Primero: Hola y siento la demora pero estoy en exámenes y hoy tuve el penúltimo, el viernes tengo el último y salgo de vacaciones y solo a escribir si es que no me coloco a trabajar para ganar dinero para las vacaciones.
Segundo, mas disculpas por las demoras, de verdad no es mi intención si lo fuera me mataría yo antes.
Tercero: Estoy participando en un concurso de fic por primera vez, el tema es navidad con los Cullen, y mi Fic se llama "Un regalo Inesperado" por favor cuando se abran las votaciones pásense por ahí y déjenme un lindo voto si es que por supuesto encontraron una que es mejor que la mía que claramente las hay.
Cuarto: apara las personas que les gusta el rol, una amiga abrió uno de una academia de lobos y vampiros, en los que deverás pasar por varios rangos para convertirte en una de estas criaturas de verdad, es muy entretenid y está recién empezando, vamos los invito .ws con el http:// por supuesto.
Quinto: agradecer a los angeles que dejaron rr en el cap anterior:
Polin; liloc; Nonita; Zullly; Maiy; christti; meco2008; Lucree; Ninee95; aniz; Valee; Bruja Vampirita; Haloh; pukichick; Ross10; Joslin WeasleyC; Alea Jacta Est; Maria;
Sexto: para quienes agregaron la historia a sus favoritos o alertas y no mencioné en el punto quinto, un beso y muchas gracias:
Miroky; FS – Twiligth; RockxAndxRoll; camizx; Ercastelo; Vampire Rukia Cullen; ; Angel0607; eydaf; twiligth-princess kuchiki; -FeathersInTheSky; julie-p; Pautt; Cathyiiaz.
Septimo: que lo disfruten.
Capítulo nueve: Día Trece y Catorce
(Edward)
Era mi turno y estaba aterrado, no sabía si sería capaz de cumplir este deseo para Bella y es que simplemente era una posible idea para adelantar la hora de nuestra partida. Pero se lo había prometido, le había dicho que cumpliría cada uno de los deseos que en esa lista había, pero el terror de lo que conllevaba el realizarlo, era el motivo por el que estaba así. Llevábamos casi dos semanas en este país y nuestra relación estaba como la de dos personas que llevaban meses. Aunque había que comprender, nuestras horas estaban contadas y el tiempo avanzaba para nosotros mucho más rápido de lo que lo hacía para las personas en general y el amor que había en nuestros corazones podía llegar a ser mucho más profundo, estaba seguro de eso y nadie ni nada me haría creer lo contrario.
Bella estaba sentada en el sillón frente a mí con un libro entre sus manos, moviendo sus ojos a medida que avanzaba por las líneas, estaba tan concentrada, que su ceño estaba fruncido, se mordía ligeramente el labio y contenía la respiración cada ciertos segundos. Era hermosa, tanto así que me dejaba embobado con cada segundo que pasaba, había intentado seguir con mi lectura, pero me era imposible, dándome por vencido y dejando así el comienzo de mi libro, donde lo único que había alcanzado a leer era "Capítulo Uno". A mi mente acudían cada una de las imágenes de los últimos días que habíamos pasado juntos, las nuevas sensaciones experimentadas y la inconsciencia en la que entraba cada vez que estaba en contacto con su piel.
- ¿Estás bien? –me preguntó Bella de repente con el ceño aún más fruncido- tu respiración está agitada.
- Sí, no te preocupes, es solo que –procese un poco lo que estaba a punto de decir, pensando si sería buena idea o no, contarle lo que por mi mente pasaba y sinceramente jugar un poco no estaba nada de mala. Si yo tenía que pasar por esta dulce incomodidad, ella también podía pasarla- estaba recordando.
Me puse de pie y me acerqué para sentarme a su lado. Le quité el libro que tenía en sus manos y lo dejé frente a la mesita que teníamos frente al sillón.
- Recordaba los momentos de ayer –tomé su cabello y lo moví para dejarme el panorama despejado y al descubierto su cuello, dedicarme todo, a solo acariciarlo, le sonreí y me acerqué a besarla- momentos en los que estábamos muy ocupados cuando llegó Tom –besé su cuello sintiendo sus escalofríos ante mi tacto- y pensado en que habría pasado si no hubiera llegado.
- Edward… por favor –sus manos habían ido a tomar las solapas de mi chaqueta y me habían atraído más hacia ella.
- ¿Pero sabes? –dejé un último beso y me puse de pie- creo que eso lo descubriremos más adelante, ahora debo salir a hacer algunas consultas para tu deseo de mañana –sabía que no había sido lo mejor, que no debí decir esas palabras ni dejarla en esas condiciones, completamente sonrojada y con la respiración tan o más acelerada que la mía.
- Eso no fue justo –Bella bajó la mirada y cubrió su rostro con su cabello.
- Lo sé, pero créeme que si yo te contara las veces en que me he quedado en tu situación, no dirías nada –recordaba haberme planteado el objetivo de hacerla sonrojar las veces que hicieran falta para verla en ese estado y a gracia mía, estaba cumpliendo mi cometido- voy por algo de información y ayuda –me arreglé la chaqueta que ella había arrugado y comencé a caminar hacia la puerta- hace un lindo día, podías pedirle a Tom que te diera un paseo.
- No es necesario, además prefiero los paseos en tu compañía, no es que me queje de Tom, pero bueno ya sabes –si claro, lo sabía- el libro esta bueno y creo que mejor me quedaré en casa, guardaré mis energías para mañana, tengo la impresión que será un gran día.
No tenía claro si sabía o no lo que tenía pensado para mañana, pero bueno la lista se reducía y las probabilidades de adivinar lo que se venía eran cada vez más asertivas, Bella era inteligente y podía sacarlo con pensarlo un poco y sacar unas cuantas conclusiones. Tome las llaves del coche alquilado y me volteé para mirarla por última vez antes de salir.
- Espero estar temprano para la cena, pero no aseguro nada.
- No te preocupes te esperaré de todos modos –me sonrió con dulzura y un amor, que estaba seguro solo podía ser de parte de alguien que recibía el mismo amor.
- Te amo –dije antes de salir.
No fue difícil encontrara al alguien que me ayudara. El lugar en el que estábamos era muy turístico y de actividades deportivas y extremas, por lo que buscar implementos de seguridad tampoco me fue tan complicado. Me habían dicho que buscara a una persona en particular, un chico, el trabajaba en particular y era muy profesional, justo lo que yo necesitaba.
- ¿Jacob Black? –pregunté a un chico que se encontraba de espaldas a mí, mientras arreglaba unas cosas en una camioneta. El se volteó y me miró de frente, era tan alto como yo, pero su contextura era del mismo grosor como si se tratara de Emmett. Su piel era morena y una cálida sonrisa adornaba su rostro.
- El mismo –tendió su mano y con un fuerte apretón me presenté.
- Edward Cullen –miré distraídamente las cosas que había hechado sobre la camioneta y decidí ir directo al punto- me dijeron que eres uno de los mejores instructores en este tipo de cosas y que trabajas en particular –el solo asintió y siguió escuchando- bien, verás, necesito de tus servicios, pero deben ser para mañana, es algo importante y no se puede posponer.
Él pareció meditarlo durante un segundo y luego , después de cruzar los brazos por sobre su pecho me respondió.
- No suelo programar actividad en una fecha tan pegada al día actual, pero si me explica de que se trata podríamos hacer una excepción –no estaba nada feliz de tener que dar explicaciones, nunca las había dado, pues nunca hubo necesidad de exigirlas, pero como casi todo en esta aventura, se estaba convirtiendo en mis primeras veces, supuse que esta podría ser una de ellas.
Le expliqué de que se trataba intentando ser lo más sincero en cuanto a nuestra situación se trataba. Aunque fuera un poco extraño, hacerle este tipo de confidencias a alguien extraño, era sumamente necesario, en caso de que hubiera algún riesgo en cuanto a lo que íbamos a hacer. Para mí todo era riesgoso, pero para él no.
- Es una idea genial, tu novia es muy ingeniosa e cuanto a sus deseos, no se cuales serán los tuyos, pero debe ser una agrado tener que compartir los de ella, si todos son de ese tipo –dijo con una sonrisa más amplia y dándome una palmada en el brazo- acepto ayudarlos –me dijo luego- solo que me hacen falta unas cosas y no sé si pueda llegar a encargarlas, mi jefe está algo apretado en cuanto a algunas cosas.
- Por eso, no hay problema, dime el dinero que sea necesario y te lo doy, es necesario que esto se realice mañana, ¿si te doy el dinero puedes hacerlo no?
- Claro que sí, yo encargo lo que falta y tu solo debes estar con ella aquí a primera hora, confía en mí – y no me quedaba alternativa.
Debía confiar en este chico pues era mi única salvación, me había dicho que era el mejor y yo no me conformaría con menos. Le di el dinero necesario, asombrándome al pensar que sería más lo que él necesitaría, lo que de algún modo me hizo pensar que el chico estaba siendo honesto. Con un apretón de manos de despedida, casi corría casa, las horas se me habían pasado volando, pues el encontrar a Jacob Black no había sido nada fácil.
Estaba ya oscuro cuando estacioné en coche en la entrada de la casa. Las luces de la sala encendida y el sonido de la música inundando mi llegada. Abrí la puerta con sumo silencio en caso de que no hubiera escuchado la llegada del coche y comencé la búsqueda de Bella. En un principio, me asusté al no verla por ninguna parte, pero luego el leve murmullo de una sonrisa me alivió. Bella estaña escondida.
- ¡Marco! –dije colocando las llaves en la mesita de entrada.
- ¡Polo! –la voz de Bella un tanto lejana respondió a mi llamado, pero sin darme una pista de donde podía encontrarse.
- ¡Marco! –volví a llamar, dando algunos pasos hacia la escalera.
- ¡Polo! –ahora estaba seguro que estaba en el segundo piso. Subí con extrema calma, nadie me apresuraba y sinceramente me deleitaba el pensar que Bella ansiaba mi llegada y que mientras más me demorara más disfrutaría el verme.
- ¡Marco! –ya en la planta de arriba me detuve, para así escuchar en cuál de las habitaciones se encontraba Bella.
- ¡Polo! –estaba en la habitación, gemí en silencio al saber donde estaba. L a habitación se estaba convirtiendo en algo imposible para mí, cada vez que entraba en ella, miles de ideas se cruzaban en mi cabeza de lo que podríamos estar haciendo con Bella, en vez de tan solo dormir. Pero ya tenía planeado algo en mi cabeza y no pensaba arruinarlo ahora.
Cuando entré noté de inmediato el cambio. La cama no estaba en el mismo lugar, al igual que algunos muebles que se encontraban en otras posiciones.
- ¿Te gusta? -me preguntó Bella apareciendo por la puerta del baño- sin ti no hay mucho que hacer y me aburrí.
- Esta bien, me gusta –le comenté sonriendo con calma y sentándome en el sillón que estaba ajunto a la ventana- es solo que me preocupa que tanta agitación pudiera hacerte daño de alguna forma.
- Edward, mi enfermedad no me afecta en nada en que haga este tipo de cosas ¿crees que querría adelantar mi muerte y perder días de estar contigo? –peguntó haciendo que mi corazón se agitara dolorosamente, fruncí el ceño y la miré con tristeza.
Esto se estaba volviendo cada día más doloroso para mí y mucho más al tener que ocultárselo, hacerle creer que yo era el fuerte, darle ánimos, despertar alegre, mostrarme feliz, cuando en realidad por dentro, lo único que estaba comenzando a sentir era una ira enfermiza en contra de la vida y lo que me tocaba.
- ¿Por qué ambos? Quizás toso hubiera sido mucho más simple si solo yo debiera dejar este mundo y no tener que pensar que cada día que pasaba es llama en el interior de Bella se hacía cada vez más débil ¿Por qué Dios se creía con el derecho de arrebatarme algo tan hermoso como su presencia. Bella jamás hubiera sido capaz de dañar a alguien. Sin duda todos cometemos errores y en este caso el de Dios era el más grande.
- Lo siento –comencé a hablar luego de darme cuenta que había pasado mucho tiempo en silencio- me preocupa que te esfuerces sin necesidad, si no te gusta el lugar podemos irnos a un hotel o algo así, lo que tú quieras Bella.
- No es el lugar Edward –se acercó y se sentó junto a mí en el sillón, tomó mis manos con delicadeza y las guardo con cuidado entre las de ella- adoro estar aquí, donde podemos estar solos y compartir. Es solo que cuando tú te vas, no hago más que pensar en ti y viendo a cada instante el reloj para saber a qué hora volverás –al decir esto, el sonrojo comenzó a inundar su rostro, provocando en mí una sonrisa- y bueno, debo hacer algo para distraerme.
- Siento dejarte sola, pero no sería mejor cocinar –dije sabiendo que tal vez sonara algo machista- estaría encantado de ver la cocina destrozada si así me aseguro que no te pasará nada –me acomodé para quedar más cerca de ella y la miré a los ojos. Su cabello que hacía un marco en su rostro, cubría ligeramente su rostro haciendo que inevitablemente lo acomodara detrás de su oreja dejando mis manos en ese lugar- Te amo demasiado Bella –dije mientras mi corazón comenzaba a latir desbocado –y no soportaría estar separado de ti, más de lo que ya tengo que estarlo día por medio, solo te necesito a ti para poder seguir respirando Bella.
-Haces que el que solo te diga un "Te Amo" sea algo insignificante ante lo que has dicho –un tanto apresurada dijo aquellas palabras escondiendo su rostro en mi pecho- pero es lo que mejor resume lo que siento por ti, Te Amo Edward.
- Para mí es más que suficiente –la tomé con más fuerza contra mi pecho y así nos quedamos por un buen par de minutos hasta que sin poder evitarlo el hambre nos derrotó.
(Bella)
Había tenido un sueño bastante extraño y por nada del mundo quería que se hiciera realidad. Edward se alejaba de mí, no sabía hacia donde ni por qué, solo lo veía dar un cálida sonrisa para luego marcharse, yo lo veía caminar y no hacía nada, solo miraba.
- Bella –Edward me mirada con el ceo fruncido, claramente se había dado cuenta que algo no andaba bien conmigo- ¿Un mal sueño?
- Horrible, pero por favor no hablemos de ella, solo quiero olvidarla –pase mi mano por sobre su cintura y lo abracé con fuerza, él hizo lo mismo y besó mi cabello.
- ¿Estás preparado para cumplir tu deseo de hoy? He de admitir que estoy un poco temeroso ante esto, no por ti sino por mí, ya si algo llega a pasarte será todo responsabilidad mía, ¿crees que podría vivir con eso en la conciencia? –Edward sonrió con ganas al decir esto y luego se puso de pie- solo bromeo la conciencia no sería nada comparado con el hecho de perderte.
Se inclinó y me besó con rapidez para luego entrar en la ducha. Últimamente agradecía una enormidad la rapidez con que hacía algunas cosas para mantenerse alejado de mi, tenía claro que si nos manteníamos más de algunos segundos más de lo normal en un beso, sería casi imposible separarnos. El hecho de que ambos supiéramos que podíamos seguir aún más allá de los besos y si le sumábamos las hormonas enloquecidas en nosotros, aumentaba mucho más la temperatura entre nuestros cuerpos.
Suspiré resignada y me puse de pie buscando con calma lo que me pondría hoy. Edward había nombrado algo sobre nuestra aventura, por lo que pasando mentalmente las cosas en mi lista, tenía una idea bastante clara de lo que haríamos. Busqué la ropa más cómoda que tenía entre mis prendas y mientras lo hacía entre mis manos se deslizó aquel regalo que Alice me había hecho un día antes de emprender este viaje, me sonrojé al verlo y la imagen de el rostro de Edward al verme con él puesto se apareció en mi mente y fue una linda escena.
Lo volví a guardar justo en el momento en que escuchaba que Edward cortaba el agua de la ducha y salía con una toalla amarrada en su cintura.
- No haces nada para mantenerme a raya ¿eh?
- Lo siento olvidé llevar la ropa a baño, no volverá suceder –dijo algo nervioso, cosa totalmente rara en él, ya que en estos últimos días había sido precisamente sus actos los que nos habían llevado a más de una situación comprometedora y más en presencia de Tom, quien no había tenido nada que ver en esto el pobre.
- No hay problema –le dije con calma- ve por el desayuno mientras yo estoy lista, no creo que demore demasiado –Edward solo asintió y yo desaparecí tras la puerta del baño.
Estaba bastante emocionada por lo que me traería el día de hoy. Tenía perfectamente claro que hoy sería el día en que saltaría por un acantilado y la situación me tenía tanto emocionada como asustada. Quizás no fue una de mis mejores ideas, pero toda mi vida había soñado con aquello, sentir la libertad de volar y creer que solo yo existía en el mundo, que no había nadie más que yo para disfrutar de aquellos momentos que la madre naturaleza solo había sido capaz de dar a unos cuantos seres.
Admiraba enormemente a las aves, que podían ser libres de recorrer todo aquellos lugares al que sus instintos les decían donde ir, donde descansar, donde disfrutar de la frescura de un dulce lago o el simplemente tenderse en la tierra. Todo eso deseaba hacer, pero de una manera u otra se me había negado, ahora solo tenía que disfrutar de este pequeño momento que se me daba para solo alcanzar una parte de esto.
Terminé de bañarme y vistiéndome rápido salí hacia la cocina para encontrarme con Edward. Cuando llegué estaba con el ceño fruncido y se notaba que había cierto dejo de preocupación en su mirada.
- ¿Algo anda mal? –me acerqué a él y acaricié su espalda?
- Bella ¿Estás segura que quieres hacer esto? Es decir, será una caída libre solo el agua nos detendrá y no sé si podría soportar ver que te pasara algo, por favor medítalo un poco –se había volteado hasta quedar frente a mí y una mano afirmando mi mejilla, acariciándome lentamente.
- Vamos Edward, Dios ya nos dio nuestra fecha de despedida, no creo que sea tan malo como para adelantarlo unos días antes ¿no?, Disfrutemos de este momento por favor –sabía que mis palabras quizás fueran algo duran, pero solo eran la realidad y esperaba que Edward lo viera del mismo modo.
- Esta bien –se tomó el puentes de la nariz con sus estilizados dedos y asintió- cometamos esta locura.
Salimos de casa justo después de desayunar. Estaña emocionada, ansiosa y a cada instante le preguntaba cuanto faltaba. Parecía una pequeña niña que quería llegar pronto a su destino y no dejaba en paz a su pobre padre.
- Ahora si Bella ya llegamos –cuando Edward estacionó el coche a la orilla del camino, por un momento me sentí algo perdida, pero pronto mi vista comenzó a vislumbrar un hermoso paisaje el cual era posible gracias al corte de una camino dando paso a un acantilado de una altura bastante considerable.
Bajé casi corriendo del coche y me acerqué a la orilla. Era altísimo y ahora entendía un poco la preocupación que él traía a saber que saltaríamos por aquel risco.
- Creí que se habían arrepentido –dijo un voz masculina detrás de mí que no era la de Edward. Me volteé y me encontré de frente con un chico. Era casi de la misma altura que Edward, pero su apariencia era totalmente distinta. Tez morena, grandes brazos, cabello largo y una sonrisa amable- de saber que tu novia era tan hermosa habría aceptado de todos modos aunque no hubiera donde hacer esta actividad –dijo sonriendo, provocando que me sonrojara y que Edward gruñera.
- Claro –fue tapara por la espalda de mi novio, como si quisiera protegerme de las garras de aquel chico y pude notar como él retrocedía unos pasos- pero como has dicho es mi novia, por lo que de todos modos no sacas nada, ahora a lo que vinimos.
- Tranquilo hombre, nunca me metería con la mujer de otro –alzó sus manos como defendiéndose- ahora por qué mejor no nos preparamos para sus grandes saltos, por cierto soy Jacob –me dijo sonriendo y guiñándome un ojo consiente que Edward lo miraba.
- Vamos –nos encaminamos y seguimos a Jacob hasta donde se encontraban una gran cantidad de cosas, como cuerdas, cintas de seguridad, cadenas y otras cosas de las cuales no tenía ni la más mínima idea de lo que eran- espero que estás cosas sirvan de algo –Edward se había acercado a él y lo miró aún con el ceño fruncido.
- Claro que lo harán.
Después de eso, Jacob comenzó a indicarnos todo lo que debíamos hacer antes de lanzarnos por el acantilado, no sería una caída tan libre como habíamos pensado, pues era demasiado alto como para que unos principiantes como nosotros lo hiciéramos solos. Tendríamos que hacerlo atados a una cuerda en caso de algún peligro y deberíamos saltar con Jacob.
- Yo no saltaré contigo –dijo Edward de pronto, con la voz un poco más alta de lo normal.
- Lo siento, pero eres principiante y no tengo permitido dejar que lo hagas solo –Jacob lo miraba con cierta arrogancia y algo de triunfo en su voz.
-No soy principiante, ya he saltado este acantilado antes y muchas veces –yo lo miré extrañada, de que no me hubiera dicho antes que lo había hecho, quizás no tendría que haberle pedido a nadie que lo hiciera y nos habríamos evitado la presencia de este chico- lo hago siempre que vengo con mis hermanos.
- Esta bien, pero Bella debe hacerlo conmigo, son las reglas –pude ver que Edward no estaba muy contento con la idea, pero prefería mantener las cosas en calma y así evitar más de algún conflicto.
- Por mi está bien Edward, no hay problema.
Debo admitir que la experiencia fue sorprendente, pero mucho más si hubiera sido junto a él. Quería disfrutar de esto con él y con nadie más y claramente Jacob interrumpía aquello con lo que habíamos soñado ambos.
El aire por cada rincón de mi cuerpo, el sentir que en un momento solo estás planeando, como un ave, como si el tiempo se congelara y estuvieras en el aire por un tiempo indefinido y de pronto, el golpe, no uno fuerte ni doloroso, sino el del cambio, del planear en el aire y luego en el agua. De pronto sentí que Jacob separaba las amarras de los dos y los brazos de Edward rodeándome. Había saltado junto a nosotros, para llegar juntos al agua.
- ¿Lo disfrutaste? –al parecer el ceño fruncido no se le desaparecería hasta que volviéramos a casa.
- Demasiado Edward gracias.
Flotamos un poco más en el agua solo en silencio y sinceramente comenzaba a ser tan incómodo que preferí llegar a la idea de volver a casa. Nos despedimos de Jacob, yo con un adiós y Edward solo con una inclinación de cabeza.
- Vuelve cuando quieras Bella.
Si el silencio de antes había sido incómodo, el del coche fue aún peor, me sentía como si hubiera cometido algún erro en desear esto, como si, por Dios, como si él nunca lo hubiera hecho. Tenía el volante tan apretado que sus nudillos llegaban a verse blancos, su respiración agitada y no me miró en ningún momento hasta llegar a casa. Abrió mi puerta y me ayudó a bajar, pero una vez que entramos a casa ya no lo pude soportar.
- ¿Se puede saber qué diablos te pasa Edward? –grité ya fuera de control.
- ¿Qué qué me pasa? Por Dios y aún lo preguntas, es que no te diste cuenta que ese tipo te comía con los ojos y tu no tuviste ningún problema en lanzarte con él –dijo en el mismo tono que yo- no te quitaba la vista Bella, tuve que frenarme más de una vez para no darle un puñetazo o algo más el muy descarado y más encima te quiñe el ojo y tu simplemente no le dices nada y te lanzas con él, Dios –se lanzó contra el sillón y se paró nuevamente.
- ¿Qué querías que hiciera? –le dije un poco más tranquila sabiendo de que se trataba su humor.
- No lo sé, que dejáramos esto para otro día hasta que encontrara a alguien de mil años que no te mirara –me había dado la espalda- Santo cielo si hasta parecía que te gustara estar con él –se había volteado y me mirada con dolor.
Pero justo en el momento en que pensaba contestarle, otra voz me lo impidió.
- Hemos llegado familia –Alice había aparecido frente a la puerta con una gran sonrisa.
- La guinda de la torta –murmuró Edward antes de darme una última mirada y subir la escalera.
Hora de malcriar a esta esclava a sus servicios, espero que les haya gustado, besos. Con cariño, Philana.
