Capitulo editado por Emic, mi adorable Beta
Primero: Lamento la demora, pero he tenido una semana extremadísima y no había tenido tiempo para sentare al pc a escribir.
Segundo: Por lo mismo, tengo el capítulo de palpitos del corazón listo, solo que aún no lo paso por completo a Word, si no sabes que es "Pálpitos del Corazón" pues pásense a mi perfil y vean mi one shot que ahora será two shot a pedido de unos soles que leen mis fics.
Tercero: aquellas personas que aún no han leído "El es un maniquí" las invito a pasarse, también está en mi perfil.
Cuarto: agradecimientos a las chicas que han dejado rr en el cap anterior:
BlackCullen; maiy; Sandy 31; Bruja Vampirita; Angel10607; liloc; roomii; christti; x-Elee; Gaby di2; Ninee95; meco2008; lizie20; Prettypurple; dark warrior 1000; Lulii St. John; hale Cullen anna; Oruhita; Elliel Hime; Little Hope; ekate94; JaNnYtA; iOvs Anna Cullen Ross; Emily-Lokis;
Quinto: agradecer a quienes e agregaron a sus favoritos y a sus alertas y que no agradecí en el punto cuatro:
Almendra Black; ester Cullen.
Sexto: he terminado solo espero que disfruten del capítulo, besos.
Capítulo siete: Día nueve y Diez
Capítulo siete: Día nueve y Diez
(Edward)
Decir que habíamos llegado exhaustos, era poco. Habíamos nadado mucho durante el día y el agua, más el ejercicio hacía estragos en un cuerpo como el de Bella y el mío. A sólo segundos de que nuestras cabezas tocaran la almohada habíamos caído rendidos. Pero el día había sido espectacular, Bella había sido capaz de captar a la perfección como había querido cumplir aquel deseo y el solo hecho de haberlo realizado con ella, había sido fantástico.
Mañana sería mi turno, ya mi mente estaba maquinando la forma en que realizaría su deseo, solo esperaba que fuera de su agrado. Tendría que salir durante el día, pero el hecho de que Tom supiera nuestra situación, era algo que me relajaba por completo, a él le confiaba mi vida. Bella aún no despertaba, estaba tan profundamente dormida, que no se percataba de que mi mano viajaba por toda la extensión de su brazo, pero cuando dio un pequeño gemido de protesta me detuve, sonreí y la dejé tranquila. Me senté en la cama comenzando a desemperezarme, pasé la mano por mis ojos y traté inútilmente de ordenar mi cabello.
Y luego, por primera vez me puse a mirar nuestra habitación con detención, observando cada detalle. Una de las puertas del armario había quedado abierta y se podía ver nuestra roja, doblada y ordenada, había sido Bella, pues de mi se podía decir que era un chico listo y organizado, pero en cuando a lo de ordenar ropa se refería, era un fiasco. En cambio Bella, la había ordenado por color y características, las de ella y las mías, juntas.
La sonrisa que se había formado en mi rostro al pensar en estos detalles de bella, desapareció al detenerme a pensar en lo que la palabra "juntos" significaba. El destino nos había unido para permanecer así, juntos, pero ¿por qué había sido tan cruel para unirnos, cuando tan poco nos quedaba?
Tenía claro que algo se sacaría de esto, pero ¿la lección para quien sería? ¿Para quienes partían, o para quienes se quedaban en este mundo?, ¿Tendríamos tiempo para poder aprender algo más de la vida cuando cada segundo se trasformaba en un suspiro menos para ambos.
Un movimiento de Bella a mi lado me detuvo de seguir pensando en estas cosas y que esto ya no tenía solución. Miré hacia la ventana y luego a mi reloj, las siete de la mañana, momento justo para los medicamentos. Bajé hasta la cocina, por un vaso con agua y por los remedios, en eso me encontraba cuando escuché la puerta abrirse, luego cerrarse y unos pasos que se acercaban a la cocina, lugar en el que yo me encontraba en esos momentos.
- Buenos días joven Edward ¿cómo ha amanecido hoy? –Preguntó con una cordial sonrisa, mientras dejaba una canasta sobre el mueble- ¿ha tomado ya su medicamento?
- Sí, justo ahora le llevaba a Bella los de ella ¿qué tienes ahí Tom? Me estás llenando de curiosidad –como un niño de cinco años levanté el paño que cubría la canasta, pero solo alcancé a captar un sabroso olor antes de que mi viejo amigo Tom volviera a cubrirla.
- Lleve eso a la señorita Bella –me pasó el vaso y las pastillas- dese un baño y cuando vuelvan les tendré preparado el desayuno –asentí con una sonrisa agradecido y subí rápidamente.
Me detuve de golpe cuando noté que Bella estaba sentada en la cama, notoriamente desorientada aún por el sueño y con el tirante de su pijama caído a un lado de su hombro, dejando al descubierto gran parte de su pecho. Me puse nervioso, no iba a negar que después de la conversación con mi padre, habían comenzado a aparecer muchas imágenes en mi cabeza y lo que estaba presenciando ahora no ayudaba mucho en eliminarlas.
Carraspeé para que notara mi presencia y Bella enseguida levantó la vista y me sonrió al mismo tiempo en que ubicada nuevamente aquel bendito tirante en su lugar, sin siquiera percatarse de la que había causado en mi.
- Te traje tus remedios, Tom está abajo y pide que nos duchemos para bajar luego –le comenté.
- ¿Pidió que nos duchemos? –aquella pregunta había ido con otra intención, lo podía ver en sus ojos, mientras bebía el agua. Y eso me agradó, saber que de alguna manera para ella no estaba cerrada la posibilidad.
- Por más que me tiente eso debo decirte que no fue lo que Tom dijo, solo pidió que nos diésemos prisa –sin poder evitar contagiarme con la calidez que había tomado el ambiente, me senté junto a ella en la cama y jugué con el mismo tirante que segundos antes había abandonado su hombro- pero debo admitir que es una muy buena idea, así hacemos un ayuda a la madre naturaleza y ahorramos agua y gas.
Dejé finalmente el tirante caído y comencé a rozar su hombro. Estaba tan suave y había comenzado a colocarse más tibio que lo normal. No sabía si seguir o detenerme en ese lugar, pero siempre habíamos llegado hasta ciertos límites y nunca sabría si realmente ella deseaba seguir adelante si no me atrevía. Pero algo me ayudó a continuar, Bella había cerrado sus ojos y se había entregado a mis caricias.
Ahora quería besarla, no había me había percatado que este día no le había dado mi beso de los buenos días, así que con calma me acerqué a ella y la besé. Su respuesta fue inmediata, nuestros labios comenzaron a danzar solos, sin la necesidad que ambos les dijéramos lo que debían hacer, solo se besaban. Una mano de ella la llevó hasta mi cuello y comenzó a acariciar mi cabello, mandándome descargas eléctricas por todo el cuerpo, esta sensación era increíble y de una manera un tanto rara, me dio el impulso.
Bajé mi mano lentamente por aquellos lugares de su cuerpo que había quedado descubiertos por la gracia de un pequeño tirante, sentí de inmediato como su piel se erizaba ante mi contacto y como mi mano comenzaba a escalar por aquella suave piel que cubría su pecho, pero ella no me detuvo, me dejó continuar y profundizó aún más nuestro beso, si es que podía llegar a ser posible. Mi otra mano se apoyó en su cintura y comenzó a ascender con la misma clama que había llevado hasta el momento, por debajo de su pijama llegando hasta el límite de donde comenzaba su pecho.
Nunca había llegado hasta tal extremo con una chica, pues nunca había tenido una novia el cual llevara formalmente ese nombre. Casi siempre con las chicas que había estado había sido por mi estupidez a no tener la valentía de decirles que no, pero es que ver en su rostro aquella tristeza ante el rechazo era atroz. Pero con bella era diferente, a ella la amaba y quería compartir cada segundo que esta vida nos estaba quitando, quería disfrutar de todas las aventuras que pudiéramos ser capaces de descubrir y también el placer que tan solo una caricia podía entregar. Solo quería que fuera con ella, con nadie más.
- Edward –dijo ella pronunciando mi nombre con un exquisito suspiro, pero también que me hizo detenerme a pensar si sería bueno que continuáramos o no.
- ¿Quieres que me detenga? –me atreví a preguntar cuando comencé a descender mis besos por su cuello, mis manos aún no habían sido capaz de aventurarse más solo esperaba una señal para darle la confianza a seguir.
- Claro que no –y luego en un ágil movimiento tomó mi mano que se había colado por dejado de pijama y la llevó directamente a su pecho, dejando que mi mano lo cubriera por completo. La reacción fue instantánea, un gemido ahogado de parte de Bella y la reacción de su cuerpo al sentir como mi contacto causaba exquisitas reacciones en él.
Pero su cuerpo no era el único que estaba reaccionando en ese momento, sino que el mío también y ya no quería detenerme a pensar, solo quería actuar ante aquello que tantas sensaciones comenzaba a entregarme. Sin pensarlo subí su pijama por completo y se lo saqué por sobre la cabeza, al momento en que sus manos rodeaban mi rostro y seguían besándome. Fue tendiéndose lentamente en la cama, mientras mis manos ahora eran libre de recorrer todo su pecho, su vientre plano sus costados estrechos formando un bella cintura.
Y luego ya no solo quería sentir, sino también probar y como un hombre en el Amazonas, me aventuré. Primero bajé por su cuello y luego ágilmente hasta su clavícula, mientras ella con cada beso dedicaba una caricia a mi cabello, pero cuando bajé hasta el medio de sus pechos, no pudo evitar lanzar un gemido con mi nombre y tirar un poco de mi cabello, aquello que debió doler, causó exactamente lo contrario, me excitó aún más.
Alcé un poco la mirada para contemplarla y pude notar como tenía los párpados cerrados, sus labios entreabiertos y su respiración tanto o más agitaba que la mía y con esa visión continué con mis besos hacia su pecho. Sabía condenadamente bien, si su aroma a fresas era atrayente, su sabor era adictivo. No recordaba en qué momento habíamos llegado tan lejos, mi cuerpo pegado absolutamente al suyo, besándola con desesperación y sintiendo su pecho desnudo contra el mío, pues mi camiseta también había volado y no sé en qué momento.
- ¡Les doy diez minutos para que bajen! –y las voz de Tom nos trajo a la realidad, habíamos estado a solo una cuantas prendas de hacer el amor y mi viejo amigo nos había sacado de nuestra burbuja. Miré a Bella y ella me sonrió con timidez mientras acariciaba mi cabello.
- Quizás fue lo mejor –me dijo llena de timidez, lo podía ver en sus ojos- no sé si yo estaba…
- Tranquila amor, no hubiéramos hecho nada que tu no quisieras, créeme te amo demasiado para hacerte daño –la besé nuevamente esta vez solo un casto beso- ve a ducharte y no pienses más en esto, todo está bien. Bella me sonrió con ternura y agradecida.
Se cubrió el pecho con su mismo pijama y desapareció tras la puerta del baño. Ahora necesitaba hablar con Emmett con urgencia, esto jamás me había pasado. Me costaba admitir que en cosas de sexo, era de lo que menos conocía, creo que nunca me interesó e incluso jamás había visto alguna de las revistas que mi hermano me quería hacer ver, es por eso que aún no sabía qué hacer.
Esperé a que Bella estuviera en la ducha y llamé a mi hermano al teléfono, no me importaba nada que hora fuera allá, solo quería que me ayudara.
- ¿Hola?–la voz de mi hermano notoriamente salida de su sueño me contestó.
- Emmett siento despertarte, no sé qué hora tienes pero necesito tu ayuda, es… importante para mí –había confiado antes en mi padre, pues también eran cosas médicas, pero ahora esto era más para hablarlo con mi hermano.
- Dime Edward ¿qué pasa? –le conté en pocas palabras lo que había sucedido, agradeciendo de que en ningún momento se riera o se burlara de mi situación, sino que me escuchó con calma hasta que terminé de hablar, mirando contantemente a la puerta del baño- ok Edward no es tan trágico como parece, solo debes tomar una ducha fría o continuar, pero en tu casto caso de que nunca habías tenido una experiencia así, te recomiendo que solo tomes una ducha lo bastante helada.
- ¿Estás seguro? –esto era raro y más el haberle pedido ayuda a él.
- Claro confía en mi hermano, nada peor puede pasar –luego nos despedimos, le di las gracias y colgué justo en el momento en que Bella salí ya lista del baño.
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Habíamos desayunado unos panqueques que la esposa de Tom nos había mandado, el desayuno fue lleno de sonrisas, por las gracias que él nos contaba que sus nietos hacían, se notaba cuanto amaba a su familia y cuanto los apreciaba, tanto como yo a la mía y a Bella. La idea de formar una familia nunca pasó por mi cabeza, después de todo jamás había encontrado a la persona perfecta para poder planear un futuro, pero ahora que tenía a Bella frente a mi esa idea se había hecho presente, pero desechada al instante.
- Bien, yo me voy a hacer algunas cosas para mañana así que los dejo, supongo que llegaré a la hora del almuerzo ¿quieres que traiga comida? –le pregunté a Bella cuando Tom ya nos había dejado, pues debía hacer algunos arreglos a su casa.
- No es necesario Edward, cocinaré yo, creo que ya tengo una idea sobre lo que haré, así que ve tranquilo yo me ocupo de la comida, además tengo de todo, no creo que sería buena idea desperdiciarlo –se acercó para besarme y luego salí de casa, debía ir a varias partes hoy y sería un día ajetreado.
Tenía que ir a tres lugares diferentes, había ido a dos, pero ahora debía ir a casa ya era la hora del almuerzo y Bella debía estar esperándome, así que tomé el coche y me fui directo a casa. Cuando entré el olor me inundó de inmediato, solo había olido esta sensación antes y había sido en casa de mi madre, con ese calor de hogar que solo ella podía hacer y que ahora Bella lo había cogido a la perfección.
Almorzamos rodeados por las experiencias de Bella cuando niña, ella siempre me esperaba con un tema para poder compartir ya sea en el desayuno, almuerzo o cena, lo que fuera, en todo momento ella me deleitaba con sus palabras, saber que siempre había sido una chica pastosa, que nunca la elegían para formar equipos o que yo había sido su primer y único novio me llenó de alegría y orgullo.
Lamenté tener que salir nuevamente de casa, pero era necesario debía programar la última cosa y debía ser a la perfección, pues era un deseo de Bella, por tanto también era uno mío, ya estaba todo listo, mañana sería un día perfecto para ella por lo tanto ahora solo quedaba a esperar.
Llegué a casa algo tarde y cuando abrí la puerta Bella estaba sentada en la sala viendo tranquilamente la televisión, al percatarse de mi presencia se puso de pie de inmediato y casi saltó a mi brazos, no pude hacer más que sonreír y abrazarla con fuerza, adoraba esas cosas que hacía sin pensar, además se notaba que me había extrañado durante el día.
- Lamento llegar a esta hora, pero era necesario si quiero que mañana sea perfecto para ti –le di un beso en sus suaves labios y la bajé lentamente hasta que sus pies tocaran el suelo-
- No te preocupes, el estar sola me dio tiempo para hacer algo, ven te tengo una sorpresa –tomó mi mano y comenzó a dirigirse hacia la escalera, la seguí como si me hubiera hipnotizado entregado a lo que ella tendría que mostrarme.
Al llegar a la puerta de nuestra habitación me hizo detenerme y se paró frente a mí.
- Debes prometerme que no abrirás los ojos Edward, es algo especial y quiero que lo disfrutes –me miraba con seriedad por lo que supuse que de verdad esto era importante, así que solo asentí y cerré mis ojos. Le haría caso.
Sentí como la puerta se abría y ella me guiaba hacia el interior, me hizo caminar unos cuantos pasos y nuevamente me detuvo, sentí que la luz de la habitación se encendía y luego sentí a Bella a mi lado.
- Bien, ya los puedes abrir –en un principio no vi mucho, pero luego mi visión ya no fue tan borrosa y pude con claridad lo que Bella había hecho. Por toda la habitación se podían apreciar las fotografías que juntos nos habíamos sacado la noche anterior, pero estaban ampliadas, las habían de diferentes tamaños y las más grandes eran aquellas en las que salíamos ambos.
Me separé de ella unos segundos para poder acercarme a cada una de ellas y apreciarlas con claridad, había más de alguna que no recordaba haber sacado así que supuse había sido ella. Sonreí al ver aquella fotografía en la que salía Bella durmiendo.
- Esta también la hubieras ampliado Bella –le dije volteándome para verla a los ojos, y su entrecejo fruncido.
- No hubiera querido colocarla pero Tom insistió –claro, no podía faltar nuestro amigo en las cosas que Bella había mientras yo no estaba.
- Creo que comenzaré a colocarme celoso de la presencia de Tom, al parecer te ve más que yo –me fui acercando con lentitud a ella y la abracé por la cintura.
- No seas loco Edward, sabes que solo te amo a ti.
- Yo también te amo Bella y ha sido una hermosa sorpresa –besé sus labios y la abracé.
- Me alegra que te gustara.
(Bella)
Luego de haber tomado el remedio de las siete de la mañana ninguno había querido levantarse, por lo que seguimos durmiendo hasta que ya nuestro cuerpo no aguantara más en la cama. Creo que nunca antes había pasado tanto tiempo acostada, esta era la primera vez y aún mejor con Edward.
Desperté cuando sentí las caricias de Edward sobre mi brazo, eran lentas y cada ciertos segundos se detenía en mi mano la apretaba junto a la de él y luego volvía con el baile.
- Sé que estás despierta Bella, no permitas que no pueda ver tus ojos –escuché que decía, en tan pocos días Edward había captado cada cosa de mi, sabía reconocer cada gesto de mi rostro y lo que provocaba cada una de sus caricias.
El despertar del día anterior había sido inigualable, simplemente perfecto, nunca pensé que sería así, lo que con solo sus labios me había hecho sentir, como había descubierto lugares de mi cuerpo que con que solo él las tocara me hacían sentir tales descargas eléctricas que me había hecho enloquecer. Me sonrojé al recordar aquellas imágenes de Edward sobre mis pechos, había sido la primera vez que había tenido ese contacto con alguien y había descubierto que no hubiera querido sentirlas con nadie más.
- ¿No quieres ver que te tiene preparado el día de hoy? –me preguntó esta vez acariciando mi mejilla.
- Quiero saber que me tienes tu preparado Edward, con nueva aventura me estás esperando para hacer que mi corazón se hinche aún más de amor –abrí mis ojos y lo enfoqué enseguida, ¡Dios cuanto amaba a este chico!
- Entonces ponte de pie, pues nos vamos, son una de la tarde y debemos almorzar para emprender nuestra aventura –él se puse de pie de inmediato y fue al baño, alegando que debía ser el primero pues luego debía hacer algunas llamadas mientras yo me arreglaba.
Cuando ya estuvimos listos, nos fuimos hacia el coche y solo me entregué a la aventura. No fue mucho lo que Edward manejó cuando ya estábamos detenidos frente a mi nuevo deseo: el cine.
- "Ver todo un día películas" –dijo él abriéndome la puerta, no me había dado cuenta cuando se había bajado del auto- pero no te preocupes no estaremos todo día aquí, tengo más sorpresas después de esta, además, no es el único lugar donde se pueden ver películas ¿no?
- Eres encantador –le dije mientras me dejaba guiar- ¿Qué película veremos?
- Se llama Crepúsculo, creo que es sobre una chica llamada Marie que se enamora de un vampiro Anthony, me pareció una buena idea, espero que no la hayas visto antes –su rostro se cambió a preocupado.
- Tranquilo, no, no la he visto, pero he escuchado de ella y dicen que es muy buena, así que vamos –tenía razón, la película había sido genial y más cuando cada cierto tiempo Edward se despejaba de la película y se dedicaba a besarme.
- No es justo que solo él bese a su amada –me dijo en una escena que me recordó la mañana del día anterior, solo que ellos no habían llegado hasta donde lo habíamos hecho nosotros.
Cuando la película terminó, nos fuimos a casa, lo que me sorprendió aún más, pues cuando entramos a la sala, esta estaba totalmente a oscuras, la TV encendida y el sillón ubicado frente a esta, con un cuenco de palomitas, listo apara seguir con nuestro día.
Esta vez fue el turno fue de "El Diario de Noah", esta si la había visto, pero no se lo dije, quería que fuera tan especial para él como lo había sido para mí. No pude evitar volver a sonrojarme cuando mostraron aquella escena en la que ellos hacían el amor, era de las pocas películas en que estas escenas las hacían con todo aquel amor que una pareja sabía demostrar.
Miré de reojo a Edward y noté que su respiración estaba acelerada igual que la mía, pero ambos nos ignoramos en ese momento, estaba segura que si hubiéramos hecho un solo contacto visual, no hubiéramos visto el final de la película. Pero lo peor fue al final, cuando los protagonistas morían juntos luego de haber pasado por tanto. Nosotros no pasaríamos por esto, no pasaríamos años juntos, no tendríamos hijos y no podríamos disfrutar de nuestro amor, solo nos quedaban cinco malditos meses. Una lágrima comenzó a caer por mi mejilla y no alcancé a dejarla caer, pues Edward se me había adelantado.
- Prométeme que no me dejarás morir sola –le dije un tanto desesperada- prométeme que cuando llegue ese día al último que veré será a ti, que no estaré sola en una habitación mientras todos se lamentan lo poco que viví.
- Bella yo…
- Prométemelo Edward, pues yo te prometo que estaré a tu lado siempre, que si te llega el turno primero a ti, yo estaré ahí y luego me iré a tu encuentro –le dije ya llorando sin detenerme.
-Muy bien, prometo nunca dejarte sola –me dio un suave beso y ahí nos quedamos en silencio y absorbiendo aquellas tan importantes promesas que nos habíamos hecho.
Estuvimos bastante tiempo así, en silencio, solo manteniéndonos abrazados, disfrutando de lo que puse ser una linda relación entre ambos, que tal hubiéramos pasado años juntos, pero no sería así, le había dicho no pensar en eso a Edward, que solo el presente valdría entre nosotros y así lo haría.
- Vamos –dijo de pronto Edward- aún nos queda una cosa en tu deseo, dijimos todo el día y aún queda de día, bueno la noche –miré por la ventana y noté que ya había anochecido, pero no me imaginaba que se le había ocurrido a Edward ahora, después de todo habíamos ido al cine y arrendado películas ¿Qué quedaba ahora?
No quise preguntar, se veía tan entusiasmado cuando se puso de pie, que no quise quitarle esa alegría del rostro, sabía que quería darme una sorpresa, y aunque de cierto modo estas no me gustaban, aceptaría cualquier cosa con tal de ver esa felicidad en él.
Nos subimos nuevamente al coche y me dejé guiar. Esta vez el viaje fue más largo, y llegamos hasta un lugar en el que un gran espacio se veía frente a nosotros, Edward tomó algo que lo puso en la ventana del coche y de pronto una gran pantalla se vio frente a nosotros. Me había llevado a un autocine.
Nunca había estado en uno y tenía entendido que estos ya no estaban en funcionamiento, por lo que verme frente a uno me sorprendió mucho. Miré para ambos lados y noté que estábamos solos, Edward se había puesto de contacto con el encargado de ese lugar para así tener a disposición todo para nosotros.
- Edward esto es… increíble, de verdad, nunca pensé que alguien haría esto por mí –tomé su mano y la a la altura de mi corazón- ¿te das cuenta lo que provocas en mí? Haces que mi corazón se desboque por completo.
- Es lo mínimo que puedo hacer para que me puedas entender lo mucho que te amo Bella, esto no es nada, solo unas simples llamadas, pero el ver tu rostro de felicidad, es mucho mejor y más aun el saber que esa felicidad te la di yo –me acarició el rostro y luego cuando la película empezó me recargué contra su hombro.
Definitivamente ese día había sido esplendido, cada día era mejor que el anterior. Edward había entrado con facilidad en mi corazón y al parecer yo también en el de él.
