Capítulo editado por Emic, mi salvadora Beta.
Primero: Hola!!! Bien espero que esté todo el mundo bien y que no me regañé por no haber actualizado ayer, pero estaba con unas amigas en casa y hubiera sido bastante feo que me hubiera pegada al pc y no las hubiera tomado en cuenta.
Segundo: Un aviso, necesito con urgencia a alguien que tenga tiempo y me ayude en algo. Verán estuve leyendo los capítulos anteriores de ambos fic y me he dado cuenta de la cantidad exorbitante de faltas de ortografía y de palabras mal escritas, pero lamentablemente no tengo tiempo para revisar todos los capítulos leídos y editarlos, por lo que esa ayuda pido, si no es mucha la molestia. Una que revise ambos o dos que revisen una cada una o como les parezca mejor, pero lo necesito con urgencia, si hay alguien interesada, por favor me avise de inmediato en un rr o en un mp, estaré infinitamente agradecida y ahí nos ponemos de acuerdo ok?? Son un amor.
Tercero: No tengo muchas novedades así que me iré directo a los agradecimientos de las personas que me han dejado rr en el cap anterior, las que se han convertido en mi pilar fundamental para escribir:
Oruhita; christti; Haloh; romii; Bruja Vampirita; BlackCullen; iOvs Anna Cullen Ross; Sandy 31.; ; liloc; Little Hope; my chemical with Edward; Erill Cullen; Emily-Lokis; maiy; emic; meco2008; akate94; Ninne95.
Cuarto: también agradecer a quien me ha agregado a su lista de Favoritos o a las de Alerts y que no agradecí arriba en el punto Tres:
Angela1986; Alice Shana Cullen; My-loves-Edward-Cullen; laliii; dana03.
Quinto: Espero que disfruten el capítulo y que verán un lado de Carlisle algo más jugueton jajaaj. Y que desde este capítulo voy a responder a cada uno de sus rr, pues ¡Dios! Se lo merecen.
Sexto: Olvidaba que al final del cap, en la parte donde ambos van, fue idea d Emily-Lokis, solo para que sepan y para agradecerle a ella.
Septimo: olvidaba otro punto, si hay alguien que me ha agregado al msn, por favor que me lo diga, pues a veces me pierdo, soy muy despistada, no es que me moleste, todo lo contraio, lo adoro, es solo para saber que lo han hecho.
Octavo: ahora si que termino.
0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o0o
Capítulo seis: Tarde del seis, siete y ocho.
La sensación había sido increíble, la velocidad nunca había sido mi gran amiga, pero había que aceptar que con Edward la idea no se me hacía nada mal. Después de andar en motocicleta sola, me di cuenta que el mejor momento había sido cuando había ido con él, así que con mucha timidez, le pedí andar unos momentos con él y con una tierna y encantadora sonrisa, aceptó gustoso. Cuando un rugido, que no fue precisamente de las motos, sino de mi estómago, Edward decidió que era hora de partir.
- Vamos, es hora de almorzar, ya son casi las cuatro de la tarde, no me extraña que tu estómago pida alimento –guardó las motos con agilidad, algo que por supuesto yo no tenía y una vez que hubo dejado bien guardadas ambas en la bodega, nos fuimos de ese lugar.
No fue hasta que tuve un plato frente a mí, que me di cuenta en realidad del hambre que tenía. Unas pastas con salsa de setas fue lo que ordené, pero una escandalosa y descarada mesera nos atendió. Sabía que el mundo estaba plagado de chicos guapos que llamaban mucho la atención, pero el que se encontraba en ese lugar tenía dueña y no pretendía dejarlo.
- ¿Cuál es tu color favorito? –le pregunté de pronto, sabía que era una tontería, pero de verdad quería saberlo. Una sonrisa en su rostro me hizo preocupar, tal vez era tan idiota la pregunta que no respondería, pero luego noté que esa sonrisa no era de burla, sino de diversión- ¿Qué pasa?
- Nada, es solo que la respuesta a esa pregunta es extraña- luego guardó silencio y me apuntó- pues por extraño que te parezca, desde que te conozco, que llevas ese color puesto, si no es en la ropa, es en las zapatillas, pero siempre lo llevas.
Miles de imágenes aparecieron con toda la ropa y todas las tenidas que había usado durante esos días, pero no lo recordaba, el ser despistada en ese momento no me ayudaba en nada. Pero él apuntó mi pecho, sabiendo que aún no había caído en la cuenta. Bajé la vista hacia mi camiseta que estaba trayendo, era azul.
- ¿Azul? –pregunté mirándolo mientras él sonreía- pues entonces el merito es de Alice, ya que ella compró toda esta ropa para mí y ahora que lo dices, creo que lo hizo con esa intención –ambos sonreímos ante esto. Alice se había metido demasiado en nuestras vidas, incluso en solo unas horas, como en mi caso, pero ya la quería como a una familia.
- ¿Sabías que mi padre me hablaba siempre de ti? -Preguntó Edward de pronto, sobresaltándome ante el temor de saber qué cosas había dicho. Pero me arriesgaba a decir que el doctor Cullen sabía más que mi madre, detalle que este momento me pareció hasta normal.
- ¿Qué atrocidades decía de mi? –ya no le debía dar vueltas al asunto e incluso ahora me intrigaba.
- Que eras hermosa, simpática, muy tímida, una excelente chica, solitaria, introvertida, muy inteligente –Edward comenzó a enlistar una cantidad de características, de las cuales más de la mitad no estaba segura de poseer- siempre quise conocerte, pero él nunca me dejó, alegaba que no sería bueno, que ambos estábamos muy decaídos, que el estar juntos, solo haría que nos hundiéramos en la pena aún más –una triste sonrisa se asomó que luego amplió más, esta vez sincera y alegre- supongo que sabía que lo hacía, esperó el momento preciso para que nos conociéramos, estando mejor de ánimo y con los mejores deseos para vivir a full los últimos días.
- ¿Sabías mi nombre?
- No, la primera vez que lo oí, fue durante estos días y créeme que el conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado desde que esto me ocurrió –tomó mi mano por sobre la mesa y la apretó con cariño- tendrás que perdonarme el que sea repetitivo, pero nunca tendré el tiempo suficiente, para agradecerte el que hayas aceptado acompañarme en esta aventura.
- Eres feliz con demasiado poco Edward y no puedo evitar preguntarme si de verdad merezco todo esto –al escuchar esto, él se puso de pie y se sentó a mi lado.
- Te mereces esto y mucho más, eres una mujer valiente y excepcional –acarició mi rostro y formó una sonrisa en su rostro- recuerda que palabras como esa no caben en esta aventura, solo tú, yo y nuestros deseos, disfruta del momento Bella, es lo único que podemos hacer, disfrutar del ahora.
¿Por qué él era capaz de que con solo escuchar su tranquilizante voz me calmaba por completo. Solo Dios sabía cuan agradecida de Edward Cullen estaba. Salimos del coche y caminamos durante toda la tarde por Londres, conociendo lugares que nunca pensé recorrer sola. Siempre había estado como parte de mis planes, pero la constante idea de mi madre de meterse en mi vida, por no poder controlar la de ella y luego la enfermedad, se había hecho imposible.
La sonrisa en nuestros rostros no tenía planeado dejarnos por el momento, ya que cada cosa que veíamos nos parecía divertido, cada familia, cada niño, cada pareja de ancianos.
Cuando decidimos volver a casa ya estaba oscuro, por lo que le pedí a Edward que bajara la velocidad, pero él confiaba ciegamente en sus habilidades en el volante, por lo que después ya no dije nada, más, sabía que sería imposible. Solo cuando nos recostamos juntos sobre el sillón de la sala, nos dimos cuenta de cuan cansados estábamos, bueno, no habíamos hecho mucho, pero nuestra situación no era la de un chico completamente sano, por lo que de alguna manera, era normal que estuviésemos así.
Despertamos, por lo que calculé, una hora después cuando un ruido seco, no muy lejos de ahí, nos despertó. Edward con aquel sentido de mantenerme protegida, se posicionó delante de mí, cuando nos levantamos para ir hacia la cocina, desde donde había venido el sonido.
Edward abrió con lentitud la puerta de la cocina para no provocar ruido alguno y fue con eso, con que poco a poco, la figura de Tom se fue haciendo más clara.
- Por Dios santo Tom, nos has dado un susto de infarto –le dijo Edward ya más clamado, palmeando la espalda del hombre.
- Lo siento mucho joven Edward, pero se veían tan bien durmiendo que no quise despertarlos, así que comencé a hacer la cena y ahí sobe la mesa están los remedios de ambos, creo que desde hoy me convertiré en su enfermero –el viejo Tom se sorbió la nariz y dándonos la espalda, yo no pude evitar llevar mi mano a mi boca para no dejar escapar mi llanto.
- ¿Desde cuándo lo sabe Tom? – Edward se puso frente al hombre y comenzó a acariciar suavemente su hombro, lo que hizo que Tom ya no lograra contener su tristeza.
- Hoy en la mañana, al parecer usted ha olvidado un remedio y no se ha sentido muy bien, su padre me llamó esta mañana y me puso al tanto de la situación de ambos –esta vez me miró y estiró una mano para que me acercara a él. No lo dudé, cuando ya estaba junto a Tom abrazándolo.
- Estaremos bien –le dije completamente convencida, ya nada podría decirme lo contrario- somos valientes, sabemos cómo enfrentarlo.
- Pero son tan jóvenes – Tom tomó la mano de Edward y la unió con la mía- Dios sin duda hace cosas de las cuales no logramos hallar explicación y estoy segura que en este caso, jamás lo entenderé.
Punto de vista de Edward
Conversamos durante horas mientras cenábamos, explicando cada detalle a Tom y sintiendo la confianza suficiente para contarle de que se trataban las listas que habíamos pegado en una de las paredes de la casa. Le pareció algo loco, pero estuvo más que dispuesto a ayudarnos en lo que fuera necesario.
Hablamos de cada uno de nosotros, conociendo mucho más de Bella y para darme cuenta, que a pesar de todos los años de haber conocido a Tom, en realidad no lo conocía nada, Bella hizo eso posible, había adquirido un cariño especial por el hombre y cada detalle de él, le parecía interesante, ayudándome, ya que de no ser por ella, estaba seguro, yo jamás me hubiera atrevido a preguntar.
- Bien, creo que este viejo se va con su mujer, ya es tarde y debe estar esperándome –Tom se puso de pie y le dio un cálido abrazo a Bella para luego dirigirse a mí- gracias por haber confiado en mí, lo aprecio mucho joven Edward.
- Gracias a ti Tom, por darnos la confianza para hacerlo –luego de abrazarme, nuevas lágrimas comenzaron a poblar su gastado rostro, pero se fue antes que nosotros pudiéramos notarlo, sin éxito.
- A sido una provechosa conversación –Bella se acercó a mí y me abrazó cruzando unos de sus brazos por mi cintura, mirando ambos hacia donde Tom había desaparecido.
- Sí, lo ha sido –concordé con ella. Luego me coloqué a su frente y la besé, sin darle tiempo alguno a que lograra reaccionar.
Durante todo el día no la había abrazado, ni besado como lo estaba haciendo en este momento, acariciando con suavidad su cintura y con las manos de ella rodeando mi cuello, tocando mi cabello con sus delicados dedos, que lo único que provocaron era debilitarme y rendirme ante ella. Pero luego ese contacto no se me hizo suficiente, necesitaba más de ella y no sabía cómo obtenerlo.
El beso ya había pasado de ser tierno a salvaje, de cariñoso a apasionado y al parecer a ella no le disgustaba en nada, pus respondía con la misma intensidad que yo estaba dedicando. Sin darme cuenta la había empujado contra una de las paredes de la sala y juntarme con ella. ¡Dios! Ningún contacto me parecía suficiente, me aventuré un poco más a su boca al tiempo en que una mano se colaba bajo su camiseta. Su piel extremadamente suave en contacto con la mía, era la mezcla perfecta.
Mi boca bajó descaradamente por su cuello, queriendo saber cómo era el sabor de ese lugar, si sabía a fresas como sus labios y efectivamente así era, una sabrosa fresa, expuesta a mí, como constante tentación.
- ¡Edward! –dijo ella de pronto, volviéndome a la realidad a cual no había querido regresar aún. Me alejé de ella solo unos centímetros para que su rostro se viera claro. Era tan hermosa.
- Lo siento, no debía ser tan…
- No sientas eso por favor Edward, debes dejar de lamentar cada cosa, pensando que no me ha agradado, pues debes tener en claro que cada cosa que venga de ti, me encantara –sonrió con picardía y dándome un último beso, se alejó completamente de mi- me voy a dar un baño –aclaró subiendo la escalera- ha sido un día largo y lleno de emociones, tú deberías hacer lo mismo –no pude evitar alzar un ceja y sonreír ante lo que había dicho y su reacción fue instantánea cuando también notó el sentido que ha esa frase yo le había dado- es decir, digo una vez que yo termine –y completamente sonrojada, corrió hacia el baño.
Había disfrutado de aquellas sensaciones que se acumularon en mi cuerpo con aquel contacto tan íntimo que habíamos tenido, bueno más íntimo comparado con castos besos que compartíamos de vez en cuando. El sentir su piel en contacto con mi mano, su espalda y su vientre, planicies vírgenes ante mis ojos, hicieron que en mi mente se acumularan miles de pensamiento, que nunca antes había tenido con otra chica y que al mismo tiempo me hicieron preguntar si esto que tenía con Bella algún día podría llegar más allá que eso, solo unos besos.
Sabía por experiencia de su hermano y el novio de Alice, que la mayor parte del tiempo pensaban y recordaban aquellos momentos que compartían con sus novias, debía admitir que nunca me gustó mucho oír aquellas cosas, pero ahora el imaginárselas con Bella, cambiaba mucho la perspectiva. ¿Se daría alguna vez el momento? ¿Compartiríamos aquella experiencia juntos? No por ser nuestros últimos días, sino, como algo que realmente quisiéramos por que nos amaban, pues lo que yo sentía con Isabella Swan era amor puro.
Los días siguientes a algún sueño que realizábamos, nunca eran muy entretenidos, por lo general, lo pasábamos solo, ya que el otro debía preparar todo lo necesario para el siguiente día, lo cual me hacía preguntarme, por qué Bella, pasaba tanto tiempo fuera si para mis deseos bastaba solo unas horas y ya estaba.
- Sabes muy bien que no es tan así Edward Cullen –dijo mi conciencia.
Y como siempre tenía razón, pues la vez que había cumplido mi sueño, no había solo puesto una manta bajo la noche en cualquier lugar, no esa no era Bella, había averiguado el mejor lugar para estar, sin conocer para nada Londres, alquilado un camioneta y todo para que yo pudiera ver un hecho tan simple como las estrellas en el cielo.
Nos habíamos levantado tarde ese día, como una costumbre acordada silenciosamente en los pocos días que llevábamos ahí, nada nos apuraba, ni nos hacía cumplir horarios, por lo que simplemente nos regíamos por lo que nuestro cuerpo nos pedía.
Sin saber que hacer mientras Bella estaba fuera, había salido después de almorzar juntos, me dispuse a llamar a mi padre, sin pensar muy bien qué hora sería ahí en ese momento. Había decidido llamarlo y salir de algunas dudas que habían surgido el día anterior con aquel íntimo contacto que habíamos tenido.
- ¿Edward? –contestó de inmediato a penas marqué- ¿Está todo bien, ambos están bien?
- Sí papá estamos bien, siento llamarte si es que allá es de madrugada, pero necesitaba hacerte algunas preguntas –le dije algo incómodo. Siempre había tenido entera confianza con mi padre, pero en estos momentos, el tema era delicado y estaba muy avergonzado.
- ¿De qué se trata hijo?, sabes que puedes preguntarme lo que sea ¿no?
- Sí lo sé papá, es solo que es algo extraño, bueno, no extraño sino que complicado por mi estado, ¿mamá está ahí contigo?
- No, puedes hablar sin cuidado, ¿qué te tiene preocupado?
- Bien, lo soltaré de una vez, así no se me hace tan complicado –di un largo suspiro y continué- verás, Bella y yo nos hicimos novios, de verdad, no solo para que mi madre y la de ella lo crean, me he enamorado papá y creo que ella siente lo mismo, es solo que anoche, bueno, ¡Dios! Nunca creí que sería tan complicado hablar de esto.
- ¿Hicieron el amor? –preguntó el con toda la naturalidad del mundo.
- No papá por Dios, hace solo unos días que nos conocemos, pero por ahí va el asunto, si con el pasar de los días, nosotros quisiéramos hacerlo ¿Habría algún problema? –si mi papá me pudiera ver en estos momentos, se reiría de mi, ante lo sonrojado que me encontraba- quiero decir, bueno ya sabes, mi problema a los pulmones ¿me vería incapacitado en… hacerlo? O ¿Bella tiene algún problema? Dios papá esto es vergonzoso.
- No hijo, no debes sentirte así, es lo más normal del mundo y me alegra que hayas acudido a mí y no a tu hermano para salir de estas dudas –el sonido de su sonrisa, al otro lado de la línea, me relajó un poco- a ver Edward, el problema de tus pulmones es algo secundario y no tiene que ver con tu cáncer, así que no creo que haya problemas, en que te agites un poco –ya veía de donde había sacado la chispa Emmett.
- Muy gracios, pero sigue ¿y Bella?
- Lo siento, bien lo de Bella es diferente y si ella no te ha dicho lo que tiene, yo no puedo hacerlo, pero te aseguro que lo de ella, tampoco se lo impide, es decir, no creo que tengan sexo desenfrenado toda la noche.
- ¡Oh por Dios papá! Definitivamente mi ausencia ha hecho que te juntes demasiado con Emmett –reímos un buen rato juntos y después de unos momentos de consejos normales nos despedimos.
- Edward –escuché que me hablaba Bella desde un lejano lugar- Edward –volvía a decir, apareciendo en mi mente la imagen de ella sin poder evitar sonreír- Edward, despierta cariño, es hora de tu deseo.
- Tengo muchos deseos diferentes Bella, muchos de los cuales no están en esa lista y creo que no querrás saberlos todos –le comenté cuando me di cuenta que Bella me estaba despertando para que nos levantáramos. Abrí los ojos con calma y vi su sonrojo característico.
- Me refería al deseo que has puesto en tu lista y que hoy cumpliremos, así que ya ponte de pie y baja que tengo el desayuno listo.
Cuando me levanté noté que ya estaba vestida y que llevaba una linda tenido de primavera. Un hermoso vestido azul, que hacía que su perfecta figura se viera aún mejor. Al desaparecer tras la puerta desvié mi mirada hacia la ventana y noté que un espectacular día se nos venía preparado, por lo que lleno de un inesperado ánimo, me levanté rápido y en solo unos pocos minutos ya estaba listo entrando en la cocina.
El desayuno fue algo apresurado, pues la contante presión de Bella, por que saliéramos rápido de casa, hizo que logrado solo disfrutar de un poco de su genial mano en la cocina. Al salir, solo llevaba un bolso, del cual el contenido no me quiso informar, anunciando que sería parte de la sorpresa, a la que se le juntó el hecho de que Tom ya nos esperaba sentado en el coche de la familia.
- Buenos días joven Edward, ¿listo para un hermoso día? –saludó de muy buen ánimo y sonriendo a Bella con algo complicidad en su mirada.
- Creo que sí, pero he de admitir que temo un poco al notar que están coludidos en esto –ambos sonrieron sin informarme de nada, y sólo seguimos adelante.
Tom manejó durante largo rato, en que aprovechamos de conversar aún más y conocerlo más, detalle que volví a afirmar, me gustaba mucho. Ya cuando casi llevábamos media hora de rumbo fijo de camino, Bella abrió el bolso que traía y sacó de él una cámara fotográfica, recibiéndola con una gran sonrisa y dispuesto a pasar todo un día fotografiando. La cámara era instantánea, por lo que me comentó que traía en su bolso muchos royos de repuesto para cuando el que traía se acabara.
Comencé de inmediato, una foto de Bella sonriendo ante algo que Tom había dicho, sería la que adornara la primera página del álbum que haría con este día. Amaba las fotos sin motivo, aquellas que no se posaban y que salían con más naturalidad y con rostros deformes que luego servirían para más de una carajada al volver a verlas. Por lo que ese día recibí más de un regaño de parte de Bella, por las fotos que saqué.
Al fin habíamos llegado, destino: "El lago más bello que Londres poseía" pero nada en comparación con Bella. Tom nos dejó ahí y dijo que regresaría antes del anochecer, mientras sacaba otras canastas más que Bella había preparado para nuestra estadía de esa tarde. Fotografié cada cosa que hacíamos, cada cosa que veía, cada animal que se nos aparecía, ese día en particular sería inolvidable, tanto en imágenes como en recuerdos.
Almorzamos a la orilla del lago, por supuesto una exquisitez que ella había preparado.
- ¿Dónde lo preparaste? –era extraño, pues yo había estado todo el día en casa y en ningún momento la había visto cocinar.
- En casa de Tom, su esposa es muy amable y me prestó su cocina sin problemas.
- Es imposible que alguien tenga problemas contigo Bella, eres demasiado encantadora.
El calor de ese día fue matador y la tentación de meterme al agua fue gigantesca, pero el no tener un traje de baño y el no querer bañarme desnudo en su presencia, era algo que me detenía.
- Ten –me dijo Bella- he pensado en todo- la miré con duda y sacaba d su bolso un short de baño, que reconocía a la perfección- espero no te moleste que me haya metido entre tus cosas, pero si te decía que lo trajeras, sabrías que vendríamos a un lugar así.
- Vamos Bella, sabes que lo que tú hagas no me molesta en nada –y dando un fugaz beso en sus labios me fui tras un árbol para cambiarme. Pero lo que veía al volver junto a Bella era un shock directo a mi corazón.
Parecía que las cosas iban en cámara lenta. Pues Bella con una sensualidad increíble se iba sacando lentamente el vestido por sobre su cabeza, dejando a deleite mío un hermoso bikini del mismo color que la prenda que se estaba sacando. Lo dobló y lo dejó sobre la manta que había sobre la hierba, cuando volteó a verme me sonrió y estiro su mano.
- Vamos Edward, matemos este calor –demasiado tarde, dijo mi consiente, ya nada podría quitarme el calor del cuerpo.
Me adelanté sin tomar sus manos todavía y tomando la cámara le saqué una foto antes que se diera cuenta y arrugara el ceño.
- Esa es para colección personal –le guiñé y ahora si tomé su mano y nos fuimos al lago. Para que describir lo que sentí estando con ella en el agua, tocar su piel mojada sin más barreras que aquellas diminutas prendas que mi hermana le había comprado, nunca antes había agradecido tanto el amor por las compras de mi hermana como en ese momento.
Nos besábamos con la misma intensidad con que lo habíamos hecho en la casa, pero esta vez sabía que ella no me detendría, pues lo deseaba del mismo modo en que yo lo hacía, pero siempre dentro de ciertos límites cada vez que mi mente me repetía: "aún no, es muy pronto"
Cuando ya noté que estaba algo agotada, le sugerí que saliéramos del agua y ella aceptó gustosa, nos tendimos sobre las toallas que había traído en su bolso mágico y al poco tiempo después se quedó dormida.
No sabía muy bien qué era lo que Bella tenía, pero tampoco se lo preguntaría ni yo diría lo mío. Eran cosas que habíamos acordado dejar fuera y así lo mantendría. Era bellísima, su rostro angulado, sus labios carnosos, su perfecta espalda, su hermoso trasero, su buen ánimo, su espontaneidad, su cariño hacia quienes recién conocía, toda ella era perfecta.
Y sin poder evitarlo tomé la cámara y comencé a fotografiarla, por sobre todo su rostro, una foto para sus ojos, otras para sus labios, su respingada nariz y particular oreja, todo para mí era interesante y bello. Guardé aquellas fotos para que al verlas no volviera a regañarme y noté que el solo ya estaba guareciéndose por lo que Tom estría por llegar.
- Bella, ya es tarde y Tom está por llegar –ella despertó enseguida y sonrió con somnolencia- vamos cariño, es hora de vestirse y sacar la última foto juntos. Ella se puso de pie y se colocó el vestido sobre su traje de baño ya seco, se acercó a mi lado, mientras yo estiraba mi mano y volteaba la cámara para enfocarnos- ¿Estás lista?
- Solo saca la foto Edward Cullen.
- Aquí va –dije al momento en que ella se sacaba y besaba mi mejilla y la cámara nos sacaba la foto- bien pensado señorita, eso sí es improvisar.
- No es eso lo que quería señor fotógrafo –me comentó sonriendo y recordando cuando le pedía que me improvisara una sesión de fotos.
- Si, eso es lo que quería, pero ahora es mi turno –nos sacamos la misma foto, pero con la posiciones cambiadas, luego otra de ambos acostados sobre la manta y así muchas más, mientras, esperáramos la llegada de Tom.
- Ya es tarde jóvenes y está haciendo frío –nos dijo la voz del hombre que se encontraba tras nosotros sonriendo- ¿Han pasado un buen día, sacando fotos?
- Si, pero aún falta la última –le dije y Bella captó de inmediato, fue corriendo y trajo de una mano a Tom hacia donde estábamos y lo puso entre ambos. Coloqué la cámara sobre el auto, y sincronizando los segundos, obtuvimos la última foto, con quien se había convertido en nuestro cómplice de aventuras.
Luego de eso, las energías solo nos alcanzaron para ir hacia la pared y marcar juntos otro punto cumplido sobre nuestras listas y un día menos de nuestras vidas.
