Capítulo 5 editado por Emic, mi Beta hermosa.

Primero: Láncenme los tomates que sean necesario para descargar su ira ante mi, sé que tarde una eternidad, pero es que una falta de ánimo por el problema de mi otro fic, causó que la inspiración se fuera por un tubo y no llegara hasta hace pocos días. Sé que quizás no es una escusa muy convincente, pero es la simple verdad y puedo mentirle a ustedes, mis fieles lectoras, así que espero que lo entiendan.

Segundo: Dedicar este capítulo a Emily-Lokis, sé que le dije que lo publicaría ayer, pero debía salir y no alcancé a pasarlo a pc. Ayer estuvo de cumpleaños y este es mi regalo para ti, espero que te guste, pues va con millones de besos y abrazos.

Tercero: Notarán más abajo que el título del capítulo es algo extraño, pero así los haré de ahora en adelante, pues como en los anteriores, colocaba el deseo que iban a cumplir y le quitaba toda la emoción de saber cual sería mientras lo leían o por lo menos así lo veo yo, así que ahora no sabrán de que deseo se trata hasta el final del capítulo y no al leer el título, espero que se entienda.

Cuarto: miles de agradecimientos a las personas que dejaron su apoyo en mi otro fic, "El es un Maniquí" y las que no se han pasado por ahí, háganlo creo que es bueno, bien me habían plagiado ese fic, el segundo que me roban y debía hacer muchas cosas para que la chica en cuestión lo borrara y las discusiones y todo eso me habían causado tanta rabia que no escribía, a parte de lo que puse antes. Bien la chica lo borró así que para el domingo el capítulo nuevo estará arriba, o a más tardar el lunes.

Quinto: Agradecer a todas las personas que dejaron r en el capítulo anterior y pedirles mis disculpas por la demora:

LIzie20, x-Elee, Haloh, meco2008, Dama Cullen, Lulli St. John, iOvs Anna Cullen Ross, Anfitrite, Oruhita, bibi!!!!!!, FAYRES12, ekate94, Angel10607, Prinzeziitha Cullen, Erill Cullen, my chemical with Edward, Emily-Lokis, JaNnYtA, Prettypurple, Ileana, christti, Sandy31.,

Sexto: También agradecer a las bellas personas que me agregaron a sus favoritos o a sus alertas y que por una u otra razón no han dejado rr:

SereTsukino, CindyLo, laaamb, ur2grt2b4go10, Mariona Beckett, Nana y Jenn Cullen-Swan, rigelcullen, Luchyrct, Dayan Hale, Reneesme Carlie Cullen Swan II, La dementor, natalycullen, Sol20002005,

Séptimo: Espero que disfruten el capítulo, que va con todo mi cariño.

Capítulo Cinco: Tarde del día cuatro, día cinco y día seis

Punto de vista de Edward

El sol ya comenzaba a aparecer y la respiración acompasada de Bella me anunciaba que se había quedado dormida. La mayoría de las estrellas ya habían desaparecido, solo una que otra rebelde en contra del sol, se mantenía desafiante en el firmamento. La hora del amanecer era cuando más frío hacía durante las veinticuatro horas del día por lo que, protegiendo la salud de Bella y de paso la mía, decidí que ya era hora de partir.

No tenía muy claro donde nos encontrábamos exactamente pero ya saliendo al camino podría ubicarme, después de todo estábamos en Londres, la segunda ciudad que mejor conocía sobre la tierra.

Tomé a Bella sobre mis brazos y la envolví en la manta que ella misma se había encargado de traer. Con mucho cuidado e intentando no despertarla con el movimiento la llevé hasta la camioneta que había alquilado.

Como había previsto, no fue difícil ubicarme y en poco tiempo ya estábamos frente a la casa. Mi amor por la velocidad había provocado que llegáramos en menos de la mitad del tiempo que Bella se había demorado en llevarnos hasta allá. Me bajé de prisa para abrir la puerta de entrada y luego volví por Bella. Se removió inquieta entre mis brazos mientras la cargaba hacia su habitación.

- Siento haberme quedado dormida –dijo entre sueños escondiendo su rostro en mi pecho- quería ver el amanecer junto a ti.

- Tranquila, tenemos dos meses para ver el amanecer –comenté subiendo las escaleras- puedes anotarlo como un punto extra en cada una de las listas –le dije sonriendo aunque sabía perfectamente que ella no me había oído ni visto, pues sus ojos nunca se habían abierto y ella había vuelto a dormirse.

Al entrar a la habitación no me quedó más opción que solo recostarla sobre las tapas y cubrirla con una manta extra que había en el armario. La idea de cambiarle a su pijama no me causó mucha gracia cuando pasó por mi mente la idea de que ella pensara que yo era algún psicópata. Así que solo la dejé ahí y me fui a mi habitación.

Tenía dos días para planear lo que haría para Bella. Sería el segundo deseo que le cumpliría, pero aún no tenía muy claro cuál sería. Me sabía de memoria su lista, cada punto con cada palabra escrita. Repasé cada una con calma ordenándolas en mi mente, quedando como elegida la que más me hacía temer por la seguridad de Bella. En general eran dos las que me hacían temblar, así que lo mejor sería salir cuanto antes de esas dos y después solo dedicarme a disfrutar del mundo con ella.

Saber que había aceptado ser mi novia fue una gran alegría que ninguna experiencia nueva me haría volver a sentir, que solo tiempo después me hizo darme cuenta de lo equivocado que estaba. Ya con el plan en mente de lo que haría para Bella, me desvestí y puse mi pijama y me metí en la cama.

Punto de vista de Bella

Desperté cuando el sol estaba bien elevado en el cielo. Algo perdida al no saber cómo había llegado hasta mi cama. Me senté en ella y despejé mi cabeza. Y la imagen de Edward cargándome mientras me subía hacia mi habitación, me hizo recordar todo eldía anterior con nitidezy con más claridad cuando él me había pedido ser su novia.

Tenía clarísimo que había sido algo apresurado, después de todo solo hacía unos meses que lo conocía, pero no me importaba. Sabía que lo amaba y que él también sentía lo mismo hacía mi. No nos quedaba más que medio año aquí y teníamos que disfrutar las alegrías que la vida nos entregaba en este momento.

Me levanté con una sonrisa en el rostro, la cual se acentuó más cuando noté que estaba vestida y que Edward no me había desvestido, siempre manteniendo al caballero dentro que había sido una de las cosas que más llamaba mi atención. Cuando me disponía a entrar al baño a darme una relajante ducha, el teléfono sobre el velador sonó asustándome provocando que al darme la vuelta chocara contra el marco de la puerta.

- ¡Maldición! –grité acercándome son rabia al teléfono que mostraba el sonriente rostro de Alice, en la pantalla- ¡Alice! –contesté en modo de saludo.

- Bella ¿Te desperté? La verdad no sé muy bien la hora que es por allá, siempre me confundo en esas cosas, bueno no importa, espero que no, si estás aún en cama, sal de ella para que mi hermano no escuche lo que tengo que contarte –me dijo lo suficientemente rápido, para que me asombrara el haberle entendido cada palabra.

- ¿Qué te hace pensar que tu hermano está en la misma cama que yo? –Alice había sumido algunas cosas y que creía sería bueno aclarar, pero en ese momento ella no me lo permitió.

- ¿Aún no lo hacen? ¡Dios! Sabía que mi hermano era virgen, pero nunca creí que tardaría tanto, es decir, tú eres la chica perfecta y se nota que te ama, no se la verdad que está esperando, quizás Emmett tiene razón y necesita un empujoncito, Bella ¿Cuándo piensas usar el conjunto azul que te regalé? –cada cosa que había dicho me había asombrado más que la anterior, haciendo que estuviera sonrojada por completo.

- Mira Alice, lo que pase entre Edward y yo no tiene nada que ver con ustedes y el día que decidamos hacer el am…en ese momento me di la vuelta frustrada con toda la situación, encontrándome con el rostro sonriente de Edward afirmado contra el marco de la puerta y alzando una ceja son diversión- mor será asunto de nosotros –logré decir luego de que ´le me hiciera un gesto con la mano para que continuara- así que te pediré y de paso le informes a Emmett que con Edward estamos bien así –y sabiendo que tal vez no ve vería nada educado, colgué.

- No volverá a llamar –dijo acercándose a mí y tomando mi cintura entre sus manos me acercó a él y aún sonriendo- al menos por un tiempo, hasta el día en que, mmm ¿Cuáles fueron tus palabras? –Dijo llevando una mano a su mentón, haciendo como que intentaba recordar algo- ¡ah sí! "decidamos hacer el amor" se enterará de algún modo u otro –me dijo hablando del tema como si fuera lo más normal del mundo, bueno lo era, pero para mí siempre iba ser algo que me hacía sonrojar.

No pude evitar preguntarme si Edward de verdad era virgen. Pues era un chico guapo y estaba segura de que nunca le faltaron chicas que lo habrían hecho hacer, porque de alguna manera, se era cierto o no, tenía que confirmarlo.

- Edward de verdad… -pero no podía, estaba tan avergonzada que aquella palabra no podía salir de mis labios.

- ¿Virgen? Terminó él facilitándome las cosas, ante lo cual solo pude asentir- Sí –dijo tan o más avergonzado que yo, pero lo hizo pasar absolutamente bien sin parecer nervioso- creo que eso es algo especial y se debe hacer con una chica especial -¿Podría llegar a ser yo esa chica especial? Debía admitir que nunca me había plateado la idea de cómo o con quién sería mi primera vez y con las contantes insinuaciones de Alice, era difícil sacarlo de mi cabeza- ¿Para qué llamaba Alice? –Edward preguntó sacándome de las sopa de pensamientos en la que me había sumergido y agradeciendo que cambiara de tema.

- La verdad no lo sé –le dije sinceramente- Pues asumió que dormíamos en la misma cama y ahí fue donde comenzamos a hablar y luego le corté de lo cual me arrepiento, tu hermana pensará que soy una maleducada –escondí mi rostro en su pecho.

- No te preocupes Bella, ella no pensará eso y entenderá muy bien las cosas –acarició mi cabello, manteniéndonos así bastante tiempo- ¿Qué te apetece hacer hoy? –preguntó Edward sacándome de mi estado de trance.

- Bueno, tomando en cuenta que son casi las seis de la tarde, no creo que haya mucho que hacer, pero… -me separé de él y fui hacia el armario para sacar una toalla –ve a ducharte y en media hora nos encontramos en la sala, iremos al supermercado para abastecer la cocina –le expliqué ante su confusión- y luego llegaremos a hacer una gran cena ¿qué te parece?

- Una excelente idea –dijo el sonriendo con satisfacción. Se acercó a darme un cálido beso, para luego salir de la habitación.

Entre con agilidad, cosa que era muy extraño en mí, al baño y en quince minutos ya estaba envuelta en una toalla mientras salía del baño secándome el pelo. Era feliz, había vivido tantos años y nunca antes, algo me había hecho sentir lo que Edward con una sola sonrisa provocaba en mi. Me había salvado de caer en una oscuridad que me hubiera hundido con la enfermedad, agotándome día a día hasta desaparecer, pero con él era diferente, con Edward revivía día a día, dejando el doloroso pasado atrás, sin que volviera a atormentarme.

Llegué a mi armario y me vestí como siempre, camiseta, jeans, zapatillas y un sweater en caso de tener frío, cepillé mi cabello y bajé la escalera. Al llegar abajo, Edward ya me esperaba sentado en un sofá con la chaqueta sobre una de sus piernas, su mano sobre la frente y arrugando el ceño.

- ¿Estás bien? –pregunté sobresaltándolo, su rostro estaba pálido y su respiración agitada. Cuando alzó el rostro supe que la respuesta a mi pregunta era negativa, él no estaba nada bien- Vamos a tu cuarto, debes recostarte.

- Estoy bien, no es necesario, te prometí ir de compras –trató de ponerse de pie, pero fue imposible y volvió a caer sobre el sillón.

Lo acosté con cuidado, esta vez sin que él reclamara, le coloqué un cojín bajo la cabeza y fui por mi teléfono para llamar al doctor Cullen. Gracias al cielo apenas sonó el tono dos veces el respondió-

- ¡Bella! –dijo el al instante- ¿Qué pasa?

- Es Edward –le dije rápidamente- su respiración es agitada, está pálido y no logró mantenerse en pie cuando intenté llevarlo a su habitación –le conté mientras comenzaba a bajar nuevamente hacia la sala, me arrodillé junto a él en el sillín y noté que aún respiraba agitado.

- Pregúntale si esta mañana se inhaló –la sorpresa de que Edward debía inhalarse cada mañana llamó mi atención, pero este no era el momento para preguntar esas cosas, por lo que me acerqué a él y le susurré.

- Edward ¿te inhalaste hoy en la mañana? Vamos solo asiente o niega con la cabeza –él en un incómodo movimiento de cabeza negó y volvió a quedarse quieto- doctor Cullen dijo que no, ¿qué hago?, dígame por favor haré lo que sea.

- Bien Bella no te preocupes, no es la primera vez que el irresponsable de mi hijo lo olvida, solo pregúntale donde lo tiene, dale dos toques y déjalo dormir, cuando despierte ya estará mejor y lo regañas de parte mía –su voz se notaba con calma y si él, que siendo el doctor no estaba preocupado, no sería yo quien se volviera histérica y entrara al borde de la locura.

- Gracias y siento haberme puesto así.

- Tranquila Bella, y ni te imaginas lo que agradezco que seas tú quien esté con mi hijo –y luego de decir un "adiós" colgó.

- Edward –dije centrándome nuevamente en él- ¿Dónde está tu inhalador?, dime para poder ir por el –le pedí- así podrás descansar con calma.

- En el… cajón del velador junto a mi cama –dijo casi sin aire.

Salí corriendo y creí no demorar ni unos segundos en estar de vuelta y ayudar a Edward.

Punto de vista de Edward

Desperté con el suave olor a pollo que se coló por la cocina. Estaba cubierto por la misma manta que había utilizado para Bella esa misma mañana. La casa mantenía un suave olor que me hacía pensar en ella como un hogar. Sabía perfectamente lo que había pasado y lo que Bella había hecho por mí y sabía que no habría forma de agradecerle esa dedicación que me había entregado. Me levanté aún algo agitado pero ya respirando mucho mejor, había arruinado la salida que tanto ella como yo, estaba seguro habríamos disfrutado.

Caminé en silencio para que no notara mi presencia. Al empujar solo un poco la puerta, noté que estaba de espalda hacia mí, así que solo me deleité mirándola, sus movimientos eran algo torpes, pero para mí eran encantadores. Se manejaba bien dentro de lo que hacía, mientras seguí el ritmo de la canción que en esos momentos sonaba en la radio.

Noté que sobre la mesa habían muchas bolsas de compras y en un rápido movimiento desvié mi mirada hacia la ventana donde ya se notaba claramente que estaba oscuro y la alarma se encendió en mí, si había salido sola y de noche, todo habría sido por mi culpa.

- Por favor no me digas que fuiste sola y de noche por la compras -dije en un extraño modo de saludo, me paré a su lado y tomé su rostro entre mis manos- prefiero que mientas y me digas que aparecieron por arte de magia.

- Solo si el mago se llama Tom –ella sonrió provocando que mi corazón comenzara a latir con normalidad- le pedí que fuera de compras mientras yo cuidaba de ti.

En ese momento me acerqué a besarla. Bella me nublaba la razón, todos mis sentidos se largaban, dejándome solo con mis instintos, lo cual no era algo muy bueno, teniendo en cuenta que Emmett constantemente se inmiscuía en mis asuntos.

- ¿Cómo te encuentras? –nos habíamos separado, por la falta de aire, luego de mi episodio no era una muy buena idea.

- Bien, fue solo un despiste, por pasar la noche despierto, pero no volverá a ocurrir, además con la guapa enfermera que tengo, era imposible no recuperarme –comenté para tenernos luego a ambos sonriendo.


El día siguiente fue algo agitado, yo estuve la mayor parte del día fuera organizando uno de los puntos en la lista de Bella y ella se dedicó a cambiar por completo el orden de la casa. Había comentado que ya estaba aburrido de ver lo mismo siempre y ella se ofreció encantada, alegando que no sabía qué hacer mientras yo estaba fuera.

Tenía todo listo, aunque mis nervios ante lo que se nos venía para el día siguiente no me hacía nada de gracia.

Cuando llegué a casa, la sala estaba toda diferente, era otra, pero extrañamente me encantaba, en la cocina y los baños no había mucho que hacer, pero el arreglo que me más me encantó fue en nuestras habitaciones o en realidad en nuestra habitación. Había juntado ambas camas en su habitación y ahora parecía una gran cama matrimonial.

- ¿Cambiaste tu sola mi cama hacia acá? Le pregunté preocupado- hubiera sido más simple irnos hacia la habitación de mis padres.

- No. Creo que estar allí sería como ocupar esa cama a escondidas mientras tus padres no están y eso no me haría sentir bien, además Tom me ayudó y en realidad no hice mucho, casi no me dejó ayudarlo.

- Tonta Bella, te adoro.


Punto de vista de Bella

Roce sobre mis manos, roce sobre mi brazo, mi hombro, mi cuello, mi mejilla y mis labios, deteniéndose bastante tiempo en ellos, los cuales marcaban una leve sonrisa. Pero no quería abrir los ojos, el temor que me inundaba si lo hacía, era tal, que si los habría y todo había sido solo un sueño, no podría soportarlo.

- ¿Por qué no abres los ojos? –escuché que me preguntaban, ahora el roce se sentía levemente sobre mis párpados.

- Tengo miedo –anuncié seguido de un suspiro- temo que si lo hago tu desaparezcas y caiga en la cuenta que todo solo ha sido un hermoso sueño.

- ¿Y prefieres vivir en el mundo de los sueños y no comprobar que es todo real? – ya no sentía su roce y me sentía sola.

Y ya no era miedo, sino terror, terror a la soledad a morir sola después de un hermoso sueño, pero unos suaves y firmes labios me hicieron caer en la cuenta de que realmente lo era. Edward había aprendido a como alejar ese temor de mí, de una manera que solo él podría utilizar.

- Y luego de eso ¿aún crees que esto es un sueño? –Preguntó el Edward de mis sueños- vamos Bella, abre los ojos y descubre que la realidad supera la ficción.

Sabía que no podía alargar más ese momento, lo hice con calma y sin apuro, recibiendo una ceja alzada y una sonrisa con burla, hasta en los sueños él era capaz de hacerme sonrojar con solo una mirada, increíble, simplemente increíble.

- Eres igual de guapo que mi Edward –le dije al sueño- solo que él me estaría besando en estos momentos y no mirándome como idiota –no pude evitar sonreír en ese instante al ver el rostro que había colocado al oír mis palabras.

- Tú lo haz pedido –dijo con una malvada sonrisa en el rostro. No podía perder los estribos con Edward, pero a mi control parecía no importarle, simplemente me había dejado sola. Era adicta a sus labios, a ese exquisito movimiento que hacía para lograr que yo separara mis labios y obtener así un mejor contacto, adicta a esas inexpertas manos que con timidez se encontraban rodeando mi cintura con temor a moverse de ese lugar solo unos centímetros, adicta a nuestros pies entrecruzados que parecían ser parte de piezas perfectas de un rompecabezas y adicta al saber que él era sólo mío.

- ¿Te inhalaste? –le pregunté cuando decidimos dar descanso a nuestros labios y sólo su frente apoyada sobre la mía mantenía nuestros rostros unidos.

- Sí, mi hermosa enfermera no me permitiría olvidarlo nuevamente –me sonrió con picardía- ¿Estás preparada para cumplir otro punto en tu lista Bella? –se acostó nuevamente y me llevó con él acunándome en sus brazos.

- Sí, preparada y emocionada, sólo espero que no hayas tenido que gastar mucho dinero, de lo contrario sería mejor cambiar algunos puntos de mí lista.

- Ese tema ya está conversado Bella –dijo cambiando el tono de su voz.

- Si, lo sé. Es que solo quería probar si lograba convencerte –alcé el rostro y lo miré con todo el amor que con el poco tiempo que habíamos tenido el día anterior para disfrutar juntos, había acumulado- ¿Me acerqué un poco para ablandar tu corazón?

En este caso, creo que puedo llegar a ser tan o más testarudo que tú, pero en otros –acercó su rostro hasta que nuestras narices se rozaban- has llegado a mi corazón incluso más allá de lo que yo mismo he logrado –la distancia física antes creada entre ambos, ya no existía, Edward se había encargado de eso.

Sus besos me hacían olvidar todo, alejarme de aquel mundo, al cual pronto ya no perteneceríamos y hacerme sentir especial. Sé que para Edward lo era, del mismo modo en que él lo era para mí. Volviendo a decir que nuestras vidas se habían unido en el momento preciso.

- Vamos- dijo luego de separarse lentamente de mí y depositar un bello beso sobre mí nariz- necesitaremos un buen desayuno para la actividad de hoy –y volviendo a sonreír sin decir nada más, salió de la cama de un salto y entró al baño. Parecía un niño y se veía tan feliz que ningún comentario salió de mis labios.

El desayuno pasó tranquilo y lleno de sonrisas, él provocaba eso que hace años ya nadie lograba, que sonriera con otro motivo que no fuera el de tener que saludar a alguien solo por cortesía. Esa mañana descubrí que le gustaban los panqueques, cuando lo esperé en la cocina luego de haberse dado la ducha, que había tenido que dejar el café cargado por las mañanas y que su mayor confidente era su padre, incluso mucho antes que supiera lo de su enfermedad.

Así como también él supo que yo amaba el chocolate caliente en una noche de lluvia, que mi primera mascota fue un pez que solo duró quince minutos y que la relación con mi madre había sido siempre la de soportarse mutuamente. Cada detalle de Edward que había significado algo en su vida, yo lo tomaba con cuidado y lo guardaba en mi corazón para no dejarlo escapar nunca

- Es hora de partir, lleva ropa abrigadora, lo necesitarás –me aconsejó sin darme alguna idea de que se trataba. Solo hice lo que me pidió y me dirigí hacia la puerta mientras se aseguraba que todo estaba bien y nada pasaría mientras no estábamos en casa. Fue mientras esperaba que lo noté. Un punto en la lista de Edward que yo no había previsto que él cumpliera aún había sido marcado, de modo que se viera como ya realizado.

- Que yo recuerde no te he cumplido ese deseo y aún no pensaba cumplírtelo –le dije cuando escuché que sus pasos se acercaban a mi lado.

- Lo cumpliste sin darte cuenta el día que nos besamos por primera vez en tu habitación, actual cuarto de ambos –pasó su brazo por sobre mis hombros y con su manos disponible alzó mi rostro para poder así mirarme de mejor manera- en estos momentos no querría que más que tú me besara, solo tú y tenlo presente siempre, velo por el lado bueno –extendió aún más su sonrisa, por lo que supe que algo absurdo iba a decir- tienes una cosa menos en la lista por cumplirme, ya no debes buscar a nadie que me bese, pues mi chica hermosa está frente a mi –sonreí ante su comentario y así juntos salimos de casa.

Había esperado ver la vieja camioneta que yo había alquilado, pero él alegó que no era su estilo cuando le pregunté sobre aquello y que la había cambiado por aquel Volvo en que nos encontrábamos ahora, yendo a algún lugar que Edward no me había querido decir.

Fue un viaje corto, teniendo en cuenta que nos detuvimos en la mitad de un camino que parecía abandonado y que me si no fuera por una pequeña bodega a la orilla del sendero, hubiera pensado que por aquel lugar nunca había transitado persona alguna.

- Vamos –Edward me tendió la mano, la cual acepté al instante y me guió hacia la bodega- debemos sacar lo que necesitaremos para tu deseo –juro que en ese momento aún no se me ocurría cual de todos mis deseos realizaríamos, pero al ver que Edward abría el gran portón de madera y dos espléndidas motos aparecieron ante mi vista, que lo supe.

- He de admitir que me aterra verte sobre una moto, pero le ganó a mi temor el pensamiento que te verías increíblemente sexy y espero me perdones por mi franqueza, pero es lo que creo –sacó una moto algo más pequeña que la otra y la dejó a mi lado- está la usarás tu y si gustas puedes usar esto, hacen juego y te harán parecer una chica rebelde –sonrió ante eso y luego me tendió un casco- esto deberás usarlo si o si –lo dejé colgando en la moto mientras sacaba de una bolsa una chaqueta de cuero negra que había sido lo primero que me había entregado.

- Estás loco ¿lo sabías? –le dije sonriendo, pero sin reclamar, pues él me había hecho sentir de una extraña manera cuando me dijo que me vería sexy sobre una moto- ¿Sabes andar en ellas no? –la duda solo había aflorado en ese momento al verla sacar otra totalmente negra y más grande y que a uno de los lados tenía una gran "E" de color verde.

- Sí, aunque solo ando acá en Londres, esta es mía –se subió en ella, se vistió con una chaqueta parecida a la mío y unas negras, no hacía falta decir cómo se veía- Ven, primero andaremos juntos y luego cuando esté segurocompletamente que haz captado el asunto te dejaré montar la otra ¿Estás de acuerdo?

- Claro –dije enseguida y tomé la mano que me ofrecía. Con algo de dificultad me senté delante de él en la moto y comenzó la clase.

En general no era muchas las cosas que se debían saber, el ya saber manejar un coche ayudaba un poco y mezclándola con el equilibrio que debía tener sobre una bicicleta no se veía tan mal el manejar yo sola. Edward era un excelente profesor, tenía bastante paciencia y sus indicaciones eran claras y precisas, lo que hizo que en poco tiempo lograra ser yo quien llevara la moto y él solo iba conmigo por precaución.

- Bueno creo que eso es todo, ahora puedes montar la otra, es mucho más fácil y más liviana por lo que no tendrías que tener problema –en todo momento no dejo de fruncir el ceño, estaba preocupado y era comprensible, estaba preocupado por mi y eso se agradecía por montón.

- Tranquilo, tuve un excelente profesor, solo observa –me subí con agilidad a la pequeña moto y la encendí sin problema, miré a Edward alzando una ceja del mismo modo que solía hacerlo él, recibiendo como respuesta solo una sonrisa.

- Ve hasta la curva del camino y vuelve, si pasas más allá iré por ti y no seré muy buenito, así que ya sabes lo que te conviene –había una mezcla de diversión y regaño en sus ojos así que no dudé en hacerle caso.

Después de asentir, hice que la moto se moviera, era genial, si había sido igual de genial con Edward, pero esta vez solo era yo, el viento y la velocidad a mi lado, nunca podría llegar a ser tan feliz al lado de alguien. Edward se había convertido en el pilar fundamental de mi vida y nada podría separarme de él.

Di la vuelta y en solo unos segundos ya estaba nuevamente a su lado.

- ¿Cómo estuvo? –preguntó acercándose a afirmar la moto mientras me bajaba.

- Genial y vuelvo a afirmar que bendito el día en que el destino te puso en mi vida Edward Cullen –y sin importar que la moto diera contra el suelo, me lancé a sus brazos y lo besé.