Capítulo II. Londres
31 de diciembre de 1990.
Las calles de Londres estaban repletas, la gente iba de allá para acá con bolsas de compra en las manos, todos se preparaban para el gran banquete de año nuevo, pero para Marvolo Gaunt, no era sólo el año nuevo, era su cumpleaños. Hacía once años que había llegado a este mundo, un mundo que estaba en medio de una gran guerra, una guerra de la que por algún motivo que no terminaba de entender se sentía responsable, pero sobre la cual no podía hacer nada, por lo menos ahora, ya que más adelante haría todo lo que estuviera de su parte para terminarla pronto.
Los problemas parecían haber terminado, pero él sentía que sólo era una temporada de descanso, nada comparado con lo que comenzaría en un par de años. El momento estaba por llegar, pronto se relacionara con aquellos que le ayudarían a derrotar al monstruo que salió de su interior, a ese ser terrible que naciera de sus temores, sus miedos, sus ambiciones… Lord Voldemort.
Era de noche y él caminaba por un pueblo pequeño. Los niños andaban en las calles disfrazados de hombres lobos o momias, pero él no les daba importancia, tenía algo que hacer, tenía que seguir su camino. Luego de unos minutos llegó hasta su objetivo y se detuvo, justo frente a esa casa en la que estaba él, ese niño que representaba su fin.
- Bonito disfraz, señor - un niño le sonreía.
Sabía que podría matarlo fácilmente, sólo tenía que hacer un ligero movimiento de su varita y el niño no volvería a ver a su madre jamás. Pero no lo hizo, no podía perder el tiempo con él. Abrió la reja y entró al jardín, ahí estaban ellos, en la sala con el niño. El hombre ni siquiera llevaba su varita, era un estúpido. Había confiado en sus amigos y por eso estaba tranquilo, pero no sabía que lo habían traicionado, que ahora él estaba ahí.
Entró a la casa. Potter Intentó detenerlo, pero no tenía su varita, fue demasiado fácil librarse de él. Luego subió detrás de la mujer que trataba de detenerle el paso, pero tampoco tenía varita, eran un par de tontos. Ella no tenía que morir, pero no se quitaba, no podría cumplir su palabra, pero eso no importaba, el niño tenía que morir.
- ¡Avada kedabra! - un rayo de luz verde salió de su varita al momento que ella se lanzaba para interponerse entre éste y el niño. Dolor. Ahora todo era dolor y sufrimiento.
Marvolo abrió los ojos exaltado. El dosel de su cama estaba cerrado, las cortinas verde oscuro no dejaban pasar casi nada de luz, pero él sabía que era de día. Pronto llegaría la carta que lo llamaría a su nuevo destino. Sin embargo, no podía entender sus sueños, era tan raro. Era como si fuera otra persona, como si en realidad no fuera sólo Marvolo Gaunt.
- Buenos días, cariño - Adhara abrió las cortinas de la cama y lo saludaba con una sonrisa de oreja a oreja.
- Buenos días, madre - respondía él aún con sueño - ¿Se ha ido padre al trabajo?
- Sí, amor, pero no te preocupes, estará aquí para la comida - le dijo mientras acariciaba su cabello.
- ¿Madre? - no sabía por qué, pero necesitaba preguntar, hacía mucho que un nombre sonaba entre sueños, un nombre que conocía perfectamente - ¿Podrías decirme de nuevo qué fue lo que pasó con los Potter?
- ¿Con los abuelos? Murieron por la fiebre de Dragón, ya te lo había dicho, cariño.
- No, madre. ¿Qué pasó la noche en que Ya-sabes-quién quiso matar a Harry Potter?
- Pues… - de pronto una sombra cayó sobre su rostro alegre - él no quería matar a ningún sangre limpia sin razón, así que dejó inconsciente a James, y cuando subió y Lily quiso detenerlo le dijo que se apartara. Ella siempre fue muy brillante a pesar de ser hija de muggles, supongo que el Señor Tenebroso debió apreciarla por eso, pero cuando él intentó matar a Harry, Lily se interpuso en su camino. La maldición no le dio de lleno, pero al haber intentado sacrificarse por su hijo menor la maldición rebotó en él y desapareció.
- ¿Y la cicatriz de Harry?
- Nadie sabe cómo se hizo, suponen que tal vez la maldición sí lo golpeo, pero el intento de sacrifico de Lily lo protegió de morir.
- ¿Segura que no podemos pasar el año nuevo con ellos?
- No, cariño. Ellos se fueron de viaje, pero seguro este año los conocerás, recuerda que esta año irás a Hogwarts y conocerás a Charlus y a Harry, además estará Regulus. Así que levántate para que desayunes y abras tus regalos de cumpleaños antes de que llegue tu padre para comer.
- Sí, madre.
Marvolo no recordaba mucho de su vida anterior, pero algo le decía que todo era su culpa y que pronto llegaría el momento de tomar las decisiones correctas, pronto tendría que decidir entre lo que era fácil y lo que era correcto.
Se levantó y se miró al espejo. No era más aquel niño que veía en sueños, no era ese chiquillo con mirada iracunda y profunda, ese niño que parecía estar lleno de odio. Su cabello era negro y lacio, algo largo, pero para nada desordenado. Sus ojos eran de un verde claro que algunas veces se confundía con azul y su piel aunque era blanca tenía pequeños matices rosados en las mejillas. Su mirada no era la que tantas veces vio en sueños, no había odio, había felicidad, era un niño como cualquiera.
Se vistió con la ropa que su madre había escogido para él ese día, un pantalón negro de vestir, una camisa verde oscuro y un suéter negro con bordes verdes y una túnica de gala negra con botones de plata adornados por una pequeña serpiente. Era más que seguro que iría a dar a Slytherin, su familia por parte de su padre era descendiente directo de Salazar Slytherin y los Black eran reconocidos siempre por ir a Slytherin, mientras que de su madre eran los Lestrange, famosos por su status de sangre y ser siempre serpientes, así que esa era una idea que al chico no le molestaba, aunque en realidad, al igual que sus padres, no compartían ese elitismo sobre la sangre.
Bajó a la sala y se llevó una sorpresa al encontrar ahí cinco cajas de regalos, por lo general sólo le regalaban sus padres y algunas veces un tío Black que no conocía, pero que al parecer era rico porque las pocas veces que enviaba algo eran cosas extraordinarias.
Corrió hacia el montón y tomó el primer regalo. Era de su madre, abrió la caja y se encontró con una túnica de gala nueva rojo oscuro, un juego de gobstone y un libro muggle llamado "El Conde de Montecristo". El segundo regalo era el de su padre, un ajedrez de oro puro con un tablero de mármol perfectamente pulido. El tercer regalo era del tío Black, una flecha plateada de última generación. Cuando llegó al cuarto regalo ya no sabía qué más esperar y entonces leyó en la primera etiqueta: Los Potter. Arrancó la envoltura y se encontró con un campo de Quidditch miniatura con las piezas de dos equipos: Puddlemere United y Pride of Portree. El último no tenía etiqueta, era una pequeña caja que por el peso parecía vacía, pero al abrirla encontró un anillo de oro con una piedra incrustada y una nota sin firmar.
Llegará el momento de decidir.
No comprendía el significado de esa nota, ni siquiera sabía quién la había escrito, pero tomó el anillo, después de todo, era su regalo de cumpleaños, pero al ponérselo pasó algo extraño. Una serie de imágenes pasaron por su cabeza, un hombre rubio de mirada perdida y aspecto de vagabundo, una cabaña vieja y sucia, el chico de sus sueños asesinando a tres personas.
- Marvolo Gaunt - una voz fría lo llamó -, tu destino se acerca.
- ¿Quién eres? - la pregunta parecía tonta, él sabía quién era, pero parecía no querer aceptarlo
- La pregunta es… ¿quién eres tú?
- Soy Marvolo Gaunt, no juegues conmigo.
- Eres mucho más que sólo Marvolo Gaunt, mi querido niño. Tú eres el último descendiente de una gran familia… tú eres… el heredero de Slytherin. Pronto irás a Hogwarts y terminarás con la noble tarea de nuestro antepasado…
- No, se equivoca. Yo no pienso como él, ni como usted. Yo no voy a matar a mestizos ni nacidos muggles.
- Eso está por verse.
Todo volvió a la normalidad, parecía como si no hubieran pasado el tiempo. Su madre seguía sentada en la sala frente a él viéndolo abrir sus regalos, fue como si todo lo hubiera imaginado, como si nada de eso hubiera pasado.
- Pero pasó… - murmuró
- ¿Qué dijiste, cielo?
- Nada, madre - sabía que no debía decírselo a nadie -. Gracias por los regalos.
Los sueños iban y venían, algunas veces se veía como un chico, maltratando niños y robando objetos, otras veces era un hombre mayor que mataba gente y torturaba a otros por sus errores, no tenía idea de qué significaba. Si ese hombre que había visto, ese al que creía haber reconocido como Voldemort tenía razón, estaba viendo imágenes de su vida. Pero era una tontería, él no era huérfano, no vivía en un orfanato, ni odiaba a la gente, no tortura a nadie, ni robaba, además, pronto entraría a Hogwarts y estaría con su primo y conocería nuevos amigos. Era imposible que se tratara de él.
Los días pasaron, luego las semanas y por último meses. A finales de mayo le había llegado por fin la carta, esa carta que desde que tenía uso de razón esperaba, esa carta que significaba el orgullo de sus padres y que lo hacía merecedor a un lugar en ese maravilloso mundo al que pertenecía.
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA
Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase, Gran Hechicero,
Jefe de Magos, Jefe Supremo,
Confederación Internacional de Magos,
Jefe de Magos de Wizengamot).
Estimado Sr. Gaunt:
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una vacante en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente, Minerva McGonagall
Subdirectora
Ya faltaba mucho menos, seguro en un par de días irían a comprar las cosas de la escuela, sus libros, su varita, sus uniformes, incluso una mascota. Podría tener la mascota que quisiera, tal vez un gato o una lechuza, aún no lo había decidido, hubiera preferido un perro, pero sabía que Hogwarts no lo dejarían, así que al final se decidió por la lechuza.
La noche del 31 de mayo, Marvolo se acostó en su cama, nervioso, pero a la vez emocionado, el día siguiente iría al Callejón Diagon a comprar sus cosas. No era la primera vez que iba, tampoco era la primera vez que las compras se debían únicamente a él, pero esta vez sería diferente, él lo sabía, podía sentirlo. No supo ni cómo ni cuándo pero se quedó dormido.
- Buenas noches, Tom - Marvolo se levantó sobresaltado al escuchar la voz lenta y acompasada de un desconocido en su cuarto - ¿Estás listo? - era un hombre alto, de cabello largo y canoso, era Albus Dumbledore.
- ¿Qué está haciendo aquí, señor? ¿Qué hace en mi habitación?
- No estamos en tu habitación, Tom. Estas dormido.
- Mi nombre no es Tom, sino Marvolo. Usted es Dumbledore, ¿no?
- Así es, Tom - repitió una vez más el anciano -. En eso acertaste, pero en tu nombre… bueno, técnicamente tienes razón, aunque la realidad es otra.
- ¿A qué se refiere?
- Tiempos oscuros se acercan, Tom Riddle. Pronto tendrás que decidir entre lo que es correcto y lo que es fácil.
- Usted me envió ese anillo.
- Eres un joven muy brillante, como siempre lo has sido.
- ¿A qué se refiere con eso de que el momento llegará?
- Lo sabrás a su debido tiempo. Casi podría asegurar que ya has visto algunas partes de tu vida pasada.
- ¿Esos sueños… son?
- Reales, sí. Pero no necesariamente serán tu vida, a menos que tú lo desees.
- No quiero ser eso, no quiero ser esa persona.
- Entonces nuestro trato sigue en pie.
- ¿Qué trato?
- Pronto llegará el momento…
Abrió los ojos de nuevo, se encontraba en su cama, ya era de día y como era de esperarse, no había nadie más ahí, ni siquiera una señal que le diera a entender que había sucedido en realidad. Pero ahora tenía una duda, ¿quién era Tom Riddle? ¿Por qué Dumbledore le dijo que era él?
En realidad no quería convertirse en esa persona, esa ira en su mirada, ese odio, no podría soportarlo. Inmortalidad, muerte. Eran dos palabras que daban vueltas en su cabeza día y noche, le aterraba la idea de morir, pero sabía que era algo natural, sin embargo, la inmortalidad era algo posible de alcanzar, pero muy peligroso. Tal vez a eso se refería Dumbledore, tal vez esa era la decisión que tenía que tomar.
- Buenos días, campeón - lo saludó su padre en la cocina una hora más tarde - ¿Listo para ir a comprar las cosas?
- Sí, padre - se sentó a desayunar mientras esperaban a su madre -. ¿Padre?
- Dime, Marvolo.
- Quería saber… - dudó un momento, pero tenía que saber - ¿Quién es Tom Riddle?
Cadmus Gaunt se quedó helado, no sabía cómo había escuchado ese nombre su hijo, pero estaba seguro de no querer que su hijo supiera toda la verdad, tendría que encontrar la forma de encubrir cualquier cosa que lo ligara, pero ¿cómo?
- Lo primero que debes entender, hijo, es que no todos los magos son buenos. Tú sabes la guerra por la cual atravesamos, sabes del Señor Tenebroso y de su caída detrás del misterioso Potter.
- Pero… ¿qué tiene que ver con todo esto Ya-sabes-quién?
- Bueno, hijo. El Señor Tenebroso… es Tom Riddle.
- ¿Qué? ¿Cómo lo sabes? ¿Estás seguro?
- Sí, hijo. Hace muchos años, cuando tu abuelo, Morfin Gaunt dejó a tu abuela Cassiopeia, el abuelo Cygnus se puso tan furioso que maldijo a mi padre, no sé qué le hizo, pero él jamás recordó haber tenido nada que ver con tu abuela y obviamente jamás supo de mi existencia. Fue entonces, cuando el Señor Tenebroso llegó a casa de tu tatarabuelo Marvolo Gaunt, desconozco los métodos que utilizó, pero logró engañar a tu abuelo, que ya era una persona algo desequilibrada debido al hechizo de mi abuelo Cygnus, para que asesinara a unos muggles, al parecer se trataba del mismísimo padre y los abuelos del Señor Tenebroso, y luego, así como llegó se fue y lo dejó pudrirse en Azkaban.
- ¿El tiene la culpa de lo del abuelo Morfin?
- Creo que mi padre de cualquier modo lo habría hecho, odiaba a esos muggles, sólo era cuestión de tiempo. Pero, no tienes de qué preocuparte, el Señor Tenebroso se fue, ya no hay más que temer. Ahora ve a apurar a mamá, casi es hora de irnos.
- Sí, padre.
Marvolo corría escaleras arriba buscando a su madre, pero no podía dejar de pensar en la historia que ahora su padre le había contado. Pero si Voldemort era Tom Riddle, ¿cómo podía él mismo ser Tom Riddle? Las cosas cada vez tenían menos sentido, pero algo en su interior le decía que Dumbledore tenía razón y que el momento pronto llegaría, ahora sólo era cuestión de tiempo.
La pregunta era… ¿qué haría cuando llegara el momento? Si era cierto lo que Dumbledore decía, eso significaba que Voldemort le había dicho también era cierto, entonces, él era el heredero de Salazar Slytherin, por naturaleza debía odiar a los muggles, debía matarlos. No quería hacerlo, pero ahora se daba cuenta que todo podía ser real, tal vez eran verdad sus sueños, tal vez pronto se convertiría en esa persona llena de odio y rencor, en ese… monstruo.
N/A: Sé que dije que haría actualizaciones una vez a la semana, pero no pude resistirme a pasarme más pronto de lo planeado. Así que oficialmente comenzamos con el primer año de Marvolo en esta historia. Espero ver sus comentarios pronto y si saben de alguien interesado en leer cosas extrañas, aparentemente imposibles, pero fieles al canon, díganle que aquí estamos.
Saludoxxx
