Capitulo editado por Emic, mi Beta hermosa.

Bien, sé que he demorado cerca de 10.000 años en actualizar, pero sinceramente no tenía tiempo, tenía el capítulo casi acabado, pero para pasarlo a Word no tenía nada de tiempo. Así que no le veo el poder decir nada más, solo la falta de tiempo y la falta de un reloj para detenerlo.

Aún sigo con nada de tiempo así que me iré directo a los agradecimientos ni para ir por punto tengo, cosa que se había vuelto una costumbre en mí.

Capítulo anterior: Meco2008; Maiy; dark warrior 1000; Sandy 31.; melO Yue; Prinzezziitha Cullen; Dayan Hale; chiiocullen; Lulii St. John; christti; bita M; liloc; Bruja Vampirita; iOvs Anna Cullen Ross; mars992; polin; Doriicullen; Nonita; Bellisimas.

Alert o Favoritos que no agradecí arriba: Kiara-Draity; Ingrid Cullen; lygher; Blueskys; Kriito Cullen Masen; hale Cullen anna; Elliel Hime; Karen CC; GinevraPotter1; Almendra Black; sabri-c; Fran Pattinson; Angel0607; Evelyncita; ELYSS; pachi-chan; caros24084u; Serenity Chiba de Cullen; ..cullen. Nelly15; Kelly bello; jackypttz; Lily Black 14; ale-lola; LauCullen18; nadiarc22.

Besos y que disfruten.

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Capítulo ocho: Día once y doce

(Bella)

Nunca pensé que estos dos meses podrían convertirse en los más hermosos que hubiera vivido en todos mis años de vida. Edward simplemente era perfecto, en solo unos días había aprendido ciertas cosas que mi madre nunca aprendió a comprender en mí, pues ella solo quería cambiarme, Edward me aceptaba. Mi madre era una niña pequeña a la cual había que cuidar, en este caso, yo era la pequeña niña y Edward cuidaba de mí. El chico que aún dormía a mi lado había sido capaz de quererme, aceptarme, amarme, tal como yo me presentaba, patosa, testaruda, La poco agraciada Bella Swan y mi amor por él ya era eterno, no me importaba morir, ya no serían necesarios los siguientes deseos, si nuestra hora llegaba hoy, había conocido algo más fuerte que me hacía completamente feliz, el amor.

Había programado a mi cuerpo para que se despertara antes que Edward y ser yo, esta vez quien fuera por los medicamentos, pues Edward había cumplido con esta labor sagradamente todos los días y ya venía siendo hora de que fuera mi turno, además me urgía hacerle una llamaba a mi doctor, bueno a Carlisle.

Me deshice sin muchas ganas de su abrazo, me vestí con un chaleco que tenía para cubrir mi cuerpo del frío de la mañana y salí de la habitación, no sin antes darle una última mirada a Edward. Sonreí al verlo tan relajado y luego bajé la escalera hasta la cocina. Primero haría la llamada. Marqué el número de Carlisle que estaba pegado en la puerta del refrigerador y esperé hasta que me contestaran.

- Bella –se escuchó la voz de él al otro lado de la línea- ¿Está todo bien?

- Sí doctor Cullen todo va excelente –ya comenzaba a avergonzarme ante la pregunta que tenía para hacer, pero esto era importante, por lo que la vergüenza quedaba atrás, sin quedarme otra opción- verá doctor, es que luego de estos días, mi relación con Edward ha comenzado a ser mucho más sería y junto con ella han comenzado a surgir ciertas dudas con respecto a… Bueno a…

- ¿A qué pasaría si siguen más allá con su relación, es eso Bella? –él lo sabía, o Edward ya se la había dicho o era muy perceptivo.

- Edward ya se la dicho a usted ¿no es cierto? –de algún modo eso me aliviaba, saber que él ya había consultado sobre este tema, era porque ya lo había pensado y velaba por nuestra salud- ¿le habló sobre las dudas y posibles problemas si teníamos relaciones?

- Sí Bella, lo hizo y te diré lo mismo que le dije a él, sólo que con diferentes palabras –dijo aclarándome un poco las cosas- ambos se encuentran para tener relaciones, siempre tomando ciertas precauciones, ahora Bella, lo que te diré a ti no se lo dije a mi hijo, así que pon atención –se quedó un momento en silencio y luego continuó- los medicamentos son fuertes y han provocado que tu cuerpo se deteriore en algunos casos, como ya lo habíamos hablado.

Claro que lo habíamos hablado, pues mi periodo ya no llegaba todos los meses y cuando lo hacía, no era igual que antes.

- Pero siempre hay casos especiales y no creo que sea una muy buena idea arriesgarse, no cuando lo más seguro sea que la criatura que se gestaría no llegaría a su término –él doctor Cullen tenía razón, yo jamás podría tener hijos y eso era algo que dolorosamente ya había asumido hace mucho.

Aunque ocurriera algún milagro y lograra terminar mi embarazo, jamás lo vería crecer, jamás podríamos ser sus padres, jamás vería a sus padres, claro que lo entendía perfectamente.

- Lo entiendo doctor Carlisle y bueno en realidad era sólo eso, ya no quisiera molestarlo más y además es hora de nuestro medicamentos –traté de despedirme lo más educadamente posible sin que él notara mis deseos de abandonar aquella conversación lo antes posible, pero él pareció entenderlo y dándome algunas últimas recomendaciones, nos despedimos.

Lo sabía, siempre lo había tenido muy presente en mi cabeza, es decir, no era una niña, conocía los riesgos y los había aceptado hace mucho, pero inconscientemente, en las mujeres siempre estará ese deseo de algún día poder llegar a ser madres y yo, aunque doliera aceptarlo, no era la excepción.

Me deshice de la lágrima que había comenzado a caer por mi mejilla y le dejé en el olvido, no había necesidad de recordarlo, no tenía sentido. Tomé los remedios, el agua y subí la escalera. Cuando entré en la habitación, Edward seguía durmiendo. Los días anteriores habían sido agotadores, pero trataba siempre que todo saliera bien, para que así yo disfrutara de mis deseos, por lo que el sueño lo había vencido tan pronto como nos habíamos acostado.

No quería despertarlo, se veía tan hermoso, sosteniendo mi almohada entre sus brazos al sentir que mi cuerpo lo había abandonado, sus ojos tan cerrados que solo dejaban a la vista la línea de sus bellas pestañas, su boca ligeramente abierta y el entrecejo fruncido, sin duda la imagen perfecta. Pero debía despertarlo, era necesario, así que contra mi voluntad al no querer sacarlo del mundo de los sueños comencé a despertarlo.

Pero quería que fuera de una manera agradable para él, así que me acerqué al brazo con el que tenía encarcelada a mi almohada y comencé a depositar suaves besos en él, subiendo con extrema lentitud hasta llegar a su hombro. Fue ahí que noté que se había despertado, pues cuando desvié mi mirada hacia su rostro, Edward estaba sonriendo. Aún así yo quería continuar, demostrarle mi amor, con cariños que lo hacían sentir bien. Continué con su cuello, manteniéndome bastante tiempo ahí, al notar que varios suspiros ahogados se escuchaban, lo estaba disfrutando y eso me hacía continuar.

Subí por su mejilla, donde se podía sentir un poco la barba que comenzaba a crecer, pero ya no quería extender más mis deseos de besarlo, por lo que prontamente llegué a sus labios, deleitándome con ellos y siendo esta vez yo quien disfrutaba y solo eso cruzando mi mente.

- He traído los medicamentos –le dije cuando se separó un poco de mi rostro y se dedicó a observarme- creí que sería justo que esta vez fuera yo quien los trajera.

- A mi no me molesta hacerlo Bella –pasó una mano por mi mejilla y luego sonrió con ganas.

- ¿De qué ríes?

- De todo –dijo simplemente- me parece extraño, divertido, frustrante, encantador y todo aquello que quieras decir a nuestra situación, cualquiera diría que lo que nos tocó vivir es malvado –Edward se sentó cómodo en la cama y yo me acomodé a su lado- que justo nos conociéramos a estas alturas –continuó. Otros que esto solo surgió de un momento desesperado de encontrar el amor antes de morir y otros, los más románticos, podrían decir que todo es parte del destino, que quien maneja nuestras vidas, nos colocó en el camino del otro, pues solo era cosa de tiempo el que nos conociéramos, ya sea de esta u otra manera, por eso sonrío –tomó delicadamente mi mentón y me hizo mirarlo- porque es lo mejor que podemos hacer, solo sonreír y amarnos, seguir adelante, disfrutar de esto que se nos ha puesto delante y enfrentarlo con la mejor cara, de la mejor forma.

- Tienes razón Edward, siempre la tienes y lo mejor que has hecho es amarme y hacerme parte de esto.

Nos besamos, tomamos nuestros medicamentos, nos besamos nuevamente y luego solo nos quedamos tendidos en la cama, hablando cosas triviales que lo único que causaban era hacernos reír aún más. Creo que en toda mi vida, nunca había hablado tanto de mí en tan pocos días, creí que se me haría difícil sacar ciertas cosas que siempre me avergonzaban, pero con Edward era diferente, la atención y el interés que colocaba a cada cosa que yo le contaba era increíble y se lo agradecía.

Aquel día no saldría de casa, pues el deseo que había elegido cumplir a Edward al día siguiente no necesitaba preparar ningún lugar, solo una gran disposición de Edward y llevar unas cuantas cosas conmigo.

Cuando ya era casi medio día decidimos levantarnos, nada nos apresuraba, no debíamos ir a ningún lugar, ni rendir cuentas a nadie, dinero no nos faltaba para nada, pues a mí me quedaba aún mucho y ni que hablar del caso de Edward, en conclusión no teníamos nada que hacer.

- Ya lo sé –le dije cuando nos encontrábamos en la cocina comiendo unos emparedados que yo había preparado.

- No sé si debo temer o no así que solo dilo Bella.

- Por Dios Edward, hablas como si todo lo que yo dijera fueran atrocidades –le reproché sonriendo- pero en fin, que te parece si dedicamos la tarde a hacer un poco de limpieza, ordenamos, sacamos un poco de polvo, nos duchamos y vamos a casa de Tom, después de todo se ha portado muy bien con nosotros ¿Qué dices?

- Me parece perfecto, pero solo si la ducha la tomamos juntos –las palabras de Edward me asombraron mucho, bueno habíamos tenido un acercamiento bastante íntimo el día anterior y Carlisle nos dijo que el ir más allá no significa correr riesgos, así que quizás no habría problema.

- Veamos qué tal te comportas y ahí hablamos de la recompensa –dije totalmente sonrojada- tu comienza con la sala, yo seguiré con la cocina y luego nos dividimos las demás pequeñas salas –Edward hizo un gesto algo militar y se fue a realizar su labor.

En el fondo de mi ser, deseé que lo hiciera bien, quería aquel contacto con él, sentir la adrenalina al máximo, que mi piel se erizara con su tacto que mi respiración se cortara y mi corazón se volviera loco. Todo eso deseaba sentir, así que sin que él lo notara, le ayudé un poco en algunas cosas.

Cerca de las cuatro de la tarde terminamos con todo, lo que nos daba un tiempo excelente para arreglarnos y comprar algunas cosas para llevar a casa de Tom y solo disfrutar y compartir con su familia. Deseaba ser yo quien lo atendiera esta vez, quien se preocupara por él y de alguna forma devolverle de la única manera que me era posible la mano que nos había tendido, dentro de las posibilidades que mi condición permitía.

- Quiero mi premio –escuché que decía Edward a mi espalda, mientras yo sacaba unas cuantas cosas de mi armario, entre ellas, algunas para él, pues yo estaba decidida a que me atrevería a darme un baño con él.

- ¿Qué te hace pensar que te has ganado ese premio? pregunté con algo de picardía mientras él me encerraba entre sus brazos.

- Bueno, supongo que lo hice bastante bien, teniendo en cuenta que nunca había hecho la limpieza antes, además –se acercó hasta mi oído y luego susurró- creo que he recibido ayuda extra del juez, así que tengo mi premio más que ganado, pues yo no pedí tal ayuda.

Me había descubierto y no me importaba, solo el estar entre sus brazos y disfrutar del momento era lo que realmente me importaba. Lo miré con una enorme sonrisa, para luego abrazarlo.

- Muy bien, te lo has ganado, vamos Cullen, es hora de tu baño, pero… –habría querido hacer algo antes, no quería que esto fuero solo un desborde de pasión. No haríamos el amor hoy, pues aunque lo había estado deseando, yo no estaba preparada.

Le pedí que me esperara un momento en la habitación, mientras yo entraba en el baño y llenaba la tina, vertía algunas esencias en ella y algo de burbujas. El hecho de que tendría a Edward desnudo frente a mí era lago que ciertamente llamaba mucho mi atención, pero no hoy, quería dejar algo de emoción. Tanía claro que cuando llegara el día la tendría, es que, el solo hecho de nunca haber visto a algún chico así, me ponía nerviosa.

(Edward)

Me había entusiasmado y emocionado al ver como disimuladamente Bella me ayudaba a ordenar lo que correspondía a mí. De esa manera me dejaba claro que ella también quería compartir esto conmigo, un nuevo contacto entre dos almas que se amaban.

Cuando me dio la indicación para que entrara en el baño, tomé unas cuantas bocanadas de aire y entré. Bella ya estaba dentro de la tina y su cuerpo estaba complemente cubierto por la espuma, su rostro estaba sonrojado y con lo que alcanzaba a ver, estaba nerviosa. Yo también estaba nervioso y había tenido claro desde el momento en que acordamos bañarnos juntos que no intentaría llegar más lejos, pero ahora que la veía de la manera más exquisita posible, sabía que esto sería difícil.

Comencé a desnudarme con calma y noté por el rabillo del ojo que Bella desviaba la mirada y jugaba con la espuma que al parecer se había hecho más entretenida. Ya completamente desnudo me acerqué a la tina y ella se movió un poco hacia adelante y ahí logré acomodarme, Bella apoyó su espalda en mi pecho y solo nos mantuvimos en silencio. Definitivamente en ese momento lo que menos se haríamos, sería bañarnos.

- Me agrada estar así –dijo Bella después de un largo silencio, mientras yo reposaba mis manos calmadamente en su vientre- sólo relajándonos, la mente en blanco, sin tener que preocuparnos de nada.

- Me gusta que lo sientas así –ya el contacto solo en su vientre no me parecía suficiente, así tomando un poco de osadía, subí mi mano hasta uno de sus pechos- me gusta que te sientas a gusto –sentí un leve estremecimiento de su parte, pero no me detuve- que estés relajada –un gemido de ella y mi otra mano comenzaba a tomar vida- que sientas placer.

- Edward –fue lo único que logró articular para luego en un sorpresivo movimiento de su parte, tomó mi mano libre y comenzó a hacerla descender por su cuerpo- Edward –gimió nuevamente y mi control ya no existía, solo el hecho de que ella disfrutaba y que era gracias a mí.

Por lo que no me detuve, solo seguí con las caricias y ya no hubo necesidad que guiar a mis manos, ellas ya sabían perfectamente lo que debían hacer. Lo deslicé hasta donde el placer máximo se concentraba en su cuerpo, siendo recibido con unos fuertes suspiros de satisfacción y otro estremecimiento de su parte. Bella separó un poco sus piernas inconscientemente y yo aprovechando aquel movimiento.

Sentir como rozaba su cuerpo contra el mío, como suspiraba para luego acompañarlo con gemidos que decían mi nombre, era fantástico y esta vez no había nadie en cosa para detenernos, tenía claro que hoy no nos entregaríamos el uno al otro, pero eso no quería decir que no podía hacerla disfrutar un poco.

Nunca antes había hecho esto, pero parecía que mi instinto si sabía qué hacer, por lo que aventuré un poco más mi mano y con nerviosismo total comencé a acariciarla, Era tan suave y excitante que sabía que no podía detenerme ahí, los gestos de bella me indicaban que continuara, que no me detuviera ahí y haciendo caso a las señales, seguí adelante, aventurando uno de mis dedos en su interior.

- ¡Oh Dios! – dijo ella de pronto asustándome.

- ¿Te hice daño? ¿Quieres que me detenga? – pregunté alarmado, yo solo quería entregarle placer y no hacerle daño.

- No Edward ¿cómo crees? Por favor no te detengas –dijo tomando mi mano y juntándola más hacia su cuerpo. Pero de algún modo quería detenerme, así como iban las cosas, era seguro que Bella llegaría al orgasmo, mi cuerpo ya estaba completamente excitado y estaba seguro que ella podía sentirlo y no quería que la primera vez que sintiera tal desborde de placer fuer de este modo.

La situación era excelente, pero no cuando aún no habíamos compartido nuestra primera vez. Así que contra toda mi voluntad me detuve.

- Creo que es hora de irnos a casa de Tom.

- ¡Dios! ¿Por qué? –preguntó mientras yo retirada mi mano.

- Bueno imagino que no querrás que tu primera vez sea en una ducha, sin mirarnos a los ojos y provocado por mí… bueno tú sabes –esto se había vuelto incómodo y no quería ahondar más en ello.

- Tienes razón Edward, no lo vi desde ese punto y eso te hace cada vez más perfecto –dijo bajando la cabeza, tratando de impedir sin éxito que yo viera su vergüenza- pero debes admitir que con lo que hacías no tenía muchas opciones como para ponerme a pensar.

Sonreí con suficiencia al oír sus palabras, era inevitable, era como si necesitara que dijera aquellas palabras para mantener mi ego tranquilo.

Finalmente como había pensado, eso no había sido un baño, solo un momento perfecto. Salimos de la tina con pesar y aún lo bastante cohibidos para mirarnos mientras nos envolvíamos en las toallas, eso ya vendría y sinceramente no tenía apuro, quería que para ella fuera tan perfecto como lo tenía planeado en mi mente y si las cosas eran presionadas, no resultarían.

Nos tardamos más de media hora en estar listos. Tomamos unas cuantas cosas de casa y fuimos a nuestra visita a Tom.

Fue una tarde inolvidable y me obligó a preguntarme el porqué no lo había hecho antes. Cuando llegamos estaba toda la familia de Tom ahí, hijos y nietos reunidos en torno a un feliz matrimonio rodeado de amor. Bella miraba maravillada cada situación que las escenas que se presentaban, le enseñaban las sonrisas y juegos de los niños, las conversaciones de los más adultos, el compartir en la cena, el disfrutar de las bromas.

Sabía que esto de algún modo le afectaba y que trataba de disimularlo a los demás, pero en estos poco días había aprendido a conocerla tan bien, que tenía claro que el que en su familia esto no se hubiera dado nunca, la hacía sentirse triste.

Regresamos a casa lo bastante tarde como para que al estacionar el coche, Bella ya estuviera dormida. Amaba verla dormida, tan inocente, tan suave tan vulnerable. Bella me había hecho feliz con el solo hecho de ser ella misma, de haber aceptado hacer esto conmigo ¿ya qué más podía pedir?

La tomé con cuidado entre mis brazos y la llevé hasta la habitación. Le quité los zapatos y pantalones tratando de verla cómoda para pasar la noche así y después me acosté a su lado para caer dormido enseguida.

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Desperté con un olor bastante particular, no me era completamente desconocido, pero tampoco era uno que se oliera todos los días. Toqué la cama a mi lado y confirmé que Bella no estaba junto a mí. Abrí los ojos y supe de inmediato cual sería el deseo que cumpliría para mí hoy.

No quise vestirme, pues el desayuno era lo que bella estaba preparando, así que con solo el pijama puesto bajé la escalera. Al aroma se le unía la música, esa canción la conocía y al parecer ella también, pues tan solo al abrir la puerta, su imagen bailando por la cocina me recibió. Al ritmo de "Hot and Cold" a su perfecto cuerpo se le unía una coordinación un tanto especial, pero perfecta para alguien como Bella. Entré y me senté en una silla junto a la mesa justo en el momento en que me daba la espalda y afanaba con algo en la cocina.

- Estoy seguro que mi mente no cambia al nivel en que tú cambias de ropa (N.A: es un juego de palabras con la canción que nombre, puesto que es en inglés) – comenté sobresaltándola. Reprimí una sonrisa de burla cuando noté su enfado al haberla asustado.

- ¿Desde cuándo que estas mirándome? –su rostro quería verse enojado, pero en sus ojos, el brillo de la alegría la delataba.

- Lo suficiente para disfrutar de un gran espectáculo –esta vez sí sonrió y con un gesto le indiqué que se acercara a mí. En solo unos segundos la tuve entre mis brazos- buenos días amor.

- Buenos días Edward –Bella tenía la capacidad de hacer que cada beso fuera diferente, profundo, explosivo, simplemente perfecto. Sus labios se conectaban a la perfección con los míos y se movían en una sintonía que ni el más famoso músico del mundo, sería capaz de llevar a las notas.

- ¡Dios! –Pude decir cuando nos separamos, provocando el normal pero nunca molesto sonrojo-. Era fantástica la capacidad de Bella para que en momentos fuera tan tímida y n otros, como el del episodio del baño el día anterior fuera tan… especial, bueno, por mi mente pasaron otros términos, pero muy poco utilizables.

- ¿Estás preparado para tu deseo de hoy? –quería notoriamente cambiar el tema y yo por verla cómoda estaba dispuesto a hacerlo.

- Más que preparado desde que desperté con el aroma que mi cuerpo de preparó para eso –pasé mis manos con su cintura, por el solo placer de verla estremecerse- pero me inquieta saber que es.

- Entonces prepárate para el desayuno –se deshizo de mi agarre y se volteó a la cocina, hizo unos movimientos de platos, sacó algo de un sartén y de un solo fluido movimiento puso un plato frente a mi- desayuno de reyes.

Nunca antes había desayunado lo que tenía frente a mí, no porque me disgustara, sino por el hecho de que mi madre jamás lo había preparado y me había acostumbrado a eso. Mi plato contenía unos pedazos de tocino, dos huevos, una hamburguesa con lechuga y tomate y una gran taza de café, que la probarla estaba muy dulce.

- Come –dijo Bella casi en una orden- y prepárate pues te aseguro que mi desayuno es mucho más liviano que los otros lugares a los que iremos.

Ella lo estaba disfrutando, pero yo no me arrepentía, pues yo solo lo había deseado y tenía sus razones. El que las empresas de comida rápida y en su mayoría chatarra, se hicieran de tanto dinero diariamente debía ser por algo y hoy lo descubriría.

Tenía que admitir que la comida estaba sabrosa, aunque estaba seguro que el que Bella la hubiera cocinado influía y bastante. El comer sin servicio fue otra novedad, sabía que se comía así, después de todo había comido pizza antes, pero el comer huevo, solo con pan, se me hacía un poco lento.

Terminé más rápido de lo que había imaginado y lo disfruté bastante. Bella compartió lo mismo conmigo y con su dulce conversación el desayuno fue aún más agradable.

- Hora de bañarnos –dijo luego de un sobremesa lo bastante largo- pues luego iremos a caminar, ve tú mientras yo lavo las cosas.

Estuve a solo segundos de proponerle un baño como el del día anterior, pero de algo estaba seguro, Bella se voltearía en ese instante, me miraría con aquellos ojos con los que lograba cautivarme, se mordería el labio y sonreiría tímidamente, pero llena de deseo y yo no podría pensar y sería capaz de tomarle en brazos, llevarla a la pieza, dejando que ese momento especial se fuera a la mierda.

Por lo que mejor, siguiendo sus órdenes, me fui solo al baño. No solía tardar mucho, por lo que cuando ya estuve listo bajé y cambie con Bella, ella subió y yo terminé con lo que quedaba por hacer. Al terminar me senté en el sillón de la sala y encendí el televisor y casi como una broma del destino, un anuncio de una nueva hamburguesa en McDonald's salió.

- ¿Te apetece eso para el almuerzo? -cuando oí su voz, giré mi cabeza en ese momento y simplemente me quedé sin palabras. Al pie de la escalera se encontraba un ángel. Bella con un suave vestido azul que cubría hasta un poco más arriba de las rodillas, sus brazos descubiertos y unas sandalias bajas.

- Siendo sincero, eso no es lo que me apetece en estos momentos –su sonrojo fue inmediato, pero no le quitó la capacidad para responder a mis palabras.

- Bueno, pero como la próxima comida es en unas cuantas horas, no hay de qué preocuparse.

No pude evitar que una carcajada saliera de mí. La amaba a ella y ociaba la situación. Amaba su sonrisa y odiaba el tiempo. Amaba su calor y odiaba la ciencia. Amaba sus ojos y odiaba al destino. Me levanté con calma del sillón y me acerqué a ella con extrema lentitud, con las manos en los bolsillos, tratando así poder controlarme y no provocar ciertas cosas que aún no estábamos listos para enfrentar. Pero aún así no perdería la oportunidad para jugar un poco.

La sonrisa en su rostro se intensificaba aún más con mi cercanía, lo que causó más seguridad en mí. Alcé una ceja y sonreí con suficiencia.

- No me asustas Edward – su cuerpo se apoyó contra la pared y levanto una mano para apoyarla en mi pecho para inútilmente detenerme.

- No debiste decir eso –con un movimiento rápido y fluido y porque no, un tanto brusco, tomé sus manos y la presione más contra la pared- por lo que sé no lees mentes –susurre en su oído- así que nunca sabrás lo que pueda pasar por la mía.

No había sido necesario tener sus manos prisioneras, pero aún así, me gustaba estar en esa posición. Me hacía sentir que por lo menos tenía el control de algo, ya que no había podido tener el de mi vida. Su piel, el sabor, se estaba convirtiendo en mi perdición y estaba más que dispuesto a no querer encontrar nunca el camino. Tanto su cuerpo como el mío estaban reaccionado y Bella lo pudo sentir cuando presioné aun más mi cuerpo con el de ella. Mis manos ya no presionaban las de ella, sino que se dedicaban a la entera exploración, su estrecha cintura, sus caderas entregadas a mis caricias y sus piernas, que sin poder evitar recorrí levantando su vestido.

Sus manos se mantenían en mi cabello, tirando de él levemente, mientras mi nombre se deslizaba de sus labios entre suspiros y gemidos.

- Señorita Bella he llegado para su paseo –la voz de Tom llegó tras nosotros, justo en el momento en que mi mano se había aventurado hasta un poco más arriba- ¡Dios! Jóvenes, lo siento tanto yo no sabía…

- No se preocupe Tom, nosotros ya salíamos –Bella se arregló su vestido mientras yo le daba la espalda a ambos. No estaba dispuesto a que vieran mi notorio problema.

- Yo voy por algo de abrigo para la tarde y vengo –les dije a ambos mientras corría escalera arriba. Entré en la habitación y me afirmé contra la puerta para respirar tranquilo. De no ser por Tom había estado completamente seguro que habríamos hecho el amor contra la pared, cosa que me tenía demasiado excitado, no había tiempo para una ducha y para la otra opción que mi hermano me había dado, solo me quedaba disimularlo.

El día en general transcurrió con normalidad, Tom nos llevaba donde Bella le pedía y yo me preparaba para una nueva dosis de grasa, no me molestaba, después de todo había aprendido a encontrarle el gusto a estas comidas, pero un día entero no era muy agradable.

Pero Bella había sabido cómo llevarlo, después de un gran menú, salíamos a caminar, con un helado, una bebida o un agua mineral, para que las comidas no se volvieran tan pesadas. Había probado las promociones de casi todos los locales de comida rápida, pizzas, hamburguesas, papas fritas, nachos, nuggets, de todo, y con sinceridad, todo me había gustado. Pero luego al llegar a casa, Bella solo me dio una ensalada.

- No quiero que te de una sobredosis de grasa –me comento sonriendo- no fue el mejor menú del día, ni tampoco uno tan entretenido –dijo luego con pesar.

- Bella no te pongas así –me acerqué a ella y la senté en mi regazo- fue lo que pedí, quería pasar un día como el goloso de Emmett y lo he hecho y tu compañía fue lo mejor, no podía haber sido un día mejor teniendo en cuenta mi deseo –Bella volvió a sonreír con timidez y besó mis labios- te amo Edward.

- Yo también, más que a nada –le susurré mientras la acunaba.

No había sido un día de emociones como los anteriores, con momentos de tristeza, ni de cosas que contar. Pero yo lo había disfrutado, había hecho algo que nunca antes había hecho y eso era lo que había deseado, Bella me había ayudado a cumplirlo y no había nada más que esperar, más que seguir amándola.

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