la hora y noté que debía hacer el almuerzo, Bella había estado toda la mañana fuera mientras yo ordenaba la casa y llegaría con apetito. ¿Tom le habría dado sus remedios? Por supuesto que sí, me respondí, él era responsable y se notaba que en el poco tiempo que la conocía la cuidaría.
Hice la única cosa que había aprendido, en las tantas veces que mi madre me había enseñado, no es que me costara aprender a hacer las demás cosas y en realidad las hacía, es solo que uno tiene a aprender con mayor facilidad las cosas que le gustan. Mientras la comida se hacía, hice un poco de aseo, no había mucho que ordenar, pues Tom ya me había facilitado bastante el trabajo, así que en sólo unos minutos el aseo y el almuerzo ya estaban terminados.
Una hora pasado el medio día, ya estaban de regreso, Bella traía una gran sonrisa y Tom venía del mismo modo tras ella, por una milésima de segundos sentí celos, sí, debía admitirlo, sentía celos que ella se estuviera riendo con él y no conmigo. Pero era estúpido, no podía tener celos de algo que no era mío.
- ¿Te quedas al almuerzo Tom? –le pregunté cuando llegaron mientras colocaba la mesa.
- No, muchas gracias joven Edward, pero mi señora me está esperando, nuestros hijos nos vienen a ver y queremos comer juntos –dijo el cambiando de inmediato el rostro cuando habló de su esposa.
- Dale mis saludos a Jane de mi parte por favor –le dije. Hace muchos años que conocía a la familia de Tom y les había tomado un cariño del cual en estos momentos me arrepentía, los extrañaría, pero eso era parte de la aceptación.
- Muchas gracias Tom –se acercó Bella, dándole un abrazo y besando tiernamente su mejilla- no sé que hubiera hecho sin usted, fue de mucha ayuda.
- A sido todo un placer, que pasen un buen día –Tom se despidió y salió hacia el encuentro con su familia.
Terminé de ordenar las cosas y comencé a servir el almuerzo. Nunca había hecho comida para otra persona que no fuera para mí y el hecho servirle a Bella era algo que me tenía nervioso.
- Le especialidad del Chef –le dije colocando un plato frente a ella- el cual ruega tener piedad, pues es su primer presentación en público.
- Creo que será una excelente comida Edward –tomó el servicio y probó el primer bocado mientras yo la miraba. Saboreó la comida durante unos instantes, mirando sin expresión, teniendo mis nervios al límite, luego haciendo algo que encontré uno de los gestos más sensuales que había visto en mi vida, pasó su lengua por los labios y sonrió- exquisito, tienes buena mano Edward, me alegra ver un hombre que cocina.
- Yo, este… gracias Bella –me di la vuelta, para tomar mi plato y esconder un poco el sonrojo que se había apoderado de mi rostro.
Pasamos el día completo en casa, ya que no correspondía cumplir el sueño de ninguno de los dos y pude notar en cierto momento un poco de cansancio en el rostro de Bella, después de todo, su mañana había sido algo agitada y con el viaje de ayer dudaba que se encontrara recuperada por completo.
Sabía, por información que mi padre me había dado, que en Bella el cáncer se encontraba mucho más adelantado que en mi, por eso la cuidaba más y las emociones la cansaban más.
- ¿Quieres descansar un poco Bella? –le pregunté cuando la vi con su codo sobre la mesa y afirmando su cabeza con la mano.
- Sí, creo que es lo mejor, estoy algo agotada –y antes de que ella lograra pararse la tomé en mis brazos y la cargué para llevarla a la habitación. Tan cansada se encontraba que ni siquiera fue capaz de reclamarme, solo se abrazó a mi cuello para afirmarse y se dejó llevar.
Mientras subía la escalera con ella en mis brazos, su olor a fresas me inundó por completo entrando por cada poro de mi piel. Pero no era de aquel olor hostigoso que las chicas se echaban para llamar la atención. Sino que aquel que salía de ella, olor a Bella.
Entré en la habitación que le había cedido y la recosté sobre la cama cubriéndola con una manta. Ella comenzó a removerse intranquila, como si buscara algo a su lado y frunciendo el seño abrió los ojos.
- Quédate conmigo Edward, por favor, no quiero dormir sola, ya no más –dijo ella mirándome seria y con una cierta tristeza en su mirada que no pude evitar.
Solo le sonreí y me acosté a su lado mientras ella apoyaba su cabeza en mi brazo y me abrazaba. Se podía a llegar a sentir algo tan profundo por alguien a quien solo conocías hace dos o tres días, podías llegar a querer a alguien por tratarte con cariño y solo hacerte feliz con sólo una sonrisa. ¿Podrías llegar a enamorarte de alguien por solo sentir que su caricia te hace pensar que ya nada puede salir mal?
Para todas aquellas dudas, mi respuesta era positiva, pues todo eso era lo que Bella me hacía sentir, y por primera vez, desde que me había enterado de mi enfermedad, tuve miedo, miedo de perder a alguien a quien comenzaba a amar.
La abracé con el brazo que quedaba libre y la acerqué más a mí y así juntos nos quedamos dormidos.
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Desperté sólo porque la alarma de mi celular sonó. Me desperté algo sobre saltado y miré mi reloj de pulsera, era hora de nuestra medicina, y agradecí internamente el que me hubiera acordado de colocar la alarma cada vez que nos tocara nuestro remedio.
Con cuidado y sin despertar a Bella aún, salí de la cama y bajé por los medicamentos y por agua. Cuando subí Bella estaba sentada en la cama refregándose los ojos.
- Tus remedios –le dije tendiéndole las pastillas y un vaso con agua. Ella los recibió en silencio mientras yo tomaba las mías. Luego de dejar los vasos en el velador junto a la cama ella me miró y se sonrojó.
- Siento que te sintieras obligado a quedarte conmigo, es solo que no quería dormir sola –me dijo mirándome a los ojos- he pasado tanto tiempo durmiendo sola y te prometo que he dejado todos mis miedos atrás, es sólo que este no sé cómo hacer que me deje.
- ¿De qué miedo se trata Bella?
- Bueno, desde que tengo esta enfermedad he temido a que llegue un día en que me acostaré como siempre y nunca más despertaré, temo a morir sola Edward, a que llegue ese día y no pueda hacerlo evitando aquello con lo que aún no aprendo a vivir, la soledad –bajó su mirada, pero ninguna lágrima se vio.
- Ahora te voy a prometer algo Bella –tomé una de sus manos, como ya se había vuelto una costumbre entre nosotros- te prometo que desde ahora jamás y escúchame bien Bella, jamás te voy a dejar durmiendo sola, desde ahora somos solo los dos y no nos separemos por nada –su rostro se había alzado mientras yo hablaba.
- Sé que aún cumpliendo las diez cosas que hay en tu lista, jamás habrá algo que pueda llegar a agradecer por completo todo lo que estás haciendo por mí –en ese momento se puso de pie y se lanzó contra mí para abrazarme, pero su impulso y mi mala postura hizo que ambos aterrizáramos contra el suelo, solo que Bella aterrizó sobre mí.
Ninguno de los dos se movió, solo nos mirábamos fijamente, casi sin pestañear, solo mirándonos. Y por algo que nació de mí y que no pude detener, una de mis manos se fue hacia su rostro y acaricié lentamente su cara. Era suave, tersa y tibia por el sonrojado que la situación le había dado. Nunca había estado en una situación tan íntima con alguien, siempre trataba de alejarme de las chicas por el no saber cómo reaccionar cuando me hablaban. Mis hermanos me regañaban pues decían que con ser guapo e inteligente más de algún tema sacaría para conversar, pero la mayoría de las chicas, a mi gusto, carecían de intelecto y lo único que su mente ocupaba espacio eran las cosas que no tenían ningún valor.
Con Bella era diferente de ella me había enamorado, por primera vez sentía que quería estar con ella por mucho tiempo y con su sola presencia yo me daba por pagado. Pero las dudas me comían por dentro, no sabía lo que ella sentía por mí y no sabía cómo averiguarlo, por lo que una sola idea se cruzó por mi mente. Elevé mi cabeza lentamente, sus labios como nunca antes me llamaban, quería probarlos y descubrir si sabían a fresas como el olor que ella tenía. Me quedé a solo unos centímetros de ella, pues no la presionaría, si ella quería esto habría solo una manera de descubrirlo.
Punto de vista de Bella
Bastaba que solo bajara unos segundos mi cabeza y nos daríamos un beso, mi primer beso. Pero la inseguridad era algo que me estaba matando por dentro. Mi corazón no se dejaba engañar y sabía que desde el momento en que me abrazó por primera vez, había comenzado a sentir algo por él, el problema es que no sabía que era, cada gesto, sonrisa, palabra o alguna mirada que me dedicaba, sin poder evitarlo me dejaba en blanco, sin saber que responder. Pero desde el momento en que se quedó a mi lado cuando temía a dormir sola y ahora que me hacía esta promesa, sabía que estos sentimientos no eran los de una torpe adolescente que se enamora del primer chico que pasa frente a ella. Esto era diferente y era la primera vez que lo sentí y con el tiempo en nuestra contra, quizás sería la última.
Así que ya sin temor, eliminé aquel espacio que él había dejado esperando mi decisión. Era un caballero y sabía que no me obligaría a nada. Por eso cuando nuestros labios se juntaron, la sensación de amor que sentí que él me entregaba era de tal grado de emoción, que con solo palabras sería imposible de describir. Con la mano que había estado acariciando mi mejilla, la puso detrás de mi cabeza y me acercó aún más si era posible, pero cuando puso su otra mano en mi cintura y nos dio vuelta quedando esta vez él sobre mí, no pude evitar que un gemido escapara de mis labios.
Había sido un beso suave y tierno, pero el cual no pude evitar seguir así cuando sentí su lengua rozar mis labios, con una calma inexplicable que no podía entender como lo hacía, pues yo en ese momento lo único que quería era comérmelo a besos. Abrí mi boca en ese momento y fue él quien gimió esta vez. ¿Había sentido algún sonido tan sensual como ese antes? Pues yo no y lo encontré exquisito.
Pero lo bueno siempre tiene que tomarse un receso para seguir entregando felicidad, por lo que cuando Edward comenzó a disminuir la intensidad del beso y mis manos que habían estado rodeando su cuello se detuvieron en sus mejillas, sabía que mi rostro estaría de todas las tonalidades rojas que pudieran existir.
- Si es así como reaccionaremos cada vez que nos caigamos, espero ser yo quien te reciba en cada caída –me dijo sonriendo.
- Y espero ser yo quien sea la única que caiga sobre ti –dije sintiéndome por primera vez celosa, al pensar que alguien más podría estar con él.
- O eso tenlo por seguro, no querría que nadie más lo hiciera –y acercándose a mi depositó un último beso antes de ponerse de pie y ayudarme a pararme.
- ¿Qué hora es? –le pregunté recordando que tendría que tener en cuenta los cálculos para su sorpresa.
- Las 10:20, dormimos casi toda la tarde, ¿Por qué? –me preguntó con claras muestras de duda en su rostro.
- Pues debemos prepararnos para tu deseo Edward o es que ya no quieres seguir con lo de las listas.
- Claro que quiero, pero es que habíamos quedado en que sería día por medio por lo que nos toca mañana.
- Sí, pero después de las doce ya es mañana así que igual vale ¿no? –sonreí triunfante y comencé a salir de la habitación.
Punto de vista de Edward
La seguí mientras bajaba la escalera y en el momento en que llegamos abajo la detuve.
- Bella espera –la retuve tomando su brazo y girándola para que quedara frente a mi- yo quiero que sepas que lo que pasó en la habitación no fue solo un arrebato del momento. De verdad quería besarte y no sólo porque se dio el momento si no desde hace ya muchos días, pues Bella –dije algo incómodo, nunca había hecho esto antes y temía que no supiera cómo hacerlo- Bella me gustas y me gustas mucho y no quiero que pienses que te traje acá guiado por eso. Estoy sintiendo cosas por ti que jamás pensé llegar a sentir y por favor si te sientes incómoda con todo esto, dímelo y dejaremos esto hasta aquí y nun… -no logré continuar, pues sus labios pegados a los míos me lo impidieron.
- Todo está bien Edward y yo siento lo mismo por ti, no sé desde cuándo ni cómo, solo lo siento y creo que es una bonita manera de continuar con todo esto ¿no te parece? –había tomado mi rostro entre sus manos y la sonrisa en su rostro no la abandonaba.
- ¿De verdad estás siento feliz conmigo Bella? –pregunté con temor.
- Como nunca antes Edward –esta vez, solo fue un pequeño beso cargado de ternura y felicidad- Ahora necesito que confíes en mí, pues aquí comienza tu deseo, ¿prometes portarte bien y hacer lo que yo diga?
- Te sigo hasta el fin del mundo Bella –y sacando de un bolso que tenía detrás del sillón un pañuelo comenzó a vendarme los ojos, sin dejarme ver absolutamente nada. Sentí por unos momentos que se aljaba, pero de inmediato la volví a sentir junto a mí.
- Ponte la chaqueta -me dijo- hará algo de frío esta noche –le hice caso como un buen niño que le dicen que si se come sus verduras Santa le traerá un gran obsequio- Y ahora pon tu mano sobre mi hombro y sígueme.
Me mantenía en silencio, el sólo hecho de escuchar su voz y sentir su piel cuando me guiaba, me hacía sentir en las nubes. Me indicó que bajara la cabeza cuando me hizo entrar a un coche. En un principio sentí que este no era el de la familia, pues la altura me obligó a pegar un salto para entrar el, pero aún así no pregunté nada. Bella encendió el motor y salimos de casa.
Manejó cerca de media hora y ambos en silencio solo guiados por el suave susurro que ella hacía cuando trataba de cantar alguna canción. Cada cuando colocaba su mano sobre la mía y me acariciaba con cariño. "Ya queda poco" me susurraba cada algunos minutos, y tan confiado estaba en ella, que ni siquiera me pregunté cómo había sido capaz de guiarnos si nunca había estado en Londres. Luego con el paso de los días le volví a preguntar y solo sonrió, sin responderme.
- Llegamos dijo deteniendo la camioneta en un lugar, bajando de ella y ayudándome a bajar después- no puedes sacarte la venda hasta que sean las doce ¿de acuerdo? –me indicó.
- Sí mi capitán.
- Muy gracioso, ahora espera unos segundos de pie –escuché como el cierre de sus bolso se abría y sacaba algo de él, luego solo escuchaba sonidos sordos que se pagaban al instante, mientras ella seguía tarareando una canción- Bien ahora camina unos pasos, muy bien, ahora acuéstate aquí –la seguí en cada indicación que me daba y noté que había puesto unas mantas en el suelo, por lo que no sabía sobre qué tipo de suelo estábamos. Ella se acostó a mi lado y se apoyó en mi brazo tal como aquella tarde- solo unos pocos minutos más.
No me importaba estar ciego para toda la vida, si podía estar con ella así, sólo abrazándonos. Luego de unos minutos con una suavidad que solo podía provenir de Bella, retiró la venda de mis ojos y el universo entero estaba a mi disposición. Las estrellas llenaban el firmamento y mirara donde mirara había estrellas.
- Esto es hermoso Bella, ¿Dónde estamos?
- No te preocupes de eso, solo disfruta de tu momento –me dio un corto beso en los labios y luego colocó otra manta sobre nosotros- estar aquí toda la noche, me obligó a venir preparada.
Con Bella el silencio nunca era incómodo, pues de alguna manera habíamos aprendido a comunicarnos sin las palabras y en ese momento fueron las estrellas, las que nos cobijaban aquella noche y que impedirían que algo nos pasara.
- Mira Edward una estrella fugaz –dijo Bella de pronto al tiempo en que la estela de la estrella se perdía en la oscuridad- ¿Qué pediste? –me preguntó.
Y quizás fue en ese momento fui consciente de lo que había querido pedirle desde el momento en que el beso surgió, quizás era una decisión apresurada, pero con el tiempo de enemigo esto no lo era.
- Pedí que Bella Swan me diga que si, al pedirle que sea mi novia –dije desviando mi vista de las estrellas y viéndola a ella. Aún en la oscuridad pude ver que se había sonrojado, volviéndome más loco con aquel gesto, la quería para mí como nunca antes había deseado algo.
- Debe ser verdad que las estrellas cumples deseos, pues Bella Swan dice que si –no nos besamos, no sonreímos, no lloramos, solo nos miramos por interminables minutos en los que solo veía a la estrella más linda del firmamento y luego fue ella quien me besó.
Al llegar a casa tendría que hacer una raya en dos de mis deseos.
7.- Mirar las estrellas toda la noche y 9.- Ser besado por una chica hermosa.
Ambos deseos cumplidos a la perfección.
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Como siempre malcríenme con un lindo rr y por favor recuerden que no es una obligación y que jamás he pedido una cierta cantidad para volver a postear, no sería capaz.
Con cariño, Philana.
