En el capítulo anterior...
Yamcha acababa de llegar al Bar Ball, pero una voz familiar lo detuvo –Esa es Bulma- se dijo al sentirla hablar en la parte trasera del local. Caminó hacia allá lentamente y sin hacer ruido, quería darle una sorpresa.
-Mira. Si me lo pidieras "por favor", no tengo problema en dártelo-
-"¿Y ese quién es?"- volvió a preguntarse. Sin duda la mujer era su peliazul, pero quien la acompañaba era un desconocido. Ella tenía la mano estirada hacia aquel sujeto, y su rostro y cuerpo notaban un cierto coqueteo.
-¡Responde!-
-"¿Responder a qué?"- Yamcha estaba como estatua viendo todo. Un fuerte ruido de motor se hizo sentir, y desde allí no pudo oír nada más. Pero con mirar fue suficiente: el individuo estiró el brazo tomando la mano de su novia. Ambos se quedaron así unos segundos, viéndose cara a cara. Un simple impulso bastó para que la peliazul subiera a la motocicleta. Ambos se alejaron dejando una nube de tierra y polvo atrás. Yamcha no pudo mover ni un músculo, ni siquiera su mente pudo procesar todas las imágenes que acababa de ver...
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Capítulo 10: Jugando al detective
-Como pueden ver muchachos, un buen entrenamiento los hará buenos competidores en las olimpiadas- Roshi no podía perder el tiempo, sólo quedaban unas semanas para el gran evento del año –Sin embargo, me decepciona el poco entusiasmo que diste Yamcha- no sólo era innecesario que lo notara, sino que se lo hiciera saber a todos.
-No, estoy bien profesor-
-¿Sucedió algo, te torciste el tobillo?-
-¡QUÉ TODO ESTÁ BIEN!- gritó en un ataque de histeria. La clase y las porristas se voltearon a verlo. El chico amable nunca había tenido esa actitud tan repentina.
-Me acompañarás a la oficina. No quiero que te comportes así, menos delante de tus compañeros. ¡Este es un equipo! Todos trabajamos en función de los demás! Me oyes?-
-Sí, perdón Sr. Roshi-
-Bueno...- dijo mirando a los demás nuevamente –Felicidades por el desempeño. Con esto tenemos un lugar en las finales de la competencia. ¡Gracias a todos! Y vuelvan después de clases para una charla explicativa-
El maestro de deportes comenzó su caminata de regreso al edificio, seguido de Lunch y Yamcha. Nadie quiso hablar en el camino. No fue hasta que llegaron a un salón que el maestro tomó la palabra.
-No me agradan esas actitudes jovencito. Menos en mis entrenamientos. Si tienes un problema, cualquiera que sea, puedes decírmelo, por algo Lunch se ha preparado para ser la enfermera de los deportistas de elite. Pero lo que no permito, es que alguien tan talentoso como tú no se desempeñe como corresponde. Ahora, tampoco puedo obligarte a hablar si es un asunto personal, pero si es algo deportivo necesito que me lo digas -
-Lo siento Señor- dijo Yamcha con la cabeza gacha –Es personal-
-Ya veo...- respondió el profesor –¿Pero tendrá pronta solución? Es decir, no quiero que afecte tu condición en mi equipo. Eres una pieza fundamental para el campeonato-
-No se preocupe. En un par de días se me pasará. Primero necesito conversarlo con la persona responsable-
-Me parece una idea muy madura de tu parte. Si sigues con esos ánimos te recomiendo que no asistas a la práctica después de clase¿entendido?-
-Muchas gracias. Utilizaré el tiempo en resolver todo, lo prometo- Yamcha se retiró apenado de la oficina. No sólo se sentía una molestia en su relación con Bulma, sino que para el equipo. Regresó a casa a mitad de la mañana. No tenía caso quedarse en la escuela, especialmente luego de percibir que la peliazul estaba ausente.
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-Bulma, cariño- dijo tocando la puerta de la pieza del fondo -Estás aquí¿verdad hija?- La señora Briefs tenía sus dudas. Acababa de recibir una llamada de la escuela de que su niña se había ausentado. No sólo esto la preocupaba, sino el hecho de no haberla sentido llegar hasta casi entrada la madrugada. Abrió la puerta despacio y sin hacer ruido. La habitación estaba completamente oscura, producto de las gruesas cortinas que impedían cualquier paso de luz. Hizo un gran esfuerzo con la vista, hasta que por fin vio un bulto sobre la cama y unos pequeños ronquidos característicos de la peliazul. El corazón de la joven madre se tranquilizó, mas no las dudas de aquel extraño acontecimiento. Su hija no acostumbraba a dormir tantas horas, y eso le pareció sospechoso. Volvió a llamarla por su nombre varias veces, hasta que algunos ruidos indescriptibles salieron de la boca de la adolescente.
-Mamá por qué me despiertas-
-Pero mi amor, son más de las dos de la tarde. Me llamaron de la escuela y me dijeron...- no pudo acabar la frase debido al grito de la muchacha, que se escuchó tres cuadras a la redonda.
-¡¿Las dos?!- no lo podía creer. Se incorporó rápidamente y tomó su reloj de mesa, confirmando lo que acababa de decir la progenitora. De pronto, un gran golpe azotó la cabeza de Bulma, uno tan grande que apenas pudo decir: -Mamá, necesito descansar un poco más... Por favor...- de inmediato la puerta se cerró, lo que creó otro dolor de cabeza, esta vez más grande, en el cráneo de la afectada -¿Pero? Aaah! Qué es eso?!- no lo entendía. El dolor era tan grande como diez elefantes pasando sobre ella. A duras penas se levantó de la cama y caminó hacia el baño. Pero al prender la luz y mirarse en el espejo, pudo comprobar el demacrado estado en el que se encontraba. No lo podía creer -¡Qué es esto!- gritó. Tenía la cara enrojecida, con los poros abiertos, sus ojos tenían ojeras marcadas, una hinchazón como picaduras de abeja en los párpados; sus labios también eran enormes y rojizos... Y en su cuello... Su hermoso y frágil cuello tenía marcas redondas y de color púrpura. Cerró los ojos. Seguramente todo era una horrible pesadilla, pero al volver a mirar, pudo comprobar que nada era fantasía. Se observó detenidamente, como un médico revisa un cadáver, intentado encontrar una explicación lógica en cada detalle de su aspecto.
¿Qué había pasado? De pronto las primeras imágenes de su escape con el desconocido aparecieron -¿Qué me hizo ese descarado?- No podía pensar mucho, sólo se miraba a sí misma describiendo internamente el horror de las marcas que la delataban de algo que no tenía explicación.
De pronto sonó su celular. Era un mensaje de texto: "Bulma, tengo muchas cosas que aclarar contigo... No sé por donde empezar. Lo más importante es verte lo antes posible. Es urgente. Yamcha". ¿Qué tenía que ver su novio en todo este asunto? Quizá quería terminar con ella, debido a la escena que la peliazul había presenciado la noche anterior... Pero existían muchas dudas aún, no respecto a él, sino de sí misma. Por más que intentaba rememorar no obtenía respuestas claras. –Haber, me monté en su motocicleta, salimos a la autopista...- según ella todo acababa allí. La verdad, es que el resto de los acontecimientos eran borrosos, indeterminados...
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No habían pasado cuatro horas en la escuela y ya estaban todos enterados de la nueva pareja que se había formado. No por nada, la porrista se había preocupado de expandir la noticia hasta en los cursos mayores.
-Pues es cierto¿verdad Gokú?-
-Jajaja, pues así parece..- decía nuestro amigo con su mano detrás de la cabeza. Krillin estaba incrédulo. Otra víctima del amor. Si seguía esperando toda la escuela estarían comprometidos menos él. Sin embargo, ya tenía los ojos puestos en alguien. Era una nueva alumna que se incorporó al equipo de atletismo. Era alta, de cabello rubio y corto, de mirada fría. No hablaba con nadie excepto con otro muchacho muy parecido a ella pero pelinegro. Había algo en ella que le encantaba, es decir, físicamente era muy atractiva, pero había algo más. Una sensación familiar, como si la conociera de toda la vida. Se le acercó al mediodía después de las prácticas, pero ella hizo caso omiso a sus palabras.
-Y bueno... ¿cómo te llamas?- preguntó muy avergonzado. Pasaron unos minutos incómodos, en que ella no hacía más que mirar hacia el lado contrario de nuestro enano amigo.
-Hasta que por fin llegas- dijo por fin, pero al muchacho que llegaba a buscarla.
-Con quién hablas tanto Juha- le preguntó el hombre que se aparecía.
-Y yo qué se-
-¡No no no no no!- dijo incómodo Krillin –Yo sólo le preguntaba su nombre... Ustedes son nuevos en la escuela¿verdad?-
-Pues sí- respondió el joven.
-¿Y de qué escuela vienen?-
-Eso no te incumbe- terminó el chico.
-Jajaja, no te preocupes. Bueno, me presento, yo soy Krillin y si necesitan cualquier cosa pueden contar conmigo- Ambos chicos se marcharon, dejando al calvito solo en el lugar, y con su discurso en el aire.
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La peliazul estaba agotada, y nerviosa por cierto. Se sacó la pijama dispuesta a tomar un baño de tina, lo necesitaba. Pero al quedar desnuda frente al espejo, notó que además su cuerpo estaba gravemente lastimado.
–Esto es demasiado sospechoso. Parece que me hubieran golpeado y asaltado...- tomó una bata y corrió hasta su escritorio. Seguramente ahí estaba la respuesta. Tomó su cartera y la revisó, pero nada faltaba; ni tarjetas de crédito, ni dinero ni joyas ni nada... Todo parecía en orden, excepto ella misma. Volvió al baño y se metió al agua caliente. El dolor de su cuerpo no la dejaba pensar con claridad. Tenía unas ganas incontenibles de llorar y pedir ayuda. Quería ver a Gokú, llamar a la policía, entablar la búsqueda de ese sujeto. Hacer que todos se enteraran de lo que había pasado.
–Pero ese tal capitán Piccoro...- si la veía en ese estado, se pondría a sospechar una infinidad de cosas. –Quizá no sea buena idea- se dijo –Seguramente me acusará de algo... Ah! No es justo! Acaso no puedo tener una vida normal?- De pronto su cerebro comenzó a idear un plan –Ya me dejaré de niñerías- se dijo a sí misma saliendo del trance –Averiguaré de una vez por todas qué fue lo que pasó. No puedo quedarme aquí lloriqueando y de brazos cruzados sin hacer nada ¡Lo mejor será hacer una reconstitución de escena!- se decía entusiasmada –Y que Yamcha se olvide de verme. No tengo tiempo para pequeñeces ni discusiones estúpidas- Y así, tomando la actitud fría y calculadora de cierto príncipe ficticio, salió del agua, se puso un pantalón y blusa lo suficientemente tapadas para que no notaran sus heridas; un pañuelo blanco en su cuello; el maquillaje adecuado y un gran sombrero que la cubría –Con esto será suficiente... espero...-
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Tenía la costumbre de alejarse de todo. Sentía la necesidad de estar solo, pensativo, escuchándose a sí mismo y meditando. La orilla de la playa se había convertido en su lugar preferido desde que había llegado a la capital. Ya era costumbre descender y sentarse en la arena a mirar el profundo e infinito horizonte que tenía adelante.
Pero algo había cambiado en su vida. Ya no se sentía la misma persona. Quizá era el ruido y la civilización; el constante sonar de los vehículos pasar. Pero "no", se repetía una y otra vez que tenía "una misión que cumplir". Cuando ésta acabara volvería a ser el de siempre. Recorrería el mundo dejando atrás la nube de tierra y polvo; la infinidad de pesares y amarguras.
Había crecido mucho los últimos años, el escapar había sido la temática de su vida. Descubrir paisajes y lugares remotos jamás pisados por el ser humano; sentirse vivo, que el viento lo acompañaba en su aventura, que las ruedas de su camino las hacía él y nadie más. Había dejado un pasado tormentoso, una serie de eventos desafortunados que hicieron de él una persona fría y sin corazón. Había aprendido que apegarse a las personas sólo traía desgracias. Sólo en solitario se sentía tranquilo. O eso era hasta que llegó a la metrópoli.
Que sus compañeros descubrieran su paradero no ayudó en nada, al contrario, desde que los tuvo enfrente quiso deshacerse de ellos. Le había tomado unos meses, pero lo había logrado. Ahora de nuevo era el dueño de su vida. Excepto por un detalle: su hermosa Harley estaba deshecha. Lo que más detestaba era dejarla en manos de mecánicos que veían su tesoro como una chatarra, como un vehículo más. Pero no tenía opción. Tenía que deshacer las huellas de la noche anterior.
Tampoco lograba entender del todo lo que había sucedido. No tenía explicación el haber tomado su mano, menos haberla subido en su preciado tesoro –Me pregunto si estará bien- se decía, pero al mismo tiempo se retractaba –Qué estupidez, si la culpa la tiene esa mocosa insolente- Sacó de su bolsillo un cigarrillo, y con él un objeto metálico–Aún no sé cómo llegó esto a sus manos- decía mirando el encendedor.
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-Mi amor¿ya te sientes bien?-
-Sí mamá. Es que anoche trabajé hasta muy tarde-
-¿Pero no tendrás problemas si faltas a la escuela?-
-No digas eso. Sabes muy bien que no es necesario que asista todos los días. Además, los maestros ya me pasaron de grado con anticipación. Este nivel sigue siendo básico para mí, como los cuatro anteriores-
-¡Eres tan inteligente! Y a dónde vas tan arreglada? Te reunirás con Yamcha y cenarán fuera?-
-Emm, bueno... algo así- no podía decirle nada de su investigación.
-Debería venir a casa más seguido. Sabes lo que me encanta tener visitas-
-Tienes razón mamá lo traeré... Por cierto¿y Gokú?-
-Tampoco lo he visto el día de hoy. Quizá tuvo práctica deportiva muy temprano-
-Puede ser... pero es extraño. Desde que vive aquí nunca se ausenta-
-¡Ese joven tan guapo se te está escapando de las manos Bulma!-
-¿Qué? Pero no querías que Yamcha te visitara?-
-Pero Gokú es mucho más atractivo. El otro día se comió todos los pastelillos que traje-
-Me imagino, pareciera que su estómago no tiene límites...-
-¿Hija?- volvió a preguntar la rubia –Si crees que trabajar en el bar es agotador habla con tu padre. No le costará nada dejar a alguien más a cargo-
-¿Por qué dices eso?- preguntó temiendo ser descubierta.
-Porque no tendrás tiempo de ver a tu amigo-
-¿A Gokú?-
-No, al que vino anoche en motocicleta. Me da gusto que se preocupe de dejarte en casa cuando es muy tarde. Pero no es justo que él no pueda dormir bien porque tu trabajo termina a esas horas-
-¡¿Amigo en motocicleta?!-
-No puedo negar que aunque lo vi desde la ventana también se veía muy guapo. Debes presentármelo hija!-
-¡Mamá! Me viste llegar anoche?-
-¡Claro hija! Si hasta te cargó en sus brazos hasta la entrada. ¡Parecía un príncipe!-
-Debo irme... ¡Gracias mamá! Adiós!-
La peliazul salió a toda velocidad hacia la cochera, cuando recordó que su moto estaba en el bar. Pero eso no era problema, así que sacó otros de sus hermosos y lujosos vehículos.
A medida que recorría la ciudad su cerebro maquinaba a mil por hora. No podía entender ni enhebrar cada detalle de esa noche. Y todo se debía al extraño brebaje que le dio la cantinera la noche anterior. Sin darse cuenta, y por todo el trabajo acumulado, bebió al menos 3 copas de esa dulce mezcla de licores. En aquel momento pensaba que el mareo y su condición se debían a los papeleos, a los encargos, a los despachos, a todo lo que conlleva administrar un establecimiento; pero no, como no estaba acostumbrada a consumir alcohol seguramente...
-¿A eso se le llama estar borracha? O sea, si lo analizo desde ese punto de vista, hice cosas que nunca pensé hacer... En primer lugar hablarle, devolverle el encendedor, y SUBIRME EN SU MOTOCICLETA!... Es que lo veía tan guapo... No puedo negarlo, tiene algo que me hace estremecer, pero al mismo tiempo una sensación demasiado familiar- Bulma se perdía en sus pensamientos -¡Pero qué estoy diciendo! Me dejó seriamente lastimada y no recuerdo cómo!... Haber, veamos. Primero que todo, reconstitución de escena-
Luego de unos minutos de viaje, llegó a Bar Ball. El lugar estaba desierto, ya que a esas horas de la tarde el local no abría sus puertas. Aún estaban marcadas las huellas de su frenético escape de la realidad. Y a unos cuantos metros de allí, una pequeña botella metálica.
-¿Y esto?- dijo, caminando en dirección al oeste -"Evidencia 1": Botella metálica pequeña a cien metros del lugar de los hechos- le dijo a una grabadora que tenía entre sus pertenencias -¡Esto!- gritó tomando el objeto entre sus manos y buscando su contenido -¡Huele a alcohol! Ahora lo entiendo! Yo bebí de esto también!- calló de rodillas al suelo. No podía creer al punto al que había llegado. Todo era su culpa después de todo.
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En su cabeza todo daba vueltas. Necesitaba hablar con ella... y pronto. Tomó el primer autobús, sabía que no estaría en su casa, sino trabajando como siempre. No quería ser un estorbo para ella, para el equipo, para nadie. Esto se solucionaba hoy, de una forma u otra...
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Dejó su tesoro en manos ajenas, pero era necesario para volver a la rutina. Mientras todo se solucionaba, tomaría un descanso en su único refugio...
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Nuestra amiga llevaba varios minutos tirada en el suelo, donde comenzó todo. Al fin reconocía que ella era la gran culpable de este asunto, pero por otro lado, necesitaba saber en detalles lo sucedido.
-Tengo que encontrarlo y hablar con él...-
No pasó mucho tiempo cuando una voz familiar se le acercaba, pero no de quien esperaba.
-Al fin te encuentro¿qué haces aquí sola?-
-¡Yamcha!-
-Necesito hablar contigo...-
-Lo sé, pero éste no es el momento adecuado... Sé que quieres decirme, y no me interesa en lo más mínimo que me cambies... Me las puedo arreglar sola, siempre lo he hecho...-
-¿Qué? De qué estás hablando?-
-¿Y me lo preguntas a mí? Pues bien, de tu "amiguita"... Con la que tan caballerosamente platicabas fuera de tu casa... Eso querías decirme¿no?-
-¿Ahhh?- Yamcha estaba totalmente confundido.
En ese momento...
-¡Oye tú mocosa! Me pagarás cada centavo que me debes!-
-¡¿Túúúúúúúúúú?!- gritaron Bulma y Yamcha al mismo tiempo.
Continuará...
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Un final algo atolondrado y apurado... Pero bueno. El capítulo lo tenía "casi" terminado hace bastante, pero mis compromisos me dejan sin nada de tiempo para actualizar... No se preocupen, a principios de diciembre ya seré toda suya otra vez jajajajaja..
Puede que hayan algunas faltas de ortografía al final, pero es que lo escribí a la velocidad de la luz... Discúlpenme mil si caí en algún error garrafal.
Los reviews los responderé en el próximo capi, pero gracias a todos y cada una de las personas que se han tomado la molestia de leerme!!
Nos vemos pronto!!
Matane!
Bulnatt
