Notas Iniciales de la Autora: Para que no hayan confusiones, tres guiones indican cambio de escena. Lo siento por quienes esperan que le dedique tiempos igualitarios a todos los personajes, pero me es imposible. Mi pareja favorita es evidente, y se devoran la mayoría de las escenas. Sin embargo, trato de no dejar de lado a los demás. Todos tienen su importancia.
Este capítulo es más extenso de los que suelo hacer, en parte como agradecimiento a la paciencia y espera.
Capítulo dedicado a Kawaii Destruction, SuperBrave, y a todas las integrantes del foro: universocentralanimemanga . forumfree . net
En el capítulo anterior...
-¡Y QUÉ CULPA TENGO YO QUE NOS HALLAMOS ESTRELLADO!-
-¡Ya te lo dije! Estabas demasiado caliente!-
-¡Cómo puedes decir eso! ME DROGASTE VEGETA!...- Bulma se detuvo de pronto -¿Cómo te llamé... Vegeta?-
-Hmp! Pues sí ese es mi nombre no lo gastes- dijo el rebelde con una gota de sudor.
-¿Pero cuándo me enteré? Por favor necesito que me cuentes que sucedió! Prometo pagarte todo pero no me dejes así POR FAVOR!-
CAPÍTULO 13: NO HAY SECRETOS, PERO SÍ MISTERIOS...
-¿Cada centavo?- dijo un ingenuo motociclista.
-¡Así es! Todos y cada uno, si quieres hasta te puedo comprar una moto nueva. Pero por lo que más quieras necesito que me cuentes que demonios sucedió!-
-¿Y cómo me pagarías si eres una inútil camarera de bar?-
-¡Para que lo sepas soy LA DUEÑA de ese inútil lugar!- Vegeta ya lo sabía. De hecho, conocía casi toda la vida de la peliazul gracias a sus investigaciones. Pero no podía hacerle saber que era un traficante de drogas y que sólo la quería para su conveniencia.
-¡Ah sí! Como no! Y dime dueña de Bar Ball, ¿qué hace una chiquilla como tú administrando cosas de grandes?, ¿eh?-
-¡Eso a ti no te incumbe!- gritó la temperamental mujer –A ti lo que te interesa es tu moto, ¿no es así? Entonces dime qué sucedió y prometo pagarte-
-Bueno pequeña borracha. Nos fuimos a la playa porque quería mostrarte lo que significa ser libre. Allí te mostré lo que es la buena pasta, y como estabas algo alterada la aceptaste de inmediato. Obviamente borracha y drogada fuiste una fiera-
-¿Fiera?- no lo podía creer.
-Y parloteabas acerca de un tal "Jamchan" que te engañaba y no sé qué tonterías.-
-¿Yamcha?-
-Como sea. Hice lo que querías. Te olvidaste de todo y disfrutaste de unos momentos de paz-
-Y... ¿ahí fue cuando te besé?- preguntó algo tímida.
-¿BESARME? Te lanzaste a mí como una hiena! No podía sacarte de encima. Estabas incontrolable, mujer-
-¡Dios mío! ¿Ese es el efecto que causan las drogas?-
-Mocosa, eres la primera que veo que reacciona tan fogosamente-
-¡NO TE CREO NI UNA PALABRA!- estaba colérica a éstas alturas –¿Y acaso no me detuviste? TE APROVECHASTE DE UNA PEQUEÑA NIÑA COMO YO! Eres un atrevido! No te pagaré NADA! Pervertidoooo!-
-Mira mocosa- dijo acercando su cara a la de ella, y con voz tenebrosa –Yo no me aproveché de nada-
-¿Y eso qué tiene que ver con el accidente? Cómo llegué a casa?- el chico no la escuchó. Sacó de su bolsillo objetos demasiado conocidos para la peliazul, comenzando un ritual que ya había visto anteriormente -¡PERO QUÉ HACES!- él no contestó, siguió en lo suyo como si sus palabras se las llevara el viento –RESPONDE!!-
-No me gusta hablar con mujeres escandalosas- dijo acomodándose en el asiento del auto -Pero si eso arregla mi motocicleta, lo haré.- dijo al tiempo que prendía su ya conocido cigarrillo –Te lleve a la playa que está a las afueras de la ciudad; no soporto el ruido de esta metrópoli. Pero perdiste el control antes de tiempo; nunca pensé que te pusieras tan animal sólo con dos caladas de marihuana-
-La verdad, no recuerdo nada…- decía, muy apenada, la peliazul.
-Cuando logré soltarme de ti, decidí irme y dejarte abandonada en ese lugar. Pero empezaste a ser mucho escándalo a mitad de la carretera; te subiste a mi moto sin permiso, incluso cuando yo ya había partido.- dijo dando otra jalada de droga –Subí la velocidad al máximo. En una curva me tomaste de la cintura, me empujaste, y ambos caímos al pavimento. Mi moto siguió andando varios metros hasta estrellarse en la barra de contención-
-Vaya…-
-Como estaba en medio del nirvana no recuerdo haberme enfadado. Sólo te llevé a donde tú me dijiste y regresé. En la mañana me percaté que mi motocicleta estaba estropeada, y yo lleno de magulladuras.- Bulma escuchaba atenta. Sin embargo, aún desconfiaba. Su instinto le decía que esa no era toda la verdad.
-Más vale que haya sido así. Porque si me entero de algo mas, te entregaré a la policía-
-Hazlo. Para cuando te realicen exámenes y vean que tienes droga y alcohol en tu sangre seré yo quien ría último. A mí no me interesa la cárcel. He vivido en ella todos estos años.- Parecía estar diciendo la verdad. A pesar de su temperamento, la chica se caracterizaba por confiar en los demás.
-¿Cómo llegaste hasta aquí? No tienes tu moto, y de alguna forma me alcanzaste-
-Tu patético triciclo rosa estaba en el bar- dijo notoriamente avergonzado. La mujer no pudo contener las risas.
-Jajaja. ¡Pobre! No me imagino a un hombre tan varonil como tú conduciendo así-
-Y no volveré a hacerlo.- dijo muy serio, pero avergonzado -Será mejor que me lleves de vuelta a la ciudad- dijo manteniendo la compostura.
Bulma se bajó de su automóvil último modelo y tomó aire. Buscó por los alrededores hasta que vio su pequeña moto rosa estacionada a unos cuantos metros de ella. Caminó hacia ella y la observó con cuidado.
-Mmm… No quería mostrar esto pero no tengo opción. Debo llevarla de alguna forma- dijo. La arrastró hacia donde se encontraba el rebelde y la escondió en la berma para que los automovilistas no se percataran –No te asustes. Es un nuevo prototipo de la compañía que aún no está perfeccionado.- Vegeta permaneció en silencio, mirando con detalles –Pero creo que es la única forma de llevarla a casa- rodeó el artefacto hasta encontrar un pequeño botón azul. Al presionarlo, salió una bomba de humo que los cubrió a ambos unos segundos. Vegeta, intrigado y sorprendido, vio cómo el objeto había desaparecido. -¡Listo!- gritó Bulma, al tiempo que cogía la cápsula que salía entre las cenizas.
-¡Pero qué…!-
-Lo llamo compresor de unidades. Aunque sólo dura dos horas en ese estado, será suficiente- dijo ella.
Volvió a su vehículo y ambos emprendieron el viaje de regreso.
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Las prácticas de atletismo habían acabado hacía varias horas, pero una rubia muchacha seguía en las canchas. Yuhashi (Nº 18), era de las mujeres de armas tomar; cuando algo se metía en su cabeza no podía detenerse. Durante la tarde se percató de dos competidoras que la superaban en habilidades, y desde ese entonces, decidió que no se detendría hasta ser la mejor. No le interesaban las olimpiadas ni los comentarios de los entrenadores, a ella sólo le importaba ganar. Su hermano la observó durante varias horas, pero no era el único. El pequeño jugador de básquetbol no le quitaba los ojos desde las galerías. No podía entender cómo, pero estuvo interesado en ella desde que la vio en la escuela.
Yuna, el hermano de la rubia, admiraba sus esfuerzos. Sin embargo cuando bajó el sol decidió marcharse, dejándola sola. No podía estar acompañándola todo el tiempo, tenía cosas que hacer. Krillin y ella se quedaron solos, pero a metros de distancia.
El otoño se hacía presente. Eran las 7 de la tarde y ya no había luz. Yuhashi desistió sus entrenamientos por ese día. Se dirigió a los camarines de la escuela a cambiarse. Se sentía frustrada, no soportaba la idea de que hubiera chicas mejor que ella. No se detendría hasta alcanzar sus objetivos.
-Vaya. Con que Yuna me dejó sola otra vez- se dijo para sí mientras tomaba una ducha caliente.
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Las semanas habían pasado rápido desde que los hermanos abandonaron el pueblo donde vivían. Hacía muchísimos años, un grupo de personas que escapaba de la guerra, se refugió en un país del sur. La comunidad de exiliados formaron rápidamente una aldea llamada Ribbon. Sus habitantes no participaban de las costumbres del país que los acogió, sino que mantuvieron los ritos de sus antepasados. Lograron los permisos para convertirse en comunidad de extranjeros, y tenían permisos especiales para no participar de la vida política.
Los meses pasaron y quien era el fundador, se convirtió en jefe. Su respeto y sabiduría eran innegables. Educaba a los niños e instruía a adolescentes, alejándolos de sus padres y encerrándolos en supuestos "internados" a varios kilómetros de la aldea.
Lo que nadie sabía, era que el anciano se aprovechaba de los jóvenes; no sólo los maltrataba, también abusaba de ellos sexualmente. Las violaciones eran tan cotidianas, que ninguno de los pequeños trató de denunciarlo.
Yuna y Yuha tampoco, pero notaron que lo instruido por Maki estaba mal.
Su acostumbrado comportamiento, alterado y apresurado, los llevó a escapar a los meses después. De alguna forma, y con la ayuda de colaboradores del doctor, se les ordenó continuar su enseñanza en la Capital del Oeste, alternativa que no rechazaron.
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Yuha salió con su ropa de descanso del gimnasio. Estaba sola, pero el silencio no la agobiaba, al contrario, la tranquilizaba. Sin embargo, a los pocos metros de andar, notó que alguien seguía en el recinto. El ruido se escuchaba desde las canchas; al parecer, algún otro deportista seguía entrenando. No lo dudó, la rubia caminó directamente a la cancha de básquetbol para investigar.
Krillin había desistido de espiar a la chica nueva. No era de los hombres que supiera las artes de la conquista, por lo que había decidido ejercitar unos momentos más antes de volver a casa. La pelota naranja, muy parecida a su cabeza, no dejaba de dar botes y entrar en la canasta. Corrió determinante a hacer una clavada, pero cuando saltó y avanzaba hacia el arco, dio un giro a la entrada de la cancha. Ahí estaba, rubia, despampanante, imponente, Yuha lo estaba espiando. El descuido del chico fue evidente, no reaccionó y Krillin chocó fuertemente su cabeza con el tablero.
El silencio continuó. Ella ni siquiera se echó a reír…
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-¿Con que Vegeta?- el copiloto miraba a la mujer que conducía –En algún momento de la noche debiste decirlo, no pudo ser de otra forma- La autopista estaba colapsada, y llevaban varios minutos detenidos por un accidente más adelante. Bulma no tenía más opción que "intentar" conversar con el extraño. Pero éste seguía sumergido en sus pensamientos –¡Este tráfico es del demonio! Nunca llegaremos a la ciudad!-
-Que alterada eres…- le dijo fastidiado de tanta habladuría sin sentido.
-¿A sí? Pues tú no ayudas en nada. Te la pasas callado como si estuvieras solo. Deberías aprovechar de hablar con la hermosa mujer que tienes a tu lado. Al menos aumentarías tus modales-
-Pues cuando vea una mujer hermosa, lo haré-
-No tengo ganas de discutir- dijo cansada y sin ánimos -¿Conoces alguna ruta alternativa?-
-Toma el camino de la costa-
-¿Cuál?-
-Es camino que rodea la playa-
-Pero no fue allí donde…-
-Ni me lo digas…- parecía una buena idea. Bulma supuso que recordaría más de lo sucedido si pasaban por el lugar donde todo había comenzado. Encendió la radio para distraer el incómodo silencio.
A los pocos metros la salida de la ruta lateral estuvo frente a ellos.
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-¡Ah! Eso me dolió!-
-Pero qué tonto…- dijo la rubia, que no comprendía cómo alguien podía golpearse con el tablero en medio de un rebote.
Krillin frotaba su brillante calva al tiempo que unía las piezas del rompecabezas. De seguro la muchacha llevaba minutos en el lugar, y él no se había percatado. Ahora no sabía qué hacer. No tenía idea cómo conquistar a una chica. Ya lo había intentado en más de una ocasión sin éxito. Pero si Yamcha y el despistado de Gokú lo habían conseguido, ¿por qué él no? Rió tímido y se acercó a ella,
-¿Quieres que te lleve a casa?- preguntó.
-No soy ninguna cobarde. Sé cómo defenderme sola- dijo ella sin moverse ni un centímetro.
-Bueno, lo siento. De todas formas yo ya me iba-
-Y yo también. Ni siquiera sé qué hago en este lugar-
Caminaron juntos por inercia. Es decir, las primeras calles que recorrieron eran las mismas. El silencio de ambos se entremezclaba con el viento soplando las hojas de los árboles otoñales. Por alguna razón, ninguno de los dos estaba incómodo. Sin embargo, Krillin necesitaba quebrar el sigilo que los acompañaba.
-Ve… ve.. veo que practicas muy duro. Te gusta correr, ¿no es verdad?- dijo tímido, se notaba.
-Es una forma para liberar tensiones- dijo sin comprender el porqué le hablaba.
-A veces siento lo mismo- la chica lo miró de sorpresa -¡No te ofendas! No es que sea exactamente así..- dijo nervioso moviendo ambas manos de un lado a otro. Pero recobrando la tranquilidad y mirando hacia delante dijo –Uno cree erróneamente que los problemas se alejan si entrenas muy duro. Pero cada vez que aprendes una nueva técnica, aparecen nuevos obstáculos, mucho más difíciles que los anteriores, que te hacen volver a cuestionar si todo lo que haces vale la pena- Yuhashi lo miraba con atención. Podían ser palabras simples, pero para ella tenían un sentido mucho más allá que el deportivo –Pero un día te das cuenta, que nada de lo que haces sirve si no lo compartes con los demás. Sólo así puedes disfrutar lo que haces…- Krillin tampoco comprendía el significado de sus propias oraciones.
Ella permaneció en silencio. Odiaba tener que hablar con alguien que no fuera su hermano. Sin embargo, no deseaba llegar a casa jamás…
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Bulma seguía el camino local; Vegeta, en sus pensamientos, sólo miraba el camino delante de él. La música sonaba fuerte, era el único método de detener el silencio que incómodamente los acompañaba. Las nubes adornaban el paisaje de otoño, y le daban ambiente sombrío al hermoso camino costero que recorrían. El sol estaba frente a ellos, anunciando los minutos para el anochecer. Al fin sabía todo, ya no había secretos de esa fatídica noche en que dos jóvenes cambiaron sus rumbos para siempre. Las vidas de ambos se habían cruzado, pero no de la forma en que el comerciante de drogas quiso.
Bulma se detuvo abruptamente. Había algo más adelante que no los dejó avanzar. Vegeta miró con detalles lo que había más adelante: dos patrullas de la policía; varios uniformados tomando notas y una vía local detenida al tránsito de vehículos. La peliazul cambió su rostro al instante, al parecer, un deja vu atravesó su pecho golpeándola al detener el auto.
-Fue aquí donde nos estrellamos… Pero… por qué…- dijo ella; él, seguía en silencio. Delante del auto, un policía se cruzó.
-Bulma Briefs. Creo que ya es rutina encontrarla cada vez que hago mi trabajo- dijo el capitán Piccoro desde su ventanilla –Sus documentos, por favor-
-Digo lo mismo. Lo veo más que a mi novio- dijo nerviosa. No era posible que la policía estuviera en el preciso lugar donde, hacía unas horas, los dos jóvenes que ocupaban su auto se habían estrellado.
-Vaya- dijo el verde individuo mirando su identificación. Veo que acaba de cumplir 18 años. Desde ayer que tiene permiso de conducir en este país- le devolvió el documento y fijó su vista en el copiloto que estaba con ella –Le puedo preguntar, señorita Briefs, ¿qué hace en este camino tan desolado cuando está por anochecer?-
- La autopista tiene un tráfico horrendo. Usted más que nadie debe saber eso. Siempre sospechando de mí, sin siquiera saber yo qué está investigando ahora.-
-Anoche ocurrió un accidente. No hay detalles, fue en la madrugada, por lo que no había testigos. Pero falleció un vago que solía dormir en la acera de este camino. Por lo que es necesaria una investigación- la chica no pudo disimular su horror. Miró al rebelde que tenía a su lado.
-Es… es… terrible- fue lo único que salió de su boca.
-¿Quién la acompaña, señorita?-
-Este… él es…- no entendía el porqué de tantas preguntas. Se estaba poniendo nerviosa de sólo pensar en ir a la comisaría y confesar todo. Vegeta, sin embargo, no hizo ningún gesto –Es mi primo. Acabo de recogerlo del aeropuerto-
-No se ponga nerviosa- dijo el policía -Es mi deber consultar su ruta. Además, como dice el dicho, "el culpable siempre regresa al lugar del crimen"-
-Disculpe mi atrevimiento- gritó Bulma perdiendo la calma -Pero sus consultas me ponen bastante nerviosa. Y que me acuse indirectamente es aún peor-
-Ustedes los niños se quejan de todo- Piccoro se alejó de la ventanilla del auto -Siga su camino. Ya le he dicho que no quiero volver a verla-
Bulma continuó su camino consternada. Cuando avanzaron unos cien metros, miró a Vegeta a los ojos, olvidándose de la ruta.
-¿Tú sabías eso?-
-No hay necesidad de recoger la basura-
-¿¡Qué?! Si llegan a sospechar algo estamos perdidos! No has pensado en eso? Qué pasa si encuentran un cabello mío, uno tuyo, un rastro de que fuimos nosotros los causantes de esa muerte!! Acaso no piensas en eso? Eres así de insensible?- él no contestó. Al contrario, puso sus dedos en los oídos para que no se reventaran por el volumen de la chica.
Siguieron su camino en completo silencio. Hasta que el motociclista avisó que debían doblar en una esquina para llegar al taller donde estaba su Harley. Era un lugar tenebroso, desolado, pobre y sin pavimento. Un gordo sin camisa salió a recibirlos, mirando a Bulma de forma lujuriosa.
-¡Ah! Es usted- dijo el obeso mirando a Vegeta en el otro asiento –Lamento decirle que conseguir los repuestos originales será imposible. Sólo se compran en tiendas especializadas, pero me di el trabajo de conseguir unas piezas alternativas que le servirán mucho-
-Olvídalo, gordo. ¡Quiero que le saques tus asquerosas manos a mi motocicleta!-
-Oye bastardo. Fuiste tú quien la trajo hecha añicos! Es lo único que puedo conseguirte con el poco dinero que me has dado. Si quieres algo mejor, más te vale traer más dinero, mercancía, o dejarme a esa linda chica como garantía…-
-¡Cómo te atreves descerebrado!- dijo la peliazul bajándose del auto, visiblemente enfadada -Nos llevaremos la moto a ¡MI casa! Ahí podrá ser reparada correctamente. No se quedará ni un minuto más en este lugar tan asqueroso- Estaba sorprendida de las condiciones de ese lado de la ciudad. No estaba habituada a las zonas "pobres". Se percató de la suciedad y de la oscuridad. Tenía miedo de ser asaltada o violada, pero por alguna extraña razón, se sentía protegida con el motociclista que la acompañaba.
-Ya escuchaste, bola de grasa- ahora se voltea a Bulma -Yo iré por el dinero y mis cosas. Están a la vuelta. Recibe y guarda mi moto como lo hiciste con la otra- la chica se estremeció…
-Pero… pero… ¡Vegeta!- gritó eufórica.
-¡Y ahora qué!-
-Me.. me… ¿me dejarás sola con este tipo? Debes proteger a esta inocente chica! No estoy acostumbrada a los barrios de la periferia!-
-No seas cobarde- se puso a caminar en dirección al norte, y en la primera esquina dobló, perdiéndose de la vista de los otros dos. Ahora era fatal, el gordo estaba con ella. Y con todos los insultos recibidos sería peligroso.
-Y yo que pensaba que me protegería-
-¡Va!- suspiró el mecánico –No me interesan las anoréxicas como tú. Estás en los huesos, no te creas la gran cosa- la mujer se alivió. Contó hasta quinientos mil y prefirió aguantarse las ganas de insultarlo por miedo a ser violada, asaltada, ultrajada, y todos los "adas". El gordo volvió al taller y ella lo siguió. Dentro, sólo estaba la motocicleta de Vegeta, nada más. Le parecía extraño que un local de reparaciones no tuviera más en qué trabajar. Incluso, más aún, la Harley no parecía haberse tocado. Pero mejor no preguntó. Se dirigió a su auto seguido del hombre y la chatarra, colocaron el vehículo destrozado encima de la cajuela del convertible y ella, sin perder tiempo, se subió a su auto. Encendió la marcha para seguir a Vegeta, pero éste ya volvía por donde había desaparecido.
-¿Ahora puedo irme?- le preguntó al de cabellos parados.
-Quédate en el auto. Debo ajustar cuentas- Entró al taller seguido inmediatamente del reparador. Pasaron varios minutos silenciosos hasta ponerse de noche completamente. Bulma encendió la música -Seguramente Vegeta le está pagando- pensó.
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-¿Crees que se lo haya creído todo?-
-Evidentemente. Es más ingenua de lo que creí- contestó Vegeta sin dudar un segundo.
-Y ahora qué harás- el "príncipe" guardó silencio. Al no escuchar respuesta el mastodonte volvió a preguntar -¿Piensas irte con ella, Vegeta?-
-Claro que sí, Nappa. No hagas preguntas estúpidas-
-Lo siento… ¡Pero no tenías por qué tratarme como basura! No soy Raditz-
-Tu trabajo terminó- dijo el motociclista cambiando el tema de repente -Ya no lo necesito- sentenció el rebelde, sacando una pistola de su bolsillo trasero que el otro miró con terror.
-Pe.. ¿pero qué estás haciendo? La matarás antes de que arregle la motocicleta? Eso es absurdo!- dijo aún confundido.
-Para eso está el silenciador- dijo al tiempo que sacaba de su otro bolsillo un objeto alargado, como un cilindro, que ajustó perfectamente en la boquilla del arma.
-¿Te vas a quedar con su auto? Te descubrirán! No creo que existan muchos Audi rojo convertibles en esta ciudad- gritó Nappa, más alto de lo normal.
-No necesito un carro de muñecas. Además…- dijo tenebrosamente –… no pienso matarla… todavía- no vaciló. Con frialdad y determinación apuntó el arma a quien tenía en frente. Y sin medir consecuencias, asesinó a quien fuera su mejor compañero.
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Se había acostumbrado a que todos la admiraran por su belleza, a que los hombres babearan al verla y a que las chicas la envidiaran. No le interesaban los deportes, el estudio ni su familia. Había huido del pueblo que la vio nacer y de las costumbres que le habían enseñado. Sólo le importaba su hermano y ser la mejor.
Pero hubo algo en esa conversación inocente, algo "familiar". A pesar de no agradarle los hombres, menos los enanos, disfrutó la plática con Krillin camino a casa.
-Es calvo, enano y hablador- se dijo para sí, tratando de tranquilizarse. Juna la recibió con la comida rápida comprada del almacén. Ni siquiera la acompañó en la cena. Estaba sola, como acostumbraba. Pero satisfecha…
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Gokú y su novia salían de uno de los tantos Mc-Donals de la ciudad. Los planes de ella eran ir al cine y prepararle la comida ella misma, pero el tiempo escaseaba, y se había hecho de noche antes de lo previsto. Cruzaron el parque tomados de la mano, cosa muy inusual en nuestro amigo. Platicaron de comida, de los deportes, del torneo que se aproximaba a pasos agigantados. Milk estaba feliz porque había logrado sus objetivos; Gokú lo estaba porque tenía con el estómago lleno.
-De todas formas tu comida es más deliciosa que esas hamburguesas tan extrañas-
-¿En serio lo crees?- preguntó sonrojada.
-¡Claro que sí! Ese queso más bien parecía plástico radioactivo-
-¿Sabes lo que es radioactivo, Gokú?-
-No- dijo sin vacilar –Pero se lo escuché decir a Bulma una vez, jajaja- dijo con su mano detrás de la cabeza. La porrista se molestó de inmediato.
-Bulma, Bulma, ¡BULMA! Lo único que haces es hablar de la histérica de Briefs! Ya te dije que tu novia soy YO! No entiendo cómo sigues viviendo con ella! ¿Acaso no tienes dónde más quedarte?-
-Emmm.. pues… no- dijo nervioso.
-¿Y Yamcha, Krillin? Alguien más del equipo?-
-La verdad no lo había pensado. ¿De verdad te molesta tanto que viva con ella?-
-¡CLARO QUE ME MOLESTA! Todo el mundo lo comenta!-
-No te enfades tanto. Por ella estoy aquí. Piénsalo así.-
-No la soporto. Es una engreída. Se la pasa sacando las mejores calificaciones. No tiene que rendir exámenes ni preparar proyectos. Es una manipuladora. Tiene a todos los profesores comprados!!-
-No es así, tranquilízate. Ella siempre ha sido inteligente. No puedes negar eso-
-¡Pero me molesta que vivan juntos!-
-Mira, Milk. Los chicos ya lo saben. Mi habitación está en el ala norte de la mansión. Ni siquiera la he visto en dos días-
-¿Es en serio?-
-Sí, y me preocupa. Ese Piccoro debe estarla siguiendo -
-¡NO ME REFIERO A ESO!- dijo gritando. Había perdido los estribos –En serio las habitaciones de ustedes dos están bien, pero BIEN separadas?-
-Sí, así es. Yo sólo me reúno con los demás a la hora de la cena-
-Entonces, en ese caso, no hay ningún problema- ahora fue Gokú el que casi se cae al suelo. El cambio de humor en su nueva novia le recordaba mucho a su amiga. Sin embargo, la preocupación de éste por la peliazul no desaparecía. Lo mejor era volver a casa para cerciorarse que todo estuviera bien.
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Vegeta volvió al auto de Bulma, quien estaba con la radio a todo volumen.
"No me preguntes más por mí,
si ya sabes cual es la respuesta.
Desde el momento en que te vi,
sé a lo que voy…"
El joven arqueó la ceja. Era peor que ser arrollado por tres camiones que cargan caballos, incluyendo sus excrementos.
"Yo me propongo ser de ti,
una víctima casi perfecta.
Yo me propongo ser de ti,
un VOLCÁN HOY!!"
-Lo fuiste, créeme. Y te advierto que no quiero que lo repitas de nuevo- le dijo al entrar al vehículo. Bulma gritó como nunca en su vida, dejando sordo al pobre Vegeta. Se tapó los oídos y apagó la radio de un golpe, pero era tarde, sus tímpanos habían muerto por presbiacusia.
-¡No deberías asustarme así! Pensaba que era un asesino! Un violador! O ambas!-
-Sigue derecho y dobla en la esquina- le dijo aún con las orejas tapadas –Debo recoger algunas cosas-
-¿Pero no estuviste allí hace un momento?-
-No hables más que me vuelves paranoico con tantas preguntas-
-No te enfades, si no grité tan fuerte- dijo guiñándole un ojo. Hizo lo que le pidió. Avanzó unos metros y dobló en la esquina de la calle. Al menos estaba más iluminado.
-Allí, donde dice "Pensiones"-
-¿Vives ahí?-
-Por ahora- dijo –Para cuando estará lista mi motocicleta- preguntó serio mientras abría la puerta del vehículo.
-No lo sé. Te avisaré mañana en el bar, ¿te parece?-
-Espero que cumplas con tu parte del trato. La quiero en perfectas condiciones-
-No sé como me metí en este lío, pero sí, Me preocuparé que los mecánicos de la Corporación utilicen las piezas originales necesarias. No debes temer-
Pero al bajarse del auto, un sujeto viejo, mal vestido y con una mochila en la mano, se acercó a Vegeta precipitadamente.
-¡Óyeme tú! No creas que podrás quedarte otra noche aquí! Me debes mucho dinero! Aquí están tus cosas! Más vale que te largues inmediatamente. No quiero ver tu cara de nuevo aquí, ¡entendiste!- Bulma observó la acción con cuidado. De nuevo, no entendía nada de lo que sucedía.
-¡No me grites de esa forma si no quieres arrepentirte de tus actos!-
-Si te acercas de nuevo a mi residencial, llamaré a la policía para que te desalojen!-
-¿Qué pasa? Me puede alguien explicar qué es todo esto?-
-¡Tú no te metas, mocosa. A menos que éste me pague por adelantado, no puede quedarse más!- Vegeta, quien ya estaba fuera del vehículo, tomó su mochila -¡Y no vuelvas hasta que me traigas el dinero suficiente!-
-Nos vemos en el bar mañana a las ocho de la tarde- le dijo Vegeta a Bulma, omitiendo lo que le gritaba el tercer personaje.
-Pero… pero…- era tarde. El motociclista se puso a caminar y el dueño del hotel entró de nuevo en su morada. Bulma, con ese imparable corazón de abuelita, persiguió a Vegeta en los pocos metros que había avanzado.
-¿Y tú dónde piensas dormir?- le gritó desde la ventanilla del auto.
-Me iré al parque. Ya puedes irte-
-¡Cómo que irme! Y dejarte a merced de los delincuentes? No señor! Eso es muy peligroso!-
-Ya te he dicho que no te metas en mis asuntos. Tú sólo preocúpate de la reparación de mi motocicleta- Hubo un silencio entre ambos, en el que el rebelde avanzó unos cuantos metros más. La chica dudaba de él, de sus intenciones u objetivos. Pero no podía abandonar a alguien en esas condiciones. Volvió a perseguirlo con el auto hasta que estuvo frente a él.
-Sube-
-¿Qué?-
-Como no tienes un lugar a donde ir, ni dinero, lo mejor es que te quedes en mi casa. Es bastante amplia, no creo que mis padres me pongan problemas. Además, mi madre te vio cuando me dejaste la otra vez. Y si no hubiera sido por ti, seguramente mi cadáver estaría siendo examinado por ese policía tan fastidioso-
Esta vez no se quejó, no discutió ni lo dudó. Se subió nuevamente con la chica, y ambos emprendieron el camino de regreso al barrio adinerado. Bulma no encendió de nuevo el aparato de sonido. Había tenido suficiente por un día y el silencio era tranquilizador. La noche estaba presente y la luna iluminaba las frías y pobres calles de ese sector de la ciudad. El barrio más pobre y peligroso de la metrópoli. Tomaron la autopista interna y el camino reflejó las huellas del Audi rojo último modelo que aceleraba aún más.
-
El dueño de la residencial no podía ser más feliz. Nunca había tenido tanto dinero en su poder. No comprendía por completo las razones que tendría el allegado para pedirle ese favor de correrlo. Sin embargo, su trabajo no había acabado allí. Salió de su casa con un saco, una pala y una carretilla. Dobló en la esquina de la calle dirigiéndose al estacionamiento abandonado que había en la cuadra. Entró temeroso, pero sabía que lo encontraría: el cadáver de un hombre yacía entre unas cajas. Con mucho esfuerzo, sacó el cuerpo envuelto en el saco. Lo arrastró sobre la carretilla hasta el patio de la residencial, donde ya había un hoyo cavado. Lo enterró sin saber su nombre ni procedencia.
Estaría arrepentido de por vida. El dinero en su poder estaba manchado de sangre. Prometió silencio hasta el día de su muerte, y así sucedió. Pero viviría con el temor de ser acusado de un crimen que jamás cometió.
--
Después de dejar a Milk en su casa, Gokú volvió a la suya. Al entrar se sorprendió de ver que el señor y la señora Briefs cenaban solos.
-¿Y Bulma?- fue lo primero que preguntó.
-Aún no ha regresado- Nuestro amigo tuvo un mal presentimiento –Es extraño, dijo que no trabajaría en el bar hoy- dijo el papá de la peliazul.
-Pero cariño, no te preocupes. Debe estar con Yamcha en algún lugar. No tardará en regresar-
-Es cierto- dijo Gokú –el otro día discutieron y seguramente se arreglaron. Debe estar por llegar- nuestro amigo acompañó a los más adultos a comer (a pesar de que se había comido el Mc-Donals completo).
A los pocos minutos de terminar de cenar, se escuchó el ruido característico del auto de Bulma. Gokú fue el primero en recibirla. Ni siquiera la había saludado en su cumpleaños. Seguramente estaría enfadada, y por eso, decidió pedirle disculpas antes de que armara un escándalo. Tal fue su sorpresa al ver que no venía sola. Y que el hombre que la acompañaba, no era precisamente su novio. La mamá de la chica también salió a recibirla, pero a diferencia de Gokú, se alegró mucho de ver que su hija traía a un invitado.
-¡Oh! Tú eres el chico tan guapo que trajo a mi hija la otra vez!- Vegeta permaneció en silencio (para variar), pero se le notaba bastante incomodo por el recibimiento masivo –Debo decirte que me encantan los hombres varoniles. Tu forma de vestir y tu motocicleta te hacen ver muy peculiar-
-Mamá, Gokú, él es Vegeta. Se quedará unos días en la casa hasta que reparemos su motocicleta-
-¿Qué? Acaso le pasó algo malo?- preguntó la singular señora.
-Sólo digamos que necesita ser reparada-
Vegeta había planeado todo desde un principio. Con su mente fría y calculadora, sabía perfectamente que terminaría en ese lugar. Todo marchaba a la perfección, excepto por una cosa: En sus investigaciones previas, averiguó que la familia de Bulma se componía de su padre, su madre y ella. Sin embargo, había otro joven acompañándolas, y no era el insecto de la otra vez. Temió ser descubierto. Había avanzado mucho como para que otro individuo se interpusiera en sus planes. Debía ingeniárselas para deshacerse de él cuanto antes, sino todo estaría perdido.
-Vegeta, él es Gokú- le dijo al notar que el rebelde tenía su vista puesta fijamente en él –También vive con nosotros. Va al instituto conmigo-
-Mucho gusto, Vegeta- le dijo nuestro amigo, sonriendo de una forma muy diferente a lo habitual…
Continuará...
Notas finales de la autora: Al parecer, según las reglas de la web de fanfiction, ya no es posible responder a los reviews al final de los capítulos, ya que interrumpe la lectura de quienes quieren leer de corrido las historias. Lo que sí haré, será utilizar la sección de "Reply" para agradecerles sus comentarios. Así que no olviden dejar su mail si es que no tienen una cuenta o no han hecho Login.
Les agradezco de todo corazón que sigan leyendo a pesar de los retrasos o problemas de actualización que he tenido los últimos meses.
Un beso a todos y cada uno de los que me leen. Es un honor para mí que se den el tiempo para pasar por el trabajo de esta humilde y aún aprendiz de escritora.
Un saludo, y que tengan muy buen día!
Bulnatt
Pd: este era el regalo que te tenía, Kawaii Destruction!
