Notas preliminares:
Por si alguien se ha perdido y no sabe qué demonios está leyendo, esto se llama: Ruedas del Destino. Incluyo a continuación un pequeño resumen de los capítulos 13, 14 y 15 (el capítulo 12 es el resumen del 1 al 11). Así que quien recuerde todo, puede saltarse a la siguiente línea horizontal. Gracias por leer ^^.
Capítulo 13:
Vegeta y Bulma emprenden el viaje de regreso a la capital después de una persecución. Pasan a un lugar muy pobre, donde Vegeta se hospedaba, a recoger la moto de éste. El mecánico era Nappa. Todo era una actuación, el plan del rebelde para conseguir un objetivo que aún no está del todo claro. Vegeta, sin que la chica se dé cuenta, da muerte a su compañero, diciéndole antes que ya no lo necesita. Por razones de la suerte, el destino y la actitud confiada de Bulma, Vegeta terminará alojándose en su casa. Al llegar, se encuentran con la Sra. Briefs y Gokú. Vegeta no sabe quién es éste último. Gokú lo saluda de una manera extraña.
Capítulo 14:
Bulma había ofrecido hospedaje a Vegeta mientras reparaban la motocicleta de éste. A Gokú le extraña el nuevo invitado, y pregunta cómo conoció a su amiga. Se reúnen con los padres de Bulma durante la cena, y luego de ésta, Vegeta se entera de las habilidades botánicas de la peliazul. Su plan estaba trazado: debía hacer que la mujer trabajara para él en una nueva clase de droga, más fuerte y potente que ninguna otra; así, se convertiría en el príncipe de los narcotraficantes. Durante la noche, Bulma recibe una llamada de Yamcha y se enfurece. Aún no ha reconocido que la engaña con Cristal. Despechada y sin poder dormir, aparece en la habitación de Vegeta, rogándole que le dé un poco de droga para calmarse. Esto último, agregado a vodka, los hace entrar a ambos en un éxtasis de placer. Se tocan, se satisfacen, no les importa nada. Al día siguiente amanece toda la familia enferma, producto de intoxicación con la cena de la noche anterior. Sin embargo, la peliazul despierta además con resaca y vómitos producto del alcohol y las drogas.
Capítulo 15:
Gokú, quien no había sufrido los efectos de la cena contaminada, llegó a las prácticas con tres horas de retraso. Roshi no había llegado porque seguía buscando a Lunch, quien había desaparecido luego del incidente con Gokú y la pimienta.
Milk estaba al borde de los celos por causa de la extrema preocupación de Gokú a Bulma. Yamcha, por su parte, estaba desconcertado por el comportamiento de su novia, que decía que lo engañaba con su amiga Cristal.
Lunch regresa a la escuela después de varios días desaparecida. Platica con Roshi acerca de Gokú. Ya sabía la verdad, al igual que el profesor. Gokú tenía una razón para estar en ese lugar, en ese momento. Sin embargo, pronto se haría público.
Gokú se encuentra con Krillin después de las prácticas. El pequeño calvo le confiesa que le gusta mucho Yuhachi (nº18). Gokú se sorprende con esta noticia, ya que al parecer era algo inevitable. El chico de cabellos alborotados decide que esto debe terminar, que pronto debe saberse la verdad antes de que haya consecuencias irreparables.
Yamcha y Milk tropiezan en uno de los pasillos del instituto. La chica intenta convencer al beisbolista que Bulma es quien lo engaña a los dos, ya que existe la posibilidad que la peliazul y Gokú estén juntos a sus espaldas. Planean ambos, visitar Bar Ball luego de la escuela para descubrir la verdad.
La madre Brief decide visitar a Bulma, quien ha pasado todo el día en cama. Sin embargo, el malestar de la adolescente no se debía precisamente a la comida intoxicada de la noche anterior; sino a las drogas y el alcohol que había hecho que ella y Vegeta pasaran la noche juntos. A pesar de no haber consumado, ambos se dejaron llevar de manera irresponsable. Para colmo, Vegeta había sacado su auto sin permiso para salir de la ciudad. Así que ella, en venganza, decide usar la recién arreglada moto del rebelde para ir a trabajar al bar.
El Capitán Piccoro continúa las investigaciones acerca de los nuevos grupos de narcotraficantes en la ciudad. Por otro lado, Raditz, el detenido en el instituto luego de atacar a Gokú sin razón, fue derivado al psiquiátrico ya que su confesión sobrepasaba cualquier orden racional. Decide enviar a un agente especializado en cubierto, Dendé.
Milk se encuentra finalmente con Gokú. Tienen una pequeña pelea por los celos de la mujer. Para evitar los gritos, Gokú huye del lugar y termina encontrándose con Dendé, que se hace pasar por alumno de la escuela.
Yuna y Yuhachi (los hermanos 17 y 18), conversan en casa. Ellos son los principales traficantes de la nueva droga. El científico dueño de su ciudad natal los había enviado a la metrópoli para venderla.
Gokú regresa a casa y encuentra a Bulma lista para salir con la motocicleta de Vegeta. El chico, en una confusión, termina acompañando a la peliazul a su turno como administradora del bar. Al llegar, notan que Vegeta está en el interior bebiendo.
En ese momento, Milk y Yamcha también llegan, para aclarar todo de una vez por todas.
Ahora sí, la continuación…
Capítulo 16: Más de dos son multitud
-¡¡Vegetaaaaaa!!- mi grito logró un silencio instantáneo en el bar.
-Era de esperarse - respondió él desde la barra –Supongo que hiciste tu tarea, ¿no?-
¿Tarea? Mi único deber como Bulma Brief era cumplir con mis estudios y la administración del local. Que él se atravesara en mi camino causándome problemas era otra cosa. Además, tuvo mucha suerte que yo saliera a trabajar con su motocicleta recién reparada. Pero claro, era en venganza por el robo de mi convertible. ¿Cómo iba a saber yo que lo iba a encontrar allí en mi rutinaria tarde de trabajo? Al menos cada quien se quedaría con lo suyo; pero no sin antes encararlo hasta que me diera una buena explicación por el hurto. Caminé hacia donde se encontraba siendo seguida por las miradas de los clientes. Llegué hasta su lado. Puse una de mis manos en la barra y otra en mi cintura.
-Tengo un mal presentimiento de todo esto- alcancé a escuchar a Gokú detrás de mí.
-No tengo por qué darte explicaciones- le respondí con las manos aún en la cintura -Especialmente cuando alguien, se roba MI vehículo-
-Y qué querías, mujer, ¿qué caminara?- Su mirada me desconcertaba. Parecía tranquilo. ¿Acaso no tenía capacidad de asombro? Se veía despreocupado cuando levantó su vaso de cóctel para dar otro sorbo. Todo parecía el primer acto de una comedia teatral.
-¡Cindy, Jenny o quien sea! Una bebida de dieta, por favor- Vegeta me miró y soltó una risa.
-¿Ahora no bebes vodka?- cómo se atrevía a decir algo así. La última vez que había probado ese licor fue la noche anterior, en que todo se salió de control, por segunda vez. No iba a hacer un escándalo público para rematar.
-Recuerdas a Gokú, ¿verdad?- le dije ignorando su comentario. Obviamente no respondió. Mi amigo estiró la mano para saludarlo, pero el rebelde no se movió de su lugar – ¡Pero qué malos modales!- continué.
-No vine a hacer vida social- ¿por qué siempre me llevaba la contra?
-¡No te enfades!- dijo Gokú –No fui yo quien provocó la pelea. Sé que debe haber sido un malentendido-
-¿A qué te refieres?- le pregunté. No tenía idea por qué decía eso si sólo lo había visto en la cena de la noche anterior. ¿O había presenciado mi acto de drogadicta? Mis piernas temblaron sin notarlo. ¿Nos había espiado?
-Que yo sepa no he buscado pelea contigo, pequeño- dijo Vegeta también sin saber.
-¿Qué no es obvio?- continuó Gokú -El día que Raditz entró a la escuela sin permiso. Cuando me vio se puso como loco y empezó a golpearme. Lo siento pero tuve que defenderme-
-¿Raditz?- pregunté yo al ver que el rebelde abría los ojos hasta el borde superior de la frente.
-Sí Bulma- me dijo -¿Recuerdas esa vez que nos llevaron a Yamcha, Krillin y al maestro Roshi a la comisaría de Piccoro?-
-Sí, lo recuerdo. Cuando hubo una pelea con alguien desconocido que había entrado, ¿no?-
-Pues ese hombre era Raditz. Era tu amigo, ¿no Vegeta?- el aludido dio un golpe en la mesa. Sus cejas se juntaron, parecía furioso. Se levantó de la silla en un instante y se colocó delante de mi amigo –No te enfades. Ya te dije que sólo me defendí, lo juro-
-¿Eres el maldito granuja que arruinó todos mis planes?-
-¿Tú enviaste a ese matón a la escuela?- dije furiosa -¡No sabes los problemas que tenemos por tu culpa!-
-¡Tú no te metas mocosa! O le contaré a tu novio lo que has hecho últimamente-
-¿A mi novio?- pregunté – ¡Qué tiene que ver Yamcha con que nos provoques problemas con la policía!-
-Me refiero al imbécil que tienes al frente- dijo refiriéndose a Gokú.
-¡Es cierto!- le grité al recordar –Ahora recuerdo que tú estuviste con otro sujeto fuera de la escuela recogiendo una motocicleta, ¡justo después del incidente!- ¿qué era lo que tenía planeado?
-Me vengaré de ti, ¡insecto!- le gritó, poniendo su mano empuñada en el pecho de mi amigo.
-¡Tú no harás nada! Será mejor que llame a la policía- dije. Era mejor terminar con esto de una vez por todas.
-¿Y de qué me acusarás? Yo sólo lo envié a investigar y fue ese inútil quien lo echó todo a perder. Aunque el verdadero culpable es este niño-
-No hagas nada, Bulma- me dijo Gokú –No creo que sea necesario meternos en otro lío-
-Aunque sería bastante cómico ver la reacción de esa gente al saber que tú destruiste mi motocicleta, que me alojaste en tu casa, y ciertas otras, cosas…- dijo Vegeta levantando una ceja.
-¡Qué!- no podía creerlo -¿Me estás chantajeando?-
-Tómalo como quieras. Quien no se librará de mí será este chiquillo- levantó el puño en señal violenta. ¿Cómo iba a detener todo esto? No podía permitir un escándalo que trajera a la policía o sí que estaría perdida esta vez.
-Ya cálmate, Vegeta. Tu motocicleta está en perfectas condiciones tal y como lo acordamos. Tómalo como disculpas de parte de Gokú. Pero será mejor que confieses lo que ibas a hacer o si no me veré obligada a llamar directamente a Piccoro. Yo puedo conseguir abogados que me respalden. Créeme que no te conviene jugar con Bulma Brief-
El hombre bajó la guardia y volvió a sentarse en la silla de la barra. Hizo un gesto a una de las camareras para pedir otro vaso de lo que bebía.
-Lo que sea que tomes, que sea gratis - no entendía mi comportamiento con él; sólo traía problemas. Sin embargo, cada vez que algo sucedía terminaba ayudándolo.
Salí de allí y me dirigí a la parte de atrás para revisar facturas, detalles de pedido y patentes. Todo parecía estar al día. El administrador que había dejado a cargo hacía muy bien su trabajo, por lo que quizás no era necesario visitarlo a diario. Cambié la música del local, estaba sonando un rock muy estridente que no coincidía con los clientes que frecuentaban esa noche. Volví a sentarse en la barra a completar los últimos formularios y una actualización de la patente de alcoholes. Gokú se quedó a mi lado mientras devoraba emparedados y litros de jugo de frutas. Estaba feliz de tener a alguien a mi lado. No necesitaba a un novio infiel que sólo causaba problemas. Era mejor un amigo que sirviera de acompañante, aunque no supiera de contabilidad o alcoholes.
Vegeta estaba al lado de Gokú, y le murmuraba cosas que no alcanzaba oír. Pero a juzgar por la tranquilidad en el rostro de mi amigo, imaginé que no sería nada serio. Como había dicho antes, no quería problemas otra vez. Sin embargo, otro grito de mujer -mucho más grave que el mío pero igual de ensordecedor- devolvió nuestra atención de nuevo a la puerta principal.
-¡GOKÚ!-
Eran dos chicos; parecían de preparatoria. Al oír el nombre de mi amigo fijé la vista para intentar reconocerlos. Eran… ¿Yamcha y Milk? Estaban en la puerta. La morena tenía el cabello recogido en una cola de caballo -típico peinado de animadora-, una mano en la cintura y la otra apuntando hacia nosotros; Yamcha, aún con ropas de la práctica, estaba detrás de ella. Nos miraron fijamente, como descubriendo al culpable de un homicidio. Yamcha, al ver a Vegeta, levantó las cejas y abrió los ojos como platos. Había olvidado que ellos dos se habían visto una vez; aquella en que Vegeta me había perseguido en mi moto rosa. Ahora los clientes cambiaron su espectáculo por los recién llegados. Si no me equivoco, la música ambiental volvió a bajar de volumen.
-Milk, ¿y qué haces tú aquí?- merecía como mínimo una explicación. No era raro ver a mi novio, seguramente me volvería a ofrecer una disculpa. Pero, ¿y la porrista?
-¡Ahora entiendo todo!- gritó ella cruzando los brazos y avanzando precipitadamente hacia nosotros – ¡Quieres arrastrar a mi Gokú al lado oscuro!-
-¿Lado oscuro?- pregunté al mismo tiempo que Gokú.
-Este local, este lugar ¡Confiesa de una vez por todas Brief! No sólo quieres tener a todos los hombres a tus pies, sino que además quieres manejarlos a tu antojo. Hacerlos trabajar para ti, ¡sin tener que pagarles nada!- gritó ella con total certeza.
Era el colmo recibir sermones de alguien mucho menor que yo. Más encima calumnias; ¡podía demandarla por eso! Pero no, no era el momento. Lo mejor era no darle importancia a sus palabras. Miré a Gokú, él retrocedió un paso; y Vegeta sólo arqueó una ceja. Opté por reír para completar el trío.
-Estás totalmente paranoica- le contesté al final de mi risa.
-Como no estarlo con tus acciones. Lavarle el cerebro a mi Gokú. Como si fuera poco, el pobre Yamcha quiere hacer las pases contigo y no le das la oportunidad- el aludido me miró avergonzado. Milk no tenía por qué meter su nariz en eso –Y ahora más encima, ¿haces amistades con desconocidos de mala clase?- gritó apuntando a Vegeta.
Éste se levantó indignado y miró a la salida. Qué podía hacer, ¿dejar que se marchara? Estaba contra la pared. Si rogaba que no se fuera, Yamcha sospecharía de mí; si lo dejaba, podía no volver a verlo ya que su moto estaba reparada. Mi mente corría a mil por hora. No podía permitir que esto se saliera de control. Para rematar, Milk me miraba furiosa por alguna razón que aún no comprendía del todo; y Gokú y Yamcha miraban como Vegeta recogía sus cosas. No tenía opción. Debía detenerlo.
-¡Oye tú!- le grité al ver que ya caminaba por el pasillo. De nuevo, fui objeto de todas las miradas de Bar Ball -¿A dónde crees que vas?-
-No necesito dar explicaciones, menos a ti mujer-
-¿Mujer?- le grité olvidando el plan -¡Mi nombre es Bulma! Llevas demasiados días conmigo como para olvidarlo-
-No necesito saber tu nombre. Será más que suficiente recordar todo lo demás - dijo levantando una ceja.
Noté un calor en mis mejillas, ¿me había sonrojado? Por qué él había dicho eso, ¡ese maldito rebelde aparecido de la nada podía hablar de más! Abrí los ojos de par en par, en señal de súplica para que no revelara detalles; menos allí, con Milk, Gokú, Yamcha ¡y una veintena de gente alrededor! Ahora mi cerebro maquinaba con aún más fuerza. Los caballos de fuerza de su Harley no se comparaban con mis neuronas buscando una solución viable.
-¡Pues vete!- dije sin pensar. Era demasiado tarde. Ahora que tenía su estúpida moto se iría para siempre…
¡Pero qué estaba pensando!, ¿para qué quería que se quedara? Era un alivio para mí que saliera de la ciudad. Sería la única forma de olvidar todos esos tropiezos de niña mimada e inmadura, esos momentos en que me dejé llevar e hice cosas que no quería en realidad. Es decir, todas mis acciones cambiaron desde el día que se me acercó en el parque y me ofreció esos horribles cigarrillos de marihuana. Toda la culpa la tenían las drogas… ¿Drogas?
Él no contestó. Caminó lentamente a través del local dándonos la espalda; los ojos de cada uno de los clientes seguían el cabello puntiagudo que pasaba frente a ellos. El silencio, propio de espectadores de obra teatral, permitió hacer sonoros sus pasos hasta la puerta.
-No creo que regrese- dijo Yamcha.
-¡ÉL PERDERÁ EL NEGOCIO QUE VINO A HACER AQUÍ! - grité tan fuerte como mis pulmones pudieron. Vegeta frenó en seco y giró su cabeza de nuevo hacia mí. ¿Pero qué podía decir para no ser descubierta entre los demás espectadores? Creía tener las palabras correctas –Yo te advertí que las investigaciones… farmacológicas…- dije con esfuerzo -llevan un tiempo. No puedes marcharte sólo porque no trazamos una línea de trabajo- dije victoriosa. Esta vez, había captado su atención por completo.
La puerta crujió al abrirse, dejando sonar la campanilla de la parte superior. Sin dar vuelta atrás, Vegeta atravesó la puerta para luego azotarla a su salida. La música volvió a sonar con un éxito ochentero, al tiempo que el rugir de una motocicleta se escuchaba desde el exterior.
-¿Quieres quitarme a Gokú?- los ojos de todos, que se habían quedado en la puerta principal, volvieron a Milk cuando continuó la discusión.
-¡Pero qué dices!- le dije -¿Quieres a Gokú, una malteada, una soda, una bebida? Pueden quedarse aquí si quieren. Él me acompaña simplemente porque no quería llegar sola- mi respuesta era bastante lógica – ¿O acaso crees que tengo las agallas para estar aquí todas las noches? Soy una chica, apenas en mis dieciocho, manejando un negocio que me dejaron a cargo-
Menos mal que Milk siguió su discusión. Así nadie me preguntaría acerca de Vegeta. Pero no sabía si volvería. Aún no podía comprenderlo. Por alguna extraña razón que averiguaré más tarde, ese hombre se hacía sentir… divertida, en paz... ¿feliz? Como sea, ahora por fin cambiábamos de tema.
-¿Y quién era ese sujeto?- preguntó Yamcha, arruinando todo de nuevo.
-Óyeme bien. Si vienes a pedirme perdón no puedes llegar aquí a hacer un escándalo. Ya fue suficiente con Vegeta y Milk. Además, qué te interesa ese sujeto si ya se fue-
-No creo que tarde mucho en volver- dijo Gokú, el que había estado mudo. Yamcha, Milk y yo lo miramos, cada uno con un rostro distinto y desconcertante.
-¿Van a seguir?- dice harta -Mejor hablemos de otra cosa. Milk, entiendo que Yamcha esté aquí, ¿pero tú?-
-Creo… que me equivoqué- me dijo completamente la mirada que había tenido hasta el momento –Pensaba que me querías quitar a mi novio-
-¿Tu novio?- le grité mirando a Gokú, quien tenía atravesado un pedazo de carne por lo que no podía responder –Pues felicidades. No tenía idea que ustedes estaban juntos. Me alegro mucho- dije sincera -¿Y desde cuándo?-
-Sólo hace un par de semanas- me respondió.
-¡Entonces celebremos! Pero sin alcohol, ¿eh? Ustedes aún son menores de edad. Además, me meterían en líos otra vez-
-Yo no tomo esas cosas. Apenas soy una niña-
-Eso se nota- le dije ya calmada.
El resto de la velada se hizo tranquila. Milk y Gokú me platicaron acerca de su nueva relación. Algo bastante extraño viniendo de Gokú. Especialmente cuando mi amigo sólo enfatizaba las comidas deliciosas que le preparaba la porrista. Yamcha intentó explicarme acerca de Cristal, pero ese tema no quise tratarlo. Prefería al chico como amigo en vez de novio. Además, y sin querer, yo también lo había engañado, pero de una forma muy distinta que por supuesto no expliqué. Me daba vergüenza confesar que además de emborracharme, había consumido drogas y perdido el control con un hombre que apenas conocía. Sin embargo, tratar de olvidar ese tema me ponía más triste. No sabía qué pasaría ahora; si regresaría, o si no.
Lo esperaría, eso se lo había dejado claro con mi último comentario. Me gustaba su compañía a pesar de las desventuras, su humor tan extraño y esas pérdidas de criterio producto de las drogas. Estaba segura que Vegeta también podía ser mi amigo, si encausábamos nuestras energías en cosas sanas. De ahora en adelante sería racional. Es más, podía hacer de ese hombre, una persona de bien. No era necesario vender droga para tener dinero; había muchas otras opciones de vida. Lo ayudaría, sí. Quizás hasta querría continuar sus estudios luego; no sabía si había terminado la preparatoria.
Todos mis planes, sin embargo, estaban bajo el supuesto de que regresaría muy pronto. Pero si no lo hacía, mi vida tomaría la normalidad que tanto odiaba. Debía reconocerlo, ese hombre había tocado una fibra muy extraña dentro de mi ser.
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El sol iluminó toda la ciudad al día siguiente. El calor se hizo sentir durante las primeras horas de esa mañana. Aprovechando el buen clima, las prácticas se hicieron más intensas entre los alumnos, ya que las olimpiadas juveniles se acercaban estrepitosamente. Incluso hubo clases que se suspendieron para aprovechar la temperatura. Los chicos tenían una energía desbordante, que se manifestaba en usar cualquier tiempo libre en incrementar sus habilidades como equipo. Sin embargo, y por alguna razón desconocida para los deportistas, Roshi había perdido el entusiasmo característico de estas fechas. Dejó a los chicos solos en medio de la cancha y se sentó en una banca junto a Lunch. Ambos intercambiaban miradas de vez en cuando, pero generalmente sólo observaban alrededor sin fijar la vista en nada en especial.
Lunch, cansada de no hacer nada por más de dos horas, decidió retirarse dejando al profesor solo. Los adolescentes no entendían estas extrañas conductas, y mandaron a Gokú para ver qué era lo que sucedía.
-¿Le pasa algo profesor?- le preguntó Gokú al llegar junto a él.
-¿Qué caso tiene hacer todo esto, muchacho?- respondió Roshi, bajando la voz –Dime por favor qué está pasando. Tengo el presentimiento que no es nada serio. Pero tiene que haber una razón, ¿no?-
-Tengo una misión que cumplir- respondió el de cabellos revueltos -Sólo le pido que no le diga a nadie y que actúe normalmente-
-Pues Lunch ya lo sabe. Aunque prometió no decir nada si le dices dónde está… ya sabes quién-
-¿Ya lo sabe?- preguntó Gokú, algo sobresaltado.
-Así es. Por eso regresó. Pero de todas formas quiere hablar contigo-
-Dígale a Lunch que ya he visto a esa persona, y se encuentra perfectamente- aseguró el chico sonriendo.
-Se lo diré. Se pondrá más tranquila- el viejo se quedó observándolo y decidió preguntar -Pero muchacho, ¿necesitas ayuda? Si me cuentas más detalles es posible que pueda ayudarte. No se te olvide que soy tu maestro-
–Lo siento pero las cosas deberán quedar así por ahora. Todos sabrán la verdad a su debido tiempo. Y cuando eso ocurra, habrá acabado mi tiempo aquí-
-¿Quieres que actúe normal? Más bien pretendes que mienta-
-Sabe a lo que me refiero - contestó Gokú –Preparar al equipo para las olimpiadas. Es lo que se espera de usted, ¿no? Es el entrenador-
Ambos guardaron un silencio sepulcral. Roshi volvió su mirada a algún punto del fondo de la cancha de baloncesto. El chico, que había permanecido de pie durante la conversación, tomó asiento al lado de su maestro y decidió acompañarlo mientras continuaba la práctica del equipo.
-Y cuánto falta para eso- habló finalmente Roshi –Cuánto tiempo.-
-No mucho, espero…-
La cancha estaba repleta de gente saltando, corriendo, tirando pelotas de básquetbol por todos lados y chicos en el piso. Un grupo de ellos, miraban fijamente a los otros dos que estaban sentados en la banca.
-¡¡Profesor!!- gritó uno de los chicos en la mitad del campo –Por favor entrénenos, falta muy poco-
-Sí- respondió el anciano –queda poco tiempo-
El entrenador se levantó de allí y comenzó con sus ejercicios habituales. Montó pesadas bolsas de arena sobre las espaldas de los jugadores más grandes y los hizo correr alrededor de la cancha. Esto a largo plazo, ayudaría a mejorar la velocidad al momento de jugar. Sin embargo, sus ojos seguían puestos en el chico de cabellos revueltos. Iba a indagar cuales eran sus verdaderos propósitos en la ciudad. No sabía cómo llegaría al fondo del asunto, pero encontraría la forma.
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Bulma estuvo en la biblioteca gran parte de la tarde. Las competencias no sólo eran para deportistas, también eran para intelectuales. Los equipos de ajedrez, ciencias, economía, matemáticas y lenguaje competían por el premio de la metrópoli al igual que el resto de la escuela. La peliazul estaba conciente que sus conocimientos no tenían límite. Sin embargo, había faltado a las últimas reuniones de cerebritos y había perdido la velocidad que la caracterizaba. Todos los doctos se peleaban por tener a Brief en su equipo. Lamentablemente, ella sólo podía participar en dos actividades a la vez.
Decidieron reunirse todos esa tarde para determinar en qué competencias les ayudaría la chica. Ahora era mucho más fácil de tratar. El carácter indomable de Brief se había ablandado como galleta en leche las últimas semanas. Y ella estaba muy dispuesta a colaborar en todo lo que fuera necesario.
Comenzaron con matemáticas. En esta asignatura había muchos interesados en la chica, ya que la competencia trataría se basaría en velocidad. Trabajaron cálculo, aritmética, geometría y algebra; no en repasar material ni recordar fórmulas, sino directamente en el tiempo requerido por cada ejercicio. Bulma parecía en otro planeta, no escuchaba las indicaciones y eso puso de muy mal humor a los jefes de grupo.
-Tú no sueles ser así. Se nota que te has pasado mucho tiempo con los cabeza hueca ¿Dónde se quedó la chica que nos reclamaba por ser lentos?- dijo uno de los niños al ver que la chica miraba las gotas de pintura seca de las paredes.
-Lo siento, en serio. No volverá a suceder-
-¿Te has sentido mal?- le preguntó otra chica, de cabellos morados –Supe que te pusieron a cargo de uno de los negocios de tu padre-
-He dormido poco, eso es todo. Pero no pasará de nuevo, lo prometo. Además, hace mucho que no entrenaba este tipo de ejercicios-
No era mentira, estaba cansada. Sin embargo, el problema no era el nivel avanzado de lo que estudiaba; su mente estaba aún en el bar. No podía dejar de pensar en el motociclista y si éste regresaría. La verdad no le importaba las olimpiadas, el estudio, ni siquiera volver a salir con sus amigos. Quería sentir el aire fresco pasando cada uno de sus cabellos, con el sol bajando lentamente hacia el horizonte. Incluso, aunque se lo había prometido, volver a esa sensación de éxtasis provocada por la marihuana. ¿Se estaba volviendo una adicta?, se preguntó. Pero no, si lo pensaba detenidamente, era una forma de vivir la libertad. Como usar su verano en recorrer el mundo buscando una leyenda que resultó no ser cierta.
En aquella ocasión, cuando Bulma volvió a la ciudad junto a Gokú, se enteró que la leyenda de las zapatillas mágicas podía ser una pista falsa. Es decir, existía la posibilidad de que sí hubiera algo que cumpliera deseos extraordinarios. Había intentado averiguar de qué podía tratarse. Pero en ese momento, aparecieron sus problemas con la policía, con Ten, su noviazgo con Yamcha, y por supuesto, la aparición de Vegeta.
-¿Desde cuando las ecuaciones diferenciales con logaritmos exponenciales entran en competencia?- preguntó la chica al darse cuenta que era observada por los del equipo matemático.
-Bulma- le contestó el presidente del equipo –Estamos en último año de preparatoria. Ahora hay muchos temas que nos darán puntos extras. Sé que en cuestiones elementales no tendremos problemas, pero habrá una serie de preguntas bonus al final del desafío, y eso incluye a los logaritmos, algebra lineal y calculo en varias variables. Es algo adelantado tomando en cuenta que este instituto no ofrece esos cursos. Por eso lo hemos estudiado por cuenta propia-
-¿A sí? Demonios. Creo que no serviré para esos bonus especiales-
En cierto modo, no tenía interés en participar en las actividades. Ahora, quería volver a su laboratorio, tomar la computadora y seguir investigando acerca de los deseos.
-No digas eso. Recuerda que en el Club Gamma de los jueves ya hacíamos este nivel- le dijo otro chico de grandes anteojos.
-Haré lo que pueda. Pero no quiero perjudicar a ningún equipo. Si veo que no estoy a la altura de la competencia, no participaré, ¿de acuerdo?-
Todos aceptaron la decisión de Bulma. Especialmente al notar que no parecía llevar el ritmo del estudio ni de los ejercicios. La mayoría intercambiaba miradas. Para esos alumnos, era obvio que el cambio de actitud en Brief se debía a sus nuevos amigos deportistas. Ellos no sacaban buenas calificaciones; se pasaban todo el día entrenando sus cuerpos. Y seguramente habían arrastrado a la intelectual al lado oscuro.
La tarde continuó su curso. El ruido de los lápices y el aire acondicionado la tenían desesperada. Necesitaba salir, terminar con todo de una vez. Había estado en silencio; concentrada estudiando y practicando. Lo haría por el equipo. Los chicos de matemáticas definitivamente la necesitaban. Sin embargo, en las salas contiguas, los de ciencias y ajedrez esperaban inquietos que ella tomara una decisión.
-¿Aún no pasa nada?- preguntó un chico nuevo que acompañaba al equipo de ajedrez.
-Supongo que se quedará con los de matemáticas. Si es así, no hay nada más que hacer-
-¿Y no es posible que participe en las dos actividades?-
-No Dendé. Brief tiene un carácter algo difícil. Además, creo que ha tenido algunos problemas. Se ha separado de nuestros talleres. Todo desde que se junta con un cabeza hueca nuevo y sus amigos deportistas-
-¿Ha cambiado?- preguntó Dendé inquieto. Era lo que necesitaba saber para informarle a Piccoro.
-Ya no le interesan los estudios. Antes se la pasaba haciendo experimentos y tácticas con todos los talleres de ciencia y habilidad. Ahora además, si no me equivoco, está a cargo de un local de su padre. Un bar o algo así-
-Pero entonces es simple estrés, ¿o no?-
-No lo creo. Ella es la clase de chica que puede hacer muchas cosas a la vez. Algo más sucede con ella. Estoy seguro que su novio y sus nuevos amigos la cambiaron-
-Eso debe ser. Pero, ¿no será algo malo?-
-¡No creo! -contestó otro de los compañeros- Yo pienso que con toda esta tarde de estudio la ayudará a volver a ser la que era antes-
-Yo escuché que tiene problemas con la policía- dijo otro más.
-¿Problemas con la policía? –Dendé se preocupó. Las investigaciones sobre Bulma y sus amigos debía ser algo confidencial. Sin embargo, debía haber razones para que esos rumores llegaran a la escuela.
En ese momento, salió una chica exhausta de la sala de estudio. Tenía el pelo azul amarrado, algo de sudor en la base del cabello, ojeras marcadas y la chaqueta a medio poner. Bulma al fin había tomado una decisión.
-Me quedaré sólo en matemáticas -no tenía tiempo para prepararse en todos los equipos- Lo siento, sé que estarán mejor sin mí. Ya tengo mucho que estudiar y creo que lo mejor es que los mejores participen. No lo tomen a mal, pero quiero irme a casa-
-¿No te quedarás con nosotros en ajedrez?- preguntó Dendé.
-¿Y tú quién eres? Se nota que no me conoces. Cuando tomo una decisión, es definitiva-
-Lo… lo siento-
-Bulma, él es nuevo. Acaba de ingresar a ajedrez por sus grandes habilidades- le dijo el presidente de ese equipo.
-Me alegro mucho. Chicos, si me disculpan, me voy, debo ver a Gokú-
-Otra vez ese- dijo un representante de matemáticas, que había salido con Bulma.
-¿Cómo que ese? Qué despectivo. No deberías tratar a la gente así-
-Pero si todos solíamos hacerlo Brief. Burlarnos de los cabezas hueca- Bulma encogió sus cejas a la mínima expresión. Nadie insultaría a su mejor amigo.
-Bueno, pero de él no te burlas. Si me quieres en las olimpiadas, no lo molestarás más delante de mío, ¿te quedó claro? -su carácter había salido a flote. Cualquiera hubiera dicho que le había salido humo de las orejas.
-No lo haré. Pero sólo porque te necesitamos. Sabes que sigo y seguiré pensando lo mismo de toda esa manada de descerebrados. Se nota que en algo andas con ellos, además de sólo ser sus amigos.
-Eso es justamente lo que pensaría un descerebrado. Lo extraño es que pensé que no eras uno -respondió ella, saliendo tan rápido como sus zapatos lo permitieron.
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Yuhashi estaba harta. Su rostro mostraba gran preocupación, pero sobre todo furia. No le gustaba el lugar, lo que estaba haciendo, ni menos que su hermano quisiera hacerlo. Estaban en una esquina muy concurrida cerca de Bar Ball. Varios chicos hacían fila a unos metros de ellos, pero uno a uno se aproximaban a los hermanos... Ella recibía dinero de alguien y rápidamente lo escondía en su bolsillo. Luego, ese chico, avanzaba unos pasos luego de la aprobación de la rubia, para recibir un paquete pequeño de manos de Yuna; y caminaba hasta desaparecer de la vista de todos. Luego otro y otro se acercaban a Yuhashi, sucesivamente. Llevaban casi una hora de esta forma.
Yuna miró a su hermana, señalando que habían acabado. Y ella hacía la misma señal a los chicos que quedaban en la fila, que se retiraron decepcionados. Todo era por medio de señas o movimientos oculares. Yuna se quedó allí, inmóvil igual que su hermana durante unos minutos, esperando que quedaran solos de nuevo.
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-Dendé, qué bueno que llegaste –preguntó Piccoro a su fiel ayudante- ¿ya obtuviste algo de información?
-Sí capitán. Se la enviaré todo en el informe de hoy.
-No me interesan los informes. Quiero que me cuentes todo.
-Ingresé al equipo de ajedrez pensando que Bulma Brief pertenecía a él. En esta época, como debe saber, se están preparando todos para las olimpiadas. Supuse que Brief estaría entrenando con ellos pero no fue así. Ella se retiró de todos los equipos intelectuales a excepción del de matemáticas. Al parecer, y por lo que varios chicos comentan, ella está muy apegada con Gokú y ha dejado de entrenar. Ésta era su lista de talleres extra escolares a principios de semestre –le dijo Dendé, entregándole un papel a su superior.
-Veamos. Ajedrez, ciencias biológicas, química, sudoku nivel tres, cálculo avanzado, álgebra, sistemas informáticos, redes, matemáticas, electrónica y economía –dijo dando un respiro- Vaya, ¿y dices que ahora no participa en ninguna de ellas?
-A excepción de matemática, se ha retirado de todos. O al menos, ha dejado de asistir a los talleres.
-Y esto en qué ayuda, Dendé.
-Hay rumores que desde la llegada de Gokú, Bulma no asiste a los eventos. Además, la mayoría de los chicos ha notado algunos cambios en la actitud en ella. Pierde o se salta clases regulares, no entrega trabajos a tiempo y se ve cansada. Alguien que deja de hacer actividades extra programáticas debería tener más energía. Sin embargo, según lo que he conversado con alumnos, ella se ve más agotada que antes, como si ocupara su tiempo en otras cosas. Y todo esto con el chico Son y sus amigos deportistas. Los mismos que declararon luego del incidente con Raditz: Krillin y Yamcha.
-Definitivamente está haciendo algo.
-Según mis investigaciones, debe ser algo más que sólo ocuparse de Bar Ball.
-Dendé. Ve esta noche a ese lugar. Haber si descubres algo más.
-Sí señor. Lo haré.
continuará...
Si te consideras un verdadero fan, NO VEAS "Dragonball Evolution" en los cines. Ayúdanos a que esa gente no se haga millonaria a costa de ponerle el nombre del mejor anime-manga de la historia a una película americana que ni siquiera pensó en la trama. Para eso existe internet, youtube, torrent y una infinidad de métodos para descargarla sin necesidad que gasten un sólo centavo.
Sólo si crees que los gringos hacen un buen trabajo adaptando, ve a tu cine más cercano.
Saludos.
