Capítulo VI. Alegría que trajo la serpiente
La mañana siguiente llegó con una excelente noticia. Las lecciones de vuelo serían el jueves de la semana que comenzaba y eso los emocionaba mucho. Era la primera clase práctica divertida que tendrían, lo único malo era que no podían llevar sus propias escobas, así que tendrían que volar en las del colegio que no les llegaban ni a los talones a las suyas.
- Espera que lo lea Ron, se morirá de la impresión - Harry brillaba de la alegría.
- Lo sé, pero… supongo que no le hará gracia que compartamos el día con él.
- ¿Porqué?
- Malfoy… - dijo él con un gesto de claro desprecio - Créeme, si pudiera cambiar mi propio día lo haría.
Salieron de la sala común y se dirigieron al Gran Comedor. Marvolo planeaba encontrarse con Ron y Hermione desayunando juntos, pero se llevó una gran sorpresa al verlos a los dos a cada extremo de la gran mesa. Eso no era lo que él quería. Así que terminó de desayunar y se dirigió a la mesa de Gryffindor.
- Creí que estarías con Hermione - le dijo a modo de regaño.
- Es una pesadilla, no la soporto - respondió el aludido sin mostrarle importancia.
- Ayer no parecía eso - señaló Marvolo.
- Intentaba ser amable - se defendió sin despegar los ojos de su desayuno.
- Podrías ser amable más tiempo - le reprochó.
- Ella tiene la culpa, Marv. Intentó convencerme de hacer la tarea anoche.
- Yo creo que sólo quería ayudarte - intervino Harry dejando a un lado su "neutralidad" en el asunto.
- Es una pesada.
- ¿Qué le dijiste? - el tono de Marv parecía más duro ahora -. Respóndeme, Weasley. ¿Qué le dijiste?
- ¿Y a ti qué te pasa? Sólo le dije que no quería, que no me molestara.
- Eres un estúpido - se dio la vuelta y se dirigió hacia la solitaria castaña que se ocultaba detrás de un libro.
- Creo que tiene razón - le soltó Harry antes de darse la vuelta y salir del Gran Comedor.
- ¿Para qué quiere ayudarme? - se dijo a sí mismo el pelirrojo -. Ahí tiene a Gaunt para hacerle compañía, su status de sangre subirá más socializando con un sangre-pura que con un traidor a la sangre - y luego de eso salió del lugar también.
Marvolo se acercó a Hermione, pero ésta parecía decidida a ignorarlo por lo que se hundió más en el libro y no hizo nada por levantar la vista o si quiera saludarlo. Él, que conocía perfectamente lo que era la ley del hielo, cortesía de Regulus cada vez que él se negaba a ayudarlo con sus bromas, se sentó pacientemente a su lado y se mantuvo en silencio alrededor de cinco minutos.
- ¿Se puede saber qué te hice? - preguntó después de quince minutos de silencio.
- Tú tienes la culpa de todo - respondió ella sin despegar la vista del libro.
- ¿De qué hablas?
- Dijiste que le ayudara, me dijiste que no era que no le agradara ¡Me mentiste! - sus ojos estaban rojos de ira contenida y vidriosos por las lágrimas que luchaban por salir.
- Lo siento, Hermione. De verdad lo siento.
- Te divierte, ¿cierto?
- No sé de qué me hablas.
- Fui una estúpida al creer que un imbécil de Slytherin como tú podría ser mi amigo.
- Hermione, yo…
- ¡No! Y fui más estúpida por creerte todo lo que me dijiste, seguro tu estúpido amigo Malfoy te envió.
- Eso no es cierto, yo…
- ¡Déjame en paz! - tomó su libro y salió corriendo.
No podía creer lo que había pasado, acababa de empeorar las cosas. Se suponía que se harían amigos, tal vez sólo debía haber dejado que las cosas siguieran el curso que tenían que tomar, tal vez él no tenía que meter la mano en eso, a lo mejor el tiempo era el que los uniría. Después de todo, si ellos antes se habían hecho amigos sin su ayuda, seguro lo volverían a hacer.
Se levantó de la mesa, necesitaba pensar cómo arreglar las cosas, tenía que hacer que las cosas se suavizaran, por lo menos así tendría tiempo para que ellos se acercaran poco a poco. Por lo menos ahora tendría algo importante en lo que enfocarse durante el pesado castigo que le esperaba.
Diez minutos antes de las doce, se dirigió al despacho de Snape dispuesto a desaparecer por unas cuantas horas mientras pensaba cómo arreglar lo que acababa de suceder.
Los días pasaron y el jueves llegó casi sin darse cuenta. Marvolo había decidido irse antes a los jardines para relajarse un rato, todavía no podía olvidar el mal trago que pasó con Hermione y ella seguía sin hablarle, cosa que no le hacía mucha gracia, después de todo, nunca quiso que ella se sintiera mal. Era extraño, pero en realidad le había tomado bastante cariño y le molestaba estar en esa situación.
Caminaba por el vestíbulo del castillo y una vez más iba tan inmerso en sus pensamientos, que de nuevo chocó con alguien en su camino. Se levantó sobándose la cabeza por el golpe que se había llevado y se encontró de frente con la persona que más necesitaba ver en ese momento.
- Fíjate por dónde vas, enano - decía Regulus mientras se acomodaba el cabello.
- Fíjate tú, Reg. Casi me rompes la cabeza.
- Así que eres tú - dijo un chico alto de cabello negro y ojos castaño claro.
- Así es, Charlus - abrazó a Marvolo -. Este es Marvolo Gaunt, ¿qué te parece?
- Demasiado inocente, compañero. Fred y George tenían razón sobre él.
- ¿De qué hablan? - se sentía fuera de lugar.
- Sólo hablábamos de ti y los chicos - respondió su primo -, ya sabes, Harry y Ron.
- Fred cree que son demasiado inocentes para seguir nuestros pasos - tenía todos los aires de grandeza de James Potter.
- Créanme, no nos interesa seguir sus pasos.
- ¿A dónde ibas primito?
- Afuera, tenemos lecciones de vuelo en una hora.
- Eso es genial, podemos conseguirles escobas de lujo.
- No es necesario. Lo haremos bien con las de la escuela, pero gracias.
- Échale un ojo a Harry, Marv. El pobre cree que podrá llegar a ser jugador de Quidditch.
- ¿Tú no lo crees así?
- En realidad no creo que tenga mucha habilidad para este deporte, es demasiado duro para él.
- Como sea, tengo que irme.
- ¡Pórtate mal, Marv! - le gritaron los chicos mientras él se alejaba.
Definitivamente era un par de alborotadores de primera, probablemente los peores en la historia de Hogwarts después de los Merodeadores, aunque de eso aún no sabía nada.
Llegó a los jardines y se sentó en la hierba mientras escuchaba que poco a poco iban llegando sus compañeros de Gryffindor y Slytherin. Se oía el murmullo de las conversaciones pero él no ponía atención. Unos chicos de Gryffindor decían que Neville Longbottom había recibido una recordadora, mientras que Malfoy se regodeaba de ser excelente volando y jugando Quidditch. Todo mundo estaba emocionado por las lecciones, todos menos una chica castaña que venía con un libro agarrado fuertemente que se leía en la portada "Quidditch a través de los tiempos". Se levantó del césped y se acercó a ella.
- Hola - la saludó tímidamente.
- Hola - pudo sentir la frialdad en cada letra de la palabra.
- ¿Qué tal tu semana? - intentó iniciar una conversación.
- Bastante bien ahora que no tengo que lidiar con tontos - lo miró con desprecio.
- Lo siento - bajó la mirada -. Tal vez no lo veas ahora, pero ninguno de nosotros somos lo que tú crees, tal vez Ron sea algo obstinado, pero es un buen chico, igual que Harry y yo. Espero que algún día lo veas - y sin decir nada más se dio la vuelta y se alejó caminando rumbo a sus amigos que en ese momento iban llegando a los jardines.
- Bueno ¿qué están esperando? - bramó la profesora Hooch que en ese momento había aparecido de la nada -. Cada uno al lado de una escoba. Vamos, rápido. Extiendan la mano derecha sobre la escoba y digan: arriba.
- ¡Arriba! - gritaron todos.
Las escobas comenzaron a moverse. Harry, Marvolo y Draco la agarraron a la primera, mientras que la de Hermione y Ron giraba por el suelo y la de Neville estaba totalmente quieta. Luego de un par de intentos, todos tenían la escoba en sus manos y la profesora les enseñó a montarlas y sujetarlas correctamente.
- Ahora, cuando haga sonar mi silbato, dan una fuerte patada - explicó -. Mantengan la escoba firme, elévense un metro o dos y luego bajen inclinándose suavemente. Preparados… tres… dos… - los nervios traicionaron a Neville que comenzó a elevarse - ¡Vuelve, muchacho!
Comenzó a elevarse sin medida, había alcanzado casi los diez metros de altura cuando de repente se inclinó de más y cayó de golpe en el suelo, mientras que la escoba se alejaba hacia el bosque prohibido y desaparecía entre los árboles.
- La muñeca fracturada - murmuró la maestra al revisar al chico - Vamos, muchacho… Está bien… a levantarse - luego miró al resto de la clase -. No deben moverse mientras llevo a Longbottom a la enfermería. Si veo una sola escoba en el aire el responsable se irá de Hogwarts más rápido de lo que pueden decir Quidditch.
- ¿Vieron la cara de ese gran zoquete? - Draco se burló riendo a carcajadas mientras algunos Slytherin le seguían el juego.
- ¡Cierra la boca, Malfoy! - dijo Parvati Patil en tono cortante.
- Oh, ¿estás enamorada de Longbottom? - de entre las serpientes apareció Lucy Septiembre, una chica de Slytherin de cabello color caramelo liso, seguida por Pansy Parkinson y Millicent Bulstrode - Nunca pensé que te podrían gustar los gorditos llorones, Parvati.
- ¡Miren! - Malfoy se agachó y recogió algo -. Es esa cosa estúpida que le mandó la abuela a Longbottom.
- Trae eso aquí, Malfoy - intervino Harry con calma.
- No - sonrió maliciosamente -, dejaremos que Longbottom la busque… ¿Qué les parece… en la copa de un árbol?
- ¡Tráela aquí! - repitió Harry ahora mostrando su enfado, mientras que el rubio se montaba a su escoba y se elevaba.
- ¡Ven a buscarla, Potter! - Harry tomó su escoba.
- ¡No! - gritó Hermione - La profesora Hooch dijo que no nos moviéramos. Te vas a meter en un lío.
Pero a Harry no le importó, montó en la escoba y se elevó al nivel de Malfoy. Marvolo pudo ver cómo los gorilas amigos de Malfoy iban tomar sus escobas para seguir a Harry, por lo que no dudó en sacar su varita para detenerlos.
- No se atrevan a tocar una sola ramita de esas escobas.
- ¿Quién lo dice? - respondió con voz burlona Crabbe.
- Yo lo digo, pedazo de trol.
- ¿Tú nos vas a detener? ¿Solo?
- No - ahora Ron estaba a su lado -, él y yo.
De pronto todo el grupo de Gryffindor estaba custodiando el resto de las escobas mientras en el aire Malfoy buscaba la mejor forma de salir ya de esa.
- ¡Atrápala su puedes, entonces! - gritó. Lanzó la bola de cristal hacia arriba y bajó a tierra con su escoba.
Desde el suelo, vieron cómo Harry salió volando cual flecha detrás de la pequeña esfera de cristal ganando más velocidad a cada momento. Luego la recordadora comenzó a perder velocidad y a bajar hacia el suelo, mientras que el ojiverde imitaba su trayectoria y estiraba un brazo para tomarla a un par de metros del suelo.
- ¡Harry Potter! - la profesora McGonagall corría hacia ellos -. Nunca… en todos mis años en Hogwarts… ¿Cómo te has atrevido…? Has podido romperte el cuello…
- No fue culpa de él, profesora…
- Silencio, Parvati.
- Pero Malfoy…
- Suficiente, Weasley. Harry Potter, ven conmigo.
Cuando la profesora desapareció de su vista, los murmullos comenzaron a escucharse. Malfoy se burlaba de Harry, celebrando por adelantado su expulsión y dado por hecho que acababa de librarse de él.
- ¡Malfoy! - esa voz fría de nuevo, su varita en su mano y la ira quemándole por dentro - ¡Malfoy! - ya estaba sobre él, nadie más se movía, ni Crabbe ni Goyle, ni siquiera Ron - Si lo expulsan - la varita en su garganta, de nuevo -, te juro que te arrepentirás… - un brillo escarlata inundó sus pupilas.
- ¡Marvolo! - esa voz chillona y mandona - ¡Detente! - lo jalaba con fuerza pero no lograba moverlo.
- ¡Marv! - ahora Ron ayudaba a Hermione a quitárselo de encima a Draco - Es hora de irnos, compañero.
Como pudieron lo separaron de Malfoy y lo alejaron del grupo mientras Lucy Septiembre corría desesperadamente hasta donde se encontraba aún tirado Malfoy.
- ¡Draco! - le decía mientras lo ayudaba a ponerse de pie - ¿Estás bien?
- Déjame - le respondió quitándose a todos de encima y volviendo al castillo.
Mientras tanto, Ron y Hermione habían llevado a Marvolo por los terrenos del castillo hasta llegar al lago. Se sentaron debajo de la sombra de un gran haya y luego de unos minutos Hermione decidió que era hora de irse, sin embargo, antes de irse algo la detuvo tomándola por la manga de la túnica.
- Lo siento - decía el pelirrojo mirándola con sentimiento de culpa -. Y gracias por lo de hoy.
- Estaba en deuda con él - respondió fríamente y se marchó.
Pasaron el resto de la tarde sentados frente al lago, simplemente esperando, sin hablar, sin mirarse. Luego, cuando el sol comenzaba a ponerse se levantaron y caminaron rumbo al castillo, era hora de saber qué había pasado.
Se llevaron un gran susto al ver a Charlus hablando con James y Lily Potter en el vestíbulo, sentían que lo peor había ocurrido, habían expulsado a Harry y ahora sus padres estaban aquí para recogerlo. Entonces Lily desvió su mirada y la fijó en él con tanta ternura y tanto cariño que Marvolo casi podía sentir la calidez de su mirada quemarle la piel.
- ¿Marvolo? - preguntó ella sonriendo mientras se acercaba a él.
- Sí - fue lo único que pudo responder antes de que ella lo abrazara.
- Me dijeron que defendiste a Harry esta tarde cuando se lo llevó la profesora McGonagall - dijo James al tiempo que se acercaba junto a Charlus - ¿Es cierto?
- Sí, es cierto… - Ron respondió por él.
- El es Ron Weasley - lo presentó Charlus -, es el hermano menor de Fred y George.
- Mucho gusto, chico - James le tendió la mano -. Me da mucho gusto que Harry sea amigo tuyo, sin importar que sean de casas diferentes - miró a Marvolo - y también tuyo, por supuesto. Muchas gracias por lo que hiciste hoy.
- Él… ¿Se irá?
- ¿De qué hablas, chico?
- La profesora Hooch, dijo que expulsarían a quien encontrarán volando.
- Oh, bueno. Creo que será mejor que Harry les cuente las cosas durante la cena, nosotros tenemos que irnos.
- ¿No lo han expulsado? - preguntó el pelirrojo
- Ronald, si no han expulsado a Charlus, Regulus y tus hermanos… ¿qué te hace pensar que lo expulsarían a él?
- Espero verte pronto - se despidió Lily con un beso - y a ti también, Ron - un beso más.
Corrieron al Gran Comedor, morían por saber lo que había pasado. Era raro que no lo hubieran expulsado después de la advertencia, además, McGonagall fue quién lo descubrió y ella era muy severa, eso sin tomar en cuenta que Snape aparentemente odiaba a Harry y le provocaría un inmenso placer expulsarlo tan pronto, sin importar que perteneciera a su casa.
- ¡Qué! - gritaron Ron y Marvolo después de la explicación.
- Como lo escuchan, soy buscador del equipo de Slytherin.
- ¿Cómo lo lograste? ¡Los de primero nunca son elegidos!
- McGonagall me llevó al despacho de Dumbledore, le dijo que nunca había visto volar a un chico de primero así, que sería una tontería que no me pusieran en un equipo de Quidditch.
- Pero… ¿eso no perjudica a Gryffindor?
- Bueno… McGonagall le pidió a Dumbledore que me pusiera en el equipo de Gryffindor, porque en Slytherin ya tienen la plantilla llena, pero Dumbledore insistió en que tenía que pertenecer a mi casa y decidió que yo estaría mejor en ese puesto.
- ¿Y Snape?
- No le agradó, pero mamá y papá llegaron y se encerraron en la oficina con él. No supe qué pasó, pero cuando salieron los tres yo ya era el buscador oficial.
- Creo que eso significa que Gryffindor seguirá perdiendo la copa.
- ¿No tienen buscador? - preguntó Harry.
- No, habrá pruebas esta semana.
- Yo convenceré a Regulus, él es genial como buscador - comentó con emoción Marvolo -. Así tendrás un oponente digno.
- Jugaré en contra de mi familia - no parecía agradarle demasiado la idea.
- Disfrutarás más cuando les ganes - Ron era el más entusiasmado a pesar de que representaba una seria posibilidad de que Gryffindor no ganara la copa.
- ¿Quiénes están en el equipo? - volvió al tema Marv.
- Adrian Pucey, Marcus Flint y Graham Montague de cazadores, Peregrin Derrick y Lucian Bole de golpeadores y Miles Bletchey de guardián.
- Tu propio equipo de gorilas - rió Marvolo.
- ¿Disfrutando de tu última cena en Hogwarts, Potter? - de nuevo Malfoy
- Eres mucho más valiente ahora que has vuelto a tierra firme y tienes a tus amiguitos - dijo fríamente Harry.
- Nos veremos cuando quieras - respondió el rubio -. Esta noche, si quieres. Un duelo de magos. Sólo varitas, nada de contacto. ¿Qué pasa? Nunca has oído hablar de duelos de magos, ¿verdad?
- Por supuesto que sí - intervino Marvolo -. Ron es será su segundo y yo seré el juez. ¿Quién es el tuyo?
- Crabbe - contestó -. A media noche, ¿de acuerdo? En la sala de trofeos, nunca se cierra con llave.
Cuando Malfoy se fue los tres se quedaron mirándose por largo rato. No sabían en la que se acababan de meter, ahora tenían que ir a media noche a la sala de los trofeos y enfrentarse con ese trío, aunque el verdadero problema iba a ser cómo sacar a Ron de su sala común sin que nadie se diera cuenta y que llegaran a tiempo los tres a la sala de los trofeos.
- Sólo van a meter a ambas casas en problemas - se escuchó una voz de fondo.
- ¿Porqué no me extraña que estuvieras escuchando todo? - preguntó Ron malhumorado.
- No deben andar por los pasillos de noche - dijo ella ignorando al pelirrojo -. Piensa en los puntos que perderán para nuestras casas si los atrapan, y lo harán. La verdad es que es muy egoísta de tu parte.
- Y la verdad es que no es asunto tuyo - respondió Harry.
- Adiós - señaló Ron.
Marvolo la miró con ojos suplicantes, ya no quería seguir peleado con ella, pero Hermione se limito a ignorarlo, tomó sus cosas y se marchó a su sala común.
Se pusieron de acuerdo para esa noche, se verían en un salón que estaba cerca de la sala de los trofeos para después llegar juntos, no podían llegar por separado al lugar o seguro Malfoy tomaría ventaja de eso. A las once y media Marvolo y Harry estaban camino a la sala de los trofeos, sólo era cuestión de esperar a Ron, no debía de tardar demasiado en llegar.
- Se está haciendo tarde - decía Harry cuando faltaban sólo quince minutos para el duelo.
- No te preocupes, seguro vendrá - Marvolo trató de tranquilizarlo.
- ¡Deja de seguirme! ¡No debes estar aquí! - Se escuchó la voz de Ron proveniente del pasillo.
- ¡Te dije que no me iba a quedar sola esperando a la dama gorda! - se escuchó una voz más.
- Por favor, dime que no es ella - susurró Harry antes de que la puerta se abriera y dejara ver al par de chicos.
- Lo siento, no pude quitármela de encima - Ron venía seguido de Hermione Granger.
- No importa, vamos - dijo decidido.
Llegaron a la sala de los trofeos, pero no había nadie, esperaron un par de minutos, pero nada. Malfoy los había engañado y para esa hora seguro que alguien estaba por llegar para castigarlos a todos.
- Olfatea por ahí, mi tesoro. Pueden estar escondidos en un rincón - era Filch -. Tienen que estar en algún lugar.
- ¡Por aquí! - señaló Harry a los otros y comenzaron a correr a través de los pasillos - ¡Corran! - Se metieron por un pasillo y luego llegaron cerca del aula de Encantamientos, estaban salvados.
- Te… lo… dije - añadió Hermione - te… lo… dije.
- Tenemos que regresar a nuestras salas comunes.
- Malfoy los engañó - seguía insistiendo en el regaño - Se dan cuenta ¿no? No pensaba venir a encontrarse contigo. Filch sabía que iba a haber gente en el salón de los trofeos. Malfoy debió avisarle.
- Vamos - dijo él cuando Peeves aparecía para meterlos en problemas.
Corrieron a través de un pasillo más y llegaron hasta el final, topándose con una puerta. Era la única salida, pero no podían abrirla, estaba cerrada y no tenían escapatoria.
- ¡Alohomora! - susurró Hermione a la cerradura y se abrió.
Ya habían escapado de Filch, pero no se habían dado cuenta de dónde estaban. Acababan de encontrarse atrapaos con un perro de tres cabezas. Si se ponían a elegir entre Filch y la muerte segura, preferirían a Filch y un castigo. Salieron corriendo y en el pasillo que conducía a niveles inferiores se separaron. Ron y Hermione se fueron a la torre de Gryffindor mientras que Marvolo y Harry volvieron a las mazmorras de Slytherin.
- ¡Harry! - se escuchó una voz salir de la túnica de el ojiverde.
- ¿Ron? ¿Qué sucede?
- Esa loca, casi me mata por lo que pasó. Dice que el perro está cuidando algo.
- ¿Ella también lo notó? - preguntó Marvolo.
- Dice que hay una trampilla en el piso.
- Sí, yo también lo noté. Debe ser algo importante.
- Mañana hablaremos - cortó Harry -. Alguien puede escuchar.
- De acuerdo, entonces mañana hablamos.
- Sí, que descanses Ron.
- Igualmente, chicos.
Harry se durmió casi inmediatamente, Marvolo no quería, no deseaba ver a nadie más esa noche. Tomó una poción para dormir sin soñar, lo suficiente para no levantarse en toda la noche y quedó rendido. Pero ese estado de descanso profundo no le duraría demasiado.
N/A: Bueno, después de un rato de tardanza aquí está el capítulo, ahora sí, prometo publicar una vez a la semana al menos en lo que trabajo para seguir con la historia en el punto donde ya la llevo... En fin, espero que lo hayan disfrutado y les agradezco que sigan aquí.
Nos leemos en la próxima.
