Disclaimer: ¿otra vez? Bueno, Naruto no me pertenece, si fuera así pues no sería tan yaoi jajajajaja, chiste, chiste.
− Bueeeeeeeenas lamento llegar tan tarde pero nos topamos con algo muy malo: exámenes. Y como todo graduados de secundaria media baja no estábamos preparados (pero al menos llegué a finales) Para resumir ya tengo pensado los dos capítulos siguientes así que no van a tardar tanto. Sin nada más que decir los dejo con el capitulo número 4.
− Che me parece que estamos decayendo con la calidad de este fic.
− Que importa, eso se compensa con que los capítulos son más largos.
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Cap. 04: "Utilizados"
− ¿Quién eres? − Le preguntó una niña de 9 años que estaba parada delante de él.
− ¿Quién soy? − Repitió como una cotorra, se llevó una mano a la cara por el dolor de su cabeza − Yo… no lo se −
Serró sus ojos por el punzante dolor de su cabeza que con cada segundo aumentaba.
− ¿No lo sabes? − Oyó decir a la niña, pero su voz estaba distorsionada.
− Mi nombre… es… −
…
− Y al parecer eso es lo que planea Akatsuki − Le dijo un hombre vendado al Kasekage.
− Ya veo − Dijo Gaara llevándose una mano a la barbilla − ¿Y qué piensas hacer?
− Si todo sale como lo planee, no habrá ningún problema… salvo que me muera − Contestó de forma divertida.
− En ese caso tendríamos que informar a Konoha de que planean atacarlos.
− Si, pero habría que ocultar cuál es la verdadera razón del ataque.
− ¿Y eso por qué?
− No lo sé, pero creo que ayudaría.
− Sabes sobre quién estás hablando ¿verdad?
− Creo que darle a Konoha los detalles sobre su ataque no haría más que estorbar −. Contestó pero al ver como su compañero lo miraba agregó − no te preocupes no les pasará nada, además envié a Sack para que ayude lo único que podemos hacer es confiar en ese loco.
− Sólo espero que no nos delate −. Murmuró para sí − ¿Sabes cuando será?
− Bueno, aún se está planeando… y tengo otras cosas que hacer, así que te avisaré si descubro algo nuevo.
− ¿Qué conseguiste en Soragakure (AldeaOculta en elCielo)?
− Básicamente nada.
Flashback −−
Caminaba tranquilo por los pasillos del edificio principal de Soragakure. Se detuvo para apreciar la vista que ofrecían las ventanas que adornaban el pasillo. Sonrió al ver la tranquilidad que reinaba en el océano, las olas crecían ajenas al peligro que se aproximaba, los animales danzaban sin preocupación alguna sobre el futuro. Por un momento recordó lo que se sentía. Pero una voz lo arrastró a la realidad.
− Lo están esperando, señor.
La voz era extraña, chillona y distorsionada, no era humana. Se giró hacia el origen de esa voz y notó como un cuerpo de metal se alzaba delante de él. Era una armadura de batalla de aproximadamente 3 metros y medio, de color blanco brillaba con cada rayo de sol que tocaba el metal. Su casco era irregular, demasiado pequeño para semejante cuerpo. Una cavidad horizontal soltaba una intensa luz roja dónde debían estar sus ojos. Armado con una lanza más larga que su cuerpo, la armadura viviente se limitó a guiarlo por los pasillos hasta dar con una puerta de madera negra que marcaba el fin del camino.
− Aquí es, señor −.
El gigante metálico se colocó a un costado de la puerta igual que un guardia de seguridad.
− Gracias −. Se limitó a decir observando como la luz de los ojos de la armadura iba disminuyendo con cada segundo hasta apagarse.
Abrió la puerta entrando a una habitación circular y vacía. El sitio era increíblemente liso tanto la pared como el suelo. La iluminación era escasa y se concentraba en una esfera de 50 cm. incrustada en el suelo, justo en el centro de la habitación.
Se acercó a la luminosa esfera hasta estar a pocos de ella. Inmóvil y tranquilo observó su reflejo en el cristal, no recordaba cuando fue la última vez que se miró a un espejo. Llevó una mano a su cara para tocar la textura de las vendas que la cubría, quiso sacárselas pero desistió dejando caer su mano. Pero su reflejo no parecía pensar lo mismo. Destrozando las vendas su reflejo le reveló un rostro desfigurado por las cicatrices de cortes y quemaduras. Su ojo derecho estaba completamente negro y el otro era tapado por el parpado que estaba cosido a la piel. Sus labios estaban completamente quemados tenían un color marrón oscuro, como la carne cocida. Pero lo que resaltaba más era su falta de nariz dejándole en su lugar una cicatriz en forma de estrella de ocho puntas, como si se le hubiera explotado, haciendo su cara plana más horripilante.
Sonriendo maliciosamente su reflejo se divertía por su acción mostrando la falta de la mayoría de los dientes. Sin reacción alguna el original miraba su rostro. De improvisto su reflejo golpeó el cristal como si quisiera salir de él.
− ¡No puedes evitarme por siempre! −. Gritó con odio y veneno.
Entonces el sonido del mayete (mazo de madera que usan los jueces) interrumpió en la habitación transformándola. Donde antes estaba el techo ahora se encontraba el cielo mismo enseñando un sin fin de estrellas, el suelo había desaparecido dejando lugar al planeta mismo como si fuera visto desde la luna, la iluminación había sido remplazada por la luz de un gigantesco sol a sólo pocos metros de distancia. Al poco tiempo aparecieron cuatro personas cubiertas por telas negras mostrando sólo unos centímetros de piel correspondientes a sus labios y sus mentones.
− ¿Qué haces aquí, "propagador de destrucción"? −. Preguntó uno de ellos, su voz era joven y serena, decían que podía tranquilizar hasta al más violento animal.
− Oigan que aún no he destruido nada −. Se excusó el nombrado.
− No tenemos tiempo para tus burlas –. Dijo otro de los sujetos, su voz imponente y grave mostraba enojo y fuerza ante el visitante – Tu regreso no trae más que disgusto a nuestra tierra.
− Hace poco me crucé con una armadura que caminaba por si sola y...
− Es una máquina, creadas para la seguridad de la aldea – Aclaró una voz gastada por los años, llena de sabiduría.
− ¿O sea que tienen más?
− ¿Podemos saltarnos las estupideces e ir al grano? – Interrumpió una voz femenina e intranquila.
− Ella tiene razón −. Respondió la voz más joven.
− Bien, si ese es el caso quiero que me ayuden para evitar el fin del mundo – Concluyó al fin el hombre vendado.
− Ya hemos discutido sobre eso – Dijo la voz joven −. Incluso esa fue la razón por la que viniste la primera vez.
− Además sabes que no nos involucramos con la gente de la superficie – Agregó la voz grave.
− Si no me ayudan y algo sale mal deberían saber que con "mundo" también me refiero a ustedes −
El silencio se impuso durante lo que parecieron horas, era obvio que tenía razón, pero hace muchos años que habían dejado de relacionarse con lo que llamaban "el resto del mundo". Aislándose de todo su aldea había conseguido la ansiada paz, para ellos era una locura meterse en un mundo gobernado por la guerra.
− Miren, acabo de volver del templo de Jikan y…
− Sabemos lo que has hecho – Interrumpió la voz gastada.
− "¿Acaso nadie me va a dejar hablar?"
− Tenemos las mismas habilidades de Jikan−san. Los hemos estado vigilando tanto a ti como a él −. Volvió a hablar la vos grave.
− ¿y no piensan hacer nada?
− Hemos estado viendo a través de tus ojos todo este tiempo. No hay nada que no sepamos, incluso tus problemas mentales están siendo registrados −. Dijo el anciano.
− "¿Problemas mentales? Si creen eso no tengo por que preocuparme"
− Por favor, entiende que sabiendo lo que tú sabes, es imposible que el futuro sea algo diferente al caos. Sabiamente has elegido el futuro con más oportunidades para vencer pero también con un terrible destino si fallas.
− Es por eso que quiero su ayuda –
− Pero quizás nuestra ayuda sea lo que evite tu triunfo. El futuro no es una línea recta y no importa cuanto lo intentemos es imposible saber con exactitud lo que pasará. El simple hecho de ser informado sobre lo que pasará cariará inevitablemente el resultado final. Cuando te conectaste con tu yo futuro, éste te informó de que la razón de la erradicación de la vida fue una persona en particular. Una mujer que tú conoces. Si es de tu pasado o de tu presente aún no lo sabes y si esa mujer llegara a ser de tu presente con más razón evitaríamos involucrarnos en esta lucha –. Finalizó dirigiendo su mirada hacia la única mujer del grupo que hasta entonces había permanecido callada.
− ¿Por qué me miras como si me estuvieras acusando? −. Preguntó extrañada.
− No es que hallas hablado mucho el día de hoy – Respondió la voz joven
− Púdrete Taro, antes de empezar con esta estupidez ya les dije que mi respuesta no será diferente a la última vez. Yo tengo una aldea propia a la cual cuidar y me importa más su porvenir que su actual seguridad. Ya estamos involucrados en esta guerra queramos o no, una de las cabezas de Akatsuki es un miembro de mi aldea, es nuestra responsabilidad matarlo. Además no me quedaré sentada con miedo mientras todos se mueren por mí.
Fin del flashback
− Después de otro sermón me fui.
− Parece que de verdad no harán nada – Dijo Gaara.
− No me preocupa lo que piensen ahora, sino lo que piensen después.
− ¿A qué te refieres? Ya sabíamos que Kimiko nos ayudaría pero los otros…
− Ya sembré la semilla de la duda en ellos, ahora sólo falta esperar a que actúen según sus decisiones personales.
− ¿Los estás manipulando?
− Yo no lo llamaría de esa forma. Sería algo así como "Piénsenlo" Igual no tengo tiempo para estarlos convenciendo. Ahora mismo estoy en un calabozo de Akatsuki.
− ¿Cómo es eso posible? – Preguntó Gaara sorprendido.
− Te olvidas que soy un genio del bushin – Tranquilizó antes de desaparecer en una explosión.
En las instalaciones subterráneas de la base anbu de Konoha, más específicamente en la zona de interrogación, el sonido de los múltiples gritos llenaba el lugar, gritos de dolor y locura.
Sack estaba sentado en una silla, inmovilizado por las ataduras que lo sujetaban a su asiento. Le habían quitado todas sus pertenencias a excepción de su mascara que, después de varios intentos, no pudieron retirarla. Sack observaba como su interrogador perteneciente al clan Yamanaka, se retorcía se dolor en el suelo. Ayudado por sus compañeros, gritaba como un animal salvaje, sin proferir palabra alguna. Ya les había advertido sobre las consecuencias de explorar su mente, no era la primera vez que sucedía, de hecho, el Yamanaka tenía suerte de estar conciente.
− ¿Ya puedo irme? − Le preguntó a Ibiki sin molestarse por los gritos.
Ibiki no respondió, sólo lo desató y le dejó el camino libre. Ya le había contestado todas sus preguntas, pero el hecho de haberse negado a respondes sobre sus planes en la villa los obligó a profanar su mente y haciendo caso omiso a las advertencias de Sack, dio permiso al acto.
Sack recogió sus cosas, se detuvo al frente del grupo de ninjas que intentaban tranquilizar al Yamanaka pero sus intentos de parar las convulsiones eran en vano.
− Sólo hay una forma de tranquilizarlo.
− Entonces hazla − pidió Ibiki
Apartando a uno de los ninjas Sack golpeó con fuerza y precisión la frente del Yamanaka, dejándolo KO al instante.
− Se despertará en un par de horas − Les dijo antes de retirarse.
Caminó entre los pasillos hasta que llegar a la salida dónde se detuvo para observar la ubicación del cuartel. Siguió su camino hacia donde debía estar el edificio central. Notó como los aldeanos lo miraban con miedo y desconfianza. No le importó mucho, era normal que en estos tiempos la gente desconfiara de todos.
Pero por despistado se chocó con un anciano que calló sentado al suelo.
− ¡Huy, disculpe! No estaba mirando por donde caminaba, ¿se encuentra bien? − Se disculpó mientras ayudaba al viejo a pararse.
− No te preocupes joven mis huesos son fuertes −
− ¡Que bueno! De verdad me disculpo mucho, estaba distraído mirando el sol −
− Entonces tendrás que tener mucho cuidado porque el sol siempre estará allí −
Sin decir nada más se alejaron cada uno por su lado.
Ubicado en las catacumbas de uno de los fuertes más secretos de Akatsuki y encerrado en uno de sus calabozos otra persona estaba en una situación parecida a la de Sack. Pero el ambiente era muy diferente. Para empezar el suelo y las paredes estaban llenos de suciedad, desde moho hasta la sangre coagulada de algún infeliz. El aire poseía olor que asfixiaba era una mezcla de carne podrida, orina y quien sabe que más. Los gritos abundaban desde llantos hasta pedidos de auxilio y de piedad. Pero sólo una habitación estaba en silencio a no ser por el ruido de los constantes golpes.
Atado con cadenas que absorbían chakra una persona era interrogada a base de golpes a puño limpio pero no parecía ser efectivo. Sus carceleros cabreados y cansados optaron por cambiar de estrategia y tomando un balde con agua, rociaron a su victima.
− No sabía que daban baños –. Se burló el interrogado.
− El agua conduce mejor la electricidad en el cuerpo –. Le contestaron profiriendo risas burlonas −. Sabes antes cuando llegaste me preguntaba para que necesitabas tantas vendas. Pero ahora que te veo sin ellas pienso que hice mal en quitártelas, eres un asco.
Todos rieron por el iluso chiste incluyendo al encarcelado.
− Entonces eso es algo que ya no tendremos en común.
Y sonriendo como si supiese lo que fuera a pasar, las luces de la habitación se apagaron sorprendiendo a los carceleros y en la penumbra del lugar el sonido de una persona ahogándose en su propia sangre se hacía en ese lugar. Para cuando se encendieron las luces el suelo era un mar de sangre y la única persona en pie era una niña de 12 años, sus ojos y su pelo brillaban rojos y su cabello caía lacio hasta la mitad de su espalda sujetada en forma de cola. Vestía un pantalón corto hasta las rodillas de color violeta, una remera blanca de manga corta que era cubierta por una campera de tela negra sin mangas, llevaba muñequeras y tobilleras que funcionaban como pesas.
− Creí que nunca llegarías Kana –. Dijo tranquilo viendo como la niña se acercaba.
− Cállate nii−san, es por su culpa por ponerme pesas –. Se quejó Kana poniéndose detrás de su hermano y maestro para destrozar las cadenas que le impedían su movimiento.
− No te quejes tú eres la que quiere entrenar.
− Hum –. Mirando hacia otro lado molesta, Kana se dirigió a la salida pero antes de que abriera la puerta su hermano la detuvo apoyando su mano sobre la puerta.
− Esta parte me toca a mí y no conviene que me acompañes – Pronunció apartándola de la puerta.
− No soy una niña a la que debes cuidar, sé defenderme sola y que mi forma humana sea la de una niña de 12 años no quiere decir que de verdad lo sea.
− Kana ambos sabemos que eso no es verdad – Corrigió decisivo – Es cierto que casi todos los kitsunes tienen ese tipo de desarrollo, pero tú no eres el caso y es por eso que estás conmigo.
Kana no respondió, se limitó a mirar a un costado evitando verle el rostro.
− ¿Qué hay con Sack? – Preguntó éste al fin.
− No lo sé, antes de irme lo estaban llevando para interrogarlo −. Respondió con notable molestia.
El hombre sólo suspiró, sabía que a ella no le gustaba que mencionaran su malformación pero era necesario recordárselo, siempre le había dicho que si quería llegar a lo más alto debía hacerlo siendo ella misma, no quien le hacían creer.
− Regresa con Sack y que te informe de sus avances yo me les uniré luego −. Le ordenó su sensei y obedeció haciendo una serie de sellos desapareciendo en un torbellino de viento.
Él juntó sus manos entrelazando sus dedos y todo su cuerpo volvió a estar rodeado de vendas. Después realizó una serie de numerosos sellos en unos pocos segundos y en un mudo aplauso de entre sus vendajes empezó a salir un líquido blanco que empezó a tomar la forma de placas de metal que rodeaban ambos brazos, ese mismo líquido se transformó en tela alrededor de sus piernas creando un pantalón. Con su nueva vestimenta ató su katana a su cinturón y salió de la habitación deteniéndose en el medio del corredor escuchando los numerosos gritos que provenían de las otras habitaciones.
− Es hora de buscar más información, no me tardaré mucho.
− ¿En serio? Que lástima, esperaba que pudiéramos charlar un poco – dijo un hombre cubierto por las sombras.
Al mismo tiempo, Tsunade estaba teniendo una fuerte discusión con su alumna más joven.
− Ya les dije que no puedo decir nada acerca de él − Repitió la Hokage, al frente de ella estaban Sasuke y Sakura, Kakashi tuvo que ir al hospital por las heridas de su brazo.
− ¿Acaso es secreto? Todos en la aldea ya lo debieron haber visto, creo que nos deberían haber informado de que vendría − Dijo Sasuke molesto.
− No había razón para hacerlo, su traslado es parte del trato con Kagegakure, pensábamos mantener su transferencia en secreto y hacer como que nunca hubiera pasado –
− ¿Un trato? – Preguntó Sakura extrañada, nunca se había mencionado nada sobre una alianza − ¿Desde hace cuánto estuvieron planeando su traslado?
− Diablos – Dijo la Hokague, al parecer había hablado de más −. Lo único que voy a decirles es que firmó una alianza con Kagegakure que involucraba ciertos requisitos y uno de ellos era que él viniera a vivir a esta aldea.
− ¿Y porqué él? −.
Tsunade no les iba a contestar, de hecho pensaba ordenarles nunca volver a mencionar el tema pero unos golpes en la puerta llamaban por su atención. Estaba a punto de ordenar que entraran pero la persona que golpeó se había invitado sola.
Entrando y discutiendo Sack y Kana no parecían querer mostrar el más mínimo respeto por la privacidad.
− ¡Ten un poco más de respeto y espera a que te digan que abras! –. Gritó Kana en su forma humana antes de que Sack abriera la puerta.
− Y yo digo que nos confundimos de habitación −. Opinó Sack abriendo la puerta en su totalidad viendo quienes estaban dentro.
En ese momento nadie dijo nada, Tsunade miraba con enojo a Sack por su insolencia y tanto Sakura como Sasuke tenían la mirada fija en la niña.
− ¿Ves? Te dije que no era aquí −. Dijo Sack haciendo enojar aún más tanto a Tsunade como a Kana.
− ¿Cómo que no? ¿Acaso eres siego? ¡La que está ahí sentadota es la Hokague! −. Bramó Kana perdiendo los estribos.
Sack miró unos segundos a Tsunade, ésta cambió su mirada de odio a una más serena creyendo que las cosas se pondrían más serias ahora, pero estaba muy equivocada. Girándose hacia su compañera Sack levantó su brazo señalando a Tsunade y, poniendo a todos los que estaban en la habitación de cabeza, gritó:
− ¡NO JODAS! ¿Esa es la Hokague? ¡Eso es imposible! ¡Ootoko−sama dijo que la Hokague era una vieja de unos 60 años! – Al decir eso todos menos él sintieron un escalofrío subiendo por su columna y giraron sus hacia la recién nombrada – ¡Ella no puede tener 60! O sea ¡Mira sus tetas! ¡Una vieja de 60 no puede tener semejante par de tetas! ¡Sería anormal! ¡Tendrían que estarle colgando debajo de la cintura!
Para ese momento Tsunade ya estaba a unos pasos de él, cuando Sack giró su cabeza la Senju tenía un aura oscura cubriendo su cuerpo, sus ojos brillaban blancos y su puño estaba azul de tanto chakra acumulado.
Golpeando en el centro de la mascara mandó a volar a Sack destrozando las paredes que lo obstaculizaban, cuando tocó el suelo empezó a rodar violentamente dejando todo el camino marcado. Dentro de la oficina Sasuke se preguntaba si la persona que había salido disparada por la pared era la misma que se habían encontrado en el bosque. Sakura sujetaba a su maestra que deseaba salir para seguir golpeando a Sack. En cambio Kana rebosaba de felicidad riendo mientras decía: "¡Al fin alguien lo golpea!"
5 minutos después la oficina estaba silenciosa como una tumba, nadie se atrevía a decir nada. Tsunade había termina desquitándose con su escritorio al ser detenida por Sakura cuando quiso perseguir a Sack. Pero eso no la alivió del todo, aún estaba colérica por los comentarios del nuevo ninja. Así que sentándose en su silla intentó tranquilizarse.
Instantáneamente llegó el sonido de pequeños golpes detrás de la puerta.
− ¿Ahora se te ocurre golpear? – Bramó Kana.
− Ef que golpea maf fuedte que Madin – Le respondieron del otro lado.
− "¿Qué Marin?" – Se preguntó mentalmente la kitsune incrédula.
De un tirón abrió la puerta. Al ver el estado de Sack sus ojos se abrieron como platos quedándose paralizada. Toda la ropa de Sack estaba más destrozada de lo normal y ya no tenía su capa. Él no presentaba heridas más que raspones y moretones, pero lo que más la sorprendió era que su mascara estaba totalmente agrietada.
Esa máscara estaba echa de chakra puro y natural lo que le daba una increíble dureza. Ella misma usaba una pechera de ese mismo material debajo de su remera. La pechera era mucho mas fina que la máscara de Sack e incluso así, en una pelea de hace mucho tiempo, había destrozado una espada en pedazos cuando hicieron contacto y la pechera no tenía rasguño alguno.
Ser capaz de dañar de esa forma tal máscara con un solo golpe era algo monstruoso.
Sack entró a la habitación sacudiendo la melena roja de Kana para tranquilizarla. Una vez que estaba en frente del escritorio nuevo, habló
− Jejejeje, lamento lo de hace rato.
Tsunade no hizo nada más que suspirar profundamente invocando a su paz interior mientras que el sujeto que ponía a prueba su paciencia reía nervioso escondido detrás de su destrozada máscara.
− De acuerdo dejaré pasar esta –. Contestó al fin – Pero a cambio quiero respuestas.
− Me lo imaginaba −. Comentó Sack en voz alta y volteando su cabeza para ver a Sakura y a Sasuke agregó − ¿Y ellos están calificados para escuchar?
Ambos juunins se alteraron por la pregunta de Sack. Quizá tengan prohibido saber nada a cerca de él, pero al menos se merecían una explicación.
La primera en hablar fue Sakura − ¡Yo no pienso retirarme! −. Exclamó.
− ¡Ya hemos discutido sobre esto! ¡Ahora se irán a sus puestos de vigilancia como buenos shinobis de elite que son y no harán berrinches como unos malditos niños! ¡No tengo tiempo para estupideces!
Tanto Sakura como Sasuke se quedaron mudos ante tal frenesí. Tragándose toda palabra que quisieran decir se retiraron de la habitación, contradecir sus órdenes en ese momento sería una locura. Aquel grito se escucho es cada habitación de ese edificio, en cada calle de la aldea y en cada rincón de cada casa. Nadie supo el motivo de tal grito, pero a gran parte de los habitantes sintió una sensación de deja vu. Hace mucho tiempo que nadie escuchaba esa clase de gritos de parte de la Hokague.
− Waw –. Pronunció Kana ante la imponente postura que poseía la Hokague.
− Sieeerto –. Susurró Sack – "Ya no podré hacer más bromas en este lugar"
− ¿Y tú quién eres? –. Exclamó Tsunade observando a Kana con suma seriedad haciendo que la niña se tensara de la impresión. Sólo tardó unos segundos en recobrar su postura anterior.
− Mi nombre es Kana Kasai, shinobi de Kaguegakure y me ordenaron vigilar a este baka −. Dijo mirando de reojo a Sack con disgusto – Además se me ordenó entregarle un mensaje.
− ¿Vigilar? ¿Y qué tipo mensaje? – Preguntó Tsunade intrigada.
− Eso ¿Por qué me tienes que vigilarme? – Se quejó Sack.
− ¡Será porque eres un idiota!
− No necesito una niñera de 12 años.
− ¡Si no fuera por mí no hubieras encontrado el camino para llegar!
− ¡Ya cállense! –. Gritó Tsunade golpeando la mesa conteniéndose lo suficiente como para no romperla.
− Lo−lo lamento, aquí está el mensaje –. Se disculpó entregándole un fino pergamino de bordes dorados.
La Hokague tomó el pergamino y al leer su contenido no pudo esconder la expresión de sorpresa que formó en su rostro.
− ¿Qué tan seguros están de esta información? −. Cuestionó
− 100 % uno de nuestros espías están en ese lugar.
− Según lo que pone aquí esa persona es un prisionero.
− Es cierto pero antes de que la atraparan pudo entregarnos su ubicación, toda la información que no ha enviado es de suma importancia y es necesario que la rescatemos ya que puede ser necesaria para misiones futuras, además nos ha estado dando información aún en prisión pero debido a la vigilancia ésta no ha sido mucha.
− Sólo hay dos personas capases de hacer eso y nadie es capas de encerrarlos de tal manera de que no puedan liberarse por si solos −. Interrumpió Sack impresionado por el comentario de Kana − ¿De quién estamos hablando?
− De Marin−san –
− Eso contradice la información que nos das, Marin es la mejor en sigilo, incluso mejor que sempai. Ni siquiera con el byakugan es posible descubrirla aún si está a unos centímetros de ti.
− Es por eso que es tan urgente que vallamos a buscarla, si la pudieron descubrir, atrapar y encerrar significa que Akatsuki se está reorganizando y haciéndose más fuerte de lo que ya de por sí es.
− A mi me suena a una trampa.
− Pero no lo sabremos si no nos arriesgamos −. Esta vez la que interrumpió fue Tsunade, pero fue de una forma tan tranquila, simple y serena que sorprendía que ase no más de 5 minutos estaba iracunda.
− ¿Está considerando enviar a un grupo de sus shinobis a una misión suicida? ¿Por qué? Marin no es de su aldea, no tendría porque preocuparse −. Cuestionó Sack confundido.
− ¿Qué clase de Hokague sería si no ayudo a mis aliados? Desde hace 10 años que Akatsuki ha atacado aleatoriamente a todas las aldeas y hace poco tiempo empezaron a emplear estrategias más complejas con mayor número de soldados, lo que quiere decir que los primeros ataques no eran más que simples pruebas para averiguar nuestras debilidades. Si tenemos la posibilidad de obtener la información que obtuvo su espía además de averiguar como están organizadas las instalaciones de Akatsuki, vale la pena intentarlo. Además no es que enviaré a cualquier shinobi a tal misión, en este pergamino dice que debes ir especialmente tú −. Dijo sonriendo ¿Disfrutaba con eso?
− ¡¿YO?
− Si, tú y un grupo de los mejores shinobis que tengo irán, también menciona que se juntarán con tu anterior grupo antes de infiltrarse. En sí es una misión para comprobar la efectividad del trabajo en equipo de ambas aldeas.
− Eso lo facilitará un poco pero no me convence.
− Eso no me importa tienes que hacer lo que te ordene. Así que descansa, mañana mismo salen.
Una gran gota calló por la cabeza de Sack, no era que no le gustara cumplir con las órdenes que le daban, pero era la primera vez que le decían en la cara que sus opiniones no valían nada.
− De acuerdo ¿Qué más quiere?
− Quiero que me digas todo lo relacionado entre tú y el kyubi, y que te quites la máscara.
− Jajajajaja –. La risa resonaba alegre por la calle, producida por una niña pelirroja que caminaba junto a un hombre con la ropa destrozada.
− ¿Quieres dejar de reírte? −. Se quejó Sack molesto
− Perdona pero es que siempre quise ver como te golpeaban y ahora que lo hicieron voy a recordártelo por el resto de tu vida.
− Se supone que soy yo el que molesta.
− Pero ahora eso cambió bebé.
Sack no dijo más, en ese momento se dirigían a la casa que le asignaron para vivir y ahora tenía cosas más importantes que hacer. En su mente estaba planeando todo lo que debía hacer, cada paso que dar, cada precaución por tomar. De la nada calló en la cuenta de algo.
− ¿Notaste algo inusual mientras hablaba con la Hokague? −. Le preguntó a Kana, deseando que estar equivocado.
− No, nada −. Contestó ella, recordando cada detalle. Pero entonces lo vio – Espera un segundo… ¿Ella sabía que le mentías?
− Así parece −. Suspiró Sack un poco deprimido – No vi ningún cambio en su rostro mientras hablábamos, ni de sorpresa, ni duda, además es como si supiera que le iba a mentir. No me gusta.
− Eso cambia mucho nuestros planes, si saben que les mentías quiere decir que saben que…
− No lo digas –. Murmuró despacio – Nos siguen.
− ¿He? −. No lo había notado pero era verdad, los estaban vigilando.
− Que sepa que estaba mintiendo no quiere decir que sepa todo −. La voz de Sack era solo casi inaudible, sólo lo podían oír él y Kana.
− ¿Y qué haremos? –. Cuestionó Kana al mismo volumen que él.
− Seguiremos con el plan sólo que lo haremos más rápido y con menos discreción.
− Es muy arriesgado y esta misión es muy importante y cumplirla es aún más. Si se nos escapa el mínimo detalle lo arruinaría todo y sabes lo que eso significa ¿Verdad?
− No te preocupes no se darán cuenta
− Eso espero porque si nos descubren y se echa todo a perder te juro que te mato.
Ambos se detuvieron en seco observándose detenidamente, ninguno de los dos titubeaba ante el otro. Sack sabía que esa amenaza era de verdad, Kana aún en su corta edad no era de decir amenazas a la ligera, si decía que te mataría entonces lo haría. Pero él no tenía pensado fallar, no se podía dar el lujo. Muchos asuntos estaban en juego, la alianza no era más que una tapadera ante sus verdaderos motivos pero también era un peso más que llevar. Si lo descubrían no sólo se estropearía su plan, sino que arriesgaría a su propia aldea a una guerra con Konoha junto con todos sus aliados. Si eso ocurría ya podrían darse por vencidos.
− Tú sólo has tu parte, yo me ocupo del resto −. Contestó retomando el camino – Busca las tumbas, esta noche sacaremos los cuerpos.
− ¿Todos juntos? ¿No crees que sea muy apresurado? Digo, de seguro habrán puesto sellos o jutsus para impedir que los profanen.
− Si, quizás los hallan puesto en la tumba de Naruto pero dudo que pensaran en las tumbas de sus padres.
