Capítulo III. El callejón Diagon y El andén 9 y ¾
1 de junio de 1991
El callejón Diagon estaba a reventar. Faltaban tres meses para que las clases comenzaran pero para los más precavidos, era hora de hacer las compras del nuevo curso escolar. Los Gaunt eran unos de esos, así que ese día habían llegado muy temprano al Caldero Chorreante para encontrarse con la familia.
- ¡Marv! - un chico de cabello negro y ojos grises corría hacia él - ¡Hey, Marv!
- Hola Reg.
- ¡Vamos, Marv! Fred me acaba de avisar que hay nuevos productos con el Dr. Fillibuster.
- ¡No quiero demasiados destrozos, Regulus! - una montaña humana se movió entre la gente - Su madre me matará si destruye el callejón.
- Hagrid - saludó Cadmus.
- Hola, Cadmus. No creí verlos aquí.
- Teníamos que comprar las cosas para Marvolo.
- Yo igual, Mary se ha casado y se fue de viaje con el susodicho, así que me ofrecí para cuidar a ese pequeño delincuente.
- ¿Porqué no se fue con James? - preguntó Cadmus.
- Pues por lo de su viaje. Estarán aquí para el inicio del curso, dicen que quieren celebrar el cumpleaños de Harry en Francia.
- Cada año se buscan una excusa nueva.
- Entiéndelos, no es fácil. El hecho de que él no esté…
- Lo sé, pero… algo me dice que las cosas no ocurrieron como parecen.
- No hay algo que demuestre lo contrario.
Ya en el callejón, Marvolo seguía a su primo muy animado. No podía evitar seguir pensando en todos esos sueños y esas conversaciones, pero trataba de olvidarlo, tenía que enfocarse en otra cosa, y nada mejor que él para distraerlo.
- ¿Cómo van las cosas, Regulus? - se atrevió a preguntar - ¿Alguna novedad?
- Pues no muchas, mi vida no tiene emociones.
- ¿Y Hogwarts?
- Pues… Fred y George fueron elegidos golpeadores el año pasado, y Charlus quedó como cazador por un pelo. Casi le gana el puesto Alicia Spinnet, pero pues el tío James era el mejor en su época, así que lo lleva en la sangre.
- ¿Y en casa?
- Pues nada, Mamá se ha casado y como se fue de viaje con el Sr. Prince, me quedé en casa con Hagrid. ¿Y ya estás listo para Hogwarts, enano?
- ¡Claro!
- ¿Y en qué casa crees que quedarás? - preguntó.
- Pues yo creo que quedaré en Slytherin como papá y mamá, es la tradición.
- Papá también creía lo mismo cuando entró, pero ya ves, quedó en Gryffindor.
- Igual que tú.
- Exacto.
- Pues a mí no me molestaría quedar en Slytherin, no creo que sean tan malos - dijo Marvolo, pensando en su condición. Si era cierto lo que Voldemort le dijo, al ser heredero de Slytherin era más que obvio que quedaría en su propia casa.
- Es una lástima que pienses así. Aunque créeme, si se pudiera pediría mi cambio a Slytherin, claro en el caso de que quedes ahí.
- Gracias, Reg.
La tarde pasó y la lista de materiales estaba completa, así que se despidieron en el Caldero Chorreante con la promesa de verse dentro de tres meses en la estación para despedir a los chicos.
Regulus Black era el único chico al que Marvolo conocía. Era su primo, como un hermano mayor, pero aún así era su mejor amigo. Llevaba años queriendo conocer a los Potter, pero ellos siempre estaban de viaje o algo así, parecía que querían pasar en Gran Bretaña el menor tiempo posible. Aún así habían estado a punto de conocerse en algunas ocasiones, pero siempre había algo que se atravesaba y últimamente, después de esos sueños tan extraños, Marvolo creía haber encontrado la respuesta a esas casualidades. Parecía que el destino estaba preparado para separar sus caminos, pero él no lo permitiría, no podía dejar que todo eso pasara, no podía permitirse a sí mismo ser esa persona, tenía que luchar contra ese monstruo.
Al llegar a su casa subió corriendo las escaleras hasta su cuarto, necesitaba estar a solas por un momento, debía pensar sin que sus padres estuvieran ahí preguntándole qué le pasaba. Se tiró en la cama y nuevamente las imágenes de ese pasado que no había vivido lo inundaron, no podía entender cómo podía ser dos personas a la vez, él no era así, él no odiaba a la gente.
Tenía familia, un amigo. No entendía cómo de pronto podría convertirse en una persona tan llena de odio y maldad teniendo una familia como la que tenía. Era imposible que un cambio de esa magnitud se diera así como así.
- No tiene que ser así, Tom.
- ¿Otra vez, usted?
- Deberías acostumbrarte. En los próximos años nos estaremos viendo mucho.
- Eso ya lo sé, estaré en Hogwarts. Es obvio que lo veré.
- No me refiero a eso.
- ¿Entonces a qué se refiere? ¿No es usted el profesor Dumbledore?
- Sí, lo soy. Pero no el Dumbledore que tú conocerás en el colegio.
- Es como… ¿un fantasma?
- Ahora no importa, Tom. Sabrás todo en su momento, ahora sólo tienes que prepararte para lo que viene, para afrontar las decisiones que marcarán tu nuevo destino.
- ¿Mi nuevo destino?
- Así es. Tu nuevo destino.
- Eso quiere decir que puedo cambiar las cosas, ¿no es cierto?
- Claro que puedes, por eso estas aquí, para cambiar.
- Pero si me equivoco me convertiré en… ¿Voldemort?
- Dudo que puedas ser Lord Voldemort de nuevo, pero sí podrías ser algo más y eso sería igual de terrible. Esta en tus manos no seguir ese camino, sólo tú puedes decidir.
- Pero es que no entiendo qué es lo que debo decidir, me parece que tengo más importancia de la que creía en este asunto.
- Tienes la importancia que te mereces, no más de la que deberías, pero sí la necesaria para saber que con eso vienen las responsabilidades.
- Sé perfectamente que tengo responsabilidades, pero no entiendo porqué hay un "momento" que llegará a mí.
- Porque antes lo tuviste, Tom. El momento llegó a ti mucho tiempo atrás, pero tomaste todas las decisiones equivocadas. Ahora en cambio, tienes la oportunidad de volver a empezar, sólo tienes que elegir tu lugar en esta guerra.
- ¿Debo estar del lado de Harry Potter?
- Eso sólo tú lo sabes, Tom. Pero no lo olvides, el momento se acerca. El poder intentará seducirte, esa será tu más importante elección.
- ¿Qué está por pasar? ¿Puede decirme más?
- El tiempo corrió en nuestra contra esta noche. El momento se acerca, Tom. Recuérdalo.
Cada día que pasaba, Marvolo se quedaba recostado en su cama con los ojos cerrados, cada día rogaba mentalmente porque Dumbledore apareciera y le dijera qué era lo que iba a pasar, qué era lo que él tenía que decidir, qué era lo que lo hacía tan importante. Pero los días seguían pasando y Dumbledore no regresaba.
Algunas noches se acostaba y se decía a sí mismo que era una tontería esperarlo, que tal vez todo habían sido sueños y nada más, pero luego recordaba todas esas imágenes, todos esos sueños. No tenía sentido que existieran, no tenía sentido si Dumbledore era una aparición, lo único que parecía ser real era el hecho de que cada día terminaba y con eso el año escolar estaba más cerca que antes.
1 de septiembre de 1991
Ya pasaba de media noche, la mañana siguiente estaría camino a Hogwarts, su tiempo de ir al colegio había llegado, pero él seguía sin saber a qué tenía que enfrentarse en el colegio, los minutos pasaban y sin saber cómo ni cuándo se fue quedando dormido, pero después de un rato que no sabría decir si fueron minutos u horas un sonido lo despertó.
- Ya se había tardado, profesor. Lo estaba… - se quedó helado al ver de quién se trataba.
- ¿Profesor? ¿Con quién estamos tratando, Marvolo?
- Yo… usted tiene que irse, no puede seguir viniendo aquí.
- No te das cuenta, ¿verdad? Yo soy tú, no puedes hacer que me vaya simplemente con decirlo. Estoy aquí porque tú quieres que esté aquí, porque deseas lo que puedo ofrecerte.
- No hay nada que usted pueda ofrecerme, yo no soy Voldemort, no soy malo.
- No sabes lo que esa palabra significa, chico. Ni siquiera sabes lo mucho que podrías llegar a perder si yo me fuera para siempre.
- No me interesa - su voz tembló, ya no quería que siguiera ahí.
- ¿Tienes miedo? Me das vergüenza. ¡Lord Voldemort no debe temer!
- ¡Yo no soy Voldemort!
- Claro que no, ahora veo que no tienes el valor suficiente para llegar al poder. Eres un tonto Gaunt, eres tan ignorante y estúpido como ese viejo. ¡Seguirás sus pasos! ¡Morirás!
- ¿Morir?
- ¿Te asusta la muerte? - por fin había llegado al punto que necesitaba para convencerlo - Juntos podríamos vencerla, Marvolo. Tú y yo podríamos vivir eternamente, vencer a la muerte y ser temidos, tanto, que no se atreverían ni a mencionar nuestros nombres.
- ¿Vencer a la muerte?
- Sí, Marvolo. Podríamos vencerla, ir más allá de lo que cualquiera lo ha hecho en el camino a la inmortalidad.
- ¿Inmortalidad? - eso sonaba tentador - Podría… hacer que mi madre tampoco muera, ¿verdad?
- Bueno… - tenía que convencerlo de algún modo, ahora encontraba el punto - Eso sería una opción. Jamás tendrías que separarte de ella, podrían vivir eternamente.
- ¿Qué tengo que hacer?
- Eso lo sabrás a su debido tiempo, chico. Por ahora sólo tienes que elegir con cuidado lo que harás. Las cosas cambiarán desde el momento en que pongas un pie en el Expreso a Hogwarts. Sólo tú puedes hacer que las cosas pasen como se supone que tendrían que pasar.
Cuando volvió a despertar ya había amanecido, era el día en que iría a Hogwarts, su momento había llegado, justo como le habían dicho Dumbledore y Voldemort. La pregunta ahora era ¿qué camino debía escoger? ¿Qué era lo que tenía que hacer? Ambos le habían dicho que tenía que tomar un lugar en la guerra, pero ninguno de los dos le habían dicho qué hacer, no sabía en qué momento tendría lugar esa decisión.
- Vamos, Marv - lo llamaba su padre -. Levántate, campeón. Es hora de irnos. Baja para que desayunes, tenemos todas tus cosas listas.
- Ahora voy, padre.
Como pudo logró levantarse, tomó un baño y se vistió. Lo que más le preocupaba era la casa en la que estaría. Sus padres habían estado en Slytherin y si no entraba él también seguro se molestarían, no importa si su primo estaba en Gryffindor o si luego se hacía amigo de los leones, el punto era que él debía estar en Slytherin como sus padres, como su ancestro. Después de todo, él era el heredero de Slytherin, tal vez eso era una señal de lo que tenía que hacer, sólo que no quería ser reconocido por ser descendiente de Slytherin, quería ser reconocido por ser él, Marvolo Gaunt. Así que tendría que hacer algo para lograrlo, tendría que esforzarse para que todo el mundo supiera quién era él.
Llegaron a la estación cuando aún faltaba media hora para abordar el tren. El andén 9 y ¾ estaba abarrotado de gente, demasiada para su gusto. Cadmus le ayudó a subir su equipaje al tren y luego bajó a despedirse de su madre.
- Nos veremos en Navidad, cariño. - le decía ella mientras besaba su frente
- Te voy a extrañar, madre - respondía él abrazándola - y a ti, padre - le dio un fuerte apretón de manos, justo como a su padre le gustaba.
- Que te la pases de maravilla, Marvolo. Te escribiremos un par de veces por semana.
- ¡Hey! - Regulus corría hacía ello - ¡Marv! ¡Tíos!
- Hola, Reg. ¿Y tu madre?
- Aún no vuelve de su viaje. Hagrid me trajo. ¿Estás listo, Marv?
- Claro, vamos.
- Nos vemos en Navidad, tíos.
- Suerte, chicos.
Subieron al tren y comenzaron a buscar un compartimiento vacío. Todo mundo miraba a Regulus, era realmente popular con las chicas, algo que sin duda impresionaba a Marvolo, sin embargo evitó tocar el tema. Pronto encontraron un lugar vacío y entraron.
- Siento tener que dejarte primo - decía Regulus mientras se levantaba de su asiento -, Fred y George me dijeron que Lee Jordan trae una araña gigante, creo que debo ir a verlos. Seguro Charlus está con ellos.
- No te preocupes, Reg. Ve con ellos.
- Volveré en cuanto pueda, lo prometo.
- De acuerdo.
Regulus salió corriendo y pronto se perdió entre la multitud de los pasillos que seguían buscando un lugar. Marvolo sacó su libro del Conde de Montecristo y siguió leyendo donde lo había dejado. Ya era la tercera vez en el año que lo leía pero le fascinaba cómo el odio y la venganza habían impulsado a Edmund Dantes a vivir y llegar a crear su nueva máscara ante la sociedad impidiendo ser reconocido incluso por quien fuera el amor de su vida antes de la traición. De pronto se escuchó que la puerta se abría rápidamente y un chico entraba corriendo y se ocultaba de la vista de los curiosos.
- Oh, lo siento - se disculpó el chico de cabello negro azabache y ojos verdes -. Estoy tratando de esconderme - dijo mientras se acomodaba el cabello.
- No te preocupes, eso lo he notado - contestó y entonces vislumbró la cicatriz en forma de relámpago en la frente del chico.
Un nuevo mar de imágenes pasaron por su cabeza, de nuevo el recuerdo de él asesinando a los Potter, luego él en algún lugar oscuro de un bosque tratando de herirlo, él de nuevo tratando de convencerlo de que se uniera a él, luego dolor, un dolor intenso. Todo se volvió negro.
- ¿Estás bien? - preguntó el chico mientras traba de levantarlo con ayuda de alguien más.
- Creo que sí - dijo casi sin aliento -. Gracias, Harry Potter.
- ¿Harry Potter? - preguntó el chico pelirrojo - Entonces era cierto lo que Fred y George dijeron, de verdad estas aquí. Creí que tal vez sólo sería una broma.
- Bueno, pues, creo que primero lo ayudamos a levantarse y luego nos presentamos.
Como pudieron lograron levantar a Marvolo que seguía aún mareado y preguntándose qué había pasado, porqué ahora recordaba más cosas, y porqué tenían que ver éstas con Harry Potter.
- Bueno, pues, ustedes al parecer ya me conocen - dijo Harry -. Soy Harry Potter, y tú… eres Weasley, ¿no?
- Sí, Ron Weasley. ¿Lo supiste por mi ropa usada y cabello rojo? - preguntó notablemente incómodo y con cierta molestia en la voz.
- No, ni siquiera lo había notado - dijo algo avergonzado por haberlo hecho sentir mal -. Mencionaste a Fred y George, ¿son los gemelos, no?
- Sí, ¿los conoces?
- No, pero mi hermano Charlus habla mucho de ellos.
- Claro, creí que sólo mentían cuando decían que eran amigos de tu hermano.
- Bueno, y ahora ¿cómo te llamas? - le preguntó Harry a Marvolo.
- Marvolo Gaunt.
- ¿Eres el primo de Regulus? - sólo asintió - ¡Somos primos entonces!
- Todos los sangre-pura somos parientes - respondió Gaunt.
- Sí, pero algunos son más cercanos que otros, Marv. ¿Te molesta que te llame Marv? - preguntó Ron.
- En realidad, no. Así me llaman mis padres y Reg.
- Bueno, pues en realidad ustedes son más cercanos con Regulus que yo con ustedes.
- ¿Tú? ¿Weasley?
- ¿Algún problema? El hecho de que nos llamen "traidores a la sangre" no significa que no seamos parientes.
- Mis padres no los llaman así.
- Pero tampoco te han dicho que también yo tengo que ver con la familia Black.
- Bueno, en realidad, no sé mucho de mi familia. Pero sí sé que mi abuela era Cassiopeia Black.
- Mi abuela era Dorea Black, eran hermanas.
- ¿Así que somos algo así como primos lejanos?
- Algo así - respondió su ahora primo Harry Potter
- ¿Y Regulus? Sé que se apellida Black, pero…
- Bueno, él es de otra rama de la familia, pero al parecer es el único al que le toca el Black por partida doble. Uno de sus tatarabuelos era hermano de nuestras abuelas y el otro era primo, así que somos familia
- ¿Pero tú aún no nos cuentas de dónde saliste, Weasley?
- Mi abuela paterna era Cendrella Black, que probablemente fue borrada de su árbol genealógico por casarse con un Weasley.
- Es muy probable - respondió Marvolo
- Y por parte de mamá… Mi abuela era Lucretia Black, hermana del abuelo de Regulus.
De pronto la puerta del compartimiento se volvió a abrir y un chico regordete con aspecto tímido entró en él.
- Lo siento… - comenzó él - he perdido a Trevor
- ¿Quién es Trevor? - preguntó Ron
- Mi sapo, se me escapó apenas subí al tren. ¿Lo han visto?
- Lo siento, pero no… te avisamos si lo vemos… eh…
- Neville, soy Neville Longbottom.
- Bueno, nosotros te avisamos Neville.
El chico salió y siguió su recorrido en busca de su sapo. Mientras tanto la señora del carrito de los dulces pasó por el compartimiento y entre Marvolo y Harry compraron de todo un poco, tanto que al final estaban tan llenos que no podían terminarse todo lo que habían comprado.
- Él es Scabbers - dijo Ron señalando una rata vieja y gorda -. Patético, ¿no?
- Sólo un poco - respondió Harry.
- George me enseñó cómo volverla amarilla ¿quieren ver?
- Claro - dijeron los dos.
- Rayo de sol dorado, color de la mantequilla - una vez más la puerta se abrió de improviso.
- ¿Alguno de ustedes ha visto un sapo? Se le perdió a un chico llamado Neville - dijo una chica de cabello castaño.
- No - respondió Ron secamente al ser interrumpido -. Él ya pasó por aquí.
- Oh, estás haciendo magia - dijo ella sin prestar atención a la clara expresión de molestia del pelirrojo -. Continúa.
- Rayo de sol dorado, color de la mantequilla, convierte esta rata en amarilla.
Unas chispas rojas salieron de la varita ocasionando que Scabbers se asustara, pero definitivamente no se había vuelto amarilla.
- ¿Eso no es un hechizo de verdad o sí? Bueno, de cualquier modo, no funciona. Yo he intentado algunos hechizos sencillos, pero todos han dado resultado - entonces prestó atención a los demás chicos y casi se le cae el libro que traía en las manos de la impresión -. ¡Caracoles hervidos, eres Harry Potter! Yo soy Hermione Granger y ¿ustedes son?
- Marvolo Gaunt.
- Ron Weasley.
- Un placer… bueno, si ven el sapo de Neville, por favor avísennos. Por cierto, estamos por llegar, deberían cambiarse de ropa - caminó hacia la puerta y en antes de cerrar se volvió hacia Ron -. Tienes tierra en la nariz, por cierto. ¡Quítatela! - y luego cerró detrás de ella y se fue...
- Creo que tienes una admiradora, Ron - dijo en tono de burla Marvolo.
- Cállate -respondió molesto mientras se frotaba la nariz -. Es una pesadilla.
- Pues yo creo que Marvolo tiene razón, Ron. A ti te ha puesto demasiada atención.
- Sólo espero no estar en la misma casa que ella.
Y ahí venía nuevamente el mar de preocupaciones para Marvolo. Una vez más se tocaba el tema de las casas. No era que se avergonzara de la casa a la que había pertenecido toda su familia, sino que simplemente sentía que el hecho de quedar en una u otra casa lo ayudaría a tomar esas decisiones del futuro que le habían mencionado sus "guías" que ahora veía más como una especie de ángel y demonio en sus hombros susurrándole qué era lo que tenía que hacer.
- ¿Marvolo? ¿Estás escuchando?
- ¿Qué?
- ¿Que a qué casa crees que entrarás?
- Creo que iré a Slytherin, toda mi familia lo ha hecho.
- Regulus dijo que su padre pensaba lo mismo cuando entró, pero que al final entró a Gryffindor con el mío.
- Lo sé, también me lo ha dicho a mí, pero no creo que sea mi caso.
- Pues a mí seguro me ponen en Gryffindor, toda mi familia ha estado ahí y creo que mi padre se infartaría si no quedo ahí también - dijo Ron.
- Yo espero quedar ahí, aunque con mi hermano en tercero no sé si sea buena idea.
- No te preocupes por eso, Fred y George lo mantendrá ocupado.
- Lo mismo que a Regulus.
Se cambiaron de ropa y siguieron platicando de lo que sería estar en Hogwarts, todos tenían una visión diferente. Marvolo a lo largo del viaje tuvo más visiones, pero ya se estaba acostumbrando a ello, tan rápido que logró evitar que sus nuevos compañeros se dieran cuenta. Lo curioso de todos esos recuerdos era que se trataban de cosas que tenían que ver con Harry, cosas en las que él no tenía un cuerpo propio pero que escuchaba, que veía. El Harry de sus recuerdos no era como el que ahora conocía, sí, era algo tímido e inseguro de todo lo que era su mundo, pero las diferencias también eran marcadas.
El tren comenzó a aminorar la marcha, eso era señal de que definitivamente Hermione Granger había tenido razón, estaban llegando a Hogwarts y pronto comenzaría eso que ellos llamaban "su nuevo destino". El corazón comenzó a latirle aceleradamente, sentía que le podría salir del pecho y huir lejos de Hogwarts, huir lejos de él, lejos de Dumbledore y Voldemort. Pero él no era ningún cobarde, como se lo dijo ese mismo día ese sujeto "Lord Voldemort no debe temer". Él no era Voldemort, Dumbledore se lo había dicho, pero ahora comprendía que aunque tal vez ya no lo era, antes lo había sido.
El tren se detuvo completamente y los estudiantes comenzaron a salir. Caminaban por el pasillo del tren arrastrando sus baúles y las jaulas de sus mascotas, hablando y gritando con la excitación de haber vuelto o de por fin haber llegado. Las emociones comenzaron a invadir a Marvolo que por primera vez en su vida se hallaba a kilómetros de distancia de su casa y de su padre.
Se levantaron para salir del tren mientras luchaban por mezclarse con sus nuevos compañeros que les impedían el paso. Caminaban llevando al igual que los demás su equipaje y tratando de no quedarse atrás. No había señales de Regulus por ningún lado, pero ya lo vería en el castillo.
Bajaron del tren y el ruido era ensordecedor, los alumnos mayores no les dejaban ver lo que había al frente y los prefectos brillaban por su ausencia. Todo se estaba saliendo de control por primera vez en la estación de Hogsmeade, hasta que de pronto una voz atronadora se escuchó por encima de la multitud mientras que una montaña humana se abría paso entre la gente.
- ¡Primer año! ¡Los de primero! ¡Síganme! - ese era su llamado.
N/A: Hola de nuevo, aquí les traigo el tercer capítulo de Segundas Oportunidades con el que iniciamos oficialmente el primer año de Marvolo Gaunt en Hogwarts. Como pueden ver poco a poco van apareciendo personajes nuevos y algunos ya conocidos. Los comentarios sobre Reg y Charlus, bueno, se irán resolviendo con el tiempo, así que no me pregunten mucho. Harry, Ron y Hermione ya están a bordo también, veremos mucho del trío a lo largo de la historia.
Muchas gracias por los comentarios y las subscripciones, intentaré no desaparecer mucho y traerles capítulos al menos una vez por semana.
Saludoxxx
