Disclaimer: ¡No voy a seguir poniendo esto porque ya todos lo saben!
NOTA: Ya sé que dije que este capitulo no iba a tardar tanto, pero gracias a mis hermanos he tenido que reescribir todo y para colmo no me gusta como quedó este capitulo. ¿Por qué será que la compu se rompió cuando ellos la tocaron? ¿Por qué todo lo que tocan se quema? Uno de los misterios del universo. El primer capítulo 5 si me gustaba y era mucho mejor que éste así de simple, no se ustedes si les gustará. Así que me dejo de excusas, ahora tengo que reescribir el cap 6 y ya tengo muchos problemas con eso. Este capítulo fue escrito de noche, no se si ustedes como lectores o escritores notarán alguna diferencia.
Cap. 05: Kurogitsune (Zorro Negro)
La oscuridad dificultaba su visión pero no le molestaba, veía claramente los objetos de su alrededor pero le molestaba no poder distinguir nada en la distancia. Se detuvo en la rama de un árbol para escuchar cualquier cosa que sonara extraño, ajeno a la naturaleza. Se sorprendió al escuchar los aullidos de los animales que escapaban aterrados. Aves, oso, zorros, insectos se ocultaban en sus madrigueras ante la presencia de algo más grande que ellos. Y como un sordo, no escuchó nada más.
El sonido del aire cortándose lo alertó de un ataque y agachándose esquivó la estocada horizontal de su enemigo. Saltó hacia el suelo y dando una pirueta en el aire esquivó numerosos shurikens que le había lanzado, cayendo de pie en el césped.
− ¿Cuándo dejaremos de jugar al gato y el ratón? –. Le preguntó su perseguidor.
− Cuando dejes de perseguirme –. Le contestó.
Vio como su enemigo daba un pequeño salto adelante cayendo recto hacia el suelo, pero a medio metro de llegar se mantuvo suspendido en el aire unos segundos. Se acercó unos pasos deteniéndose donde pasaba una has de luz producto de la luna. La luz de la luna hizo brillar su pelo blanco lacio con un mechón que le tapaba su ojo derecho. El ojo visible se mantenía serrado y alegre, mientras su boca sonreía de manera inocente y amigable. No tendría más de 20 años, pero aún en su corta edad ya era uno de los cabecillas de Akatsuki, su ropa revelaba ese detalle. Vestía un haori blanco y bajo esta chaqueta tenía puesto la túnica negra con nubes rojas que caracterizaban a la organización.
− No te estaría persiguiendo si es que no te metieras en nuestro camino y tampoco si no hubieras destruido mi base −. Dijo sonriente – Si dejaras de entrometerte no estarías tan herido como para usar tantas vendas.
− Yasuhiro Ebisawa, tan alegre como siempre –. Nombró el hombre vendado – No uso estas vendas por mis heridas, sino porque se ven cool.
El nombrado aumentó su sonrisa, lentamente levantó su brazo abriendo su mano con su palma mirando hacia arriba. Entonces se empezó a formar una esfera del tamaño de una pelota de tenis celeste y transparente, pequeños fragmentos de cristal giraban como lunas alrededor de la esfera.
− ¿Qué te parece se dejamos de correr y nos divertimos un rato? –. Preguntó sonriendo alegremente. Serró su mano aplastando la esfera que se expandió formando una espada Jiangsu (china). Dio una rápida estocada en el aire que congeló el césped del suelo y enfrió el ambiente. – Ahora me gusta más. Tenía mucho calor.
− A mi me gustaba como antes.
− ¿Vamos a hablar o a divertirnos? Si te escapas tendré que seguirte y no terminaremos nunca, se me ordenó matarte si te veía y dudo que te convenga usar más chakra que el que puede resistir tu deteriorado cuerpo.
− Este es un buen cuerpo, lo vengo usando desde hace casi un año. Además ya me están preparando otro, no creo que se tarden mucho. Pero voy a tener que disculparme contigo, no tengo tiempo para divertirme y mucho menos con una persona como tú.
En segundos juntó sus manos realizando el sello del tigre y sus vendas se convirtieron en cientos de sellos explosivos que comenzaban a quemarse. Segundo después donde estaban ambos sujetos no había nada más que un cráter de 50 metros y alrededor varios árboles incendiándose, no se veía rastros de ninguno de los dos shinobis.
Ya era de día, el sol ya se había mostrado por completo iluminando a la aldea por completo. Sakura caminaba a la salida de la aldea absorta de toda la gente que caminaba apresurada por las calles. Su atención se fijó en tres figuras paradas en frente de la gran puerta de Konoha. No tardó en reconocerlos y se le hizo un nudo en el estómago cuando vio a uno de ellos. Esperándola estaban Kakashi que leía uno de los libros que tanto le gustaban, Sasuke con la mirada seria fija en el cielo apoyado en la puerta y su hermana Misaki cruzada de brazos, firme y con los ojos fijos en ella ante lo que Sakura desvió su mirada al suelo.
La Uchiha vestía un uniforme anbu común con una bufanda naranja que le adornaba el cuello. El pelo negro suelto y ondulado baja hasta la mitad de su espalda, varios pelos le formaban un flequillo que le tapaban la frente. Sus ojos negros se mostraban duros e intensos a la par de su rostro inexpresivo.
− Buenos días, Sakura −. Habló Kakashi sonriéndole con su ojo izquierdo.
− Buenos días −. Saludó ella con la voz tomada. Los otros dos hermanos no le prestaron atención.
− ¿Quiénes faltan? −. Preguntó Misaki, su voz sonó con disgusto e incomodidad. Se notaba a lo lejos que no deseaba estar allí.
− Sólo un juunin más y estaremos listos −. Se apresuró a contestar Kakashi evitando que sus exalumnos hablaran de más.
− Ya debería estar aquí −. Se quejó la Uchiha.
− Pero si todavía falta 5 minutos para la hora acordada −. Se excusó Sack.
Los jóvenes ex-integrantes del equipo 7 se sorprendieron al ver al verlo sin su máscara y con diferente ropa. Ninguno de los dos se lo habría imaginado de la forma en la que lo veían, pelo negro corto con largos mechones que le caían sobre sus ojos sin molestarle, ojos marrones oscuro, tez blanca, nariz afilada. Su vestimenta tendía a disimular formalidad a diferencia de su prenda anterior. Este nuevo traje era ajustado, colorido y nuevo, totalmente opuesto al anterior holgado, muerto y estropeado para resumir. Poseía una remera negra de mangas cortas, una chaqueta de cuero marrón de mangas largas y un pantalón azul. La ropa estaba casi pegada a su piel, a excepción del pantalón que era un poco más suelto para moverse con más libertad, mostrando el delgado cuerpo que disfrazaba su anterior prenda. Pero lo que más extrañaba era que se veía normal e incluso más decente de lo que esperaban, después de lo que habían le visto hacer. Su mirada se endureció al verlos de cerca como si quisiera golpearlos con los ojos.
− ¿Y tú quién eres? – Preguntó Misaki observándolo seria y molesta pero sin mostrar ninguna de las dos emociones.
− ¡Bien, eso quiere decir que no sólo se parecen en el apellido! −. Bromeó Sack cambiando su rostro por uno más divertido y con un deje de placer.
− Pregunté tu nombre.
− Uchihas −. Suspiró el pelinegro divertido – Mi nombre es Sack, es un gusto molestarte.
Se quedaron mirándose unos segundos hasta que el movimiento de la gran puerta los distrajo o al menos por el momento. Todos se dirigieron a la salida sin decir ni una palabra mientras Sack observaba la bufanda que rodeaba el cuello de la pelinegra y sonrió. Si se daba la ocasión ya sabía donde golpear.
Recorrieron a máxima velocidad deteniéndose pocos segundos. El tramo que debían hacer era largo, aún para ellos. Las misiones actuales requerían de la mayor coordinación de los shinobis. Ya no se confiaba en el juicio de los ninjas, las misiones eran planeadas antes de ser aceptadas por la Hokague y si no se conseguían shinobis con los requisitos necesarios para una misión, ésta era rechazada y derivada a otra aldea.
Ésta misión era un caso excepcional ya que no se contaba con datos suficientes de las instalaciones y porque requería de la total libertad y cooperación de los involucrados.
Estaba anocheciendo cuando estaban llegando al punto de encuentro, pero se detuvieron al escuchar el constante choque de los metales y los gritos de pelea.
Se escabulleron entre los arbustos y escondieron su chakra mientras se acercaban a la zona de pelea. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca pudieron ver a dos sujetos peleando violentamente. Uno de ellos tenía una pinta salvaje, de 24 años, su pelo estaba repleto de hojas y ramas y su vestimenta estaba hecha con la piel de distintos animales cosidos entre sí. Llevaba el torso desnudo cubierto por una chaqueta sin mangas de pelaje gris. Su pantalón era de distintos colores producto de distintos animales. Sus pies descalzos estaban repletos de pequeñas cicatrices. Su rostro mostraba la excitación y placer de la batalla, sus ojos verdes brillaban con cada ataque y su sonrisa expresaba la diversión que sentía, como si fuera un juego. Atacaba con dos cuchillos de 20 cm con filo de sierra, la guarda en forma de manopla de acero cubierta con filosas púas. Su enemigo le llevaba dos cabezas de alto y era el doble de ancho, aproximadamente mediría 2 metros y medio, los músculos de su cuerpo estaban exageradamente trabajados estirando su piel de color marrón natural. No tenía ropa alguna más que un pantalón corto de color negro que terminaban antes de las rodillas revelando que era lampiño. Peleaba con las manos desnudas y no le importaba, aún cuando el otro tipo lo atacaba por diferentes puntos con una increíble velocidad. Cada uno de los cuchillos tocaba su piel pero no le hacían ningún daño. Instantáneamente Kakashi y los demás afinaron sus ojos centrándose en el punto de contacto entre el arma y la piel notando que justo antes de que el filo de los cuchillos tocara la piel, ésta tomaba un color gris metálico haciéndola impenetrable.
La pelea estaba equilibrada, ambos se atacaban con la intención de matar y ninguno lograba acertar un golpe sobre el otro. De improvisto el gigante logró golpear a su contrincante en el estómago, pero al momento del impacto el cuerpo del sujeto se convirtió en barro viviente envolviéndose en su puño y atrayéndolo contra el suelo. Ese extraño barro se unió al suelo inmovilizando su brazo, el gigante instintivamente intentó liberarse tironeando con fuerza. Al ver que no resultaba acumuló chakra en su otra mano. Al ser atacada, esa sustancia barrosa se expandió formando tentáculos que se enrollaron alrededor de su brazo libre. Con ambos brazos sujetados por ese lodo el sujeto estaba indefenso y distraído, y aprovechándose de eso el joven lo atacó por la espalda haciendo brillar sus cuchillos con su chakra, pero…
− ¡HEY! −. Gritó Sack perturbando la concentración de los luchadores haciendo que el sujeto de más de 2 metros se moviera esquivando al otro que calló de cara al piso.
− ¡Sack y la re puta que te parió! ¿Sabes lo que me cuesta rasguñar a este maldito? −. Maldijo airado el muchacho en el suelo mirándolo con deseos de matarlo – Espera… ¡Si lo sabes y por eso gritaste! ¡Maldito hijo de perra te voy a matar!
Pero antes de que se lanzara su anterior contrincante lo detuvo sujetándolo de la chaqueta y alzándolo, lo cual impedía que el joven avanzara pero aún así atacaba al aire como un niño.
− Cálmate Otani, la próxima vez lo lograrás −. Habló el inmenso y semidesnudo hombre.
− ¡Púdrete Mamoru! ¡Tú y toda tu familia! –. Exclamó Otani deteniendo sus golpes.
− Ustedes son mi familia –. Contestó el gigante Mamoru devolviendo a Otani al suelo.
Al percatarse de que aquellos tipos eran el equipo con el que debían trabajar, Kakashi y el resto se apresuraron a salir de entre los arbustos para acercarse observando lo "bien" que se trataban uno a otro.
− ¿De donde sacaste eso? –. Preguntó Mamoru señalando su ropa.
− Se supone que estamos en una misión no en un baile −. Continuó Otani.
− Fue lo único que encontré en la aldea que me gustara –. Contestó Sack.
− ¿No alistas ropa cuando te mudas?
− Si pero Kana me quemó toda la ropa que tenía.
Tanto Otani como Mamoru estallaron de risa imaginando lo que debió haber dicho o hecho como para que la pequeña kitsune le quemara la ropa, o quizá sólo se reían para molestarlo. Pero el sonido de Kakashi aclarándose la garganta detuvo todas las risas y burlas.
− ¿Es mucho pedir que presentes a tus compañeros? –. Pidió el peliplateado.
− heeee jejeje no, no hay problema −. Respondió un tanto avergonzado pero sin demostrarlo – El grandote es Mamoru Shiro y el gruñón es Otani Yasei.
− Un placer conocerlos −. Saludó Mamoru.
− Aún no decimos nuestros nombres –. Mencionó Sakura.
− Son muy pocos para ser el mejor grupo de Kagegakure, ¿no? −. Interrumpió Misaki
− Si, lo mismo digo, aunque en realidad me da igual −. Dijo Otani alejándose del grupo yendo directamente hacia un árbol donde había varias prendas. Otani tomó una de ellas y estirándola se la colocó en su espalda atándola por el cuello mostrando que era una capa.
− ¿Qué le pasó? Está más irritado de lo normal −. Preguntó Sack un tanto preocupado y otro tanto divertido.
− Es que no lo eligieron como tú remplazo – Contestó Mamoru sereno.
− ¿Remplazo? ¿Tan rápido? Me fui por un día y ya me dieron por muerto.
− Ahora perteneces a otra aldea, así que es normal que te remplacen.
− ¿Ocupabas un alto rango? −. Sakura fue quien interrumpió esta vez. Mamoru le tapó la boca a Sack antes de que pudiera decir nada. Luego observó a Sakura de pies a cabeza intrigado más que nada por el tono de voz de ella. Inclinó su rostro al de ella manteniendo alejado a Sack lo más que podía.
− ¿Acaso no lo odias? –. Interrogó frunciendo los músculos de sus faltantes cejas − ¿No quieres matarlo? ¿Torturarlo hasta que te aburras? ¿Quitarle los ojos y quemarle la lengua mientras unos perros se comen sus extremidades?
La ojiverde miraba confundida y aterrada al gigante marrón que la interrogaba con preguntas carentes de sentido ¿A qué venía todo eso? Mamoru seguía mirándola como si algo estuviera mal y para él lo estaba. Normalmente cuando alguien le hablaba a Sack lo hacía con disgusto o esperando alguna estupidez por parte del pelinegro. Pero ella no esperaba ni sentía nada en contra de aquel chico, de hecho la pregunta sólo estaba colmada de curiosidad y no tenía ningún fin diferente al de saber sobre él. Eso era extraño para cualquiera que conociera a Sack.
Sakura no había alcanzado a contestar. Mamoru se había girado hacia Sack que ya estaba azul por la falta de aire, su mano le tapaba media cara. El gigante lo miraba de forma analítica mientras la cara de Sack tomaba color violeta haciendo que se desespere y empezara a golpear la mano que le impedía respirar. Mamoru lo soltó dejando que cayera sentado.
− Sigues siendo el mismo animal de siempre −. Dijo Sack mientras recuperaba su color natural.
− Él fue el segundo al mando de las fuerzas anbu de Kaguegakure.
Justo en el momento que terminó de hablar recibió un golpe en la cabeza que hizo que se le hundiera la cara en el piso. La persona que lo había atacado llevaba la misma vestimenta que tenía Sack la primera vez que había aparecido, al igual que su máscara.
− ¡Se supone que es información secreta! −. Gritó aquella persona con voz femenina.
− No te preocupes tanto, se habrían enterado en cualquier momento. No es tan difícil buscar información −. Dijo Sack tratando de tranquilizar a la recién llegada.
− ¡Mira Sack, no hables! ¡Ni siquiera una palabra!
− No puedes darme ordenes Hitomi, ya no pertenezco a Kaguegakure. Aunque ya tengas mi puesto yo siempre estaré dos pasos adelante.
La nombrada se quitó la mascara arrojándosela a Sack dándole en medio de la frente. Apresuró a peinar su cabello suelto de la forma que a ella le gustaba, atado en redondo en la nuca y con dos sembons clavados en él.
− No deberían pelear, son hermanos –. Mamoru sacó su cara del suelo mientras hablaba –. Cuando uno de ustedes se muera se darán cuenta lo mucho que se necesitan, pero para entonces será muy tarde.
− Siempre diciendo metáforas ¿verdad? −. Se burlo Sack agarrándose la frente.
− No es una metáfora.
Hitomi miraba a su hermano molesta y con ganas de regañarlo. Creía que por haber conseguido remplazarlo podría mantenerlo callado y tranquilo, por desgracia para ella no fue así. Por otro lado el grupo originario de Konoha había sido totalmente excluido de las mentes de los jóvenes Kagegakurenses. Tanto Sasuke como su hermana miraban impactados al grupo. Para la edad que debían tener y para los tiempos en los que vivían, el "mejor" equipo de Kaguegakure se comportaba como unos críos, como si no les importara nada más que divertirse. El único serio era Mamoru que aparentaba ser el mayor. Kakashi pensaba intervenir para empezar a repasar la información que tenían y poder aumentar sus posibilidades de completar la misión, pero Hitomi se le adelantó.
− Así que ustedes son los compañeros de mi hermanito −. Habló sonriéndoles amablemente.
− Héy, que yo soy el mayor −. Corrigió Sack.
− ¡Tú te callas!
− Bien ya me callo –. Susurró.
Silencio, tranquilidad, ¡un milagro!
Aprovechando el momento Kakashi comenzó a hablar.
− De acuerdo, si no hay más interrupciones, sería ideal que empezáramos a pensar en algún plan para entrar. No tenemos información suficiente como para que nuestros estrategas realicen uno, así que nos ordenaron que siguiéramos el plan trazado por su consejo.
− A nosotros nos dijeron que entráramos y sacáramos a Marin −. Dijo Otani acercándose al grupo trayendo consigo ropa que le entregó a Mamoru.
− ¿Sólo así? −. Preguntó Misaki desconsertada − ¿Qué clase de grupo de infiltración son?
− ¿Infiltración? ¿Eso le dijeron? −. Hitomí miró divertida a la Uchiha, fue ahí cuando notaron el parecido entre su hermano y ella – Nosotros no somos un equipo de infiltración, somos Kurogitsune y nos especializamos en la masacre.
Tsunade caminaba por los pasillos del edificio Hokage, se topó con una puerta que abrió violentamente entrando en una habitación llena de gente sentada alrededor de una mesa rectangular. Tsunade no dijo nada hasta sentarse en la única silla vacía ubicada en una de las puntas de la mesa, en frente de todos. Apoyando sus codos en la mesa entrelazó los dedos de sus manos a la altura de su boca y observó con determinación a la gente que tenía en frente, los líderes de los clanes más importantes, el consejo de Konoha.
− Los he mandado a llamar a estas horas porque necesito contarles un secreto que escondimos durante un tiempo −. Habló llamando la atención de todos. No tardó mucho para que empezara la lluvia de preguntas y exigencias de parte del consejo. Tsunade sólo levantó la mano mientras escuchaba el barullo que sus consejeros hacían y con gran fuerza bajó su brazo golpeando la mesa haciendo callar a todos.
− Hace un mes llegó la rana Fukasaku con un mensaje de parte del Gran Sapo Sabio acerca del futuro −. La confesión abrumó a todo, respondiendo de la misma forma que hace unos segundos. Tsunade lejos de molestarse continuó con su declaración – La información que se nos dio fue mantenida en secreto para evitar que se filtre hacia otras villas y sobre todo hacia Kaguegakure no Sato. Fukasaku nos alertó de un suceso que está a punto de suceder y ese era el retorno del Kyubi.
− ¿Qué acaso no tenemos al Jinchuiriki del Kyubi bajo nuestras órdenes? −. Preguntó Shikaku, el padre de Shikamaru, líder del clan Nara. Llevaba la misma vestimenta de siempre pero una nueva cicatriz adornaba su cara.
− Ese es el caso ya que según los sueños del Gran Sapo Sabio, Sack Vlad Rais no posee al Kyubi.
- Flashback -
− Tsunade-chan, es de extremada importancia que me escuche –. La vieja rana Fukasaku pedía a la Hokague un poco de su atención. El caso era que no hacía un mes que se le informó que se vio al Kyubi en los límites del País del Viento y el País de la Tierra, en los territorios aún no explorados del mundo. Tal información alertó a todas las naciones ninja, realizando misiones de búsquedas, tratando de encontrar la más minima pista sobre aquel suceso. No habían conseguido progreso alguno hasta que se filtró información de Kaguegakure, tales informes decían que Akatsuki había atacado su aldea buscando al Jinchuiriki del Kyubi, pero el ataque falló para fortuna de todos.
− Ahora estoy ocupada, ahora mismo tengo una reunión con el consejo y para colmo tengo que mandar una carta a una de las aldeas más peligrosas con las que hemos entrado en guerra –. Tsunade trataba de ser lo más respetuosa que podía, pero la presión de su trabajo le impedía hablar con tranquilidad. Estaba a punto de irse cuando Fukasaku habló.
− No lo entiendes, tengo que contarte el sueño del Gran Sapo Sabio, es sobre Naruto.
La oración calló como un balde de agua fría sobre la espalda de la Hokage ¿Sobre Naruto? Eso era imposible, él estaba muerto.
− ¿Qué acabas de decir? −. Preguntó si poder creer del todo, inmóvil, temblando.
− Deja que te explique.
- Flashback… del flasback -
Era un día común en el Monte Myōbokuzan, la tierra de los sapos. Pero todo cambió cuando el líder de esa hermosa tierra despertó sobresaltado, agitado, perdiendo la conciencia.
Para cuando despertó todos los habitantes de Myōbokuzan estaban cerca de él, asustados, intranquilos, incluso rezando. Con un poco de dificultad logró incorporarse en su asiento, ya era demasiado viejo "¿Cuántos?" se preguntó, "¿100, 200 años, más?" Ya cuando estuvo todo más tranquilo Shima decidió hablar.
− ¿Qué le sucedió Gran Sapo? −. Preguntó preocupada.
− Tuve… un sueño −. Contestó recordando − Y no era muy bueno.
− ¿A qué se refiere? ¿De qué era el sueño? −. Fukasaku preguntó.
− Empezaba con dos bebes, un niño y una niña, acostados en una cama, ella tenía una cabellera larga y rubia, y él poseía un pelo puntiagudo y naranja. Luego todo se ponía oscuro y muchas imágenes pasaron por mis ojos, vi a un hombre utilizar el chakra del Kyubi pero no había ningún instinto asesino, ni influencia alguna del Bijuu. El chakra del Kyubi estaba en él, pero no el Kyubi en sí –. Se detuvo un momento para tomar aire – Vi un ejército de muertos pelear contra un solo hombre en unos prados rodeados por un bosque. Vi a un Kuybi sin mente alzándose en una destruida Konoha. Y lo vi al él.
− ¿Él? – Interrumpió Gamakichi.
− Si… ¿cómo se llamaba? El chico −. Nadie sabía de quien hablaba – El hijo del Cuarto.
− ¿Naruto?
− Sí, él estaba a ahí, caminaba seguido de 50 personas todas vestidas de la misma forma, tapados por una capa y una capucha negra que los confundía con las sombras, asemejándose a fantasmas en un cementerio −. Volvió a callarse dejando a todos intrigados – Después el escenario cambió a una noche iluminada por el fuego de la guerra. El suelo estaba repleto de muertos, había tanta gente, y en medio de todas ellas estaba un sujeto parado mirando a las estrellas. Sorprendiéndome me miró fijo, lentamente levantó su mano a la altura de su hombro llevando su codo hacia atras y una inmensa figura de diez colas apareció detrás de él imitando sus movimientos, como una sombra. Y antes de que me atacara susurró: "Ya has dormido suficiente"
- Fin de los Flashbacks -
Los miembros del consejo estaban asombrados y aterrados por el sueño que le acababan de contar. Siendo ellos los responsables del bienestar de la aldea sólo escucharon la parte respecto a Konoha, lo que no los alentaba mucho.
− Entonces nuestras especulaciones no estaban del todo erradas −. Las palabras dichas por Koharu, la anciana del consejo, atrajo la atención de los demás miembros – Era obvio que no era un Jinchuiriki, pero demostró utilizar el chakra del Kyubi como dijeron nuestros anbus lo que nos indica que tiene acceso a él.
− Esta clase de discusión ya la hemos tenido −. Interrumpió Inoichi con rostro preocupado, analizando lo que había escuchado. Miraba con un solo directo hacia la anciana ya que el otro estaba tapado por un parche.
− Es cierto, volver a de esto no ayudara en nada −. Apoyó Shikaku – Hemos hablado de esto desde que escuchamos los rumores sobre el Kyubi y no nos ha servido de nada.
− Aún así debemos averiguar como es posible que utilicen el chakra del Kyubi, es muy posible que no sólo sea uno el que pueda usarlo −. Homura había levantado la voz aclarando ese pequeño detalle – Y si eso es verdad imagínense a lo que podríamos llegar a enfrentarnos.
− ¿Y que sugiere? −. Preguntó Shibi Aburame – Encerrarlo no ayudará, incluso empeoraría las cosas y ya se intentó penetrar en su mente, lo que dejó a un shinobi con problemas mentales.
− Lo único que podríamos hacer es mantenerlo en estricta vigilancia y eso también es arriesgado −. Dijo Tsunade pensativa – Lo mejor es no hacer nada y ver como salen las cosas.
− ¿Y esperar que haga algo? Para cuando nos demos cuenta ya será tarde −. Se quejó Koharu − Lo mejor sería comprobar hasta donde llegan sus capacidades sobre el chakra del Kyubi. Hacer que llegue a sus límites.
− ¿Y para eso son sus estúpidas pruebas? −. Se burló la Hokague.
− De hecho Tsunade-sama, si lo piensa bien, probar sus cualidades en una batalla podría darnos la información que buscamos. Sólo necesitamos a alguien que pueda llevarlo al extremo de su poder −. Aclaró Hiashi.
− ¡Si están pensando en la persona que creo ya pueden dar por negada esa idea! −. Gritó Tsunade.
− ¡Creo que no entiendes la gravedad de este asunto! −. Contestó Homura al mismo volumen que la Godaime.
− ¡Utilizar a Sasuke es muy arriesgado!
− ¿Y a quien sino? No tenemos a nadie capas de hacerle frente a tal nivel.
− ¿Y si sale como la última vez? ¿Cómo Naruto? ¿Qué haremos entonces?
− Lo mismo de aquella vez, encerrarlo.
− Querrás decir matarlo.
− Lo que sea necesario.
El ambiente de la habitación había cambiado notablemente, Tsunade veía con odio en sus ojos, las palabras que había escuchado eran insultantes para elle. Recordar los sucesos de ese maldito día era una tortura que se repetía todos los días en su cabeza. No estaba dispuesta a repetirlo, no importa quien fuera, no participaría de ello. Apretó sus puños con tal fuerza que sus uñas se marcaban en sus palmas.
− Teóricamente y con la afirmación del Gran Sapo Sabio, el Vlad no tiene al Kyubi, así que no debería ocurrir nada −. Comentó Shikaku tratando de tranquilizar a la Hokague.
− Hagan lo que quieran −. Dijo Tsunade retirándose del lugar, dejando al consejo sin palabras que agregar.
A kilómetros de Konoha, Sasuke miraba las estrellas sin mirar ninguna en particular, sólo estaba acostado en el césped, en silencio, sin moverse. De vez en cuando miraba de reojo a su hermana que trataba de dormir en las ramas de un árbol, se sorprendió a sí mismo al sentir la necesidad de hablarle, cosa que no había hecho desde hace mucho tiempo. Había perdido las esperanzas de volver a conseguir su aceptación hace mucho tiempo y simplemente se había resignado. Pero ahora sentía un gran deseo de decirle algo, lo que sea. Quizá ese deseo estaba relacionado con el nuevo ninja de Konoha. Sus ojos cambiaron de objetivo y se centraron en la rama del árbol que tenía enfrente a unos 15 metros de él. En ella estaban sentados Sack y Hitomi, hablando, riendo, de vez en cuando se golpeaban o mejor dicho Hitomi lo golpeaba. Ya sabía que eran hermanos, el parecido era indudable, no mucho al principio pero compartían muchas expresiones. Un hueco de envidia se formó en su corazón, no le dio mucha importancia, lo que tenía ahora era una consecuencia de sus acciones, pero aún así no pudo evitar sentirlo. Le parecía imposible que aquella persona que le había arrancado la cabeza a alguien, sólo con las manos, tuviera una hermana y encima se comportara como una persona normal.
Miró hacia otro lugar para evitar los pensamientos que corrían por su mente, se fijó en los compañeros de Sack. Otani estaba durmiendo al lado de una fogata como un animal salvaje, sin manta ni bolsa de dormir, acostado en el césped usando sus brazos como almohada. Mamoru era otra cosa, el gigante de 2 metros y medio estaba sentado inmóvil como una estatua en frente de la fogata, con la diferencia que ahora estaba vestido. Un pantalón ancho color negro y una remera blanca metida dentro del pantalón, nada más salvo unas muñequeras azules.
Se aburrió de ver dormir a esos dos y giró su cabeza hacia sus compañeros. Kakashi estaba sentado apoyándose en la corteza de un árbol, leyendo uno de sus libros ¿Cuántas veces lo habrá leído? Sakura por otro lado dormía o al menos eso parecía. Estaba acostada en su bolsa de dormir, pero le daba la espalda así que no esta seguro. Suspiró al recordar que no había nada que pudiera hacer para ser aceptado como antes. Él mismo se había condenado a esa soledad y estaba dispuesto a soportarla. Era un alivio que gente como Kakashi o Tsunade le hablaran como a un shinobi más, pero no podía decir lo mismo con el resto de la aldea, prácticamente todos lo odiaban.
− "Ahora se lo que se siente" −. Pensó, serrando los ojos, tratando de encontrar la paz de los sueños, sin notar que alguien lo espiaba.
Sack veía a Sasuke analizándolo, había sentido cuando los miraba pero eso no importaba. Él lo miraba por otra razón, lo miraba extrañado como si no aceptara algo, algo relacionado con el Uchiha.
Hitomi le dio un leve codazo para llamar su atención.
− No confundas tus recuerdos con los de otros, de eso depende tu fuerza. O echarás todo a perder −. Le dijo.
− No es nada, sólo lo miraba −. Le contestó Sack.
− Eso es mentira, lo has odiado desde que has sabido de él.
− No lo odio, simplemente sé lo que hizo.
− Tú también has hecho cosas malas y yo igual, y no es por eso que te molesta.
− No es lo mismo, a él no le lavaron el cerebro.
− ¿No?
− Bueno… ¡Basta!
Hitomi comenzó a reír viendo a su hermano debatirse internamente. Desde que eran niños siempre hacía berrinches cuando pensaba con dos puntos de vista diferentes y eso no había cambiado.
− La verdad es que no entiendo.
− Sack, no hay mucho que entender. La gente cambia por muchos motivos y la mayoría de ellos no lo elige. Tú lo hiciste gracias a taichou y él también. Su influencia fue suficiente para marcarlos a ambos.
Sack veía con sorpresa, aunque contento, a su hermana menor. Le encantaba como lograba hacer todo más simple, era algo que tenía desde niña y de verdad le fascinaba. Ambos se sonrieron dejando por terminada la discusión.
− ¿Sabes? Ayer me tropecé con Sadao, el hombre si que está viejo.
− ¿Y qué esperabas? Ya debe tener como 80 años.
− Si pero en Kagegakure no parecía tan viejo, creo que Konoha tiene problemas con la vejez. Por ejemplo, la Hokage parece de 30 y en realidad tiene como 60.
− Bueno a cada uno le debe servir las apariencias, a Sadao como espía su vejez le sirve de tapadera. Imagínate para que le serviría a la Hokage ser más joven.
− ¿Para ligarse hombres más jóvenes que ella?
Hitomi golpeó a su hermano en el hueso de su brazo, Sack abrió su boca pero no salió sonido alguno de él, sólo se frotó el brazo tratando de volver a sentirlo.
− ¿Has avanzado algo? −. Preguntó Hitomi.
− No, ni siquiera pude dar tres pasos en el cementerio.
− ¿Y eso?
− En el momento que di dos pasos dentro sentí la presión del chakra del Kyubi en mi mente. Fue como la primera vez, como si me aplastaran contra el suelo y me bañaran el cerebro con ácido. Así que la mandé a Kana a ver si Sempai nos ayudaba.
− Otra razón para no confundir tus recuerdos. Y no creo que sea buena idea exigir tanto a taichou, ya tiene suficiente con vivir en un cuerpo en putrefacción.
− Él quiere ese cuerpo, así que tendrá que esforzarse en ayudarme a conseguirlo. Además su cuerpo no está en putrefacción, sólo esta hecho mierda y él se lo buscó.
− Eso no importa, ese cuerpo camino gracias a su chakra, si en algún momento se le agotara nada de esto tendría sentido.
Sack se preocupó al ver la cara de tristeza que ponía su hermana, eso era una de las pocas cosas que detestaba de verdad. Pero siempre estaba preparado para estos casos de emergencia.
− No te preocupes todo va a salir bien, Kana ya me amenazó con matarme así que no ocurrirá nada malo. Mi vida depende de eso.
Hitomi reaccionó de la forma que esperaba, riendo. Sack se tranquilizó al verla feliz, sonrió amablemente saboreando su éxito. Ver reír a sus amigos o compartir risas con ellos era lo que más le gustaba, hacerlos irritar sólo era un juego donde todos participaban. Sin decir nada más se acercaron a la fogata donde durmieron para recobrar fuerza.
− "Se me acalambraron las piernas" −. Se quejó mentalmente un hombre vendado de pies a cabeza.
Sentado, apoyándose en la pared de una vieja choza aquel sujeto se había dispuesto a meditar en paz. Tal meditación no le servía de mucho para entrar en paz, casi nunca lo hacía. Más bien meditaba para simular el sueño que tenía, para relajar su cuerpo y tranquilizar su mente, aunque sea un poco. Había pasado un buen tiempo hasta que sintió un peso extra en sus piernas. Cuando abrió su ojo vio a un cachorro de zorro rojo en donde debían estar sus muslos. No le dio mucha importancia al principio hasta que un molesto hormigueo empezó a torturarlo expandiéndose por ambas extremidades.
− "¿Y ahora que hago?" −. Se preguntó, aunque sus piernas lo torturaran no quería perturbar el sueño de la kitsune.
Kana había llegado ni bien comenzó la noche trayendo "malas noticias." No se preocupó de este inconveniente ya que estaba seguro de que algo parecido ocurriría. Así que no tardó en solucionar ese problema, pero ahora tenía otros asuntos.
Sin despertar a la kitsune el sujeto movió sus brazos haciendo un sello en forma de cruz, e instantáneamente un clon apareció a su lado. Ese clon salió de la única habitación que tenía la choza, entrando a la sala-comedor. En ella sólo había una mesa y una silla. En la mesa estaba tallado un sello donde había dos velas en los extremos y en medio del sello, una cabeza que estaba siendo invadida por moscas y otros insectos.
El hombre vendado se sentó en la silla esperando y mirando la cabeza decapitada, que no tardó en moverse.
− Cuanto tiempo −. Dijo la cabeza, liberando larvas por su boca.
− Mucho tiempo Kazu −. Confirmó el hombre completo.
− Me imagino que estoy muerto y esto es un jutsu de Sack ¿Verdad?
− Si así es. Sack ha avanzado mucho desde que nos traicionaste, a tal punto que ya puede, literalmente, revivir a los muertos ¿Qué se siente estar del otro lado?
− No es mucho mejor que esto. Debes de estar en problemas como para recurrir a la necromancia.
− No estoy en muchos problemas, pero me cuesta creer que hallas sucumbido a ponerte el sello maldito y sobre todo que lo hallas utilizado, lo que me hace pensar en que en realidad no lo hallas utilizado.
− No se de lo que hablas.
− No trates de engañarme Kazu, se que Kabuto a mejorado en el sello y que puede hacer maravillas con él. Pero lo que me interesa son ustedes, los del medio. Los primeros sujetos en colocarles el sello no tuvieron mucha suerte y sus cuerpos no pudieron regresar a la normalidad, quedándose en esa forma monstruosa que les fue devorando el cerebro hasta no ser más que animales.
Y luego vienen ustedes, los que si pueden elegir transformarse. Pero según dijo Kana todos se trasformaron al mismo tiempo, lo que me hace pensar que alguien estaba observándolos y fue él quien los transformó y eso es lo que quiero saber.
− Siempre tratas de salvar a todos, pero nunca lo logras ¿Y qué si hay un botón de encendido? No hay forma de que ganes, no en ese cuerpo. Por eso mandaste a Sack a Konoha.
− Si y por eso ustedes lo atacaron, para probar su fuerza. Puedo darle el Kyubi a quien quiera y por eso enviaron a una horda de animales, para ver a quién había enviado. ¿Sabes lo que creo?
− …
− Creo que Madara me empezó a hacer caso e irá por la otra mitad del Kyubi. O al menos la mitad que pueden conseguir, la que está en Konoha.
− Debe gustarte mucho que vallan a atacar esa aldea.
− En realidad no, hay muchas cosas ahí que me pueden servir. Pero me divierte ver que el viejo Uchiha se dio cuenta de mi trampa, pero ya es muy tarde. Si me hubiera hecho caso desde el principio ahora ya abría ganado, pero el que gana esta vez soy yo.
− Dile a tus enemigos tus planes y logrará tiempo ya que no te creerán ¿no es así? La verdad me sorprendiste con esa táctica.
− Si, yo también. Pero siempre se puede aprovechar el orgullo Uchiha… Si hay un botón de encendido quiere decir que hay uno de apagado y eso me serviría mucho −. Se levantó del asiento acercándose a la mesa. Agarró la cabeza por los pelos y lo levantó a la altura de su cabeza. Con su otra mano se arrancó las vendas de su cara, mostrando su destrozado rostro – Me vas a decir lo que sabes.
− ¿Qué haces? −. Preguntó Kazu temeroso, sin poder serrar sus ojos, vio como su anterior jefe se descosía el parpado izquierdo, abriéndolo. Dentro del párpado no había un ojo normal. Éste ojo parecía estar vivo y no tenía forma una específica. Lo que Kazu logró ver eran cientos de gusanos largos bañados en sangre, que se movían dentro del vacío ojo. Pero el movimiento constante de las lombrices cesó de inmediato. Y de un rápido movimiento todos los gusanos desaparecieron adentrándose dentro de su cuerpo.
− Estos gusanos se alimentan de almas y le proporcionan toda la vida de la víctima a su portador. Podré ver hasta tus más íntimos secretos, nada se escapará −. Dijo causando un gran terror a Kazu, dentro del agujero donde debería haber un ojo, los gusanos empezaban a salir. Abriendo lo que serían sus bocas, se preparaban para devorar su alma – No sentirás mucho dolor al principio, así que tranquilízate, Kana está durmiendo.
Una vez de día todos se reunieron en forma de círculo para planer como entrar y salir de la base de Akatsuki donde tenían prisionera a la susodicha Marin. En el medio de todos estaba Hitomi dibujando la base con una rama. La base estaba rodeada por una muralla circular y estaba ubicada en el centro de ella. Pero entre la base y el muro, no había nada, ni siquiera suelo y lo único que los conectaba era un puente de piedra y barios cables de metal de gran tamaño. La base era un castillo inmenso, tenía cinco torres una en cada esquina, pero la más grande era la que estaba en el centro. Pero no quedaba ahí, así como era grande hacia arriba también se expandía hacia abajo, como una raíz de metal y tierra.
Hitomi dibujaba los detalles más importantes de la base. Sus ojos habían cambiado simulando a los de un halcón, pero cuando finalizó su dibujo, sus ojos volvieron a la normalidad.
− Bueno −. Dijo sorprendida – Básicamente es eso.
− Es muy grande ¿no? −. Dijo Sack restándole importancia.
− ¿Y todo eso gracias a un halcón? −. Preguntó Sakura.
− Si, es un gran beneficio a la hora de planear ataques ¿verdad? −. Contestó Hitomi.
En ese momento escucharon el graznido del halcón rojo que había invocado Hitomi. El ave se posó en el hombro de la Rais.
− Ya le mostré todo lo que pude Hitomi-san, espero que le sirva −. Dijo el halcón, liberando su voz femenina.
− Sí, es más que suficiente, pero me tienes que decir todo lo que no pude dibujar −. Respondió Hitomi.
− Hay tres guardias en medio del puente, no quise volar muy cerca para no levantar sospechas así que no pude verlos bien. También había guardias en las torres de las esquinas, pude verlos por las ventanas, pero donde había más era en la torre del medio. Esa torre está llena de monitores, computadoras, archivos y planos del lugar. Además bajé hasta donde termina la raíz, lo que es muy abajo casi no podía ver. Toda esa zona está llena de cables eléctricos y caños, la mayoría de ellos era de agua pero algunos llevaban un líquido negro que escapaba entre las soldaduras.
− ¿Y bien? ¿Qué dicen?
− Es obvio que la torre central es donde monitorean todo el edificio, así que lo primero que haremos es hacernos con el control de esa torre −. Kakashi empezó a planear el golpe en voz alta – Una vez que tengamos esa torre podremos entrar sin dificultad y las cámaras de vigilancia nos servirán para evitar los pasillos con enemigos.
− Eso esta bien pero me preocupan esos tres −. Dijo Mamoru señalando el puente del dibujo – Es muy sospechoso que halla guardias en un puente, están ahí como si supieran que no hay otra entrada posible.
− Las torres de las esquinas deben estar para evitar ataques aéreos, posiblemente los guardias se especialicen en ataques de largo alcance. En tal caso si tomamos la torre del centro, las demás torres la destruirían fácilmente matando a quien esté ahí −. Misaki había analizado lo dicho por Kakashi, apuntando las fallas – Lo que habría que hacer primero sería destruir las cuatro torres y después tomar la del centro.
− Con eso llamaríamos mucho la atención de los guardias y ya se estarían preparando para proteger la torre del centro o para atacarnos directamente −. Interrumpió Otani – Los ataques directos aéreos no servirían contra las torres, así que no podemos infiltrarnos por aire. Queda claro que la única entrada es por la puerta principal así que sin más rompemos todo y al diablo.
− Siempre pensando como un animal ¿no? −. Agregó Hitomi – Pero en cierta forma no tendrían que pensar mucho. Si el problema son los guardias y la cantidad de ellos, entonces habrá que distraerlos. Los enviamos a todos a un solo lugar y luego destruimos las torres.
− No hay lugar donde enviarlos −. Sasuke se sumó a la discusión – Si no ves bien el único lugar que podemos pisar es el puente.
Hitomi sonrió como su hermano solía hacer, de una forma maniática y divertida. Sack la imitó al saber lo que ella estaba pensando y para molestarla la sujetó de la cabeza mientras la despeinaba con la otra mano.
− ¡Esa es mi hermana genio!
Ella le dio un gancho enviándolo a volar gritándole maldiciones. Una vez que Sack tocó el suelo con su cara Hitomi compartió su idea.
Nota: Me olvidé decir que GRACIAS POR LEER jejeje creo que hasta ahora no lo había dicho ¿o si? No se, es que perdí todos los capítulos anteriores y otros que nada que ver. Sinceramente no sé para cuando va a estar el capítulo 6 pero pienso que para principios de febrero estará, si es antes mejor. La verdad el capítulo 6 es un verdadero reto.
